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En 1950 dos científicos se preguntaron si era posible una bomba nuclear de 10 gigatones. Sus resultados están escondidos bajo llave

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El 30 de octubre de 1961, un bombardero soviético surcó los cielos del Ártico rumbo a Novaya Zemlya. Bajo su fuselaje pendía un artefacto del tamaño de un autobús: una bomba nuclear sin precedentes. A las 11:32, la llamada Bomba Tsar se liberó. Un paracaídas ralentizó su caída, permitiendo que el avión se alejara. Luego, una detonación iluminó el cielo con una bola de fuego de casi 10 kilómetros de diámetro y una nube en forma de hongo que ascendió más de 65 kilómetros. El espectáculo era surreal: la bomba, con 50 megatones de poder explosivo (más de 3.300 veces la de Hiroshima), se convirtió en símbolo de la locura nuclear.

Pero pudo ser mucho peor.

El despertar de una nueva era. Con el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, el mundo cambió de forma irreversible. Aquellas bombas, de 16 y 21 kilotones respectivamente, marcaron el inicio del poder destructivo sin parangón de las armas nucleares. Sin embargo, pese a su temible capacidad, estas armas fueron solo el primer paso hacia una escalada tecnológica mucho más siniestra.

Lo que vendría después trascendería la imaginación más temeraria. La bomba más potente jamás detonada sería esa Tsar soviética de 50 megatones, aunque diseñada para alcanzar los 100. Sin embargo, lo más perturbador es que esa no era la cumbre. A escondidas, Estados Unidos había planeado algo aún más descomunal.

El concepto “super”. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki se basaban en fisión: una reacción en cadena en la que núcleos pesados se dividen liberando energía. Pero como decíamos, en paralelo a su desarrollo, algunos científicos imaginaban un segundo estadio: la fusión.

Esta implicaba la unión de núcleos ligeros (como deuterio y tritio) para formar uno más pesado, liberando aún más energía. Ocurre que esta reacción requería una explosión inicial de fisión para activarse, lo que daría lugar al concepto de las bombas de hidrógeno. En la década de 1940 eran solo una especulación teórica… pero todo cambió muy pronto.

Tsar Bomba Revised
Tsar Bomba Revised

Fotografía de una réplica de la carcasa de la Bomba Tsar

Que viene el comunismo. Tras la detonación de la primera bomba atómica soviética en 1949, Estados Unidos aceleró sus programas termonucleares. El temor al comunismo, potenciado por la revolución en China ese mismo año, hizo que el Consejo de Seguridad Nacional recomendara cuadruplicar el gasto militar.

En ese contexto, aparecen las figuras de Edward Teller y Stanislaw Ulam, quienes idearon el diseño que aún hoy sustenta las bombas H. En 1952, la prueba “Mike” de la Operación Ivy demostró por primera vez el principio termonuclear: una explosión de 10,4 megatones (500 veces Nagasaki) que dejó un cráter de 1.900 metros de ancho.

A pesar de semejante fuerza, aquello no fue suficiente para Teller.

El germen de Sundial. Dos años después, en 1954, se detonó la denominada como bomba “Shrimp” durante la prueba Castle Bravo. Se esperaba una explosión potente, pero el resultado de 15 megatones (1.000 veces Hiroshima) sorprendió incluso a sus diseñadores, tanto por su fuerza como por el devastador nivel de radiación liberado. Con todo, el ímpetu de Teller tampoco se detuvo ahí. Quería más, muchísimo más.

Fue entonces cuando surgió uno de los proyectos más delirantes y aterradores de la historia nuclear: el Proyecto Sundial. Ideado por Teller y sus colegas del Laboratorio de Radiación de Livermore, el plan proponía una nueva escala de destrucción: no ya kilotones o megatones, entramos en los gigatones.

Un par de hermanos. Se diseñaron dos armas: Gnomon y Sundial. Gnomon actuaría como “primaria”, con una detonación de 1.000 megatones destinada a detonar a Sundial, que alcanzaría una potencia de 10.000 megatones, es decir, 10 gigatones. Por situarlo en perspectiva vuelve a pensar en la imagen del inicio.

Bien, la cifra supera 200 veces la Tsar Bomba, y casi no cabe en el marco conceptual de la física de explosiones convencionales.

El apocalipsis en potencia. La lógica detrás de Sundial desborda cualquier cálculo tradicional. A tales potencias, las leyes de escalamiento de la destrucción pierden cualquier validez: el calor, la presión y la energía liberadas serían tan monstruosos que, a priori, abrirían un agujero en la atmósfera.

De hecho, un informe del Bulletin of the Atomic Scientists señalaba que una bomba como Sundial, detonada a unos 45 kilómetros de altitud, podría provocar incendios en una zona del tamaño de Francia. El número de muertos sería impensable, no solo por la explosión inmediata sino por las secuelas radiactivas globales. Hiroshima, con 140.000 víctimas, sería un suspiro frente al cataclismo que representaría Sundial.

No era ciencia ficción. Aunque podría parecer una fantasía de laboratorio, el proyecto Sundial no fue una broma ni una ocurrencia excéntrica. Documentos desclasificados y análisis históricos indican que el equipo de Livermore trabajó en serio durante años en el desarrollo de Gnomon, con planes concretos para probarlo en la Operación Redwing de 1956.

Aquella prueba se canceló, pero la sola existencia del plan muestra hasta qué punto el temor, la ambición científica y la política de disuasión habían empujado a las superpotencias a bordear el abismo de lo inaceptable.

Ecos de Sundial. Sundial jamás se materializó, pero su mera concepción obligó a una reflexión crítica en la política estadounidense. El creciente poder destructivo de estas armas desbordaba no solo la estrategia militar, sino también la ética, la logística y la propia física terrestre.

Si bien muchos descartaron su utilidad táctica por ser impracticable (una bomba de tales dimensiones era imposible de lanzar), su potencial como instrumento de terror simbólico era enorme. Como con la bomba Tsar, su valor era más político que operativo: una amenaza flotante que mostraba hasta dónde podía llegar una nación si lo deseaba.

Monstruo en las sombras. Finalmente, el Proyecto Sundial se fue diluyendo entre restricciones políticas, tratados internacionales y el sentido práctico (sin que sirva de precedente). La ratificación del Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares en 1963 supuso un freno a las pruebas atmosféricas, lo que en la práctica imposibilitó seguir avanzando en el desarrollo de armas de rendimiento extremo.

La estrategia pasó entonces a favorecer ojivas múltiples más pequeñas, portables y operativas, dejando atrás la visión de apocalipsis total que representaban Sundial y su prima hermana soviética.

Imaginar lo inimaginable. Qué duda cabe, hoy Sundial es apenas un pie de página en la historia de la guerra nuclear, pero su lección debería ser imborrable. Nos recuerda algo que no debemos olvidar ahora que parece todo tan beligerante: no hay límite técnico al poder destructivo que el ser humano puede construir si lo desea.

Sundial y todos los años de investigaciones a su alrededor se guardaron en una caja fuerte para que nadie la vuelva a abrir. Sin embargo, la cuestión ya no parece tanto si podemos revivirla, sino por qué demonios lo desearíamos. Mientras las potencias nucleares modernas exploran nuevas formas de entrega (desde drones submarinos hasta sistemas hipersónicos), la lógica que dio origen a Sundial sigue más latente que nunca.

Si se quiere, la amenaza ya no es solo física, sino simbólica: la de una humanidad capaz de imaginar su propia aniquilación a escala planetaria.

Imagen | National Security Archive, Croquant

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el cine de vampiros no volverá a ser el mismo

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Ryan Coogler escribe, dirige y produce ‘Sinners‘, una historia ambientada en el Delta del Mississippi durante la era de las leyes de Jim Crow y que recaudó cerca de 370 millones de dólares en todo el mundo partiendo de un presupuesto situado entre 90 y 100 millones. En junio de 2025, cuando la cinta llevaba nueve semanas en cartelera, la crítica ya estaba rendida a sus pies: era la primera película sin secuela ni franquicia detrás en superar los 200 millones de dólares en Estados Unidos desde ‘Coco’. Ahora puedes verla en Netflix.

Michael B. Jordan interpreta a dos gemelos que regresan a su Mississippi natal en 1932 desde Chicago, con dinero de procedencia dudosa para montar un club de blues y sala de baile en un antiguo granero. La primera mitad de la película se mueve como un drama sureño clásico, con tensiones familiares y raciales. La segunda mitad cambia de registro y convierte el local en un escenario de terror sobrenatural, con una amenaza que el propio Coogler ha reconocido inspirada en ‘Abierto hasta el amanecer’ de Robert Rodríguez.

La película bebe también del blaxploitation de los setenta y del western crepuscular, en una macedonia de referencias y estilos con personalidad propia, como demuestra la música, que ocupa un lugar central en la propuesta. La banda sonora, compuesta por Ludwig Göransson, retoma la tradición del blues del Delta y su mitología asociada, incluida la leyenda del pacto en el cruce de caminos, atribuida al músico Robert Johnson. Y todo con un reparto equilibradísimo y fantásticos secundarios como Delroy Lindo, Hailee Steinfeld y el debutante Miles Caton.

‘Sinners’ logró dieciséis nominaciones en la 98 edición de los Premios Oscar, la cifra más alta en la historia de la ceremonia, superando el récord previo de catorce candidaturas que compartían ‘Eva al desnudo’, ‘Titanic’ y ‘La La Land’. Finalmente, se llevó cuatro: Mejor actor para Jordan, Mejor guion original para Coogler, Mejor banda sonora para Göransson y Mejor fotografía para Autumn Durald Arkapaw. Un auténtico triunfo para el cine al margen de las franquicias que abrió un camino de liberación de los blockbusters más castradores.

En Xataka | En HBO Max tienes la comedia de acción más brutal solo unas semanas después de pasar por cines, y ya es número uno en 50 países

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qué autos pueden circular y cuáles descansan el 11 de julio

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Este fin de semana vuelven las restricciones del Hoy No Circula en su edición de fin de semana, ese proyecto ideado por la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA) con el objetivo de reducir los niveles de polución en la Zona Metropolitana del Valle de México. 

Una vez más, los conductores deberán verificar el dígito final de su matrícula y el tipo de holograma que portan antes de emprender su viaje. Estas medidas no se limitan en exclusiva a las 16 demarcaciones de la capital, sino que se extienden a múltiples localidades colindantes ubicadas en el Estado de México. La normativa tiene validez asimismo en:

  • Atizapán de Zaragoza
  • Coacalco de Berriozábal
  • Cuautitlán
  • Cuautitlán Izcalli
  • Chalco
  • Chicoloapan
  • Chimalhuacán
  • Ecatepec de Morelos
  • Huixquilucan
  • Ixtapaluca
  • La Paz
  • Naucalpan de Juárez
  • Nezahualcóyotl
  • Nicolás Romero
  • Tecámac
  • Tlalnepantla de Baz
  • Tultitlán
  • Valle de Chalco

Por lo tanto, conviene tener presente que si tu ruta contempla transitar por alguna de estas regiones, las limitaciones del Hoy No Circula sabatino se mantendrán vigentes.

HNC
HNC

A qué autos y placas afecta el Hoy No Circula sabatino

Como imaginas el objetivo final de este plan es reducir el volumen de emisiones contaminantes en la atmósfera, rigiéndose los fines de semana bajo normas específicas que complementan los turnos de lunes a viernes. La obligatoriedad de detener el vehículo no afecta a todos los conductores simultáneamente: el holograma, el número final de la placa y la posición del sábado en el mes (par o impar) dictan quiénes tienen luz verde para circular y quiénes deben apagar el motor.

Es fundamental considerar que el Hoy No Circula sabatino no permanece activo a lo largo de las 24 horas del día. Su periodo de aplicación abarca desde las 05:00 hasta las 22:00 horas, lo cual implica que fuera de esta franja de tiempo —durante las horas nocturnas y de madrugada— los automóviles pueden circular libremente, a menos que se active una alerta por contingencia ambiental o se emita una normativa extraordinaria que condicione el tránsito.

Para este sábado 11 de julio de 2026, segundo sábado del mes de julio, estamos ante lo que se considera como semana par del mes. Bajo estos parámetros, las unidades equipadas con holograma 1 y cuyas matrículas concluyan en un número par tendrán prohibido moverse durante el horario establecido por el programa.

Si tu coche entra en dicho supuesto, tendrás que aparcarlo hasta que se cumplan las 22:00 horas. Al contrario, aquellos automóviles que cuenten con hologramas 0 y 00 pueden circular sin restricciones. Por último, los vehículos con holograma 2 no pueden circular ningún sábado, independientemente de si estamos en semana par o impar.

Además de lo anteriormente descrito, conviene recordar que existe un grupo de automóviles que están exentos de cumplir estas restricciones:

  • Vehículos eléctricos, a gas natural o con tecnología híbrida
  • Unidades registradas con placas de personas con discapacidad
  • Todos los destinados a servicios de transporte público urbano (incluyendo servicios funerarios)
  • Los dedicados al transporte escolar o de pasajeros
  • Aquellos asignados a seguridad pública y/o protección civil

La penalización por no cumplir este reglamento va desde las 20 hasta las 30 veces la Unidad de Medida y Actualización (UMA), un rango que se traduce aproximadamente en un piso de 1,924.40 pesos y un techo de 2,886.60 pesos. Sumado al golpe al bolsillo, el infractor se arriesga al arrastre o retención del vehículo y a la consecuente pérdida de tiempo que conlleva solucionar el trámite administrativo ante los cuerpos de seguridad. A qué autos y placas afecta el Hoy No Circula sabatino.

En caso de incumplir con el Hoy No Circula se castigará con una multa que oscila entre 20 y 30 veces el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), una cifra que representa aproximadamente desde 1,924.40 pesos en su escalón más bajo hasta alcanzar los 2,886.60 pesos en el límite superior. Además, el conductor se arriesga a que el automóvil sea trasladado al depósito de vehículos. 

Foto |  Cory Bouthillette

En Xataka | Los países que más contaminan del mundo, reunidos en un detallado gráfico 

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Peter Thiel ha firmado el alquiler de oficinas más caro de Miami. Quedarse en Silicon Valley le puede salir aún más caro

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Un contrato de alquiler no suele dar para titulares, excepto si es el de un piso céntrico en Madrid o Barcelona por menos de 600 euros. En ese caso, sería un milagro. Pero cuando el firmante es uno de los nombres que definieron Silicon Valley y su destino es Florida, la cosa cambia.

Tal y como recogía la norteamericana Fox Business, Peter Thiel acaba de poner su firma al contrato de las que serán sus oficinas en Miami pagando más que nadie antes en esa ciudad. “Que Peter Thiel firmara ese contrato de arrendamiento, marcando un hito de 250 dólares por pie cuadrado, es absolutamente increíble”, declaró Joe DaGrosa, fundador y presidente de la consultora de inversión inmobiliaria DaGrosa Capital Partners.

El precio de récord alcanzado en el alquiler de las oficinas llama la atención, pero lo verdaderamente interesante está en lo que hay detrás: un nombre histórico de Silicon Valley está dispuesto a pagar de más solo por abandonar California cuanto antes, uniéndose (y con urgencia) a la ola migratoria de millonarios que ya han fijado su residencia frente a las templadas aguas de Miami.

Un alquiler de récord que oculta una tendencia

La oficina de Thiel ocupará parte del piso 44 de la torre 830 Brickell, un concurrido edificio en el que compartirá ascensores con empresas como Microsoft o Citadel. Sus oficinas ocuparán unos 1.690 m2 y el precio que ha registrado el récord es de 2.690,98 dólares por metro cuadrado. Es decir, una factura de 4,55 millones de dólares al año.

Tal y como explicaba Joe DaGrosa a Fox Business, el alquiler medio en esa zona rondaba los 40 o 60 dólares el pie cuadrado de oficina lo que implica que Peter Thiel estaría pagando entre un 525% y un 316% de sobreprecio por el alquiler de sus oficinas.

El incremento de precio del suelo empresarial en el sur de Florida ya compite con los precios de Manhattan y San Francisco. Esta subida de precio ha surgido por el creciente interés de las compañías tecnológicas que hasta la fecha tenían sus sedes en Silicon Valley, pero que ahora se están mudando en masa a Miami, siguiendo los pasos de sus fundadores.

Thiel no ha llegado a Florida de un día para otro. Tal y como han hecho otros millonarios como Jeff Bezos o Ken Griffin, fundador y CEO de Citadel, Thiel compró una propiedad en Miami Beach hace más de cinco años.

En diciembre de 2025, con California ya debatiendo el impuesto a las grandes fortunas, Thiel Capital anunció que abría oficina en esa misma zona. El golpe final llegó en febrero con el anuncio de Palantir: la empresa que preside Thiel confirmaba la mudanza de su sede a Miami, completando así la migración de los principales negocios de Thiel a Miami.

Expulsados por un impuesto que no existe

Detrás de tanto movimiento hay un motivo muy concreto: el pago de impuestos. California lleva meses debatiendo la aplicación de un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de quienes superen los 1.000 millones de dólares y residieran en el estado a 1 de enero de 2026. Con este impuesto se prevé recaudar unos 100.000 millones de dólares en los próximos cinco años, que se destinarán a mitigar los recortes en las prestaciones sociales de la población más vulnerable de California.

La medida ya reunió más de 1,5 millones de firmas, muy por encima del millón necesario, y quedó confirmada para someterla a votación el próximo mes de noviembre tras fracasar las negociaciones entre los sindicatos impulsores y el gobernador Gavin Newsom que se muestra contrario a imponer la nueva tasa que afectaría a unas 200 personas.

Es decir, los millonarios ya han iniciado su migración preventiva reaccionando a un impuesto que ni siquiera se ha aprobado y que ni siquiera cuenta con el apoyo del gobernador del estado.

Larry Page y Sergey Brin dejaron California antes de que venciera el plazo del impuesto. Page pagó más de 170 millones de dólares por dos casas en Coconut Grove, y Brin se compró una vivienda de 51 millones en Allison Island. Mark Zuckerberg, tras dos décadas en San Francisco, cambió de código postal para convertirse en vecino de Jeff Bezos en Billionaire Bunker.

La gran beneficiada de la mudanza ha sido Florida. Su elección no ha sido causal, y responde a un motivo de peso: no cobra impuesto sobre la renta ni sobre el patrimonio, y eso pesa muchísimo cuando la fortuna se cuenta en miles de millones de dólares.

No todos los magnates tecnológicos ven con malos ojos el impuesto a las grandes fortunas. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, se ha mostrado dispuesto a pagar los impuestos que se aprueben y se queda en California. Pero Thiel ya donó tres millones de dólares al California Business Roundtable, el grupo que lucha contra la propuesta.

En Xataka | Cada vez más millonarios y empresas tecnológicas huyen de California. Los ganadores: Texas y Miami

En Xataka | Los multimillonarios preparan sus mansiones para el apocalipsis: los búnkeres de lujo se han convertido en tendencia

Imagen | Gage Skidmore, Unsplash (Mark)

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