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review con características, precio y especificaciones

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Los robots que nos acompañan día a día molan mucho menos que los que veíamos en pelis de ciencia ficción, pero son tan útiles que han conseguido hacerse un hueco en casa. Los robots aspiradores han llegado para quedarse y, de las primeras generaciones ‘tontas’ que cambiaban de rumbo al chocar con algo, hemos pasado a robots con sensores LIDAR que mapean nuestra casa para limpiar de manera mucho más eficiente.

Ahora esos robots quieren salir al jardín y cada vez vemos más modelos de robots cortacésped como el Segway Navimow H1500e o el Dreame Roboticmower A2. Pero tan aburrido como cortar el césped es limpiar la piscina, y la propia Dreame tiene una propuesta: un robot limpiafondos que es como la ‘roomba’ de la piscina. Se trata del Dreame Z1 Pro y, tras unas semanas con él, te cuento mi experiencia con muchas luces, pero también alguna que otra sombra que hay que tener en cuenta.

Ficha técnica del Dreame Z1 Pro

Dreame Z1 Pro

Dimensiones y peso

47,03 x 42,40 x 28,13 cm

16,78 kg

Mapeado y navegación

Sensor doble PoolSense

Mapeo de superficie

Evasión de obstáculos

Potencia de succión

30 m3/h

Superficie de limpieza

Hasta 200 m2

Tipo de cepillo

Doble (delante y detrás)

Modos

Limpieza de suelo

Limpieza de paredes

Limpieza de línea de flotación

Limpieza total

Filtro

Forma de cesta

Nylon

Atrapa partículas hasta 180 micras

Control

Selección de modos desde el robot

Selección de modos desde la app

Limpieza programada

Manual mediante el mando LiFi

Batería

Hasta 4 horas de autonomía

Carga magnética

Carga entre 4 y 6 horas

Precio

1.299 euros

DREAME Z1 Pro Robot Limpiapiscinas Sin Cable, Detección de Avanzada de Piscinas y Planificación de Rutas, Potente Succión en Suelo, Paredes y Línea del Agua, Piscinas de 200 ㎡, Elevadas y Enterradas

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

La ‘roomba’ de la piscina

Algo que me gustó en cuanto abrí la caja es el diseño. Sé que es lo de menos en un robot de este estilo, pero se nota que hay una intención por parte de la compañía a la hora de crear una línea entre sus productos. Es como su cortacésped, pero con rodillos. La caja es muy voluminosa, pero realmente el Z1 Pro no es tan grande.

Analisis Dreame Z1 Pro 13
Analisis Dreame Z1 Pro 13

A ver, pesa, pero cargarlo es sencillo. Ahora bien, como lo tengas que guardar tras cada uso, te vas a poner perdido de agua. Imagen | Xataka

Sí, es pesado, algo más que un limpiafondos convencional debido al sistema de baterías. Para transportarlo y sacarlo de la piscina cuenta con un asa que está integrada en el cuerpo y que da muchísima seguridad.

Al abrir la caja, además del robot encontramos el cargador magnético, un gancho de recuperación con el sistema de anclaje estándar para los palos de limpieza de piscinas y algo exclusivo de la versión Pro: un mando control remoto con tecnología LiFi. Entraré más tarde en esto porque tiene su miga.

Analisis Dreame Z1 Pro 7
Analisis Dreame Z1 Pro 7

En la parte frontal también tenemos el asa para agarrarlo cuando se quede esperando en la línea de flotación. Imagen | Xataka

Y el diseño del propio robot, más allá de esa estética futurista, no esconde mucho misterio. En la zona superior tenemos el botón de encendido y uno más grande que nos permite elegir el modo de limpieza sin usar el móvil. Al lado, está el puerto de carga magnético que es muy cómodo porque son tres pines que enganchamos al cargador… y listo.

Analisis Dreame Z1 Pro 4
Analisis Dreame Z1 Pro 4

Imagen | Xataka

Las dos rendijas circulares son el sistema de salida de agua y lo que vale la pena aprender es el sistema de indicaciones por LED. Dependiendo del color y la posición, la barra nos indica en qué modo de limpieza está configurado, el nivel de carga y si estamos en modo manual o automático. Respecto a los modos de limpieza, no hay que aprenderse las posiciones porque los dibujos lo indican con claridad.

Analisis Dreame Z1 Pro 9
Analisis Dreame Z1 Pro 9

Imagen | Xataka

En esa misma parte superior tenemos la tapa del filtro, que se levanta pulsando un botón en la trasera y nos da un acceso facilísimo a una cesta de nylon que se limpia con mucha facilidad y, según el fabricante, es capaz de atrapar partículas de hasta 180 micras (0,18 milímetros). En una piscina convencional nos da un poco igual, pero en una piscina salada es posible que atrape algunos granos y habrá que vigilar más los niveles.

Analisis Dreame Z1 Pro 19
Analisis Dreame Z1 Pro 19

La succión es fuerte y rasca bien el gresite. La duda es qué ocurriría en paredes de fibra de vidrio (compatible según el fabricante) o cuando el sistema de oruga se vaya gastando. Imagen | Xataka

Analisis Dreame Z1 Pro 12
Analisis Dreame Z1 Pro 12

Tiene un buen tamaño y la suciedad no sale gracias a la tapa de goma que sólo se agre cuando el robot succiona. Imagen | Xataka

En el frontal tenemos uno de los sensores ópticos y los rodillos frontales de goma. El segundo sensor está en uno de los laterales y, en la parte inferior únicamente tenemos la zona de succión con una tapa de goma que es la que deja pasar la porquería, pero impide que salga. No tiene un cepillo de cerdas ni nada así, por lo que el mantenimiento es muy sencillo.

App para dejarlo -casi- a su bola

Y, hablando de sencillez, la configuración y puesta en marcha es una delicia. El Z1 Pro que hemos probado vino con un 30% de batería y, en cuanto lo encendimos y emparejamos a la aplicación de Dreame, se puso a actualizar. Estas semanas de uso hemos recibido un par de actualizaciones que mejoran prestaciones, sobre todo, de navegación, y hay dos cosas a tener en cuenta.

Analisis Dreame Z1 Pro 5
Analisis Dreame Z1 Pro 5

Podemos seleccionar el modo desde la app, pero también manualmente con el botón superior para limpieza total, sólo suelo, sólo paredes o sólo línea de flotación. Imagen | Xataka

La primera es que, para esa primera configuración, es necesario que el robot tenga acceso al WiFi de casa. El motivo es que es de donde baja las actualizaciones, pero una vez configurado y actualizado, el resto de la conexión irá directamente a nuestro móvil vía Bluetooth.

La aplicación de Dreame es sencilla, y eso tiene su lado bueno y su parte no tan buena. Es positivo porque, una vez emparejado (aunque la primera pantalla me apareció en alemán, al dar a “siguiente” se tradujo al castellano) en la pantalla principal tenemos los controles e información muy a la vista.

Vemos si está conectado al Bluetooth y al Wi-Fi (red 2,4 GHz, ojo), el nivel de batería indicado bien grande, un botón para iniciar la limpieza y detenerla (que no tiene mucho sentido y ahora veremos el motivo), una pestaña para programar la limpieza si lo queremos dejar dentro del agua incluso cuando haya terminado y una ventana de ajustes de limpieza.

Analisis Dreame Z1 Pro 21
Analisis Dreame Z1 Pro 21

Imagen | Xataka

Ahí podemos configurar los mismos modos de limpieza que podemos programar de forma manual con uno de los botones del robot:

  • Limpieza total.
  • Sólo suelo.
  • Sólo paredes.
  • Sólo línea de flotación.

Echarlo a andar, como digo, es tan sencillo como elegir el modo, meterlo en el agua justo como nos indica la aplicación cuando le damos a “Iniciar” y listo. Ahora bien, podemos profundizar un poco más en los modos de limpieza gracias al “Modo Laboratorio” de los ajustes de la aplicación.

En este menú hay varias configuraciones útiles. Una de ellas que te recomiendo activar si no lo está de serie es el “Aparcamiento automático”. En mi caso, ya estaba activada, y básicamente hace que el robot suba a la línea de flotación cuando termina de limpiar o cuando le quede un 10% de batería para que podamos cogerlo fácilmente. No hay que estar pendiente: cuando termina o sube para que lo recojamos, nos manda una notificación al móvil y al Apple Watch.

Capturas Robot Dreame Z1 Pro
Capturas Robot Dreame Z1 Pro

Y luego tenemos el “Modo Laboratorio”. Aquí Dreame nos dice que lo activemos bajo nuestra responsabilidad porque son funciones que están desarrollando, pero realmente lo peor que puede pasar es que el robot se confunda en algún momento y nos toque recogerlo con el gancho. Lo cierto es que no entiendo cómo todas estas funciones no vienen activadas de serie y no en forma de beta, ya que son básicas.

Una es la limpieza en plataformas de bronceado en las que el agua no lo cubre. Esa veo bien que sea experimental porque los sensores pueden confundirse y necesita más entrenamiento, pero luego hay tres que deberían estar preactivadas. Son la limpieza en condiciones extremas (cuando está más sucia como puede ser un primer arranque de temporada), una mejor detección de obstáculos, y la visualización y gestión de mapas.

Análisis Dreame Z1 Pro
Análisis Dreame Z1 Pro

Con esta función, podemos dividir nuestra piscina en zonas y, si bien es algo no muy útil en piscinas convencionales con forma rectangular, para formas más creativas o para piscinas tipo ‘foso’ que rodean una casa sí es útil para gestionar cada zona. Algo importante antes de pasar a la experiencia: la conexión entre el móvil y el robot es, como digo, vía Bluetooth, por lo que debes pensarte muy bien qué quieres que limpie cuando lo metas porque, una vez en el agua, la conexión se pierde.

Y por eso decía que el botón de cancelar la limpieza no tiene mucho sentido porque, seguramente, no te hará ni caso. Intentando comunicarme con el robot cuando estaba en una zona de unos 90 centímetros de profundidad, pasaba de mí.

Experiencia de uso

Dicho esto, tengo que decir que he probado el Dreame en dos escenarios muy diferentes. El primero, y reconozco que me lancé a la aventura, es una piscina que parecía una ciénaga. Llevaba tapada desde septiembre del año pasado, pero aun así se habían colado algunas hojas que se habían descompuesto y había muchas, muchas algas.

Analisis Dreame Z1 Pro 10
Analisis Dreame Z1 Pro 10

Presionando ese botón se abre el ‘capó’ para acceder al cestillo. Imagen | Xataka

Analisis Dreame Z1 Pro 20
Analisis Dreame Z1 Pro 20

La goma es gruesa y se siente bien. Hay que ver cómo pasa el tiempo, sobre todo en agua salina, pero el fabricante afirma que ha sido creado con ese medio en mente. Imagen | Xataka

No se veía el fondo, pero aun así lo tiré a ver de qué era capaz viendo que tenía ese modo óptimo para condiciones complicadas y… lo dejé a su bola. Gracias a sus luces y al polvo que levantaba, podía ver dónde estaba más o menos y me di cuenta de algo interesante: la detección de obstáculos funcionaba a la perfección.

Bordeó tanto las luces de las paredes como un limpiafondos tradicional que dejamos metido en la piscina a ver qué pasaba y si era capaz de esquivarlo incluso con el agua tan turbia. Pudo sin problema, pero te reconozco que la siguiente hora y media la pasé con algo de miedo pensando que tendría que meterme al agua a por él.

Había momentos en los que no se notaba la ondulación de la superficie y me preguntaba si se había apagado, congelado o atascado, pero de vez en cuando aparecía por las paredes, así que todo iba bien. No dejé que terminara la tarea y, en una de sus limpiezas de pared, lo agarré para ver qué había sacado del fondo.

El cesto estaba emponzoñado, repleto de bichos y elementos en descomposición. De ahí podía salir algo que originara una nueva pandemia global, pero tras un manguerazo, el filtro quedó como nuevo. Y que el interior sea tan simple me gustó: los rodillos de goma estaban perfectamente limpios y en el interior, la única suciedad se había acumulado en el cesto.

Analisis Dreame Z1 Pro 23
Analisis Dreame Z1 Pro 23

Primero el perímetro, y cuando reconoce la piscina por primera vez, las siguientes pasadas empieza a hacer el suelo en forma de ‘S’. Imagen | Xataka

Lo dejamos dándose algún que otro baño más ya más tranquilos porque sabíamos que no se apagaba y tenía batería de sobra. ¿Lo malo? Realmente no sabía hasta qué punto estaba limpiando. Es decir, porquería sacaba, pero no veía el fondo, así que era imposible ver hasta qué punto, pero con siguientes pasadas y una semana de tratamiento de agua, empezamos a ver los frutos: realmente se notaban esas pasadas del limpiafondos, y para un primer arranque de piscina, el trabajo había sido muy bueno.

Mi sensación es que es más un robot de mantenimiento que de un arranque de temporada debido a que el filtro se llena con facilidad y tienes que estar más pendiente, por eso probé en la piscina del vecino. Aquí la cosa cambiaba: agua salada y mucho más limpia, un escenario ideal para permitir ver cada pasada y, sobre todo, qué saca en el cestillo.

En esta piscina ya pude ver cómo opera este robot, y considero que lo hace de una forma muy poco eficiente. Me explico:

  • Sólo suelo: aquí, bien. Cuando lo dejas, en mi caso da una primera vuelta al perímetro para reconocerlo y luego se pone a limpiar en S. No he visto que repita zonas, pero sí que se deja un margen considerable en la zona inclinada entre el suelo y la pared, algo que limpia al final del todo.
  • Sólo paredes y línea de flotación: bien también cuando ya ha reconocido la piscina. Hay algún momento en el que parece que resbala, pero no sé hasta qué punto está resbalando o pasando los rodillos con intensidad sin avanzar. Pero bueno, lo hace correctamente.
  • Limpieza total: aquí es cuando pincha no porque no limpie bien, sino porque se ha mostrado muy poco eficiente. En un limpiafondos convencional sin baterías, esa eficiencia da exactamente igual, pero en uno con batería, cuantas menos pasadas haga, mejor para su vida útil. El problema con este modo es que, primero limpia el suelo, luego limpia poco a poco toda la unión entre el suelo y las paredes en forma de N (subiendo un poquito por la pared y volviendo a bajar, así durante todo el perímetro) y, por último, las paredes. Sería mucho más fácil limpiar en ‘S’ en 3D, por llamarlo de alguna manera: empezando por la superficie y bajando en línea recta hasta el extremo contrario, repitiendo el patrón por toda la piscina. A nivel de batería y tiempo, es poco eficiente.
Analisis Dreame Z1 Pro 22
Analisis Dreame Z1 Pro 22

Automáticamente decide no subir los escalones. Imagen | Xataka

Cuando termina, lo ya comentado: sube a la línea de flotación y se queda ahí pegado esperando que lo recojas. Pero… ¿qué pasa si quieres controlarlo tú? Pues, para eso, tenemos el mando. Y aquí también hay luces y sombras. La tecnología es mediante un haz de luz que se comunica con la zona fotosensible de la zona superior del robot, y tengo que decir que en la piscina con agua verde no atendía a mis órdenes. No me hacía caso ni en las zonas poco profundas.

En la piscina con agua más clara, puedo usar el mando sin problema, y lo cierto es que es muy útil para conducirlo tú cuando quieres que pase por una zona concreta y para terminar la limpieza. Es un control remoto muy sencillo, pero que no siempre funciona.

Analisis Dreame Z1 Pro 14
Analisis Dreame Z1 Pro 14

Imagen | Xataka

Analisis Dreame Z1 Pro 15
Analisis Dreame Z1 Pro 15

Imagen | Xataka

Los mandos de dirección van a la perfección y hay poco retardo entre tu orden y el movimiento del robot. El botón de pausa también funciona bien, pero hay uno que es el que más me interesa y que no he logrado que funcione ni una vez: el de volver a la línea de flotación para “aparcarse”. Supuestamente, cuando el robot está en modo manual, pulsando ese botón sube para que lo podamos recoger, pero no he logrado que atienda esa orden.

Para poder hacerme con él antes de que termine la limpieza programada, he tenido que pasar al control manual y apuntar a las paredes con el botón de avance hasta que se queda ahí y puedo sacarlo del agua. Es algo que, entiendo, pulirán con siguientes versiones, pero me choca que la función que considero más útil del mando sea la que no me ha funcionado ni una vez.

Autonomía

Algo fundamental en un dispositivo como este es el tiempo que permite que nos olvidemos de él. Dreame nos dice que la autonomía es de hasta cuatro horas, pero esto depende de muchísimos factores y, sobre todo, de qué está limpiando. Por ejemplo, en una primera pasada, limpiando 99 m² en casi una hora, la batería que gastó fue de un 38%. No es demasiada, pero se limitó al suelo. La cosa cambia cuando metes paredes en la ecuación.

Analisis Dreame Z1 Pro
Analisis Dreame Z1 Pro

El cable de carga no es tremendamente largo, pero sí muy cómodo de poner y quitar al ser magnético. Imagen | Xataka

En ese caso, necesita una mayor potencia de succión y el cálculo es un 1% cada dos minutos, más o menos. Tras mi experiencia, para las primeras pasadas al arrancar la piscina esta temporada hay que tener un ojo puesto en el robot, ya que gasta una mayor cantidad de batería. Para el resto de pasadas, las de mantenimiento, es más factible dejarlo a su aire.

De hecho, ahí ya depende de cuánto mantenimiento necesite tu piscina, pero en mi caso, con una pasada semanal se mantiene bien al estar bien aislada y lo saco cada vez que termina de limpiar. En una que recoja más porquería, puede que interese dejarlo dentro con programación para que limpie el suelo las veces deseadas.

El problema aquí es que no es como un robot aspirador o un cortacésped: no tiene una base a la que volver, por lo que no permite esa automatización total, pese a la programación de limpieza, de la que sí son capaces otros robots. Además, no podemos poner a cargar el dispositivo en cuanto lo saquemos del agua, ya que los pines deben estar bien secos.

Analisis Dreame Z1 Pro 17
Analisis Dreame Z1 Pro 17

Si se queda en el fondo, siempre puedes engancharlo con esto. Imagen | Xataka

¿Y cuánto tarda la carga? Es lenta. El fabricante indica entre cuatro y seis horas, pero en nuestro caso, de un 20% hasta el 100% han sido casi cinco.

Dreame Z1 Pro, la opinión de Xataka

Llegamos al final del análisis del Dreame Z1 Pro y lo que tengo que decir es que creo que Dreame ha planteado una buena estrategia. Si estás pensando en domotizar tanto la casa como el jardín, la compañía china ha traído propuestas para cubrirlo todo. El Dreame X50 Master es un robot aspirador inteligente con un muy buen mapeo de casa y buena autonomía, el Roboticmower A2 para el césped es una muy buena opción de mantenimiento y el Z1 Pro es un buen compañero para la piscina.

Analisis Dreame Z1 Pro 8
Analisis Dreame Z1 Pro 8

El sensor frontal. Imagen | Xataka

Sin embargo, tras estas semanas aclimatando y manteniendo la piscina, debo decir que, de momento, el más incómodo de todos es, precisamente, el limpiafondos. En casa pones el robot y te olvidas. El cortacésped se puede programar y no tienes que hacerle caso, pero aunque el Limpiafondos también tiene sus horarios, hay algo fundamental que no termina de convencerme y es lo que comentaba en el anterior apartado: no se carga él solito.

Cuando solucionen esto, será un dispositivo muy interesante como compañero de piscina debido a que te quitas los cables y es factible dejarlo puesto incluso cuando te estás bañando debido a eso mismo: él va a su ritmo sin cables que nos molesten. Hace bien su labor y me sorprendió la cantidad de porquería que sacó en esa primera pasada en la piscina desatendida. La batería aguanta bien para una limpieza de suelo, es resistente al agua salina y la aplicación me parece apta para cualquier tipo de usuario.

Analisis Dreame Z1 Pro 18
Analisis Dreame Z1 Pro 18

¿Te molesta el cable? Entonces la solución está clara (si el dinero no es un problema). Imagen | Xataka

Ahora bien, considero que el software tiene margen de mejora. Con varias actualizaciones, el robot sigue sin responder a la orden de que suba a la línea de flotación para recogerlo y, además, la limpieza de esa unión entre paredes y suelo me parece muy poco eficiente, algo que no me molesta tanto por el tiempo que emplea sino por la batería que consume en el proceso.

Por lo demás, creo que si tienes que cambiar de limpiafondos porque el tuyo ha quedado desfasado o tiene un problema, es una muy buena opción por su mantenimiento tan sencillo y porque lo que tiene que hacer, recoger porquería, lo hace muy bien. Pero si tienes jardín con césped y piscina y no tienes un robot cortacésped, yo invertiría antes en este último porque quita mucho más trabajo. Y puede que, mientras, avancen las estaciones de carga submarinas.

DREAME Z1 Pro Robot Limpiapiscinas Sin Cable, Detección de Avanzada de Piscinas y Planificación de Rutas, Potente Succión en Suelo, Paredes y Línea del Agua, Piscinas de 200 ㎡, Elevadas y Enterradas

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Aunque hay un caso en el que me compraría sí o sí este Dreame Z1 Pro: si tuviese una piscina que rodea la casa, ya que ahí los cables sí son una molestia.

Y si mi cuenta bancaria fuese otra, ya estamos hablando de 1.300 euros.

Imágenes | Xataka

En Xataka | Estos son los siete mejores dispositivos de limpieza para mantener la suciedad a raya, en vídeo

Este dispositivo ha sido cedido para pruebas por parte de Dreame. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.

ues de anuncios individuales.

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Un ayuntamiento catalán multó a un particular por “talar unos árboles”. Han descubierto una red internacional de tráfico ilegal de basuras

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La Guardia Civil, la Europol y la Gendarmería francesa acaban de detener a cuatro personas por meter en Cataluña al menos 46.000 toneladas de residuos franceses de forma ilegal. Y el caso tiene miga.

Porque cuando uno habla de ‘tráfico internacional de basura’ se imagina camiones pasando a oscuras por puertos perdidos del Pirineo y barcos descargando a mitad de la noche. Pero la verdad es que ningún camión tuvo que esconderse: cruzaron la frontera entre Francia y España sin mayor problema. 

Los papeles estaban, “en teoría”, en regla.

¿En teoría? Ahí estaba el kid de la cuestión y lo que despistó a las autoridades. No tenía sentido meter basura en Cataluña desde Francia porque el canon catalán (75 euros) es más alto que el francés (69): aunque los costes globales sean más altos, el ahorro sería muy pequeño. La clave era otra cosa: que los camiones se movían por Europa declarando que lo que llevaban en sus cubas era “tierra”. 

Y eso era lo novedoso. La red había dado un paso más y ya no “vendía” vertederos baratos, vendía recalificar los residuos completamente. De esa forma, la basura viajaba a España como material y acaba enterrado en un campo de frutales. 

Al usar el término “tierra” todo se simplificaba radicalmente: nadie cobraba, ningún expediente se activaba. 

¿Tenemos un vacío legal? No exactamente: la legislación no solo es clara, sino que incluso en este caso, las alertas se activaron. Sant Esteve Sesrovires detectó las actuaciones irregulares, abrió expediente, informó a Fiscalía y propuso una multa de 814.900 euros. ¿Por qué concepto? Por vertidos de tierras y abatimiento de árboles.

Fue al investigar el asunto cuando se descubrió el fondo de la cuestión.

¿Por qué es importante? Porque es el tercer episodio del mismo patrón en cuatro meses: en marzo, una macrooperación europea con 337 detenidos; en abril, 167.000 toneladas de escombros y amianto en la Axarquía; ahora, esto.

Y, sobre todo, porque la legislación española sigue siendo muy laxa. Nuestra ordenación exige “perjudicar gravemente el equilibrio de los sistemas naturales”. Hay que modificarlo (es una exigencia Europea), pero aún no lo hemos hecho. 

Por eso, este caso se juzgará en términos de falsedad documental, delito fiscal, blanqueo. Es decir, aunque entre los delitos imputados está el medioambiental, la experiencia reciente sugiere que la condena, si llega, vendrá por el papeleo. Es una buena metáfora de un país que ha construído una de las fiscalidades más caras de Europa, pero la hemos dejado entera en manos de la autodeclaración responsable

Imagen | Zibik

En Xataka | Europa tiene un problemón con la gestión de residuos, hasta el punto de que hay mafias “exportándolos” ilegalmente de Italia a Cuenca

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“Hemos preferido inaugurar por encima de conservar. Nadie aplaude que un puente siga en pie”

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“Las infraestructuras son sistemas vivos”, resume César Franco, ingeniero industrial. La frase resume bien la pasión con la que habla una persona que ha sido decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales y presidente del Consejo de la Ingeniería de España

Porque César Franco es ingeniero industrial. Pero decir eso es quedarse muy corto. Su experiencia le ha permitido tener una doble mirada “que es fundamental”. Y es que en los últimos 25 años ha estado ligado a la estructura más digital y tecnológica de multinacionales como HP o DXC. Pero ha compaginado su trabajo con esa vocación de servicio público que lo ha llevado a los puestos relevantes antes mencionados. 

Ahora, dirige el Máster de Universitario en Ingeniería Industrial en la Universidad Alfonso X el Sabio donde habla con la misma pasión que transmiten las palabras de esta entrevista que nos ha concedido para analizar el estado de las carreteras españolas.

Una entrevista que nos ayuda a entender la situación española y los retos que tiene por delante. Porque las infraestructuras, nos dice, es mucho más que el ladrillo y el hormigón.

¿Cuál es la situación española general de las infraestructuras? ¿Estamos tan mal como dice el sentir general que se mueve en redes sociales?

Para nada. Las redes sociales tienden a amplificar la anomalía y el descontento, pero si miramos la radiografía con ojos técnicos, España cuenta con una red de infraestructuras realmente potente. Tenemos carreteras que, en términos generales, son envidiables; una red ferroviaria de alta velocidad que es un referente de ingeniería a nivel internacional; puertos estratégicos en las rutas globales y aeropuertos de primer nivel, todo ello respaldado por una ingeniería patria de una solidez tremenda.

El verdadero problema es que durante décadas las administraciones han padecido una clara tendencia a la priorización de la obra nueva: se ha preferido construir e inaugurar por encima de conservar lo que ya funcionaba. Una inauguración ante las cámaras ofrece un retorno político inmediato. 

El mantenimiento se relega a los presupuestos: nadie aplaude que un puente siga en pie o que un asfalto continúe liso; se nota poco cuando se hace bien y se nota de golpe cuando se abandona. Con las vacas flacas, la conservación suele ser la primera víctima. No es un colapso instantáneo; es un deterioro silencioso que se va acumulando año a año. El firme se va cuarteando, las estructuras envejecen sin supervisión, los sistemas de drenaje se taponan, los taludes pierden estabilidad y la señalización se vuelve invisible.

A eso hay que sumar fenómenos meteorológicos mucho más extremos, una presión logística exigente y una red ferroviaria hiperutilizada tras la liberalización. No tenemos malas infraestructuras, tenemos unas infraestructuras excelentes sometidas a un estrés sin precedentes y con un déficit de mantenimiento acumulado que ya no se puede ocultar.

La Asociación Española de la Carretera considera que las carreteras españolas están en “el peor estado de su historia”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

El titular es muy duro pero la señal de alarma está justificada. Estamos hablando de que más de la mitad de los tramos analizados muestran deficiencias graves o muy graves en sus firmes. Hay unos 34.000 kilómetros que necesitan intervención de manera urgente. La propia DGT reconoce que es el peor escenario registrado desde que se iniciaron estos estudios históricos en 1985.

Para que el ciudadano lo entienda: esto no significa que viajar por España sea una ruleta rusa o que las autovías se vayan a quebrar por la mitad mañana. La red sigue siendo funcional. Lo que nos están diciendo los indicadores es que el pavimento ha entrado en una pendiente de degradación acelerada.

Un asfalto en mal estado no es solo una molestiaque hace vibrar el coche. El riesgo de accidentes es mayor, dispara el consumo y las emisiones contaminantes y acorta la vida útil de los vehículos. En ingeniería tenemos una máxima: una actuación a tiempo es eficiente pero si esperas demasiado la reparación se vuelve exponencialmente más costosa y compleja.

Según AEC, España necesita invertir 4.721 millones de euros en 26.000 km gestionados por el Estado y 8.770 millones en 75.300 km gestionados por gobiernos autonómicos y forales. ¿Qué intervenciones cree que se deberían realizar?

Efectivamente, el déficit es colosal: la red estatal reclama 4.721 millones de euros, pero el volumen principal está en las carreteras autonómicas y forales, que necesitan 8.770 millones.

Si yo tuviera que gestionar esos recursos, jamás cometería el error de lanzar una campaña masiva e indiscriminada de asfaltado. Hay que priorizar por niveles de criticidad: dónde hay más densidad de tráfico, puntos negros de accidentalidad, mayor exposición climática y cuáles son arterias vitales para la economía local.

Como propuesta técnica orientativa, la inversión debería estructurarse bajo un esquema de prioridades muy definido:

Prioridad

Tipo de intervención

Peso en el presupuesto

criticidad

1

Firmes y pavimentos

40–50%

Muy alta

2

Drenaje, escorrentías y adaptación a lluvias extremas

15–20%

Muy alta

3

Puentes, viaductos, túneles y estructuras

15–20%

Muy alta

4

Taludes, desmontes, terraplenes y estabilidad geotécnica

5–10%

Alta

5

Señalización, balizamiento, barreras y seguridad vial

5–10%

Alta

6

Auscultación, inventario digital y mantenimiento predictivo

3–5%

Media-Alta

7

Proyectos, inspecciones especiales y contingencias

3–5%

Media

El firme se lleva la mitad del presupuesto porque es lo que pisamos, pero arreglar solo el asfalto es inútil si no se subsana el origen del problema estructural. El drenaje es el gran campo de batalla del siglo XXI. Con las DANAs y las lluvias torrenciales actuales, las carreteras no fallan por el desgaste habitual, sino porque las cunetas se desbordan, los pasos inferiores se inundan y el agua erosiona los cimientos de los terraplenes.

Por otra parte, los puentes, viaductos y túneles son elementos de criticidad extrema. Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas. Y por último, destinaría una partida obligatoria a digitalizar la red: sensores de auscultación, inventarios digitales en tiempo real y gemelos digitales. No se puede gestionar ni proteger lo que no se conoce al milímetro.

El plan anunciado por el Ministerio para intervenir 5.000 kilómetros de la red estatal con 1.629 millones entre 2027 y 2031 va en la buena dirección, pero no podemos depender de planes de choque puntuales; la conservación debe ser una corriente presupuestaria constante y protegida.

“Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas”

¿A qué retos nos enfrentamos que no se contemplaran hace 20 años?

Nos enfrentamos a una pinza compleja: un uso intensivo sin precedentes y los efectos del cambio climático.

El tráfico en las carreteras estatales subió un 3,55% en 2024, y el de camiones pesados un 2,94%. El transporte por carretera sigue cargando con el peso de nuestra economía.

Por el lado del clima, los parámetros de diseño han cambiado. Hace veinte años proyectábamos los puentes y los drenajes basándonos en series históricas de lluvia o calor relativamente estables. Hoy esas series ya no son predictivas. 

Tal y como recoge el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030, hay que reformular los criterios de explotación de toda la red. El CEDEX lo explica de forma clara: sufrimos amenazas de evolución lenta, como el aumento térmico continuado que ablanda el asfalto, combinadas con eventos extremos violentos como DANAs o borrascas históricas que erosionan los taludes y provocan desprendimientos que cortan corredores vitales.

¿Tenemos un problema con los tiempos a la hora de proyectar y construir una nueva infraestructura? Hay carreteras que tardan décadas en construirse por completo y cuando se quieren sacar adelante las necesidades de la población ya pueden ser otras.

Es una de las grandes frustraciones públicas y un mal endémico que la OCDE ha analizado con rigor. Para entender el retraso hay que mirar lo que ocurre antes de que entre la primera máquina. La obra civil en sí es solo la fase final del proceso.

Antes de mover un solo metro de tierra, una infraestructura debe superar una compleja tramitación burocrática y legal que rara vez baja de los 8 o 10 años en proyectos estándar, y que se va fácilmente a los 12, 15 o 20 años si hay túneles complejos o zonas de alta sensibilidad ambiental. Estudios informativos, declaraciones de impacto ambiental, periodos de alegaciones, conflictos de competencias interadministrativas, expropiaciones forzosas, redacción del proyecto constructivo, licitaciones internacionales y los inevitables recursos de los licitadores. Al final, la fase de construcción dura quizás 3 o 4 años; el resto del tiempo se lo ha llevado la gestión documental.

¿Cuál es la consecuencia? Que, si diseñas una carretera pensando en el tráfico de hoy, cuando la inaugures dentro de quince años el entorno habrá cambiado por completo. Por eso la ingeniería actual no puede ser rígida; hay que proyectar manejando escenarios de futuro y con la flexibilidad suficiente para adaptar la obra sobre la marcha.

Desde 2008 y especialmente desde 2010 las inversiones en infraestructuras caen. Sin embargo, España ha crecido en unos 9 millones de habitantes en lo que llevamos de siglo ¿Hemos pecado de dejar de construir infraestructuras porque se dejó de ver con buenos ojos inaugurar nuevas carreteras, aeropuertos o líneas de tren?

Pasamos de una etapa de sobredimensionamiento a una de parálisis inversora. Hubo una época en la que se proyectaba con alegría, a veces buscando más el equilibrio del peso político territorial o el impacto público que la rentabilidad social y el tráfico real. Como respuesta a los excesos, caímos en la tendencia opuesta: penalizar cualquier obra nueva etiquetándola de innecesaria.

Y la realidad es tozuda: las grandes áreas metropolitanas como Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Sevilla o Bilbao están tensionadas y sus accesos se han quedado cortos ante el crecimiento demográfico.

En los años 90, la inversión en infraestructuras era del 1% del PIB, pero desde 2018 es inferior al 0,5%. ¿Es relevante o es la consecuencia de unas infraestructuras ya asentadas que hay que mantener?

Ambas lecturas tienen su parte de razón. España no puede mantener el ritmo inversor de los años 90 o los 2000. Aquella fue una época de expansión muy intensa en la que pasamos de una red de carreteras nacionales obsoleta a construir una de las redes de autovías y de alta velocidad más moderna de Europa. Una vez que ese esqueleto está de pie, no necesitas volver a construirlo desde cero.

El error de bulto es creer que una red madura se cuida sola o requiere pocos recursos. Cambia el objeto de la inversión, pero no la necesidad del flujo financiero. Ahora el dinero debe ir a la adaptación climática, a la seguridad, a la digitalización y a desatascar nodos metropolitanos que sufren cuellos de botella.

Las infraestructuras implican un compromiso a largo plazo: no se pagan solo el día de la inauguración, se pagan durante los siguientes 50 años en forma de energía, mantenimiento, actualizaciones normativas y reparaciones. En España adolecemos de una notable falta de cultura de mantenimiento; nos entusiasma la primera piedra, pero relegamos la gestión diaria del activo. Ya lo advirtió la OCDE: nuestro problema no es solo de recursos económicos, sino de gobernanza, de saber planificar a largo plazo y de evaluar qué proyectos aportan valor real antes de iniciar las obras.

¿Cómo podemos financiar el coste de estas construcciones? La UE lleva años exigiendo a España que imponga algún tipo de pago por uso, peajes, viñeta…

Es hora de madurar el debate en este aspecto: las carreteras sin coste no existen. Existen las carreteras financiadas a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, mediante los impuestos de todos los ciudadanos, usen la carretera o no y las carreteras financiadas de forma directa por quien las utiliza.

Bruselas lleva tiempo impulsando dos principios claros: “quien usa paga” y “quien contamina paga”. La normativa comunitaria permite y fomenta que los países recuperen los costes de construcción y mantenimiento gravando el uso de las vías, especialmente en la red transeuropea. En España convivimos con un modelo heterogéneo: no tenemos una viñeta generalizada, pero mantenemos peajes en ciertos tramos y autopistas de peaje que han revertido al Estado.

Un modelo de pago por uso mal planteado es profundamente regresivo. No puedes castigar igual al trabajador que carece de alternativas y debe utilizar un acceso metropolitano cada mañana, al transportista profesional que mueve nuestra economía o a los habitantes de la España rural que no disponen de transporte público eficiente. Si pones un peaje excesivo en una autovía, provocas un “efecto desvío”: los vehículos se desplazan a las carreteras secundarias, incrementando la siniestralidad.

La solución no es un sí o un no rotundo a los peajes. Necesitamos un modelo de financiación finalista donde lo recaudado vaya exclusivamente a conservar la vía, transparente y modulable. Si se implanta el pago por uso, debe contar con un esquema inteligente de bonificaciones y exenciones para residentes, usuarios recurrentes por motivos laborales, transporte de mercancías y vehículos de bajas emisiones.

Foto | Consejo General de Ingenieros Industriales y Ava Tyler 

En Xataka | En 2021, Cataluña consiguió librarse de los peajes de la AP-7. Cinco años después tiene una idea: recuperarlos

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El argumento de la creación de empleo ha sido la gran baza para levantar centros de datos. Estaría bien si fuera cierto

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Los centros de datos consumen mucha electricidad, haciendo que suba la factura de la luz, contaminan el aire y a veces también el agua. Argumentos en contra hay cada vez más, mientras que los argumentos a favor para quien vive cerca de uno de estos mastodontes se reducen básicamente a uno: generan muchos puestos de trabajo. ¿Seguro? 

Qué está pasando. Estados Unidos concentra un tercio de todos los centros de datos del mundo. Cuentan en Futurism que hay estados compitiendo por atraer a las grandes tecnológicas, ofreciendo recursos y exenciones fiscales a cambio de que generen empleo y ayuden a desarrollar sus comunidades. Sin embargo, cada vez está más claro que la creación de empleo estable y duradero es una promesa incumplida.

Miles de millones por un puñado de empleos. En Cedar Rapids, Iowa, hay dos proyectos en marcha para dos centros de datos de QTS y Google respectivamente. Tal y como refleja el Centro de Desarrollo Económico de Cedar Rapids, para incentivar la construcción de estas infraestructuras, la ciudad les ha ofrecido una exención del 70% del impuesto sobre la propiedad durante 20 años, además de devolverles el 75% de las tasas eléctricas (un recargo municipal que se aplica en la factura). Google y QTS van a gastar 1.300 millones en sus centros de datos, pero se calcula que van a ahorrar más de 580 millones en impuestos y tasas municipales. Y dirás ¿Cuántos puestos de trabajo van a crear? Según el contrato, sólo están obligados a crear 61 puestos de trabajo permanentes. 

Por qué es importante. Los centros de datos se han convertido en el motor de la economía estadounidense, pero una cosa es la salvaje inversión de las big tech para construirlos y otra muy distinta el impacto en el empleo local. Son infraestructuras enormes, que cuestan muchísimo dinero, pero que una vez puestas en marcha funcionan prácticamente en piloto automático. Las tareas que realmente necesitan intervención humana son muy pocas en comparación a su envergadura. 

En Aragón también. Esta situación no es exclusiva de Estados Unidos, en Aragón también está pasando lo mismo. Hace poco supimos las cifras de empleo que Amazon generará en Villanueva del Gállego, donde están construyendo seis centros de datos. La empresa había hablado de hasta 29.900 puestos a tiempo completos vinculados al proyecto, pero ahí estaban contando el empleo indirecto y el inducido, como proveedores y servicios asociados. La realidad es que entre seis centros de datos, van a contratar a sólo 180 personas fijas que trabajarán a turnos para que puedan operar las 24 horas, los 365 días del año. De nuevo, la narrativa del empleo masivo hace aguas por todas partes. 

Empleo sí, pero temporal. Para construir centros de datos de esa magnitud hay que mover muchas empresas de distintos sectores, lo que indirectamente sí que genera mucho empleo. En el caso de Cedar Rapids, la ciudad presume de que los proyectos crearán “miles de empleos de construcción y oficios”, el problema es qué pasará con todos ellos cuando el centro de datos se ponga en marcha. 

Según un informe reciente de Turner & Townsend del que se hacen eco en Futurism, la urgencia por construir nuevos centros de datos ha provocado que suban precios en otros proyectos como la construcción de viviendas, además de que está acaparando la mano de obra especializada en las zonas de construcción. 

Imagen | Xataka con Magnific

En Xataka | Mientras la mayoría se opone a los centros de datos de IA hay un grupo entusiasmado con ellos: los ladrones de mercancías

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