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Si la pregunta es cómo evitar que los cargadores de coches eléctricos colapsen en verano, China tiene una idea: enchufes rodantes

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Finales de marzo de 2024. España vuelve de Semana Santa, una de las festividades con mayor movilidad del país, y las imágenes empiezan a correr por los teléfonos móviles: cargadores de Tesla colapsados. No son muchos pero sí los suficientes para que sus usuarios tengan que esperar esperas de horas para llenar sus baterías.

Las imágenes nos dejan dos lecturas. La primera es la que explicamos en Xataka, las imágenes son sin ninguna duda el reflejo de la falta de confianza en otras estaciones de servicio que no sean las de Tesla. La segunda lectura es más preocupante para quien quiere saltar a un coche eléctrico: en España se estaban comprando alrededor de un 5% de automóviles eléctricos en 2024. Y, pese a todo, las estaciones de servicio (por pocas que fueran) colapsaron.

Es lógico que los agnósticos del coche eléctrico y también los que valoren dar el salto en su próxima compra se pregunten: ¿qué pasa en un país como China? Allí, en 2024 se vendieron 11 millones de coches completamente eléctricos. Las cifras son tan apabullantes que, sin duda, es un reto para la infraestructura de carga cuando llegan las vacaciones.

Pero también un espejo donde mirar al futuro.

Su solución este año ha sido poner puntos de recarga rodantes.

Enchufes con ruedas

Los primeros días de mayo, China celebra como buena parte del mundo el Día del trabajador. Sin embargo, con los años, el Gobierno chino ha ido ampliando esta festividad que ahora ocupa los cinco primeros días del mes y, por tanto, se ha convertido en uno de los periodos de descanso más importantes del país y uno de los grandes momentos para viajar.

Como sucede en España en Semana Santa, en China la festividad de los primeros días del año acumula congestión y largos atascos en la carretera. Con el mayor parque móvil de coches eléctricos del mundo, esto puede ser un problema en carreteras como la que une Pekín y Shanghai, separadas por más de 1.300 kilómetros.

Uno de los temores habituales ante el coche eléctrico es que si no conseguimos reducir los tiempos de carga, poco a poco las estaciones de servicio se irán saturando y los 20-30 minutos de recarga pueden transformarse en horas como consecuencia de un atasco sostenido para poder operar en los enchufes.

Para evitarlo, este año se ha puesto en marcha una primera prueba con lo que se ha calificado como “portaviones de enchufes”. Esto es, camiones con enormes baterías ya cargadas que sirven como enchufes a varios vehículos al mismo tiempo. En los medios chinos explican que pueden dar servicio a un total de ocho coches al mismo tiempo e, incluso, nutrir a un máximo de 100 coches por camión.

El sistema ha permitido multiplicar las opciones que los conductores tenían disponibles durante el Año Nuevo chino. Calculan que los enchufes disponibles crecieron en un 80% en la autopista entre Pekín y Shanghai y que para ello se desplegaron 238 camiones auxiliares en las 49 áreas de servicio más concurridas. Además, se levantaron otras 246 estaciones de carga temporales para aliviar la demanda de electricidad. El sistema fue gestionado por el Jiangsu Provincial Department of Transportation y la empresa Jiangsu Dlala New Energy Technology Co.


Captura De Pantalla 2025 05 27 A Las 12 22 45 P M
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Una vez que el camión vacía todas sus baterías, se desplaza hasta una estación donde recupera energía mediante placas solares y carga de nuevo las baterías. Con las suyas ya cargadas puede desplazarse allí donde más demanda de electricidad se requiere. En total, cada camión cuenta con 3.600 kWh de energía.

Es decir, con los cálculos antes expuestos, cada coche puede cargar un máximo de 36 kWh de electricidad. Eso, en un coche eléctrico con un consumo en carretera de 20 kWh/100 km supone unos 180 kilómetros de autonomía. Pese a ello, hay que entender que en China están muy extendidos los eléctricos de rango extendido. Coches que, en el fondo, son híbridos enchufables y cuyas baterías se mueven en ese rango de unos 40 kWh de capacidad, por lo que tampoco podrían llenar más las baterías.

El uso de estos enchufes rodantes no es nuevo en China pero generalmente se utilizan para sacar de un apuro a quienes no han podido llegar a un punto de carga y se han quedado sin electricidad antes o como apoyo auxiliar pero muy puntual cuando una estación se ha llenado. La potencia de estos cargadores montados sobre camiones es, sin embargo, 20 veces mayor que los enchufes rodantes de marcas como Wuling, pensados para una emergencia.

El de esta marca, por ejemplo, tiene una batería en el interior que le permite aportar hasta 141 kWh de electricidad. Esto supone que puede llenar entre 1,5 y 3 baterías de coches eléctricos, en función del tamaño de las mismas. También CATL está invirtiendo en el desarrollo de esto sistemas aunque, de nuevo, se trata de servicios auxiliares y de menor tamaño.

Foto | BYD y @DriveGreen80167

En Xataka | Si la pregunta es cómo vamos a cargar miles de coches eléctricos en la calle, Portugal cree tener la respuesta: farolas

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A los humanos nos gusta la cerveza. La gran pregunta es si nos gusta tanto como para haber inventando la agricultura

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La gran pregunta no es si fue antes el huevo o la gallina si no qué empezaron a elaborar primero nuestros ancestros, ¿pan o cerveza? Hace unos 12.000 años los humanos impulsamos en Próximo Oriente uno de los capítulos más importantes de nuestra historia, la Revolución Neolítica. De ser nómadas que vivían de la caza y la recolección pasamos a convertirnos en criaturas sedentarias que cultivan los campos. El cambio fue tan trascendental que desde hace tiempo los antropólogos se preguntan qué lo motivo. Lo razonable sería pensar que la búsqueda de algo tan sencillo como el pan, pero hay quien cree que la respuesta es otra: cerveza.

¿Y si el gran catalizador que nos llevó a arar y cosechar los campos no fue la búsqueda de pan sino nuestra ancestral afición a empinar el codo?

Cereales, ¿para qué os quiero? Los científicos se han pasado las últimas décadas desentrañando los misterios de nuestro pasado más remoto, pero hay uno (fundamental) sobre el que aún no se han puesto de acuerdo: ¿Qué diablos llevó a la humanidad a cambiar la caza y la recolección por una vida sedentaria basado en la agricultura y ganadería? ¿Cuál fue el catalizador de la Revolución Neolítica, uno de los períodos más trascendentales de todos los tiempos?

Puesto que desde que el humano es humano necesita comer la respuesta parece sencilla: si aquellos hombres y mujeres se asentaron para plantar trigo y cebada tuvo que ser para elaborar pan, ¿no? Es decir, empezaron a pasar horas y horas cuidando sus campos para obtener grano con el que nutrirse. En los años 50 sin embargo una pregunta empezó a colarse en el debate antropológico: ¿Y si lo que realmente les interesaba del grano no era el pan o las gachas sino la cerveza? 

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Pero… ¿Y eso por qué? El debate no es nuevo. Lleva tiempo sobre la mesa y se caldea de vez en cuando con nuevos descubrimientos, como el anunciado en 2018 por un grupo de investigadores de Stanford que halló “el registro más antiguo de alcohol”, indicios que nos hablan de la fabricación de cerveza hace 13.000 años

El último en plantear la discusión ha sido Michael Marshall, un periodista científico y articulista de New Scientist. En diciembre publicó una amplia crónica en la que repasa los últimos hallazgos sobre el tema y (lo más importante) expone lo mucho que está costando a los antropólogos alcanzar una conclusión.

Las bondades de la cerveza. Para entender la discusión antes debemos aclarar un punto clave: ni el pan ni la cerveza de la Edad de Piedra eran cómo el pan y la cerveza que hoy conocemos. Esta última de hecho poco o nada tiene que ver con el refrescante líquido ambarino que nos sirven en los bares. Más bien se parecía a un puré, unas “gachas dulces y ligeramente fermentadas”, aclara la profesora Jiajing Wang, del Darmouth College de New Hampshire. “Hacían germinar los granos, los cocían y luego utilizaban levadura silvestre”.

El resultado era un brebaje nutritivo, calórico, rico en proteínas y que incluso podía resultar más segura que beber agua de los ríos y pozos. Al fin y al cabo era fruto de la fermentación. A eso se añadía su contenido de alcohol, un “lubricante social” que todavía usamos en pleno siglo XXI para desinhibirnos y socializar. El arqueólogo Brin Hayden destaca por ejemplo su uso en eventos que ayudaban a estructurar las comunidades. Hay investigaciones que apuntan a que (al menos algunas comunidades) lo usaban en rituales y para veneración a fallecidos.

Mucho más que sospechas. Si el debate sigue sobre la mesa desde la década de 1950 es, básicamente, porque se ha ido nutriendo con hallazgos arqueológicos. Los investigadores han encontrado vestigios que nos hablan de la elaboración de cerveza hace al menos 5.000 años en el sur de Egipto y norte de China o de cómo hace 10.000 años la cultura Shangshan ya elaboraban cerveza de arroz.

Uno de las revelaciones más importantes de los últimos años fue la lograda sin embargo en una cueva de Israel en 2018 por un equipo liderado por la profesora Li Liu, de la Universidad de Stanford. Allí encontraron pruebas de la elaboración de cerveza anteriores a los primeros cereales cultivados en Oriente Próximo. El hallazgo se relaciona con los natufienses, un pueblo dedicado a la recolección y caza, aunque también solía quedarse largos períodos en un mismo lugar.

“El más antiguo”. Tras analizar residuos localizados en morteros de 13.000 años localizados en una cueva de Raqefet, un cementerio natufiense próximo a Haifa, Liu y sus colegas descubrieron restos de cerveza. Todo un hito, como ella misma destaca: “Es el registro más antiguo de alcohol elaborado por el hombre”. “Este descubrimiento indica que la producción de alcohol no fue necesariamente resultado de la producción excedente agrícola, sino que se desarrolló con fines rituales y espirituales, al menos hasta cierto punto, antes de la agricultura”.

¿Tema zanjado? En absoluto. Para entender la complejidad del tema ayuda repasar el descubrimiento anunciado en 2018. Al menos por entonces los restos de pan más antiguos conocidos, extraídos de un yacimiento natufiense situado al este de Jordania, tenían entre 11.600 y 14.600 años de antigüedad. Los vestigios de cerveza descubiertos por el equipo de Liu se mueven en una horquilla similar: a priori, podrían datarse hace entre 11.700 y 13.700 años. Una de las claves del problema, explica Marshall en su artículo, es que en el fondo la elaboración de pan y cerveza deja rastros muy similares, básicamente residuos de almidón.

“Aún no tenemos pruebas contundentes para responder a esa pregunta”, reconoce Liu sobre la cuestión de si nos dimos primero a la cerveza o el pan. La realidad es más compleja: por no saber no sabemos si quiera si algunos de esos alimentos fueron el gran catalizador que llevó a nuestros antepasados a cambiar de estilo de vida. “No me sorprendería que ambas fueron las motivaciones”. 

Al fin y al cabo el debate de ‘primero cerveza, primero pan’, no busca tanto conclusiones definitivas como reivindicar el peso de ambos alimentos. Ambos, cerveza y pan, pan y cerveza, jugaron un papel decisivo en las dietas y rituales.

Imágenes | Gary Todd (Flickr), Enhin Akyurt (Unsplash) y Gerrie van der Walt (Unsplash)

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En silencio, las Big Tech están dejando de ser empresas exclusivamente tecnológicas para ser algo más: energéticas

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Las grandes tecnológicas no solo compiten por ingenieros de IA. Ahora también lo hacen por perfiles energéticos. Y no es para menos, pues sin la electricidad que alimenta los mastodónticos centros de datos necesarios para que las herramientas de IA sigan operativas, la carrera de la IA se frena.

Un cuello de botella. La IA se ha convertido en el eje estratégico de las Big Tech, pero su mayor cuello de botella ya no es el talento alrededor de sus sistemas, sino el acceso a energía. Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos cada vez más grandes consumen cantidades masivas de electricidad, y garantizar ese suministro se ha vuelto una prioridad empresarial. Según cuenta el medio CNBC, con datos recopilados por Workforce.ai, la contratación de perfiles relacionados con energía creció un 34% interanual en 2024.

Números. Tal y como cuenta el medio, el año pasado también se produjo un salto similar, con un nivel de contrataciones de perfiles energéticos un 30% por encima del de 2022, justo antes de la explosión de la IA generativa tras el lanzamiento de ChatGPT.

La principal razón es estructural, pues los centros de datos representaron aproximadamente el 1,5% del consumo eléctrico mundial en 2024, tras crecer un 12% en cinco años, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. Todo apunta a que esa demanda seguirá aumentando a medida que se despliega nueva infraestructura de IA.

Qué perfiles buscan las Big Tech. Según destaca el medio, las tecnológicas buscan puestos mucho más operativos: expertos en compra de energía, mercados eléctricos, conexión a la red y estrategia energética. CNBC recoge que estas posiciones están directamente ligadas a asegurar suministro real, no solo a mejorar la imagen ambiental de las compañías. Además, no todo va de garantizar suministro a cualquier coste, sino también de que se pueda conseguir electricidad de la manera más eficiente posible.

Quién va ganando la guerra del talento. Amazon y Microsoft lideran en volumen de fichajes energéticos desde 2022, según apunta el medio. Amazon suma más de 600 incorporaciones (incluyendo AWS), mientras que Microsoft supera las 570. En el caso de esta última, en 2024 fichó a Carolina Dybeck Happe, exdirectora financiera de General Electric, como directora de operaciones, un gesto que muchos interpretan como una apuesta estratégica por integrar energía y gestión a gran escala. 

Google, por su parte, ha acelerado en los últimos meses con más de 300 contrataciones, incorporando perfiles procedentes tanto de grandes energéticas como del mundo académico.

Entre líneas. La estrategia no se limita a contratar personas. Las grandes tecnológicas también están comprando otras empresas. Alphabet, matriz de Google, acordó la adquisición de la compañía de centros de datos Intersect por unos 4.750 millones de dólares. Al mismo tiempo, externalizan fases clave como la construcción de infraestructuras, apoyándose en contratos temporales para gestionar proyectos, terrenos y obras.

El choque con el sector energético tradicional. El medio también señala, a través de datos proporcionados por consultoras especializadas, que cada vez más profesionales senior de infraestructuras energéticas consideran dar el salto a las tecnológicas, atraídos por salarios más altos y proyectos ligados a centros de datos. El problema es que los perfiles más demandados, como estrategia energética o conexión a red, ya eran escasos de por sí en el sector energético tradicional y renovables. Esto ha dado lugar a un mercado de talento más estrecho y competitivo.

No todo es absorción directa. Algunos analistas ven también oportunidades para las eléctricas. Travis Miller, analista de energía y utilities en Morningstar, explica al medio CNBC que la magnitud de la demanda hace inviable que las Big Tech lo hagan todo por su cuenta. En muchos casos, dependerán de grupos de servicio público tradicionales para desarrollar infraestructuras y operar redes, lo que puede traducirse en nuevos ingresos y empleo en el sector.

Y ahora qué. La frontera entre tecnológicas y energéticas se está diluyendo de manera muy interesante. Meta, Amazon, Google o Microsoft ya firman acuerdos de compra de energía a largo plazo, incluso con proyectos nucleares, y algunas han solicitado permisos para comerciar electricidad y vender excedentes a la red. “Hay tecnológicas que se están convirtiendo en empresas de energía”, cuenta Daniel Smart, CEO de The Green Recruitment Company, al medio.

Eso sí, de momento, solo para alimentar su propia IA.

Imagen de portada | Microsoft

En Xataka | La IA está creando un nuevo paradigma de éxito: productos que usa todo el mundo pero tienen que cerrar por falta de ingresos

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Hay una Europa que se asfixia para pagar la vivienda y otra que vive tranquila. Y este mapa muestra las diferencias

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Más allá de los vaivenes políticos, la corrupción, el desempleo, la guerra de Ucrania, o el (cada vez más) convulso escenario de la geopolítica internacional, de tanto en tanto el CIS nos recuerda que hay un problema mucho más cotidiano que nos quita el sueño a los españoles: el acceso a la vivienda.

A cierre de 2025 el 39,9% de los encuestados por el organismo señalaba la vivienda como “el principal problema” que arrastra el país. Y es normal si se tiene en cuenta el desajuste entre oferta y demanda, la presión que ejerce el alquiler turístico y (sobre todo) la profunda subida de precios de los últimos años.

Cada vez que se habla de mercado residencial surge sin embargo la misma pregunta: más allá del coste exacto del metro cuadrado (m2), calculado por el Consejo General del Notariado, el Ejecutivo o portales como Idealista, ¿cómo de “inaccesible” es el alojamiento en España? ¿Qué esfuerzo económico exige a las familias? ¿Es mayor o menor que el que deben asumir otros hogares europeos?

Cogiendo perspectiva

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Tipo de vivienda (en m2) disponible gastando el 40% de los ingresos mensuales.

ESPON, el programa que se dedica a estudiar la cohesión de la UE, ha publicado una serie de mapas que ayudan a responder esas dudas de una forma rápida, directa y sobre todo visual. Para elaborarlos se ha fijado básicamente en dos parámetros: los precios del mercado inmobiliario de compraventa y alquiler y los datos sobre ingresos publicados por Eurostat. Todo dividido por regiones.

Al cruzarlos el organismo ha podido realizar dos cálculos. El primero es estimar qué tipo de vivienda (en m2) puede alquilar en cada región de la UE una persona que destine a ese fin el 40% de sus ingresos. El segundo es qué porcentaje de su renta debería dedicar ese mismo inquilino si quisiera una casa de 100 m2.

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Porcentaje de los ingresos mensuales necesario para alquilar una vivienda de 100 m2.

ESPON no se queda ahí. Esas mismas preguntas las ha trasladado también al mercado de compraventa residencial. Es decir, ¿qué tipo de vivienda podría pagar una persona dispuesta a invertir el 40% de sus ingresos anuales durante toda una década? ¿Y cuántos años tendría que soportar ese mismo esfuerzo presupuestario si desease comprar un apartamento de 100 m2?

En ambos casos los mapas son similares y dejan botando una serie de conclusiones, como las profundas diferencias que hay dentro de un mismo país. 

“Las regiones que contienen y rodean capitales como París, Berlín, Lisboa y Madrid suelen ser menos asequibles en comparación con el resto de la nación. Además, las regiones costeras tienden a ser menos asequibles, lo que también se aprecia claramente en Países Bajos y Alemania, Portugal, España y Francia”.

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Vivienda disponible (m2) invirtiendo el 40% de los ingresos durante 10 años.

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Años necesarios para comprar una vivienda de 100 m2 invirtiendo el 40% de los ingresos.

Por ejemplo, mientras un madrileño dispuesto a invertir en vivienda el 40% de sus ingresos anuales necesitaría entre 20 y 25 años para pagarse una casa de 100 m2, a un vecino de la provincia de Teruel le llegarían como mucho diez años de esfuerzo. En Barcelona necesitaría del orden de 20-25 años mientras en la otra punta de la península, en Pontevedra, serían suficiente entre 15 y 20 años.

La peor parte en España se la llevan Málaga, las Baleares y Canarias, donde ESPON calcula que de media un comprador necesitaría invertir el 40% de sus ingresos anuales durante más de tres décadas y media. Un esfuerzo muy similar tendrían que soportar los habitantes del Algarve, Setúbal, parte del área de París, Mónaco, Córcega o diferentes puntos repartidos por Europa del Este, donde el propio ESPON reconoce que se concentran zonas “bastante inasequibles”.

Si hablamos del mercado del alquiler, el panorama no es muy distinto. Un madrileño que quisiera arrendar un apartamento de 100 m2 necesitaría dedicarle (de media) entre el 80 y 90% de su renta. La situación es peor en puntos costeros, como Barcelona, Huelva, Málaga y regiones del Este europeo. En las provincias de Zamora o Huesca serían suficiente entre el 30 y 40%, lo que se aproxima más al nivel tope de endeudamiento que recomiendan asumir los expertos.

Imágenes | Quique Olivar (Unsplash) y ESPON

En Xataka | No es país para españoles: Madrid y Cataluña están perdiendo población nacional al tiempo que ganan extranjera

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