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La apuesta de Japón para volver a liderar la industria de los chips se sostiene sobre estas tres empresas

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Para Japón, al igual que para Corea del Sur, Taiwán, China o EEUU, la industria de los semiconductores tiene un carácter estratégico no solo por el profundo impacto beneficioso que tiene en su economía, sino también por el impulso que da a su capacidad tecnológica. Este es el contexto en el que el Gobierno japonés anunció a mediados del pasado mes de noviembre un plan público que inyectará en las empresas que se dedican al diseño y la fabricación de chips nada menos que 325.000 millones de dólares en un plazo de diez años. Además, prepara 65.000 millones adicionales que persiguen respaldar la actividad de las empresas locales.

No cabe duda de que es una apuesta muy fuerte y más ambiciosa incluso que las diseñadas por EEUU, China o Europa. Solo Corea del Sur prepara una inversión económica de una envergadura similar. Las primeras reacciones de las empresas niponas no se han hecho esperar. “Estamos trabajando con nuestros clientes para desarrollar tecnologías que se adentran cuatro generaciones en el futuro”. Estas palabras de Nobuto Doi, vicepresidente de Tokyo Electron, son toda una declaración de intenciones.

No obstante, antes de seguir adelante en este artículo es importante que repasemos brevemente de dónde viene Japón. A finales de la década de los 80 este país asiático dominaba la industria global de los circuitos integrados con una contundencia indiscutible. NEC, Toshiba, Hitachi, Fujitsu, Mitsubishi, Matsushita y otras compañías niponas acaparaban en 1988 nada menos que el 50% de la industria de los chips. Sin embargo, hoy ninguna de estas empresas está posicionada entre los líderes de un sector dominado con puño de hierro por las compañías taiwanesas, estadounidenses, chinas, surcoreanas y alemanas.

Tokyo Electron: la ASML japonesa

Esta compañía es uno de los pilares de la industria nipona de los circuitos integrados. Se dedica al diseño y la fabricación de equipos de litografía y procesado de obleas, por lo que con frecuencia sus máquinas conviven en las plantas de TSMC, Intel, Samsung, Micron Technology o SK Hynix, entre otras compañías, con los equipos de la empresa neerlandesa ASML o la estadounidense Applied Materials. Su importancia para Japón es tal que actualmente es una de las compañías japonesas que se están viendo respaldadas por las subvenciones aprobadas por el Gobierno nipón.

La nueva planta de Tokyo Electron en Oshu estará destinada a la fabricación de equipos avanzados de deposición de obleas y a la logística

De hecho, está construyendo varios edificios en la prefectura de Miyagi que presumiblemente estarán terminados en 2025. El proyecto más ambicioso que abordará en estas instalaciones consistirá en el diseño y la fabricación de unos equipos de grabado de obleas mediante plasma muy avanzados. Son, precisamente, las máquinas de las que habla Nobuto Doi en la declaración que he incluido en el segundo párrafo de este artículo. Estos equipos están involucrados en la definición del patrón que posteriormente va a ser transferido a la oblea. La empresa japonesa Hitachi también tiene máquinas de grabado de obleas por plasma, pero la voz cantante en este mercado en particular la tiene Tokyo Electron.

Al parecer los ingenieros de esta última compañía están trabajando codo con codo con sus clientes para desarrollar soluciones que, según Doi, se posicionarán cuatro generaciones por delante. No obstante, su plan va más allá de las instalaciones de la prefectura de Miyagi. Y es que Tokyo Electron también está construyendo una nueva planta en Oshu, en la prefectura de Iwate, que estará destinada a la fabricación de equipos avanzados de deposición de obleas y a la logística. De algo podemos estar seguros: Tokyo Electron es la ASML japonesa. Sin ella el ambicioso plan pergeñado por el Gobierno nipón para su industria de los semiconductores no sería viable.

Rapidus Corporation: la punta de lanza de Japón

La compañía que está destinada a competir de tú a tú con TSMC, Intel o Samsung en el mercado de la producción de chips es Rapidus Corporation. De hecho, ha sido creada expresamente para volver a colocar a Japón a la vanguardia de los circuitos integrados. Esta es una compañía muy joven. Fue fundada el 10 de agosto de 2022 por el Gobierno japonés con un capital inicial de 7.346 millones de yenes (algo menos de 46 millones de euros) aportado por, y aquí viene lo interesante, Sony, Toyota, NEC, SoftBank, Kioxia, Denso, Nippon Telegraph y MUFG Bank.

El capital inicial invertido en la constitución de esta compañía no es muy abultado, pero no cabe duda de que las empresas que participan en ella tienen una relevancia indiscutible en los sectores de la tecnología, la automoción y las telecomunicaciones. Actualmente Rapidus está poniendo a punto una planta de fabricación de circuitos integrados en el norte de Japón, en la ciudad de Chitose (Hokkaido), en la que planea producir semiconductores de 2 nm. Los primeros prototipos de estos chips ya están listos, pero la fabricación a gran escala no llegará en el mejor de los casos hasta 2027.

Rapidus está poniendo a punto una planta de fabricación de chips en el norte de Japón en la que planea producir semiconductores de 2 nm

Lo que está provocando que la nueva fábrica de Rapidus acapare las miradas del sector de los semiconductores es que, según Atsuyoshi Koike, que es el presidente de la compañía, estará completamente automatizada. Su propósito es recurrir a los robots y la inteligencia artificial (IA) para poner a punto una línea de producción automatizada que estará especializada en la fabricación de chips de 2 nm para aplicaciones de IA. Su plan consiste, en definitiva, en producir circuitos integrados más rápido, con un coste más bajo y con más calidad.

Para fabricar estos semiconductores se utilizan los equipos de litografía de ultravioleta extremo (UVE) que produce la compañía neerlandesa ASML, y prácticamente todos los procesos de fabricación son automáticos. Sin embargo, las fases de prueba y validación, interconexión y empaquetado de los chips todavía se llevan a cabo en gran medida de forma manual en la mayor parte de las plantas de fabricación. Según Rapidus su tecnología de automatización de todos estos procesos le permitirá reducir el tiempo de entrega de sus chips un 66% frente a los tiempos que ofrecen habitualmente TSMC y Samsung.

JSR Corporation: el monopolio de la fotorresistencia está en sus manos

Hay una empresa nipona que es indiscutiblemente líder en su especialidad. Es poco conocida fuera del ámbito de los semiconductores, y, sin embargo, es uno de los baluartes de Japón. Se llama JSR Corporation y está especializada en la producción de materiales fotorresistentes. Los equipos de fotolitografía que diseña y produce ASML se responsabilizan, muy a grandes rasgos, de transferir el patrón geométrico descrito por la máscara con muchísima precisión a la superficie de la oblea de silicio.

En este ámbito podemos observar el patrón como el “dibujo” que delimita la distribución de los transistores, las conexiones y los demás elementos que conforman un circuito integrado. No obstante, antes de llegar a este paso tan importante es necesario someter las obleas a un proceso conocido como deposición. En él suelen intervenir los equipos fabricados por Tokyo Electron o Applied Materials. Su propósito es preparar las obleas de silicio para la transferencia del patrón geométrico depositando sobre ellas una capa finísima de material. Dependiendo del tipo de chip que se esté fabricando será necesario emplear un material u otro.

Durante las últimas dos décadas todas las empresas especializadas en la producción de materiales fotorresistentes han sido niponas

Una de las técnicas de deposición más utilizadas se conoce como oxidación, y consiste en sacar partido a la capacidad del silicio de formar una capa finísima de óxido al reaccionar con el agua. Su propósito es proteger los transistores y los demás componentes de los chips de la contaminación externa. No obstante, antes de llevar a cabo la transferencia del patrón geométrico a la oblea utilizando un equipo de litografía es necesario verter sobre ella un líquido capaz de absorber la luz y preservar el patrón. Esta es la función del fluido fotorresistente.

Durante las últimas dos décadas todas las empresas especializadas en la producción de materiales fotorresistentes han sido niponas. De hecho, Japón tiene desde entonces el monopolio de este mercado, que actualmente está liderado por JSR Corporation. Esta compañía suministra sus líquidos fotorresistentes a la mayor parte de los fabricantes de semiconductores que he mencionado en este artículo, contribuyendo a sostener el liderazgo de Japón en un ámbito muy importante que habitualmente pasa desapercibido: el de la fabricación de materiales avanzados para producir circuitos integrados.

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la máquina de hacer helados que mi “yo” de siete años siempre quiso tener en casa

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“Haaaaaaaacer helados, en la heladera Famoplay, soooon buenísimos, de fresa, chocolate y vainillaaaaaa”. Tengo pocos recuerdos de mi infancia (para mi desgracia), pero recuerdo ese anuncio del año 2001 como si lo hubieran emitido en plena pausa del Mundial hace unos días. Recuerdo a ese Jose de siete tiernos años pegado a la Sony negra de tubo en la salita de sus padres, pensando, goloso, en lo guay que sería tener su propia heladera en casa. Nunca pasó.

Hoy, 25 años después, el Jose de 32 años que peina canas y se casa en unos meses ha podido probar una heladera. Una que, sorpresa, deja a la heladera Famoplay a la altura del betún. Porque la Ninja CREAMi Scoop & Swirl tiene poco de juguete. Es uno de esos electrodomésticos que nadie necesita, que la mayoría solo va a usar unos meses al año (un helado en diciembre siempre entra, he dicho), que es un capricho como la copa de un pino, pero que es una verdadera maravilla.

Hoy, el Jose de siete años sonríe.

✅ Cómpralos si…

  • Tienes la paciencia suficiente para esperar un día para comerte el helado.
  • Tienes peques y buscas una actividad culinaria para hacer juntos.
  • Tienes espacio en casa y 350 euros que no necesitas.

❌ No lo compres si…

  • Quieres hacerte un helado al momento y desde cero.
  • Tienes una cocina pequeña o espacio limitado.
  • Quieres un dispositivo silencioso.

Lo esencial en 30 segundos

La Ninja CREAMi Scoop & Swirl es como la Ninja CREAMi, pero con un sistema de dispensación similar al que encontrarías en una tienda de yogures helados. Además, tiene más programas pensados para recetas de helados suaves. La idea y el funcionamiento, no obstante, son idénticos: haces la receta, la vuelcas en una tarrina, la congelas y la procesas en la máquina. En una Ninja Creami normal te comes el helado de la tarrina y en la Scoop and Swirl tienes más opciones.

La gracia del modelo que nos ocupa es la palanca. Si haces helado suave o yogur helado, puedes poner la tarrina en un extrusor que, tirando de la palanca hacia abajo, permite extraerlo por una boquilla y verter el producto en un cucurucho o una tarrina. 

La máquina funciona de verdadero miedo, tanto que es complicado, por no decir imposible, sacarle pegas. El único “pero” que se le puede sacar es que es grande (aunque no por ello pesada) y ruidosa con avaricia. Por lo demás, el rendimiento es excepcional y ha dado la talla en todas y cada una de las recetas que he hecho estas semanas.


Ninja CREAMi Scoop & Swirl La heladera con 2 tarrinas y 13 funciones prepara helados, helados cremosos, gelatos, batidos y más, y cuenta con la opción de añadir extras, piedra/dorado, NC701EUSTGD

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Nuestra experiencia con la Ninja CREAMi Scoop & Swirl

Ninja Creami Scoop Swirl
Ninja Creami Scoop Swirl

Imagen | Xataka

Cómo funciona. A diferencia de las heladeras, que enfrían y baten al mismo tiempo, la Ninja Creami procesa bloques sólidos ya preparados en una tarrina. Por eso es “pequeña”, porque no necesita compresor. Tiene una cuchilla bautizada como Creamerizer que, grosso modo, se desplaza hacia abajo y “raspa” y “peina” el producto congelado. La técnica es parecida a la que se sigue para hacer granizados, solo que variando la velocidad de rotación, profundidad y frecuencia de bajada (de ahí los diferentes modos) se pueden conseguir diferentes texturas. Es el motivo, también, por el que hace ruido, mucho ruido, no apto para hacerse un heladito a la hora de la siesta.

En este vídeo podéis escuchar el ruido que hace.

¿Hacemos helado? Esa es la pregunta que hay que hacerse antes de nada. Entender la máquina como un sistema mágico que hace helados es un error. Requiere cierta planificación y paciencia, ya que las tarrinas deben congelarse durante al menos un día. No es tanto “voy a comerme un helado”, sino “voy a prepararme el helado que me quiero comer mañana”. En las fotos estáis viendo una tarrina de açaí que preparé el día de antes.

Necesitas otra máquina. Una batidora, concretamente. Aunque pueda parecerlo, la Ninja Creami no es una batidora. No bate. Mezcla ingredientes duros en preparados ya procesados, pero no bate. Lo ideal es que las recetas las hagas en una batidora para, luego, volcarlas en la tarrina. Un minipunto negativo es que las tarrinas son pequeñas, de 480 ml cada una, así que si haces helados para cuatro mejor preparar dos tarrinas y ser precavido.

Las recetas. La máquina incluye un librito con algunas recetas de diferentes tipos (no está en español, como apunte) para probar todos los modos, y TikTok está lleno de ideas. En cualquier caso, a la larga yo he acabado usando solo dos modos: ice cream para los helados y frozen yoghurt para mis preparados de açaí. En cuanto a las recetas, te puedes poner tan exquisito como quieras. Dependerá de lo profunda que sea tu despensa y las ganas que tengas de comprar productos que vas a usar esporádicamente. 

  • Si no te quieres complicar la vida, toma nota: 100 ml de nata para montar (mínimo 35% MG), 200 ml de leche entera, 70 gramos de azúcar en polvo, dos cucharadas soperas bien llenas de cacao puro en polvo y una cucharadita de extracto de vainilla. Ahí tienes un helado de chocolate super simple. Si no gusta el chocolate, cámbialo por dos cucharadas soperas de extracto de vainilla y tendrás helado de vainilla.
Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka
Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka

Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka

¿Cómo salen los helados? En pocas palabras, y asumiendo que no la líes con la receta, salen espectaculares. La textura y el sabor son brutales. No voy a decir que sustituyan a los de una buena heladería, pero a mí, que me encanta el helado, me hacen pensar si volvería a comprar tarrinas industriales. Ya no solo porque el helado a secas salga bien, sino porque, una vez procesada la tarrina, puedes echarle trozos de galleta, por ejemplo, y mezclarlo usando la función “Mix-in”. Una maravilla, no puedo decir nada más.

  • Entiendo que esto es algo que depende mucho de las recetas, de los materiales usados, del procesado, etc. Hay un componente (simpático, en mi opinión) de ensayo y error y de encontrar mezclas que funcionen. La cocina es un arte y es mejor no frustrarse cuando algo no sale bien. Mi primer helado, que lo hice con ciruelas, fue un desastre monumental. 
Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka
Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka

Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka

La gracia de la palanca. Con ciertas texturas, como la de frozen yoghurt, puedes usar la palanca para extruir el helado en un bol o en un cono. Para ello, se coloca la tarrina en el hueco dispuesto a tales efectos con una tapa especial (que es, básicamente, un tope que la máquina empuja hacia delante). Funciona bien, pero es posible que no lo haga a la primera porque la textura sea más sólida de la cuenta. A mí me ha pasado alguna vez con el açaí. En ese caso, normalmente lo he solucionado dándole una segunda pasada con la función “Re-spin”.

La limpieza. La máquina tiene bastantes piezas, no solo las tarrinas, que hay que limpiar cada vez que hacemos una receta. Las tapas y las cuchillas son muy proclives a desaparecer en un momento de despiste, por lo que recomiendo guardarlos bien y tener cuidado. El lavado conviene que sea concienzudo, algo que no siempre es fácil en algunos recovecos de las tarrinas y las tapas. 

Ninja CREAMi Scoop & Swirl, la opinión de Xataka

Imagen | Xataka
Imagen | Xataka

Imagen | Xataka

La Ninja CREAMi Scoop & Swirl es una fantasía. Quitando las cosillas propias de este tipo de máquinas, a saber su tamaño, volumen y el ruido que hace, es de esos pequeños electrodomésticos que cumplen con las expectativas. Los helados y demás preparados salen, sencillamente, bien. Dependerá de las recetas y de cómo procesemos los alimentos, pero mi experiencia ha sido sensacional. Si tengo que sacar pegas, diría dos: el ruido y que las tarrinas sean de plástico. 

No es, eso sí, un dispositivo indispensable como tampoco lo son un hervidor de agua o una freidora de aire. No es para todo el mundo ni todo el mundo le va a sacar provecho. Y eso está bien. ¿Es un capricho? Sin lugar a dudas. ¿Es una máquina que funciona bien y que, si tienes peques, va a ser la estrella del verano? También.

¿Te la recomiendo?

Aquí la cosa es sencilla: lo más probable es que no la necesites. Son 350 euros que siempre, pero en verano más, vienen estupendamente. No es un dispositivo barato y no lo puedes meter en cualquier sitio. Piensa, también, en si la vas a usar de verdad o si, por el contrario, las vas a usar igual que la yogurtera que tienes en una caja en el trastero. Ahora bien, si tienes ganas de hacer tu propio helado, te gusta la cocina, tienes espacio y, como a mí, te gusta liar algún enredo en la cocina siempre que puedes, adelante, porque funciona de verdadero miedo. Y si tienes niños, es una actividad super chula para hacer en familia.

Imágenes | Xataka

En Xataka | Italia ha llevado la “gourmetización” del helado al extremo con un cucurucho de 95 €. Ahora el país debate si eso es de “idiotas”

Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Ninja. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.

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Una empresa de Valencia fabrica los mochis de Mercadona. Han crecido hasta los 165 millones de euros

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¿Quién es la empresa que está detrás de los adictivos dochis del Mercadona? Del helado de batalla a los mochis veganos y las plantas en Cheste, si has oído hablar de Estiu habrás oído hablar de un caso de éxito del que sentirse bien orgulloso. Helados Estiu pasó de ser la típica fábrica discreta de helados baratos a un actor central en el supermercado más poderoso de España.

“Estiu” es verano y en verano fue cuando se trasladaron, uno de 1997, a la carretera Manises-Ribarroja km 11,1. Desde allí venden decenas de litros de helado cada año y ahora arrasan con ese caballo de Troya que son los “dochis”, su propia versión de los mochis con galleta triturada. Sí, tengo dos cajas en el congelador. La marca blanca ha sabido apostar por el postre japonés y se ha comido, en volumen industrial, a otras míticas del sector como Frigo o La Lechera.

Fabricando para el líder. Helados Estiu nació en 1983 con una idea clara de producir helados de batalla, campaña de verano y siempre precios bajos. Durante las primeras décadas trabajó con varios socios, nacionales y europeos, sin despegar del todo. Es en 2013 cuando comienza la gran inyección de capital para ampliar líneas y mejorar estructuras: se amplían los almacenes, se mejora la eficiencia de agua, se diversifican formatos y se implementa la automatización logística con Pallet Shuttle. No por nada el ‘minibombón galleta’ fue un pelotazo que le comió la tostada al Maxibon.

Pero la inflexión llegó en 2002, cuando cerraron su acuerdo de suministro con Mercadona y entra en el circuito de “proveedor tornillo” de Hacendado. De ese punto de inflexión salen hoy cosas tan distintas como bombones, sándwiches, tartas heladas y los mochis de coco y mango que sirven de puente entre Japón y el pasillo del súper. ¿En serio puede un solo fabricante moldear lo que come un país? Eso parece.

Y son adictivos. O así lo explican sus números. En 2019 facturaba unos 61 millones de euros y vendía 27,7 millones de litros de helado. En 2023 ya estaba en 138 millones de euros (+30% sobre 2022), 44 millones de litros y una plantilla media de 473 personas, un 51% más que el año anterior. En 2024 llega a cerca de 150 millones de facturación, 45 millones de litros y 8,8 millones de beneficio. En 2025 roza los 165 millones, con más de 46 millones de litros vendidos y superando los 9 millones en ganancias netas.

La marca blanca, el gato al agua. En el mercado español de helados gobierna la marca blanca. En 2024, Kantar cifraba en un 68,5% la cuota de valor de las marcas de distribuidor en helados, frente a nombres que antes parecían intocables como Frigo, La Lechera o Häagen‑Dazs. En gran consumo, la marca blanca ha pasado de representar el 20% del valor en 2003 a rozar el 44% en 2024, y los expertos ven margen para que se acerque al 70% en muchas categorías.

Y Mercadona es el epicentro de ese giro, con una cuota de distribución alimentaria que representa a un tercio del mercado español, y con esos helados de Hacendado de amplia y altísima rotación de estilos y sabores. Y su precio le ha costado: la planta en Cheste costó más de 31 millones de euros, con líneas específicas para mochis y helados veganos, y se prevén otros 26 millones de inversión en tres años. A cambio, de los 65 tipos de helado que Mercadona vende en Madrid, 22 los fabrica esta empresa valenciana. El 34% del catálogo heladero del gigante de Juan Roig.

El mochi es el pasaporte. Es cierto que para el consumidor medio, Estiu no existe. Lo que ve es un bombón negro sabor nata, el mini-sándwich (para no sentirse tan culpable consumiendo el doble de calorías con el del formato estándar) o el mochi de coco a 2,90 euros la caja de seis. Estiu entró en este formato hace ya once años, replicando el dulce japonés con masa de arroz y relleno de helado de coco, mango o pistacho bajo la marca Hacendado.

El invento funcionó tan bien que acabaron exportándolo: Wao Mochi es la marca propia que, ya en 2019, empezó a vender en Holanda, Irlanda, Ucrania, Finlandia, Letonia, Alemania y Armenia. Al principio era casi un experimento, una fracción pequeña del negocio. Vawaii, su marca de helados veganos, ocupa el nicho plant‑based y hoy se venden más de 26.000 cajas diarias de mochis helados en sus tres sabores principales, y con ese sorpasso llamado Dochi Cheesecake. Aunque el favorito de muchos sigue siendo el de banoffee: banana, la galleta crujiente y el relleno de dulce de leche.

Queda lo mejor del flash. Crecer vendiendo barato, esta ha sido su clave. Nada de esto tendría sentido sin una política de precios muy agresiva. Todos sus helados se sitúan sistemáticamente por debajo de los referentes de los fabricantes famosos, entre los 2 y 4 euros para cajas completas de 6 productos. Un anzuelo congelado, un capricho para la sobremesa que ha levantado un pequeño imperio y apunta a seguir creciendo. Quiere la ironía que los mochis viajen de la calurosa España a Finlandia.

Imágenes | Helados Estiu, Flickr (Nina Ding)

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El pantano más antiguo de Europa está en Alicante. Es 400 años anterior a Franco

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Se lía a llover y alguien dice: “Todo este agua hará falta para después”. La relación de España con presas, embalses y pantanos parece complicada, como si atrapar cada gota de una lluvia torrencial fuera un requisito simple. La realidad es que en nuestro país existen 374 embalses con 56.000 hectómetros cúbicos (hm³) de capacidad. Esto implica atrapar aproximadamente el 50% del caudal fluvial del país.

Porque España siempre fue tierra de embalses. Antes de que existiera su nombre oficial, antes de la Ilustración, antes incluso de que Velázquez naciera, ya había una presa de 46 metros conteniendo agua en un pueblo de Alicante. Sigue en pie y, de hecho, sigue funcionando. Y sigue regando huertas todos los veranos.

Encargado por un rey, no por un dictador. El Pantano de Tibi se levanta sobre el río Monnegre, entre los municipios de Tibi y Jijona. Felipe II encargó su construcción en 1580 al ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, tras una propuesta de dos vecinos de Muchamiel, Miguel Alcaraz y Pere Izquierdo, que conocían bien el comportamiento del río.

Tras el primer empujón, las obras se pararon por falta de dinero con solo seis metros de muro levantados. Se retomaron nueve años después y terminaron en 1594. El resultado: una presa de gravedad con planta curva, 46 metros de altura y 65 de coronación, la más alta de Europa en su época, un récord que no se superó hasta la Ilustración. Su diseño en arco, con un radio de 107 metros, anticipó la técnica de las presas de arco modernas, aquellas que transfieren el empuje del agua hacia sus estribos y cimientos.

Rota, reparada, y todavía en uso. El pantano sufrió una rotura importante en 1697 y varias generaciones se quedaron sin poder usarla. En 1601, una riada abrió una grieta y dejó el embalse seco. Lo repararon, pero mal. Y siguieron pasando los años. Hasta 1697, donde una rotura grave dejó a varias generaciones sin poder usar su agua. De hecho, la presa permaneció 40 años inhabilitada. Por aquellos días nace una leyenda que bien se merece su película de folk horror: el Quarantamaula, un bicho mitad gato, mitad gallo, mitad lobo, que se escondía entre los cañizares. Nadie supo dónde se originaron las grietas y hablaron de saboteos. 

Quizá fue la inclinación del terreno, quizá fue un atentado o algo intencional recurriendo a un bidón de pólvora. O simplemente se recurrió a materiales demasiado baratos. En 1736 empieza la reparación y dura dos años. Y hasta hoy. Los sedimentos acumulados durante siglos redujeron su capacidad original, de entre 4 y 5,4 millones de metros cúbicos, hasta los 2 hectómetros cúbicos actuales. Aun así, el Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante lo sigue gestionando para el mismo fin con el que se construyó: regar la huerta alicantina. En 1994, coincidiendo con el cuarto centenario de su finalización, la Generalitat Valenciana lo declaró Bien de Interés Cultural.

Por qué sigue en pie. El secreto no está solo en la piedra, está en la roca de alrededor. Los técnicos eligieron un desfiladero de apenas nueve metros de ancho entre dos paredes calizas casi verticales, Mos del Bou y La Cresta, y trazaron el muro en curva, radio de 107 metros, para que el empuje del agua se transmitiera lateralmente hacia esa roca en vez de caer solo sobre la presa. En la práctica construyeron menos una pared y más una prolongación artificial de la montaña: de suelo a cielo, esto era sillería labrada por fuera, mampostería de relleno por dentro.

Esa idea curva, tan contraintuitiva en 1580, no salió de ningún ingeniero de la Corona: la propuso Pere Esquerdo, molinero de Mutxamel al que las crónicas locales llaman «el primer inventor del pantano». Los técnicos reales, los Antonelli, Jorge Palearo —y Juan de Herrera, el mismo arquitecto de El Escorial, para la revisión final de 1594—, se limitaron a perfeccionar la idea de un vecino sin título. El resultado aguantó dos siglos como la presa más alta del mundo. En 1941, ya en pleno franquismo, se añadió un túnel de desagüe nuevo. Eso es todo lo que el régimen tocó del Tibi, cuando ya llevaba casi 350 años operando. El muro que hoy se ve sigue siendo, en esencia, el de 1594.

Hay presas todavía más viejas. De hecho, Tibi comparte podio con el embalse de Almansa, en Albacete, terminado en 1584 y considerado la primera construcción moderna de este tipo en Europa. Entre las dos, Tibi es la que lleva más tiempo funcionando sin interrupción y la que más piedra removió (más de 40.000 metros cúbicos).

Y ninguna de las dos es la más antigua del país: el inventario oficial de grandes presas arranca con Cornalvo y Proserpina, cerca de Mérida, construidas por los romanos en el siglo I. Y cualquier historiador sabe que ya construyeron sobre mojado. Sobre el Arroyo de la Albuhera (afluente del Aljucén y, a su vez, del Guadiana), Mérida, capital romana de Lusitania, contó con esta presa de tierra y hormigón recubierto de sillares graníticos más antiguos. Más de cien de las grandes presas que hoy siguen habiendo en España ya existían en 1915, dos décadas antes de la Guerra Civil.

El chiste no cuadra con la historia. La broma recurrente de que, ante cualquier pantano, se diga “lo hizo Franco” es una pantomima. El propio régimen alimentó esa idea a propósito con el NO-DO, mostrando al dictador cortando cintas e inaugurando compuertas. Y es cierto que se construyeron muchísimos embalses entre 1939 y 1975: la WWF calcula 581 grandes presas solo entre 1950 y 1980, con mano de obra de presos políticos en condiciones de trabajo forzado. 

Pero la política hidráulica española no la inventó el franquismo. Nació en 1902 con el Plan Gasset, y se institucionalizó en 1926, bajo Primo de Rivera, con la creación de las Confederaciones Hidrográficas. Su versión Avengers, la más ambiciosa, el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, fue un proyecto de la Segunda República, con Indalecio Prieto al frente. El propio Plan Badajoz, bandera del franquismo, tiene su embrión en aquellos años republicanos. Cuando Franco nació, Tibi y Almansa llevaban tres siglos alimentando a los suyos.

Las cifras de hoy. España tiene actualmente entre 1.200 y 1.300 grandes presas, quinto país del mundo tras China, Estados Unidos, India y Japón, con una capacidad conjunta de 56.043 hectómetros cúbicos, según el último boletín del Ministerio para la Transición Ecológica. Ahora mismo tenemos almacenados más 40.000 hm³, a un 75% de la capacidad total, casi diez puntos por encima de la media de los últimos diez años.

El mayor de todos, el embalse de La Serena, en Badajoz, guarda más agua que ningún otro en España y solo lo superan dos en toda Europa. Dato curioso: apenas 96 embalses, de los más de mil que hay, acumulan el 85% de toda el agua embalsada del país. El resto —Tibi incluido— son mayoría en número, si bien una fracción mínima en volumen. Siguen siendo esenciales para sus regiones, eso sí.

Imágenes | Triplecaña para Wikipedia / Unsplash (Yuliya Matuzava)

En Xataka | España sigue teniendo decenas de embalses que no se pueden usar porque literalmente nadie ha puesto tuberías

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