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El gabinete del doctor Caligari: la primera película que fue más allá del cine

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Las bases del terror se remontan a las leyendas de la antigüedad, mientras que su consolidación como género en la ficción comenzó en el siglo XVII con la literatura. En el caso del cine, creativos como Georges Méliès recurrieron a elementos macabros para distintos proyectos, pero no fue hasta 1920 que se afianzó de lleno en pantalla grande con El gabinete del doctor Caligari. La cinta nos introduce con el hipnotista titular, el cual emplea sus habilidades para convertir a Cesare en su herramienta para la ejecución de atroces crímenes. Una trama oscura y perturbadora que, aunada a su inconfundible estética, le convertiría en la primera película de terror de toda la historia.

Las bases de Caligari se remontan a 1913, cuando Hans Janowitz vio cómo un extraño sujeto seguía a una joven hasta detrás de unos arbustos, donde la encontraron muerta a la mañana siguiente. No menos importantes fueron las de Carl Mayer, quien dispuesto a todo por evitar el reclutamiento para la Gran Guerra, resistió una serie de hostiles evaluaciones psiquiátricas que le permitieran alegar locura. Varios años después, la dupla visitó un espectáculo circense en Berlín y quedó sorprendida por el número de un hombre en estado de hipnosis que era capaz de realizar toda clase de proezas físicas. Fue así como, sin ninguna experiencia cinematográfica previa, ambos creativos se dieron a la tarea de escribir un guion que quedó listo en tan solo seis semanas.

La originalidad de la historia llamaría la atención de Erich Pommer, uno de los productores más importantes de su tiempo, lo que fue determinante para la incorporación de los experimentados Werner Krauss y Conrad Veidt en los respectivos papeles de Caligari y Cesare. No menos destacados fueron los esfuerzos de Pommer por contar con la dirección de un joven y muy prometedor Fritz Lang, quien finalmente abandonó el proyecto en beneficio de Die Spinnen, 1. Teil – Der Goldene See (1919), lo que provocó que su lugar fuera ocupado por Robert Wiene.

Mención especial para la tercia integrada por Walter Reimann, Walter Röhrig y Hermann Warm, cuyo brillante diseño de producción construido a base de sombras pintadas sobre los escenarios y ángulos afilados resultó en un crudo reflejo de la locura que aquejaba a su personaje titular. Una propuesta simbólica que permitió la inmersión del celuloide en el expresionismo, lo que marcó el inicio del periodo más brillante de la industria alemana y consolidó al cine como una expresión artística equiparable a la pintura o la escultura.

El gabinete del doctor Caligari Das Cabinet des Dr. Caligari

Un mundo caligarista

Caligari fue abrazada por la crítica alemana que no vaciló en acreditarla como una de las mejores películas realizadas hasta entonces. La opinión norteamericana fue más dividida, pues algunos aplaudieron su frescura y la consideraron una importante llamada de atención para su industria fílmica local que parecía sumirse en el estancamiento creativo; otros la consideraron una película impropia de la posguerra que requería “una ficción sana y útil, no dosis alopáticas de morbo y extravagancias” [vía]. La respuesta de las audiencias norteamericanas fue aún más violenta, pues su estreno motivó manifestaciones contra la proyección de películas alemanas al considerarlo una auténtica ofensa tras la Gran Guerra y una afrenta contra la cultura americana. Fue así como se convirtió en una de las primeras afectadas de la xenofobia cinematográfica que aún sigue manifestándose en algunos sectores de la sociedad estadounidense.

Estas reacciones le permitieron hacer historia desde muy temprano, pero su verdadera leyenda se generó más de veinte años después, cuando empezó a ser vista como un poderoso referente del contexto en el que fue realizada: una Alemania atormentada tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, así como por las penalizaciones establecidas en el Tratado de Versalles que le atribuyeron toda la responsabilidad del conflicto, le privaron de buena parte de sus colonias y le obligaron a pagar toda clase de indemnizaciones a los Aliados. Esto resultó en una severa crisis social, política y económica, así como en una sensación de aislacionismo del resto de Europa.

El propio Janowitz reconoció en The Story of a Famous Story que “muchos años después de que terminamos el guion me percaté de nuestra intención subconsciente (…): la conexión entre el doctor Caligari y el gran poder autoritario de un gobierno que odiábamos y que nos había sometido a un juramento, reclutado de manera forzosa a aquellos que se oponían a sus fines bélicos, y obligado a asesinar y ser asesinados”.

No menos perturbador fue que en 1947, el crítico Siegfried Kracauer [vía] consideró que la cinta era más que un reflejo simbólico de su tiempo, pero también una cruda premonición de los horrores venideros al considerarla una muestra de la pérdida de la voluntad suscitada en el pueblo germano que desencadenó la necesidad de control a cargo de una figura de autoridad. “Una premonición específica en el sentido que [Caligari] usa poderes hipnóticos para forzar su voluntad en su herramienta [Cesare], una técnica que anticipaba en contenido y propósito, la manipulación del alma que Hitler fue el primero en practicar a gran escala”.

Es así como Caligari en una advertencia incomprendida sobre un modo de pensar que llevó al Holocausto y la II Guerra Mundial. Irónicamente, esto desembocó en una nueva crisis sociopolítica para Alemania que aún batalla por asimilar su culpa en el momento más oscuro en la historia moderna de la humanidad. Quizá por ello, hay quienes piensan que una mejor lectura de su mensaje habría podido cambiar el curso de la historia.

El gabinete del doctor Caligari Das Cabinet des Dr. Caligari

Legado cinematográfico de Caligari

David J. Skal [vía] describe a Caligari como “una especie de Sputnik cultural lanzado por Europa” que facilitó la expansión de diversas manifestaciones artísticas entre las que destacó el expresionismo alemán. Esto fue determinante en la narrativa y estética de numerosos títulos entre los que resaltan Nosferatu (1922) y Metrópolis (1927), consideradas las más importantes herederas de la corriente y ubicadas hasta nuestros días entre las películas más importantes en toda la historia del cine.

No pasó mucho tiempo para que su legado rebasara la tendencia artística y las fronteras germanas hasta convertirse, junto con Acorazado Potemkin (1925), en una de las cintas más influyentes del celuloide. Fue una importante fuente de inspiración para la concepción de Universal Monsters, tanto en la parte estética que puede apreciarse claramente en los decorados de Drácula (1931) y Frankenstein (1931), como en el posicionamiento de arquetipos como el científico loco. Su estética fue imitada hasta el cansancio por el cine negro, que terminó siendo su heredero para convertirse en uno de los géneros más exitosos del mundo entero con títulos como Al borde del abismo (1946) o El tercer hombre (1949) entre sus grandes exponentes. Historiadores coinciden en que tuvo una gran influencia en la obra de Ingmar Bergman, mientras que realizadores como Charles Laughton y Orson Welles admitieron que Caligari fue fundamental para algunas de sus cintas, siendo Ciudadano Kane (1941) la más relevante al ser considerada por algunos sectores de la crítica como la mejor película de todos los tiempos.

Más recientemente, cineastas como Tim Burton, Alex Proyas y Christopher Nolan han emulado lo visto en Caligari en algunas de sus obras más importantes. Incluso el cine de superhéroes tiene mucho que agradecerle, pues el clásico alemán impulsó la carrera de Conrad Veidt, quien tiempo después emigró a los Estados Unidos donde participó en títulos como Dark Journey (1937) y Casablanca (1942). Su mayor aportación a la industria norteamericana fue El hombre que ríe (1928), adaptación de la novela homónima de Victor Hugo y cuya brillante caracterización inspiró la apariencia de Joker, el villano más popular del cómic estadounidense cuyas encarnaciones a cargo de Heath Ledger y Joaquin Phoenix han dado al subgénero sus dos únicos Premios de la Academia en ternas histriónicas.

El gabinete del doctor Caligari Das Cabinet des Dr. Caligari Cesare

Presente y futuro de Caligari

La obra maestra del expresionismo alemán estrenó en su país bajo el tagline de “Te convertirás en Caligari”. Una frase que se empeña en tornarse profética, lo que ha permitido que a más de un siglo de distancia, El gabinete del Doctor Caligari continúe entre los grandes clásicos del cine gracias a la perdurabilidad de sus valores.

En el aspecto técnico, historiadores aseguran que su estreno bien merece ser ubicado entre los mayores saltos evolutivos del cine, equiparable al sonido y superior al color. No conforme con ello, su inconfundible estética le ha convertido en una de las películas más reconocibles de todos los tiempos, pues incluso quienes no la han visto son capaces de saber a qué película pertenecen sus fotogramas.

Más importante aún es su mensaje simbólico, que parece recobrar su fuerza inicial en un mundo que se acerca peligrosamente al viejo autoritarismo con políticas extremistas y mandatarios que han encontrado diversas fórmulas para ejercer un control casi absoluto de las masas. Fuerzas de potencia casi sobrenatural que, tal y como dicta el primer intertítulo de la película “están a nuestro alrededor” y que sólo pueden ser derrotadas con el despertar de la sociedad.

El gabinete del doctor Caligari Das Cabinet des Dr. Caligari Stairs

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