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Con 3.500 toneladas y 15 metros de diámetro, China ya tiene la mayor tuneladora del mundo para trenes de alta velocidad
China acaba de presentar Jiaoping No.1, la tuneladora de equilibrio de presión de tierras (EPB) más grande del mundo diseñada específicamente para túneles de ferrocarril de alta velocidad. Según contaba recientemente la cadena estatal CGTN, se trata de un coloso de 3.500 toneladas con un diámetro de excavación de 14,57 metros, capaz de usar además inteligencia artificial para supervisar, ajustar y corregir averías mientras perfora bajo tierra, todo bajo condiciones subterráneas extremas. Te lo contamos todo.
Qué es exactamente. Una tuneladora de equilibrio de presión de tierras es un tipo de máquina que excava el terreno mientras lo sostiene al mismo tiempo. La cabeza giratoria (cabezal de corte) arranca el material del frente, que se acumula en una cámara cerrada justo detrás. Esa tierra acumulada hace de “tapón” y compensa la presión natural del suelo y del agua, evitando que el frente de excavación se derrumbe o que el terreno de la superficie se hunda. Para suelos blandos o zonas urbanas, es un método muy utilizado y la hemos visto otras veces, como en Madrid con ‘Mayrit’ para transformar la L11.
Por qué importa el tamaño. Cuanto mayor es el túnel, más complejo y pesado es el equipo necesario para excavarlo, y más difícil resulta mantener estable un frente de excavación tan amplio. La última presentada en China tiene casi 15 metros de diámetro y se especializa en líneas de alta velocidad, por lo que supera un techo técnico considerable. Es un diámetro equiparable al de las mayores tuneladoras submarinas chinas, como la Dinghai, que tiene un diámetro máximo de excavación idéntico (14,57 metros) para el túnel submarino de Jintang.
Qué hace la IA. Según cuenta el medio, Jiaoping No.1 incorpora IA para monitorizar la perforación en tiempo real, ajustar parámetros y detectar fallos de forma autónoma. Y es algo que cada vez vemos más en maquinaria de este calibre, pues en proyectos recientes como el túnel del río Yangtsé entre Chongming y Taicang, la tuneladora Linghang emplea, según Interesting Engineering, un sistema de control inteligente capaz de regular automáticamente la presión, anticipar las condiciones del terreno mediante datos y autoguiarse durante el avance.
Independencia de Occidente. Al igual que ha ocurrido en muchos otros sectores, China ha pasado en pocos años de depender casi por completo de la tecnología extranjera a dominar el mercado mundial. Hasta hace una década, fabricantes alemanes y japoneses controlaban la inmensa mayoría de este mercado.
El punto de inflexión llegó en 2017, cuando China presentó su primera tuneladora de clase 15 metros de fabricación nacional. Hoy la situación es otra muy distinta. Y es que según datos del People’s Daily, las tuneladoras de fabricación china acaparan cerca del 70% del mercado global. Detrás de estos equipos suelen estar grandes grupos estatales como China Railway Engineering Equipment Group (CREG), el mayor fabricante del país, o China Railway Construction Heavy Industry.
Para qué sirve todo esto. El objetivo final de estas máquinas es permitir que los trenes de alta velocidad crucen ríos, mares y montañas a 350 km/h por dentro de túneles, algo que hace una década suponía un reto bastante mayor. Proyectos como el túnel submarino del Yangtsé buscan recortar drásticamente los tiempos de viaje entre grandes ciudades y darle brío a la economía en regiones enteras. Y una tuneladora como la Jiaoping No.1 abre camino como le venga en gana.
Imagen de portada | Modern China
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Anthropic ya tenía a Claude escribiendo código. Ahora lo ha metido en los laboratorios
Anthropic ya había colocado a Claude en una de las tareas más cotidianas y valiosas de la industria tecnológica: escribir código. Ahora quiere llevarlo a un terreno más delicado y con consecuencias potencialmente mucho mayores: el trabajo científico dentro de los laboratorios. La compañía ha presentado Claude Science, un producto pensado para ayudar a investigadores a moverse entre literatura, datos, herramientas especializadas y recursos de cómputo.
Claude a la ciencia. La clave de Claude Science no está solo en que Anthropic haya añadido más herramientas a Claude, sino en el tipo de problema que intenta resolver. En ciencia, una parte enorme del trabajo consiste en saltar entre bases de datos, archivos, código, figuras, citas y recursos de cómputo que rara vez hablan entre sí de forma cómoda. La compañía quiere integrar todo eso en una aplicación específica, disponible desde el 30 de junio de 2026 en beta para usuarios Pro, Max, Team y Enterprise en macOS y Linux.
Un salto de categoría. Anthropic ya había empezado a acercar Claude al trabajo científico el pasado otoño, cuando lanzó conectores y funciones bajo el paraguas de Claude for Life Sciences. Aquello servía para que el modelo pudiera relacionarse mejor con software y bases de datos científicas, pero seguía teniendo un alcance más acotado. Lo de ahora va un paso más allá. Anthropic parece querer que la ciencia deje de ser solo un caso de uso y pase a ser una línea de producto.
Trabajo verificable. La promesa de Claude Science no se limita a ayudar a escribir o resumir. Anthropic asegura que puede analizar literatura científica, ejecutar investigaciones de varios pasos, generar figuras y manuscritos, y permitir que el investigador los refine de forma iterativa. La parte más importante está en cómo deja rastro: cada resultado incluye el código, el entorno y el historial de mensajes que lo han producido. Además, un agente revisor comprueba citas y cálculos, y puede señalar números sin trazabilidad o figuras que no coinciden con el código que las generó.
La ambición de Claude Science podría sonar muy amplia, pero sus primeros pasos tienen un acento bastante reconocible. Anthropic lo ha preparado con más de 60 capacidades y conectores orientados a áreas como genómica, proteómica, biología estructural, química computacional y análisis unicelular.
El cómputo, dentro del flujo. Muchas investigaciones no se quedan en leer artículos o generar figuras: también exigen ejecutar trabajos pesados en máquinas preparadas para ello. Anthropic asegura que Claude Science puede ayudar a preparar esos procesos en el portátil del investigador, en una máquina Linux, en un nodo de acceso HPC mediante SSH o con cómputo bajo demanda en Modal. La compañía matiza que el sistema redacta un plan y pide permiso antes de acceder a nuevos recursos, de modo que el investigador puede revisar o revocar decisiones. También afirma que los datos grandes o sensibles pueden permanecer en la infraestructura del laboratorio, enviando a Claude solo el contexto necesario para cada paso del análisis.
Anthropic acompaña el lanzamiento con ejemlos. Manifold Bio, dedicada al diseño de medicamentos dirigidos a tejidos concretos, utilizó Claude Science para proponer dianas en sus experimentos, evaluando expresión en superficie, tráfico celular y seguridad según criterios propios de la empresa. El Allen Institute lo empleó para construir una plantilla de revisión computacional con unos 20 skills personalizados, capaz de leer miles de artículos y organizar hallazgos en una base de evidencias. Y en UCSF, el epidemiólogo Stephen Francis afirma que la herramienta aceleró análisis sobre glioma hasta alrededor de una décima parte del tiempo anterior, con resultados validados de forma independiente por su grupo.
Imágenes | Anthropic
En Xataka | Corea del Sur tiene un plan para dominar en chips de memoria y en robótica. Uno de un billón de dólares
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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos
Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.
Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena.
Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo.
Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino.
Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público.
Habrá que mover a toda esta gente
Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos.
Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.
Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo.
Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos.
Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo.
Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes.
Foto | Qiddiya en Twitter
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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos
Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.
Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena.
Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo.
Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino.
Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público.
Habrá que mover a toda esta gente
Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos.
Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.
Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo.
Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos.
Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo.
Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes.
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