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Adidas ha conseguido que toda España vista la camiseta de la Selección. También ha conseguido que casi nadie se la compre a Adidas
Siento no poder enlazarlo pero el otro día leí un tweet que decía algo así como: “En estos momentos de polarización extrema, solo hay una cosa que une a toda España: la camiseta falsa de la Selección”.
En cascada, ahí estaban las respuestas. Una detrás de otra, aficionados hartos del abusivo precio de las camisetas de fútbol, un complemento que ya es transversal al propio deporte pero por el que muchos no están dispuestos a pagar más (mucho más) de 100 euros por un producto que puedes tener en casa por poco más de 20 euros.
A las puertas de un Mundial, con una selección española que ilusiona y una camiseta que ha calado hondo desde su presentación, la segunda equipación del equipo, la blanca, ya se ve por todos lados.
Y, desde luego, no siempre es oficial.
Te complica el mes
Según datos de Bankinter, el salario mediano en España para un hombre fue de unos 26.000 euros en 2024, últimos datos publicados. El de las mujeres superaba por poco los 22.000 euros. Eso nos deja un salario bruto, claro, en 14 pagas de poco más de 1.800 euros para ellos y menos de 1.600 euros para ellas.
Con ese sueldo quien se quiera comprar la camiseta oficial de la Selección Española, replicando todos sus detalles, estará dedicando alrededor del 15% del dinero que entra a su cuenta a final de mes.
- Camiseta oficial Authentic: 150 euros
- Nombre del jugador: 20 euros
- Parche de la FIFA: 10 euros
- Parche de campeón de la Eurocopa: 7 euros
Las cuentas salen fácil y rápido: 187 euros es lo que cuesta vestir la misma camiseta con la que Lamine Yamal saltará al campo en Atlanta (Estados Unidos) el próximo 15 de junio a las 18:00 (hora peninsular) para enfrentarse a Cabo Verde.
Eso, por supuesto, si consigue hacerse con alguna de las camisetas que ya han volado de la web de Adidas.
Por mucho menos, apenas 23 euros, puedes tener una réplica en casa en menos de dos semanas. No es que haya preguntado a uno de los tantos que en mi círculo cercano ya se han hecho con una. Simplemente hay una web que posiciona en Google por delante de la propia Adidas.
Dice la compañía germana que “la camiseta de la segunda equipación de España rinde homenaje al increíble legado literario de este país, con estampados intrincados inspirados en manuscritos, un guiño a la profundidad cultural del idioma español que conecta cultura y fútbol”.
Digamos que esa otra web no ofrece una descripción tan literaria pero lo que es seguro es que de clientes debe ir sobrada.
El (pen)último ejemplo
La segunda equipación de Adidas ha puesto de relieve el auge de las camisetas falsas réplicas y la enorme popularidad que han cosechado en los últimos años.
Sid Lowe, periodista deportivo británico acogido por la comunidad asturiana, se hacía eco en X de este artículo de Libertad Digital en el que se menciona la enorme popularidad de la segunda camiseta de España. Esa que nadie parece haber pagado al precio que marca Adidas en su página web.
Las respuestas criticando el alto precio del conjunto oficial y la defensa de hacerse con una, digamos, menos oficial se repiten una tras otra.
En las respuestas parecen concentrarse todas y cada una de las cuestiones que rodean al submundo en el que se han convertido las camisetas de futbol en los últimos años.
Quienes hemos vestido sábados, domingos y vacaciones de verano con camisetas y camisetas de fútbol sabemos que las réplicas no tienen el mismo tacto que una original. ¿No? ¿Seguro? Sin duda, se le parece mucho. Es algo que he sabido por conversaciones con amigos y porque… bueno, el que esté libre de pecado…
Un ejemplo: camiseta del Real Madrid 99/00. Empujado por el efecto nostalgia dosmilero, las réplicas multiplicaron su presencia en las calles. Hasta el punto de que Adidas aprovechó el tirón para reeditarlas y sacar un buen dinero. Al menos, para sacar el mío y el de los suficientes aficionados que nos gastamos nuestros 110 euros en comprar una camiseta con más de un cuarto de siglo de historia.
En mi caso fue porque quería tener la camiseta con la que Raúl regateó a Santiago Cañizares para culminar el tercer gol del Real Madrid en la Final de la Champions League en París. Quería “la de la Octava”, la negra. Porque la blanca ya me la habían regalado unos meses antes y esta no era del todo verdadera. Y, pese a ello, tuve que ir al armario a rescatar la camiseta que vestía con ocho años y un R. Carlos (3) a la espalda para certificar que no tenía la misma pátina de brillo que tenía la oficial. Tampoco el cosido del escudo era igual, claro.
No, no era la misma, pero era casi idéntica.
Y eso es suficiente para que muchos, muchísimos, volviéramos a vestir la camiseta de nuestra infancia por la calle. Da igual si la camiseta es de los mejores años de Raúl, de Djalminha vistiendo Feiraco en el pecho del Deportivo de la Coruña o Maradona llevando a Buitoni a cotas de popularidad que nunca imaginaron.
Todas ellas comparten un sólo código: están de moda.
Tanto que Adidas no ha dudado en reeditar diseños icónicos de los noventa y los 2000. Sin ir más lejos y aprovechando la vuelta del Mundial a Estados Unidos, por 110 euros puedes vestirte como la España de Clemente en 1994. Al menos, los alemanes han tenido el detalle de no reeditar la segunda equipación, anclada para siempre en un Luis Enrique ensangrentado.
El fenómeno camiseta de fútbol se ha convertido en una moda transversal que traspasa géneros, décadas y equipos. Están ahí cuando vas a comprar el pan, cuando echas una pachanga con amigos y cuando vas al festival de música veraniego.
Eso también ha generado un problema. “Las camisetas originales, si las cuidas, las puedes utilizar unos años y en un futuro se revalorizan”, contesta uno de los usuarios a Sid Lowe.
Efectivamente, en las grandes ciudades han aflorado las camisetas en tiendas de ropa de segunda mano. Casi todas a un precio ridículo. Casi todas en un estado lamentable. Y las que están en buen estado, las que encuentras en tiendas especializadas (que también se han multiplicado) disparan su precio dos y tres veces por encima del que te piden hoy por la segunda equipación de la Selección Española.
Una burbuja que parece no pinchar y que ha relegado las camisetas originales de los años 90 y principios de los 2000 a lo más profundo de los armarios, ya solo al alcance de los coleccionistas y de los especuladores. Quien fuera el inconsciente valiente de comprar la “camiseta del ketchup” del Athletic de Bilbao, la 2004/2005, tiene en el armario cientos y cientos de euros acumulados.
Y como era de esperar, el resultado es un mercado de réplicas absolutamente disparado. El que ha matado la ilusión de ver un Ronaldo (9) en una camiseta a rayas rojas y blancas y un Zidane (10) en otra azul con rayas blancas y rojas cruzadas en el pecho. O un Rivaldo (10) en una blaugrana con el escudo en el centro.
Al menos, eso sí, te sirve para sacar una sonrisa cuando lees un Gullit (10) en una camiseta de Holanda 1988 que nunca existió.
Foto | Xataka y Selección Española de Fútbol
En Xataka | Seamos claros: el fútbol moderno no tiene nada que hacer frente al fútbol viejuno
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Apple está llamando a puertas chinas buscando RAM. Según el Banco de América, es puro teatrillo
Apple se encuentra en la misma aventura que el resto de compañías que venden tecnología de consumo: la aventura de conseguir memoria RAM. Aunque durante el comienzo de la crisis de la RAM y del almacenamiento pareció que Apple era la única que aguantaba los golpes, la realidad terminó golpeando, demostrando que si no habían subido precios era porque tenían stock de sobra por adelantado.
Cuando ese stock se esfumó, vimos la realidad: retirada de modelos, subidas de precio y, más recientemente, nuevas subidas de precio con la friolera de un 20% más en iPad y Mac. El problema para los de Cupertino es que se acerca el momento clave del año: el lanzamiento de los iPhone 18 Pro y del rumoreado iPhone plegable, y ahí el precio va a ser crucial.
Por eso se encuentran buscando RAM y almacenamiento hasta debajo de las piedras, siendo China el mercado en el que han puesto la lupa para ver si la memoria de fabricantes como CXMT puede encajar en sus productos. Pero claro, hay un problema: Estados Unidos y, sobre todo, el Bank of America que dice que todo esto de Apple buscando RAM en China es un teatrillo.
Teatrillo para conseguir mejores precios
Hace unos días contamos que Apple estaba llamando a puertas. Si Samsung, SK Hynix y Micron no abren porque están tan ocupadas descuidando el segmento de consumo en favor de la IA, pues hay que tocar a nuevos timbres. Con el colchón en las últimas y nuevos productos clave en la parrilla de salida, la vía de escape de Apple parece tener nombre: CXMT.
ChangXin Memory Technologies es un fabricante chino de DRAM fundado en 2016 que, desde entonces, ha ido puliendo sus líneas de producto, logrando avances significativos para ponerse a la par que sus grandes competidoras surcoreanas en diferentes modelos y tecnologías de DRAM.
Dicho esto, se estima que Apple se está esforzando por acercar posturas con CXMT para asegurar suministro, pero esto ha hecho que el Bank of America levante una ceja. Y peor aún: CXMT está en cierta lista del Departamento de Comercio de Estados Unidos.
En un reciente informe, el Bank of America analiza la situación del mercado, exponiendo que hay ideas erróneas sobre el sector de los chips de memoria y deteniéndose, de forma curiosa, en esa intención de Apple de acercarse al fabricante chino. El banco ve positivo el gasto continuo y masivo de las Big Tech para hacer centros de datos, pero cuando se trata de comprar memoria a China, no son tan positivos.
Según el banco, los esfuerzos recientes de Apple son sólo un movimiento, un teatrillo, para poder ganar poder de negociación frente a los proveedores habituales. Esto tiene sentido. Apple ya no es Nvidia, pero sigue siendo un pez muy grande dentro del sector de consumo y compra una enorme cantidad de componentes a los diferentes fabricantes.
Si Apple llegara a un acuerdo con CXMT, tendría un impacto en las cuentas de proveedores como Samsung o SK Hynix. Porque al final, de eso trata todo esto: de que e4l pez grande tiene mucho más poder de decisión y negociación que el pequeño. Cuando Valve quiere hacer su Steam Machine, debe aceptar lo que le ofrezcan al precio que se lo ofrezcan y sin rechistar, pero Apple es, en el terreno del hardware, mucho más importante que Valve y tendría cierto poder de negociación.
Para el Bank of America, todo se trata de esa estrategia porque consideran que la memoria que pueden crear los chinos es, actualmente, válida sólo para dispositivos más modestos, como un hipotético iPhone 18e, no para los topes de gama como el iPhone 18 Pro, los iPad con procesadores M o, sobre todo, los Mac.
Y más importante que el análisis de la institución está el hecho de que CXMT figura en la lista negra de Compañías Militares Chinas que tiene el Pentágono. Según Financial Times, Apple ha estado presionando al Gobierno para poder comprar memoria a CXMT sin consecuencias, pero si mañana, por lo que sea, la compañía china entra en la otra lista negra del Pentágono (en la que las compañías estadounidenses tienen prohibido comerciar), Apple estaría en serios problemas.
Al final, pase lo que pase, lo que es seguro es que seremos los usuarios los que terminemos pagando las consecuencias. Y productos como la mencionada Steam Machine, pero también lo que se proyecta de PS6, los móviles de gama baja, la Raspberry Pi, Nintendo Switch 2 o la nueva Xbox son ejemplos de lo que podemos esperar: precios -muy- al alza.
Imagen | Laurenz Heymann (editada)
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La guerra y el calor insoportable han llevado a Europa a un gasto inédito. Y Turquía se ha convertido en el supermercado perfecto
Durante siglos, en el Mediterráneo el blanco fue mucho más que una cuestión estética: fachadas encaladas, tejados claros y calles estrechas ayudaban a reflejar la radiación solar y mantener las viviendas varios grados más frescas mucho antes de la invención del aire acondicionado. Dos mil años después, Europa vuelve a descubrir que combatir el calor se ha convertido en una prioridad.
Europa está pagando dos facturas inesperadas. Durante décadas, Europa construyó su prosperidad sobre una premisa: que el continente disfrutaría de un entorno relativamente estable, tanto en el clima como en la seguridad.
Ese escenario ha cambiado a gran velocidad. Las olas de calor son cada vez más intensas, la guerra ha regresado al continente, y ambos fenómenos están obligando a los gobiernos a gastar miles de millones en dos necesidades que antes parecían secundarias: enfriar sus ciudades y reforzar sus ejércitos.
El aire acondicionado como infraestructura crítica. Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un factor económico permanente. Escuelas, hospitales, empresas, centros de datos e industrias necesitan sistemas de climatización capaces de mantener su actividad incluso durante temperaturas extremas.
El aire acondicionado ha dejado de ser un lujo doméstico para convertirse en una infraestructura esencial, mientras países del centro y norte de Europa descubren una necesidad para la que nunca prepararon sus edificios.
Turquía llevaba años preparándose. Ocurre que, mientras Europa empezaba a descubrir el problema, Turquía ya contaba con una potente industria de climatización, una amplia capacidad de fabricación y una enorme ventaja logística frente a competidores asiáticos.
El resultado es que las exportaciones turcas de aire acondicionado, bombas de calor y otros sistemas de refrigeración están creciendo al calor (nunca mejor dicho) de un continente que necesita modernizar millones de edificios y hacerlo además bajo criterios de eficiencia energética y sostenibilidad.
La otra gran urgencia: rearme. Contaba el fin de semana el Washington Post que el clima no es el único frente que está reforzando la posición turca. El repliegue progresivo de Estados Unidos de la seguridad europea y el aumento del gasto militar han colocado a la industria armamentística turca en una posición privilegiada.
Sus drones, vehículos blindados, municiones y otros sistemas defensivos han demostrado competitividad, disponibilidad y precios atractivos justo cuando muchos países europeos buscan nuevos proveedores para acelerar su rearme.
De socio incómodo a proveedor. Durante años, Turquía fue vista dentro de la OTAN con recelo por la compra del sistema ruso S-400, las tensiones con Grecia, su política en Siria o el bloqueo temporal al ingreso de Suecia en la Alianza.
Sin embargo, el contexto ha cambiado profundamente. Europa necesita armas. Necesita controlar los flujos migratorios. Y ahora también necesita tecnología para adaptarse a un clima mucho más hostil. Esa combinación ha reducido notablemente las críticas públicas hacia Ankara y ha reforzado su peso diplomático dentro de la Alianza.
Trump y la posición de Erdogan. Plus: la buena relación entre Donald Trump y Erdogan ha añadido otra capa a este cambio de escenario. El presidente estadounidense ha elogiado públicamente al líder turco y ha dejado abierta la puerta a desbloquear viejos desacuerdos, como el relacionado con los cazas F-35.
Al mismo tiempo, la próxima cumbre de la OTAN en Ankara servirá para exhibir a Turquía como uno de los actores imprescindibles en la nueva arquitectura de seguridad occidental.
La gran paradoja europea tiene un claro ganador. Así las cosas, las dos grandes crisis que hoy condicionan el futuro de Europa parecen no tener relación entre sí. Una llega desde la atmósfera en forma de olas de calor cada vez más extremas. La otra procede del deterioro del escenario geopolítico y del regreso de la guerra al continente.
Sin embargo, ambas convergen en el mismo punto: obligan a Europa a comprar aquello que más necesita. Y pocas economías parecen tan bien situadas para aprovechar ambas tendencias como la turca. Mientras el continente busca cómo protegerse del calor y de la incertidumbre militar, Turquía se está consolidando como uno de los grandes proveedores de soluciones para los dos problemas.
Imagen | Wikimedia
En Xataka | El mapa que parte en dos Europa cuando llega el calor: dónde hay aire acondicionado y dónde no
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una gasolinera gallega ya sabe las consecuencias de confundir el diésel con la gasolina
Todo parecía ir bien. Bueno. Ni bien, ni mal. Todo parecía ir normal. Hasta que alguien dio la voz de alarma. La manguera con gasolina 95 no estaba echando gasolina 95. Y lo que es peor, no estaba echando gasolina. La manguera verde estaba nutriendo a los coches de gasolina con diésel.
Esto es lo que sucedió hace unos días en la gasolinera de Repsol en Ribadeo (Lugo). Allí, los clientes han estado casi cinco horas repostando diésel en sus coches de gasolina por un error durante el llenado de los depósitos. La compañía ya asegura que se hará cargo de todas las reparaciones.
270 minutos
Ese es el tiempo que hay entre las 12:49 y las 17:19 horas. Ese es, también, el tiempo que la gasolinera de Repsol junto a Ribadeo ha estado suministrando diésel en lugar de gasolina a los coches que se paraban en dicha estación, tal y como han aceptado en un comunicado publicado a través de las redes sociales de la Asociación Comerciantes Industriales Servicios y Autónomos (ACISA).
En él se explica que la confusión viene por un error durante el llenado de los depósitos con el camión cisterna. Eso ha provocado que durante cuatro horas y media, se haya servido una mezcla de gasolina y gasoil a quienes hayan querido repostar gasolina 95.
“Pedimos disculpas sinceras a todos los afectados. Nos hacemos responsables de las averías derivadas de este incidente”, señalan en el comunicado al tiempo que animaban a todos los afectados a detener el coche lo antes posible, dar parte al seguro y ponerse en contacto mediante esta página web.
En todas las gasolineras, las bocas de la manguera del diésel son más anchas que las de la gasolina, para evitar este error. Así, salvo que te pongas en modo cabezón y te busques artimañas de lo más insospechadas para echar diésel a un coche de gasolina (como le sucedió al exfutbolista Dani Güiza), es muy complicado caer en este error.
Si sucede como en este caso gallego, llenar un depósito con diésel puede provocar una buena avería en el coche si empezamos a andar con él y no nos damos cuenta hasta que se pare por completo. Y es que el diésel provocará que caiga la potencia del coche y que empiece a echar grandes cantidades de humo. Después de funcionar a trompicones, se parará.
Esto es un verdadero problema porque hay que vaciar y limpiar el depósito pero en el taller también tienen que hacer una tarea ardua para limpiar las bujías, los inyectores y todos los componentes por los que ha pasado el gasóleo.
Cuando la cantidad de combustible repostado es baja podríamos llegar a continuar la marcha, pero tiene que ser muy baja. En este caso, el diésel estará mezclado en parte con la gasolina por lo que si no se ha llenado mucho el depósito puede que la situación no haya sido muy grave. En cambio, quienes hayan llenado el depósito, sí tendrán que hacer una limpieza profunda de todos los componentes.
Foto | Wassim Chouak y Google Maps
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