Connect with us

Actualidad

Resulta que al menos la mitad de lo que orbita la Tierra es basura. Y eso es solo lo que podemos ver

Published

on


Alrededor de la Tierra está la luna y un montón de basura espacial.

Y no es una exageración: llevamos décadas lanzando satélites al espacio sin una estrategia clara ni unificada. De aquellas aguas, estos lodos: solo Starlink tiene 9.000 unidades orbitando y ha pedido permiso para lanzar un millón más. Lo que empezó con una carrera tecnológica entre superpotencias se ha convertido en un vertedero en órbita que tiene serias implicaciones: de la amenaza de colisiones catastróficas (cada vez que lanzamos algo, compramos otro boleto más en esta macabra lotería) a arriesgar infraestructuras críticas como la navegación GPS o las comunicaciones. 

Pero todo esto no es nuevo: la ciencia lleva años advirtiéndolo. Lo verdaderamente inquietante no es tanto haber diagnosticado el problema, sino que no tiene una solución sencilla. La basura espacial no se va a degradar con la lluvia ni la van a descomponer microorganismos. Lo que sube, allí se queda. Y todo lo que se queda es una auténtica amenaza para lo que hay allí que verdaderamente importa.

Casi la mitad de lo que hay en órbita es basura. La empresa de ingeniería Accu ha usado los datos públicos del Cuerpo Espacial de Estados Unidos a través de la web Space-Track.org y los ha analizado: hay 33.269 objetos rastreables en órbita, de los cuales 17.682 son satélites. ¿Qué pasa con ese otro 47%? Que es basura espacial: cohetes abandonados, satélites muertos y miles de fragmentos producto de colisiones, entre otros objetos sin identificar. Quédate con este dato, porque es importante y volveremos después.

Por qué es importante. Por física del instituto: ya hemos visto que hay objetos de todo tipo y tamaño, pero es que la mayoría de ellos viajan a más de 27.000 km/h y a esa velocidad incluso el trozo más pequeño puede ser letal. Por poner en contexto: un fragmento de un kilogramo impactando a 10 km/s alberga una energía cinética de 50 MJ, es decir, su equivalencia en TNT son 12 kg de explosivo, suficiente para destruir completamente todo un satélite de varias toneladas.

Perder un satélite no es lo peor que podría pasar (incluso aunque su función fuera crítica), sino el Síndrome de Kessler, una reacción en cadena irreversible: si dos objetos chocan y generan miles de fragmentos, estos fragmentos pueden chocar entre sí, generando más y más hasta hacer que la órbita sea inutilizable. 

Contexto. Todo empezó con el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957, pero el problema se nos ha ido de las manos en la última década por algo que a priori era bueno: el coste de los lanzamientos se ha desplomado, así que cada vez hay más y de hecho, ya existen hasta constelaciones comerciales, como la de Starlink. Solo entre 2020 y 2025 el número de objetos rastreables en órbita creció en torno a 10.000 unidades. Puedes ver el histórico de todos los objetos lanzados al espacio en  Space-Track.org.

Puede que de tanto oír que viene el lobo le restemos importancia, pero es que ya está pasando: en 2024 los astronautas de la Estación Espacial Internacional tuvieron que refugiarse tras la fragmentación de un satélite ruso fuera de servicio. En 2025 astronautas chinos quedaron atrapados en la estación Tiangong después de que un fragmento de basura agrietara la ventana de su cápsula de retorno.

Lo peor es lo que no sabemos. Mencionábamos antes ese 47% de basura espacial, pero eso es solo lo que podemos ver: la Agencia Espacial Europea calcula que hay más de 1,2 millones de fragmentos de más de un centímetro en órbita y que más de 50.000 superan los 10 centímetros, tamaño suficiente para destruir por completo un satélite activo si ambos impactan. La cifra asciende a más de 100 millones de objetos de un milímetro o menos, según la NASA. Hasta una escama de pintura. Además, cada potencia espacial gestiona sus propios datos de seguimiento con distintos niveles de transparencia, lo que dificulta tener una imagen completa y fiable, un mapa de lo que hay en órbita.

La brecha entre lo rastreable y lo real es abismal: los sistemas de vigilancia actuales solo pueden seguir de forma fiable objetos mayores de 10 centímetros en órbita baja y mayores de un metro en órbita geoestacionaria. Todo lo que queda fuera de ese umbral es sencillamente invisible, que no inocuo. Por si fuera poco, hay una variable dinámica más para introducir a la ecuación: la interacción entre los residuos y el clima espacial. Un estudio de 2025 advirtió de que una tormenta solar intensa podría inutilizar la capacidad de maniobra de los satélites durante el tiempo suficiente para provocar colisiones en cascada y que habría menos de tres días para reaccionar. 

De quién es la culpa. El origen de los escombros espaciales se concentra esencialmente en tres bloques: China, Estados Unidos y los países de la Comunidad de Estados Independientes, herederos del programa espacial soviético concentran sobre sus hombros cerca del 95% de todos los residuos catalogados en órbita. Con datos de marzo de 2026, China concentra el 34% del total de escombros rastreados, seguida muy de cerca por el CEI (Rusia y ocho países pequeños más) con el 31% y Estados Unidos con otro 31%. 

El problema de fondo es legal: el tratado internacional que regula el espacio data de los años 60 y no prohíbe destruir satélites con misiles. Tampoco nadie se ha puesto serio para minimizar los lanzamientos. Sin una política clara para reducir residuos, mecanismos de verificación ni sanciones reales poco se puede esperar, como documenta la ONU.

En Xataka | Llevamos años quemando la basura espacial para quitarnos el problema de encima. Ha resultado ser una pésima idea

En Xataka | La limpieza orbital ya no es ciencia ficción: el primer servicio regular de recogida de basura espacial llegará en 2027

Portada | Foto de Javier Miranda en Unsplash

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

La explosión nuclear que cambió el mundo también creó un material que no existe en ningún otro lugar del universo conocido

Published

on


El 16 de julio de 1945, la primera detonación de una bomba atómica —conocida como la prueba Trinity— cambió el curso de la historia y dejó una huella imborrable en el desierto de Nuevo México. La explosión del dispositivo de plutonio liberó una energía equivalente a 21 kilotones de TNT, suficiente para vaporizar la torre de prueba de 30 metros, los kilómetros de cables de cobre que conectaban los instrumentos de grabación y la propia arena del desierto. Todo este material, arrastrado por la inmensa bola de fuego, llovió en forma de fragmentos vítreos fundidos, creando una forma única de materia conocida hoy como trinitita.

La gran mayoría de esta trinitita es de un clásico color verde, pero existe una variante mucho más rara denominada “trinitita roja”, cuyo color se atribuye a la presencia de óxido de cobre formado cuando las líneas de transmisión se vaporizaron en la explosión. Es precisamente en el interior de esta rara variante donde los científicos han descubierto estructuras cristalinas inéditas. Las violentas condiciones de la detonación sometieron a los materiales a temperaturas de alrededor de 1.500 °C y presiones extremas de 5 a 8 gigapascales. La materia se vaporizó, se mezcló y se enfrió tan sumamente rápido —en cuestión de segundos— que los átomos no tuvieron tiempo de organizarse en estructuras estables, forjando formas de materia que nunca habían existido en nuestro planeta.

Un hallazgo sin precedentes. Casi 80 años después de aquella primera explosión nuclear, un equipo de investigación internacional liderado por Luca Bindi, geólogo de la Universidad de Florencia, ha logrado identificar un nuevo material oculto en estas muestras. Tal y como explica la investigación, se trata de un “clatrato”: una red química con forma de jaula que atrapa otros átomos en su interior. Este nuevo cristal está construido con jaulas de silicio de 12 y 14 caras que encierran átomos de calcio, cobre y pequeñas cantidades de hierro. Representa la primera vez que se confirma cristalográficamente la presencia de un clatrato entre los productos sólidos de una explosión nuclear.

Que este descubrimiento llegue ahora, en 2026, no es casualidad. Las muestras de trinitita roja son escasísimas y difíciles de obtener, y solo los avances recientes en técnicas de difracción de rayos X a escala nanoscópica han permitido identificar estructuras tan diminutas dentro de microgotas metálicas incrustadas en el vidrio. La tecnología, sencillamente, no estaba antes a la altura del material.

El cuasicristal que llegó primero. La historia se vuelve aún más fascinante porque este descubrimiento se suma a otro hallazgo monumental realizado por el mismo equipo en 2021: la identificación de un cuasicristal en la misma trinitita roja. A diferencia de los cristales ordinarios —como la sal o el cuarzo, que poseen un patrón atómico que se repite con precisión—, los cuasicristales rompen las reglas de la cristalografía clásica. Sus átomos están ordenados, pero sin repetirse periódicamente, lo que genera simetrías que un cristal convencional tiene prohibidas. 

El encontrado en Trinity exhibe una simetría icosaédrica de cinco pliegues y está compuesto por silicio, cobre, calcio y hierro. No solo es el cuasicristal creado por el ser humano más antiguo que se conoce: tiene la increíble propiedad de que su momento exacto de creación quedó indeleblemente grabado en los registros históricos.

El papel decisivo del cobre. Lo más elegante del nuevo estudio es el mecanismo que explica por qué en la misma explosión se formaron dos estructuras tan distintas. La clave estuvo en la concentración de cobre disponible durante el enfriamiento. 

En las microzonas donde los niveles de cobre eran bajos —alrededor del 10 al 11%— las condiciones permitieron que la estructura de jaula del clatrato se estabilizara. Donde había más cobre, esa misma estructura colapsaba y los átomos se reorganizaban en la geometría prohibida del cuasicristal. Dos destinos radicalmente distintos, separados por una diferencia microscópica de composición química, en el mismo instante y el mismo lugar.

El poder de los laboratorios naturales. Descubrir estas arquitecturas a escala microscópica es revolucionario porque, como explica Terry C. Wallace, director emérito del Laboratorio Nacional de Los Álamos y coautor de la investigación del cuasicristal, estas estructuras requieren entornos extremos que rara vez existen en la Tierra: choques, temperaturas y presiones colosales, comparables solo a los impactos de hipervelocidad de meteoritos o a las propias detonaciones nucleares. Eventos destructivos que, paradójicamente, actúan como laboratorios capaces de producir lo que ningún laboratorio convencional puede replicar.

Una herramienta para la seguridad global. Más allá de la ciencia de materiales, este tipo de investigaciones tiene aplicaciones directas en el campo de la no proliferación nuclear. Comprender el diseño de los programas de armas nucleares de otros países es un enorme desafío forense. Los científicos suelen rastrear gases y residuos radiactivos en las zonas de prueba, pero esas firmas decaen inevitablemente con el paso del tiempo.

Los cristales formados en el sitio del estallido, en cambio, son prácticamente eternos. Las muestras de trinitita roja aún conservan isótopos radiactivos que permiten calcular con gran precisión variables como la distancia exacta al hipocentro de la explosión. Wallace lo resume con claridad: si la ciencia logra establecer una explicación termodinámica precisa de cómo se forman estos cristales, se podría obtener una imagen completa de la bomba y los materiales utilizados, dotando al mundo de una nueva herramienta para vigilar explosiones nucleares ilícitas. Una marca de tiempo que no se puede falsificar ni borrar.

El paradójico legado de Trinity. El estudio de la trinitita demuestra cómo la materia es capaz de reorganizarse de maneras asombrosas bajo condiciones inimaginablemente hostiles. Resulta una paradoja casi poética que un evento diseñado para la destrucción haya dejado, 80 años después, un legado oculto de perfección geométrica microscópica que hoy es útil para el futuro humano.

Este descubrimiento no solo es una ventana a la creación de materiales y tecnologías energéticas de vanguardia, sino que funciona como una brújula para futuras investigaciones. Tal como concluyen los expertos en su publicación académica, examinar los restos de otros fenómenos naturales extremos y fugaces, como las fulguritas forjadas por el impacto de los rayos o las rocas sometidas a los cráteres de meteoritos, podría seguir revelando configuraciones de la materia insólitas. 

Aún hoy, ocultas bajo las cicatrices de la destrucción, aguardan estructuras que continúan desafiando nuestra comprensión fundamental del universo.

Imagen | PNAS y Unsplash

Xataka | Europa tira 16.000 millones al año en basura electrónica. España acaba de encender el primer horno de Europa para recuperarlos

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

En 1972 Italia quiso meter una ciudad entera en un edificio de un kilómetro. Medio siglo después sigue pagando las consecuencias

Published

on


El mismo año en que comenzaba la construcción del complejo Corviale, las autoridades estadounidenses iniciaron la demolición de Pruitt–Igoe, un gigantesco complejo de vivienda pública que había sido presentado apenas dos décadas antes como el futuro de la ciudad moderna. La coincidencia fue casi simbólica: mientras un país derribaba una de sus grandes utopías urbanísticas, otro empezaba a construir una nueva.

Una ciudad dentro de un edificio. Durante los años setenta, Italia creyó que podía resolver varios problemas urbanos de una sola vez. Roma crecía a gran velocidad, los barrios periféricos se multiplicaban y la vivienda pública se enfrentaba a una demanda cada vez mayor. La respuesta fue el Corviale, una gigantesca estructura residencial de casi un kilómetro de longitud concebida para albergar a unas 8.500 personas. 

Su arquitecto, Mario Fiorentino, no imaginó simplemente un bloque de viviendas, sino una auténtica ciudad lineal donde las calles serían pasillos, las plazas surgirían de los espacios comunes y los servicios cotidianos convivirían con los hogares. Aquella visión pretendía demostrar que la arquitectura podía reorganizar la vida urbana desde sus cimientos.

Corviale 5581484963
Corviale 5581484963

Una utopía que nunca llegó a completarse. El problema apareció antes incluso de que el proyecto terminara de construirse. La empresa encargada de las obras quebró en 1982 y gran parte de los elementos esenciales del diseño original jamás llegaron a materializarse. La famosa planta intermedia destinada a comercios, oficinas, servicios y espacios comunitarios quedó vacía y acabó siendo ocupada por familias que buscaban un lugar donde vivir. 

Lo que debía convertirse en el corazón social del complejo terminó transformándose en un laberinto de viviendas improvisadas. Muchos de los equipamientos previstos tampoco llegaron a construirse, dejando incompleta la infraestructura que debía convertir el edificio en una ciudad autosuficiente.

Corviale 5581475097
Corviale 5581475097

Cuando la arquitectura condiciona la vida cotidiana. Con el paso de los años, Corviale empezó a demostrar que los edificios no son simples contenedores donde vive la gente. Sus largos corredores, sus escasos accesos, la compleja circulación interior y la enorme escala del conjunto comenzaron a influir en la forma en que los residentes se relacionaban entre sí

Los ascensores se averiaban constantemente, obligando a miles de personas a recorrer grandes distancias para entrar o salir de sus casas. El sistema centralizado de calefacción provocó conflictos entre residentes, ocupantes irregulares y administraciones sobre quién debía asumir los costes. Algunos investigadores llegaron a describir el edificio como una pequeña ciudad cuyos problemas de gobernanza estaban directamente vinculados a sus características físicas.

Corviale 5581481121
Corviale 5581481121

Del símbolo del futuro al símbolo del fracaso. A medida que el deterioro avanzaba, Corviale empezó a acumular una reputación cada vez más negativa. Para muchos se convirtió en el ejemplo perfecto de los excesos del urbanismo monumental de posguerra. Sus críticos lo describían como un monstruo de hormigón, una prisión residencial o una muestra de cómo ciertas ideologías urbanísticas habían ignorado las necesidades reales de las personas. 

Las ocupaciones ilegales, los problemas de mantenimiento, la presencia de actividades delictivas y el abandono institucional reforzaron esa percepción. Durante años surgieron propuestas para derribarlo por completo y sustituirlo por barrios tradicionales de menor escala, conectados mediante calles, plazas y edificios más próximos a las dimensiones humanas.

Giuditto Miele Alla Cerimonia Di Inizio Lavori Del Complesso Corviale
Giuditto Miele Alla Cerimonia Di Inizio Lavori Del Complesso Corviale

Giuditto Miele en la ceremonia de colocación de la primera piedra del complejo Corviale

La batalla por decidir su destino. Sin embargo, Corviale nunca fue demolido. A diferencia de muchas otras grandes urbanizaciones europeas de posguerra, logró sobrevivir a los intentos de derribo. Parte de la explicación reside en su creciente valor simbólico. Lo que para unos era un fracaso urbanístico, para otros representaba una pieza irrepetible de la historia arquitectónica italiana. 

El edificio terminó obteniendo protección patrimonial y pasó a formar parte del debate nacional sobre qué hacer con las grandes utopías del siglo XX. La discusión dejó de centrarse únicamente en si el proyecto había funcionado o no para convertirse en una pregunta más compleja: cómo transformar una estructura tan gigantesca sin destruirla.

Medio siglo de reformas para corregir una idea. Las últimas décadas han estado marcadas por una sucesión casi constante de proyectos de regeneración. Concursos internacionales, asociaciones vecinales, arquitectos y administraciones públicas han intentado adaptar el complejo a las necesidades actuales. Algunas intervenciones han regularizado espacios ocupados, otras han rehabilitado zonas comunes y varias buscan recuperar la escala peatonal mediante nuevos espacios públicos y áreas verdes. 

Ningún otro conjunto residencial de Roma ha recibido una inversión pública tan intensa y prolongada. La paradoja en este caso es más que evidente: el edificio que nació para simplificar la vida urbana se ha convertido en una de las operaciones de regeneración más complejas de la ciudad.

Consecuencias de una gran apuesta. La historia del Corviale sigue fascinando porque trasciende la arquitectura. Es el relato de una época que creyó que los problemas sociales podían resolverse mediante grandes soluciones físicas y de una ciudad que continúa lidiando con las consecuencias de aquella apuesta. El edificio, por cierto, sigue en pie, habitado por miles de personas y sometido a continuas transformaciones. 

Para algunos demuestra los límites de las grandes visiones urbanísticas, para otros, la capacidad de una comunidad para adaptarse a un proyecto inacabado. Lo cierto es que medio siglo después, Roma sigue dedicando recursos, tiempo y energía a gestionar una estructura concebida para funcionar como una ciudad completa. 

Y quizá esa sea la prueba más clara de que Corviale nunca dejó de ser exactamente eso: una urbe encerrada dentro de un edificio.

Imagen | Wikimedia, Umberto Rotundo, Alessandro Pace

En Xataka | En 1970 Japón levantó viviendas del futuro donde cada cápsula sería reemplazable. Medio siglo después descubrió que nadie sabía repararlas

En Xataka | La increíble historia del edificio más alto del planeta que terminó convertido en la piscina más grande de la Unión Soviética

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Actualidad

China no puede comprar los mejores chips de Nvidia. Así que Alibaba ha decidido conectar los suyos y venderlos como si fueran uno solo

Published

on


Alibaba no quiere que su infraestructura de inteligencia artificial (IA) siga dependiendo de las tecnologías de Nvidia. Poco a poco las mayores compañías de tecnología de China están asumiendo la petición que el Gobierno de Xi Jinping les hizo a principios de octubre de 2024: en la medida de lo posible debían utilizar chips producidos en China. Diez meses después esta recomendación se transformó en una exigencia.

Y es que los centros de datos que pertenecen al Estado en todo el país debían utilizar al menos un 50% de circuitos integrados chinos en sus servidores. Este escenario favorece sobre todo a Huawei, Moore Threads y Cambricon Technologies porque son los principales fabricantes de GPU para IA de China, pero también viene de maravilla a Alibaba. De hecho, Alibaba Cloud, su filial de computación en la nube, ha dado un paso hacia delante muy importante.

Hace unos días presentó un nuevo chip para IA, el Zhenwu M890, y oficializó un itinerario muy ambicioso que describe qué soluciones va a desarrollar durante los próximos tres años. Esta GPU ha sido diseñada por T-Head, la división de semiconductores que Alibaba fundó en 2018. Incorpora 144 GB de memoria HBM3 y alcanza una velocidad de transferencia de interconexión entre chips de hasta 800 GB/s. Como estamos a punto de descubrir, esta última prestación es esencial en la estrategia que ha puesto a punto Alibaba para competir en el mercado del hardware para IA.

Alibaba se va a gastar 53.000 millones de dólares en su infraestructura

Según Alibaba, el rendimiento de su chip Zhenwu M890 triplica el de su predecesor. Además, ha sido diseñado para rendir bien tanto durante el entrenamiento de los modelos de IA de vanguardia como durante la inferencia. Un apunte importante: la inferencia es a grandes rasgos el proceso computacional que llevan a cabo los modelos de lenguaje con el propósito de generar las respuestas que corresponden a las peticiones que reciben.

Alibaba quiere competir de tú a tú con Nvidia en el despliegue de infraestructuras para centros de datos

No obstante, hay otro dato relevante que merece la pena que no pasemos por alto: en operaciones de precisión media (FP16) el chip Zhenwu M890 alcanza 0,6 petaflops, un rendimiento equiparable al de la GPU A100 de Nvidia y tres veces superior al del chip H20. Por otro lado, el chip de interconexión ICN Switch permite enlazar hasta 128 GPU M890 para que trabajen al unísono. Alibaba asegura que esta arquitectura consigue que estas GPU funcionen como un único chip, lo que, sobre el papel, le permitirá competir de tú a tú con Nvidia en el despliegue de infraestructuras para centros de datos.

En lo que se refiere al itinerario que seguirá hasta 2028, esta compañía china ha anticipado que planea lanzar el Zhenwu V900 durante el tercer trimestre de 2027. Según Alibaba, implementará una arquitectura de computación paralela propia notablemente mejorada, tendrá un rendimiento tres veces superior al del chip M890, se apoyará en 216 GB de memoria y alcanzará una velocidad de transferencia de interconexión de 1.200 GB/s. El Zhenwu J900 llegará durante el tercer trimestre de 2028 con otro salto arquitectónico de mayor calado.

Este roadmap refleja que Alibaba va con todo. De hecho, también ha anunciado que va a respaldar este plan con una inversión en infraestructura de 380.000 millones de yuanes (unos 53.000 millones de dólares) durante los próximos tres años. Es el mayor compromiso de este tipo en la historia de la compañía. Además, T-Head está planificando su salida a bolsa para financiar un programa de inversión en infraestructura más agresivo, lo que la colocaría en competencia directa con Cambricon Technologies y la línea Ascend de Huawei en el mercado doméstico de chips para IA.

Imagen | Alibaba

Más información | Alibaba | ChinaDaily

En Xataka | A Nvidia le toca lidiar con la desconfianza absoluta de varios legisladores de EEUU. Su plan en China peligra

En Xataka | EEUU quiere acabar con los chips para IA chinos que se venden en el extranjero. Y China sabe cómo defenderse

ues de anuncios individuales.

Source link

Continue Reading

Trending