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Fabricar 60 máquinas al año puede parecer poco. En la práctica, las de la europea ASML están marcando el ritmo de la IA

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Sesenta máquinas al año suenan a poco cuando hablamos de inteligencia artificial. Estamos acostumbrados a cifras enormes: centros de datos, miles de millones de dólares y modelos cada vez más ambiciosos. Pero la IA también depende de cosas mucho más físicas y difíciles de escalar. Y ahí es donde ASML, una compañía europea que fabrica equipos de litografía para producir chips avanzados, se convierte en una pieza difícil de esquivar. Este año fabricará al menos 60 máquinas. Y serán indispensables.

Para hacernos una idea de la escala, la inteligencia artificial no se sostiene únicamente con mejores modelos. Hace tan solo nos días, Reuters señalaba que Microsoft, Meta, Amazon y Alphabet tienen previsto destinar más de 600.000 millones de dólares en gasto de capital en 2026 para ampliar su infraestructura de IA. Estos actores necesitan de los fabricantes de semiconductores, que necesitan tecnología avanzada para producir los chips que equiparán los futuros centros de datos de sus clientes.

Aquí aparece ASML en toda su dimensión. La compañía neerlandesa no fabrica los chips que acabarán en los centros de datos, pero sí las máquinas que permiten producir los más avanzados a escala. De momento, porque China está acelerando esta carrera, es el único proveedor mundial de esos equipos, conocidos como máquinas de litografía ultravioleta extrema. Esa posición explica por qué una empresa con sede en Veldhoven se ha convertido en una pieza tan relevante para una carrera que se suele mirar desde Silicon Valley o desde Taiwán, pero que también tiene un engranaje decisivo en Europa.

El fabricante europeo que marca el compás de la IA

Lo llamativo es que el gran salto se traduce en una cifra muy concreta. Los datos nos llegan desde la última presentación de resultados financieros de la firma, concretamente los del primer trimestre fiscal de 2026. Roger Dassen, VP y director financiero de ASML, señaló que prevén fabricar al menos 60 máquinas EUV estándar en 2026. Eso supone un 36% más que las vendidas en 2025. Dicho de otra forma: en una industria que se mide en inversiones gigantescas, aumentar de forma notable la producción significa pasar a decenas de equipos, no a cientos o miles. Para 2027, la firma espera poder alcanzar al menos 80 unidades.

Asml Maquina 1
Asml Maquina 1

TWINSCAN EXE:5000

Fabricar más unidades no es tan sencillo como ampliar una línea de montaje. Los equipos de litografía más avanzados de ASML tienen un tamaño comparable al de un autobús mediano y están entre los dispositivos más complejos que se han creado. Son sistemas enormes, extremadamente precisos y ensamblados durante meses en salas limpias, con aire purificado para evitar cualquier contaminación. La razón es sencilla: en este proceso, una sola partícula de polvo puede alterar la producción. Por eso escalar no depende solo de tener más pedidos sobre la mesa.

Hay una parte de esta historia que queda fuera de las fábricas de ASML, pero que pesa casi tanto como su propia producción. Sus clientes también necesitan construir salas limpias para instalar las máquinas que compran, una tarea que requiere obra especializada, conexiones eléctricas, experiencia técnica y abundante energía disponible. Es una condición básica para que esas decenas de equipos se traduzcan después en más capacidad real de fabricación. Dicho de otro modo: la máquina importa, pero también importa el lugar preparado para recibirla y ponerla a trabajar.

Luego está todo lo que ocurre antes de que uno de esos sistemas salga de la compañía neerlandesa. Sus equipos se construyen con componentes de más de 5.000 proveedores, así que aumentar el ritmo exige que toda esa red avance a la vez. Si uno de esos eslabones no llega, el conjunto puede resentirse. Y el talento añade otra dificultad: en el sur de Países Bajos, muchos perfiles técnicos ya están en la empresa o en su cadena de suministro. Por eso la firma de Veldhoven busca candidatos en universidades neerlandesas y extranjeras, sin debilitar a los socios que necesita para crecer.

Ese es el reverso de una cifra que, aislada, puede parecer pequeña. Sesenta máquinas no suenan a gran cosa en una industria que habla de modelos gigantescos, centros de datos y presupuestos descomunales. Pero lo que hemos visto es que cada una de esas unidades forma parte de una cadena física, técnica y humana mucho más difícil de acelerar de lo que parece. Este auge es precisamente el que ha ayudado a consolidar a ASML como la empresa europea con mayor valor bursátil, por delante de nombres como LVMH o Hermès. La IA también se juega aquí en el Viejo Continente.

Imágenes | ASML (1, 2)

En Xataka | ASML tiene las máquinas de litografía más demandadas y avanzadas del mundo. Y ahora también, su set de Lego

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Anthropic y OpenAI saben que donde la IA está dando dinero es en las empresas. Han encontrado la forma de exprimir esa estrategia

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Los usarios finales no importamos mucho ya para los gigantes de la IA. Estas empresas están confirmando que los ingresos están de momento en el mundo profesional, y ya están haciendo movimientos para conquistar ese semento. Y si tienen que hacerlo empresa por empresa, que así sea, porque ahora OpenAI y Anthropic son un poquito menos empresas de IA y un poquito más consultoras.

La IA es más empresarial que nunca. Anthropic y OpenAI han comprendido que el verdadero negocio de la IA no está actualmente en las suscripciones individuales de 20 dólares, sino en lograr integrar sus modelos de IA en todo tipo de corporaciones. Ambas empresas han lanzado casi simultáneamente alianzas con otras compañías para proporcionar servicios de consultoría. El objetivo es simple: dejar de ser herramientas web externas para convertirse en el “sistema operativo” de miles de negocios a través de esos canales de venta tan exclusivos.

Anthropic por un lado… La compañía liderada por Dario Amodei ha formado una joint venture con Blackstone, Goldman Sachs y Hellman & Friedman valorada en 1.500 millones de dólares. Esta nueva firma actuará como una consultora que llevará Claude directamente a los entornos operativos de empresas medianas, desde bancos de tamaño medio hasta fabricantes locales o sistemas de salud. Estas empresas se han comprometido a aportar 300 millones de dólares cada una para que los ingenieros de IA trabajen codo con codo con esos clientes para integrar soluciones a medida.

… y OpenAI por el otro. A su vez, la empresa de Sam Altman no ha tardado en replicar esa iniciativa con la creación de la llamada The Development Company, una entidad valorada en unos 10.000 millones de dólares. Está respaldada por fondos como TPG, Bain Capital y SoftBank. Teóricamente OpenAI ya ha recaudado 4.000 millones de dólares para acelerar la adopción de sus modelos de IA en más de 2.000 empresas que ya forman parte de las carteras de esos inversores. La iniciativa está liderada por Brad Lightcap, hasta ahora COO de la empresa, y que quiere convertir a los modelos de la familia GPT en parte integral de la operativa de todo tipo de empresas.

Ingenieros en la línea de fuego. Para impulsar estas estrategias, ambas empresas están adoptando el modelo del llamado ‘Forward Deployed Engineer’  (FDE), un sistema de despliegue que ya fue popularizado por Palantir y que usan tradicionalmente las consultoras. En lugar de vender una API sin más, Anthropic y OpenAI enviarán a sus ingenieros a trabajar con médicos, analistas financieros o personal IT para que sus modelos de IA puedan integrarse a la perfección en los flujos de trabajo reales de esos profesionales. 

La salida a bolsa como objetivo. En los últimos meses parecemos estar viviendo una carrera contra el reloj hacia la salida a bolsa en ambos casos. Con valoraciones absolutamente estratosféricas (OpenAI 852.000 millones, Anthropic rondando los 900.000 millones), la presión por justificar estas cifras ante el mercado público es inmensa. La integración de herramientas de programación como Claude Code ha sido motor de crecimiento claro reciente, pero la verdadera mina de oro está en la automatización de procesos en sectores como la salud o las finanzas. Si estas joint ventures no logran escalar rápidamente, la burbuja de la valoración podría desinflarse antes de esas salidas a bolsa.

Conflictos de intereses. Cuando un fondo de capital riesgo invierte en un proveedor de tecnología y simultáneamente presiona a las empresas de su cartera para que adopten esa misma tecnología, la competencia deja de existir. Muchas empresas no tendrán demasiada capacidad de elección real basada en la calidad de producto. Lo que se vuelve a reforzar aquí es esa “economía circular” en la que la innovación no se elige, sino que se impone por intereses financieros y empresariales. El cliente no compra porque necesita la herramienta, sino porque su propio dueño financiero tiene una participación en quien suministra esa herramienta.

¿Pero la IA no iba a automatizarlo todo? La dependencia del modelo FDE es paradójica. La teoría nos dice que el software debe ser infinitamente replicable a coste marginal cero. Sin embargo, estas alianzas demuestran que la IA aún no es lo suficientemente inteligente para funcionar sin supervisión humana directa. Necesitamos que alguien nos enseñe a usarla bien, dicen las empresas, y tanto OpenAI como Anthropic van a aprovechar esa necesidad aunque lo que en realidad tengamos sea una  consultoría personalizada de lujo. La IA será de momento más parte de los servicios que ofrece una consultora que una herramienta “plug and play” verdaderamente autónoma. 

Nuevo trabajo: ingeniero de despliegue. Ahora Anthropic y OpenAI no solo serán empresas de IA: también serán consultoras con necesidad de mano de obra. Eso también sirve como ejemplo de que aunque la IA teóricamente eliminará puestos de trabajo, también creará otros nuevos. Aquí nos enfrentamos a una creciente demanda de “ingenieros de despliegue” —OpenAI ya los solicita—, profesionales que se encarguen precisamente de adaptar estos modelos de IA a las necesidades de las empresas que quieran implantarlos en su día a día.

Y los datos, qué. Hay otro problema fundamental: las empresas medianas no tendrán demasiada capacidad para gestionar su soberanía de datos. Para que Claude o GPT funcionen de forma adecuada en la empresa, necesitarán acceso a flujos de trabajo críticos, historiales médicos o datos financieros sensibles. Y cuando uno cede ese control a terceras partes, quedan vulnerables. No solo eso: la seguridad de esos datos queda comprometida porque para poder procesarlos deben salir y ser procesados en la nube de un proveedor externo. Los modelos de IA de estas empresas además probablemente pueda aprender de esos procesos, aunque aquí es razonable pensar que entrarán en juego las políticas Zero Data Retention (“No retención de datos”). 

Imagen | TechCrunch | Wikimedia Commons

En Xataka | La Casa Blanca quiere revisar los nuevos modelos de IA antes de que nadie los use: primero el Pentágono, luego el resto del mundo

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un dron kamikaze de cartón por 2.000 dólares

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Desde la invasión de Ucrania en 2022, los drones se han convertido en una pieza central de la guerra moderna, una marcada por el uso masivo de drones baratos para saturar las defensas aéreas. Sin embargo, aunque sean mucho más económicos que otro tipo de armamento, su uso como munición merodeadora hace que la tasa de destrucción sea altísima. En este contexto de volumen y costes disparados, una startup japonesa tiene una solución radical: drones desechables hechos literalmente de cartón.

Drones desechables. El ministro de defensa japonés, Shinjirō Koizumi, se reunió con los responsables de la empresa AirKamuy y posó con su invento estrella: un dron hecho de cartón, diseñado para su destrucción en el campo de batalla. Su uso está pensado para contramedidas, lanzando enjambres de drones para absorber ataques de otros drones o defensas antiaéreas. Su punto fuerte es el coste: unos 2.000 dólares la unidad. Por ponerlo en contexto, un dron iraní Shahed (uno de los más usados por Rusia) cuesta en torno a 35.000 dólares, 50.000 si se trata de un modelo mejorado. 

Detalles. El AirKamuy 150 está hecho de cartón con un acabado que lo hace resistente a la lluvia. Lleva un  motor eléctrico y una autonomía que le permite volar durante 80 minutos. Con respecto al peso que puede transportar, solamente puede llevar 3 libras (poco más de un kg), por lo que sólo puede mover pequeñas cargas de suministros o munición. No es un dron de combate pesado, sino una herramienta de saturación: su valor no está en lo que puede hacer uno solo, sino en lo que pueden hacer muchos a la vez.

Por qué es importante. En un contexto donde el coste y la escala lo son todo, la apuesta de AirKamuy tiene una lógica aplastante: si el enemigo lanza cientos de drones baratos, pues le lanzamos drones aún más baratos. Pocos materiales son tan baratos y fáciles de producir en masa como el cartón, y de hecho sus creadores afirman que no hace falta nada especial para producirlos, sino que cualquier planta de producción de cartón podría hacerlo. Que una empresa de packaging pueda convertirse en una línea de producción militar es una solución tan ingeniosa como inquietante.

Logística a lo IKEA. No sólo es más barato de producir sino que también se puede transportar en grandes cantidades y ocupando muy poco espacio. El AirKamuy 150 viene en un paquete totalmente plano, lo que permite meter 500 unidades en un contenedor de carga estándar. Una vez en el destino, el montaje lleva apenas diez minutos, sin necesidad de herramientas especiales ni personal técnico cualificado.

Imagen | Shinjirō Koizumi en X

En Xataka | Ucrania acaba de reinventar el combate aéreo con una pieza de la era soviética: un avión que dispara drones

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fundó dos repúblicas de las que fue presidente

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En la actualidad, los millonarios están centrados en su propia carrera espacial para “salvar a la humanidad” de sí misma. En el siglo XIX, los millonarios concentraban todo ese ímpetu en conquistar territorios de terceros países de forma independiente, utilizando su propio ejército privado y gobernando sus colonias como antiguos señores feudales.

Ese fue el caso de William Walker, considerado por muchos como el “último gran filibustero“, que actuaba como un mercenario independiente que conquistó territorios en México, Nicaragua.

William Walker: el dictador centroamericano

La historia de William Walker es un relato de ambición, poder y la formación de la identidad latinoamericana. Nacido en Tennessee en 1824, Walker era hijo de unos empresarios muy influyentes en la política local. Estudió medicina, periodismo y derecho.

Sin embargo, abandonó estas profesiones para convertirse en filibustero, una suerte de mercenarios privados que fomentaban revoluciones no autorizadas por ningún país con el fin de hacerse con los territorios y con sus recursos. Para entender el contexto de las invasiones privadas de países, es importante conocer el concepto sobre el que se sustentaba la Doctrina del Destino Manifiesto. Esta doctrina, uno de los pilares fundacionales de Estados Unidos.

Esta doctrina del siglo XIX justificaba la expansión territorial de Estados Unidos a través de América del Norte, basada en la creencia de ser una nación “elegida” con el derecho divino de extender su civilización. Esta idea se asoció con la anexión a Estados Unidos de territorios como Texas y California, y guerras como la de México y España, promoviendo la idea de que la expansión era obvia y predestinada, reflejada en la frase “Por la autoridad divina o de Dios”.

Esta ideología influyó en políticas de intervencionismo y expansionismo, cuya máxima expresión es la famosa frase de Thomas Jefferson: “América tiene un hemisferio para sí misma”.


sonora desert
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El desierto de Sonora, parte de la República de Sonora.

Con solo 29 años, en 1853, Walker reclutó a 32 mercenarios esclavistas estadounidenses y se lanzó a la conquista de las fronteras del sur del país cual Hernán Cortés, en busca de poder y riquezas. La incursión no se les dio mal y conquistaron las ciudades de La Paz y Ensenada en México, autoproclamándose presidente de la República de Sonora, donde se apresuró a imponer una nueva legislación permisiva con el esclavismo para obtener una rápida rentabilidad de su conquista.

Su presidencia duró poco, ya que cinco meses más tarde, la resistencia mexicana y la falta de suministros lo obligaron a retirarse.

A río revuelto, ganancia de invasores

Lejos de desmotivarse tras el fracaso de la primera incursión en eso del colonialismo privado, William Walker se alió con el Partido Demócrata de Nicaragua, que en ese momento se encontraba en plena disputa territorial por el control del país centroamericano con el partido Legitimista.

Walker vio la ocasión de meter baza en el asunto y se ofreció a la burguesía local para ayudarles militarmente a conseguir sus objetivos, y de paso, a engordar un poco más sus propios intereses económicos. Tras ganar la batalla en Granada con un ejército de mercenarios llamados “Los inmortales“, fue simbólicamente elegido presidente, imponiendo políticas y costumbres estadounidenses.

William comenzó a aplicar su política colonialista en la zona iniciando una política de gobierno por decretos, en la que se restableció la esclavitud, se instituyó el inglés como idioma oficial y se fomentó la llegada de norteamericanos, además de cambiar la constitución y la bandera del país.

También estableció por decreto que todos los bienes de los “enemigos del Estado” serían confiscados a favor de la República y repartidos por una Junta Especial especialmente generosa con los intereses de William Walker y de los Estados Unidos.

Ahí se encuentra de hecho el “germen” del Canal de Panamá. Dado el carácter estratégico de la zona, esta conquista no pasó desapercibida por los Estados Unidos, que se apresuraron en reconocer la legitimidad de la nueva república creada por William Walker.

El interés de EEUU en el control de esta zona se basaba en la importancia de crear una ruta comercial interoceánica que conectara el Atlántico con el Pacífico. De forma inmediata se estableció la Vía del Tránsito que conectaba ambos océanos a través del Rio San Juan en el sur del país.

La vuelta del héroe. Atenazado por las presiones de los intereses comerciales y sus países vecinos, el gobierno de Walker es derrocado y el millonario debe volver a su Tennessee natal aclamado como un héroe victorioso.

Su destierro no duraría mucho, ya que, tres años más tarde, William Walker volvía a las andadas y ya planeaba la conquista de Honduras. Esta aventura golpista duró menos que la anterior. Walker es apresado por las tropas británicas asentadas en la zona y rápidamente es entregado a las autoridades locales en Trujillo, donde sin más demora es juzgado y sentenciado a muerte.

En Xataka | Gregor MacGregor, Príncipe de Poyais: el soldado escocés que se hizo millonario vendiendo (dos veces) un país falso

Imagen | Wikimedia Commons (Mathew Benjamin Brady, Nicaragua-CIA_WFB_Map.p), Pexels (aboodi vesakaran)

*Una versión anterior de este artículo se publicó en mayo de 2024

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