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“Cereales para machos” o por qué hay hombres que necesitan envases negros y sabores llamados “sigma” para no sentir amenazada su masculinidad al desayunar

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Creo (tomándome la libertad de decirlo) que todos tenemos en el estante del mueble de arriba de la cocina una caja de cereales. Como una especie de pequeño portal a otra época para reconectar con nuestro niño interior. Sin embargo, ahora ha decidido que eso ya no puede ser así. Se trata de los Man Cereal, y su lema es tan directo que da vértigo: “Por fin los cereales se han armado de valor y de hombría”.

La caja es negra. No hay mascotas, ni colores, ni promesas de aventura. Solo proteínas, creatina y cuatro sabores cuyos nombres dicen todo lo que hay que saber sobre quién los ha diseñado y por qué: el de caramelo salado se llama “dominante”; el de canela, “seguro de sí mismo”; el de frutas, “legendario”; y el de bacon, “sigma”, que en el vocabulario de los foros de masculinidad más extrema designa al hombre poderoso, independiente y autosuficiente. Un cereal que no solo te alimenta, sino que te promete una identidad.

El negocio de la inseguridad masculina

Para entender qué hace un cereal con nombre de jerarca alpha en el pasillo del supermercado, hay que entender primero el mercado al que apunta. El periodista Austin Ashburn lo resumió con precisión: “A medida que la masculinidad tóxica continúa extendiéndose por nuestra sociedad, existen productos como Man Cereal para satisfacer a los hombres que solo quieren interactuar con cosas que sean indudablemente masculinas y que no amenacen su ego”.

No es una observación moral, es una descripción de negocio. Hay un nicho de mercado formado por hombres que sienten vergüenza al comprar productos con packaging colorido o con promesas de cuidado de la piel, y ese nicho lleva años siendo sistemáticamente explotado. Antes llegaron las bebidas energéticas —Monster, Rockstar—, luego los batidos de proteínas y hasta las latas de atún, en los productos de cuidado existen los geles de ducha con nombres como “Pure Carbon” o “Facial Fuel”. No obstante, el caso más extremo quizá sea War Paint, una marca de maquillaje para hombres que eligió llamarse “pintura de guerra”, porque un hombre de verdad no se maquilla: va a la batalla.

Man Cereal es la llegada de esta lógica al desayuno. Sus creadores justifican el producto diciendo que “la mayoría de los hombres había renunciado a los cereales; solo les quedaban las cajas infantiles azucaradas o las versiones saludables insípidas”. La solución, según ellos, era un cereal natural, alto en proteínas y bajo en azúcar, enriquecido con creatina. Una propuesta que, vista desde dentro del ecosistema de la masculinidad tóxica online, tiene sentido. Vista desde fuera, tiene más grietas.

Que el marketing de género en la alimentación sea un negocio no significa que sea inocuo. Hay investigación experimental que muestra que el packaging no es solo estética: modifica la percepción del sabor y condiciona las decisiones de compra de manera que el consumidor no controla ni detecta.

El estudio más citado en este campo es el publicado en Social Psychology bajo el título Macho Nachos: The Implicit Effects of Gendered Food Packaging on Preferences for Healthy and Unhealthy Foods. Sus hallazgos son perturbadores en su sencillez: en el primer experimento, activar mentalmente la masculinidad llevó a hombres y mujeres a preferir alimentos poco saludables, mientras que activar la feminidad los llevó a preferir alimentos sanos. En un segundo experimento, cuando el packaging y el nivel de salubridad del producto eran congruentes con el género —envase femenino para comida sana, envase masculino para comida poco sana—, los participantes no solo lo preferían, sino que lo valoraban como más atractivo y, crucialmente, como más sabroso. El sabor percibido de un producto cambia según el color de la caja.

La investigación también funciona en dirección contraria: cuando se amenaza experimentalmente la masculinidad de un hombre —haciéndole creer, por ejemplo, que ha suspendido un test de virilidad—, este evita activamente las opciones saludables o vegetarianas en el consumo posterior. Como explican los investigadores del área en Psychology Today, “la comida es una herramienta importante para gestionar la identidad, y los hombres son más propensos a seleccionar alimentos ‘masculinos’ cuando comen con otros hombres, como señal de dominancia dentro de un grupo valorado”.

Esto tiene consecuencias directas de salud pública. Si la comida saludable se percibe como femenina, y si la masculinidad se percibe como amenazada, entonces un hombre expuesto de forma sostenida a este tipo de marketing tenderá a alejarse de las opciones que le benefician. El packaging negro no es solo un asunto de identidad cultural: puede ser un factor en la dieta y en la salud de los hombres que lo consumen

Como detalló mi compañera en Xataka, “podemos pensar que el envase no importa, pero la realidad es que es clave en la decisión de compra”. Y añade el doble rasero que todo esto implica: si los productos proteicos son negros, los light son rosas y tienen tipografías suaves. “El motivo es claro: tradicionalmente el público femenino ha sido el más preocupado por adelgazar”. El sexismo actúa en los dos sentidos del lineal.

El estudio publicado en Feminist Media Studies que analizó diez de las marcas de bollería industrial más consumidas en España, confirma que estos estereotipos de género están inscritos en los envases de forma menos obvia que en otros medios tradicionales, pero que la exposición acumulada desde la infancia tiene efectos duraderos: “La exposición a largo plazo gana fuerza en los adultos y refleja de forma consistente los valores hegemónicos predominantes en su contexto”. Hemos estado enseñando a los niños qué es de hombres y qué es de mujeres a través de las cajas de cereales desde antes de que supieran leer.

Cómo se fabrica un mercado: el manvertising

Hay un término académico para lo que hacen Man Cereal, Dr. Squatch o War Paint, y lo acuñaron los sociólogos Kristen Barber y Tristan Bridges en un artículo publicado en la revista Contexts de la American Sociological Association: “Manvertising. La definición es precisa: “La masculinidad satírica o exagerada que se usa para vender a hombres productos que presumiblemente evitarían por miedo a lo que dicen de su identidad de género y sexual”.

El ejemplo paradigmático que analizan Barber y Bridges es el famoso anuncio de Old Spice con Isaiah Mustafa, donde el actor aparece en un baño de espuma sobre un caballo blanco proclamando Make Sure Your Man Smells Like a Man. La ironía es deliberada, es decir, el chiste consiste en que la masculinidad es tan ridícula que solo se puede vender así, con parodia de sí misma. No obstante, la parodia parte siempre del mismo presupuesto intocable: que hay cosas de hombres y cosas de mujeres, y que cruzar esa frontera es humillante. El manvertising se ríe de la masculinidad hegemónica mientras la refuerza. La sátira, dicen Barber y Bridges, “obscurece las consecuencias de estas masculinidades híbridas aunque estén en plena vista”.

Man Cereal no siquiera se molesta con la ironía. Su packaging espartano en blanco y negro es, como señala Iturriaga en El País, “el reverso machote de los muchos alimentos light o de dieta dirigidos a las mujeres, que suelen ser rositas y con dibujitos con curvas”. No hay guiño, no hay broma: hay una declaración de identidad. Y según la revista Journal of Advertising Research, los mensajes de masculinidad más directa y menos irónica —el llamado enlightened manvertising— resuenan especialmente en hombres que se identifican fuertemente con rasgos masculinos tradicionales. El mercado objetivo está perfectamente identificado.

La socióloga Raewyn Connell, cuya teoría de la masculinidad hegemónica es el marco de referencia de prácticamente toda la investigación sobre este tema, lo explicaba en su obra fundacional Masculinities (1995): la masculinidad dominante no es natural, es construida y requiere trabajo continuo para mantenerse. Eso incluye disciplinar el cuerpo, demarcar territorio frente a lo femenino y devaluar las masculinidades “desviantes”. Un cereal negro sin mascotas, con nombres de sabores que remiten a jerarquías de poder, es ese trabajo en formato de desayuno.

La manosfera: del foro a la caja de cereales

Todo esto tiene un contexto más amplio que lo explica y lo magnifica: la manosfera. ONU Mujeres la define como “una red laxa de comunidades online que dicen abordar los problemas de los hombres —citas, fitness, paternidad— pero que frecuentemente promueven actitudes dañinas”. Sus principales tribus son los MRA (Men’s Rights Activists), los PUA (pickup artists), los MGTOW (Men Going Their Own Way) y los incel (involuntary celibates). Lo que los une, más allá de sus diferencias, es la oposición al feminismo y la narrativa de que los hombres son las verdaderas víctimas de la sociedad contemporánea.

Dentro de ese ecosistema, la comida no es un asunto trivial, sino una herramienta para proyectar dureza. La idea de que disfrutar de la comida es una debilidad innecesaria es un discurso que gana tracción en distintos frentes de la nueva masculinidad. El presidente argentino Javier Milei, por ejemplo, ha declarado en repetidas ocasiones que para él comer es un mero trámite, comparando los alimentos con “gasolina” para mantener el cuerpo funcionando y afirmando que, si pudiera, tomaría una pastilla con todos los nutrientes diarios para no perder el tiempo.

En la rama más radical de internet, el influencer Andrew Tate ha llevado esto al extremo con la lion diet (consumir casi exclusivamente carne, sal y agua) y sus declaraciones sobre la comida como terreno moral. “La comida es horrible y comer es un suplicio. Yo como lo mínimo, lo indispensable y lo más rápido posible. Odio comer. Los hombres que creen que cocinar los hace más masculinos son unos cobardes que le temen a la jaula”, escribió en X. Disfrutar, saborear o dedicar tiempo a la comida se percibe, bajo esta lente, como una falta de disciplina espartana.

El estudio Mainstreaming the Manosphere’s Misogyny Through Affective Homosocial Currencies, publicado en Social Media + Society, analizó grupos de discusión con adolescentes varones y llegó a una conclusión preocupante: los contenidos misóginos de la manosfera se están normalizando y llegan a los patios de colegio. El discurso central de los vídeos de Tate analizados en el estudio es la creencia de que los hombres son o deben ser naturalmente dominantes sobre las mujeres, “lo que actualiza la estructuración no dicha del poder patriarcal a través de la masculinidad hegemónica”.

Man Cereal no es un producto de la manosfera en el sentido estricto: no lo vende Tate, no lo distribuye ningún foro de Reddit. Pero habla exactamente su idioma. El término “sigma” en el nombre de uno de sus sabores no es casualidad: en el vocabulario de los foros de masculinidad, el hombre sigma es el que está por encima incluso del alfa, el que no necesita reconocimiento externo, el que se basta solo. Es la fantasía de autosuficiencia que vende la manosfera, reempaquetada en un cereal de 350 gramos.

El primer Manosphere Index de la historia, un estudio publicado en diciembre de 2025, aporta un matiz importante: los hombres no se están radicalizando de forma masiva ni moviéndose bruscamente hacia posiciones extremas. Lo que ocurre, según los datos, es que “responden a la colisión de presión económica, medios algorítmicos y preguntas de identidad y propósito”. Son hombres que se sienten “sin ancla, económicamente inseguros e institucionalmente ignorados”. Esa inseguridad real, legítima en muchos casos, es el caldo de cultivo que la manosfera —y sus derivados comerciales— saben explotar. No es una justificación. Es un diagnóstico.

El cereal que se avergüenza de ser un cereal

Es aquí donde entra en juego la femmefobia, un concepto que la periodista e investigadora Noemí López Trujillo desgrana en su libro Me dibujaron así. Por qué el mundo odia la feminidad. López Trujillo define la femmefobia como la profunda devaluación y el desprecio sistemático hacia todo lo asociado con la feminidad. La sociedad ha aprendido a castigar lo hiperfemenino, tachándolo de frívolo, débil, vulnerable o ridículo. En su ensayo, la autora reivindica el derecho a una feminidad desacomplejada frente a quienes exigen, incluso desde ciertos sectores del feminismo, un constante “decoro” y austeridad estética.

Aplicado a nuestro caso, la femmefobia explica perfectamente la existencia de este producto: para la manosfera, consumir un envase colorido, dulce o estéticamente alegre es un riesgo intolerable de contaminación femenina. Para validar la identidad de estos hombres, hay que extirpar por completo el color del pasillo de los desayunos.

Históricamente, los cereales coloridos con mascotas animadas habían sido un espacio de relativa libertad. La cultura popular siempre ha percibido el tazón de cereales como un territorio sin normas de género rígidas, donde el adulto reconecta con la infancia sin ser juzgado. Man Cereal es el intento de poner un cordón policial alrededor de un espacio que no lo necesitaba, blindándolo contra cualquier asomo de feminidad.

Una investigación publicada en American Journal of Men’s Health muestra que incluso cuando se intenta vender comida sana a los hombres, se recurre a los mismos ideales hegemónicos de masculinidad para hacerla atractiva. “La alimentación saludable se vende eficazmente a los hombres evocando una masculinidad mejorada a través de la dieta”, concluyen los investigadores. Hasta la zanahoria necesita llevar un escudo. La masculinidad hegemónica lo coloniza todo: no hay rincón del supermercado, ni del desayuno, ni de la identidad, que se libre.

El problema no es la masculinidad. El problema es la industria que se lucra de convertirla en una jaula y venderte la llave.

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Xataka | La locura de los productos proteicos está invadiendo los supermercados. Y por eso ahora tenemos atún para machos



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Si la pregunta es qué hace el módulo europeo de Orion entre altavoces gigantes, la respuesta son pruebas extremas de la NASA

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Cuando hablamos de Artemis casi siempre miramos hacia el mismo lugar: la NASA, el cohete SLS, la cápsula Orion y ese plan para volver a llevar astronautas a la superficie de la Luna. Tiene sentido, porque Estados Unidos lidera el programa y buena parte del imaginario espacial sigue girando alrededor de sus misiones. Pero esa lectura se queda corta. Artemis no es solo una historia estadounidense.También es una arquitectura internacional, y en esa arquitectura Europa tiene una pieza mucho más importante de lo que suele parecer a primera vista.

Ese papel acaba de concretarse en un hito muy visible. Airbus Space anunció recientemente que el ESM-3, el tercer Módulo de Servicio Europeo de Orion y la unidad destinada a Artemis III, tenía instaladas sus cuatro alas solares. Es una imagen potente porque resume bien la naturaleza del proyecto: una nave estadounidense con una parte esencial desarrollada al otro lado del Atlántico. El módulo, construido por el gigante aeroespacial para la Agencia Espacial Europea, utilizará esas alas para proporcionar energía eléctrica a Orion durante su misión, aunque todavía queda trabajo por delante antes de que el conjunto pueda considerarse listo para volar.

El ESM tiene una función mucho más profunda que la que puede sugerir una imagen de paneles solares recién instalados. En la arquitectura de Orion, este módulo se coloca bajo la cápsula donde viajan los astronautas y concentra sistemas que resultan indispensables para la misión. La NASA explica que proporciona electricidad, propulsión, control térmico, aire y agua, además de servir de apoyo a la nave durante el vuelo. Por eso su papel no se entiende como una contribución simbólica, sino como una parte operativa del vehículo.

Una prueba en tierra, entre altavoces y ruido

Lo siguiente, sin embargo, no ha sido una escena de esas que asociamos de inmediato con el espacio. Airbus Space señaló el pasado 6 de mayo que el próximo paso era una prueba acústica, un ensayo en tierra pensado para comprobar cómo responde la nave al entorno extremo del lanzamiento. Dicho de forma sencilla: antes de pensar en acoplamientos, órbitas o misiones tripuladas, el módulo tenía que enfrentarse al ruido y las vibraciones que se producen cuando el cohete despega.

Ese ensayo ya ha empezado a materializarse. La NASA ha mostrado el módulo de servicio de Orion para Artemis III durante sus pruebas acústicas en el Kennedy Space Center, rodeado por un muro de altavoces de alta potencia para simular el sonido y las vibraciones del lanzamiento. Según el centro, estos ensayos ayudan a medir cómo responde la estructura, verificar la integridad física de la nave, proteger la aviónica sensible y las interfaces de propulsión, y detectar posibles problemas en tierra mucho antes del día del lanzamiento. 

Modulo De Servicio Europeo 2
Modulo De Servicio Europeo 2

Este tipo de ensayo se conoce como prueba acústica de campo directo, o D-FAT, y consiste en rodear el hardware espacial con una matriz de altavoces de alta potencia para reproducir el entorno acústico del lanzamiento. En pruebas equivalentes del Módulo de Servicio Europeo de Orion, la ESA ha hablado de más de 200 altavoces y más de 140 decibelios. No es una rareza nueva: NASA ya sometía los vehículos Apollo a pruebas vibroacústicas en los años sesenta para comprobar cómo respondían sus estructuras y sistemas al ruido y las vibraciones esperadas durante el vuelo.

Que este ensayo haya llegado ahora no convierte al módulo en una pieza lista para volar, pero sí marca otro avance dentro de la preparación de Orion para Artemis III. Y ahí el contexto importa, porque la misión en la que debe participar este módulo ya no se cuenta exactamente igual que hace unos meses.

Modulo De Servicio Europeo 1
Modulo De Servicio Europeo 1

Artemis III fue durante mucho tiempo la misión asociada al regreso de astronautas a la superficie lunar, pero NASA ha reordenado el calendario y ahora la sitúa como una misión de demostración en órbita baja terrestre. El plan pasa por lanzar a cuatro astronautas en Orion, sobre el SLS, para ensayar maniobras de encuentro y acoplamiento con uno o dos vehículos comerciales de aterrizaje lunar de SpaceX y Blue Origin. No es el final del objetivo lunar, sino un paso intermedio para probar una arquitectura que todavía necesita encajar muchas piezas.

El interés de este módulo se entiende mejor precisamente por ese nuevo papel de Artemis III. Si la misión servirá para comprobar acoplamientos y operaciones con vehículos comerciales, Orion tendrá que actuar como plataforma tripulada dentro de un ensayo mucho más amplio que un simple vuelo de prueba. En ese escenario, el ESM-3 no es una contribución periférica, sino una parte integrada en la nave en la que viajarán los astronautas. Europa, por tanto, no aparece solo en los comunicados de cooperación: aparece en la maquinaria que tiene que hacer funcionar la misión.

La paradoja resume bastante bien el momento. Europa acaba de completar una parte visible de la preparación del módulo que viajará con Orion, y su siguiente examen no ha estado en la Luna, ni siquiera en órbita, sino entre ruido, vibraciones y altavoces dentro de una prueba en tierra. Esa es también la realidad de Artemis: grandes objetivos lunares sostenidos por una larga sucesión de pasos técnicos, industriales y muchas veces poco vistosos. En esa cadena, el ESM-3 deja claro que el regreso a la superficie lunar no se está preparando solo desde Estados Unidos.

Imágenes | Airbus Space | NASA

En Xataka | La Tierra tiene un compañero de viaje desde hace millones de años y no sabemos de dónde salió, pero hay una nave preparada para darnos respuestas

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Un ingeniero de Atlassian fue despedido. Acto seguido publicó un vídeo en YouTube explicando cómo funciona la empresa

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“Recientemente me vi afectado por los despidos realizados por Atlassian y quería tomarme un tiempo para reflexionar sobre el tiempo que pasé trabajando allí”. Así da comienzo el vídeo que ha compartido Vasilios Syrakis en su canal de YouTube. El vídeo, titulado “He sido despedido por Atlassian” parece que vaya a ser una crítica a la empresa. Es algo mucho mejor. 

Qué ha pasado. El pasado 11 de marzo, Atlassian, la empresa detrás de software como Jira o Trello, anunció que iba a reducir su plantilla un 10%, lo que se traduce en unos 1.600 trabajadores de patitas en la calle. El motivo, cómo no, fue la IA. En palabras de la empresa: “Nuestro enfoque no es que la IA reemplace a las personas, pero sería deshonesto fingir que la IA no modifica la combinación de habilidades que necesitamos ni el número de roles requeridos en ciertas áreas”. Uno de esos roles fue el de Vasilios. 

La respuesta.  En lugar de grabarse criticando la decisión de la empresa, este ingeniero optó por algo diferente. Lo que hizo fue publicar una descripción detallada, de 38 minutos, sobre todo lo que construyó durante los ocho años que trabajó en la empresa. Su vídeo es una masterclass sobre cómo funciona la arquitectura de una empresa de la talla de Atlassian y sirve dos objetivos: convierte su experiencia en un bien común y a la vez es una carta de presentación para futuros empleos. 

Lo que hizo. Vasilios no tenía un rol menor en Atlassian, sino que durante ocho años, trabajó en la la “fontanería” invisible que conecta a millones de usuarios con Jira y Confluence. En el vídeo detalla cómo funciona Open Service Broker, la plataforma interna que construyó para que los equipos de Atlassian pudieran publicar sus servicios en internet con un clic; también el sistema Sovereign, que actúa como “cerebro” de los más de mil  proxies; y cómo reconstruyó la seguridad para que todos los servicios internos heredaran la misma autenticación y seguridad ante ataques sin tener que escribirla uno a uno.

El contexto. En el anuncio, Atlassian admite que está consiguiendo muy buenos resultados. En febrero de 2026 publicaron sus resultados, en los que presumían de un aumento del 23% en sus ingresos totales, que alcanzaron los 1.586 millones, y un crecimiento del 26% en ingresos de la nube. A pesar de que la empresa va como un tiro, un 10% de su plantilla acabó en la calle, incluyendo ingenieros con roles tan importantes como el de Vasilios. 

Tal y como comentan en el subreddit de Experienced Devs, Vasilios es cuidadoso y en el vídeo no parece mencionar información confidencial de la empresa, sino que se limita a hablar del diseño de sus sistemas, por lo que no tiene pinta de que puedan denunciarle. En el momento de escribir estas líneas, Atlassian no se ha pronunciado acerca del vídeo, que ya lleva casi un millón de visitas. 

Imagen  | Vasilios Syrakis, YouTube

En Xataka | “Culpan a la IA de despidos que harían de todos modos”: Sam Altman confirma que la IA se ha usado como excusa para despedir

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Hay una industria millonaria vendiendo estoicismo en internet. Su receta del éxito es hacer justo lo contrario de lo que dice el estoicismo

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“Mi padre está enganchado al estoicismo”. Hace unos días, un usuario de Reddit contaba que, en los últimos seis meses, su padre se había metido hasta el fondo en todo tipo de vídeos de Youtube sobre estoicismo. “Se pasa horas viendo […] lo que parece basura de autoayuda generada por IA, hecha para validar el ego y aumentar la paranoia de la gente”. 

“Lo raro es que el estoicismo de verdad parece que está hecho para enseñarte autocontrol y disciplina emocional, pero él se ha vuelto más reactivo, cínico y crítico”, explicaba. Y, realmente, no es raro en absoluto.

‘Estoico’ es un jugador de fútbol

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Shiromani Kant

Lo cierto es que, hoy por hoy, convertirse en estoico no significa leer a Marco Aurelio sino seguir cuentas, comprar libros, suscribirse a newsletters, ver vídeos y consumir contenido. Un contenido que, por cierto, está colindando con la psicología popular, las “tácticas de manipulación de la CIA”, los juegos mentales, las técnicas para “leer a la gente” y otros géneros del pensamiento conspiranoico.

Llevamos años escuchando que la filosofía “ha vuelto”, que la masculinidad está en crisis y no para de buscar opciones alternativas, que un puñado de ideas de hace 2000 y pico años están cambiando la forma en la miles de personas se enfrentan a su día a día. Es hora de tratar a esa “ola” como lo que es: una enorme mentira

Busquemos donde busquemos (y salvo un pequeño grupo de divulgadores que caben en el maletero de un coche) el estoicismo no es un movimiento filosófico real ni una práctica colectiva. El estoicismo moderno es un nicho de mercado para creadores de contenido —libros, newsletters, suscripciones, merchandising, cursos— que viven precisamente del malestar que dicen aliviar. 

El boom del estoicismo pop

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Jan Demiralp

Como he contado en otras ocasiones, en 1965, durante la guerra de Vietnam, el piloto James B. Stockdale volvía de una misión de combate cuando fue alcanzado por fuego enemigo. Pasó siete años en unas condiciones indecibles; entre torturas y vejaciones diseñadas específicamente para romperlo por dentro. Pero tuvo suerte.

Según sus propias palabras, lo único que le ayudó a superar el cautiverio fue los recuerdos de un pequeño libro que le habían dado durante su paso por la universidad: el Enquiridion, el libro más conocido de Epicteto, uno de los grandes filósofos estoicos de la historia y a quién se suele atribuir el lema “sustine et abstine” (“soporta y renuncia”).

En él, en el Enquiridion, Stockdale comprendió que la “mente reflexiva” podía distanciarse de la emoción bruta e instintiva y, volver sobre lo vivido, con claridad de juicio y ecuanimidad para encontrar la paz mental. No sólo lo comprendió, sino que pasó buena parte del resto de su vida divulgándolo y defendiéndolo. En términos generales, Stockdale es la pieza fundamental de la reconversión de la filosofía estoica clásica en cultura pop; el lugar donde Epicteto se conecta con el capitalismo tardío de EEUU.

Cuento esto para dejar claro que la moda del estoicismo no tiene nada de nuevo. Lleva medio siglo en ascenso y, al menos una década, totalmente desbocado. Lo que ha pasado en los últimos años es que ese ‘boom’ se ha consolidado como industria. El subreddir r/Stoicism (de donde sacaba la historia que abre este texto) pasó de 840 miembros en 2012 a 610.000 en 2024. En TikTok, el hashtag #stoicism reune 645.000 publicaciones. 

Ryan Holiday ha vendido más de 10 millones de ejemplares de ‘The Daily Stoic’, tiene más de tres millones de seguidores en Instagram y dos en YouTube. Y, en español, también tenemos ejemplos de este género de la autoayuda filosófica. 

¿Autoayuda filosófica?

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Podríamos pensar que calificar de “autoayuda” a una filosofía de más de 2000 años es un atrevimiento por mi parte. Sin embargo, la crítica académica especializada en el estoicismo ha llegado (le ha costado, pero ha llegado) a la misma conclusión. Massimo Pigliucci (profesor del City College of New York y uno de los neo-estoicos más importantes y rigurosos) acuñó el término ‘broicism’ en 2019 para descubrir la apropiación ‘masculinista’ de esta escuela filosófica. 

En 2022, Mark Dery publicó “How Stoicism Became Broicism“. Se trata de un texto muy interesante (y discutible en algunos puntos) que radiografía muy claramente el problema del que estoy hablando. En 2025, de hecho, el investigador Erhan Ağaoğlu publicó un análisis sobre el estoicismo en TikTok que  deja claro la identificación entre ese “estoicismo” y los patrones de agresión, autoaislamiento, self-improvement y la reivindicación de la masculinidad tradicional. 

Hay quien opina que esto es problemático y quien defiende que no. De lo que no hay duda es de que no es estoicismo ni clásico, ni moderno, ni de ningún tipo. Es, en todo caso, ‘pseudo-filosofía ultraprocesada’ lista para consumir en el contexto de la economía de la atención. Una muy exitosa, eso sí: no todos los productos cultural muestran esa capacidad para escalar de esta forma tan marcada. 

¿Por qué está pasando esto? 

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Jaime Spaniol

Los sociólogos que están trabajando en el tema coinciden en que hay, al menos, tres factores que lo explican. El primero es la “sustitución de los marcos tradicionales relacionados con la comunidad presencial (religiosa o no)”. La hipótesis es que ha surgido un sector de la población (especialmente joven y masculino) que no tiene ‘marcos de sentido’ para gestionar la adversidad. El estoicismo, como todos los movimientos que están surgiendo a su alrededor, se han convertido en una especie de ‘caja de herramientas emocional’ sin componente religioso ni terapeúrico.

El segundo factor sería cierta “crisis de la masculinidad”. Esa crisis es la que llevan tratando de suturar los ‘influencers de la manosfera’ desde Jordan Peterson y es parta de los movimientos tectónicos que están convirtiendo en ‘pseudofilosofía’ el estoicismo.

Por último, la ‘plataformización de absolutamente todo’. Es decir, las dinámicas que facilitan y promueven plataformas como TikTok, Instagram, YouTube o X. Donde algunas personas quieren ver un renovado interés por la filosofía, hay un push de los algoritmos por el contenido breve, imperativo y motivacional

¿Y qué problema hay con todo esto?

La primera consecuencia de este fenómeno es que lo que ahora entendemos como ‘estoicismo’ no se parece en nada al estoicismo clásico. Pero seguramente eso no es lo más importante. Porque la gran consecuencia de todo esto es que el debate público se está contaminando de un discurso que es estructuralmente falaz. 

Al fin y al cabo, la industria que vende ‘estoicismo’ necesita que su mercancía no funcione, que nadie alcance la ‘serenidad prometida’.  Está estructuralmente viciada para hacer, una y otra vez, cosas que no funcionen realmente. 

Y ahí está la trampa: como nos ha enseñado la psicología conductual, cuando algo que solemos hacer deja de funcionar, nuestra primera reacción no es dejar de hacerlo. Es hacerlo con más fuerza, más a menudo, con más insistencia. Así hasta que terminamos rotos.

Y lo cierto es que ya nos estamos rompiendo.

Imagen | Xataka

En Xataka | Qué es el estoicismo, la filosofía griega de hace 2.000 años que hoy se ha vuelto a poner de moda

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