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una pelea real con Bruce Lee donde no había límites

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En los años 60, en Estados Unidos ya funcionaban decenas de escuelas de artes marciales abiertas al público, algo impensable apenas dos décadas antes fuera de Asia. En ese mismo periodo, algunos combates reales entre practicantes de distintos estilos se resolvían en espacios privados y sin regulación oficial, lejos de cualquier formato deportivo. De hecho, no sería hasta los años 90 cuando competiciones como el Ultimate Fighting Championship empezarían a sistematizar ese tipo de enfrentamientos entre disciplinas diferentes.

Una rivalidad local convertida en leyenda. En la California de 1964, mucho antes de que Bruce Lee se transformara en icono mundial, ya se había ganado una reputación incómoda dentro de la comunidad china de las artes marciales. Era joven, brillante, provocador y cada vez más convencido de que muchos estilos tradicionales estaban repletos de formas bellas y gran plasticidad, pero poco útiles si de lo que se trata es de una pelea de verdad. 

Plus: su discurso, sus demostraciones públicas y su decisión de enseñar a cualquiera, sin importar raza ni procedencia, lo colocaron en el centro de una tensión que iba mucho más allá del ego personal. En aquel clima de crispación con el personaje apareció un tipo llamado Wong Jack Man, otro maestro joven, pero de perfil diametralmente opuesto, más silencioso, más clásico y más vinculado a una idea disciplinada y tradicional del kung fu. El choque entre ambos no tardaría en adquirir la forma inevitable de un ajuste de cuentas.

Una pelea real con el mito. Lo decisivo de aquel combate en ciernes no era solo quién iba a pegar primero ni cuánto duró exactamente, sino el simple hecho de que alguien aceptara siquiera medirse con Lee en las condiciones más incómodas posibles: un enfrentamiento privado, tenso y prácticamente sin reglas, donde ambos entendían que no se trataba de una simple exhibición, sino de tumbar al rival como fuera

Como en toda batalla del pasado de la que solo tenemos las palabras, cuentan que Wong quería introducir ciertos límites elementales, pero la versión más repetida sostiene que Bruce impuso su idea de pelea total, una prueba real, sin concesiones, sin red de seguridad y sin el amparo del espectáculo. Ahí estaba la verdadera magnitud del episodio: no era un torneo, ni una coreografía, ni una demostración pública para impresionar a alumnos o curiosos, sino un choque físico entre dos concepciones del combate, dos temperamentos y dos formas de entender las artes marciales. Que alguien decidiera plantarse delante de Bruce Lee en ese contexto explica por qué el episodio ha sobrevivido décadas como una de las historias más fascinantes (y más difíciles) de fijar del mito de Lee.

Wong Jack Man
Wong Jack Man

Wong Jack Man

Dos estilos opuestos. La imagen popular invita a imaginar una escena casi cinematográfica, dos maestros lanzando técnicas perfectas en un duelo solemne, pero los relatos coinciden en algo mucho más terrenal: aquello fue un combate desordenado, brusco, agotador y muy alejado del ideal romántico del kung fu. 

La mayoría de los relatos concuerdan con un inicio donde Bruce salió con una agresividad desbordante, buscando cerrar distancia, encadenar golpes rectos y no dar respiro. Wong, en cambio, optó por moverse, esquivar, defenderse y tratar de contener el vendaval sin desplegar del todo su arsenal más peligroso, especialmente sus patadas de largo alcance. No fue, en cualquier caso, una pelea “bonita”, sino una colisión incómoda entre la velocidad icónica de Lee y la resistencia evasiva de Wong. Precisamente por eso el enfrentamiento ha importado tanto: porque despojó a las artes marciales de buena parte de su teatralidad y dejó al descubierto algo más crudo y revelador.

Bruce Lee In Enter The Dragon
Bruce Lee In Enter The Dragon

Bruce Lee en un fotograma de Enter The Dragon

La gran disputa imposible de cerrar. Lo que ocurrió exactamente dentro de aquella sala sigue siendo una de las controversias más persistentes de la historia de Bruce Lee y de las artes marciales. La versión de su mujer, Linda Lee, sostiene que Bruce arrolló a Wong en pocos minutos, lo persiguió cuando este empezó a retroceder y terminó forzándolo a rendirse en el suelo. Wong Jack Man defendió justo lo contrario: que Bruce atacó como un toro salvaje, que la pelea duró más de veinte minutos y que no hubo victoria clara, sino agotamiento y final confuso. 

Un tercer testimonio, el del maestro William Chen, se mueve en una zona intermedia y habla de un combate largo, igualado y sin desenlace limpio. Esa disparidad ha alimentado el mito durante décadas, pero también deja ver una verdad de fondo: las peleas reales rara vez se parecen a los relatos heroicos posteriores, y muchos menos a las películas del propio Lee. Cada bando recuerda lo sucedido según su orgullo, su memoria y la necesidad de proteger una reputación que ya entonces estaba en juego.

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Fotograma de Game of Death

Más que una pelea. Si se quiere también, aquel combate no solo enfrentó a dos hombres, sino a dos paradigmas. Bruce Lee llevaba tiempo denunciando lo que consideraba un “desorden clásico” de posturas rígidas, movimientos vistosos y técnicas poco prácticas para la calle. Frente a eso defendía una idea casi revolucionaria para la época: que lo importante no era la pureza del estilo, sino la eficacia real. 

Wong representaba, al menos simbólicamente, el otro polo: la elegancia de la tradición, la autoridad del linaje, la disciplina de los sistemas establecidos. Por eso aquella noche de Oakland ha terminado siendo leída como una especie de ensayo general de lo que décadas después sería el debate central de las artes marciales mixtas. Más que una pelea sobre honor personal, fue una prueba brutal sobre qué partes del kung fu sobrevivían cuando se eliminaban el ritual y la retórica.

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El orgullo de Lee. Posiblemente también, esta fue la consecuencia más importante de todas. Incluso aceptando la versión más favorable a Bruce Lee, la pelea no se desarrolló como él esperaba. No parece que obtuviera una victoria limpia, rápida y aplastante, sino un combate más bien sucio que le dejó exhausto, frustrado y con la sensación de que su sistema todavía tenía limitaciones serias. 

Según sus propias palabras, perseguir a su rival y golpearlo sin rematarlo como quería le hizo comprender que la modalidad del Wing Chun no le bastaba. Ese choque con la realidad fue el detonante de una revisión profunda de su entrenamiento, de su preparación física y de su filosofía de combate. Por su puesto, la pelea con Wong Jack Man no destruyó a Bruce Lee, pero hizo algo más importante: lo obligó a reinventarse.

El camino hacia el Jeet Kune Do. Tras el combate, Lee intensificó su entrenamiento y empezó a construir con mayor claridad lo que acabaría siendo el Jeet Kune Do, no solo como método de lucha, sino como principio intelectual. Abandonó la obediencia ciega a un solo sistema y comenzó a absorber lo útil viniera de donde viniera: Wing Chun, boxeo occidental, esgrima, lucha, preparación física moderna y una obsesión creciente por la economía del movimiento. 

De hecho, la famosa idea y hoy slogan publicitario de “ser como el agua” no era un brindis al sol ni una frase bonita para entrevistas, sino la respuesta práctica a una noche en la que descubrió que la ortodoxia podía fallar. En ese sentido, Wong Jack Man ocupa un lugar singular en la historia del mito, una donde, quizá no fue el hombre que lo derrotó, pero sí fue uno de los pocos que logró empujarlo hasta el punto exacto donde la leyenda tuvo que cambiar para hacerse más peligrosa, moderna y real.

Una historia sin cierre. Con el paso del tiempo, Bruce Lee se convirtió en estrella mundial, Wong Jack Man quedó en una penumbra mucho más discreta y el combate adquirió una dimensión casi mitológica. Películas, biografías, artículos y testimonios contradictorios han intentado fijar una verdad definitiva, aunque quizá esa verdad completa ya no exista. Con todo, lo que permanece es algo mucho más valioso que dio incluso para una película: la certeza de que, en un pequeño gimnasio de Oakland, dos hombres se midieron en una pelea que importaba de verdad, con reputaciones, ideas y futuros enteros comprimidos en unos pocos minutos de violencia. 

Posiblemente también, ese es el motivo por el que la historia sigue viva. No porque pueda demostrarse cada golpe o patada, sino porque resume un instante irrepetible: el momento en que alguien se atrevió a poner a prueba al mismísimo Bruce Lee en el terreno más incómodo posible, y de esa colisión salió reforzada no solo una leyenda, sino toda una nueva manera de entender el combate.

Imagen | Golden Harvest, Wikimedia

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Acusación contra el actor Kim Soo-hyun: reportan que la fiscalía de Corea del Sur congeló los bienes de comunicador señalado de fabricar pruebas

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

Autoridades de Corea del Sur aprobaron el congelamiento parcial de algunos de los bienes del director del Instituto Garo Sero, Kim Se-ui en el marco de la investigación abierta contra el actor Kim Soo-hyun presuntamente responsable de la muerte de la actriz Kim Sae-ron. 

Según información de medios especializados, Kim Soo-hyun habría demandado al comunicador por la cantidad de 12 mil millones de wones (7 millones 931 mil 761 dólares) como indemnización por daños a su imagen personal y pública tras haber emitido falsas declaraciones que apuntaban a un romance con Kim Sae-ron cuando esta era menor de edad. 

Destacan que dicha cifra podría incrementar a 30 mil millones de wones (19 millones 814 mil 340 dólares) aunque por el momento no ha habido una declaración oficial.

El comunicador Kim Se-ui es dueño de un condominio ubicado en el distrito de Gangnam —zona de más valor ecónomico en Seúl, Corea del Sur— los departamentos Hanyang en Apgujeong-dong quedaron decomisados por la fiscalía como parte del proceso, según reportan los mismos medios locales. 

Asimismo un departamento más en Seocho-gu cuyo valor en el mercado es superior a 10 mil millones de wones (6 millones 604 mil 455 dólares) quedó bajo jurisdicción de las autoridades.

Cabe recordar que, el comunicador Kim Se-ui permanece detenido por múltiples cargos en su contra relacionados con el caso de la muerte de la actriz Kim Sae-ron luego de que este presentara una campaña de desprestigio contra el actor Kim Soo-hyun en la que afirmó que ambos mantenían una relación sentimental mientras ella era menor de edad así como manipular las pruebas presentadas durante las audiencias. 

¿Qué le pasó a Kim Sae-ron?

La actriz surcoreana de 24 años de edad fue localizada sin vida al interior de su domicilio luego de que un familiar acudiera al inmueble. El hecho ocurrió meses después de que esta fue detenida por conducir en estado de ebriedad, acción que le costó su carrera actoral. 

Posterior a su fallecimiento que, según los medios especializados surcoreanos ocurrió a causa de un suicidio tras la presión por parte del actor Kim Soo-hyun al exigirle el pago de una deuda que ambos mantenían luego de que el intérprete de “It´s Okay not to be Okay” pagara su fianza. 

Según la investigación, ambos habrían sostenido un romance secreto por varios años. Días antes de su muerte, la actriz habría publicado en sus redes sociales una fotografía de ambos que reveló su unión. 

Actualmente la investigación dio un giro luego de que se comprobara que el director del Instituto Garo Sero habría fabricado pruebas en su contra para dañar su imagen en medio de su juicio. 

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la ambición va mucho más allá del registro

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Las personas, según el lugar del mundo en el que vivan, tienen un DNI, los vehículos tienen un número de bastidor y muchos dispositivos tecnológicos pueden seguirse a través de identificadores únicos. No es solo burocracia: es una forma de saber qué es cada cosa, de dónde viene y qué recorrido ha tenido. China quiere llevar ahora esa lógica a los robots humanoides. Y no hablamos de una etiqueta comercial ni de un simple número de serie, sino de una identidad pensada para acompañar a cada máquina durante toda su vida útil.

El movimiento se presentó en la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Pekín, durante una reunión de trabajo sobre la plataforma de gestión del ciclo de vida completo de los robots humanoides. Xinhua señala que la norma asociada introduce por primera vez un “código de identidad” de 29 caracteres para cada unidad. No se plantea como una referencia provisional. Según las autoridades, será único e inalterable a lo largo del tiempo.

Y tampoco estamos ante una cadena arbitraria de números. El código se divide en cuatro tramos: dos caracteres para el país, cuatro para identificar al fabricante, seis para el modelo de producto y sus rasgos técnicos, y 17 para el número de serie de cada unidad. La lógica es que el código pueda decir varias cosas a la vez: dónde se fabricó el robot, quién está detrás, a qué modelo y categoría técnica pertenece y cuál es la máquina concreta dentro de esa serie. El objetivo inmediato es pasar del seguimiento por modelo al seguimiento individual.

Un código para ordenar una industria que China quiere escalar

La finalidad, como podemos ver, va bastante más allá de poner nombre y apellidos técnicos a cada robot. SCMP señala que el gobierno busca responder a ciertos desafíos que aparecen con la llegada de humanoides a diferentes entornos. Hablan de reglas de codificación distintas entre empresas, dificultades para reconocer una misma identidad entre sectores y límites poco claros cuando hay que atribuir responsabilidades. Las autoridades, además, quieren que los productos puedan rastrearse para vigilar riesgos. La identidad digital funciona así como una base para ordenar seguridad, mantenimiento, certificación, retirada y reciclaje.

El detalle importante es que Pekín está intentando encajar a los humanoides dentro de un sistema de estándares, no solo dentro de una plataforma tecnológica. Un actor central en todo esto es el comité HEIS, dependiente del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información. Los trabajos se realizan en colaboración con el Instituto de Normalización Electrónica, la Sociedad China de Electrónica y más de 50 entidades. La lista de actores afectados confirma el enfoque: fabricantes, proveedores de servicios, vendedores, usuarios, importadores, recicladores y autoridades de supervisión.

Las cifras ayudan a medir hasta dónde ha llegado por ahora el proyecto. De acuerdo con la mencionada agencia china, la plataforma ha cubierto ya a más de 100 empresas chinas, ha incorporado más de 200 modelos y ha asignado códigos a más de 28.000 robots humanoides. No estamos, por tanto, ante una norma desconectada del tejido industrial. En el acto también firmaron representantes de ciudades como Pekín, Wuhan, Chengdu y Ningbo, integradas en un mecanismo de trabajo que agrupa a 20 ciudades vinculadas a la inteligencia artificial, y más de 30 empresas destacadas del sector.

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El movimiento encaja con una ambición industrial que viene de antes. La Federación Internacional de Robótica sitúa a China como el mayor mercado mundial de robots industriales en 2024, con el 54% de los despliegues globales, 295.000 instalaciones anuales y un parque operativo que ya supera los dos millones de unidades. Además, sus fabricantes vendieron por primera vez más que los proveedores extranjeros dentro del país, con una cuota doméstica del 57%. En paralelo, el MIIT ha señalado que los humanoides tienen potencial para convertirse en un producto disruptivo tras los ordenadores, los smartphones y los vehículos de nueva energía.

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Conviene, aun así, separar la escala de la madurez. El propio IFR coloca a China muy arriba en densidad robótica, el indicador que mide el número de robots por cada 10.000 empleados, con 567, pero por detrás de Corea del Sur, con 1.220, y Singapur, con 818. Japón también conserva una posición muy fuerte: en 2023 fue el segundo mayor mercado mundial de robots industriales y representó el 38% de la producción global. En humanoides, MERICS recuerda que siguen siendo una parte mínima de la producción robótica y que aún no se despliegan a gran escala.

La lectura más interesante está en lo que este sistema anticipa dentro del enfoque chino. Si los humanoides pasan de la demostración al despliegue real, Pekín parece querer que esa transición no dependa solo de IA, sensores o destreza mecánica, sino también de una capa previa de identificación y seguimiento. China está intentando adelantarse a esa fase con una plataforma que convierte cada unidad en un producto reconocible durante todo su recorrido.

Imágenes | UBTECH

En Xataka | Para China, DeepSeek es algo más que una IA: es la clave para crear una industria que les independice de Nvidia

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“Youtubers” triunfan en taquilla: “Backrooms” y “Obsession” lideran las ganancias en Norteamérica

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El público acudió en masa a las salas de cine de Norteamérica este fin de semana. Sin embargo, no fue por la película de gran presupuesto de Star Wars, “The Mandalorian and Grogu”, que se desplomó en su segundo fin de semana de estreno, sino por una cinta de terror de bajo presupuesto de un cineasta debutante de 20 años que comenzó en internet.

Backrooms”, estrenada por A24 en tres mil 442 salas de Estados Unidos y Canadá, recaudó unos asombrosos 81.4 millones de dólares en sus primeros tres días en cines, según estimaciones del estudio difundidas el domingo. Esa cifra quedó a apenas unos cientos de miles de dólares de lo que “The Mandalorian and Grogu” obtuvo en sus primeros tres días el fin de semana pasado; y “Backrooms”, dirigida y coescrita por el creador de YouTube, Kane Parsons, costó sólo 10 millones de dólares producirla.

El éxito desbordante de “Backrooms” ni siquiera perjudicó a “Obsession”, que también marca el debut como director de un youtuber, Curry Barker, de apenas 26 años. Tras tres fines de semana en cartelera, “Obsession”, una película que costó menos de 1 millón de dólares, todavía no ha caído por debajo de lo que recaudó en su fin de semana de estreno. Este fin de semana subió un 10% con otros 26.4 millones de dólares para terminar en segundo lugar, dejando a Star Wars, la película de una franquicia histórica del cineasta veterano y de Walt Disney Studios, en tercero con 25 millones de dólares.

Puede que YouTube no sea, después de todo, la muerte de las salas de cine. Si este fin de semana sirve de indicio, podría ser la nueva gran esperanza de la industria.

Este fue un fin de semana en el que los cines también acogieron los estrenos de “The Breadwinner”, una comedia familiar con clasificación PG protagonizada por el popular comediante Nate Bargatze, y “Pressure”, un sólido drama de la Segunda Guerra Mundial sobre las tensas 72 horas previas al Día D con el ganador del Oscar, Brendan Fraser. Pero fueron los youtubers veinteañeros quienes atrajeron a más público.

Backrooms” comenzó como una “creepypasta”, una leyenda urbana generada en internet, antes de que Parsons convirtiera el concepto, sobre una extensión interminable de habitaciones y pasillos anodinos y deprimentes, en una serie web viral, que realizó con ayuda del software de gráficos 3D de código abierto Blender. Llamó la atención de las productoras de James Wan y Shawn Levy, interesadas en llevarlo al siguiente nivel; pronto se desarrolló una película con Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve como protagonistas.

Tampoco fue solo un éxito nacional; al incluir las exhibiciones internacionales, “Backrooms” ya ha recaudado 118 millones de dólares en todo el mundo. A24 indicó que Parsons es ahora el director más joven en tener una película número 1 a nivel global. También es el mejor estreno en la historia del estudio, cuyo récord anterior era “Civil War”, que abrió con 25.5 millones de dólares en 2024.

La película, con clasificación R, recibió buenas críticas y atrajo a las salas a un público joven y diverso. Según encuestas a la salida, el 86% de la audiencia tenía menos de 35 años, más de la mitad era menor de 25 y el 44% tenía menos de 21. Muchos asistieron en grupos y hubo reportes de funciones agotadas, salas llenas y visionados repetidos. Sin embargo, el público le otorgó una calificación B- en CinemaScore, nada espectacular.

Obsession”, que ya ha recaudado 104.7 millones de dólares en Norteamérica, es ahora el estreno nacional más taquillero de Focus Features. “The Mandalorian and Grogu”, por su parte, cayó alrededor de un 69% respecto a su debut del fin de semana pasado. La película ya ha recaudado 246.6 millones de dólares en todo el mundo.

Estimado de venta en taquillas de viernes a domingo en salas de Estados Unidos y Canadá, según Comscore:

1. “Backrooms”, 81.5 millones de dólares

2. “Obsession”, 26.4 millones

3. “Star Wars: The Mandalorian and Grogu”, 25 millones

4. “Michael”, 11.7 millones.

5. “The Breadwinner”, 7.5 millones

6. “The Devil Wears Prada 2”, 5.9 millones

7. “Pressure”, 5.8 millones

8. “The Sheep Detectives”, 4.6 millones

9. “Passenger”, 2.6 millones

10. “Mortal Kombat II”, 2 millones de dólares

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