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TCL democratizó el MiniLED y ahora lo ha mejorado para convertirlo en premium

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Hace algunos años, si querías conocer de primera mano las prestaciones que se incluían en los nuevos televisores tenías que irte a Japón o Corea del Sur. En la actualidad, Shenzhen se ha convertido en el laboratorio de I+D del que surgen las tecnologías que llegarán a los salones de todo el mundo.

En ese contexto, nos hemos ido hasta China para conocer de primera mano qué ha convertido a TCL en uno de los rivales más serios para las marcas tradicionales. Su buque insignia para 2026, TCL X11L con el nuevo panel Super Quantum Dots MiniLED (SQD MiniLED) es un buen ejemplo del potencial de la marca y su capacidad para fabricar pantallas MiniLED avanzadas con un coste mucho más bajo que otros fabricantes. Esta es nuestra primera toma de contacto del televisor más top del catálogo TCL.

TCL X11L de 98 pulgadas

panel

SQD MiniLED 4K UHD , 144 Hz, 16:9 y 100% de cobertura del espacio de color BT.2020

resolución

3.840 x 2.160 puntos

tamaños disponibles

75, 85 y 98 pulgadas

hdr

Dolby Vision IQ, Dolby Vision, HDR10+, HDR10 y HLG

retroiluminación

WHVA 2.0 Ultra con 20.736 zonas de atenuación local independientes

brillo máximo

10.000 nits (pico)

sistema operativo

Google TV

sonido

4.2.2 canales

Dolby Atmos

DTS Virtual X

Calibrado por Bang & Olufsen

tecnologías para juegos

VRR, ALLM, Game Master

conectividad

4 x HDMI 2.1 

conectividad inalámbrica

WiFi 6

Bluetooth 5.4

dimensiones

2.168 × 1.313 × 420 mm (con soporte)

2.168 × 1.267 × 21 (sin soporte)

peso

67,5 kg (con pies) (98 pulgadas)

precio

4.299 euros para el de 75″

6.499 euros para el de 85″ 

8.999 euros para el de 98″

Su diseño no pasa inadvertido

No se puede negar que el TCL X11L no pasa inadvertido en una sala. Su imponente tamaño y la profundidad de los colores que exhibe acaparó todas las miradas en una sala llena de pantallas y dispositivos de TCL. No es para menos, era un pantallote con una diagonal de 98″ no apto para todos los salones en España.

Tres cosas llaman la atención cuando te acercas. La primera es que, para ser un televisor con tecnología MiniLED con retroiluminación, han conseguir reducir el grosor del televisor a solo 20 mm. Además, su trasera es totalmente plana, por lo que le brinda un aspecto monolítico. La unidad expuesta descansaba sobre unas patas en forma de V invertida para facilitar su movilidad y exposición sin necesidad de instalarla sobre un mueble, pero la versión que llega a los hogares tendrá unas patas más pequeñas.

Por otro lado, llama la atención la ausencia de marcos en la pantalla. Es decir, los píxeles llegan casi de borde a borde del panel, sin dejar el estrecho marco negro de 6 mm habitual en estas pantallas. En definitiva, el X11L es el gama alta de TCL y no se molesta en disimularlo.

Marco
Marco

La unidad a la que hemos tenido acceso era la de 98″, con una presencia impresionante. También está disponible en versiones de 75 y 85 pulgadas.

La estrella indiscutible: el panel SQD MiniLED

El mayor argumento de este televisor es, sin lugar a duda, el de la nueva pantalla SQD MiniLED que se estrena con varias tecnologías que la convierten en la primera de una nueva generación de la tecnología MiniLED, unida al desarrollo de una nueva formulación para los nanocristales Quantum Dots.

Por un lado, la matriz de MiniLEDs que retroiluminan este panel han reducido su tamaño con respecto a la generación anterior y se también se ha desarrollado un nuevo encapsulado diseñado en silicona en lugar de policarbonato que actúa como una “minilente” que evita la dispersión de la luz y la concentra en el panel LCD.

Tv 1
Tv 1

Gracias a ese nuevo diseño, TCL ha conseguido elevar el brillo por encima de los 10.000 nits de brillo pico. Es decir, aunque la pantalla es una de las más brillantes que he tenido delante, no alcanza ese brillo en toda la pantalla todo el rato, sino que solo se alcanzan esos niveles en momentos puntuales y únicamente en destellos o brillos especulares.

La propia construcción del panel se ha mejorado para reducir la distancia óptica entre los MiniLEDs y el panel, de forma que no solo se mejora la concentración de la luz, sino que esta está más cerca para aprovecharla al máximo. Esa reducción también es uno de los motivos por los que TCL ha podido fabricar un televisor MiniLED con un grosor de solo 20 mm. No llega a los niveles de delgadez de los OLED, pero no está nada mal para ser un televisor con retroilumación.

Paralelamente a esa mejora en el brillo, el nuevo panel recibe su nombre de los SQD (Super Quantum Dots) una reformulación de los nanocristales con los que se consiguen mejores resultados en términos de potencia nueva formulación química de los nanocristales Quantum Dot que mejora la representación de color y potencia su intensidad.

Esta nueva formulación patentada en exclusiva por TCL permite que el volumen de color, es decir, el número de matices diferentes de un mismo color que el panel puede representar también crezca, hasta alcanzar el 100% del espacio de color BT.2020 que se utiliza en ámbitos cinematográficos.

Panel
Panel

La suma de una pantalla de gran formato, un brillo de locos y un mayor volumen de color deja como resultado una de las mejores experiencias visuales que ofrece el mercado actual.

La mayor riqueza de color hace que las imágenes adquieran una mayor profundidad y realismo, con colores vivos y manteniendo el control de las luces altas para evitar lo que se denomina “clipping” o un exceso de iluminación en las zonas más brillantes evitando que se conviertan en una mancha blanca en la pantalla y sigan mostrando detalles y colores vivos.

Tv 3
Tv 3

La miniaturización de los diodos LED y su encapsulado ha permitido aumentar la densidad de puntos luz incrementando de ese modo las zonas de atenuación. Según la diagonal de la pantalla, el número de zonas varía entre las 20.736 zonas de atenuación local del modelo de 98 pulgadas, a las 14.400 de los televisores de 85 pulgadas o las 11.520 zonas del modelo de 75 pulgadas.

Algo que también me sorprendió, y más en una pantalla tan grande, fueron los ángulos de visión. Habitualmente, las pantallas basadas en tecnología VA tienden a lavar los colores y a perder contraste a medida que se va inclinando el ángulo de visión. Sin embargo, el X11L ha conseguido mantener el tipo y no se aprecian cambios en la intensidad hasta que prácticamente se alcanzan los 90°. Aún así, la pérdida tampoco es significativa.

Un mando pensado para el usuario

En realidad, el mando a distancia es uno de los responsables accidentales de que hoy puedas estar leyendo estas primeras impresiones. Pedí al responsable de la demostración poder ver el mando y amablemente me cedió el control del televisor. Una cosa llevó a la otra y, casi sin querer pude probar la calidad de imagen con distintos modos de imagen, ajustes e iluminaciones.

Mando 2
Mando 2

No te voy a engañar, el sistema operativo Google TV estaba en chino, por lo que no me atreví a adentrarme demasiado en sus menús, pero sí lo suficiente para hacerme una idea de su calidad más allá del acotado modo de demostración ajustados por TCL para dejar a su televisor en buen lugar.

Las sensaciones con este mando son muy buenas, es un mando sencillo, sin demasiados botones y retroiluminado en blanco, pero sin el minimalismo extremo de los mandos de Samsung. Construido en lo que parecía metal (si era plástico estaba muy logrado) y con la peculiaridad de añadir dos botones en el lateral que te permiten cambiar el brillo de la pantalla y el modo de imagen, sin tener que navegar por distintos menús para cambiarlo.

Mando 4
Mando 4

Por ejemplo, al pasar de ver una película o una serie con el modo Filmmaker a ver un partido de fútbol con el modo Estándar, basta con pulsar ese botón y seleccionarlo, no tienes que navegar por dos o tres menús de opciones de imagen.

Este botón fue el que me dio pie a cambiar el modo de imagen “perfecto” para las demostraciones, y poder formarme una idea más realistas de cómo se representan los colores en otros modos de imagen. Te lo adelanto: lo hace muy bien. Con el Filmmaker no pecan de puristas y TCL lo ha ajustado muy bien, manteniendo el equilibrio en la calibración, y evitando esa sensación tan habitual en este modo de que está demasiado oscuro. Todo ello teniendo en cuenta que el lugar donde nos encontrábamos era un espacio muy iluminado.

Tv
Tv

El extraordinario brillo de la X11L permite incrementar puntualmente la intensidad del brillo para adaptarlo a la iluminación de la sala, por lo que puedes subir un poco este parámetro desde el mando cuando es de día y el salón está muy iluminado, o reducirlo por la noche para hacer más confortable la visualización del contenido.

Altavoz
Altavoz

En cuanto al sonido se da una situación poco habitual. Hemos podido ver los altavoces, pero no pudimos escucharlos. El televisor cuenta con un sistema de sonido compatible con Dolby Atmos y ajustado por Bang & Olufsen distribuido en una configuración de 4.2.2 canales.

Curiosamente, en una de las demostraciones técnicas del X11L nos mostraron los altavoces que montaba este modelo: dos módulos para bajos en la trasera, dos altavoces ubicados cerca de las esquinas superiores que proporcionan la direccionalidad y la emulación del sonido envolvente, así como los dos grupos de altavoces frontales y el módulo central. Todos ellos formados por dos tweeters y uno de rango medio. Los componentes prometían. Por alguna razón, a nadie se le ocurrió que tal vez sería interesante verlos en acción.

Altavoces
Altavoces

Las demos disponibles en las X11L eran de imagen, pero no tenían sonido, por lo que realmente, no puedo contarte qué me pareció el televisor en este aspecto.

En la presentación en sociedad de la X11L también se reveló el precio de este modelo. Es el buque insignia de TCL y sus tamaños ya apuntan a que va dirigido a un perfil de cliente muy específico. El precio de venta recomendado para el modelo de 75 pulgadas es de 4.299 euros para el modelo de 75″, de 6.499 euros para el de 85 pulgadas y de 8.999 euros para el espectacular televisor de 98″ que hemos probado.

En Xataka | TCL se ha colado en el mercado de los televisores haciendo lo que parecía imposible: democratizar el Mini-LED

ues de anuncios individuales.

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Acabamos de confirmar, para sorpresa de nadie, que los dentistas neandertales eran auténticos carniceros

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Ir al dentista o tener cirujanos maxilofaciales para muchas personas puede ser algo que surgió con nuestra especie y nuestro gran intelecto, puesto que no concebimos que en la época prehistórica nuestros antepasados estuvieran preocupados por sus dientes. Pero ahora sabemos que los neandertales contaban con dentistas, aunque lógicamente con las técnicas de la época. 

Una evolución. Hasta ahora sabíamos que los neandertales utilizaban pequeños palillos de madera para limpiarse los restos de comida, algo que, para ser justos, también hacen algunos primates modernos. Sin embargo, un nuevo hallazgo en las gélidas montañas de Siberia acaba de volar por los aires lo que creíamos saber sobre la medicina prehistórica. 

Y es que no era un simple instinto, ya que los neandertales sabían localizar el origen de un dolor agudo y utilizar herramientas de piedra para realizar intervenciones dentales invasivas como las que nos pueden hacer hoy. Aunque lógicamente ya no tenemos la piedra como material quirúrgico. 

El paciente cero. El descubrimiento protagonista de esta historia ha sido bautizado como ‘Chagyrskaya 64’, y no es más que un segundo molar inferior izquierdo que pertenecía a una persona adulta que habitó la cueva de Chagyrskaya en el macizo de Altái en Rusia. Hasta sabemos que pertenecía a un grupo que representaba a las poblaciones neandertales más orientales conocidas. 

Diente
Diente

Vía: PLOS. Imágenes del diente analizado por los investigadores.

Un diente. A simple vista, el diente presentaba una cavidad enorme e inusual en su parte superior por donde cumple la función de masticación. Al principio, la arqueología achacaba esto al desgaste natural de la pieza por la fricción a la hora de masticar alimentos duros o simplemente por haber recibido un golpe. 

Sin embargo, los bordes de la cavidad eran suaves y redondeados, por lo que se descartaba completamente la rotura accidental. Además, la cámara pulpar, que no es más que la parte interna del diente, estaba ensanchada de una manera que el desgaste no podía explicar. 

Lo que ocurría. La respuesta a todo se centra en que el diente contaba con ua caries severa que alguien intentó curar por la fuerza, quitando toda la zona del diente que estaba en ‘peor’ estado. Y seguramente el dolor que se siente con una caries de un tamaño considerable que llega a la zona nerviosa del diente fue el desencadenante de tener que hacer esta técnica. 

Odontología rústica. Para demostrar que este agujero fue hecho a propósito, el equipo de investigación recurrió a la microtomografía computarizada y a un exhaustivo análisis traceológico para ver las huellas de uso. Aquí lo que se vio es que las paredes de la cavidad tenían microsurcos escalonados en forma de V, idénticos a los que deja un perforador lítico, que era una herramienta de piedra afilada. 

Y para confirmarlo, los expertos realizaron arqueología experimental, replicando el proceso de perforación y rotación en molares humanos ‘modernos’. Y las marcas coincidían a la perfección. 

Una conclusión. Con toda esta información podemos saber que hubo un individuo que no solo sobrevivió a la brutal intervención en vida, sino que siguió masticando con ese diente, como demuestra el pulido posterior. Es cierto que no tenían opción para ‘tapar’ ese agujero en el diente como sí nos hacen ahora los dentistas tras quitar la caries, pero no le impidió seguir con su vida normal. 

Un salto cognitivo. Más allá de la anécdota médica, la realidad es que solucionar una caries excavando el tejido infectado requiere de un razonamiento racional bastante complejo. Aunque lo vemos ahora fácil, el hecho de identificar el origen del dolor, concebir la idea de que puede ser eliminar, seleccionar la herramienta para esa tarea y ejecutar movimientos rotatorios precisos con los dedos no es fácil. 

Es por ello que esta capacidad separa este comportamiento del mero instinto animal y demuestra que los neandertales estaban más avanzados de lo que teníamos en mente muchos de nosotros. 

Imágenes | Gerd Altmann wavebreakmedia_micro en Magnific

En Xataka | Un mestizaje de 4.000 kilómetros: tenemos el primer mapa detallado de la convivencia entre neandertales y sapiens

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Acabamos de confirmar, para sorpresa de nadie, que los dentistas neandertales eran auténticos carniceros

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Ir al dentista o tener cirujanos maxilofaciales para muchas personas puede ser algo que surgió con nuestra especie y nuestro gran intelecto, puesto que no concebimos que en la época prehistórica nuestros antepasados estuvieran preocupados por sus dientes. Pero ahora sabemos que los neandertales contaban con dentistas, aunque lógicamente con las técnicas de la época. 

Una evolución. Hasta ahora sabíamos que los neandertales utilizaban pequeños palillos de madera para limpiarse los restos de comida, algo que, para ser justos, también hacen algunos primates modernos. Sin embargo, un nuevo hallazgo en las gélidas montañas de Siberia acaba de volar por los aires lo que creíamos saber sobre la medicina prehistórica. 

Y es que no era un simple instinto, ya que los neandertales sabían localizar el origen de un dolor agudo y utilizar herramientas de piedra para realizar intervenciones dentales invasivas como las que nos pueden hacer hoy. Aunque lógicamente ya no tenemos la piedra como material quirúrgico. 

El paciente cero. El descubrimiento protagonista de esta historia ha sido bautizado como ‘Chagyrskaya 64’, y no es más que un segundo molar inferior izquierdo que pertenecía a una persona adulta que habitó la cueva de Chagyrskaya en el macizo de Altái en Rusia. Hasta sabemos que pertenecía a un grupo que representaba a las poblaciones neandertales más orientales conocidas. 

Diente
Diente

Vía: PLOS. Imágenes del diente analizado por los investigadores.

Un diente. A simple vista, el diente presentaba una cavidad enorme e inusual en su parte superior por donde cumple la función de masticación. Al principio, la arqueología achacaba esto al desgaste natural de la pieza por la fricción a la hora de masticar alimentos duros o simplemente por haber recibido un golpe. 

Sin embargo, los bordes de la cavidad eran suaves y redondeados, por lo que se descartaba completamente la rotura accidental. Además, la cámara pulpar, que no es más que la parte interna del diente, estaba ensanchada de una manera que el desgaste no podía explicar. 

Lo que ocurría. La respuesta a todo se centra en que el diente contaba con ua caries severa que alguien intentó curar por la fuerza, quitando toda la zona del diente que estaba en ‘peor’ estado. Y seguramente el dolor que se siente con una caries de un tamaño considerable que llega a la zona nerviosa del diente fue el desencadenante de tener que hacer esta técnica. 

Odontología rústica. Para demostrar que este agujero fue hecho a propósito, el equipo de investigación recurrió a la microtomografía computarizada y a un exhaustivo análisis traceológico para ver las huellas de uso. Aquí lo que se vio es que las paredes de la cavidad tenían microsurcos escalonados en forma de V, idénticos a los que deja un perforador lítico, que era una herramienta de piedra afilada. 

Y para confirmarlo, los expertos realizaron arqueología experimental, replicando el proceso de perforación y rotación en molares humanos ‘modernos’. Y las marcas coincidían a la perfección. 

Una conclusión. Con toda esta información podemos saber que hubo un individuo que no solo sobrevivió a la brutal intervención en vida, sino que siguió masticando con ese diente, como demuestra el pulido posterior. Es cierto que no tenían opción para ‘tapar’ ese agujero en el diente como sí nos hacen ahora los dentistas tras quitar la caries, pero no le impidió seguir con su vida normal. 

Un salto cognitivo. Más allá de la anécdota médica, la realidad es que solucionar una caries excavando el tejido infectado requiere de un razonamiento racional bastante complejo. Aunque lo vemos ahora fácil, el hecho de identificar el origen del dolor, concebir la idea de que puede ser eliminar, seleccionar la herramienta para esa tarea y ejecutar movimientos rotatorios precisos con los dedos no es fácil. 

Es por ello que esta capacidad separa este comportamiento del mero instinto animal y demuestra que los neandertales estaban más avanzados de lo que teníamos en mente muchos de nosotros. 

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La guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan desquiciada que los soldados están disparando a sus propios drones

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En 1943, durante una misión nocturna sobre Europa, varios pilotos británicos regresaron convencidos de que habían sido perseguidos por extraños objetos luminosos que aparecían y desaparecían alrededor de sus aviones. Algunos pensaron que era un arma secreta alemana, otros que eran fallos nerviosos provocados por el estrés del combate. Décadas después, aquella confusión aérea sigue recordando una idea inquietante: hay momentos en las guerras donde el problema deja de ser únicamente el enemigo.

Un cielo esquizofrénico. Contaban en Insider que la guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan saturada de drones que, en muchos sectores del frente, los soldados ya no saben qué aparato vuela sobre sus cabezas ni quién lo controla. La consecuencia es una situación casi absurda incluso para estándares bélicos: tropas ucranianas disparando contra sus propios drones por pura supervivencia, operadores cortando con tijeras cables de fibra óptica sin saber si pertenecen al enemigo o a una unidad amiga y sistemas de guerra electrónica bloqueando cualquier señal que aparezca en el aire aunque eso implique inutilizar equipos propios. 

El campo de batalla se ha convertido en un espacio tan abarrotado de pequeños aparatos voladores, interferencias y enlaces de datos que distinguir entre aliado y enemigo dura apenas segundos. Si algo se acerca demasiado rápido, la reacción automática es destruirlo primero y preguntar después.

Drones desechables por exceso. Parte del problema nace de cómo ambos bandos han transformado el dron en un arma de consumo masivo. Ya no se trata de plataformas caras y escasas como las que utilizaban las potencias occidentales hace una década, sino de sistemas relativamente baratos fabricados a enorme velocidad y pensados para perderse constantemente. 

Rusia y Ucrania consumen drones en cantidades tan gigantescas que las pérdidas por fuego amigo se han integrado casi como un coste operativo más. Las unidades esperan perder aparatos por interferencias, por errores de coordinación, por jamming enemigo o simplemente porque algún soldado nervioso abre fuego contra cualquier objeto que zumbe cerca de su posición. El resultado es un entorno de combate donde la saturación tecnológica ha comenzado a generar caos incluso dentro del propio bando.

La nueva lógica: destruirlos antes de que existan. Esa explosión descontrolada del uso de drones está empujando además la guerra hacia una nueva etapa estratégica: atacar las fábricas antes que los aparatos en vuelo. Rusia y Ucrania han entendido que interceptar drones uno a uno ya no basta cuando ambos producen miles de sistemas continuamente. Por eso los ataques de largo alcance contra plantas industriales, centros logísticos y fabricantes de componentes se han multiplicado durante los últimos meses. 

Ucrania está golpeando instalaciones rusas vinculadas a drones Shahed, sensores, módulos de navegación y sistemas electrónicos resistentes a interferencias, mientras Rusia busca destruir talleres ucranianos donde se ensamblan drones FPV o aparatos de ataque de largo alcance capaces de penetrar cientos de kilómetros dentro de territorio ruso. La lógica empieza a parecerse menos a una guerra convencional y más a una cacería industrial permanente.

La electrónica no sigue el ritmo. El problema para ambos bandos es que la adaptación tecnológica avanza demasiado rápido. Cada mejora defensiva genera una modificación inmediata en los drones enemigos. Los sistemas de interferencia dejan de funcionar frente a enlaces por fibra óptica. Los bloqueos GPS pierden eficacia contra nuevos módulos de navegación. Los drones incorporan más autonomía, mayor capacidad de procesamiento y resistencia creciente a las contramedidas electrónicas. 

En paralelo, Ucrania y Rusia utilizan inteligencia satelital, análisis de patrones y reconocimiento constante para localizar centros de producción, antenas, almacenes y cadenas logísticas. El frente ya no termina en las trincheras: continúa cientos o miles de kilómetros detrás, dentro de fábricas, parques industriales y redes de suministro que se han convertido en objetivos militares prioritarios.

Una máquina fuera de control. Lo más inquietante es que esta dinámica da la sensación de haberse independizado parcialmente de los propios soldados. Hay drones atacando drones, sistemas automáticos interfiriendo cualquier señal disponible, operadores intentando coordinar corredores seguros para que sus propios aparatos no sean derribados y fábricas enteras convertidas en objetivos diarios para sostener un ritmo de pérdidas que parece imposible de absorber. 

Si se quiere también, la guerra en Ucrania sigue siendo una guerra de artillería y desgaste, pero se está transformando también en algo mucho más extraño: un ecosistema aéreo saturado de máquinas baratas y desechables donde la supervivencia depende de reaccionar antes de identificar

Y cuando un ejército termina disparando a sus propios drones porque hay demasiados aparatos en el cielo como para distinguirlos, significa que el conflicto ha cruzado una frontera completamente nueva. Y desquiciada. 

Imagen | mod-gov-ua

En Xataka | Ucrania ha encontrado una nueva forma de asaltar edificios ocupados por Rusia: enviar un robot con una sorpresa de 300 kilos

En Xataka | La guerra en Ucrania se está llenando de barcos “Mad Max”: pantallas metálicas y redes contra drones FPV en el mar Negro

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