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Para sobrevivir al fin del petróleo, China ha resucitado una vieja tecnología alemana de la Segunda Guerra Mundial: convertir carbón en plástico

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Mientras el mundo asume que la transición energética de China se basa exclusivamente en paneles solares y vehículos eléctricos —y, en parte, es así, consolidándose como el primer gran ‘electroestado’—, la realidad esconde una cara mucho más oscura. Ante el estallido de la Tercera Guerra del Golfo, Pekín ni siquiera se ha inmutado. Más allá de sus inmensas reservas estratégicas de petróleo, el secreto de su resistencia reside en una maniobra aún más audaz: la resurrección de una tecnología alemana de la Segunda Guerra Mundial.

Una vieja tecnología alemana. Ante la inestabilidad de las importaciones de petróleo, China ha perfeccionado el uso del carbón para producir productos petroquímicos. Esta tecnología de síntesis (conocida históricamente como el proceso de FischerTropsch) fue desarrollada originalmente por Alemania para sostener su economía militar durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque es ampliamente conocida en la industria química, su principal defecto siempre fue la enorme contaminación que generaba.

China lo ha mejorado. Lejos de conformarse con un proceso anticuado, los investigadores chinos lo han mejorado de forma radical. Según explica la agencia estatal Xinhua, un equipo de la Universidad de Pekín ha logrado un avance histórico al añadir una mínima cantidad de bromuro de metilo (cinco partes por millón) al proceso catalítico. Esto “apaga” quirúrgicamente la ruta que forma dióxido de carbono como subproducto, reduciendo estas emisiones del 30% a menos del 1% y abriendo la puerta a una fabricación casi verde para convertir gas de síntesis (syngas) derivado del carbón en olefinas, los componentes básicos de los plásticos.

A nivel industrial, la expansión ya es un hecho. Como detalla South China Morning Post, en la prefectura de Turpan (Xinjiang) acaba de comenzar la construcción del proyecto de carbón a etilenglicol (un compuesto tóxico usado para plásticos y anticongelantes) más grande del mundo, con una asombrosa capacidad de 2,4 millones de toneladas anuales. Incluso, como destacó la revista ACS Sustainable Chemistry & Engineering, se está investigando cómo integrar este proceso (denominado PFTO) para reciclar de forma química toneladas de residuos plásticos, convirtiéndolos en gas de síntesis y luego nuevamente en olefinas ligeras.

¿Se lo veían venir? No es la primera vez que China decide tomar partido y prevenir antes que curar. El gigante asiático ha decidido desvincular por completo su industria de las vulnerabilidades marítimas y de la influencia occidental. “Esta no es la guerra de China, pero Pekín empezó a prepararse para ella hace años”, señala The New York Times. Todo se aceleró durante el primer mandato de Donald Trump, lo que llevó al presidente Xi Jinping a exigir una “autosuficiencia” total que aislara a China de cualquier interrupción en las cadenas de suministro extranjeras.

El tiempo les ha dado la razón. La guerra en Irán ha encarecido el crudo de manera brutal, asfixiando a los competidores petroquímicos internacionales que dependen del oro negro. En contraste, el carbón local chino no ha hecho más que abaratarse. Según Reuters, esto ha sido un triunfo financiero: las acciones de empresas como Ningxia Baofeng Energy, que produce millones de toneladas de químicos a partir de carbón, subieron un 30% desde el inicio del conflicto, mientras que las refinerías tradicionales asiáticas como Rongsheng Petrochemical perdieron hasta un 27% de su valor en bolsa.

Además, los medios de comunicación chinos analizados por Carbon Brief insisten en un mensaje nacionalista unánime: ante una emergencia real, el carbón es el único recurso que la nación controla verdaderamente, actuando como el gran “lastre” garante de su seguridad nacional.

Un cambio a otros sectores. El viraje es innegable. Según revela Bloomberg, la principal minera de carbón del país, China Shenhua Energy, ha recortado su presupuesto general en un 16%, pero ha casi duplicado su inversión destinada a la conversión de carbón a químicos, pasando de 2.500 a 4.100 millones de yuanes para 2026. Pero a un ritmo devorador, ya que The New York Times aporta un dato que dimensiona el fenómeno: en 2020, China usaba 155 millones de toneladas de carbón para fabricar químicos; para 2024, la cifra saltó a 276 millones, y en 2025 creció otro 15%, superando por sí solo el consumo total anual de carbón de todo Estados Unidos.

El centro de investigación CREA ratifica esta tendencia en su informe, confirmando que el uso de carbón en la industria química creció un 20% interanual únicamente en la primera mitad de 2025. A esto se suma que, como explica el medio estadounidense, el 80% del fertilizante nitrogenado chino (un tercio del suministro mundial) ya se fabrica con carbón en lugar de petróleo o gas, lo que le permite a Pekín mantener su producto a menos de la mitad del precio del mercado global.

Detrás hay un coste muy alto. Toda esta audaz maniobra industrial tiene un severo costo climático que ya enciende las alarmas internacionales. El borrador del 15º Plan Quinquenal de China (2026-2030) ha establecido metas climáticas sumamente cautelosas. Como explican los expertos de CREA y recoge Financial Times, el objetivo fijado de reducir la intensidad de carbono en solo un 17% es “decepcionante” y deja un margen para que las emisiones del país sigan creciendo entre un 3% y un 6% real en los próximos cinco años.

Este nuevo plan gubernamental da marcha atrás de facto en la promesa internacional de “reducir gradualmente” el consumo de carbón, sustituyéndola por una “meseta” de consumo y protegiendo explícitamente la expansión a gran escala de la industria petroquímica basada en carbón. Solo los proyectos químicos que ya están planificados para construirse de aquí a 2029 podrían incrementar las emisiones anuales de dióxido de carbono de China en un 2% adicional.

Las previsiones son rotundas. Según Bloomberg, para 2030, la hoja de ruta química de China dejará de utilizar el petróleo masivamente como combustible primario (gracias a la adopción de sus vehículos eléctricos) y aprovecharán sus modernizadas instalaciones para buscar una autosuficiencia del 85% en todos los materiales avanzados y químicos, desbancando a los gigantes tradicionales.

Una temida crisis de sobrecapacidad. El laboratorio de ideas europeo MERICS advierte de las consecuencias colaterales: la economía interna china, con una confianza del consumidor estancada desde la pandemia, no tiene manera de absorber toda esta gigantesca nueva producción de materiales y plásticos. Como resultado directo, las fábricas chinas se ven forzadas a exportar sus inmensos excedentes al resto del mundo a precios de liquidación.

Esta agresiva guerra de precios propulsó el superávit comercial de China al récord estratosférico de 1,2 billones de dólares en 2025. Según denuncia MERICS, estas exportaciones masivas están canibalizando la base industrial de otras naciones; únicamente en la Unión Europea se están perdiendo hasta 500 empleos manufactureros diarios por la total incapacidad de competir frente a este “dumping” de precios. Al final, las firmas chinas pueden soportar enormes pérdidas porque operan gracias al blindaje crediticio y los subsidios de las autoridades locales y centrales.

Un ‘electroestado’, pero… China ha logrado consolidar una de las dualidades estratégicas más fascinantes y contradictorias de la era moderna. Por un lado, mantiene su imagen exterior de líder en la transición verde mundial, alcanzando récords inauditos en la instalación de energías renovables e inundando el planeta con millones de vehículos eléctricos. Por el otro, ha blindado su inquebrantable hegemonía manufacturera resucitando y perfeccionando la tecnología fósil más negra de la historia: exprimir químicos, tejidos y plásticos directamente del carbón.

Como explican los analistas, el estallido de la Tercera Guerra del Golfo y la creciente asfixia de la guerra comercial y arancelaria con Washington no han hecho más que darle la razón a la paranoia geoestratégica del presidente chino. El resto del mundo podrá sufrir y paralizarse ante el fin del petróleo, pero la gran fábrica global ya ha encontrado en la tierra de sus propias minas la fórmula magistral para sobrevivir y seguir dominando el futuro.

Imagen | Unsplash

Xataka | Chile tenía que elegir entre convertir al litio en su “nuevo sueldo” y proteger los salares. Y su elección es cada vez más clara

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Xiaomi tiene un robot humanoide a tiempo completo en su fábrica de coches. Ya está listo para dejar de ser un becario

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Xiaomi ha conseguido que su fábrica de coches cause sensación. Con los SU7 y YU7 en el mercado, la compañía ha logrado que la gente haga cola y pague un dineral para ver cómo se fabrican estos coches, algo que han conseguido gracias a una buena estrategia de marketing y, sobre todo, a una fábrica futurista con un gancho difícil de ignorar: robots humanoides montando los coches.

Fue este pasado mes de marzo cuando nos enteramos vía Lei Jun, fundador y CEO de la compañía, que habían puesto a una serie de robots humanoides a “hacer prácticas” dentro de las fábricas. Las tareas de estos robots no eran nada emocionante, ya que se dedicaron a una sola cosa: colocar tuercas autorroscantes en las piezas del suelo de los coches. 

Sin embargo, el periodo de ser robobecarios está llegando a su fin y ha sido el propio CEO el que ha comentado que los robots han subido varios escalones. Concretamente, están casi en el mismo escalón de éxito que sus “compañeros” humanos.

De robobecarios a roboexpertos

La tarea que tenían que hacer es la más alienante y muestra del trabajo en cadena que te puedas imaginar. El sistema recoge las tuercas desde un equipo automático de suministro y las deposita en el lugar indicado, donde posteriormente se ejecuta el atornillado automático. En efecto: los robots estaban poniendo tuercas… y ya.

En marzo, Lei Jun comentó que los robots habían conseguido una tasa de éxito del 90,2% en la colocación de las tuercas durante tres horas de funcionamiento continuo autónomo. 

Esta cifra indica el número de operaciones correctas frente al total de intentos realizados y, además, detallaron que se ajustaron a un ciclo de producción de 76 segundos. Los tiempos en estas fábricas son cruciales, sobre todo cuando todos los pasos están tan automatizados si se quieren lograr los objetivos de salida de los coches.

Ahora bien, aunque esto de poner tuercas parece sencillo, no son como las de un mueble del Ikea y hay algunas cosas a considerar. Un reto clave en este proceso es lograr que la tuerca autorroscante se alinee, centre y asiente con total precisión sobre el pasador de posicionamiento antes de atornillar. De lo contrario, el sistema se bloquea y la unión queda incompleta.

Y este proceso se complica por tres factores principales:

  • Variabilidad en el agarre: la orientación de la tuerca en la pinza del robot cambia en cada ciclo.
  • Diseño y fuerzas físicas: el estriado interno de la tuerca y la atracción magnética del pasador dificultan el ajuste exacto.
  • Entorno operativo: existen limitaciones en el ángulo de trabajo e interferencias externas en el área de ensamblaje.

Para el robot tiene más complicación de lo que parece, pero ahora ha sido el propio Lei Jun el que ha vuelto a salir a la palestra para señalar que los robots han pasado de esa tasa de éxito del 90,2% a un 98%. Están, según el ejecutivo, a un solo punto porcentual de los trabajadores humanos. Y lo que es más importante: están listos para emprender tareas más complejas.

Porque gracias a ese éxito, se ha decidido que los robots pueden empezar a abordar tareas más complejas. Porque de apretar tuercas, han pasado a nuevas estaciones que incluían tareas como la instalación de paneles laterales de la consola central, así como el plegado y reciclaje de piezas. La tarea del panel lateral es compleja porque es un componente grande, flexible y de forma irregular que requiere múltiples ciclos de recogida y colocación en diferentes posiciones.

Xiaomi dice que es la primera vez que un robot humanoide completa la manipulación prologada de una pieza así en una línea de producción automotriz real y estima la tasa de éxito superior al 90%. En cuatro meses veremos dónde llevan ese porcentaje, pero aunque está claro es que la evolución de los tobots humanoides de la compañía está siendo destacable, estamos hablando de robots que aún están en fase de pruebas y en una sola estación de trabajo.

Se están tomando datos y realizando todas las métricas posibles para determinar si están a la altura de un despliegue productivo a escala total. Los trabajadores humanos pueden estar tranquilos, al menos durante unos meses más.

Lo que no entiendo es por qué tienen que parecer robots sacados del reboot de ‘Robocop’.

En Xataka | En la guerra de los robots humanoides, los de Estados Unidos bailan y los de China trabajan a destajo. No es una cuestión tecnológica

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Matty Healy, vocalista de “The 1975” y la modelo Gabbriette se casan en una antigua propiedad de Madonna

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

Matty Healy y Gabriette Bechtel han caminado juntos al altar donde dijeron “sí” al oficializar su unión con el matrimonio tras haber sido novios durante nueve meses, este sábado.

El cantante británico de la banda The 1975 de 37 años de edad reveló en 2024 su noviazgo con la modelo estadounidense de 28 años de edad y tras casi 10 meses de relación, la pareja se comprometió en una ceremonia privada celebrada en Los Ángeles. 

El dúo de diseñadores originarios de Canadá, Matières Fécales, fueron los encargados del vestido de novia que portó la también vocalista y compositora de la banda de rock, Nasty Cherry, el vestido es de color blanco y estilo gótico con una apertura completa en la espalda cubierta con listones.

Según los medios especializados, los representantes de ambas figuras indicaron que la ceremonia fue privada y que la pareja estuvo acompañada por sus amigos y familiares más cercanos, esta fue celebrada en el Castillo del Lago, antigua propiedad de Madonna en Hollywood Hills. 

Entre los asistentes cuyos nombres forman parte de la farándula se encuentran: Charlie XCX quien asistió con su esposo, George Daniel, quien además es también integrante de The 1975, Anastasia Karanikolau, Fai Khadra, Alex Consani, Devon Lee Carlson, Sydney Lynn Carlson, Tyrell Hampton, Alex O´Connor y Quenlin Blackwell. 

Antes de que Matty Healy y Gabriette Bechtel celebraran nupcias, cada uno festejó sus despedidas de soltero, Healy convivó con sus amigos y una banda tributo de su propio grupo según reveló una página de fans en redes sociales quienes interpretaron “The Sound”, juntos. 

Trascendió en redes sociales una serie de fotografías en las que los ahora esposos se encuentran tomándose fotografías y videos, uno de los momentos que conmocionó más a los seguidores fue cuando la pareja compartió un beso en lo que pareciera ser la entrada de la recepción.

Hasta el momento ambas personalidades no han hecho alguna publicación oficial tras haberse unido en matrimonio.

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Una zona verde sin arbolado suficiente pierde gran parte de su capacidad para actuar

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Las olas de calor extremo son un desafío estructural cada vez más intenso y duradero y, ante unas ciudades convertidas en trampas de asfalto con una clara falta de árboles, el concepto de “refugio climático urbano” ha ganado fuerza como infraestructura de emergencia. Sin embargo, no cualquier espacio verde actúa como escudo térmico, puesto que una reciente investigación liderada por la Universidad de Granada evidencia que el diseño, la morfología y, sobre todo, el tipo de arbolado son factores críticos, puesto que un área verde sin una densa cobertura pierde casi toda su eficacia de reducir la temperatura. 

El tamaño no lo es todo. Los primeros resultados del proyecto ACTERCA, liderado por el investigador David Hidalgo de la UGR, muestran el comportamiento térmico de las zonas verdes en las ocho capitales andaluzas. Para llevarlo a cabo, utilizaron una combinación de satélites, modelización climática, inteligencia artificial y cámaras térmicas, y la investigación concluye que la capacidad de enfriamiento depende críticamente de los árboles de gran porte y copa densa.

Estos árboles concretos son los que de verdad consiguen reducir la temperatura ambiental entre 3 y 5 ºC en comparación con las zonas dominadas por pavimentos impermeables o el clásico albero. Es por ello que la clave no está en crear refugios climáticos “que se vean verdes”, sino en diseñarlos específicamente para que ofrezcan una buena sombra y evapotranspiración con los árboles más adecuados. Se explica de la siguiente manera por parte de la UGR: 

Estos procesos reducen la temperatura ambiental y mejoran significativamente el confort térmico de quienes utilizan estos espacios. Por el contrario, las zonas verdes con escasa cobertura arbórea pierden gran parte de su capacidad para amortiguar el calor, lo que pone de manifiesto que aumentar la superficie verde, por sí solo, no garantiza una protección efectiva frente a las olas de calor.

Es personalizado. El estudio también subraya que el diseño urbano no admite recetas universales, puesto que en ciudades como Sevilla y Málaga, el problema principal reside en el albedo y en Córdoba, la amenaza es la densidad edificatoria y la impermeabilización del suelo. Pero si nos vamos a Granada, la geometría de los barrios históricos, con calles angostas, ofrece una resiliencia térmica superior a la de los nuevos desarrollos urbanísticos.

Más allá de la temperatura. Si bien la bajada del termómetro es el objetivo más visible, ciencia advierte que el concepto de “refugio climático urbano” aún está en pañales y su definición carece de consenso. Según una revisión sistemática, el urbanismo actual se está centrando casi en exclusiva en el confort térmico, dejando inexplorado el potencial de estos espacios para fomentar la biodiversidad urbana o la mitigación climática a largo plazo.

De hecho, se apunta que los refugios climáticos deben concebirse como soluciones multiescalares, puesto que no basta con una plaza aislada, sino que es necesaria una red interconectada. En esta línea, la ciencia propone metodologías específicas (probadas en Sevilla y Málaga) para diseñar redes de refugios que clasifiquen los espacios según su uso: lugares de alivio temporal, áreas para la actividad cotidiana o zonas de asistencia crítica durante desastres.

El verdadero reto. El mayor obstáculo al que se enfrentan los refugios climáticos no es termodinámico, sino social. Y se que de nada sirve un parque excelentemente climatizado si quienes más sufren el calor no pueden acceder a él o no se sienten integrados.

Por ejemplo, un análisis en el IERMB sobre la red de refugios de Barcelona demostró que existen profundas vulnerabilidades interseccionales, puesto que factores como los ingresos económicos, el género y el origen cultural determinan quién usa realmente estos espacios. Esta desigualdad geográfica y de renta también es denunciada por Greenpeace España, cuyo informe alerta de una grave desprotección frente a las olas de calor en los sectores más vulnerables de la población, abordando el acceso al confort térmico como un derecho fundamental.

Vamos atrasados. Sabemos qué funciona y cómo implementarlo, pero la administración sigue yendo un paso por detrás. Una revisión a nivel europeo que analizó 97 iniciativas en 88 ciudades desveló una notable desconexión institucional, puesto que las estrategias nacionales de adaptación climática rara vez se integran verticalmente con las prácticas locales.

Los planes redactados sobre el papel tardan demasiado en convertirse en árboles plantados en el asfalto. Y el mensaje que tenemos encima de la mesa es que, para combatir el calor extremo de las próximas décadas, las ciudades no necesitan simplemente más metros cuadrados pintados de verde en un plano, sino ecosistemas urbanos densamente arbolados, inteligentemente distribuidos y, sobre todo, socialmente justos.

Imágenes | Andy Lee 

En Xataka | El cambio climático tiene un efecto secundario letal que apenas estamos descubriendo: nos encierra en casa y nos impide movernos

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