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Levanta Real Sociedad la Copa del Rey en Sevilla | Video
La Real Sociedad se proclamó campeona de la Copa del Rey 2025-2026 tras imponerse en la tanda de penaltis al Atlético de Madrid, levantando su cuarto título copero de la historia en una final en la que vio cómo le igualaban los rojiblancos por partida doble los goles de Ander Barrenetxea y Mikel Oyarzabal.
El equipo ‘txuri urdin’ pudo brindar esta vez ante una afición vasca que por momentos convirtió La Cartuja en el Reale Arena tras no poder festejar la lograda en el año 2021 ante el Athletic Club por las medidas de seguridad contra el COVID-19. Esta vez, la Copa se decidió en penaltis, un desenlace cruel para los pupilos de Diego Pablo Simeone que en algunas fases del partido se sintieron superiores, pero penalizados por la falta de contundencia.
La tanda arrancó de la peor manera posible para los colchoneros que vieron cómo Alexander Sorloth y Julián Álvarez erraron sus lanzamientos con las paradas de Unai Marrero. Carlos Soler marcó para dar ventaja a los donostiarras, pero Orri Oskarsson dio emoción ante Juan Musso.
En el tercer lanzamiento del Atlético, Nico González estrenó el casillero, pero Luka Sucic tampoco fallaba.
Thiago Almada hacía lo propio marcando y Aihen Muñoz también anotaba para mantener a la Real Sociedad un gol por delante a falta de un lanzamiento. Álex Baena marcó en un halo de esperanza rojiblanca, después de remar desde el primer minuto. El decisivo fue cosa de Pablo Marín y, el resto, ya es historia ‘txuri urdin’ en un partido que fue el soñado para los vascos.
El gol más tempranero en una final
El inicio no pudo ser mejor para la Real Sociedad. Tan solo hicieron falta que pasaran 14 segundos desde que Carlos Soler sacó de centro hasta que Ander Barrenetxea, con un cabezazo certero, anotó el primer gol del partido –y el más tempranero en una final de Copa del Rey–. El ‘7’ ‘txuri urdin’ logró conectar un preciso centro de Goncalo Guedes, que aprovechó la imprecisión de Giuliano Simeone, para sorprender a Juan Musso. La Real golpeaba primero.
Tenía que reaccionar el Atlético, que vio cómo sin haber tocado el balón estaba por debajo en el marcador. Julián Álvarez lo intentó de falta directa, pero no sorprendió a Unai Marrero, el portero realista para la competición que no se perdió la final. También lo intentó sin éxito Ademola Lookman por la banda, en un claro síntoma de dominio rojiblanco pese al duro golpe inicial.
Los de Simeone comenzaban a asentarse en el partido con largas posesiones y llegadas al área; y en uno de esos intentos sacó rédito. En el minuto 19, llegó el esférico a los pies de Antoine Griezmann en la frontal del área para telegrafiar un centro raso a Lookman, que controló y se sacó un gran zurdazo cruzado para batir la meta blanquiazul (1-1).
Este vibrante inicio fue paliado por minutos de estabilidad entre ambos conjuntos sin querer arriesgar. Y cuando el encuentro parecía que se marchaba al descanso con el empate, en una mala salida, el guardameta colchonero cometió penalti. Alberola Rojas no tuvo dudas y señaló los once metros tras el golpe de Musso a Guedes.
Toda la responsabilidad volvió a recaer sobre Oyarzabal, como en la edición de 2020, pero lejos de amedrentarse, disparó con sosiego engañando al potero argentino para volver a poner por delante a la Real Sociedad justo antes de acabar la primera mitad (1-2).
El inicio de la segunda parte, que no trajo consigo ninguna modificación en los equipos, fue un claro monopolio del Atlético de Madrid volcado en la búsqueda del gol del empate. Sin embargo, este dominio de la posesión no veía su fruto al llegar al área rival. Además, al cuadro ‘txuri urdin’ no le terminaba de incomodar el escenario bien replegado atrás.
Así, Simeone decidió agitar a su equipo a la hora de partido dando entrada a Alexander Sorloth y Nico González por el combativo Lookman y un desparecido Matteo Ruggeri. Los rojiblancos continuaban con la posesión del balón que, lejos de acusar el desgaste físico por la carga de partidos, empujaban con ímpetu, pero sin lograr ese tanto de la igualada.
Julián Álvarez manda la final a la prórroga
La Real, cada vez más hundida, comenzaba a sufrir ante las continuas llegadas colchoneras, e incluso acusó ese frenético ritmo, todo el tiempo por detrás del balón. Así, el capitán guipuzcoano pidió el cambio exhausto y fatigado cuando el partido entraba en el tramo decisivo. Un gol del Atlético mandaba el encuentro a la prórroga.
Y así fue. En el minuto 83 y después de una jugada hilada con tranquilidad, aunque el tiempo se consumía, desde Musso, el balón llegó a las botas de Marcos Llorente, algo escorado a la derecha, para retrasar a Thiago Almada que a su vez asistió al primer toque para Julián Álvarez. La ‘Araña’, muy protagonista durante todo el enfrentamiento, se deshizo de su par con un toque y disparó con determinación hacia la portería de un Marrero que permaneció inmóvil.
El Atlético de Madrid lograba así lo que tanto había estado persiguiendo en toda la segunda parte. Incluso, tuvieron el gol en el 87′, primero, con un remate de Álex Baena a bocajarro que se marchó alto y luego Johnny Cardoso en el 91′, pero el partido se vio avocado a la prórroga.
Estos 30 minutos adicionales fueron un calco de la segunda parte del partido con el control del juego para los madrileños, aunque el primer aviso cayó de lado donostiarra, pero una milagrosa parada de Musso evitó que el disparo de Orri Oskarsson adelantara nuevamente a los blanquiazules. Respondió al momento Julián Álvarez desde el borde del área, pero su disparo se estrelló en el palo.
Con la máxima igualdad, como en el luminoso, así como constantes imprecisiones en el juego se disputaron los segundos 15 minutos de la prórroga. El miedo a cometer un error irreparable sobrevolaba las cabezas de ambos conjuntos. Así, sin grandes ocasiones, se decidió el campeón de la Copa del Rey Mapfre 2025-2026 en la decisiva tanda de penaltis, para una Real catapultada a su cuarta Copa, segunda en cinco años, de la mano de Pellegrino Matarazzo.
Ficha
Copa del Rey / Final
Atlético de Madrid 2-2 Real Sociedad (3-4, penales)
Estadio: La Cartuja
Sede: Sevilla
Árbitro: Javier Alberola Rojas
Goles
0-1 (1′).- Barrenetxea
1-1 (19′).- Lookman
1-2 (45′).- Oyarzabal (penal)
2-2 (83′).- Julián Álvarez
Penales
0-0.- Sorloth, falla
0-1.- Soler
0-1.- Julián Álvarez, falla
0-1.- Oskarsson, falla
1-1.- Nico González
1-2.- Sucic
2-2.- Almada
2-3.- Aihen Muñoz
3-3.- Baena
3-4.- Pablo Marín
Alineaciones
Atlético de Madrid
Musso
Molina
(Johnny, min.78)
Pubill
Le Normand
Ruggeri
(Nico González, min.63)
G. Simeone
(Baena, min.70)
Llorente
(Lenglet, min.99)
Koke
Lookman
(Sorloth, min.63)
Griezmann
(Almada, min.70)
Julián Álvarez
DT: Diego Pablo Simeone
Real Sociedad
Marrero
Aramburu
(Elustondo, min.113)
Jon Martín
Caleta-Car
Sergio Gómez
(Kubo, min.88)
Barrenetxea
(Pablo Marín, min.68)
Turrientes
(Gorrotxategi, min.68)
Soler
Guedes (Aihen Muñoz, min.78)
Sucic
Oyarzabal
(Oskarsson, min.78)
DT: Pellegrino Matarazzo
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Barcelona vence 2-0 a Real Madrid y se regala un clásico que vale una Liga
El Barcelona logró este domingo su segunda Liga consecutiva, también la segunda de la era Flick y la primera conquistada en un clásico contra el Real Madrid, que puso fin en el Spotify Camp Nou (2-0) a una semana convulsa y prácticamente a la temporada, la segunda seguida que completará sin levantar un título.
Fue la vigésimo novena del conjunto azulgrana, lograda ante un Madrid en depresión que se presentó a la cita con ocho bajas, la última la de Huijsen, quien se sintió indispuesto en el calentamiento.
Los blancos se jugaban la honra, pero el Barça el título, y eso se notó desde el primer minuto. Con un estadio entregado desde el principio, el equipo de Hansi Flick, quien se sentó en el banquillo pocas horas después de conocer el fallecimiento de su padre, pronto despejó la incertidumbre de si hoy sería campeón.
A los 9 minutos, Rashford, que hoy cubría la ausencia del lesionado Lamine Yamal en el extremo derecho, hizo el 1-0 con un golazo de falta desde la frontal. Un disparo que se colaba como un obús por la escuadra derecha de la portería de Courtois, quien reaparecía tras mes y medio sin jugar por una lesión muscular.
Diez minutos después, el cuadro catalán firmaba el segundo en otra obra de arte. La jugada la empezaba Fermín, quien habilitaba a Dani Olmo en el área para que este dejara el balón de espuela a Ferran Torres, que fusilaba al meta visitante.
El clásico prácticamente acababa de arrancar y el Barça ya acariciaba LaLiga. Hasta entonces, el Madrid había exhibido desajustes importantes en la presión y una falta de recursos alarmante para salir con el balón jugado desde atrás.
Pero al conjunto blanco le bastaban un par de zarpazos a la contra para poner en jaque la zaga azulgrana. En el primero, Asencio enviaba un balón largo a Gonzalo, que controlaba tras ganarle la espalda a Cubarsí y Gerard Martín antes de enviarlo fuera en su mano a mano con Joan García.
El siguiente, que sucedió inmediatamente después, fue un pase de Bellingham que cortó Eric García evitando que Vinicius rematara a placer en el segundo palo.
Aunque fue Rashford quien tuvo el tercero antes de llegar al descanso, en un centro-chut, primero, y en una disparo cruzado tras recibir un balón al espacio de Ferran, después. Pero en ambos casos se encontró con la manopla de Courtois para enviar el balón a corner.
No cambió mucho el guion tras la reanudación, aunque el partido se enmarañó algo al inicio de una segunda mitad. Aún así, el fútbol del Barça siguió asomando entre bronca y parón para amenazar la portería rival.
Antes de la hora, Ferran pudo sentenciar -si el partido no lo estaba ya- pero Courtois, esta vez con la pierna, de nuevo lo evitó. Y el árbitro anulaba, poco después, un gol de Bellingham por fuera de juego.
Sin Mbappé ni Valverde en el terreno de juego y con Vinicius desconectado del partido en la banda izquierda, la lucidez ofensiva visitante casi siempre la ponía Brahim, pero a la propuesta del hispano-marroquí para superar líneas no le daban continuidad sus compañeros.
El Barcelona, en cambio, cada vez más cómodo en los duelos y más solidario en defensa, con Cubarsí, Eric o Gavi apareciendo por todas partes, veía el título cada vez más cerca. Más aún cuando el Camp Nou empezó a botar al grito de ¡Campeones, campeones!
El último cuarto de hora fue una fiesta azulgrana, con el Madrid impotente, sin signo alguno de rebeldía, y el Barça dispuesto a hacer aun más sangre ante el eterno rival. Pudo hacerlo en una doble ocasión de los recién ingresados Raphinha y Lewandowski, pero el marcador ya no se movió ni falta que hizo.
Hernández Hernández pitó el final, el público enloqueció y sus jugadores se abrazaron sobre el césped como el prólogo de la celebración que vendría a continuación.
Antes, los futbolistas del Real Madrid aún tuvieron tiempo de felicitar respetuosamente al rival, antes de enfilar, con cara de resignación, el túnel de vestuarios. LaLiga se acabó con tres jornadas de antelación.
Ficha técnica:
2 – Barcelona: Joan García; Eric García, Cubarsí, Gerard Martín, Cancelo; Pedri, Gavi (Marc Bernal, min.76); Rashford (Raphinha, min.63), Olmo (Frenkie de Jong, min.63), Fermín (Balde, min.88); y Ferran Torres (Lewandowski, min.76).
0 – Real Madrid: Courtois; Trent, Rüdiger, Asencio, Fran García; Tchouaméni, Camavinga (Pitarch, min.71); Bellingham, Brahim (Mastantuono, min.79), Vinícius; y Gonzalo (Palacios, min.79).
Goles: 1-0, min.9: Rashford. 2-0, min.19: Ferran Torres.
Árbitro: Alejandro José Hernández (Comité Canario). Amonestó a Camavinga (min.40), Asencio (min.52), Bellingham (mi.55), Trent (min.81), por parte del Real Madrid; a Olmo (min.52) y Raphinha (min.81) por parte del Real Madrid.
Incidencias: partido de la jornada 35 de LaLiga EA Sports disputado ante 62.213 espectadores en el Spotify Camp Nou. Antes del partido, se guardó un minuto de silencio por la muerte del padre del entrenador del Barcelona, Hansi Flick. Los jugadores de ambos equipos lucieron un brazalete negro por este motivo.
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Los once de la tribu (fragmento) | Texto de Juan Villoro
Por Juan Villoro / Miembro de El Colegio Nacional*
El balón de cuero ha botado en infinitas páginas, a veces para causar la angustia del guardameta ante el penalti, otras para que el centro delantero muera al atardecer. Aunque no todos lo confiesen, numerosos escritores leen el periódico a la manera de Samuel Beckett: un veloz repaso a los desastres de la Tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo. Entre los poetas abundan los fanáticos de ocasión: Umberto Saba solía despotricar contra el entusiasmo y la desesperación provocados por una pelota hasta que un amigo lo invitó a un partido de “la potentísima Ambrosiana contra la vacilante Triestina”. Acaso para contrarrestar el resultado de 0-0, Saba escribió cinco notables poemas sobre el futbol.
Hay autores que trasladan su experiencia futbolística a otros asuntos; no es de extrañar que uno de los más convincentes alegatos contra la pena de muerte sea obra de un exportero, Albert Camus, quien seguramente recordó el rigor de ser acribillado a once metros de distancia.
Como es obvio, no todos los adjetivos caen en favor del futbol. George Orwell, campeón de la paranoia literaria, también se asustó con el balompié. Alguien le habló de un rudísimo encuentro entre el Arsenal y el Dínamo de Moscú, y pensó que el Oso Rojo vengaría las afrentas con una guerra. Su artículo “El espíritu deportivo” termina con la súplica de que los futbolistas ingleses no hagan giras por la Unión Soviética para no enemistar más a las dos naciones. Aunque escribía en el año atómico de 1945, sus temores parecen excesivos.
Un poco antes del Mundial de Italia 90 ocurrió otro caso de pánico futbolístico. La editorial Passigli publicó una Guía de supervivencia del Mundial. Este prontuario, sinceramente animado por el horror, veía a los porristas como a las huestes de Atila. Los bárbaros estaban a punto de llegar; la amenaza nunca cumplida en El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, se escenificaría durante un mes de espanto.
¿Hay forma de calmar a los enemigos del futbol? Ciertas cosas no pueden hacerse de modo indiferente. La fruición con que Paco come sesos en mantequilla negra hace que Malú desvíe la vista a la mesa de junto. Como esos guisos suculentos y escabrosos, el futbol se promueve o se desacredita solo. Las apologías del futbol sólo convencen a los convencidos. Comparto el categórico entusiasmo de Vinicius de Moraes, que sólo aceptaba dos excusas para rechazar la samba o el futbol (estar enfermo de un pie o mal de la cabeza), pero no tengo nada que argumentar contra la repulsa de Oscar Wilde: “El futbol es un deporte muy apropiado para niñas rudas, pero no para jóvenes delicados”. Lo dicho: Paco y Malú, el gusto y el asco, los aficionados y los “sobrevivientes”, Beckett y Orwell.
Las crónicas de futbol son para la fanaticada, la masa circular de los estadios, la barra brava de Boca, los forofos que hinchan las cabeceras del Santiago Bernabéu, la torcida brasileña. Ninguna palabra define mejor al fanático que la italiana tifoso. En efecto, se trata de gente infectada, incurable.
¿Qué ocasiona el contagio? En La veneración de las astucias, el filósofo venezolano Juan Nuño distingue al futbol de otros juegos por su peculiar manejo del tiempo. Durante noventa minutos no hay forma de detener el reloj: “Al ser real el tiempo que se juega, se engendra una doble tensión: la del juego en sí y sus incidencias y la de la lucha que se establece contra el paso del tiempo”. Para superar los minutos que desgastan el partido, el futbolista dispone del recurso de “hacer tiempo”. Cuando el marcador le conviene, puede recurrir a una táctica de especulación: en vez de buscar goles, se concentra en impedir que el contrario toque la pelota. Es el momento de los artistas ineficaces, los burladores de barriada que rara vez anotan pero son expertos en jugadas de fantasía. Nadie como ellos para matar minutos; tener la pelota es tener el tiempo. Este deseo de apropiación tuvo su clímax en el Necaxa: el Fumanchú Reynoso conquistó su apodo al desaparecer un balón en plena cancha.
La agonía de la temporada significa, entre otras cosas, el fin de las segundas oportunidades. De nada sirve regar el césped y convocar al público; el equipo es ya la suma de sus goles y debe encarar la máxima de Beckett: “No hay juego de vuelta entre el hombre y su destino”.
Imposible contar todos los tiempos que cristalizan en la cancha. Para el fanático, el futbol ocurre antes y después del partido. Una jugada adversa lo trastorna de por vida. Aún recuerdo la noche aciaga en que Manuel Manzo falló dos penales contra el León; aquellos tiros miserables hundieron a un volante de prodigio en la borrasca alcohólica que segaría su carrera, y deprimieron para siempre a sus seguidores. El fanático no se repone ni tiene ganas de ver el juego en plan sensato. En su novela Diario de la guerra del cerdo, Bioy Casares sugiere que la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Los estoicos que le van al Atlante tienen que sobrellevar los dos goles de chilena que Hugo Sánchez les clavó en la misma temporada y los arabescos con que Fernando Bustos burló a toda su alineación. Y, sin embargo, el atlantista cree en los Potros de Hierro como si las lluvias de goles no existieran; su lealtad es tan granítica como los nombres de sus antiguos jugadores: Roca, Colmenero, Escalante.
Cada equipo es, a su manera, el mejor del mundo (sobre todo si se trata del Necaxa). Enemigos del sentido común, los fanáticos son los únicos espectadores tolerables en un juego sin medios tonos: “Cuando sales a la cancha, ya no existe el color rosita”, ha dicho Ángel Fernández, inmejorable Góngora de la fanaticada.
La saludable irracionalidad del futbol ha sido puesta en cuestión desde que los hooligans empezaron a escupir cerveza en las tribunas. Los bebés concebidos al ritmo de un fanatismo feliz (la beatlemanía) crecieron para convertirse en cadeneros de nalgas tatuadas. El 29 de mayo de 1985, en Bruselas, la final de la Copa Europea de Clubes terminó con un magro resultado en la cancha (Juventus 1-Liverpool 0) y un marcador de espanto en las gradas: 41 muertos y 257 heridos. En el Mundial de México 86, después de perder con Portugal, los hooligans se bajaron los pantalones ante las azoradas adolescentes regiomontanas que hasta entonces no habían visto carnes más comprometedoras que unas arracheras a las brasas. El fanatismo del hooligan es opuesto al del hincha, pues no admite derrota; va al estadio como si fuera a las Malvinas, cree en la utilidad del navajazo, busca venganza. El verdadero aficionado acepta la fatalidad, sufre en carne viva el gol de media cancha pero sigue convencido de que el Atlante es el mejor del mundo.
Los hooligans pertenecen al capítulo criminal del futbol. El villano legítimo es el árbitro. Este hombre de negro, sin número en la espalda, porta enseres dignos de un ritual: dos relojes, dos lápices, una libreta, un silbato, una moneda, una tarjeta roja, otra amarilla. Desde el Congreso de Árbitros de Belgrado, en 1962, sus poderes son inmensos. Su obligación es estar cuando menos a quince metros del balón; sin embargo, aunque se encuentre más lejos su juicio es inapelable; puede dejar que el Cruz Azul le anote tres veces en fuera de lugar al Atlético Español en la final del futbol mexicano, puede decir que la pelota entró a la portería de Alemania en la final de Inglaterra 66, aunque no haya forma de probarlo. Es la desgracia, el azar, la peste negra, la justicia necesaria y monstruosa: “árbitro justo”, grita la porra cuando reconoce que el juez se equivocó en su favor.
Los abanderados no tienen nombres, apodos ni apellidos. Antes del partido saludan al capitán del equipo y revisan que las redes no estén rotas. Ignoramos sus pasiones, sus destinos.
* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.
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Irán confirma que acudirá al Mundial si se respetan sus condiciones
La selección iraní participará en el Mundial 2026 si la FIFA y los organizadores admiten una serie de condiciones que afectan a la entrega de visados a su delegación, la seguridad y el respeto al himno y la bandera del país.
“Sin duda participaremos en el Mundial de 2026, pero los anfitriones deben tener en cuenta nuestras preocupaciones”, señaló el sábado la federación iraní en su página web oficial. “Participaremos en el Mundial, pero sin renunciar a nuestras creencias, cultura y convicciones”, agrega.
El presidente de la federación iraní de fútbol (FFIRI), Mehdi Taj, explicó el viernes en la televisión estatal que ponen 10 condiciones para que su selección participe en el Mundial que comienza dentro de un mes, el 11 de junio en la Ciudad de México.
La FFIRI pide que se concedan visados a jugadores y al cuerpo técnico sin trabas, tras lo sucedido en Canadá, cuando la delegación iraní que iba a acudir al congreso de la FIFA regresó a su país, por sentirse ofendidos por el personal de inmigración, que negaba la entrada a un dirigente federativo por supuestas conexiones con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
Taj señaló que deben recibir visados “sin problemas” todos los jugadores y el personal técnico, aunque hayan prestado el servicio militar obligatorio en la IRGC, como es el caso de los internacionales Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi.
También piden medidas de seguridad reforzadas en aeropuertos, hoteles y en las rutas hacia los estadios, así como prioridad en la movilidad de la delegación iraní en cada ciudad sede.
Otra de las cuestiones que aborda es el respeto al personal de la selección durante su estancia y garantías para el uso y la presencia de la bandera de Irán y la interpretación de su himno nacional en el transcurso del Mundial.
La FFIRI, asimismo, solicita a la FIFA que no se permitan en las conferencias de prensa preguntas relacionadas con el conflicto bélico.
La selección iraní jugará sus tres partidos de la fase de grupos en Estados Unidos. Debutará contra Nueva Zelanda, el 15 de junio en Los Ángeles, jugará su segundo partido en la misma sede contra Bélgica, el 21 de junio, y disputará el 26 contra Egipto, en Seattle, el tercer encuentro de la ronda inicial.
En todo ese tiempo, tiene previsto establecer su cuartel general en Tucson (Arizona).
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