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cuanto más calculamos el tamaño del Universo, menos sentido tiene todo

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Hace tiempo que sabemos que el Universo se expande. Sin embargo, la velocidad a la que lo hace es un quebradero de cabeza. Según qué método se emplee para medirlo, se obtiene un resultado distinto. Ahora por fin se ha encontrado una forma mucho más precisa de medirlo, pero en realidad no deshace demasiado la maraña. La lía todavía más. 

Una superposición de técnicas. Mediante una superposición de distintas técnicas, un equipo internacional de científicos ha hecho el cálculo más preciso hasta el momento de la velocidad de expansión del Universo: 73,5 ± 0,81 kilómetros por segundo por megaparsec. La cifra coincide bastante bien con las que se han calculado en el pasado tomando datos del Universo cercano. Sin embargo, se aleja bastante de la que se calcula cuando se emplean datos de los albores del Universo. Esto indica que hay algo en la física de ese punto más alejado del cosmos de lo que no tenemos ni idea. Lejos de resolverse, el misterio se ha complicado.

Un globo que se infla. Cuando hablamos de que el Universo se expande, hacemos referencia a que las galaxias están cada vez más alejadas unas de otras. Pero no porque las propias galaxias se muevan, sino porque el espacio que hay entre ellas se ensancha. Podemos verlo como un globo en el que se pintan una serie de puntos. A medida que el globo se infla, los puntos se ven más alejados, a pesar de que no se han movido de su sitio. 

Tensión de Hubble. Tradicionalmente, la velocidad de expansión del Universo se calcula de dos formas. O midiendo las distancias entre las estrellas y galaxias del Universo cercano, o midiendo el fondo cósmico de microondas. Esta es la radiación electromagnética que quedó como remanente del Big Bang. Es decir, la luz más antigua que podemos encontrar en el Universo, pues se formó en la explosión con la que este se formó. Por lo tanto, los datos no se toman del Universo cercano, sino del más lejano y antiguo, el que se acerca al Big Bang.

La cifra obtenida con ambos tipos de cálculos debería ser la misma. Sin embargo, con el Universo cercano se obtiene una velocidad de 73 kilómetros por segundo por megaparsec, mientras que con el Universo más lejano se calcula una velocidad de 67 kilómetros por segundo por megaparsec. Esta incoherencia se conoce como tensión de Hubble e indica que, posiblemente, el Universo se expande cada vez más deprisa. Por eso el más cercano se expande más rápido.

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Este gráfico representa la tensión que existe entre las mediciones de la tasa de expansión del Universo tardío y cercano, frente a lo que se esperaría basándose en mediciones del Universo primitivo, específicamente el fondo cósmico de microondas

Podría ser un error. Una de las hipótesis que buscan explicar la tensión de Hubble es que, en realidad, hay algún error al medir la velocidad de expansión en el Universo cercano. Existen muchos métodos para calcular la distancia entre estrellas y galaxias y podría ser que hubiese un error. Por eso, un equipo internacional de científicos ha decidido usar una superposición de técnicas para hacer un cálculo más preciso.

Distintos tipos de estrellas. Este método consiste en analizar simultáneamente una gran cantidad de datos obtenidos de telescopios terrestres y espaciales. Estos se centran principalmente en el brillo de estrellas cefeidas, gigantes rojas, supernovas y galaxias de brillo conocido. Los tres tipos de estrellas mencionadas se caracterizan por tener un brillo característico, que sirve para mapear el Universo y, por lo tanto, también para calcular distancias. Con esta superposición de técnicas se obtuvo la cifra de 73,5 ± 0,81 kilómetros por segundo por megaparsec. 

No hay error. Cuando se eliminaba uno de los métodos de la superposición, la alteración de la velocidad de expansión del Universo era mínima. La cifra era prácticamente la misma. Esto indica que el número se ha medido perfectamente. No hay un error. Entonces, si la tensión de Hubble no se debe a un error, ¿por qué se produce?

Continúa el misterio. Tras obtener estos resultados, la tensión de Hubble sigue siendo la antesala de un misterio. No obstante, sí que es cierto que existen algunas hipótesis. Por ejemplo, se cree que las distintas cifras en el Universo lejano y cercano pueden deberse a la intervención de la materia oscura. Hay mucho que no sabemos sobre ella, por lo que quizás podría explicar lo que está ocurriendo. Por otro lado, existe la hipótesis de que la Tierra está en un lugar con características espaciales. Sería una zona donde hay relativamente poca materia, comparable a una burbuja de aire en un pastel. 

Como explicó en 2023 uno de los científicos que apoyan esta hipótesis, Indranil Banik, “la densidad de la materia es mayor alrededor de la burbuja, de modo que las fuerzas gravitatorias emanan de esta materia circundante, atrayendo a las galaxias de la burbuja hacia los bordes de la cavidad”. “Por eso se están alejando de nosotros más rápido de lo que realmente cabría esperar”. Ahora habrá que resolver esa parte del misterio. Al menos sabemos que no hay un error en los cálculos y que la tensión de Hubble es una realidad. 

Imagen | CTIO/NOIRLab/DOE/NSF/AURA/J. Pollard

En Xataka | Refutar a Einstein es uno de los grandes retos de la física. Ni cambiando de escala lo logramos

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así afecta al sueño irse a la cama con el estómago lleno

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Cerrar el ordenador tarde, llegar a casa arrastrando los pies y sentarse a cenar a las diez de la noche. Para nosotros es una estampa costumbrista; para el resto de Europa, una excentricidad incomprensible. Sin embargo, el choque no es solo cultural sino también biológico. Aunque nuestra “normalidad” social nos dicte que la cena se sirve cuando ya es noche cerrada, nuestro cuerpo cuenta una historia muy distinta. Evolutivamente, nuestro organismo no está diseñado para digerir grandes cantidades de comida cuando el sol se ha puesto. 

No se trata únicamente de contar las calorías que ponemos en el plato; el problema real, el que actúa como una auténtica bomba de relojería para nuestra salud, es lo que marca el reloj cuando nos llevamos el tenedor a la boca. Cenar tarde está alterando nuestro metabolismo, saboteando nuestra calidad de sueño y, silenciosamente, elevando nuestro riesgo cardiovascular.

Tu páncreas no sabe que en España se cena tarde. Para entender este fenómeno, debemos mirar hacia la crononutrición, un campo de estudio emergente que investiga la estrecha relación entre la ingesta de alimentos y los ritmos circadianos. Nuestro cuerpo funciona como una orquesta perfectamente sincronizada por la luz y la oscuridad. 

Al cenar a deshoras estamos desincronizando los “relojes periféricos” de células vitales situadas en el páncreas o el hígado. El horario de las comidas actúa como una señal crítica para estos relojes biológicos periféricos, los cuales pueden modular la calidad de nuestro sueño al regular el ritmo de nuestro reloj central. La consecuencia inmediata es un empeoramiento drástico de la tolerancia a la glucosa y de la secreción de insulina.

Cuando realmente deberíamos estar durmiendo. Aquí el cuerpo entra en conflicto. Por un lado, se produce una gran liberación de cortisol (la conocida hormona del estrés) y, por otro, se retrasa la liberación de melatonina, que es la llave maestra para conciliar el sueño. De hecho, los datos a gran escala respaldan esto: análisis exhaustivos de los patrones de crononutrición revelan que los horarios de comida más tardíos —incluyendo la primera comida, la comida intermedia y la última del día—, así como un mayor número de ingestas, están directamente asociados con puntuaciones más altas en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI), lo que se traduce en un peor descanso.

A esto se suma un problema puramente mecánico: una brecha de tiempo reducida entre la última comida y la hora de acostarse puede provocar un período de latencia del sueño prolongado, es decir, damos más vueltas en la cama antes de lograr dormirnos. Y hacer la digestión tumbados es la receta perfecta para la aparición del reflujo gástrico, un malestar capaz de arruinar la noche de cualquiera.

Comes lo mismo que tu vecino madrugador y engordas más. Según el estudio publicado en The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, los adultos que cenan a las 22:00 horas queman un 10% menos de grasa y sufren un pico de azúcar en sangre un 20% mayor que aquellos que cenan a las 18:00, incluso si ambos grupos comen exactamente lo mismo y se acuestan a la misma hora. Alexis Supan, dietista de la Clínica Cleveland, lo resumía a la perfección: “Cuando comes tarde por la noche estás yendo en contra del ritmo circadiano de tu cuerpo”. El límite natural debería marcarlo el inicio de la secreción de melatonina.

La investigadora Marta Garaulet, referencia mundial en crononutrición, ya demostró que las personas que comen más tarde al mediodía pierden menos peso que quienes comen temprano, incluso cuando consumen las mismas calorías, gastan la misma energía y duermen lo mismo. La hora, por sí sola, marca la diferencia.

Las consecuencias de ignorar este límite van mucho más allá de la báscula. Un estudio liderado por el instituto ISGlobal, basado en la cohorte NutriNet-Santé con más de 100.000 participantes, concluyó que cenar después de las 21:00 horas se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, impactando de forma especial en el riesgo de enfermedad cerebrovascular en mujeres. A nivel emocional, un metaanálisis reciente de 2025 detalla que comer tarde empeora los ritmos de neurotransmisores clave como la serotonina y la dopamina, incrementando el riesgo de depresión.

Encima le propinamos dos golpes al mismo reloj. Pero hay un factor moderno que empeora este escenario: las pantallas. No solo cenamos tarde, sino que lo hacemos bajo el haz de nuestros teléfonos móviles. La luz de cualquier tipo suprime la melatonina, pero como advierte Harvard, la luz azul nocturna lo hace de forma mucho más potente, bloqueándola el doble de tiempo que otras luces y desfasando nuestros ritmos circadianos hasta tres horas. Estudios clínicos recientes han demostrado que la exposición a la luz LED azul suprime de manera significativa la secreción de melatonina tras dos horas de exposición y mantiene esa supresión a lo largo del tiempo. Cenamos tarde y luego miramos el móvil en la cama: una combinación que nuestro reloj biológico sencillamente no puede encajar.

Nuestros hijos van camino del mismo error. El problema se agrava cuando miramos a las nuevas generaciones. La revista The Lancet ha advertido que España podría situarse como el cuarto país del mundo con mayor obesidad infantil en 2050. El proyecto VALORNUT de la Universidad Complutense ha arrojado luz sobre esto: las cenas tardías y las “ventanas alimentarias” muy prolongadas en niños se traducen en dietas más improvisadas, de menor valor nutricional y peores perfiles de colesterol. Además, el 60% de estos niños duerme menos horas. La recomendación de los expertos es clara: concentrar todas las comidas en un período inferior a 12 horas.

La solución pasa por ajustar el reloj. Entonces, ¿cuándo deberíamos cenar? La regla de oro consensuada por los expertos es dejar pasar entre tres y cuatro horas entre la última comida y el momento de ir a dormir. Si tomamos la media española de acostarse sobre las 00:30, deberíamos estar terminando de cenar, como muy tarde, a las 21:00. 

Aquí conviene matizar el contexto. Llevamos décadas amortiguando en parte este golpe metabólico gracias a un pilar cultural: la dieta mediterránea española tiende a hacer de la cena una ingesta mucho más ligera que la comida del mediodía, dejando el peso energético del día en horas más tempranas. No es lo mismo una cena tardía, copiosa y ultraprocesada seguida de un viaje directo a la cama, que una cena ligera con algo de actividad física previa al sueño. Ese matiz importa.

Lo que no admite matices es la dirección que señala la ciencia. Si el apetito aprieta a última hora, un picoteo ligero a base de frutas o verduras es perfectamente válido, siempre alejado del alcohol y la cafeína. Pero si queremos frenar la obesidad, cuidar nuestro corazón y volver a dormir profundamente, debemos aceptar una nueva realidad nutricional: el cuándo comemos se ha vuelto exactamente igual de importante que el qué comemos. Es hora de volver a sincronizar nuestros platos con el sol.

Imagen | Magnific

Xataka | En España nos encanta cenar a las diez de la noche. A nuestro reloj biológico y a nuestro corazón, no tanto

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una donde francotiradores y drones están eliminando miles de jabalíes

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En noviembre de 2025, la Generalitat llegó a desplegar a la UME, drones y controles policiales alrededor de Collserola después de encontrar decenas de jabalíes muertos cerca de Barcelona. Lo que empezó con dos animales infectados acabó convirtiendo los bosques de la ciudad en una enorme zona de rastreo sanitario.

Una ciudad en “guerra”. Durante años, los jabalíes fueron una molestia creciente en Barcelona y su área metropolitana: animales que rebuscaban en la basura, cruzaban carreteras o aparecían en urbanizaciones junto a Collserola. En 2026 la situación cambió completamente de escala. La detección de la peste porcina africana convirtió una parte de Cataluña en un enorme perímetro sanitario donde la Generalitat empezó a desplegar una respuesta propia de una operación de emergencia. 

La zona cero alrededor de Cerdanyola quedó rodeada de vallas, cierres de pasos de fauna, trampas colectivas y restricciones de acceso. Más de 1.900 efectivos trabajan sobre el terreno mientras drones, unidades caninas y empresas especializadas “peinan” bosques y zonas periurbanas buscando cadáveres, animales enfermos y grupos de jabalíes. Contaba hace unos días El País que el lenguaje político dejó de parecer ambiental para acercarse al de una campaña militar: “vaciar” zonas enteras, “erradicar” focos y contener la expansión del virus antes de que alcanzara la industria porcina catalana.

La caza masiva de miles de animales. La magnitud del operativo explica hasta qué punto la Generalitat considera la situación una amenaza estratégica. El objetivo inicial era eliminar entre 8.000 y 10.000 jabalíes en el radio de 20 kilómetros alrededor del foco detectado en noviembre de 2025. Posteriormente la cifra se ajustó a unos 6.000 animales solo dentro del perímetro crítico, mientras el plan general aspira a reducir a la mitad toda la población de jabalíes de Cataluña, estimada entre 120.000 y 180.000 ejemplares. 

Desde enero ya se han sacrificado más de 26.000 animales en toda la comunidad. En algunos puntos de la llamada “zona cero” apenas quedarían una veintena de jabalíes tras meses de capturas continuas. El despliegue incluye cientos de trampas, redes Pig Brig, visores térmicos, cierres de pasos de fauna y controles constantes para impedir que los animales crucen corredores naturales alrededor de Barcelona.

Francotiradores, cazadores y empresas de control de fauna. Uno de los elementos más llamativos de toda la crisis es cómo los cazadores han pasado de ser una figura socialmente cuestionada a convertirse en pieza esencial del operativo. Algunos actúan prácticamente como tiradores especializados en zonas boscosas y periurbanas donde los drones funcionan mal y los animales se mueven cerca de áreas habitadas. 

Muchos describen jornadas nocturnas con visores térmicos, trampas de alta capacidad y rifles preparados para disparar a cualquier ejemplar que aparezca delante del visor. La Generalitat incluso ha comenzado a financiar combustible, asistencia veterinaria para perros de captura y material especializado. Paralelamente, el Govern ha contratado empresas acostumbradas a operar en entornos urbanos y periurbanos, especialmente en Collserola y otros espacios donde los jabalíes se han acostumbrado a convivir con la ciudad. El resultado recuerda cada vez más a una campaña permanente de control de fauna desplegada alrededor de una gran capital europea.

Una amenaza económica gigantesca. Detrás de esta ofensiva hay un miedo mucho mayor que la propia sobrepoblación de jabalíes. Cataluña concentra una parte esencial de la industria porcina española y la expansión de la peste porcina africana podría provocar un golpe multimillonario sobre exportaciones, granjas y mercados internacionales. Japón y Filipinas ya han aplicado restricciones y el Govern teme perder credibilidad sanitaria si el virus escapa del perímetro controlado. 

Por eso el discurso institucional insiste tanto en la “bioseguridad” y en la necesidad de actuar con rapidez extrema. La administración catalana defiende que no se trata de una decisión ideológica ni política, sino de una respuesta obligatoria para evitar un colapso económico. La presión es tan alta que incluso se ha abierto un debate sobre acelerar la comercialización de carne de caza para absorber las decenas de miles de capturas y mantener económicamente viable el sistema.

La batalla dentro de Collserola. El gran problema para las autoridades es que la guerra contra los jabalíes se desarrolla en uno de los entornos más complejos posibles: una enorme área metropolitana de cuatro millones de habitantes. Collserola funciona como refugio natural y corredor de movimiento para animales acostumbrados desde hace años a vivir junto a urbanizaciones, carreteras y barrios periféricos. 

Algunas zonas son tan boscosas que ni siquiera los drones permiten calcular con precisión cuántos ejemplares quedan. Los técnicos reconocen que el control total es extremadamente difícil y por eso las restricciones de movilidad y acceso al medio natural siguen vigentes meses después del inicio de la crisis. Mientras tanto, continúan apareciendo nuevos positivos semana tras semana, alimentando la sensación de que la Generalitat libra una carrera contrarreloj para evitar que el brote se extienda definitivamente más allá de Barcelona.

La relación ciudad-naturaleza. La crisis también ha dejado una imagen incómoda sobre cómo ha cambiado la relación entre las grandes ciudades y la fauna salvaje. Durante años, Barcelona convivió con una población creciente de jabalíes que aprendió a aprovechar basura, parques y zonas urbanizadas. Los animales perdieron el miedo a las personas mientras las administraciones intentaban gestionar el problema sin recurrir a campañas masivas de sacrificio.

La peste porcina africana rompió ese equilibrio de golpe. Ahora la ciudad vive rodeada de controles, restricciones y operaciones de captura donde participan policías, cazadores, veterinarios y especialistas en fauna. La escena de equipos rastreando bosques con perros, redes y rifles a pocos kilómetros de zonas densamente pobladas ha terminado proyectando una sensación extraña: la de una gran capital europea convertida en el epicentro de una guerra sanitaria contra miles de animales salvajes.

Imagen | Pexels

En Xataka | El problema no es que 100 jabalíes de Barcelona tengan la peste porcina. El problema es que no sabemos cómo ha llegado hasta allí

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El plomo tiene los días contados en la caza. El problema es que nadie sabe muy bien cómo sustituirlo

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La práctica de la caza es un ‘hobbie’ que ha estado bastante en discusión entre diferentes sectores de la sociedad en los últimos años, pero más allá de sus aspectos éticos, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas ha decidido intervenir al plantear la prohibición del plomo en la munición de cacería. Y esto ha planteado un gran debate entre el sector cinegético y los ecologistas e investigadores que exigen medidas inmediatas, aunque de momento está en pausa

El cerco de Europa. Este cerco al plomo no es nuevo, sino que ya desde 2023 la Unión Europea prohíbe su uso en los humedales para la caza de aves acuáticas, una medida histórica para evitar la intoxicación por plomo en patos y otras especies que se comían los perdigones en el fondo de las lagunas. 

Pero ahora quieren ir un paso más allá, puesto que la ECHA ha recomendado a la Comisión Europea un veto total al prohibir la comercialización y uso de cartuchos y aparejos de pesca que contengan más de un 1% de plomo. Y para suavizar el golpe, los borradores europeos han planteado plazos de transición que oscilan entre los 18 meses para la caza mayor y hasta 5 años para la menor.

El papel de la ciencia. Para la comunidad científica española, estos plazos de gracia son un lujo que los ecosistemas no se pueden permitir. En concreto, 130 investigadores de diferentes instituciones han firmado un manifiesto instando al Gobierno a apoyar la restricción europea sin ningún tipo de concesión. Es decir, que la prohibición se aplique inmediatamente de la noche a la mañana. 

Los argumentos que ofrecen se centran principalmente en la gran toxicidad que genera el plomo cuando se deja abandonado en el campo, y sobre todo esgrimen que no hay un umbral seguro de exposición. Es decir, la única seguridad que podemos tener es cuando hay cero plomo en el ambiente. 

Su impacto. Por un lado, tenemos la afectación medioambiental, puesto que toneladas de plomo acaban esparcidas en el campo cada año por las prácticas de caza envenenando a la fauna, especialmente las aves carroñeras que consumen presas con perdigones. 

Por otro lado, tenemos un problema de salud pública. En este caso son varios los informes que existen advirtiendo sobre los riesgos alimentarios de consumir carne de caza abatida con este tipo de munición, recomendando a niños y mujeres embarazadas evitar su consumo por los datos neurológicos asociados al plomo. 

Los cazadores. Frente a la urgencia científica, piden pisar el freno ante la aplicación de estas medidas. Entidades como la Real Federación Española de Caza (RFEC) y la Federación Andaluza de Caza (FAC) argumentan que una prohibición brusca sería una sentencia de muerte para el sector y, por extensión, para la economía de muchas zonas rurales.

El problema que se plantea es que las alternativas al plomo no terminan de convencer, ya que, aunque existen opciones como el acero o el bismuto, el sector cinegético denuncia que no están validadas a nivel toxicológico, son mucho más caras y sobre todo, que no hay una producción a gran escala para cubrir la demanda. Además, el uso de perdigones de acero requiere en muchos casos adaptar o cambiar las escopetas más antiguas, ya que pueden dañar los cañones por la dureza del material. Es por todo esto que piden al menos 10 años para adaptarse. 

Una batalla política. Ahora mismo el Gobierno apoya el hecho de alinearse con la línea dura que viene desde Europa, pero los partidos de la oposición, como el Partido Popular, piden que se pelee en Bruselas por conseguir esas décadas de margen y fondos para la investigación balística alternativa y segura. 

Y es que ahora mismo la pelota está literalmente encima del tejado de Bruselas y del comité REACH encargado de regular las sustancias químicas en la UE. Ahora mismo lo único que queda es abrir un espacio de debate que no se presenta para nada fácil. 

Imágenes | freepik

En Xataka | La caza ha estado impresa en el DNI nacional de España desde hace siglos. Ahora tiene un problema: no hay relevo

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