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la ingeniería inversa con un arma inédita
En las guerras, la innovación rara vez nace en el vacío: a menudo ha surgido de observar con atención al adversario. A lo largo de la historia, algunas de las transformaciones militares más profundas no llegaron con armas completamente nuevas, sino con la reinterpretación de tecnologías ya existentes que cambiaron de manos. Ahora, en pleno siglo XXI, cuando la IA, los sistemas no tripulados y la producción industrial acelerada marcan el ritmo del combate, esa vieja dinámica ha vuelto a cobrar protagonismo de una forma tan inesperada como reveladora.
El debut de los drones kamikaze estadounidenses. Sí, Estados Unidos atacó territorio iraní en el marco de la operación Epic Fury junto a Israel, pero lo verdaderamente inédito no fue la magnitud de la ofensiva aérea ni la coordinación entre ambos países, algo que vimos hace muy pocos meses en el mismo escenario, sino el estreno en combate de los LUCAS, es decir, los drones kamikaze de largo alcance empleados por primera vez por fuerzas estadounidenses.
Lanzados desde tierra por la Task Force Scorpion Strike, creada específicamente para introducir este tipo de capacidades en la región, los LUCAS actuaron como municiones merodeadoras capaces de volar largas distancias, permanecer en zona y lanzarse contra su objetivo en un solo uso. Su bajo coste, en torno a decenas de miles de dólares por unidad, contrasta con el precio y la complejidad de producción de misiles de crucero tradicionales, lo que permite emplearlos en número suficiente para saturar defensas, coordinar ataques en red y mantener supervisión humana mientras operan con autonomía parcial. Por primera vez, Washington no solo hablaba de drones baratos como complemento, sino que los integraba activamente en una campaña real contra un Estado soberano.
El arma devuelta a su creador. La clave estratégica del ataque no reside únicamente en la tecnología, sino en su origen. Lo contamos hace un tiempo. El diseño de LUCAS parte directamente del Shahed-136 iraní, el mismo modelo que Teherán ha empleado durante años en Oriente Medio y que Rusia ha utilizado de forma brutal en Ucrania. Tras hacerse con un ejemplar, el aparato fue analizado y reingenierizado por empresas estadounidenses, adaptándolo a estándares propios y a una arquitectura más conectada en red.
En esencia, Wahington utilizó una de las prácticas más antiguas de la guerra para bombardear Irán: la ingeniería inversa. No se trató solo de copiar una plataforma, sino de apropiarse de su lógica operativa (arma barata, larga distancia, volumen frente a precisión exclusiva) y devolverla contra quien la popularizó. El resultado es una inversión simbólica y hasta doctrinal: el país que había perfeccionado el uso de enjambres de drones de bajo coste se convirtió en objetivo de su propio modelo estratégico reinterpretado.


Sorpresa táctica y demolición. Si ampliamos el marco de la foto, el empleo de drones se integró en una ofensiva mucho más amplia basada en inteligencia precisa y sincronización extrema. Contaba en un reportaje el New York Times que la CIA y los servicios israelíes lograron identificar una reunión de altos mandos iraníes en Teherán, incluido el líder supremo, lo que permitió ajustar el momento del ataque para maximizar el impacto inicial.
La operación combinó drones, misiles de crucero, artillería de largo alcance y una oleada aérea masiva que buscó neutralizar defensas antiaéreas y desarticular la cadena de mando desde el primer golpe. El resultado fue la eliminación de figuras clave del aparato político-militar iraní y la obtención de superioridad aérea en cuestión de horas. En ese contexto, los LUCAS no actuaron de forma aislada, sino como parte de una arquitectura de ataque distribuida que combinó saturación, precisión y velocidad para impedir una respuesta coordinada inmediata.


Drones baratos frente a millones. El uso de LUCAS también evidenció una tendencia más profunda que la guerra en Ucrania ha pontificado: la creciente vulnerabilidad de sistemas de defensa aérea avanzados ante plataformas baratas y numerosas. Irán había demostrado que incluso las arquitecturas defensivas más sofisticadas pueden verse desbordadas por oleadas de drones relativamente simples.
Estados Unidos aplicó ahora esa misma lógica, explotando la relación coste-efecto para imponer presión y obligar al adversario a gastar recursos mucho más caros en interceptores. Si se quiere, el dron kamikaze de largo alcance deja de ser un arma de actores periféricos para convertirse en herramienta plenamente integrada en el arsenal de una superpotencia, alterando la ecuación tradicional entre tecnología punta y volumen de fuego.


De Roma a la era de los misiles. La ingeniería inversa empleada por Washington no es una anomalía moderna, sino más bien una constante histórica. En la Antigüedad, Roma copió embarcaciones cartaginesas para construir su flota. En la Edad Media se replicaban máquinas de asedio capturadas, y ya en la Segunda Guerra Mundial, los programas de cohetes y bombarderos se alimentaron de tecnología y científicos del enemigo.
Uno de los casos más famosos fue el del misil balístico alemán V-2 desarrollado por la Alemania nazi al final de la Segunda Guerra Mundial. Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética capturaron cohetes, planos y científicos. Washington integró a Wernher von Braun en su programa espacial, mientras Moscú hizo lo propio con su propio equipo. Aquella ingeniería inversa fue la base directa de los programas de misiles y, posteriormente, de la carrera espacial.
Y durante la Guerra Fría. También, porque tanto misiles como sistemas de guiado cambiaron de manos para ser desmontados y reproducidos. Uno de los casos más sonados fue el del bombardero estratégico B-29 Superfortress. Cuando varios B-29 estadounidenses realizaron aterrizajes forzosos en territorio soviético, la URSS los desmontó pieza por pieza y produjo una copia casi exacta: el Tupolev Tu-4. Fue, otra vez, un ejercicio extremo de ingeniería inversa industrial, hasta el punto de replicar incluso defectos del diseño original.
El patrón, como vemos, se repite: capturar, estudiar, adaptar y mejorar. Lo que cambia es la velocidad y la complejidad técnica. En el caso de los LUCAS, ese ciclo se cerró en pleno siglo XXI con una rapidez notable, integrando además capacidades de coordinación autónoma y guerra en red que multiplican su impacto. La práctica es ancestral, pero su ejecución es contemporánea.
Una nueva etapa. El ataque sobre Irán marca un punto de inflexión porque incluye por primera vez a Estados Unidos como usuario activo de drones kamikaze de largo alcance en un conflicto interestatal, y lo hace empleando un sistema nacido del análisis de la tecnología enemiga, primero de Irán, luego de Rusia.
No se trata solo de un episodio más en la escalada regional, sino de la confirmación de que la guerra moderna combina inteligencia en tiempo real, armas relativamente baratas y doctrinas heredadas del adversario. Al apropiarse del modelo Shahed y transformarlo en LUCAS, Washington no inventó una categoría nueva, pero sí legitimó su uso a gran escala dentro de su propia doctrina.
La innovación en este caso no fue crear algo desde cero, sino aplicar una regla tan antigua como la guerra misma: si el enemigo posee un arma eficaz, conviértela en tuya y devuélvesela.
Imagen | US Central Command, US Army
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Corea del Sur tenía un rey tecnológico desde 2000. La fiebre por la IA acaba de coronar a otro
Cuando uno hablaba de tecnología surcoreana, la empresa que le venía a la cabeza siempre era Samsung. El gigante de los semiconductores y la industria móvil parecía ser líder indiscutible de su país, pero eso está a punto de cambiar. Sk Hynix es la nueva niña bonita de la industria tecnológica surcoreana, y lo ha logrado impulsada por la crisis de la memoria.
Sorpasso a la vista. Desde el año 2000, Samsung Electronics había mantenido un dominio imperial en el país asiático, y desde entonces ha sido el buque insignia de su economía. Sin embargo, las cosas han cambiado, porque su eterno rival, SK Hynix, ha sido una de las grandes beneficiadas de la crisis de las memorias.

Fuente: Reuters.
Visto y no visto. Ayer las acciones de la empresa alcanzaron su máximo histórico, superando brevemente en capitalización de mercado a Samsung, un hito colosal que deja claro el impacto que la IA en la economía global. Los chips de memoria eran un buen negocio antes, pero ahora son el producto tecnológico estrella. En la sesión de ayer, eso sí, SK Hynix se dejó un 12,5% de valor, lo que hizo que Samsung (que cayó también de forma notable) volviera a recuperar ese trono en capitalización bursátil… de momento.
Sk Hynix resurge de sus cenizas. En 2002, la compañía (entonces llamada Hynix Semiconductor) estaba asfixiada por las deudas. Había ejecutado un agresivo plan de expansión que no funcionó bien y estuvo a punto de ser malvendida a Micron (la oferta se anunció, de hecho, aunque fue rechazada). Sus acciones, que salieron a bolsa en 1996 a un precio de 20.000 wones, llegaron a caer hasta los 135 wones en 2003, lo que hizo que fuera considerada como una empresa abocada al fracaso. Tras años de travesía por el desierto y de sufrir las cíclicas crisis del mercado de memorias RAM, el auge de la IA la ha transformado en uno de los fabricantes de chips más valiosos del planeta, compitiendo de tú a tú con Samsung o Micron.
Una gallina de los huevos de oro llamada HBM. El punto de inflexión se produjo tras una decisión estratégica crucial. En 2023 la industria de los semiconductores estaba en caída libre en cuanto a los precios, pero en SK Hynix decidieron no solo mantener, sino acelerar sus inversiones en chips de memoria de alto ancho de banda (High-Bandwidth Memory, o HBM). Estas memorias son las más demandadas en el ámbito de las GPUs orientadas a centros de datos, y gracias a esa apuesta SK Hynix se ha hecho con un 61% del mercado global de los chips HBM, muy por encima del 17% que tiene Samsung.
De commodity, nada. El presidente de SK Group —matriz de SK Hynix—, Chey Tae-won, indicaba cómo históricamente la memoria se había convertido en una commodity. Daba exactamente igual comprar un módulo de SK Hynix, de Samsung o de Micron porque eran chips casi clónicos e intercambiables. Con la tecnología HBM la historia cambió: es un componente tan optimizado e integrado con los chips de IA, que la dependencia de Nvidia de estos chips es enorme.
Samsung defiende su liderazgo. El sorpasso temporal no ha sentado bien en Samsung. Sus responsables han indicado que los cálculos de la capitalización de mercado deberían incluir las acciones preferentes. De ser incluidas, el valor de capitalización de Samsung seguiría siendo mayor que el de SK Hynix. Samsung es hoy por hoy líder en ese ámbito, pero la tendencia del mercado parece favorecer la teoría de que SK Hynix acabará siendo más valiosa mientras esta crisis de las memorias se mantenga.
La amenaza para DRAM. El peligro para Samsung no solo viene de que SK Hynix sea líder indiscutible en memorias HBM, sino en el hecho de que también está creciendo notablemente en memorias DRAM convencionales. Según las estimaciones de Bank of America, SK Hynix expandirá su producción de obleas un 38% entre 2025 y 2028, mientras que Samsung solo lo hará un 17%. En SK Hynix están poniendo toda la carne en el asador, y eso está provocando que la brecha (económica) entre ambas empresas, antes enorme, ya prácticamente no exista.
En Xataka | El tridente de la memoria RAM ya trabaja en la tecnología DDR6. Será para los hiperescaladores, claro
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Corea del Sur tenía un rey tecnológico desde 2000. La fiebre por la IA acaba de coronar a otro
Cuando uno hablaba de tecnología surcoreana, la empresa que le venía a la cabeza siempre era Samsung. El gigante de los semiconductores y la industria móvil parecía ser líder indiscutible de su país, pero eso está a punto de cambiar. Sk Hynix es la nueva niña bonita de la industria tecnológica surcoreana, y lo ha logrado impulsada por la crisis de la memoria.
Sorpasso a la vista. Desde el año 2000, Samsung Electronics había mantenido un dominio imperial en el país asiático, y desde entonces ha sido el buque insignia de su economía. Sin embargo, las cosas han cambiado, porque su eterno rival, SK Hynix, ha sido una de las grandes beneficiadas de la crisis de las memorias.

Fuente: Reuters.
Visto y no visto. Ayer las acciones de la empresa alcanzaron su máximo histórico, superando brevemente en capitalización de mercado a Samsung, un hito colosal que deja claro el impacto que la IA en la economía global. Los chips de memoria eran un buen negocio antes, pero ahora son el producto tecnológico estrella. En la sesión de ayer, eso sí, SK Hynix se dejó un 12,5% de valor, lo que hizo que Samsung (que cayó también de forma notable) volviera a recuperar ese trono en capitalización bursátil… de momento.
Sk Hynix resurge de sus cenizas. En 2002, la compañía (entonces llamada Hynix Semiconductor) estaba asfixiada por las deudas. Había ejecutado un agresivo plan de expansión que no funcionó bien y estuvo a punto de ser malvendida a Micron (la oferta se anunció, de hecho, aunque fue rechazada). Sus acciones, que salieron a bolsa en 1996 a un precio de 20.000 wones, llegaron a caer hasta los 135 wones en 2003, lo que hizo que fuera considerada como una empresa abocada al fracaso. Tras años de travesía por el desierto y de sufrir las cíclicas crisis del mercado de memorias RAM, el auge de la IA la ha transformado en uno de los fabricantes de chips más valiosos del planeta, compitiendo de tú a tú con Samsung o Micron.
Una gallina de los huevos de oro llamada HBM. El punto de inflexión se produjo tras una decisión estratégica crucial. En 2023 la industria de los semiconductores estaba en caída libre en cuanto a los precios, pero en SK Hynix decidieron no solo mantener, sino acelerar sus inversiones en chips de memoria de alto ancho de banda (High-Bandwidth Memory, o HBM). Estas memorias son las más demandadas en el ámbito de las GPUs orientadas a centros de datos, y gracias a esa apuesta SK Hynix se ha hecho con un 61% del mercado global de los chips HBM, muy por encima del 17% que tiene Samsung.
De commodity, nada. El presidente de SK Group —matriz de SK Hynix—, Chey Tae-won, indicaba cómo históricamente la memoria se había convertido en una commodity. Daba exactamente igual comprar un módulo de SK Hynix, de Samsung o de Micron porque eran chips casi clónicos e intercambiables. Con la tecnología HBM la historia cambió: es un componente tan optimizado e integrado con los chips de IA, que la dependencia de Nvidia de estos chips es enorme.
Samsung defiende su liderazgo. El sorpasso temporal no ha sentado bien en Samsung. Sus responsables han indicado que los cálculos de la capitalización de mercado deberían incluir las acciones preferentes. De ser incluidas, el valor de capitalización de Samsung seguiría siendo mayor que el de SK Hynix. Samsung es hoy por hoy líder en ese ámbito, pero la tendencia del mercado parece favorecer la teoría de que SK Hynix acabará siendo más valiosa mientras esta crisis de las memorias se mantenga.
La amenaza para DRAM. El peligro para Samsung no solo viene de que SK Hynix sea líder indiscutible en memorias HBM, sino en el hecho de que también está creciendo notablemente en memorias DRAM convencionales. Según las estimaciones de Bank of America, SK Hynix expandirá su producción de obleas un 38% entre 2025 y 2028, mientras que Samsung solo lo hará un 17%. En SK Hynix están poniendo toda la carne en el asador, y eso está provocando que la brecha (económica) entre ambas empresas, antes enorme, ya prácticamente no exista.
En Xataka | El tridente de la memoria RAM ya trabaja en la tecnología DDR6. Será para los hiperescaladores, claro
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El precio de Steam Machine era previsible. Lo preocupante es lo que nos dice sobre PS6 y Xbox Helix
Tras anunciarla en noviembre del año pasado y mantenerla en un peligroso limbo debido a la crisis de componentes, Valve ha confirmado el precio de la Steam Machine, poniendo fin a semanas de rumores con un resultado que sorprende a pocos. Que la Steam Machine tenía papeletas para costar 1.000 euros no era una sorpresa (y más tras el estratosférico aumento de precio de la Steam Deck), pero lo peor es lo que está avanzando para la próxima generación de consolas.
Unas PS6 y Xbox Helix que sí deberían ser un salto generacional y a las que se les está poniendo cara de las consolas más caras de la historia.
Los 1.000 euros. Cuando Valve anunció el PC, lo hizo sin precio. Invitó a expertos a sus oficinas para que pudieran probar algunos juegos, ver la máquina tanto por fuera como por dentro y experimentar lo que la nueva Steam Machine (porque ya hubo unas que fracasaron hace más de una década) podía ofrecer. Enseguida saltó el debate del precio y, echando cuentas, se estimaba entre los 600 y 800 euros en la estimación más pesimista.
La realidad ha acabado superando ampliamente esa previsión porque los 1.039 euros son para la versión de 512 GB de almacenamiento, la de 2 TB se va a 1.359 euros y luego tienes pack con el mando para las dos configuraciones. A todas luces, es un precio muy elevado y, aunque tiene la ventaja del factor de forma y una disipación que parece muy eficiente, no hay ventajas en rendimiento frente a un PC por piezas.
No es ‘next gen’. Porque, más allá del precio, algo que se está comentando es que el rendimiento tampoco es nada del otro jueves. Gamer Nexus o Digital Foundry ya han podido meter mano al sistema y la conclusión es que el rendimiento (grosso modo) es similar a una RTX 3060 de 12 GB, una RTX 3050, una Arc A770 o una RX 6600. No estamos hablando, para nada, de hardware de última generación. Ni mucho menos.
Es algo que depende del juego y su optimización, pero por ahí van los tiros. Y, si queremos una comparativa más sencilla, poniéndola al lado de una PS5 en modo rendimiento (prioriza la tasa de FPS), haciendo que las especificaciones visuales del juego en Steam Machine coincidan con las de PS5, el rendimiento es muy, muy similar.
A veces por encima de PS5, a veces por debajo. Estamos hablando de PS5 base, la de 2020, no PS5 Pro. Más de 1.000 euros para moverse alrededor del rendimiento de una máquina de hace seis años no es una buena noticia.

Steam Machine vs PS5 en ‘Forza Horizon 5’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘007 First Light’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Black Myth Wukong’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Alan Wake 2’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Crimson Desert’. Pantallazo del video de Digital Foundry
PS6 y Xbox Helix, para cuándo. Los más de 1.000 euros con la crisis de componentes (que va a durar unos años más) ya no nos lo baja nadie, pero… ¿qué pasa con las consolas de nueva generación? Llevamos seis años de actual generación y es un secreto a voces (en el caso de Xbox ni siquiera es un secreto) que tanto Microsoft como Sony se encuentran trabajando en sus nuevas máquinas.
Si todo hubiese seguido el ritmo que parecía, PS6 y Helix deberían haber visto la luz entre 2027 y 2028. PS5 lleva un buen ritmo de ventas con 90 millones de unidades vendidas y ‘GTA VI‘ se postula como ese título que permitirá que la máquina de Sony tenga un arreón final antes de la próxima generación. El problema es el mismo que ha afrontado Valve: la crisis de componentes.
Hace unas semanas, Asha Sharma, CEO de Xbox, apuntó que a comienzos de 2027 enviarían los kits de desarrollo de Helix a las compañías, lo que indica que veríamos la máquina a finales de año o comienzos de 2028 y algo más importante: la consola iba a ser cara.
Replanteando cosas. Desde entonces, la rueda ha seguido girando y la propia Microsoft ha vuelto a hablar sobre Helix, apuntando que lo que querían lograr a nivel de hardware se les estaba yendo de las manos porque cada día es más caro montar una plataforma. Sharma comentó que las audiencias masivas “no gastarán miles de dólares en una nueva generación de consolas”, por lo que se estaban replanteando las cosas con “modelos de negocio radicalmente diferentes”, signifique eso lo que signifique.
Lo que está claro es que montar una consola que suponga un salto generacional frente a lo que tenemos desde 2020 no está siendo barato para unas compañías que tienen que calcular muy bien la relación precio/prestaciones y, aunque las consolas no son la principal fuente de ingresos para las divisiones de videojuegos de Sony y Microsoft, tampoco pueden ir a pérdidas salvajes.
Lo malo es que la esperanza no es algo que esté en la ecuación en un momento en el que vemos que una máquina como Steam Machine, con sus más de 1.000 euros, iguala con suerte el rendimiento de una PS5 base. Y eso adelanta dos futuros: nuevas consolas que sean más potentes y mucho más caras que las actuales o consolas híbridas que se nutran del juego por streaming, lo que complicaría aún más el ya dañado escenario de la preservación.
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