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el as en la manga de Arabia Saudí para reventar el bloqueo iraní en Ormuz
La estrategia de supervivencia de Irán en esta guerra se basa en una táctica de asfixia geopolítica: estrangular el Estrecho de Ormuz para imponer un coste económico insoportable a Occidente. Sin embargo, mientras el mercado financiero especula ciegamente con treguas exprés y el precio de los carburantes sigue su propia dinámica en los surtidores, la realidad física sobre el terreno está a punto de dar un vuelco.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos tienen un “antídoto” logístico capaz de rescatar hasta 7 millones de esos barriles, cambiando radicalmente la ecuación y reventando el chantaje iraní.
El “antídoto” en el desierto. Este salvavidas no se improvisó ayer. Conocido como el East-West Pipeline (o Petroline), empezó a construirse en la década de los 80 por el miedo a que la guerra entre Irán e Irak paralizará el Golfo Pérsico. Según Middle East Eye, se trata de una faraónica arteria de unos 1.200 kilómetros que serpentea a través del desierto arábigo, conectando los gigantescos campos de extracción en el este directamente con la terminal portuaria de Yanbu, bañada por las aguas del Mar Rojo. De esta forma, el crudo puede salir al mundo sin asomarse al radio de acción de los misiles iraníes en Ormuz.
Según confirmó el propio CEO de Saudi Aramco, Amin Nasser, en Financial Times, la compañía está trabajando a contrarreloj para elevar el bombeo a la capacidad máxima del oleoducto: 7 millones de barriles diarios. Antes de la crisis, por allí apenas circulaban 2,8 millones de barriles. Nasser detalló que unos 2 millones de barriles se quedarán para alimentar sus refinerías de la costa oeste, dejando la nada desdeñable cifra de 5 millones de barriles diarios listos para el mercado global.
La maquinaria en marcha. Arabia Saudí ha pisado el acelerador. “Deberíamos alcanzar la capacidad máxima en un par de días”, aseguró el jefe de Aramco, según las declaraciones recogidas por Reuters. Si Riad logra consolidar esta ruta, el reino será capaz de exportar cerca del 70% de sus envíos habituales.
El analista energético Javier Blas subraya en su columna para Bloomberg que ahora mismo lo crítico es fijarse en el flujo de exportación fuera de Ormuz, y no tanto en la producción a boca de pozo. Y los datos navieros respaldan esta frenética actividad: Bloomberg ha detallado como una “armada” de al menos 25 superpetroleros (conocidos como VLCC) han cambiado su rumbo y navegan hacia el puerto de Yanbu para cargar este crudo salvavidas. A este balón de oxígeno se suma el esfuerzo de los Emiratos Árabes Unidos. A través de su oleoducto Habshan-Fujairah, que también esquiva el peligroso estrecho para salir al Golfo de Omán, están aportando entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios adicionales, según los datos de Wall Street Journal.
La letra pequeña. Sin embargo, como ocurre con cualquier operación logística de emergencia a gran escala, no existe una varita mágica. Los expertos advierten de varios puntos ciegos en esta estrategia:
- El embudo del puerto: Según la agencia Argus Media, aunque el oleoducto saudí logre transportar 5 millones de barriles para su exportación, el puerto de Yanbu tiene sus propios límites. Su capacidad nominal de carga es de unos 4,5 millones de barriles diarios en dos terminales, pero fuentes del mercado sitúan la capacidad efectiva probada más cerca de los 4 millones.
- La crisis de los combustibles (destilados): Como advierte Arne Lohmann Rasmussen, analista citado por Middle East Eye, el problema actual va más allá del crudo; es una crisis de diésel y combustible de aviación. El oleoducto East-West transporta crudo, no productos refinados. Esto deja en una posición muy vulnerable a mercados como Europa, que dependían enormemente de las refinerías de Oriente Medio (como la gigantesca planta emiratí de Ruwais, golpeada recientemente por un dron).
- La amenaza Houthi y el colapso de los tanques: Desplazar la salida del petróleo al Mar Rojo devuelve el protagonismo a los rebeldes hutíes en Yemen. Como señala Greg Priddy, los barcos que carguen en Yanbu con destino a Asia tendrán que pasar por el estrecho de Bab el-Mandeb, exponiéndose a ataques con drones. A esto se suma que, ante la incapacidad de sacar los barcos por Ormuz, los países del Golfo están llenando sus reservas de almacenamiento al límite, obligando a Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait e Irak a recortar drásticamente la extracción desde sus pozos, según ha avanzado Bloomberg.
Comprando tiempo en la “Batalla de los oleoductos”. Nadie en la industria petrolera engaña a nadie. El propio CEO de Aramco admitió las “consecuencias catastróficas” que tendría para la economía mundial una prolongación de este escenario. Como concluye Blas, estos oleoductos alternativos no reemplazan la apertura del Estrecho de Ormuz de forma permanente. Su misión principal es otra: comprar un tiempo valiosísimo.
Si la dupla saudí-emiratí consigue que esta enorme tubería escupa millones de barriles al Mar Rojo y al Golfo de Omán, frenarán el pánico en los surtidores de occidente y arrebatarán a Irán su principal baza negociadora. Lejos del ruido político y bursátil, la resolución de esta crisis se está librando en el desierto logístico.
Imagen | Aramco
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China ha convertido OpenClaw en un fenómeno viral. Y luego ha prohibido a sus funcionarios usarlo
La aparición del agente de IA OpenClaw ha hecho que estemos viviendo una especie de segundo “momento DeepSeek“. Lo saben bien en China, donde su uso ha explotado de tal forma que el Gobierno ha tenido que actuar. Y probablemente ha hecho bien.
Una IA absolutamente viral. El proyecto OpenClaw ha provocado un verdadero terremoto en China. En ciudades como Shenzhen hay colas para instalarlo físicamente y gente pagando para que otros lo instalen remotamente o en persona. El agente de IA está rompiendo todos los récords de popularidad para proyectos de programación, y por ejemplo ya ha superado a dos leyendas como React o Linux en cuanto a estrellas concedidas en GitHub, una medida de la popularidad de proyectos de código abierto.

En apenas tres meses OpenClaw ha conseguido superar en estrellas de GitHub a los legendarios líderes de este ranking: react y linux. Fuente: Star-History.com
Solución a la fragmentación china. El secreto de ese éxito en el gigante asiático no se basa solo en la curiosidad de los usuarios, sino en que OpenClaw proporcioa una solución llamativa a un problema endémico del país: la fragmentación del software empresarial. Con una media de 150 sistemas IT independientes por empresa y un 60% de ellos sin APIs ni documentación, la integración de la IA parecía ser un muro infranqueable. OpenClaw soluciona el problema porque puede tomar el control de la máaquina, “ver” los botones y cuadros de texto, efectuar clics y escribir en navegadores y operar como si fuese un humano.
Tokens por doquier. Esa capacidad ha convertido a este proyecto en un absoluto “agujero de tokens”. A diferencia de un chatbot convencional como ChatGPT, OpenClaw trabaja de forma continua y autónoma, y no es raro ver cómo un usuario avanzado consume 50 millones de tokens a diario. El impacto ha sido masivo: a finales de febrero los modelos chinos como Kimi 2.5 o DeepSeek ya devoraban el 61% de los tokens globales de OpenRouter, una plataforma que permite usar fácilmente APIs de decenas de modelos de IA. La fiebre ha sido tal que Kimi ha generado en 20 días más ingresos que todo lo previsto por su creadora, Moonshot IA, para 2025.
Alarma. El problema es precisamente ese: cuando un software tiene la capacidad de “ver” todo lo que ocurre en una pantalla y ejecutar comandos por sí mismo, los riesgos de seguridad son enormes. Eso ha hecho que el gobierno de Beijing pase del entusiasmo —ciudades como Shenzhen ofrecen subsidios millonarios para su desarrollo— a una política que ahora es totalmente restrictiva. Agencias gubernamentales, empresas estatales y grandes bancos nacionales han recibido avisos urgentes prohibiendo la instalación de OpenClaw en dispositivos de oficina e incluso en móviles que se usen en este tipo de segmentos.
Cuidado con tus datos. Prácticamente desde que se hizo viral fueron muchos quienes alertaron de los riesgos de ciberseguridad que implicaba usar OpenClaw. Una auditoría inicial de los skills disponibles en ClawdHub detectó cientos de ellos como maliciosos. Eso fue el germen de la alianza de OpenClaw con la firma española de ciberseguridad VirusTotal, parte de Google. El riesgo con este proyecto es triple:
- Tiene acceso a datos privados
- Puede comunicarse con el exterior
- Está expuesto a contenidos no fiables y a ataques de prompt injection
Una de cal y otra de arena. Para las grandes tecnológicas chinas las medidas del gobierno son agridulces. Por un lado se han apresurado para ofrecer despliegues de OpenClaw en un solo clic en sus nubes para los usuarios interesados. Por el otro, la restricción estatal ha supuesto que algunas de las startups de IA como Zhipu (Knowledge Atlas Technology JSC Ltd.) o MiniMax Group hayan caído rápidamente en bolsa por la noticia.
China y el control. Hay otro elemento clave en ese movimiento político: la pérdida de control. El gobierno de Pekín ya libró en el pasado una batalla para frenar el poder de gigantes como Alibaba, y eso provocó que el “Jeff Bezos asiático”, Jack Ma, saliera muy mal parado. Un agente de IA autónomo que opera fuera de ese control gubernamental representa un desafío a los mecanismos que China lleva perfeccionando, sobre todo con su Gran Cortafuegos.
Un futuro incierto. Estas nuevas restricciones plantean un futuro complejo para el proyecto en China. El gigante asiático ha abrazado más que nadie la IA, pero los riesgos de seguridad son en este caso tan claros que había que poner límites antes de que las cosas se desmandaran. Aun así el proyecto es Open Source, lo que hará difícil que su despliegue pueda detenerse por las buenas entre usuarios finales y entusiastas, por mucho que lo quiera el Gobierno chino.
Imagen | OpenClaw | Paul Kagame
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Miles de personas estaban siguiendo la guerra de Irán con imágenes satelitales de Planet Labs. Así que EEUU la ha cerrado
Las imágenes satelitales son una pieza clave para la inteligencia militar moderna. Son los ojos sobre el terreno, permiten ver dónde está el enemigo, sus rutas de suministro, sus defensas y planear ataques más precisos. Para el público, son la ventana directa al campo de batalla y en el conflicto de Irán hay dos empresas que están decidiendo si nos dejan mirar o no, una es estadounidense y una china. Adivina quién es quién.
El apagón de Planet Labs. Es una empresa de imágenes terrestres por satélite con sede en San Francisco. Opera una red de más de 200 satélites que les permite realizar una cobertura global del planeta, registrando más de 300 millones de kilómetros cuadrados de imágenes recopiladas cada día. Las imágenes de Planet Labs han sido clave en conflictos como la guerra de Ucrania o la escalada de tensiones entre China y Taiwán. Sin embargo, cuando se trata de un conflicto en el que EEUU es protagonista, la cosa cambia.
- La restricción: El pasado 6 de marzo, Planet Labs anunció un retraso de cuatro días en la publicación de sus imágenes de Oriente Medio, una medida que calificaron de “temporal y destinada a proteger al personal y las operaciones”.
- La controversia: Lo llamativo es que el retraso afectaba a países con presencia militar estadounidense (Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Emiratos Árabes), mientras que las imágenes de Irán seguían publicándose casi en tiempo real. Esto desató críticas en X, calificándolo como una medida para manipular la opinión pública ocultando el daño a las bases estadounidenses, mientras sólo se mostraba el daño causado a Irán.
- La prórroga: Recientemente, la empresa extendió este retraso a 14 días. Según declaraciones a Reuters, buscan garantizar que sus datos “no contribuyan de ninguna manera a ataques contra personal aliado, de la OTAN o población civil”.
Mizar Vision. Ante el apagón de Planet Labs, hay una empresa que sigue ofreciendo imágenes satelitales casi en tiempo real. Se trata de Mizar Vision, una startup china con sede en Shanghái que no cuenta con sus propios satélites, sino que compra imágenes comerciales. Su valor es que aplica una capa de IA que detecta, geolocaliza y etiqueta activos militares casi en tiempo real y las publica en Weibo, la red social china. Hay una cuenta en X con el mismo nombre, pero la empresa ya ha confirmado que no es una cuenta oficial.
La predicción del ataque. Dos días antes del ataque a Irán, Mizar Vision publicó imágenes que mostraban aviones alineados en la pista de la base de Diego García, señalando que el ataque era inminente. Eran imágenes de alta resolución en las que se podía distinguir detalles como el modelo de los aviones. También identificaron otras infraestructuras clave como los sistemas antimisiles que EEUU tiene en Jordania y la base al-Udeid en Qatar, todos ellos atacados por Irán días después. Mizar Vision es la ventana abierta al campo de batalla, pero todos podemos mirar, el ejército iraní también.
La sombra de Pekín. Las imágenes previas al ataque fueron compartidas por cuentas con vínculos al Ejército Popular de Liberación Chino. Cuentan en El País que los analistas se preguntan hasta qué punto el gobierno chino está alentando que se publiquen imágenes tan detalladas, con tanta precisión y en tiempo real en un contexto de tanta tensión. La empresa continúa publicando imágenes sobre los movimientos militares de Estados Unidos en la región.
Imagen | Mizar Vision
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las ciudades españolas están colapsadas porque no se pensaron para ir “de la periferia a la periferia”
Durante décadas, el desplazamiento al trabajo en las grandes ciudades españolas tenía una lógica clara: los trabajadores vivían en la periferia de las grandes ciudades y viajaban cada mañana hacia el centro a sus puestos de trabajo.
Era un modelo urbano bastante estable, reforzado por redes de transporte diseñadas para llevar a los trabajadores hacia los grandes distritos de oficinas del casco urbano. Sin embargo, en los últimos años ese patrón ha ido cambiando a medida que el precio del suelo del centro se iba disparando y las empresas también han tenido que desplazarse a la periferia.
Tal y como retrata El País, el problema es que las ciudades no están pensadas para moverse de periferia a periferia, y ese desplazamiento se ha convertido en una ratonera diaria para millones de empleados.
Durante los últimos años muchas empresas han optado por trasladar sus oficinas a zonas periféricas donde el suelo es más barato y existe espacio para construir grandes complejos de oficinas. Ese movimiento ha permitido levantar enormes campus empresariales que serían inviables en el centro urbano de grandes ciudades con alta demanda de suelo como Madrid o Barcelona.
En Madrid, el norte de la ciudad se ha convertido en uno de los principales destinos para este tipo de proyectos. Un ejemplo es el Distrito Telefónica, situado en Las Tablas, que ocupa unas 22 hectáreas y concentra a más de 12.000 trabajadores en un único complejo empresarial. Los registros del Atlas de Movilidad Residencia-Trabajo de la Comunidad de Madrid muestran que distritos como Fuencarral-El Pardo (donde se encuentra el Distrito Telefónica) figuran ya entre las zonas con mayor concentración de empleo de la región.
Barcelona vivió un proceso parecido con el desarrollo del distrito tecnológico 22@ en Poblenou, donde se han ido instalando numerosas empresas tecnológicas y sedes corporativas en las dos últimas décadas. La transformación de ese antiguo barrio industrial creó un nuevo polo laboral fuera del centro histórico de la ciudad.
El empleo se mueve, pero los precios también
El problema de esta migración de empresas hacia la periferia de los centros urbanos es que cuando miles de trabajadores empiezan a concentrarse en una zona concreta, el mercado inmobiliario suele reaccionar rápido.
La proximidad a los centros de trabajo aumenta el valor de los barrios cercanos, lo que termina elevando los precios del alquiler y de la vivienda. Este incremento, a su vez, obliga a los empleados a mudarse a municipios más alejados todavía del centro de la ciudad y de las oficinas en las que trabajan. El resultado es un incremento constante de los desplazamientos diarios dentro del área metropolitana.
En Madrid ese fenómeno se refleja en las cifras de movilidad laboral. Según los datos registrados por el Atlas de Movilidad de la Comunidad de Madrid, cada día 1,2 millones de personas entran en la capital desde otros municipios para trabajar, frente a las 790.000 que lo hacían en 2016. Algo parecido está sucediendo en la ciudad condal, que tras el crecimiento del 22@ ha atraído trabajadores desde numerosos municipios del área metropolitana congestionando las vías de acceso norte, sur y las vías de circunvalación de la ciudad debido al tráfico generado por estos empleados en las horas punta, tal y como recoge el informe de congestión de tráfico de Inrix de 2025.
Todos estos problemas de congestión tienen su origen en que las grandes infraestructuras de transporte (metros, tranvías, Cercanías, líneas de autobús, etc.) de las grandes ciudades españolas se han diseñado durante décadas con una estructura radial. Se planificaron para conectar los barrios periféricos con el centro de la ciudad, que era donde se concentraba la mayor parte del empleo.
Cuando los nuevos polos empresariales comenzaron a crecer fuera del centro, esa estructura empezó a mostrar sus limitaciones. Muchos trabajadores ya no necesitan ir al casco urbano, sino desplazarse entre zonas periféricas que no están conectadas directamente por transporte público. Un ejemplo muy claro de esto es la reivindicación de los vecinos de Tres Cantos de un eje que les conecte con… La A-6, no con el centro de Madrid.
Eso obliga a realizar trayectos largos o con varios transbordos, algo que a menudo hace que el coche resulte más rápido. Aunque ello implique quedarse atascado todos los días de camino al trabajo. Además, el transporte público en muchas ciudades se ha convertido en una lotería con constantes retrasos y averías, lo que genera incertidumbre a la hora de plantearse alternativas al coche privado.
El aumento de desplazamientos largos hacia el puesto de trabajo y la dependencia del coche se refleja claramente en los datos de tráfico. Según el TomTom Traffic Index, Madrid registró en 2025 un nivel medio de congestión del 38 %, lo que supone 3,6 puntos porcentuales más que el año anterior.
Ese nivel de tráfico significa que recorrer 10 kilómetros durante la hora punta puede requerir unos 34 minutos y medio, con velocidades medias cercanas a 17,5 km/h. El informe calcula además que los conductores madrileños pierden alrededor de 98 horas al año en atascos durante las horas punta. Cuando los trayectos diarios son largos, el tiempo acumulado puede multiplicarse y llegar hasta 500 horas al año por persona perdidas en un atasco. Barcelona afronta una situación similar, con un nivel de congestión de su centro urbano y vías de acceso del 41,1%, lo que supone una de las cifras más altas de Europa.
En Xataka | El peor atasco de la historia: dos semanas, más de 100 kilómetros y miles de coches retenidos en China
Imagen | Commons
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