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Llevamos décadas buscando “monstruos” radiactivos. Lo que hemos encontrado es una evolución a cámara rápida
Cuando pensamos en animales y radiación, la mente se nos puede ir a imaginar a un pez de tres ojos de Los Simpsons o a bestias gigantescas de las películas de la ciencia ficción. Pero la realidad es que aquellas zonas del planeta que han sufrido algún desastre radioactivo, presentan una realidad mucho más compleja y a menudo más fascinante desde el punto de vista evolutivo.
Los datos. Décadas después de los accidentes de Chernóbil en 1986, Fukushima en 2011 y los desastres históricos en Mayak, la ciencia ha empezado a recopilar datos suficientes para entender qué ocurre cuando la fauna retoma “zonas de exclusión” que han sido abandonadas por los humanos. Los estudios más recientes nos dicen que no hay monstruos, pero sí cambios genéticos acelerados, adaptaciones forzosas y cicatrices fisiológicas.
El caso de Chernóbil. La Zona de Exclusión de Chernóbil se ha convertido en una reserva natural involuntaria, ya que, sin humanos, la fauna ha proliferado, pero los estudios genéticos cuentan una historia de estrés invisible. Uno de los estudios más clásicos y reveladores se centra en la golondrina común, ya que lejos de ser inmunes, estas aves han actuado como bioindicadores del desastre.
Investigaciones han documentado una frecuencia inusualmente alta de albinismo parcial en su plumaje, una señal externa de inestabilidad genética. En este caso se ha registrado un aumento en la tasa de mutación germinal de entre 2 y 10 veces en comparación con zonas de control en Italia o la Ucrania rural no contaminada. Como consecuencia, entre 1991 y 2006, se documentaron frecuencias elevadas de anomalías físicas en adultos, lo que sugiere que la radiación sigue ejerciendo una presión selectiva constante.
El caso de los perros. En Chernóbil, quizás el hallazgo más sorprendente de los últimos años proviene de los descendientes de las mascotas que fueron abandonadas durante la evacuación. Un análisis genómico reciente de los perros asilvestrados que viven cerca de la central nuclear muestra una estructura genética diferenciada de los perros que viven en la ciudad de Chernóbil, a solo unos kilómetros.
En este caso, los científicos han identificado cambios en genes candidatos como el XRCC4, fundamental para la reparación del ADN. Esto sugiere una selección multigeneracional donde los perros con mejores mecanismos para reparar el daño celular provocado por la radiación son los que han logrado sobrevivir y reproducirse. En este caso, un metaanálisis que abarca 45 estudios y 30 especies confirma que el efecto en las tasas de mutación es grande y persistente, siendo curiosamente más fuerte en plantas que en animales.
El caso de Fukushima. Si nos vamos hasta Japón, es donde encontramos uno de los desastres más recientes en materia nuclear y es donde se nos ha permitido observar el impacto inmediato y la adaptación a medio plazo de la naturaleza. Uno de los puntos más destacables lo encontramos en un nuevo estudio publicado en enero de este mismo año, donde se relata como miles de cerdos domésticos escaparon de sus granjas abandonadas y comenzaron a aparearse con los jabalíes del bosque.
Aquí se apunta a que este encuentro no solo produjo híbridos entre cerdos y jabalíes, sino que ha acelerado la biología de estos animales. Y no estamos ante unos “mutantes radioactivos” como los peces de tres ojos de Los Simpsons, sino ante algo biológicamente más interesante: una máquina de reproducción acelerada que ha logrado diluir sus genes domésticos en tiempo récord.
Cómo se vio. Los investigadores analizaron el ADN mitocondrial, que se hereda solo de la madre, y también el nuclear de 191 jabalíes y 10 cerdos en la zona entre 2015 y 2018. Los resultados apuntaban a que, aunque los híbridos parecen jabalíes salvajes, muchos esconden un secreto en su linaje materno.
La clave para esto está en la diferencia biológica entre ambas especies, puesto que, aunque el jabalí salvaje tiene una temporada de cría anual estricta, los cerdos domésticos cuentan con un ciclo reproductivo continuo para criar todo el año. A partir de aquí, se ha visto que los híbridos que descienden de una madre cerdo heredan este ciclo reproductivo rápido, lo que ha provocado una rotación generacional vertiginosa al detectar más de cinco generaciones de híbridos en apenas unos años tras el desastre. En pocas palabras, los jabalíes han visto acelerada su reproducción cuando hace unos años era mucho más lenta.
Una paradoja genética. Aquí entra la parte más curiosa del estudio, ya que si estos animales se reproducen tanto, ¿por qué no vemos cerdos por todas partes en Fukushima? La respuesta está en el retrocruzamiento masivo en el campo genético. Y es que la población de jabalíes salvajes en la zona es inmensamente superior a la de los cerdos escapados de las granjas, por lo que los híbridos casi siempre terminan apareándose con jabalíes puros.
De esta manera, si las madres híbridas tienen muchas crías gracias a su “motor” doméstico y esas crías se cruzan de nuevo con jabalíes salvajes, el resultado es que el ADN nuclear del cerdo, que define la apariencia y la mayoría de rasgos, se diluye rápidamente.
Una mejora evolutiva. Con esta dilución, el estudio apunta a que, aunque el ADN mitocondrial delata el origen doméstico de estos nuevos jabalíes, el genoma nuclear y su apariencia son casi indistinguibles del de un jabalí salvaje. Es por ello que son, a efectos prácticos, jabalíes “mejorados” reproductivamente que han borrado su rastro doméstico visual de cerdo.
El caso de la mariposa. Si seguimos en Fukushima, nos encontramos otro caso interesante en la mariposa pale grass blue que fue monitorizada entre 2011 y 2013. En este caso se observó una reducción del tamaño de las alas de la mariposa y un retraso en el crecimiento que se unió a la aparición de deformidades en ojos y alas.
Tras el pico inicial de anomalías, la población pareció estabilizarse, pero esto sugiere un proceso de “purga”: los individuos más sensibles murieron rápidamente, dejando una población superviviente más resistente, un ejemplo de adaptación evolutiva acelerada.
El desastre de Mayak. Aunque poca gente lo conoce, antes de Chernóbil se dio este desastre que fue muy poco mediático y que tuvo como protagonista al río Techa en los Urales (Rusia). Aquí, entre los años 1949 y 1952, se fueron vertiendo residuos, creando un laboratorio histórico de exposición crónica.
Los informes técnicos y la modelización de dosis en organismos acuáticos como los peces del sistema fluvial Obi-Techa nos recuerdan que la contaminación radiactiva en el agua crea un ciclo de exposición diferente, mucho más difícil de contener que en la tierra, afectando a la fauna bentónica y a los peces durante décadas más allá del incidente original.
El caso español. Aunque en nuestro país no haya habido ninguna guerra nuclear, sí que hemos tenido contacto con estos artefactos. El incidente en cuestión se dio en el año 1966 cuando cayeron cuatro bombas termonucleares tras un accidente de avión, pero sin llegar a explotar. Y aunque no explotó, sí que hubo una filtración de plutonio que dio lugar a una descontaminación.
En este contexto, un informe técnico del CIEMAT y el DOE de 2006 detectó niveles de radiación por encima de lo normal en caracoles y fauna invertebrada de la zona aunque de momento no se han visto alteraciones morfológicas importantes.
Semipalatinsk. Durante 40 años fue el polígono de pruebas nucleares de la URSS en Kazajistán, y estudios citogenéticos han encontrado aberraciones cromosómicas estables no solo en humanos, sino evidencias de mutagénesis elevada y cambios morfológicos en la fauna local que ha habitado el cráter de las explosiones durante generaciones.
Imágenes | Harshit Suryawanshi
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llevaba décadas cogiendo polvo en un cajón
La paleontología moderna ahora mismo tiene dos grandes campos de trabajo, siendo uno de ellos las expediciones en lugares remotos y otro el de las estanterias de los museos. Y no es para menos, puesto que los mayores descubrimientos no se hacen picando piedra bajo el sol, sino limpiando polvo de cajones que llevan décadas cerrados. Esto es exactamente lo que acaba de ocurrir con un fósil antártico que, tras años almacenado en el Reino Unido, ha revelado ser una pieza clave para entender el pasado de nuestro planeta.
Una nueva prueba. No estamos ante el “primer fósil de dinosaurio en la Antártida”, sino que estamos ante el primer fósil de este tipo que ha sido identificado tras una larga espera en un ‘cajón’ de los archivos de un museo.
Los archivos. La historia de este hueso es, en sí misma, fascinante, puesto que, tal y como ha documentado la BBC, el fósil lleva años en la colección del British Antarctic Survey. Durante décadas, permaneció en un limbo taxonómico y aunque se sabía de su existencia y de su procedencia antártica, no se había realizado el escrutinio anatómico necesario para clasificarlo con exactitud.
Ahora, un nuevo estudio ha puesto fin al misterio, ya que los investigadores han reexaminado la morfología del hueso y han concluido que pertenece a un dinosaurio saurópodo titanosaurio del Cretácico Superior.
Su base. Para llegar a esta conclusión no se partía desde cero, sino que ya había registros previos sobre la presencia de saurópodos en la Antártida. Lo interesante de este nuevo estudio es que une los puntos, proporcionando la identificación formal y rigurosa que esta pieza del archivo necesitaba para entrar en los libros de historia.
Una Antártida verde. Identificar a un titanosaurio en la Antártida plantea una imagen mental que choca frontalmente con el paisaje actual del continente. Ahora mismo sabemos que los titanosaurios fueron un grupo de saurópodos que incluye a los animales terrestres más grandes que jamás han caminado sobre la Tierra. Pero la pregunta que nos hacemos es clara: ¿Qué hacía un animal de estas proporciones en un desierto de hielo?
La respuesta está en que la Antártida del Cretácico superior no se parecía en nada a la actual. En concreto, hace unos 70 millones de años, los continentes estaban dispuestos de otra manera, puesto que Sudamérica, la Antártida y Australia formaban conexiones terrestres intermitentes. Esto quiere decir que la Antártida no estaba cubierta por kilómetros de hielo perenne, sino que albergaba vastos bosques de coníferas y helechos, un ecosistema lo suficientemente rico y templado como para sostener la migración y la dieta de estos gigantescos herbívoros.
Su importancia. Desde el punto de vista científico e informativo, el valor de esta noticia no reside en una expedición heroica reciente bajo tormentas de nieve, sino en la relevancia de las colecciones institucionales. El catálogo de fósiles del BAS demuestra que aún tenemos fragmentos de la historia de la Tierra acumulando polvo, esperando a que la tecnología de escaneo actual o la revisión de los expertos les otorguen su verdadero significado.
Este fósil, ahora oficialmente reconocido en la literatura científica primaria, no es “el primer dinosaurio de la Antártida”, pero sí es la confirmación definitiva de que, en el pasado remoto de la Tierra, no había barrera ni latitud que se resistiera a los pasos de un titanosaurio.
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EEUU no tiene alternativas para sus turbinas de gas
Cuando Donald Trump y Xi Jinping se reunieron el mes pasado, la Casa Blanca anunció que China se comprometía a revisar las restricciones que había impuesto sobre las exportaciones de tierras raras. El primer elemento de esa lista era una elección inusual: el itrio. Ni el neodimio ni el disprosio (los protagonistas habituales del debate sobre imanes permanentes); una tierra rara que hasta hace poco apenas aparecía en los informes de riesgo en materia geopolítica.
Esta sorpresa tiene una explicación. El foco de la dependencia de Occidente frente a China en el terreno de las tierras raras se ha concentrado durante años en los imanes permanentes para vehículos eléctricos, aerogeneradores y sistemas de defensa. El itrio opera en un segmento distinto. Y es que es el componente esencial de los revestimientos de barrera térmica que protegen las palas de las turbinas de gas y los motores de reacción. Sin ese revestimiento, esas palas se fundirían.
EEUU depende casi al 100% de las importaciones de itrio, y casi todas proceden de China. A pesar de las conversaciones que han mantenido estos dos países, los datos de comercio exterior confirman que el compromiso de Xi Jinping no se ha transformado en un flujo real. Las exportaciones chinas de óxido de itrio colapsaron tras los controles de abril de 2025; se reanudaron con cuentagotas a partir de octubre; registraron un pico puntual en marzo de 2026, y, en mayo, China no exportó itrio a EEUU. Ni un solo gramo.
Una vulnerabilidad sin sustituto
GE Vernova, uno de los mayores fabricantes de turbinas de gas del mundo, depende del revestimiento de itrio para que sus máquinas funcionen. Lo mismo ocurre con los fabricantes de motores de reacción. A diferencia del neodimio, que se extrae y se refina en Australia, Canadá o Europa, el itrio carece de una cadena de suministro alternativa consolidada fuera de China. Por este motivo la dependencia de Occidente es estructural, y no coyuntural.
El problema se agravó debido al momento en el que se produjo el embargo. Los controles de abril de 2025 coincidieron con el boom de los centros de datos de inteligencia artificial (IA) en EEUU. El banco de inversión Goldman Sachs estima que la demanda energética de los centros de datos se duplicará antes de 2027, y buena parte procederá de las turbinas de gas. En este escenario China no solo restringió el acceso a un material crítico para la industria de defensa: lo hizo justo cuando la infraestructura que alimenta la carrera de la IA empezaba a escalar.
El Ministerio de Comercio chino no solo mantiene los controles, sino que los está endureciendo
Más de un año después del embargo, el Ministerio de Comercio chino no solo mantiene los controles, sino que los está endureciendo. Pekín ha puesto en marcha medidas para bloquear el redireccionamiento de tierras raras a través de terceros países, el mecanismo al que habían recurrido algunas empresas occidentales para sortear las restricciones. La ventana que quedaba se está cerrando.
La lección que nos deja el itrio trasciende a este elemento químico. Y es que las vulnerabilidades más peligrosas en la cadena de suministro de tecnología crítica no siempre son las más visibles. En este contexto el neodimio acaparó la atención, y el itrio pasó desapercibido hasta que dejó de llegar a Occidente. Después, la reunión de Donald Trump y Xi Jinping acaparó los titulares. Pero lo importante es que los datos de mayo generan dudas. Muchísimas dudas.
Imagen | Kian Turbo Tec
Más información | Volt Insight
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los expertos ya afirman que el modelo chino GLM-5.2 es tan “peligroso” como el de Anthropic
La brecha tecnológica entre EEUU y China sigue reduciéndose. Al menos, si hacemos caso de lo que afirman los últimos análisis sobre el modelo GLM-5.2. Dos empresas independientes de ciberseguridad han hecho su propia valoración y sus datos revelan que en materia de ciberseguridad, GLM-5.2 es tan bueno como Claude Opus 4.8. Eso tiene implicaciones notables, sobre todo teniendo en cuenta cómo el Gobierno de EEUU está ahora restringiendo el acceso a los modelos frontera de Anthropic y OpenAI.
La IA ante la amenaza de la ciberseguridad. Desde que apareció Claude Mythos Preview el discurso de la IA cambió sensiblemente. De repente el mundo se dio cuenta de que estos modelos podían convertirse en armas con las que encontrar vulnerabilidades en todo tipo de sistemas para explotarlos. Anthropic ya avisó de que Mythos era demasiado peligroso para estar disponible públicamente, y dio igual que lanzara poco después versiones capadas como Fable 5: el Gobierno de EEUU las ha vetado temporalmente y lo mismo ha ocurrido con GPT-5.6. La situación es insólita.
Cuidado con Tulongfeng (o no). El pasado miércoles, una empresa china de ciberseguridad llamada 360 Security Technology (Qihoo 360) lanzó una nueva herramienta de detección de vulnerabilidades llamada Tulongfeng. Según sus creadores, Tulongfeng es comparable a Mythos en esta tarea. La empresa está en la “Entity List” de EEUU desde mayo de 2020 y su CEO, Zhou Hongyi, afirmó que Mythos es equivalente a un “arma cibernuclear”.
El momento Sputnik con GLM-5.2. Pero el verdadero protagonista reciente de la industria china de la IA es el modelo GLM-5.2 de la startup Zhipu.ai (Z.ai), que está volviéndose muy popular al demostrar un rendimiento comparable al de los mejores modelos de empresas de EEUU. Su ventaja fundamental es que es un modelo de pesos abiertos: cualquier persona o empresa puede descargarlo, modificarlo y ejecutarlo en su propio hardware (aunque se necesita una enorme cantidad de memoria de vídeo/unificada para poder usarlo, es un modelo con 744B de parámetros). Pero es que no es solo bueno programando o en tareas agénticas.
¿Mejor que Claude en ciberseguridad? La firma de ciberseguridad Semgrep afirmó en un análisis reciente que GLM-5.2 era superior a Claude Opus 4.8 en materia de ciberseguridad y señalaron que “tenemos un Mythos en casa”. Otro estudio independiente de Graphistry indicó básicamente lo mismo al compararlo con Opus 4.8 y con GPT-5.5. No solo eso: logró resultados excelentes a una fracción del precio: una sexta parte de lo que costó correr las pruebas con Claude Opus 4.8, por ejemplo. Axios reveló poco citó a un investigador de ciberseguridad que explicó que GLM-5.2 es capaz de encadenar exploits “de la misma forma que un atacante de élite humano lo haría”.
Mythos chino antes de 2027. Jie Tang, CEO de Z.ai, contestó a un hilo de Twitter en el que se apuntaba que a este ritmo, China tendría un modelo de IA del nivel de Mythos o Fable a finales de 2026. El mismísimo Elon Musk intervino diciendo que en su opinión ese modelo chino con tal rendimiento llegaría en el primer trimestre de 2027. Jie Tang fue contundente y contestó a Musk diciendo “no llevará tanto tiempo”.
Y también tenemos Sakana Fugu. Estos días también conocimos la noticia de que Sakana AI, una startup japonesa de IA, había lanzado Fugu, un modelo de IA que en realidad no es tanto un modelo de IA como un enrutador u orquestador de otros modelos. Lo que promete es rendir al nivel de los mejores modelos de EEUU aprovechando distintos modelos tanto abiertos como cerrados. Los benchmarks internos son prometedores, pero algunos analistas independientes explicaban que aunque la idea no es mala, su rendimiento y coste no son tan llamativos como afirma la empresa.
Mientras EEUU bloquea sus modelos, China avanza. La situación es paradójica, porque lo que está haciendo China es justamente aprovechar un momento singular. EEUU está restringiendo el despliegue de los modelos de IA más avanzados de Anthropic y OpenAI para evitar riesgos de ciberseguridad. Y mientras eso pasa, las empresas chinas están aparentemente acortando las distancias con modelos abiertos realmente destacables.
En Xataka | La moda del prompt engineering ya pasó. Ahora lo que se lleva es el loop engineering
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