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sustituir a dos veteranos y armonizar las flotas
España continúa el proceso de renovación de su transporte militar con la salida progresiva de dos aviones que llevan décadas en servicio. El CN235 y el C212 han sido piezas habituales en tareas de formación y apoyo, especialmente en el entrenamiento de pilotos y paracaidistas.
El Ministerio de Defensa ha formalizado la adquisición de 18 aviones Airbus C295. Se trata de un contrato que se articula en dos fases diferenciadas y establece un calendario de entregas repartido a lo largo de varios años.
La incorporación de estas aeronaves se destinará a funciones de instrucción y apoyo dentro del Ejército del Aire y del Espacio. Todo esto dentro de un programa orientado a armonizar flotas y lograr la máxima “comunalidad logística y operativa” con los C295 que España ya opera.
Dos veteranos salen de escena y el C295 toma el relevo con calendario
El acuerdo se estructura en dos grupos de aeronaves con cometidos distintos. El primero se destinará a la Escuela Militar de Transporte Aéreo, en la base de Matacán, en Salamanca, donde asumirá tareas de instrucción y transporte de pasajeros, paracaidistas y carga, funciones que recaen actualmente en aviones CN235.
Si hablamos del segundo grupo, este tendrá como destino la Escuela Militar de Paracaidismo, en la base de Alcantarilla, en Murcia, y se empleará en lanzamientos manuales y automáticos de paracaidistas y cargas, misiones que hoy se realizan con C212.
El calendario fija un despliegue escalonado. Según Airbus, los aviones del primer lote comenzarán a llegar en 2026 y se completarán en 2028, mientras que el segundo grupo se entregará más adelante, entre 2030 y 2032. Este esquema reparte el relevo en varios años y marca el ritmo de incorporación de las nuevas aeronaves en las dos escuelas implicadas.

Airbus C295
En configuración de transporte, el C295 ofrece un perfil ajustado a las tareas que asumirán estas unidades. Puede transportar hasta 70 tropas o 50 paracaidistas, operar desde pistas no preparadas y realizar lanzamientos de carga y de personal, además de misiones de evacuación médica.
¿Dónde encajan estas capacidades? Precisamente en el uso continuado en escuelas, donde la flexibilidad y la disponibilidad pesan más que el rendimiento extremo. El avión está pensado para ciclos intensivos de vuelo y para operar en entornos diversos, un factor relevante en tareas de formación.

Airbus C-212 Aviocar
El acuerdo incluye un paquete de formación y apoyo pensado para sostener la actividad de las escuelas durante años. Airbus suministrará un sistema avanzado de entrenamiento en tierra que combina simuladores de vuelo, enseñanza asistida por ordenador y software de gestión de la formación, adaptado a las necesidades de cada centro.
Airbus explica que este conjunto está diseñado para maximizar la eficiencia de los vuelos de instrucción. La formación se desplegará tanto en la Escuela Militar de Transporte Aéreo de Salamanca como en la de Paracaidismo, en Murcia.

Airbus CN-235
El contrato contempla además un marco de soporte a largo plazo para la flota destinada a la Escuela Militar de Transporte Aéreo. Airbus se encargará del mantenimiento de los aviones, de la gestión del material necesario y del propio centro de formación asociado, con un horizonte que se extiende hasta diciembre de 2032.
Con esta adquisición, el Ejército del Aire y del Espacio pasará a operar una flota de 46 C295 en distintas configuraciones. España, recordemos, fue el primer cliente del modelo: adquirió nueve aviones en 1999 y recibió el primero en el año 2000.
El programa tiene además una dimensión industrial directa en España. Los trabajos de diseño e ingeniería del C295 se desarrollan en las instalaciones de Airbus en Getafe, mientras que el ensamblaje final del avión se realiza en la planta de San Pablo Sur, en Sevilla.
Según el fabricante, esta cadena industrial sostiene tanto la producción como el mantenimiento y la formación asociada al modelo. El relevo de flota se apoya así un tejido aeronáutico nacional, cerrando el círculo entre operación, soporte e industria.
Imágenes | Airbus | Ejército del Aire
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Los Grammy agregan nueva categoría para premiar a la música pop de Asia en 2027
El director ejecutivo de los Grammy, Harvey Mason Jr., reveló este sábado que para la entrega de 2027 la Academia integró por primera vez en su historia un galardón para reconocer la música pop de Asia, a pesar de que el K-pop ha estado nominado en ediciones pasadas.
A través de una entrevista para el sitio oficial de los premios, el director destacó que los cambios para las nuevas nominaciones ocurren en un contexto donde se busca ser más inclusivos para adaptarse al mundo de la música que está en constante cambio.
Los Grammy debutarán su nueva categoría “Mejor Interpretación de Música Pop Asiática” con la que reconocerán a artistas K-pop de Corea del Sur y J-pop de Japón sin embargo, todos los cantantes de dicho continente podrán ser acreedores a una nominación.
“La música pop asiática es una de las fuerzas más importantes y constantes de la industria musical global. Su impacto es innegable y continúa creciendo y dando forma a la cultura musical en todo el mundo. Hay muchísima música proveniente desde esa región”, destacó Harvey.
Cabe destacar que el grupo surcoreano BTS ha estado nominado en al menos cinco ocasiones convirtiéndose así en el primer grupo de K-pop en obtener un espacio entre los artistas internacionales que han peleado por una estatuilla. Sin embargo, BTS no ha ganado ningún premio Grammy.
Su negativa dividió al público a nivel mundial debido a que Army aseguró que los integrantes del grupo más famoso de Corea del Sur estaban siendo víctimas de actos de xenofobia y que por esa razón estos no habían conseguido ser los ganadores pese al número de vistas, votos y más que consiguieron.
De forma oficial no se ha confirmado esta versión.
Finalmente, el director de los premios agregó que cuatro categorías más serán añadidas para la edición número 69 y estas serán: Mejor Canción Latina, Mejor Colaboración o Interpretación de Dúo / Grupo de R&B junto a una mejora de la ya existente Mejor Interpretación Solista de R&B; Mejor Álbum Flolclórico Contemporáneo y Tradicional.
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Llevamos décadas buscando alienígenas de la forma equivocada. La solución podría estar en el polvo de la Luna
Es posible que estemos buscando mal las huellas de civilizaciones extraterrestres. Según un estudio publicado recientemente por el astrofísico de Oxford Brian C. Lacki, el error ha estado en buscar firmas tecnológicas activas. Es decir, señales derivadas de tecnologías extraterrestres que se han emitido directamente. Estas señales se pierden con el tiempo. En cambio, las firmas tecnológicas que actúan pasivamente sobre la luz de una estrella son más fáciles de detectar. Y lo mejor es que, si no se logra dar con ellas, siempre se podría buscar en medio del regolito lunar. Todo esto suena muy disparatado, pero en realidad tiene sentido.
¿Firmas activas o pasivas? Esa es la cuestión. Tradicionalmente, los proyectos de búsqueda de civilizaciones extraterrestres, como SETI, se han centrado en la detección de posibles señales de radio procedentes de sus tecnologías. No se trata de señales emitidas a propósito para que les encontremos, sino del resultado de su propia actividad tecnológica.
El problema, según relata Lacki en su estudio, es que, si han seguido una evolución parecida a la nuestra, puede que no estén emitiendo en radio durante más de 100 años. Nosotros mismos hemos ido sustituyendo las emisiones en este rango por fibra óptica o satélites con emisiones dirigidas y muy poco “ruido” que pueda llegar hasta “cotillas intergalácticos”. ¿Qué nos lleva a pensar que ellos sí siguen siglo tras siglo usando las mismas tecnologías? Puede que sigan emitiendo, pero ya no en ondas de radio que se dispersen al espacio. El astrofísico de Oxford propone cambiar esta postura por la búsqueda de tecnofirmas pasivas. Es decir, firmas derivadas de la interacción de tecnologías inteligentes con la luz estelar.
Tres tipos. Hay tres tipos de tecnofirmas pasivas: las ocultadoras, las destellantes y las difusoras. Las primeras actúan de un modo parecido a un exoplaneta que pasa frente a su estrella. Cuando un objeto grande, como un satélite artificial, pasa frente a una estrella, la oscurece temporalmente. Esto podría confundirse con un exoplaneta, pero la idea es buscar ocultaciones con formas poco convencionales, que no se parezcan a nada conocido.
En el caso de las firmas destellantes, serían aquellas producidas por dispositivos con espejos dirigidos a concentrar la luz de la estrella. Como si ellos tuviesen sus propias centrales solares. En un momento dado, este tipo de espejos podrían generar destellos observables desde la Tierra. Finalmente, las firmas difusoras esparcirían la luz en todas las direcciones, de modo que se observaría un cambio más tenue, en forma de modificación de color en el espectro de la luz.
¿Y si ya no están? Si ya de por sí es complicado encontrar otras civilizaciones inteligentes, lo sería aún más localizar alguna que sea coetánea a la nuestra. Puede que, simplemente, encontremos tecnofirmas de una civilización que ya murió. En ese caso, o incluso si simplemente las tecnologías se han abandonado por otro motivo, ya no habría seres inteligentes encargándose del mantenimiento de los dispositivos, por lo que su órbita se acabaría desplazando y podrían colisionar entre ellos. Si esto pasa, es posible que se generen unos fragmentos de tamaño muy reducido, a los que este científico llama tecnogranos.
Son tan pequeños que la gravedad de la estrella no es capaz de atraerlos más de lo que los alejan los vientos estelares. Por eso, acabarían arrastrados de su vecindario y quedarían convertidos en una nube de polvo con la que eventualmente podría toparse nuestro sistema solar en su viaje a través de la galaxia.
Entra en juego la Luna. Si todo lo anterior ocurre, Lacki considera que podría ser que parte de ese polvo se depositase en la Luna, donde no hace viento ni hay procesos geológicos que alteren la superficie, de modo que podrían permanecer por mucho tiempo. Por eso, para él, una forma de buscar tecnofirmas sería inspeccionar el regolito lunar, en busca de polvo que parezca tener un origen tecnológico. Eso, quizás, podría llevarnos hasta alguna civilización inteligente que nos haya pasado desapercibida.
En definitiva, según la curiosa percepción de este científico, cuando los viajes a la Luna se conviertan en algo más habitual que anecdótico, podríamos tener más fácil encontrar tecnofirmas. Eso sí, para ello, menos telescopios y más tamices.
Imágenes | Leo Visions (Unsplash)
En Xataka | TRAPPIST-1 era el sistema solar más prometedor para buscar vida. Ahora nuestro gozo está en un pozo
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Llevamos décadas buscando alienígenas de la forma equivocada. La solución podría estar en el polvo de la Luna
Es posible que estemos buscando mal las huellas de civilizaciones extraterrestres. Según un estudio publicado recientemente por el astrofísico de Oxford Brian C. Lacki, el error ha estado en buscar firmas tecnológicas activas. Es decir, señales derivadas de tecnologías extraterrestres que se han emitido directamente. Estas señales se pierden con el tiempo. En cambio, las firmas tecnológicas que actúan pasivamente sobre la luz de una estrella son más fáciles de detectar. Y lo mejor es que, si no se logra dar con ellas, siempre se podría buscar en medio del regolito lunar. Todo esto suena muy disparatado, pero en realidad tiene sentido.
¿Firmas activas o pasivas? Esa es la cuestión. Tradicionalmente, los proyectos de búsqueda de civilizaciones extraterrestres, como SETI, se han centrado en la detección de posibles señales de radio procedentes de sus tecnologías. No se trata de señales emitidas a propósito para que les encontremos, sino del resultado de su propia actividad tecnológica.
El problema, según relata Lacki en su estudio, es que, si han seguido una evolución parecida a la nuestra, puede que no estén emitiendo en radio durante más de 100 años. Nosotros mismos hemos ido sustituyendo las emisiones en este rango por fibra óptica o satélites con emisiones dirigidas y muy poco “ruido” que pueda llegar hasta “cotillas intergalácticos”. ¿Qué nos lleva a pensar que ellos sí siguen siglo tras siglo usando las mismas tecnologías? Puede que sigan emitiendo, pero ya no en ondas de radio que se dispersen al espacio. El astrofísico de Oxford propone cambiar esta postura por la búsqueda de tecnofirmas pasivas. Es decir, firmas derivadas de la interacción de tecnologías inteligentes con la luz estelar.
Tres tipos. Hay tres tipos de tecnofirmas pasivas: las ocultadoras, las destellantes y las difusoras. Las primeras actúan de un modo parecido a un exoplaneta que pasa frente a su estrella. Cuando un objeto grande, como un satélite artificial, pasa frente a una estrella, la oscurece temporalmente. Esto podría confundirse con un exoplaneta, pero la idea es buscar ocultaciones con formas poco convencionales, que no se parezcan a nada conocido.
En el caso de las firmas destellantes, serían aquellas producidas por dispositivos con espejos dirigidos a concentrar la luz de la estrella. Como si ellos tuviesen sus propias centrales solares. En un momento dado, este tipo de espejos podrían generar destellos observables desde la Tierra. Finalmente, las firmas difusoras esparcirían la luz en todas las direcciones, de modo que se observaría un cambio más tenue, en forma de modificación de color en el espectro de la luz.
¿Y si ya no están? Si ya de por sí es complicado encontrar otras civilizaciones inteligentes, lo sería aún más localizar alguna que sea coetánea a la nuestra. Puede que, simplemente, encontremos tecnofirmas de una civilización que ya murió. En ese caso, o incluso si simplemente las tecnologías se han abandonado por otro motivo, ya no habría seres inteligentes encargándose del mantenimiento de los dispositivos, por lo que su órbita se acabaría desplazando y podrían colisionar entre ellos. Si esto pasa, es posible que se generen unos fragmentos de tamaño muy reducido, a los que este científico llama tecnogranos.
Son tan pequeños que la gravedad de la estrella no es capaz de atraerlos más de lo que los alejan los vientos estelares. Por eso, acabarían arrastrados de su vecindario y quedarían convertidos en una nube de polvo con la que eventualmente podría toparse nuestro sistema solar en su viaje a través de la galaxia.
Entra en juego la Luna. Si todo lo anterior ocurre, Lacki considera que podría ser que parte de ese polvo se depositase en la Luna, donde no hace viento ni hay procesos geológicos que alteren la superficie, de modo que podrían permanecer por mucho tiempo. Por eso, para él, una forma de buscar tecnofirmas sería inspeccionar el regolito lunar, en busca de polvo que parezca tener un origen tecnológico. Eso, quizás, podría llevarnos hasta alguna civilización inteligente que nos haya pasado desapercibida.
En definitiva, según la curiosa percepción de este científico, cuando los viajes a la Luna se conviertan en algo más habitual que anecdótico, podríamos tener más fácil encontrar tecnofirmas. Eso sí, para ello, menos telescopios y más tamices.
Imágenes | Leo Visions (Unsplash)
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