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La plata es ahora mismo el metal más buscado y más caro del planeta. Y el problema es que no hay suficiente
La plata acaba de superar los 60 dólares por onza por primera vez, y el impacto se nota sobre todo en el sector tecnológico. El metal es esencial para paneles solares, coches eléctricos, electrónica y centros de datos de IA, y la demanda se ha disparado mucho más rápido de lo que la industria minera puede responder. En cuestión de meses, lo que parecía un repunte puntual ha revelado un problema más profundo: el mundo está entrando en una fase de escasez real de plata.
Un récord que marca un punto de inflexión. La escalada se convirtió en histórica esta semana. Mientras se escribe este reportaje, la plata ronda los 62,67 dólares por onza, duplicando su valor desde enero tras cinco años consecutivos de déficit de suministro. Aunque la subida no sorprende a quien sigue este mercado, lo que impacta es su velocidad: según Bloomberg, la plata es el metal con mejor desempeño del año, duplicando su precio y superando incluso al oro en la que ya es su mayor escalada en décadas.
Pero más allá del precio, lo relevante no es cuánto se ha encarecido la plata, sino por qué. La estructura del mercado ha cambiado.
La plata no para de subir. Para analistas y empresas, este nuevo pico tiene implicaciones profundas. La plata ya no se comporta como un simple activo refugio, es un insumo industrial crítico cuya escasez puede frenar sectores completos de la economía global. A diferencia del oro —cuya función es mayoritariamente financiera—, la plata es un metal que sustenta la electrificación y la transición energética.
Sin embargo, el problema se amplifica por la naturaleza del mercado que es estrecho, volátil y sin reservas estratégicas globales. Como recuerda Bloomberg, no existe un equivalente a los bancos centrales del oro que actúe como estabilizador de última instancia. Cuando falta plata física, simplemente no hay red de seguridad.
Una tormenta perfecta. La subida de la plata no se entiende por un solo factor, sino por la convergencia de fuerzas industriales, monetarias y geopolíticas. En primer lugar, según Financial Times, el mercado de la plata lleva cinco años en déficit, con inventarios en mínimos y producción incapaz de responder. La plata se obtiene mayoritariamente como subproducto de la extracción de zinc, cobre o plomo, lo que dificulta aumentar la oferta rápidamente. Además, los tres mayores productores —México, Perú y China— enfrentan restricciones ambientales y regulatorias que reducen aún más la capacidad de producción.
El Silver Institute prevé una demanda industrial creciente al menos hasta 2030, impulsada por la expansión solar, la electrificación del transporte y el crecimiento de la infraestructura digital. Además, el auge global de los centros de datos también se suma a esta presión, porque algunos de ellos operan con energía solar.
A todo esto se le suma una dinámica preocupante: Estados Unidos ha acumulado grandes reservas de plata ante el riesgo de nuevos aranceles bajo la Sección 232. Este desvío de metal hacia depósitos estadounidenses ha drenado inventarios en Londres y Asia, generando un silver squeeze que disparó los costes de préstamo del metal. Según señalan en FT, el inversor minorista norteamericano —para quien la plata es “el oro de los pobres”— también está entrando de forma agresiva, alimentando el impulso alcista.
China entra en escena. El factor decisivo llega desde Pekín. El Ministerio de Comercio de China anunció en un comunicado oficial nuevas condiciones estrictas para las exportaciones de plata, tungsteno y antimonio durante 2026–2027, incluyendo requisitos reforzados, controles documentales y una supervisión más rigurosa para las empresas estatales que quieran exportar metal. Así mismo, el texto oficial confirma la intención de China de proteger sus recursos estratégicos para uso interno, especialmente en sectores considerados críticos para su competitividad futura: energía renovable e inteligencia artificial.
La razón es clara: China quiere garantizar suficiente plata física para alimentar sus propios centros de datos de IA, cuya expansión exige enormes volúmenes de paneles solares. Con una producción minera mundial limitada a 813 millones de onzas anuales y nuevos proyectos que tardan años en entrar en funcionamiento, los controles chinos podrían agravar una escasez ya estructural. China, mayor refinador global de plata y actor central en la cadena solar, tiene capacidad real para alterar el equilibrio mundial del mercado.
India y Rusia completan el mapa geopolítico. Por un lado, India se ha convertido en uno de los grandes motores del mercado físico de la plata, con cerca del 80% de la demanda mundial de lingotes y monedas. Según Reuters, la demanda india de joyería y lingotes ha sido tan fuerte en 2025 que ha provocado escasez física y primas sobre los precios internacionales durante festividades como Diwali. A esta presión se suma un nuevo marco regulatorio: las importaciones de plata de India se dispararon hasta 2.720 millones de dólares en octubre, en parte debido a medidas que facilitan la monetización de plata física, lo que permite a los consumidores convertir sus tenencias en instrumentos financieros.
Por otro lado, Rusia decidió a finales de 2024 comenzar a comprar plata para su Fondo de Reserva Estatal, un movimiento que ha contribuido a disparar aún más los precios frente al oro.
No es solo plata: una reconfiguración global de los metales. La subida de la plata coincide con un movimiento histórico del oro. El metal dorado superó los 4.200 dólares por la presión de bancos centrales, que ya poseen más valor en oro que en bonos del Tesoro estadounidense. Un giro estructural en el sistema monetario internacional.
Por su parte, el platino y paladio también se han encarecido. Este fenómeno indica que los metales estratégicos y de refugio están recuperando un papel central en la economía global.
Qué esperar a partir de ahora. Las previsiones para los próximos meses coinciden en un diagnóstico común: la tensión estructural no desaparecerá, incluso si aparecen fases de corrección técnica. En el plano técnico, varios analistas ven margen para nuevas subidas. Según FXStreet, considera plausible un avance hacia 63,8–65 dólares, apoyado en un dólar débil y en la continuidad del impulso comprador. No obstante, desde el portal TradersUnion introduce cautela, el mercado está claramente sobrecomprado, y perder el soporte de 61,5 dólares podría activar tomas de beneficios a corto plazo.
A todo ello se suman dos fuerzas nuevas en comparación con ciclos pasados: el auge de la IA, que multiplica la demanda solar, y la política industrial de China, que puede restringir aún más la oferta global. En este contexto, como advierte el analista David Morgan, los metales preciosos están entrando en “un punto de inflexión monetario”, impulsados tanto por la transición energética como por la pérdida de confianza en las monedas tradicionales. En conjunto, el mercado se adentra en una etapa de alta volatilidad, pero con fundamentos que apuntan a un precio estructuralmente más elevado. En una economía global que electrifica cada vez más rápido, la cuestión es si habrá suficiente oferta para sostener el próximo tramo del ciclo.
La plata, el cuello de botella del futuro energético. Que la plata supere los 60 dólares es histórico. Que lo haga justo cuando el mundo acelera la instalación de paneles solares, el despliegue de centros de datos de IA y la electrificación del transporte implica algo más profundo.
La transición energética depende de un metal cuya oferta es rígida, cuyo mercado es pequeño y cuya geopolítica se complica. No hay sustitutos directos. No hay reservas estratégicas globales. Y ya no hay garantías de que la plata llegue al mercado internacional antes de que la absorban Estados Unidos, India o China.
En un mundo que avanza hacia la electrificación total, la pregunta ya no es cuánto más puede subir la plata, sino si habrá suficiente plata para construir el futuro que decimos querer.
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Hasta ahora “el software se estaba comiendo el mundo”. Ahora la IA se está comiendo el software
Durante años repetimos una idea que parecía indiscutible: “el software se estaba comiendo el mundo”. Era la forma más directa de explicar por qué casi cualquier sector terminaba dependiendo de una app, una plataforma o un servicio en la nube. Pero algo está empezando a cambiar de manera silenciosa y, al mismo tiempo, tremendamente ambiciosa: la revolución de la inteligencia artificial no solo está transformando industrias enteras, también está presionando a la industria del software desde dentro. La pregunta que empieza a asomar es delicada y fascinante al mismo tiempo: si la IA puede construir herramientas a medida en cuestión de instantes, qué sentido tiene seguir pagando por un software rígido y estandarizado que funciona, sí, pero que a menudo fuerza a trabajar como dicta la plataforma.
Este es el punto en el que el debate se vuelve realmente serio: no se trata de una mejora incremental, sino de cuestionar el modelo actual como estándar del software empresarial. La lógica es agresiva, al menos sobre el papel. Así que podríamos estar frente a un cambio potencialmente masivo. Y sí, “potencialmente” es la palabra clave: hay razones para pensar que esto puede ocurrir, y razones igual de sólidas para creer que puede cochar con límites muy reales.
Software en tiempos de la inteligencia artificial
Puede que todo esto gire alrededor de una pregunta muy terrenal: qué estás pagando cuando pagas software. Hasta ahora, el precio incluía la construcción de la herramienta, su evolución y el coste de hacerla suficientemente genérica como para venderla a miles de empresas. Si la IA comprime esa parte y permite generar código rápido y barato, el valor migra hacia otros sitios: diseño del flujo, integración real con los sistemas del negocio, resultados medibles. Bret Taylor, fundador y CEO de Sierra y parte del consejo de OpenAI, insiste en que el foco debe estar en el valor que recibe el cliente, no en la tecnología por la tecnología.
Hasta ahora, para la mayoría de empresas, el mapa era bastante reconocible: o comprabas una herramienta ya empaquetada y asumías sus reglas, o encargabas un desarrollo a medida, normalmente más lento y caro, pero más ajustado a lo que necesitabas. Lo que introduce la IA es una alternativa que, sobre el papel, rompe el equilibrio: en lugar de elegir una pieza de software, bastaría con explicar el problema y dejar que un agente construya un sistema a medida, lo despliegue y lo vaya ajustando según cambien los procesos. Bret Taylor lo describe desde la experiencia de Sierra con agentes de atención al cliente: “Nuestra hipótesis es que, si avanzamos cinco años, la gran mayoría de las interacciones digitales se realizarán a través de un agente”. Si eso se cumple, la interfaz dominante de muchas compañías ya no sería una plataforma tradicional.


Lo más relevante es que esta conversación ya no ocurre solo en conferencias o en presentaciones para inversores. Hay señales prácticas de que el paradigma está, como mínimo, asomando: el llamado “vibe coding” se ha convertido en una realidad para muchos usuarios que no son desarrolladores, capaces de montar una web o herramientas describiendo lo que quieren con texto. Plataformas como la europea Lovable han empujado esa idea al gran público: menos barreras técnicas, más iteración rápida, menos “proyecto” y más prueba y error. Esto no significa que una empresa vaya a reemplazar mañana su ERP por un sistema generado al vuelo, pero sí ayuda a entender por qué el mercado y la industria empiezan a tomarse en serio la posibilidad.
Y aquí es donde el entusiasmo suele chocar con la empresa real. Un software corporativo no vive aislado: se engancha a bases de datos, a sistemas heredados, a identidades, a permisos, a auditorías y a integraciones que llevan años funcionando de una manera concreta. A eso se suma lo más delicado: cumplimiento normativo, seguridad y responsabilidades internas, que en sectores regulados marcan lo que se puede hacer y lo que no. Incluso aunque un agente pueda generar un sistema funcional, queda por resolver quién lo mantiene, quién lo soporta, quién garantiza que no se rompe con el tiempo y quién responde cuando algo falla. En ese terreno, el software “a medida y rápido” tiene todavía muchas preguntas por delante.
Si todo esto parece todavía demasiado abstracto, Bloomberg aporta un termómetro bastante claro: el mercado ya está reaccionando como si la amenaza fuese real, aunque aún no sepamos hasta dónde llegará. El medio explica que el lanzamiento de Claude Cowork por parte de Anthropic reactivó el miedo a una disrupción que presione al software tradicional. Según ese texto, un conjunto de valores SaaS seguido por Morgan Stanley como indicador del sector ha caído un 15% en lo que va de 2026 tras retroceder un 11% en 2025, el peor inicio desde 2022. A todo esto, algunos analistas citados apuntan a que ahora mismo no hay motivos para tener acciones de empresas de software en cartera.
Imágenes | Hack Capital | Anthropic
En Xataka | Meta fue la gran perdedora de la carrera de la IA en 2025. En realidad estaba preparando su gran jugada
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Fallece Francis Buchholz, exbajista de “Scorpions”, a los 71 años; padecía cáncer
Murió el exbajista alemán del grupo de hard rock y heavy metal, “Scorpions“, Francis Buchholz, a los 71 años de edad tras perder la batalla contra el cáncer, diagnóstico que mantuvo en privado.
A través de su cuenta de Facebook, los familiares del exbajista confirmaron el fallecimiento y afirmaron que murió rodeado de su círculo más cercano.
“Nuestros corazones están destrozados. A lo largo de su lucha contra el cáncer, nos quedamos con él, enfrentando todos los desafíos como familia, exactamente como él nos enseñó”, se lee en el mensaje.
En el mismo agradecieron el apoyo externado por parte de sus fanáticos a nivel mundial, “queremos darles las gracias por su inquebrantable lealtad, su amor y la creencia que pusiste en él”.
Francis Buchholz formó parte del grupo de hard rock y heavy metal “Scorpions” que fue fundada en 1965 por el guitarrista Rudolf Schenker, medios especializados reportan que fue creada bajo el nombre de “Nameless“.
La primera aparición del bajista con el grupo ocurrió en 1974 con “Fly to the Rainbow“, otro título destacable es “Crazy World“. El alemán estuvo involucrado en todos los proyectos musicales de la época de los 90 según la revisa TMZ.
Francis dejó la banda en 1992, pero participó en la gira que tuvieron en 2012 y contribuyó en el álbum “Temple of Rock’s” del fundador de 2013, en “Bridge the Gap” de 2015 y, “Spirit on a Mission” del mismo año.
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la clave no es dormir bien es despertarse correctamente
Levantarse por las mañanas es, en ocasiones, el mayor esfuerzo que hace una persona, al abandonar el calor y la comodidad de su cama. Sobre todo, cuando fuera está lloviendo y hace frío. Sin embargo, la primera hora después de abrir los ojos marca el inicio de un día lleno de energía si se aprovecha bien.
Este momento natural del cuerpo supera a cualquier estímulo rápido. El cortisol se dispara, por lo que se convierte en la gasolina perfecta para hacer determinadas cosas que luego te van a dar pereza. Eso sí, no despertarte de la forma adecuada puede hacer que el resto del día vayas a rastras.
El pico matutino que activa el cuerpo. Tal y como explicaba el neurocientífico de Stanford Andrew Huberman en el podcast Modern Wisdom, “el pico de cortisol en la mañana es esencial. Si no se produce, el cuerpo responde con más estrés después y es difícil recuperar la calma en la tarde”.
De acuerdo al estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de las distintas universidades de Alemania, Reino Unido y EEUU, tu cuerpo funciona como un reloj bien afinado: desde la madrugada, el cortisol empieza a subir para alcanzar un determinado nivel que provoca que te despiertes. Investigadores de EEUU y México descubrieron que ese pico de cortisol se mantiene durante unos 45 minutos, en los que saca energía de los azúcares guardados en el hígado y pone el cerebro en modo alerta, listo para enfrentar lo que venga sin esa sensación de atontamiento mañanero.
Si aprovechas ese pico para estirar, caminar o hacer cualquier actividad física durante en ese rato, te resultará mucho más sencillo crear nuevos hábitos, porque la mente retiene mejor ese momento y lo asimila de forma positiva.
Potenciar el despertar. De acuerdo al experto, los niveles de cortisol en el momento de despertarse son incluso mayores que los que se registran cuando se viven situaciones de estrés. Sin embargo, en este contexto de despertar, es el comportamiento natural e incluso debe potenciarse porque ese pico es el que permite acumular la energía para el resto del día. “La rutina matutina de luz natural e hidratación prepara al cerebro y al cuerpo para el día”, aseguraba Huberman.
Una de las recomendaciones del neurocientífico es exponerse lo máximo posible a la luz natural durante esa primera hora. Abre la ventana, sal al balcón o da un paseo corto. Esa exposición envía una señal al cerebro y lo prepara para abandonar el estado de somnolencia y comenzar su “modo diurno”.
Además, el experto recomienda toma un buen vaso de agua para compensar las horas sin beber y rehidratar el organismo, para después iniciar algunos estiramientos suaves o caminar unos minutos. Huberman recomienda retrasar el primer café unos 90 minutos, ya que la cafeína puede interrumpir esa regulación natural de los niveles de cortisol.
Alterar las rutinas de sueño no ayuda. Una investigación de la Universidad South Australia estudió el impacto de los cambios en los ciclos circadianos en los niveles de cortisol, encontrando evidencia de que los cambios en los horarios de sueño desajustaban los niveles de cortisol al despertar. Eso hacía que, o bien los participantes se despertaban a media noche o comieran a deshoras y que, cuando debían hacerlo, sus niveles de cortisol fueran insuficientes para sacar al cerebro de su estado de somnolencia, quedando desajustado ya durante toda la jornada.
Por lo tanto, mantener horarios de sueño regulares ayuda a que el organismo sepa cuándo ha llegado la hora de elevar los niveles de cortisol para iniciar la fase de despertar y preparar al cerebro para afrontar el resto del día.
Prepararse para dormir. De la misma forma que Huberman sugiere una determinada preparación para tener un despertar más eficiente, también recomienda tomar algunas medidas para afrontar el final del día. “Para las últimas horas, se debe hacer lo contrario: oscurecer el ambiente, evitar estimulantes y limitar la hidratación”, explicaba el neurocientífico.
En ese sentido, el experto destacaba que la exposición a las pantallas altera ese patrón hormonal que hace que los niveles de cortisol deban estar bajos para permitirte conciliar el sueño e iniciar lo que denominaba el “máximo reinicio”: conseguir una fase de sueño profundo en la que el cerebro elimina los residuos metabólicos que genera durante el día a través del sistema glinfático. “La respiración consciente y la visualización, como recorrer mentalmente un lugar muy conocido, son herramientas poderosas para calmar la mente antes de dormir”, explicaba Huberman en su entrevista.
Imagen | Unsplash (Adrian Swancar)
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