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instalar un enchufe es ahora el doble de caro que antes

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Durante años, añadir un enchufe en casa fue una de esas pequeñas obras que apenas se pensaban dos veces: una llamada al electricista, una mañana de trabajo y un coste asumible. Sin embargo, esa percepción ha cambiado. Un vídeo del electricista y divulgador Ricardo Abellán —conocido como @dombydomotica— ha puesto el foco en una realidad que muchos propietarios empiezan a notar en sus presupuestos: instalar un enchufe ha pasado de rondar los 30 euros a situarse en torno a los 50.

Al alza. El encarecimiento de los nuevos puntos de enchufe se ha generalizado en los últimos años, impulsado por cambios estructurales en el sector eléctrico. Para entender qué hay detrás de este aumento, hay que mirar más allá del presupuesto final y atender a lo que ocurre dentro del propio sector. Así lo explica a Xataka Luis Catalán, business development director Home & Distribution de Schneider Electric Iberia, quien apunta a una combinación de factores económicos, técnicos y normativos que han transformado por completo este tipo de instalaciones.

Una subida que no es casual. El aumento del precio de instalar un enchufe no es el resultado de una subida improvisada de tarifas. Detrás hay una suma de factores que llevan años presionando al sector. Como explica Luis Catalán, el encarecimiento de las materias primas ha tenido un impacto directo en los materiales eléctricos, al que se añade el mayor coste de la energía y de una mano de obra cada vez más especializada. 

A todo ello se suman gastos menos visibles, como el transporte, los seguros o la carga fiscal, que han ido creciendo de forma sostenida. El resultado es un contexto en el que incluso las intervenciones más pequeñas se ven afectadas por una estructura de costes mucho más exigente que hace una década.

Más normativa, más complejidad técnica. Sin embargo, el contexto económico no lo explica todo. El cambio más relevante está en la evolución de la normativa y en el nivel de exigencia técnica aplicado a cualquier instalación eléctrica. Tanto el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión (REBT) como el Código Técnico de la Edificación (CTE) han endurecido los requisitos, obligando a utilizar materiales certificados y una ejecución más compleja de las instalaciones. Una transformación orientada a mejorar la seguridad y la eficiencia energética en el hogar.

Lo que antes parecía un trabajo rápido ahora exige mucha más atención. Colocar un enchufe implica revisar que la toma de tierra esté en buen estado, comprobar los diferenciales y asegurarse de que la instalación soporta el consumo previsto. Además, los materiales ya no son intercambiables: deben estar certificados y cumplir la normativa. Como señala Catalán, ignorar estos controles puede traducirse en un mayor consumo eléctrico y, en el peor de los casos, en problemas de seguridad dentro de casa.

La seguridad, en el centro de la instalación. Este cambio normativo ha elevado también el nivel de responsabilidad del profesional. En cada nuevo punto de conexión, el electricista debe garantizar que toda la instalación sea segura y cumpla la regulación vigente. 

Un enfoque que coincide con lo que explicaba Ricardo Abellán en sus vídeos divulgativos: antes bastaba con que el enchufe funcionara; ahora es imprescindible comprobar que no existe riesgo de sobrecarga y que el sistema eléctrico responde correctamente. Si algo falla, la responsabilidad recae directamente sobre el instalador, lo que añade una capa adicional de exigencia, tiempo y comprobaciones a cada intervención.

El riesgo de hacerlo por cuenta propia. Ante el aumento de precios, algunos usuarios optan por instalar enchufes sin ayuda profesional o recurren de forma permanente a regletas. Desde el sector advierten de que estas decisiones pueden entrañar riesgos importantes. 

Según Catalán, una instalación realizada sin un profesional certificado puede derivar en fallos eléctricos, accidentes o incendios provocados por arcos eléctricos, conexiones sueltas o sobrecargas. Además, no cumplir la normativa vigente puede generar problemas legales y de seguridad para el propietario. 

En este sentido, las regletas solo son recomendables para un uso puntual. Cuando el consumo es continuo o de mayor potencia, la opción más segura sigue siendo instalar un punto de enchufe específico.

Más dispositivos, más enchufes. La realidad dentro de los hogares también ha cambiado de forma evidente. Hoy convivimos con muchos más dispositivos electrónicos que hace unos años, lo que ha multiplicado la necesidad de puntos de conexión y ha obligado a replantear cómo se diseñan las instalaciones eléctricas. Desde sistemas de domótica hasta cargadores para vehículos eléctricos, pasando por climatización inteligente o pequeños dispositivos conectados, cada elemento requiere una planificación específica.

Al mismo tiempo, el propio enchufe ha dejado de ser un elemento básico. Existen modelos que incorporan puertos USB o que permiten controlar y monitorizar el consumo eléctrico, una evolución que mejora la eficiencia energética, pero que también añade complejidad a la instalación.

Un futuro con más demanda y menos profesionales. A esto se suma un problema estructural del sector: la escasez de electricistas cualificados. Según detalla Catalán, no solo faltan profesionales, sino perfiles con competencias digitales y capacidad de adaptación al cambio tecnológico, una carencia que influye tanto en los precios como en los plazos de ejecución de los trabajos.

El enchufe como reflejo del cambio en el hogar. Lo que antes era una obra casi invisible se ha convertido en un indicador de cómo han cambiado nuestras casas. El enchufe, símbolo de algo básico, refleja hoy el encarecimiento de los materiales, la evolución de la normativa, la profesionalización del sector y una forma distinta de consumir energía.

En este nuevo escenario, instalar un enchufe implica seguridad, normativa, tecnología y responsabilidad. Y eso explica por qué lo que antes apenas se pensaba dos veces se ha convertido hoy en un pequeño, pero significativo, gasto doméstico.

Imagen | Freepik

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si no lo has entrenado antes, tu cerebro va a ignorar cualquier intento de relax

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Una situación muy típica (y frustrante) sin duda puede estar en medio de una discusión acalorada, con las pulsaciones a mil y la mandíbula muy apretada. Y justo en este momento alguien suelta el consejo más irritante del mundo: “venga, respira hondo y cálmate“. Lo intentas, pero no solo no funciona, sino que parece que te enfadas más. 

Una realidad. No es que seas un caso perdido de la gestión emocional. Es que, según expertos y estudios científicos recientes, la respiración como técnica de auxilio inmediato en un “subidón” de ira es, a menudo, una batalla perdida si no se ha hecho un trabajo previo.

El problema del ‘subidón’. Sonia Díaz Rois, coach especializada en gestión de la ira, es tajante al respecto: intentar respirar para calmarse en pleno pico emocional no funciona porque el cuerpo, en estado de alerta máxima, no reconoce la respiración pausada como una señal de seguridad.

Y es algo que tiene bastante sentido, porque cuando la ira se dispara, entramos en un modo de ‘lucha o huida’. El sistema nervioso simpático toma el mando, el cortisol se dispara y el cerebro prioriza la supervivencia sobre la reflexión.  Literalmente toda la maquinaria está activa para poder hacer frente a la ‘amenaza’ que se ha detectado. 

Un cambio brusco. Si en este momento de apogeo extremo del organismo queremos frenarlo de golpe con una respiración lenta sin haberlo entrenado antes, el cerebro puede interpretar ese cambio brusco incluso como una amenaza adicional o una obstrucción. De esta manera, lo único que se genera es una sensación de falta de aire que aumentará el agobio que se está teniendo. 

Es por ello que la solución ante un enfado no está en apagarlo, sino escucharlo. Pero para que la respiración sea una herramienta útil, antes hay que entrenarlo en los momentos de más calma. Esto es lo que se conoce como crear un ‘ancla’. 

Hay respiraciones diferentes. La ciencia tiene una opinión a favor de la necesidad de entrenar este método de relajación cuando no se está enfadado. Pero también ha empezado a distinguir qué técnicas son las más efectivas en estas situaciones de gran estrés. Para ello, un estudio controlado aleatorizado de 2023 comparó diversas técnicas de breathwork con la medicación mindfulness tradicional. 

El resultado fue encontrar una técnica muy efectiva para poder mejorar el estado de ánimo por encima de la meditación. Se trata de la conocida como Cyclic Sighing (suspiro cíclico en español). La forma de hacerla es muy sencilla, ya que solo se debe hacer una inhalación profunda seguida de una inhalación corta y una exhalación muy prolongada. De esta manera, aquellos que la practicaban apenas 5 minutos al día mostraban una mayor resiliencia emocional a largo plazo.

Por qué. La neurociencia explica que al prolongar la exhalación (como en la técnica 4-7-8, donde se exhala el doble de tiempo que se inhala), activamos de forma directa el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático, el encargado de “frenar” al organismo.

Gritar o respirar. Durante años, la cultura popular defendió la teoría dela catarsis con frase muy típicas como por ejemplo “suéltalo todo”, “golpea un cojín” o “grita fuerte y di todo lo que piensas”. Sin embargo, no parece lo más adecuado como apunta un estudio publicado en 2024 sobre actividades para gestionar la ira que que lo ha desmentido totalmente. 

Y es que su razonamiento tiene bastante lógica. Una actividad de alta activación como por ejemplo el boxeo o literalmente ponerse a gritar tiende a aumentar la excitación más de lo que se debe, y es algo que mantiene o incrementa la agresividad que se está tratando de controlar. Por el contrario, las actividades de baja activación como la respiración profunda o el yoga son las únicas que reducen significativamente la ira. 

Incluso en contextos de estrés agudo, como se vio en estudios con pacientes de COVID-19 en 2024, los ejercicios guiados de respiración profunda redujeron drásticamente la ansiedad y el estrés, aunque curiosamente no tuvieron el mismo efecto sobre la depresión.

Entrenar cuando se está bien. La conclusión de los investigadores y de expertos como Díaz Rois es bastante clara: la respiración no es un botón del pánico que se puede pulsar por primera vez en un incendio, sino que es algo que se debe ir entrenando para tenerlo a plena forma en cuando haga falta.

Para ello se debe entrar cuando se está bien, practicando la técnica del suspiro que hemos comentado antes o el conteo de las respiraciones. De esta manera, se le está entrenando al sistema nervioso para que relacione la pauta respiratoria que estamos haciendo con el mensaje de que se está a salvo. 

Otros puntos importantes. Además de todo esto, la ciencia tiene bastante claro que la respiración lenta practicada justo antes de un estímulo emocional negativo reduce el impacto de este. Esto es algo que podemos tener presente cuando por ejemplo vamos a entrar a un examen o a un lugar donde pensamos que vamos a estar muy incómodos, donde hacer unas respiraciones antes puede ahorrarnos un mal trago. 

Lo que tienes que decir. Con todo esto que hemos comentado, la próxima vez que alguien te diga “respira” mientras estás furioso, recuerda que tiene razón científicamente, pero que para que este truco funcione tienes que pasar por una serie de entrenamientos. 

Imágenes |  engin akyurt

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lo nuevo de Roborock tiene “patitas” que suben hasta 8,5cm

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China ha conquistado el mercado de los robots aspiradores. Con casi un 20% de cuota de mercado, Roborock es la marca que lídera el segmento y acaba de anunciar nuevos productos para 2026. El más destacado es el Roborock Saros 20, su nuevo robot aspirador de gama alta que llega con un chasis que le permite superar un obstáculo que hasta ahora insalvable: los escalones. 

El robot aspirador y escalador

Saros20 005
Saros20 005

Con el Roborock Saros Z70, la marca nos sorprendió con un brazo robótico que recogía las cosas que nos dejábamos tiradas por el suelo. El Saros 20 abandona esta idea pero estrena unas patitas con las que puede subir desniveles de hasta 8,5cm. Técnicamente, Roborock no ha sido la primera en tener esta idea porque Dreame mostró un robot que sube escaleras hace unos meses, pero era un concepto, no un producto comercial.

La particularidad del Saros 20 está en su chasis AdaptiLift 3.0, que combina ruedas elevables con lo que Roborock llama un “brazo de escalada”. Eso sí, hay un detalle importante y es que puede subir un escalón de 4,5cm seguido de otro de 4cm, por lo que no se adapta a cualquier tipo de desnivel ni escaleras convencionales, cuya contrahuella suele ser de unos 17-20cm. Gracias a su chasis elevable, también puede limpiar alfombras de hasta 3cm de altura.

Hay más. Cuenta con el sistema de navegación inteligente StarSight 2.0, capaz de detectar hasta 200 tipos de obstáculos , incluyendo los más pequeños, y tiene una capacidad de succión de 35.000 Pa. Sobre el fregado, tiene dos mopas giratorias con el sistema FlexiArm para llegar a los rincones. 

Además, el modelo Saros 20 Sonic tiene el sistema de fregado VibraRise que genera hasta 4.000 vibraciones por minuto. La base de carga lava las mopas con agua caliente a 100 ºC y las seca después. Los dos modelos estarán disponibles en 2026 a un precio todavía desconocido.

Nuevo robot cortacésped y más

Rockmow X1 Lidar005
Rockmow X1 Lidar005

Roborock también renueva su gama de robots cortacésped con el nuevo RockMow X1 LiDAR. Tiene tracción a las cuatro ruedas, lo que le permite subir pendientes de hasta el 80% y escalones de 8cm. El sistema de navegación combina LiDAR y SLAM visual para no depender de señal satelital. Permite ajustar el corte entre 4 y 9 centímetros y puede cortar hasta 2.000 metros cuadrados al día.

Curv2flow V01 020
Curv2flow V01 020

Roborock también ha renovado su serie Qrevo Curv con el nuevo Qrevo Curv 2 Flow. La principal novedad es que en lugar de dos mopas giratorias tiene un rodillo para el fregado que se va limpiando conforme gira. Además se extiende 10mm para llegar hasta la pared.

F25 Ace Pro 2
F25 Ace Pro 2

Por último tenemos la Roborock F25 ACE Pro, una aspiradora y fregadora con diseño tipo escoba que se puede inclinar hasta 180 grados para llegar debajo de muebles sin problema. Viene con una base de autolimpieza que lava y seca los rodillos a 95 ºC para eliminar bacterias. Igual que el resto de productos, estará disponible este año, pero aún no conocemos cuál será su precio.

Imágenes | Roborock

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Llevamos décadas obsesionados con la dieta mediterránea. Resulta que los nórdicos tenían una solución mucho mejor

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Si retrocedemos a 2009, muchos recordaremos un programa conocido como El Guerrero Más Letal (Deadliest Warrior). La premisa era enfrentar dos combatientes de diferentes épocas para estudiar quién ganaría en un duelo a muerte. Aunque en la pantalla vimos al Vikingo medir sus hachas contra un Samurái, y al Gladiador contra un Apache, nunca llegamos a ver el duelo directo entre el coloso del norte y el guerrero del Mediterráneo. 

Esa “pelea del siglo” quedó pendiente en la televisión, pero en el campo de la nutrición, el bando romano (la dieta mediterránea) ha sido el campeón invicto durante décadas. Sin embargo, la ciencia ha decidido simular ese combate en el laboratorio en 2025, y esta vez el hacha del vikingo ha cortado de raíz el liderazgo del Mediterráneo. Según los últimos estudios, los nórdicos tienen una solución mucho mejor.

Un nuevo hallazgo. Para lo que vivimos en la zona mediterránea, parece imposible pasar sin el aceite de oliva y el trigo. Pero, como explica la nutricionista Dawn Jackson Blatner en National Geographic, ha surgido una “prima de la dieta mediterránea en climas más fríos” que está demostrando resultados sorprendentes. Creada originalmente en 2004 por un comité de científicos y chefs —bajo la premisa de que la salud no está reñida con el placer gastronómica—, la “nueva dieta nórdica” no busca la longevidad, sino que lo hace con un enfoque de sostenibilidad local que el modelo mediterráneo a menudo ignora fuera de sus fronteras.

El hito más reciente es el estudio publicado en Frontiers in Endocrinology. Tras analizar a una población joven y de mediana edad, los investigadores liderados por Abdelgawwad El-Sehrawy descubrieron que aquellos que siguen estrictamente el patrón alimenticio del Mar Báltico tienen un 42% menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Si se utiliza el índice de adherencia más estricto, la protección sube hasta un asombroso 52%. Este hallazgo es crucial porque demuestra que los beneficios actúan como un escudo preventivo desde la juventud, y no solo en la tercera edad.

Un escudo contra las enfermedades modernas. La robustez de esta dieta se apoya en una “artillería” de investigaciones previas que ya apuntaban en esta dirección. Como detalla un estudio de 2024 publicado en Scientific Reports, la dieta nórdica es una de las mejores herramientas para combatir el hígado graso no alcohólico, reduciendo su riesgo en un 58%. 

A esto se suma que los beneficios no se quedan en el metabolismo. Según un metaanálisis de 2022 publicado en Diabetologia analizó datos de más de un millón de personas, confirmando que quienes siguen este estilo de vida tienen un 26% menos de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, un 22% menos de riesgo de muerte prematura por cualquier causa y un 14% menos de probabilidad de morir por cáncer. Como afirma el Dr. David L. Katz, “todas las buenas dietas se componen de alimentos reales, en su mayoría vegetales; la nórdica es una variación magistral de ese mismo tema”.

¿Qué es comer como un nórdico? Muchos seguro que habrán pensado que sería algo así como “comer aranques todos los días”, pero (felizmente) no es así. El pilar es el aceite de canola (colza), rico en ácidos grasos omega-3 y más asequible que el de oliva, junto con:

  • Cereales integrales: Centeno, cebada y avena (fundamentales por su bajo índice glucémico).
  • Frutas del bosque: Arándanos, frambuesas y bayas silvestres.
  • Tubérculos y crucíferas: Remolacha, zanahorias, coliflor y repollo.
  • Pescado graso: Salmón, caballa y arenque.
  • Lácteos fermentados: Como el skyr o el kéfir.

Más allá de la dieta. Uno de los puntos a destacar de la dieta es que, según una investigación del British Journal of Nutrition, las mujeres que seguían la dieta nórdica llegaban a la vejez con un rendimiento físico significativamente mayor, superando con facilidad pruebas de caminata y fuerza. 

La dieta nórdica tiene un efecto secundario ‘inevitable’: la pérdida de peso. Y lo hace hackeando la sensación de hambre. El estudio NORDIET puso a prueba a sujetos con colesterol alto y el resultado fue una bajada de peso y presión arterial sin el estrés de medir cada gramo. Pero el dato más contundente lo dio el ensayo NND en The American Journal of Clinical Nutrition: los participantes con obesidad abdominal perdieron una media de 4,7 kg comiendo a demanda, sin restricciones de cantidad. Comparado con el escaso kilo y medio que perdieron quienes siguieron una dieta normal, el sistema nórdico se muestra mucho más eficiente.

Una solución para todos. Lo que nos enseña el norte es que la salud no es propiedad exclusiva de una geografía. Como bien apunta la dietista Joan Salge Blake, el éxito de esta dieta reside en su capacidad de sumar fuerzas. Es la mezcla de fibra, aceites saludables y antioxidantes lo que realmente importa, actuando como un bálsamo contra la inflamación. Es ahí, en esa inflamación que alimenta las enfermedades de nuestro siglo, donde la dieta nórdica libra y gana su batalla más importante.”

No hace falta vivir en Oslo para beneficiarse. La clave, según los expertos, es priorizar los alimentos integrales, elegir pescados grasos (aunque sean congelados o en conserva por su asequibilidad) y sustituir el pan blanco por centeno integral. Los nórdicos parecen haber encontrado la receta para una vida larga, fuerte y sostenible. En 2025, el combate ha terminado: el vikingo sabe cuidarse mejor. 

Imagen | Unsplash

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