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Colón introdujo la piña en Europa en 1496. 200 años más tarde los ingleses se volvieron locos
La pistola cuando se saca es pa’disparar, el que la saca pa’enseñarla es un parguela. Siempre me hizo más gracia de la necesaria esa frase de una de las ‘pilladas’ de Callejeros por la vía pública, y siempre la asocié a lo que compramos por estatus. Si somos lo que tenemos, enseñamos lo que tenemos para demostrar nuestra posición. Y en la Inglaterra del siglo XVII, lo que los más ricos sacaban a pasear para fardar de su poder era… una piña.
Los móviles Blackberry en su día, al igual que los relojes, joyas, coches o los yates, son símbolos de estatus. Son elementos que utilizamos para mostrar el escalón social en el que nos encontramos. Hasta un Labubu entraría en este ejemplo, y si algo tienen en común estos símbolos es que son caros.
En el caso de la piña, la fruta se introdujo en Europa en 1496 con un único ejemplar de una piña. Y esta fruta exótica no pegó fuerte en España, sino en una Inglaterra que vivió una auténtica “piñamanía”.
De la fiebre de la piña…
Fue en su segundo viaje transatlántico cuando el explorador al servicio de la corona española regresó con la piña. En la isla de Guadalupe dio con la fruta y se llevó de vuelta a España una gran cantidad de esta “piña de Indes”, o fruta del “pino de los indios”. Se la ofreció a los Reyes Católicos y parece que… les gustó. Tanto que, según registró el historiador Peter Martyr d’Anghiera, el rey la “prefería ante todo lo demás”.
Era lo que se necesitaba para que los súbditos abrazaran la fruta con los brazos abiertos.


Es un misterio cómo y cuándo se introdujo la piña en Inglaterra, pero se cree que, a mediados del XVII, Carlos II de Inglaterra celebró un festín en el que la piña era el plato exótico. Y más importante que su sabor, era que la piña, al ser desconocida en el Viejo Continente, no estaba asociada a ninguna referencia cultural.
Si la manzana era la fruta prohibida, la piña era un lienzo en blanco. En un artículo de BBC podemos leer cómo Lauren O’Hagan, de la Escuela de Inglés, Comunicación y Filosofía de la Universidad de Cardiff, expone que eso permitió dotar a la piña de una cualidad mítica: era la manifestación simbólica del derecho divino del rey. Ahí es nada, pero no deja de ser fácil de identificar gracias a la “corona” de la piña y al color dorado del exterior y, sobre todo, del interior.
Esto hizo que se ganara el apodo de “King Pine”, y la realeza no perdió el tiempo en hacer lo que mejor se les daba: convertir algo inalcanzable para el pueblo en un elemento más que los separase de la plebe.


El rey Carlos II encargó un retrato de sí mismo siendo agasajado con una piña, la ornamentación de palacios y palacetes empezó a adoptar la piña como adorno estructural. Se hicieron dibujos, tapices, más pinturas, vajilla, ornamentación para muebles, medallas y… esto:

Dunmore Pineapple
Era exótica, pero también había un interés por empezar a cultivarla en Europa, y eso fue posible a mediados del XVII. Los invernaderos calefactados permitían replicar el clima tropical (más o menos) para empezar a cultivar piñas. Y pensarás que, cuantas más piñas en el mercado, menor será su valor, ¿verdad? Pues ocurrió todo lo contrario.
Como esos invernaderos eran carísimos, y cultivar las primeras piñas no era tarea sencilla, la fruta se vio como una inversión. Tardaba años en florecer en una instalación carísima y, además, era posible que gran parte de la cosecha se perdiera por diferentes motivos. Había más, sí, pero como las clases altas eran la única que se podía permitir una piña y eran conscientes de su valor… no se la iban a comer.
Y así empezó el punto álgido de esta historia: el alquiler de piñas.


Los más pudientes, que podían gastar 80 libras en una (ajustado a la inflación, entre 12.000 y 16.000 libras), no se iban a comer una fruta de 20.000 euros, así que la usaban como ornamentación. Como duran varios días sin pasarse, organizaban eventos en los que tenían las piñas como si fueran jarrones (o figuras de LEGO), bien a la vista de los invitados. Cuando se empezaba a poner blanda, se la comían.
¿Y qué hacían los que tenían dinero, pero no podían permitirse una piña? Alquilarla. Fue así como surgió un negocio paralelo para satisfacer esa demanda. Mentalidad de tiburón la de esos empresarios que pensaron en el negocio de alquilar piñas a las clases acomodadas, pero no mucho.
Se consideraba vergonzoso que los pillaran saliendo de una tienda de alquiler de piñas (sería admitir la derrota social), y el absurdo llegó a límites como ver gente paseando sosteniendo una piña. El equivalente a salir a la calle con un ‘Luisvi’ presumiendo de ‘Luisvi’.
Pero pronto ocurriría la peor pesadilla de los aburguesados: la globalización.
… a la democratización de la piña
Los avances en el transporte, con barcos de vapor que empezaron a realizar viajes con más frecuencia entre Gran Bretaña y las colonias en las que las piñas crecían salvajes, hicieron que la piña empezara a estar en las bodegas, junto a otros bienes. Pronto, la piña invadió el mercado, y si antes sólo las clases altas podían pagar una piña, ahora la clase trabajadora también podía deleitarse con su sabor.
O’Hagan cuenta que “en ese momento, la clase trabajadora que comía piña se usó como metáfora visual del problema del progreso en impresiones satíricas”. Si todos podían comer piña, ya no era especial. De pronto, se cayó la imagen de la piña como fruta prohibitiva, como el “a mí me gustaba Nirvana antes de que se hiciera mainstream”.


Se vendían en carritos por las calles, incluso más baratas que las patatas, y cuando se ideó la manera de encajar una piña en una lata, la fruta perdió definitivamente su atractivo para los más pudientes. Sólo quedaba una cosa para recordar ese pasado glorioso: el arte, la vajilla y las estructuras como el rimbombante Dunmore.
Desde la distancia, esto nos parece una locura, pero, como decía al comienzo del artículo, no estamos tan lejos. Ahí está el chocolate Dubai o el Nestlé Jungly hace unos años. Ninguno fue sinónimo de estatus, pero recuerdo las ‘peleas’ por hacerse con una tableta de esa sobreazucarada tableta de chocolate.
Pero quién sabe. A fin de cuentas, las modas son cíclicas.
Imágenes | Kim Traynor
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cuáles son los cinco más populares y 46 cursos gratis para aprenderlos
Vamos a decirte los cinco lenguajes de programación más populares del momento, que son posiblemente los que más salida tengan en este 2026. Además de esto, también te daremos una pequeña colección de 46 cursos con los que vas a poder iniciarte en ellos y aprenderlos.
Como siempre estos cursos suelen tener un formato similar. Son gratis para cursar y puedes hacerlos a tu ritmo, pero si tras terminarlos quieres una titulación es posible que muchos te pidan un pago a cambio.
Los lenguajes de programación más populares
El índice TIOBE lleva años siendo un medio para medir la popularidad de los lenguajes de programación. Esta popularidad se mide en función de números de ingenieros, capacitados, cursos disponibles, y otros elementos como los proveedores externos o su utilización en páginas web de referencia.
Esto nos da una noción de cuáles están ganando o perdiendo relevancia en la industria del software, algo que puede ser útil si estás ante la decisión de empezar a estudiar uno. Y como cada año, en este enero el índice TIOBE ha publicado su lista de enero de 2026. Recuerda que el índice no evalúa la calidad o cantidad del código escrito, sino el predominio de unos frente a otros.
Vamos, que con este ranking no tenemos los mejores lenguajes, sino simplemente los más populares. Este es el top 5 de lenguajes de programación a día de hoy según el TIOBE, además del porcentaje de incremento o disminución de popularidad con respecto al año anterior:
- Python: 22.61% (-0,68%)
- C: 10,99% (+2,13%)
- Java: 8,71% (-1,44%)
- C++: 8,67% (-1,62%)
- C#: 7,39% (+2,94%)
Cursos gratis online para aprender Python
- Fundamentos de Python 1: Un curso de Cisco donde vas a aprender las bases de las estructuras más utilizadas, incluyendo creación y uso de variables, tipos y manejo de datos, y varios tipos de operaciones como bucles, o listas. Dura unas 30 horas. Está en Netacad.
- Fundamentos de Python 2: La segunda parte de este curso, donde aprenderás estructuras más complejas para seguir avanzando, como cadenas, programación para objetos y más. Todo para aprender a crear programas más complejos y tener un mayor manejo de datos. Dura unas 40 horas. Está en Netacad.
- Introduction to Computer Science and Programming in Python: El popular curso en inglés del MIT con el que aprender las bases de la programación con Python. Va dirigido a personas sin experiencia propia, para aprender desde cero. Está en MIT.
- Curso básico de Python desde cero para principiantes: Un curso en formato de vídeo básico para usuarios que no tienen ninguna experiencia. Aprenderás la sintaxis y las bases para empezar a programar con este lenguaje. Tiene una duración deh ora y media. Está en Udemy.
- Programación para todos (empezando con Python): Un curso de introducción a este lenguaje de la Universidad de Michigan para crear tu primer programa simple. Te va a enseñar las bases, incluyendo las variables, la ejecución condicional, la repetida, y cómo usar sus funciones. Dura unas 7 semanas a 2 – 4 horas por semana. Está en edX.
- Curso de Python: Un curso para aprender sus conceptos básicos, las mejores técnicas, las herramientas necesarias y las librerías más populares para utilizarlo. Dura 5 semanas, a 1 o 2 horas por semana. Está en Edutin Academy.
- Python: aprender a programar: Un curso de la Universitat Politécnica de Valencia, en el que aprenderás a programar desde cero con este lenguaje. Conocerás las variables, bucles y funciones. Tiene una duración de 8 semanas, a 3 – 4 horas por semana. Está en edX.
- Curso de Python gratis con certificado: Un curso de la UNAM de México, donde aprenderás los conocimientos esenciales de programación con Python y la creación de algoritmos y tus propios programas. Es para usuarios sin experiencia, para ir aprendiendo progresivamente. Dura unas 17 horas de duración. Está en Cursos gratis UNAM.
- Curso intensivo de Python: Un curso creado por Google para aprender a entender qué es Python y por qué es relevante, así como sus estructuras básicas y más. Dura unas 20 horas. Está en Coursera.
- Certificado profesional de Microsoft Python Development: Un curso de Microsoft para el que no necesitas experiencia previa, y con el que aprenderás habilidades Python muy demandadas para aprender a usarlo como desarrollador en pocos meses. Dura 4 meses, a 8 horas por semana. Está en Coursera.
Cursos gratis online para aprender C
- Introducción a la programación en C: Tipos de datos y estructuras: Primer curso de la Universidad Autónoma de Madrid. Te enseña los conocimientos básicos necesarios para aprender a utilizar este lenguaje. Dura 5 semanas, a 3 – 5 horas por semana. Está en edX.
- Introducción a la programación en C: Instrucciones de control y ficheros de texto: Segundo curso de introducción de la Universidad Autónoma de Madrid, donde aprenderás sobre condicionales, bucles y ficheros de texto con el lenguaje de programación C. Dura 5 semanas, a 3 – 5 horas por semana. Está en edX.
- Introducción a la programación en C: Funciones y punteros: La Universidad Autónoma de Madrid también tiene este otro curso de introducción, donde aprenderás a hacer programas modulares de funciones y punteros usando C. Dura 5 semanas, a 3 – 5 horas por semana. Está en edX.
- C para todos: Fundamentos de programación: Un curso de la UC de Santa Cruz, con el que vas a aprender los fundamentos de programación con C, y a escribir un programa sencillo. Dura 15 horas. Está en Coursera.
- Curso gratis de programación en C: Un curso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde aprenderás a dar los primeros pasos con el lenguaje de programación C. Empezarás desde el Scratch y la sintaxis hasta las conversiones de datos, depuración y librerías , pasando por variables, operadores, expresiones, bucles, compilación y demás. Dura unas 10 horas. Está en Cursos gratis UNAM.
- C Programming: Getting Started: Curso de Dartmouth en el que aprenderás las bases de la programación con C, comprendiendo sus principios y usando herramientas online para dar tus primeros pasos. Dura 5 semanas a 2 – 4 horas por semana. Está en edX.
- C Programming: Language Foundations: Otro curso de Dartmouth, en este caso centrándose en los conceptos básicos del lenguaje. Aprenderás a usar condiciones lógicas para controlar el flujo de un programa, a crear y modificar matrices, y más. Dura 5 semanas a 2 – 4 horas por semana. Está en edX.
- Programa especializado: C Programming for Everybody: Un curso de la Universidad de Michigan, donde aprenderás cómo programar en C, a escribir implementaciones y a crear tu primer programa básico. Dura 2 meses, a 10 horas a la semana. Está en Coursera.
- Programa especializado: Introducción a la programación en C: Otro curso de larga duración, esta vez de Duke. Te enseña los fundamentos esenciales de la programación en C, y a desenvolverte con ella. Dura 5 meses, a 10 horas por semana. Está en Coursera.
Cursos gratis online para aprender Java
- Introducción a la programación en Java: empezando a programar: Uno de los tres cursos de la Universidad Carlos III de Madrid para aprender a programar en Java. Es el curso introductorio donde se te introduce progresivamente a los conceptos básicos de este lenguaje. Dura 5 semanas, a 7 – 10 horas por semana. Está en edX.
- Introducción a la programación en Java: escribiendo buen código: Otro de los cursos introductorios de la universidad madrileña, esta vez orientado a ayudarte a escribir un “buen” código en este lenguaje, haciendo que sea correcto y eficiente. Dura 5 semanas, a 7 – 10 horas por semana. Está en edX.
- Introducción a la programación en Java: estructuras de datos y algoritmos: Y el tercer curso en español de la Universidad Carlos III, donde en este caso aprendes a utilizar estructuras de datos fundamentales como listas, pilas, colas y árboles, y a usarlas sobre algoritmos. Dura 5 semanas, a 7 – 10 horas por semana. Está en edX.
- Programación Java para principiantes: Un pequeño curso de IBM para enseñarte las nociones básicas para programar con Java, apoyándose con experiencias prácticas. Dura unas 10 horas. Está en Coursera.
- Programación con Java: Un curso de Amazon que te ayuda a desarrollar métodos para organizar y reutilizar eficazmente el código, a manejar errores y a aplicar conceptos de programación orientada a objetos dentro de Java. Dura 3 semanas a 10 horas por semana. Está en Coursera.
- Introducción a Java: Un curso de introducción donde aprender de forma práctica sus conceptos básicos, las mejores técnicas y las librerías y herramientas más populares. Dura 5 semanas, a 1 – 2 horas por semana. Está en Edutin Academy.
- Codio: Java Programming: Basic Skills: Un curso de Codio para aprender las habilidades básicas para programar con Java. Va dirigido a novatos y principiantes, y te enseñará lo esencial. Dura 5 semanas, a 2 – 3 horas por semana. Está en edX.
- Java Programming Fundamentals: Un curso para dar los primeros pasos al lenguaje de programación Java, con el que puedas aprender lo necesario para desenvolverte cuando estés empezando a trabajar con él. Dura 5 semanas, a 8 – 10 horas por semana. Está en edX.
- Curso de Java gratis: De la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este curso te permite te lleva desde los conceptos elementales hasta los más complejos de la programación en Java. Dura unas 30 horas. Está en Cursos gratis UNAM.
- Programa especializado: Fundamentos de programación Java e ingeniería de software: Un curso de medio año de la Universidad de Duke, donde aprenderás a fondo los fundamentos de la programación y el desarrollo de software usando este lenguaje. Dura 6 meses, a 10 horas por semana. Está en Coursera.
Cursos gratis online para aprender C++
- IBM: Fundamentals of C++: Un curso de IBM en el que aprendes los fundamentos básicos de este lenguaje de programación. Tiene vídeos en inglés, aunque transcritos al español, y aprenderás cosas como los tipos de datos y operadores, y mucho más. Dura 5 semanas, a 5 – 6 horas por semana. Está en edX.
- Writing Secure Code in C++: Una especialización centrada en que los programadores puedan afinar sus habilidades para crear programas más seguros con C++. Dura 4 semanas, a 10 horas por semana. Está en Coursera.
- Introducción al C++:
- Microsoft: Introduction to C++: Microsoft también ha creado un curso dirigido a programadores que quieran mejorar su escritura con este lenguaje. Te enseña a crear aplicaciones en una gran variedad de plataformas. Dura 4 semanas a 3 – 5 horas por semana. Está en edX.
- C++, Short and Sweet, Part 1: Un curso de inicio basado en vídeos, donde aprenderás a dar los primeros pasos con este lenguaje de programación. Está en inglés, y dura 5 horas y media. Está en Udemy.
- Codio: C++ Programming: Basic Skills: Un curso de Codio para principiantes, con el que aprender a programar y ejecutar tu primer programa con C++ sin instalar nada, adquiriendo las habilidades básicas para hacerlo. Dura 5 semanas a 2 – 3 horas por semana. Está en edX.
- C++ Tutorial for Complete Beginners: Un curso para aprender de forma completa y extensa todo lo necesario para programar en este lenguaje, pudiendo empezar ya a trabajar desarrollando con él. Dura 18 horas. Está en Udemy.
- Fundamentos de C++ – Un Enfoque Completo: Un curso que empieza enseñándote los conceptos básicos de la sintaxis, variables, tipos de datos, flujo de control y funciones de C++, y luego profundizar en elementos más avanzado y enseñarte a usarlos todos. Dura 12 semanas, a 2 – 6 horas por semana. Está en edX.
- Curso de C++ Básico Gratis: Un curso en español creado por el equipo de la web Código Facilito, en el que darás tus primeros pasos con este lenguaje, sus variables, sus constantes, los operadores, y mucho más. Está en Código Facilito.
Cursos gratis online para aprender C#
- Fundamentos de C# para Principiantes: Un curso de vídeo gratuito para comprender los fundamentos esenciales de C#, y aprender sus conceptos básicos orientándote a escribir código con buenas prácticas. Dura 9 horas. Está en Udemy.
- Curso de C#: Otro curso de inición, en el que además de los conocimientos básicos se incluye un proyecto práctico con el que empezar a practicar. Dura 3 semanas a 1 – 2 horas por semana. Está en Edutin.
- Aprender C#: Un de Microsoft que te permitirá hacer aplicaciones en Windows con este lenguaje de programación. Está compuesto por varios pequeños cursos, tutoriales, vídeos y muchísimo material gratis. Está en Microsoft Dotnet.
- Introduction to Programming With C#: Otro curso de Microsoft, que sirve como introducción para aprender a usar este lenguaje de programación. Dura 29 horas. Está en Coursera.
- Learn C# by Building Applications: Como el nombre indica, este curso intenta enseñarte este lenguaje de programación con práctica, creando aplicaciones con él. Dura 20 horas. Está en Coursera.
- C# para desarrolladores .NET: Un curso para aprender los fundamentos de ASP.NET y los componentes del marco .NET, utilizando la sintaxis de C# para el desarrollo de aplicaciones web. Dura 20 semanas. Está en Coursera.
- Introducción a la programación en C# y Unity: Un curso de la Universidad de Colorado, donde vas a aprender a utilizar el lenguaje de programación C# y el motor Unity en Windows o Mac para desarrollar juegos con este motor. Dura 18 horas. Está en Coursera.
- Lo básico de C#: Un curso en formato de vídeo corto gratuito en el que se te enseñan los fundamentos de la programación usando C#, con sus variables, condiciones, bucles o funciones, ejemplos guiados y ejercicios propuestos. Tiene una duración de 2 horas. Está en Udemy.
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El truco fundamental para controlar a la perfección la temperatura del coche es un (no) botón olvidadísimo sobre el salpicadero
Aunque con el furor de llevar pantallas a los coches cada vez hay menos botones, todavía nos encontramos un montón de controles a la vieja usanza desperdigados por el volante y el salpicadero del coche. Sin embargo, suele haber un pequeño elemento (a veces con forma de perilla circular, que puede sobresalir o no) que normalmente parece un botón que pasa desapercibido por su ubicación: está lo suficientemente a desmano como para no poder accionarlo fácilmente. Spoiler: si lo tocas no pasa nada.
Y no pasa nada sencillamente porque es un sensor solar o sensor de carga solar (si nos ponemos más técnicos, un fototransistor), una pieza poco conocida para el público general pero de gran importancia en tanto en cuanto es el elemento que emplea el climatizador automático para regular la temperatura correctamente.
Es fundamental para controlar la temperatura del coche
Más concretamente, está ubicado al fondo del salpicadero y en la zona central, pegado a la luna delantera. Suele tener cerca la rejilla del altavoz o la de la salida del aire para desempañar la luna. De ahí que ni se vea bien ni sea cómodo tocarlo. Esa posición tiene todo el sentido el mundo: es una de las mejores zonas del interior del habitáculo para captar la luz solar del exterior.
Precisamente la razón de ser del sensor, ya que la luz solar que entra a un coche puede llegar a representar hasta el 60% de carga de calor que el sistema de climatización tiene que superar en la búsqueda del confort. Un buen ejemplo cotidiano: la diferencia térmica aparcando en el mismo sitio un día veraniego en el que cae el sol encima o hacerlo de noche o cuando está nublado.
Este sensor de carga solar es en realidad un fotodiodo que mide la intensidad de la radiación solar para así, poder ajustar el control de la climatización, lo que incluye el sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado. En ese día caluroso del ejemplo, el climatizador tendrá que trabajar a tope para enfriar el habitáculo cuanto antes. Pero si es de noche o está nublado, no necesitará soplar tan fuerte.
A nivel técnico su mecanismo es simple: el fotodiodo se mueve en un rango de funcionamiento entre 0 y 5 Voltios, ofreciendo más resistencia conforme aumenta la intensidad de la luz, de modo que la señal del sensor disminuye conforme aumenta la carga solar. Esta señal es la que luego llega al control, que da órdenes al sistema para ajustar la velocidad y la intensidad.
El sensor de carga solar no es el único responsable del funcionamiento del climatizador, ya que el vehículo integra más sensórica como por ejemplo el sensor para medir la temperatura del interior. Y también tienen otros sensores para encender o apagar las luces o configurar el modo de las pantallas y el salpicadero en función de la iluminación exterior.
Por cierto, en algunos coches no solo hay un sensor de carga solar, sino que hay dos, uno a cada lado del salpicadero y en esa misma zona adyacente a la luna frontal: son modelos que tienen climatizador bizona.
Imágenes | Skoda, Opel y SEAT
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El científico que estuvo en la cárcel por crear los primeros bebés genéticamente modificados. Ahora quiere volver a hacerlo
En 2018, un científico subió a un escenario en Hong Kong para anunciar que había cruzado el Rubicón: el nacimiento de los primeros bebés modificados genéticamente de la historia. Hoy, tras cumplir tres años de prisión, He Jiankui ha vuelto. Pero no busca el perdón. Con una financiación de 50 millones de yuanes (unos 7 millones de euros) y una estética cada vez más mesiánica, el hombre apodado como el “Frankenstein chino” planea reescribir de nuevo el código de la vida. Esta vez, con una promesa aún mayor: erradicar el Alzheimer.
“¡Ya sé lo que se siente ser Dios!”. gritó el profesor Frankenstein —interpretado por Colin Clive— en la película Frankenstein (1931), fijando para siempre el mito del científico que cruza todos los límites. Tras su liberación en 2022, He Jiankui parece haber asumido ese papel sin ironía. En una entrevista reciente con WIRED, ya no se presenta como un investigador imprudente que aprendió la lección, sino como un “pionero de la edición genética”, un término que exigió como condición para ser entrevistado. En redes sociales, se define como el “Darwin chino” o el “Oppenheimer de China”, y suele publicar fotos con una bata impecable, posando solo en un laboratorio.
Aislado de la academia internacional, He asegura a WIRED que los inversores “acuden a él cada semana”. Ha establecido un laboratorio independiente en el sur de Pekín y, aunque la ley china prohíbe expresamente la edición genética de embriones con fines reproductivos, asegura moverse dentro de una zona gris: investigación “filantrópica”, financiada por empresarios privados y pacientes desesperados.
¿Qué pasó con los bebés? El experimento original de 2018 buscaba hacer a los bebés inmunes al VIH mediante la modificación del gen CCR5. El resultado, según explican genetistas y bioeticistas, fue un fracaso técnico y ético. El investigador Lluís Montoliu detalló en The Conversation que las niñas nacidas de ese experimento son “mosaicos genéticos”: no todas sus células fueron editadas de la misma forma, y además se detectaron mutaciones no deseadas —off-target— en otras regiones de su genoma.
Pese a ello, He Jiankui mantiene una postura desafiante. Según declaró al Wall Street Journal, las tres niñas —incluida una tercera nacida en 2019— están sanas y asisten hoy a la escuela primaria. “No tengo que disculparme con nadie”, afirmó. Sin embargo, los expertos advierten que esa afirmación descansa sobre una enorme laguna de información ya que se desconoce el impacto real de las alteraciones genéticas en su sistema inmunitario, los efectos a largo plazo y las consecuencias psicológicas de crecer sabiendo —o descubriendo algún día— que fueron el primer experimento genético de la humanidad.
La nueva frontera: el Alzheimer. El nuevo objetivo de He Jiankui es el Alzheimer, una enfermedad con un componente personal: su madre ya no lo reconoce debido a esta patología. Según explicó a WIRED, su plan consiste en introducir en embriones humanos una mutación genética —APP-A673T— descubierta en la población islandesa, que parece conferir una protección natural frente al deterioro cognitivo.
El consenso científico es demoledor. Kari Stefansson, el genetista islandés que participó en la identificación de esa mutación, advirtió en el Wall Street Journal de que el enfoque de He es de “riesgo altísimo”. Manipular el genoma de un embrión implica que cualquier error, por pequeño que sea, no solo afectará a un individuo, sino que se transmitirá a todas las generaciones futuras. No existe marcha atrás.
Aún así, lejos de moderar su ambición, He ya proyecta el siguiente paso. Confesó en la entrevista que su objetivo final es realizar hasta 12 modificaciones genéticas simultáneas en un solo embrión para prevenir cáncer, VIH y enfermedades cardiovasculares. “Los niños que nazcan serán mucho más sanos y quizás vivan más que nosotros”, asegura. Para muchos científicos, esa frase resume el problema: una promesa totalizante basada en una tecnología aún inmadura.
Ciencia sin fronteras. ¿Cómo piensa ejecutar este plan un científico inhabilitado por su propio país? La respuesta es una estructura transnacional que algunos expertos describen como “ciencia guerrilla”. En China, He limita su trabajo a líneas celulares humanas y experimentos con ratones y monos. En Estados Unidos, según reveló el South China Morning Post, planea operar —a través de su esposa, la empresaria Cathy Tie— un laboratorio en Austin (Texas), donde la financiación privada permite investigar con embriones descartados de fecundación in vitro. El destino final sería Sudáfrica, un país que en 2024 flexibilizó sus directrices éticas y que, según He, estaría muy interesado en autorizar ensayos en humanos.
La financiación de esta red es tan ambiciosa como opaca. Mientras el Wall Street Journal señala que He se niega a revelar la identidad de sus patrocinadores, el SCMP informa de que incluso se han explorado vías alternativas como criptomonedas promocionadas por su entorno para recaudar fondos.
El espejo incómodo de Silicon Valley. La parte más polémica del discurso de He Jiankui es su ataque frontal a la élite tecnológica estadounidense. “Algunos multimillonarios de Silicon Valley están impulsando la mejora del coeficiente intelectual en bebés. Creo que es un experimento eugenésico nazi”, afirmó en WIRED.
Sin embargo, la frontera entre lo que hace He y lo que ya sucede en California es cada vez más difusa. Startups como Nucleus Genomics u Orchid Health no editan el ADN, pero sí permiten seleccionar embriones en función de puntuaciones genéticas asociadas a inteligencia, obesidad o riesgo de Alzheimer. La diferencia técnica es real; la lógica subyacente —optimizar al ser humano antes de nacer— es inquietantemente similar.
Mientras magnates como Jeff Bezos o Peter Thiel invierten miles de millones en biotecnológicas que prometen ralentizar o revertir el envejecimiento, el cuerpo humano se ha convertido en un activo financiero más. He sostiene que él edita para prevenir enfermedades, mientras Silicon Valley selecciona para optimizar. Para la ética global, ambos modelos plantean la misma pregunta fundamental: ¿quién decide qué significa “mejor”?.
Ciencia frente al mito. Hay un punto esencial que a menudo se pierde entre promesas y cifras: el ADN no es un destino. Las predicciones genéticas sobre inteligencia o éxito explican apenas entre un 5% y un 10% de la variabilidad real entre personas. Además, existe un riesgo técnico crítico: analizar unas pocas células de un embrión requiere amplificar su ADN, un proceso que puede introducir errores y llevar a decisiones basadas en datos defectuosos.
Detrás de la carrera por la modificación genética hay también una raíz emocional. Por ejemplo, en el miedo a envejecer. Larry Ellison, fundador de Oracle, una vez confesó: “La muerte nunca ha tenido sentido para mí”. En ese contexto, lo que ocurre con He Jiankui no es una anomalía aislada, sino la expresión más extrema de una tendencia global en la que el genoma se ha convertido en un nuevo campo de batalla científico, económico e ideológico.
El dilema. Hoy, He Jiankui camina por los campos de golf de las afueras de Pekín mientras espera que le devuelvan su pasaporte, convencido de que es el único que se atreve a hacer lo que otros solo discuten en cenas privadas y conferencias de lujo. Pero hay una ausencia que atraviesa todo el debate: la de los futuros niños. Ellos no consienten, no votan, no invierten. Son quienes cargarán con los riesgos de decisiones irreversibles tomadas antes de nacer.
¿Es He Jiankui un visionario dispuesto a librar a la humanidad del Alzheimer o un científico cuya ambición ha desbordado cualquier límite ético? Mientras se prepara para producir “cientos de bebés modificados”, la sociedad se enfrenta a una pregunta incómoda y urgente: si podemos moldear a la próxima generación como si fuera una hoja de cálculo, ¿qué significará entonces ser humano? Por ahora, el “Darwin chino” sigue adelante, impulsado por 50 millones de yuanes y la convicción inquebrantable de que, en la carrera por la inmortalidad, la ética es solo un obstáculo que puede revocarse.
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