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review con características, precio y especificaciones
Elegir un televisor de gama media alta cada vez es más complicado. El temor en esta gama ya no es tanto si el televisor ofrece buena calidad de imagen o sonido, sino hasta qué punto lo hace mejor que sus rivales directos en el mercado. Hay que emplearse a fondo y afinar el ojo y el oído para encontrar las diferencias.
El Panasonic Z90B que vamos a analizar es uno de esos televisores que, sin ofrecer unas cifras deslumbrantes ni en brillo, ni en potencia sonido (como sí sucede con su hermano mayor el Panasonic Z95B), lamentas tener que devolver a la marca tras analizarlo porque, en conjunto, ofrece una experiencia de uso muy sólida.
Pantalla OLED, sonido integrado, buena conectividad y buen diseño hace que encontrar puntos débiles en este Panasonic sea muy complicado. Pero los tiene, y aquí estamos para contarlos.
Panasonic Z90B: especificaciones técnicas
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Panasonic Z90B |
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panel |
OLED 4K/OLED Master OLED PRO 4K UHD de 55 pulgadas, 10 bits, 144 Hz y 16:9 |
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resolución |
3.840 X 2.160 puntos |
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hdr |
Dolby Vision IQ, HDR10, HDR10+ y HLG |
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procesador de imagen |
Procesador HCX Pro MKII con inteligencia artificial |
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modos de imagen |
Inteligencia artificial automática/Dinámico/Normal/Cine/Cine real/CINEASTA/Personalizado/Profesional1/Profesional2/Deporte/Juego/Juego real/Dolby Vision (Vívido/IQ/Oscuro/Juego)/Modo adaptativo calibrado para Netflix/Modo calibrado para Prime Video |
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sistema operativo |
Fire TV |
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almacenamiento interno |
16 GB |
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sonido |
Potencia total: 60 vatios |
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modos de sonido |
Inteligencia artificial automática / Estándar / Música / Voz / Estadio / FPS / RPG / Usuario/Dolby Atmos |
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conectividad |
3 x HDMI 2.1, HDMI 2.1 eARC, 3 x USB, 2 x IF (satélite), 1 x RF, 1 x Ethernet y 1 x audio digital óptico |
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conectividad inalámbrica |
Wi-Fi |
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prestaciones para juegos |
4K120, VRR, ALLM, mapeado de tono HDR automático y Dolby Visión IQ Juego |
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etiqueta energética |
Clase G |
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dimensiones |
1.225 x 787 x 348 mm (incluidos los soportes) |
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peso |
23 kg (con soportes) |
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precio |
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Diseño: HZ1500 ¿eres tú?
Al sacar el Panasonic Z90B de su caja, (una caja que, por cierto, es enorme para alojar un televisor de 55 pulgadas) lo primero que pensé fue: “Se han equivocado y me han mandado el HZ1500 de 2020”. Todo me recordaba a él. El frontal minimalista con la barra de sonido de 60 mm de alto situada en la parte inferior, la base circular, etc. Todo muy del estilo al que Panasonic nos tiene acostumbrados.
No me malinterpretes. Es un diseño sobrio que mantiene su elegancia y no acusa el paso del tiempo, pero tras cuatro generaciones, el rediseño que proponía la Z95B y la introducción de nuevos materiales, aunque caminaba sobre la misma línea, se sentía diferente. En el caso del Panasonic Z90B, la sensación es obtener más de lo mismo. Al menos desde su parte frontal.


En este caso, Panasonic ha prescindido de la tela acústica que recubría la barra en la Z95B, y mantiene la estética de metal perforado de color gris oscuro que teníamos en generaciones anteriores. Pese a esa continuidad, la marca japonesa consigue mantener la misma elegancia, sobriedad y calidad que en los modelos de gama alta.
Bajo la barra encontramos una serie de LEDs de función con los que se indica el estado del televisor (encendido, apagado, suspendido), así como un indicador que se ilumina cuando el asistente por voz de Alexa está escuchando. Oculto bajo estos LEDs encontramos un interruptor que anula las funciones de escucha mediante comando de voz de Alexa. Para invocar al asistente será necesario mantener pulsado el botón del micrófono en el mando.


Junto a ese interruptor, un botón multifunción permite realizar las funciones básicas del televisor mediante un menú que se controla con pulsaciones de ese botón.
El perfil de la Panasonic Z90B nos recuerda que nos encontramos ante una pantalla OLED con una trasera metálica de color negro que desafía a la física sobresaliendo de la carcasa de 47 mm donde se aloja toda la electrónica y conectores del televisor. La extrema delgadez de la trasera y la rejilla de refrigeración que recorre toda la parte superior de la carcasa nos adelanta algo que no tardaremos en descubrir un poco más adelante: su panel OLED no cuenta con el mismo sistema de refrigeración optimizada de su hermano mayor.


Los plásticos de esta carcasa se aprecian de buena calidad y únicamente quedan interrumpidos por el subwoofer trasero que se ubica en una posición centrada en la trasera. A la derecha, una tapa oculta los conectores, que se distribuyen en forma de L para facilitar las conexiones cuando se opta por instalarlo en la pared, para lo que cuenta con compatibilidad para soportes VESA de 300 x 300.
Aprobado raspado para la gestión de cables en la trasera, que se limita a un orificio en la tapa que cubre los conectores y un hueco en el mástil que soporta la pantalla para guiar los cables hasta la trasera del mueble.
Soy especialmente partidario de las peanas que monta Panasonic. Su posición central permite instalar el televisor en muebles de cualquier tamaño sin importar la diagonal de la pantalla, e incluye una función tremendamente útil que, lamentablemente, está cayendo en desuso: permite girar la pantalla para acomodarla a la vista desde distintos puntos del salón.
La peana metálica ofrece un soporte excelente para el televisor transmitiendo la sensación de estabilidad incluso cuando la pantalla se encuentra girada.


Conexiones: Conectividad completa y un mando contundente
En cuanto a la conectividad, esta ha quedado muy bien resulta en una distribución que deja los conectores que no se acostumbran a cambiar con tanta frecuencia orientados hacia la parte inferior para que puedan ser canalizados fácilmente si optas por un montaje en la pared, mientras que los puertos HDMI y USB quedan orientados hacia el lateral para mejorar su accesibilidad.
Aquí encontramos cuatro puertos HDMI 2.1, todos compatibles con ALLM, aunque solo las entradas 1 y 2 ofrecen soporte completo para VRR, High Frame Rate (HFR) y soporte NVIDIA GSync y AMD Freesync Premium. El soporte de retorno de audio eARC se limita al HDMI 2.


A ellos se suman dos puertos USB 2.0, un USB 3.0, Ethernet, salida óptica de audio, minijack, Common Interface (CI) y la conectividad inalámbrica habitual: Wi-Fi y Bluetooth.
El mando a distancia es el mismo que vimos en el Panasonic Z95B, conservando el acabado en plata y unas dimensiones y peso considerables. A nivel funcional, el mando permite acceder a cualquier función rápidamente, pero no cuenta con retroiluminación en los botones, algo que se agradece en un televisor como el Panasonic Z90B, que invita a ver películas en penumbra.
En contrapartida, cuenta con seis botones de acceso directo que ponen de manifiesto la amplia presencia de Amazon en este televisor: Prime Video, Netflix, YouTube, Disney+, Amazon Music y Mis Apps.
Además, el botón personalizable My App permite asignar el acceso directo a una app adicional a elección del usuario. Este botón puede aprovecharse, por ejemplo, para configurar en él el acceso a la app de Movistar+ o cualquier otra plataforma de TV online.


Al igual que su hermano mayor, el Panasonic Z90B viene con FireTV 8 de Amazon como sistema operativo. Las últimas actualizaciones han dejado un software muy ágil que permite un buen nivel de personalización para la pantalla de inicio. De ese modo, es el contenido el que se acerca al usuario, mostrando las novedades en las distintas plataformas que tienes instaladas.
La parte negativa es que, entre las recomendaciones de series, el sistema operativo cuela anuncios en la parte superior de pantalla y no hay forma de evitarlos. No son intrusivos, pero tampoco aportan nada al usuario (como sí lo hacen las recomendaciones de contenido).
Alexa está integrada de maravilla y, aunque no ofrece las funciones de Alexa+ por no estar disponible en España, tiene muy buena capacidad de respuesta para encontrar contenidos o controlando las funciones del televisor mediante comandos de voz, algo muy útil cuando te has dejado el mando en la otra punta del sofá y has encontrado la postura perfecta.


En cuanto al uso de la interfaz, y pese a que el televisor trae integrado el manual de usuario, creo que no le iría mal una pequeña descripción de qué hace cada opción del panel de Configuración de imagen y sonido del televisor (la parte que depende más de la personalización de Panasonic), tal y como sí se muestra en otros apartados del menú de ajustes (la parte nativa de Fire TV).
Enunciados como ‘IFC Precisa’ (Intelligent Frame Creation para ajuste de control de movimiento) no da muchas pistas sobre cómo afecta eso a la calidad de imagen. Esto es algo importante porque activar la función errónea puede empeorar la experiencia de uso y la calidad de imagen sin que el usuario sepa por qué de repente su TV ya no se ve tan bien.
Eso desincentiva que los usuarios menos experimentados se atrevan a adentrarse en esos menús más allá de la elección de los modos de imagen y sonido preconfigurados.
Calidad de imagen: la herencia del cine está aquí
Si algo caracteriza a Panasonic desde hace años es su empeño en conseguir la máxima fidelidad en la colorimetría para mantener la intención original de los creadores de cine. El Panasonic Z90B se mantiene en ese empeño ofreciendo una reproducción de color excelente en los modos calibrados para contenido cinematográfico.
No obstante, el Master OLED PRO que montan las variantes de 55, 65 y 77 pulgadas de este modelo (los modelos de 42″ y 48″ no montan el mismo panel) se sitúa un paso por detrás del panel Primary RGB Tandem con ThermalFlow que monta su hermano mayor el Panasonic Z95B. Eso hace que su rendimiento nos devuelva a los valores de brillo habituales de un panel OLED convencional que se mueven en torno a los 1.500 nits. Lo cual no es poco.
Nos encontramos ante un panel OLED con resolución 4K afinado por Panasonic, pero no cuenta con un sistema de refrigeración tan avanzado como el del Z95B. Ese recorte ha limitado la posibilidad incrementar los niveles de brillo sin comprometer la fiabilidad y evitar los temidos quemados de pantalla por el uso.
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Si observamos con detalle su distribución de subpíxeles se pueden observar los tres bloques de color alineados complementados por el diodo blanco que controla la potencia el brillo (WRGB), la misma distribución que el LG OLED C5.
En una sala con luz controlada, el contraste es sencillamente magnífico. Sin embargo, en ambientes más luminosos, el tratamiento antirreflejos no consigue dispersar del todo la luz y refleja fuentes de luz directa como la que procede del enorme ventanal que tenía a su derecha en mi salón.
Eso, unido a una entrega de brillo más discreta que la de los paneles Mini-LED o los Tandem OLED de cuarta generación, hacía que ver contenido en las horas centrales del día fuera menos agradable que cuando caía el sol.


Sin embargo, los ingenieros de Panasonic han conseguido afinar el panel para que ofrezca una colorimetría muy natural incluso en los modos más “artificiales” como el AI Auto o el modo Normal.
Cuando se elige uno de los modos calibrados para cine, como el FILMMAKER o los modos Profesional 1 y Profesional 2 que, en esencia, son los modos de imagen para mantener la fidelidad cinematográfica en una estancia iluminada o en penumbra, la precisión en la colorimetría se agudiza, y se mejora la fluidez en los movimientos.
En contenidos SDR, el procesador HCX Pro MKII hace muy buen trabajo de escalado, mejorando la definición mediante la remasterización del contenido para optimizar la nitidez en programas de televisión. Me ha gustado que el resultado no sean imágenes demasiado “lavadas” por el filtro de ruido, sino que conservan su naturalidad.


El Z90B ofrece soporte HDR completo para los modos Dolby Vision IQ, HDR10+, HDR10 y HLG. Es en estos modos, donde los valores de brillo se hacen notar especialmente donde el panel Master OLED Pro saca músculo y deja ver el buen trabajo que han hecho los ingenieros de Panasonic para el contenido cinematográfico.
Además de los modos HDR que se activan en función de la compatibilidad del contenido, el Z90B cuenta con dos modos de imagen específicos calibrados para Prime Video y Netflix, por lo que el contenido de esas plataformas se ajusta automáticamente para mantener la fidelidad del color.


Las zonas oscuras mantienen detalle incluso en escenas complicadas, sin rastro de posterización, aplastamiento de negros ni ruido. Una prueba de fuego es la escena de Dune: Parte Dos, en la escena previa a la muerte del barón Harkonnen, en la que una línea de luz atraviesa la enorme sala dejando la estancia en una penumbra que oculta al ejército de guardias que les flanquea.
En esa escena los algoritmos de IA del procesador se tuvieron que emplear a fondo para levantar el detalle de esos soldados en penumbra, al tiempo que equilibraba la delgada línea de luz que atravesaba la pantalla.


La IA también se deja notar en el procesado de movimiento. Incluso estableciendo los valores al mínimo consigue mantener la fluidez de movimientos ganando un punto de nitidez en las escenas de acción y sin generar el molesto efecto “telenovela”.
Sonido: sorprendentemente bueno para un televisor
Uno de los rasgos más representativos de este modelo es la presencia de una barra de sonido integrada bajo la pantalla que ofrece una experiencia por encima de la media de audio integrado en cualquier televisor, sobre todo cuando se trata de pantallas OLED en los que el espacio se ha reducido al mínimo.
El sistema Dynamic Theatre Surround Pro combina dos altavoces frontales de 15W por canal y un subwoofer interno con radiador pasivo que suma 30W más al conjunto situado en la trasera. En total, entrega una potencia de 60W, que no está nada mal para el espacio disponible.


El resultado es un sonido nítido y con muy buena colocación lateral, de forma que las escenas con diálogos las voces se aprecian perfectamente definidas a cada lado de la pantalla. No hay distorsión ni resonancias metálicas, algo habitual en televisores con chasis tan delgados.
Al igual que sucede con el ajuste de imagen, el Panasonic Z90B también cuenta con distintos modos de sonido. Personalmente me he encontrado cómodo con el ajuste Auto AI que, como se adivina por su nombre, equilibra el balance de voces y efectos sonoros mediante un algoritmo. Por su parte, el modo Voz pone el foco en los tonos medios para compensar de volumen bajo de los diálogos de algunas series, evitando tener que subir el volumen general del televisor.


Los graves, aunque están bien definidos, no son demasiado profundos. Es decir, el subwoofer integrado cumple, pero no llega a los niveles de una barra de sonido. Activar el modo Dolby Atmos mejora ligeramente la amplitud de la escena sonora, pero la ausencia de altavoces upfiring limita la sensación envolvente que en ningún caso podemos considerarlo envolvente y no ha conseguido romper la frontalidad en ningún caso. Eso desinfla un poco las expectativas que teníamos puestas en este sistema de sonido integrado que, aunque cumple, no brilla.
Para la mayoría de usuarios, el sonido del Panasonic Z90B será más que suficiente para reproducir un sonido de buena calidad incluso en contenidos cinematográficos. Sin embargo, los usuarios más exigentes apreciarán la presencia de una barra de sonido que aporte un extra de potencia, sobre todo en el rango de bajos.


No obstante, si quieres compensar esa carencia en la profundidad de bajos, es posible conectarle un subwoofer externo desde el jack de auriculares. Una función habitual en los televisores de Panasonic que la marca nipona también ha incluido en su Z90B de 2025.
Gaming: juegos con calidad de cine
La experiencia gaming del Panasonic Z90B está limitada por un soporte parcial de las tecnologías de sincronización de fotogramas (VRR y HFR) a los puertos HDMI 1 y 2.
Eso significa que, si quieres exprimir al máximo la tasa de fotogramas de la GPU hasta los 144 Hz o a los 120 fps que permiten las consolas, solo dispones de esos dos puertos. Lo cual es un inconveniente ya que el HDMI 2 es el único que cuenta con soporte eARC. Es decir, que si le quieres conectar un sistema de sonido externo, solo te quedará un puerto HDMI disponible para conectar la consola o el PC gaming.


Los otros dos puertos HDMI sí soportan ALLM, por lo que las latencias por debajo de los 10 ms sí que están disponible en todos los conectores, aunque no puedan sincronizarse a los 120 fps que entregan las GPU.
Al conectarle un PC gaming automáticamente se activó el modo Juego, habilitando los ajustes HDR de Dolby Visión para juegos en sus distintas configuraciones. Además, se habilita el acceso al Panel de control de juegos: una barra de opciones desde la que se configuran todas las opciones de ajuste de imagen y sonido relacionadas con la experiencia en juegos.
La verdad es que es muy práctico tener todos esos ajustes a mano y no tener que buscar una a unas las funciones en el panel de Configuración.


La calidad de imagen en juegos es muy similar a la que obtenemos al reproducir una película o serie, con un ajuste de color muy acertado, un mayor control sobre las zonas oscuras.
Los juegos en HDR lucen espectaculares: negros profundos, movimiento fluido y sin tearing. El panel de control para jugadores permite ver los FPS, activar VRR o modificar el tono HDR sin salir del juego, algo muy práctico.


Panasonic Z90B: la opinión y nota de Xataka
Después de tener a Panasonic Z90B de 55 pulgadas como invitada principal en mi salón durante tres semanas, puedo asegurar que Panasonic ha hecho un excelente trabajo con esta nueva iteración de su modelo de gama media alta.
A nivel de calidad de imagen no tiene nada que envidiar a los de gama alta de otras marcas. Su seña de identidad son los colores naturales y realistas, por lo que si buscas es priorizar la calidad en películas y series sin dejarte una fortuna en un televisor este debería ser uno de los primeros candidatos de tu lista.


Es cierto que no entrega la profundidad e intensidad del color de los paneles QD-OLED, pero también se sitúa un escalón por debajo de la mayoría de televisores que montan esos paneles.
El paso a Fire TV como sistema operativo ya supuso un cambio importante, y creo que Amazon está mejorando mucho la experiencia de uso. Alexa responde a la primera y sin titubeos, y creo que en ese aspecto incluso está superando a Google TV.
Algo más tibio es el sistema de sonido que, aunque cumple en términos de calidad, se aprecia algo descafeinado en cuanto a carácter y, sobre todo, en direccionalidad y amplitud a la hora de representar la escena sonora.


Una sensación similar se tiene en cuanto a los juegos. Si solo vas a conectarle una consola (o incluso dos) y decides no instalar una barra externa, no tendrás problema y la experiencia de juego será plena. Sin embargo, la limitación de funciones en los dos puertos HDMI restantes presenta unas limitaciones que no deberían plantearse en un televisor de esta categoría en 2025.
En resumen, aunque el Panasonic Z90B no sea el OLED con más brillo del mercado (esa batalla la libra el Z95B) o el que mejor sonido ofrece, tampoco falla en nada relevante ofreciendo un conjunto muy sólido y coherente. No intenta reinventar nada, pero consigue lo más difícil: que cualquier contenido se vea como debería. Un televisor para disfrutar del cine, jugar a lo grande y olvidarte de ajustes complicados.
8,8
Diseño
9
Calidad de imagen
9
Sonido
8,5
Interfaz y Software
8,8
A favor
- Colorimetría sobresaliente
- FireTV rápido y compatible con todo
- Excelente rendimiento en juegos y HDR
- Construcción sólida y materiales de calidad
En contra
- Reflejos en la pantalla
- Sonido muy frontal y graves limitados
- Publicidad en el sistema operativo
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Más información: Panasonic
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Aún no sabemos cómo curar la ceguera. Así que nos vamos a ir al espacio para intentar solucionarlo de una vez por todas
A menudo nos preguntamos para qué sirve la investigación espacial. ¿Vale la pena invertir ingentes cantidades de dinero en explorar más allá de nuestro planeta? Según con quién hablemos, puede que nos dé una respuesta distinta, pero si hay algo que está claro es que parte de la investigación que se hace en el espacio genera un retorno sobre la Tierra. Por ejemplo, ciertas investigaciones realizadas en la Estación Espacial Internacional (EEI) pueden ayudar a tratar ciertos tipos de ceguera en nuestro planeta.
Esta investigación la ha llevado a cabo durante los últimos 10 años la compañía LambdaVision, en colaboración con el proveedor de servicios comerciales del Laboratorio Nacional de la EEI Tango Space. Básicamente, esta empresa se dedica a fabricar retinas artificiales para ayudar a recuperar la visión a personas con degeneración macular asociada a la edad o retinitis pigmentaria. La fabricación de retinas artificiales no es nueva. Es algo que lleva tiempo investigándose en la Tierra, pero hay algunos hándicaps en el proceso que se resuelven bastante bien en el espacio.
Todo ventajas. En los últimos 9 años se han llevado a cabo 10 misiones de investigación en la EEI dirigidas a perfeccionar el desarrollo de retinas artificiales en microgravedad. En este tiempo, han conseguido mejorar la uniformidad, el rendimiento óptico y la reproducibilidad. Además, se necesita menos material, lo cual no solo es ventajoso en términos económicos. También mejora la biocompatibilidad del producto final.
Una solución microbiana. Tanto la degeneración macular asociada a la edad como la retinitis pigmentaria causan problemas de visión por la pérdida de células fotorreceptoras en la retina. En condiciones normales, estas células se encargan de captar la luz que llega al ojo y convertirla en señales eléctricas que se envían a través del nervio óptico hasta el cerebro, donde se interpretan y se transforman en lo que vemos. Si se dañan, las señales no se envían correctamente y se entorpece o impide la visión.
Por eso, hace tiempo que se están llevando a cabo investigaciones con bacteriorrodopsina, una proteína usada por algunas bacterias extremófilas para obtener energía a partir de la luz. En cierto modo, es parecido a lo que ocurre en la retina. La luz se transforma en energía, que se puede usar para enviar señales al cerebro. Por eso, se pueden hacer retinas artificiales utilizando esta proteína.
Capas y más capas. De forma muy resumida, las retinas artificiales están compuestas por cientos de capas de bacteriorrodopsina, dispuestas unas encima de otras. Aunque en realidad el proceso es algo más complejo. Normalmente se usa un sustrato que se introduce en un vaso de precipitados en el que se deposita bacteriorrodopsina, un polímero policatiónico que ayuda a ensamblar las capas sobre el sustrato, y una solución de lavado. Así, se van disponiendo las capas que dan lugar a la retina definitiva.
El problema de la gravedad. Igual que al poner azúcar en el café se va al fondo de la taza si no lo removemos constantemente, en el vaso de precipitados pasa lo mismo. Las moléculas más densas se van al fondo. Por otro lado, precisamente por esa diferencia de densidades, se crean corrientes de convección que provocan un recubrimiento desigual.
En definitiva, las capas no quedan iguales. Esto podría afectar a la visión, ya que la luz no se distribuye igual y las señales resultantes no son uniformes. Se generarían imágenes, pero estarían distorsionadas. Para evitar que esto ocurra, se corta la zona en la que las capas son más homogéneas y se desecha el resto. Esto supone un gasto enorme de material y, a la vez, una gran dificultad para escalar el proceso de modo que sea rentable llevarlo a cabo en grandes cantidades.

Contenido del CubeLab
La solución está en el espacio. Todos los problemas que dan lugar a la distribución heterogénea de capas se deben a la gravedad. Si no tenemos esa atracción que empuja hacia abajo, el azúcar no se depositaría en el fondo de la taza. Por esa razón, en LambdaVision se asociaron hace 4 años con Space Tango para usar su CubeLab, un módulo experimental compacto en el que se pueden llevar a cabo experimentos de forma automatizada.
Para fabricar las retinas artificiales, en vez de hacer el procedimiento del sustrato y el vaso de precipitados, se usan una bolsa con líquido y una cámara con el sustrato, de forma que la solución se va bombeando a la cámara de forma alternada.
Todo ventajas. Además de las ventajas que ya hemos visto, que van desde la reproducibilidad hasta el aumento del rendimiento óptico, este proceso cuenta con más beneficios. Para empezar, se lleva a cabo de forma automática. Una vez que se pone en marcha, no necesita la intervención de ningún astronauta. De hecho, si hay algún problema, el proceso se para y se envía un aviso a la Tierra, desde donde se pueden buscar y ejecutar soluciones en remoto.
Por otro lado, todo el material y la maquinaria están muy compactados. La carga útil que supone dentro de la EEI es mínima, por lo que se pueden obtener muchas retinas con una huella mínima.
¿Y ahora qué? Para finales de este año, LambdaVision quiere lanzar una nueva misión, en la que se espera buscar formas de aumentar el volumen de producción y optimizar los procesos. Así, si todo va bien, podrán empezar con los ensayos preclínicos para finales de 2027 o principios de 2028. Aún queda mucho para que estas retinas artificiales puedan usarse para tratar la ceguera, pero la investigación va viento en popa. Desde luego, hay investigaciones en el espacio que sí son de lo más útiles aquí en la Tierra.
Imagen |Magnific | Tango Space
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invertir un dineral y dejar a NVIDIA casi sin margen
Hay pocas dudas de que la carrera de la inteligencia artificial tiene hoy dos grandes protagonistas: Estados Unidos y China. No son los únicos países que están moviendo ficha, pero sí los dos que están marcando el ritmo, cada uno con sus propias herramientas y con una idea muy distinta de cómo sostener el avance. A medida que la IA empieza a convertirse en infraestructura económica, la pregunta cambia. Ya no se trata únicamente de quién tiene los mejores modelos, sino de quién puede construir la base material para alimentarlos, desplegarlos y llevarlos a todas partes.
Primera idea. Financiación estatal a gran escala. Según Bloomberg, China prepara un plan para destinar alrededor de 2 billones de yuanes, unos 295.000 millones de dólares, durante los próximos cinco años a la construcción de centros de datos de IA en todo el país. La información apunta a un despliegue impulsado desde Pekín para reforzar su sector nacional de inteligencia artificial. No hablamos todavía de un plan cerrado: el medio señala que el proyecto sigue en una fase temprana de discusión y que los detalles pueden cambiar.
Una red, no solo más centros de datos. La clave del plan no estaría únicamente en construir nuevas instalaciones, sino en conectarlas bajo una arquitectura nacional. Bloomberg habla de una red de hubs de computación interconectados que permitiría agrupar recursos hoy dispersos entre regiones y dar a empresas y organismos acceso más amplio a capacidad de alto rendimiento. El objetivo general sería que esas instalaciones, ahora fragmentadas, funcionen como un sistema más cohesionado hacia 2028.
El Estado como arquitecto. En el centro del diseño se mencionan organismos como la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, uno de los grandes brazos de planificación económica de China. Por otra parte, compañías estatales como China Mobile y China Telecom asumirían buena parte de la operación de esos centros y de la conectividad entre ellos. Es un detalle importante porque ayuda a entender el enfoque de Pekín: busca posicionarse como un coordinador, según la información dada a conocer por el medio estadounidense.
Segunda idea. La otra gran pata del plan está en quién suministraría la tecnología. Bloomberg señala que la idea es recurrir a proveedores locales, entre ellos Huawei, para al menos el 80% del hardware y el software, incluidos los chips de IA. Ese umbral no equivale a una prohibición explícita de NVIDIA o AMD, pero sí las dejaría con muy poco margen para participar en el despliegue. Es justo ahí donde la inversión se convierte también en una herramienta para reducir dependencia tecnológica exterior.
No es un movimiento aislado. La dirección encaja con pasos que Pekín ya venía dando para reducir la dependencia de chips extranjeros en infraestructuras privadas y públicas. Sin ir más lejos, la cuota de mercado de la firma liderada por Jensen Huang ha caído en picado en los últimos meses, y hay pocas razones para pensar que podría volver a creer próximamente.
La señal de fondo. Cabe señalar que el plan adelantado por Bloomberg no está confirmado oficialmente, pero deja ver hacia dónde quiere moverse Pekín si finalmente sale adelante. China no solo estaría preparando una inversión enorme en centros de datos: estaría intentando que ese despliegue funcione como una red nacional, alimentada en buena parte por tecnología local.
Imágenes | Xataka con Nano Banana
En Xataka | Ya sabemos cuánta agua consume Amazon en sus centros de datos. Tenemos buenas y malas noticias
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la explicación apunta a un dron iraní barato
Si ponemos en escena un AH-64 Apache de unos 25 millones de dólares y, al otro lado, un dron iraní Shahed de unos 35.000 dólares, la respuesta parece escrita antes de empezar. Uno es un helicóptero de ataque concebido para operar en escenarios hostiles; el otro, una munición de bajo coste asociada a ataques de largo alcance. Pero la guerra actual está dejando cada vez menos espacio para esas intuiciones heredadas. Lo que hemos visto cerca de Omán apunta justo en esa dirección.
El incidente. Según el Mando Central de Estados Unidos, el AH-64 Apache cayó el 8 de junio cerca de la costa de Omán mientras patrullaba aguas regionales. Sus dos tripulantes fueron rescatados por fuerzas estadounidenses en unas dos horas y se encuentran estables, aunque la causa seguía bajo investigación en la comunicación oficial. La parte más delicada llega después: The New York Times, citando a funcionarios estadounidenses, atribuyen la caída al impacto de un dron iraní Shahed de ataque unidireccional.
La gran incógnita. Esa distinción es importante porque ni siquiera la versión que apunta al Shahed cierra del todo la secuencia. Los investigadores militares trataban de determinar si el dron iraní golpeó el Apache de forma deliberada o si todo ocurrió como un accidente temerario en un espacio aéreo congestionado frente a la costa omaní. Dicho de otro modo: el resultado ya es extraordinario, pero la intención sigue bajo examen.
Por qué sorprende. Los modelos básicos de Shahed no suelen estar pensados para perseguir objetivos móviles como un helicóptero. Mark Cancian, asesor sénior del Center for Strategic and International Studies citado por el mencionado periódico, explicó que estas versiones dependen de guiado GPS y coordenadas preprogramadas para atacar objetivos estacionarios a larga distancia. Si el impacto se confirma en esos términos, no estaríamos ante un caso rutinario, sino ante un episodio que obliga a mirar con lupa la trayectoria del dron, el entorno y la posible existencia de variantes modificadas.
Una amenaza más presente. La munición merodeadora y los drones están cambiando la forma de operar en el aire, también para plataformas que nacieron en otra época tecnológica. El Ejército de EEUU lo refleja en sus propios ejercicios: el año pasado presentó al AH-64E Apachev como una solución adaptable frente a la amenaza UAS tras una demostración con fuego real. Ese contexto ayuda a entender por qué el incidente cerca de Omán no es solo una anécdota llamativa, sino parte de una preocupación mucho más amplia.
En detalle. En los ejercicios realizados por el Ejército de EEUU, el AH-64E aparece empleando sensores electroópticos, infrarrojos y radar, además de misiles, cohetes guiados y el cañón de 30 mm para enfrentarse a drones. El otro plano es la supervivencia de la propia aeronave: BAE describe el AN/AAR-57 como un sistema de alerta para aeronaves estadounidenses y aliadas de ala fija y rotatoria frente a misiles infrarrojos y fuego hostil, compatible con chaff, bengalas, señuelos de radiofrecuencia y sistemas DIRCM/ATIRCM.
Pero no hay invulnerabilidad. Esa lista de capacidades no debe confundirse con una garantía absoluta frente a cualquier escenario. Una cosa es detectar, seguir y destruir drones en ejercicios controlados, y otra operar en un entorno real donde puede haber trayectorias inesperadas o apenas segundos para reaccionar. El propio Ejército de EEUU dejó un matiz relevante en marzo de 2026: muchos pilotos no habían realizado combate aire-aire con el Apache, de modo que todavía estaban desarrollando tácticas, técnicas y procedimientos para ese perfil de misión.
La ecuación ha cambiado. El episodio no demuestra que un dron barato pueda imponerse siempre a una plataforma mucho más sofisticada, ni que el Apache sea vulnerable por definición. Lo que sí deja es una idea difícil de ignorar para cualquier ejército moderno: una amenaza de bajo coste puede alterar una operación, elevar el riesgo y exponer incluso a sistemas muy avanzados si las condiciones se alinean. Esa es una de las lecciones que están empujando a los ejércitos a adaptarse: el precio de un arma ya no basta para anticipar su impacto.
Imágenes | Richard Kim/2nd Combat Aviation Brigade
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