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Una teoría de la conspiración dice que todos los instrumentos del mundo están mal afinados. Y por supuesto incluye a los nazis

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Quizás no lo sepas, pero hay gente convencida de que llevas toda la vida escuchando ‘mal’ la música. No solo tú. Todo el mundo. Y no por una cuestión de gustos o un problema de las bandas, sino de cómo afinamos los instrumentos. En su opinión llevamos décadas usando una referencia equivocada (en hercios) como resultado de un maquiavélico plan nazi para distorsionar conciencias.

Todo se limita a un dilema: ¿432 Hz o 440 Hz?

De hercios, nazis y conspiraciones. A estas alturas de la película cualquiera diría que es difícil asombrarse con teorías de la conspiración. Y con toda la razón. Los conspiranoicos llevan años décadas defendiendo conjeturas de todo pelaje que hablan sobre fin del mundo o diabólicos planes de control poblacional.

Si algo tiene el universo magufo sin embargo es una infinita capacidad para sorprender, como bien demuestra una teoría que ha sonado con fuerza en los últimos años. Su premisa es desde luego sorprendente: llevamos décadas afinando mal nuestros instrumentos musicales y lo hacemos así por un plan nazi.

Un poco de historia. Antes de meternos en arenas conspiratorias hace falta recordar algo de historia. Hoy quizás estemos acostumbrados a que (casi) todos los músicos y orquestas afinen igual, lo que significa básicamente que todos las notas “la” (do, re, mi… o cualquier otra) suenan de la misma manera; pero no siempre ha sido así. James Felton, de IFL Science, recuerda que hace siglos los intérpretes estaban habituados de hecho a las variaciones locales en el afinado.

Es más, un compositor podía inclinarse por un “la” en 423 hercios y otro en 422. No es un matiz menor porque el hercio indica la velocidad de vibración, lo que en la práctica afecta a cómo de agudo o grave es el sonido que nos llega. “Si tomamos como ejemplo la Alemania previa a 1600, se cree que el tono de los órganos variaba entre un máximo de La=567 Hz para los primeros órganos de tubos simples de la Edad Media y un mínimo de 377 para los primeros órganos modernos alemanes de alrededor de 1511”, explica Lynn Cavanagh en un paper sobre la materia.

¿Y si fijamos un estándar? Esa es la idea que fue abriéndose paso entre los profesionales de la música. ¿Por qué no fijar un estándar único que garantice que un “la” se afine igual (en hercios) en un país que en otro, lo que se traduce en que una misma canción sonará igual sin que importe quién y dónde la interprete? 

Ese empeño por unificar puede remontarse como mínimo a finales del XIX, cuando la Comisión de Música del Gobierno de Italia apostó por que todas las orquestas usasen un diapasón a 440 Hz. El debate no quedó zanjado sin embargo y pasarían décadas aún antes de que los músicos llegasen a un consenso. Sin ir más lejos, Francia y Austria abogaban por 435 y algún compositor lo hacía por 432.

En 1917 la Federación Americana de Músicos apoyó la postura italiana, en 1939 una conferencia mundial organizada por el British Standards Institute hizo una recomendación similar y ya en los años 50 se logró un acuerdo internacional para que la nota “la” de los pianos se afinara a 440 Hz. El objetivo: que la misma tecla sonase exactamente igual así se pulsase en España que en Canadá, la India o Estados Unidos. La decisión quedó avalada décadas más tarde, en los 70.

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¿Asunto zanjado? No del todo. Y no solo porque haya músicos que opten por otras afinaciones o incluso ciertas orquestas apuesten por soluciones alternativas, como el A-436 hz. Algunos amantes de las conspiraciones han encontrado en esa apuesta global por los 440 hercios material para alimentar una teoría que combina a los nazis, el efecto de la música sobre nuestra salud y un delirante experimento para el control mental. Hay quien incluso mete en la ecuación a los Rockefeller, la Gran Pirámide de Egipto, Stonehenge, el Sol y la Luna o el Sri Yantra.

Rizando (aún más) el rizo. Para comprender mejor el fenómeno viene bien echar un vistazo a un artículo publicado en 2021 por Reuters Fact Check. En él la agencia de noticias se hace eco del bulo y lo desmonta punto por punto hablando con académicos. Antes cita textualmente una de las publicaciones en redes que defienden la teoría, una oportunidad única para conocer su argumentario:

“¿Sabías que Jimi Hendrix, junto con John Lennon, Bob Marley y Prince, afinaban su música a una frecuencia específica de 432 hercios? Se conoce como el ‘latido de la Tierra’, tiene importantes beneficios curativos y se han encontrado instrumentos antiguos egipcios y griegos afinados a 432. Sin embargo, desde 1953 toda la música se afinado a 440 . Esta frecuencia no tiene ninguna relación científica con nuestro universo y, de hecho, provoca agitación. Los nazis la usaron en la Segunda Guerra Mundial contra sus enemigos para hacerles sentir y pensar de cierta manera”.

¿Es una teoría aislada? No. De hecho llega una búsqueda rápida en Google para encontrar un buen número de artículos que recogen la teoría de una u otra manera, con variaciones. Al fin y al cabo, si algo tienen las teorías conspirativas es que no suelen estar estandarizadas, igual que la afinación musical hace siglos.

En ellos se leen afirmaciones como que la Fundación Rockefeller impulsó el estándar 440 Hz como parte de una supuesta “guerra contra la conciencia”, que uno de los grandes partidarios del cambio fue el ministro nazi Joseph Goebbels, quien vio en el 440 Hz una forma de distorsionar conciencias, o que la afinación en 432 hercios es mucho mejor para los humanos porque “refleja las proporciones” del Sol, la Tierra y la Luna, entre otras cosas. A modo de prueba muestran los patrones que del agua cuando se la hace vibrar con un sonido de 432 Hz.

“No tienen base empírica”. Aunque hay firmes partidarios de esas ideas y de que a todos nos iría mucho mejor si escucháramos nuestra música afinada a 432 Hz, sus afirmaciones enarcan las cejas de los expertos. Y eso como poco. “No hay ninguna investigación empírica que sugiera que el universo tenga una frecuencia acústica preferida”, explica Susan Rogers, del Berklee College of Music. 

De opinión similar, Ian Cross, de la Universidad de Cambridge, insiste en que afirmaciones de ese tipo “no tienen base empírica”. Aún más rotundo se muestra el profesor de la Universidad de Maryland Jeffrey Herf cuando se le pregunta por el supuesto empeño de Joseph Goebbels por utilizar cierto tipo de afinación para manipular a enemigos: “Nunca había oído nada parecido. Es absurdo”.

Imágenes | Peter Ivey-Hansen (Unsplash), Wikipedia y Breve Storia del Cinema (Flickr)

En Xataka | En 1940 los nazis invadieron una isla británica. Allí se encontraron con un enemigo inesperado: un idioma que nadie entendía

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El ciudadano quiere un tren que pase a su hora y no se averíe

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Con el Gobierno tratando de impulsar los viajes en tren los servicios de Cercanías, media distancia convencional y larga distancia de alta velocidad perdieron viajeros. Eso es lo que nos dice el informe de la CNMC, que tiene disponible su informe anual sobre cómo le van a nuestros trenes. 

A la baja. Eso es lo que dicen los datos de la CNMC en cuyo informe se especifican algunos detalles sobre el uso del tren a lo largo de todo el año 2025. Según estos datos, el número de viajeros cayó el año pasado frente a 2024 en todo tipo de conexiones y tipo de viajes ofrecidas por Renfe como operador de servicio público: 

  • Cercanías: bajada del 0,4%. Empate técnico. 
  • Media y larga distancia convencional: caída del 10,8% respecto a 2024. Bajada en la ocupación del 67,9% en 2024 al 60,2%. 
  • Media distancia de alta velocidad: bajada del 0,7% pero con una ocupación del 77,5% respecto al 79,3% de ocupación del 2024. 

Competencia. Si nos atenemos a los datos donde sí hay competencia, el uso del tren ha subido. Y es que en la larga distancia de alta velocidad donde las vías están liberalizadas, el número de viajeros creció un 12,2%. El Madrid-Sevilla (+18,7%) y el Madrid-Málaga (+14,1%) fueron los corredores que más viajeros subieron al tren respecto a 2024. 

Estas cifras tienen sentido si tenemos en cuenta que Ouigo ha estado dedicando más recursos a Andalucía en la segunda mitad del año. También, de hecho, explica que los pasajeros en el Madrid-Barcelona cayeran un 1,7%, el único corredor que redujo el número de viajeros en 2024. 

Puntuales y fiables. Los datos confirman que, sin competencia, subirse o no al tren depende en gran medida de lo fiable y puntual que sea el tren. César Franco, ingeniero y expresidente del Consejo General de Ingenieros Industriales, nos apuntaba hace unos días que “el ciudadano prefiere un tren convencional que pase a su hora y que no se averíe, antes que una estación monumental semivacía (…) Si la respuesta es que vamos a gastar cientos de millones para que circulen tres trenes al día, estamos cometiendo un error económico”

El año pasado, Renfe publicaba su primer informe de puntualidad. Según los datos recogidos entonces, la media distancia acumulaba retrasos medios de 15,4 minutos. A final de año, el portal donde Renfe ofrece sus datos sobre la puntualidad recogía que sólo el 59,4% de los trenes de media distancia llega puntual o con un retraso inferior a cinco minutos. El 19,4% de los trenes sufrieron retrasos por encima de los 10 minutos. 

¿Y 2026? En 2026 veremos, muy probablemente, datos mucho peores que en 2025. Hay que tener en cuenta que el accidente de Adamuz (en el que un tren Avant de Renfe descarriló y chocó contra un tren de Iryo que viajaba en sentido contrario) cerró parte del corredor andaluz durante semanas y derivó en una cascada de retrasos en todas las líneas, sometidas a un intenso escrutinio y la decisión de algunos maquinistas de reducir la velocidad

De hecho, según los datos del portal de Renfe, el 28,8% de los trenes de larga distancia y alta velocidad de Renfe han llegado con retraso en los primeros cinco meses del año (mayo es el último mes con datos consolidados) y el 11,7% se ha retrasado más de 30 minutos. 

Una oportunidad. Perder la fiabilidad en la red de trenes española es, también, perder la ocasión de priorizar un sistema de transporte más eficiente y menos contaminante. De hecho, permite reducir la presión en las grandes ciudad, como está sucediendo con los trabajadores de Madrid que viven en Valladolid

Salvador Galve, presidente de la Comisión del Ferrocarril del Consejo de Colegios de Ingenieros Industriales, aseguraba hace unos días en el Senado que “cuando yo de Zaragoza voy a Barcelona y tengo una reunión, voy en coche. Cuando voy a Madrid intento ir en tren porque suele llegar, pero la mayoría de directivos que van de Zaragoza van en coche porque no saben cuándo van a llegar”. 

Y es que contar con las frecuencias necesarias y la fiabilidad mínima exigida en los trenes de media y larga distancia de vía convencional y alta velocidad es clave para miles de personas que necesitan coger el tren para, por ejemplo, ir al médico a una gran ciudad y volver a su lugar de residencia en el mismo día, con la tranquilidad de que van a llegar y volver a la hora esperada. Sin sobresaltos. 

Foto | Nelso Silva

En Xataka | España tiene 7,5 millones de perros, así que Renfe ha cambiado sus normas para viajar con mascotas grandes en tren

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los niños ya no juegan

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Antes de que existieran los carritos de Amazon y los vídeos de unboxing, muchas infancias se construyeron pegadas al cristal. Un sábado cualquiera, los chiquillos se amontonaban frente al escaparate de la juguetería, con la nariz dejando vaho en la luna, absortos en esa pista de Scalextric, la Nancy de nuevo vestido o el castillo de plástico que quizá llegaría en Reyes. Luces de bombilla, catálogo doblado en el bolsillo y la mirada de intentar memorizar detalles que luego tocará explicar a los padres. O escribirlo en la carta. 

Durante décadas, el tablero (que no el tablao) de sueños malagueño tenía nombre propio: entrar en Juguetes Carrión era casi un rito de paso para muchas familias. A mediados de abril de 2026 bajaron la persiana de su última tienda. “Los niños ya no juegan, el sector ya no es rentable”, esgrime el gerente de la firma, Arturo García Carrión. Como se puede ver desde su web, ya no hay venta al público.

De aceitunas a juguetes. Lo más alucinante de esta historia empieza por el principio: La historia no nace como juguetería. En 1953, Francisco Carrión Ruiz, creador de Aceitunas Carrión, compra un local en la calle Compañía. Lo llama Almacenes Carrión. Vende confección, perfumería, mercería. Y también juguetes. Lo conozco bien porque en mi pueblo, Quintanar de la Orden, hubo un enclave de Aceites Carrión que alimentó a varias familias durante toda una vida.

Porque vaya que si les fue bien. Los juguetes pasaron a ser el centro neurálgico del negocio. Durante los 80 abrieron tiendas en Mártires, Alarcón Luján, Santa Lucía y Mármoles. El almacén mayor se fijó en la calle Bodegueros, paralela a la arteria de El Gallo, en el polígono industrial Ronda Exterior. No pocos malagueños recuerdan esta nave llena de cajas. La segunda generación, con María Dolores Carrión Martín, convirtió la empresa en cadena. En los 90 llegó a tener casi 30 tiendas repartidas por toda Andalucía, incluidas en centros comerciales, donde cada diciembre se vestían con sus árboles navideños. 

25 tiendas y una marca mítica. A la marca de juguetes matriz se sumó Don Dino, la enseña que agrupa a otros asociados independientes, y acabó extendiéndose por toda España. Hace una década, el negocio familiar llegó a contar con 25 tiendas propias y hasta 45 franquicias bajo la enseña Don Dino. En la práctica, la red cubría buena parte de Andalucía oriental, con locales propios en Málaga, Granada y Jaén.

Hace poco más de dos meses, el mapa ya era mucho más exiguo: tan solo quedaban las tres tiendas de la calle Nueva, Juan Sebastián Elcano y Motril. También el almacén de Bodegueros, que ya estaba centrado en la reconversión digital, sirviendo los pedidos de la web y funcionando como outlet. El réquiem comenzó con la tienda de la avenida de Velázquez, después le siguió la de Teatinos, y así hasta que la tercera generación decidió que no había manera de cuadrar los números. “Lo hemos intentado de todas las formas posibles”, decían.

“Los niños ya no juegan”. “No podemos seguir perdiendo dinero, no es rentable”, decía García Carrión hace unos meses. Los hábitos de consumo han cambiado: más tiempo con pantallas, menos con juguetes físicos —herencia e influencia directa de los propios hábitos de consumo de los padres—. Y la feroz competencia llega de todas partes. De los hipermercados, que venden juguetes a gran escala a plataformas como Temu y AliExpress que incluso seguirán haciendo ruido pese a los nuevos aranceles, esa “tasa Shein” de 3 euros más IVA por cada venta a distancia B2C enviada fuera de la UE que ya aplica a todas las importaciones de compras inferiores o iguales a 150 euros.

Las tiendas de calle sufren la tormenta perfecta porque, con márgenes mínimos, alquileres crecientes y costes fijos que no se pueden recortar sin vaciar la tienda, no queda otra que irse a otra parte, como le pasó a Tobarix. Y los clientes que comparamos precios con el móvil tampoco tenemos argumentos para bajar al centro. Salvo cuando recordamos que un trato humano y una selección y recomendación profesional siempre valdrá más que el propio precio del producto que queramos regalar.

El mapa que se encoge sin parar. El cierre de Carrión es solo otro ejemplo de la muerte de un sector entero. O en retirada, al menos: entre 2019 y 2023, España pasó de 1.340 tiendas especialistas a 1.160. Son 180 jugueterías menos en cuatro años. La cifra ha seguido bajando, como los índices de natalidad del país.

Han caído cadenas icónicas como Imaginarium, la marca que sirvió de puerta de entrada para mis hijos. Echó el cierre tras 32 años funcionando. Poly Juguetes también desapareció. Juguettos fue quien compró sus marcas y nueve de sus locales, y ya está trabajando en una reestructuración para cerrar el año con unas 200 tiendas operativas. A finales de 2025 se hablaba de 44 asociados, 700 personas en plantilla y el objetivo de llegar a 100 millones en 2026, tras su alianza con Eurekakids. Eso sí, aunque los juguetes siguen siendo el corazón del negocio, ni de lejos son algo excluyente.

¿Cuáles quedan? Juguettos y Toy Planet concentran la mitad de las jugueterías especializadas que quedan en España. Detrás siguen redes como Don Dino —con su sede en Carballo (A Coruña) y enlace en Aldaya (Valencia)—, Drim o Juguetilandia. Todas pelean en un mercado que flaquea poco a poco. La muerte de la venta de videojuegos en caja física también golpeará en los tobillos a esta silla que son los comercios de escaparate. Lego lo resume con un dato tan sencillo como que, en España, su “socio minorista número uno” es Amazon, que le crece un 25% anual. El canal online global creció un 30% y el de tiendas se redujo en una cifra equivalente.

Ante esta carestía de opciones, no desaparecen solo unos cuantos metros de estantería, se pierden también esos espacios donde las criaturas tocan, prueban y piden sin pasar por una app. Málaga se ha quedado en semanas sin dos míticas como son Carrión y la Confitería Aparicio de Caldedería. Pero el problema de fondo es ese, dos puertas menos donde entrar y dos ritos de infancia que se sustituyen por la ironía de grandes superficies y un menú de alternativas más estrecho. Al problema de la rentabilidad se suma otro de un país cuyo núcleo de conversación se desplaza a las plataformas tematizadas, muchas sin caja ni cajero.

Imágenes | Almacenes Carrión de la calle Compañía (enero, 1970); Fondo Bienvenido-Arenas, AF-UMA. / Málaga Hoy

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la máquina de hacer helados que mi “yo” de siete años siempre quiso tener en casa

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“Haaaaaaaacer helados, en la heladera Famoplay, soooon buenísimos, de fresa, chocolate y vainillaaaaaa”. Tengo pocos recuerdos de mi infancia (para mi desgracia), pero recuerdo ese anuncio del año 2001 como si lo hubieran emitido en plena pausa del Mundial hace unos días. Recuerdo a ese Jose de siete tiernos años pegado a la Sony negra de tubo en la salita de sus padres, pensando, goloso, en lo guay que sería tener su propia heladera en casa. Nunca pasó.

Hoy, 25 años después, el Jose de 32 años que peina canas y se casa en unos meses ha podido probar una heladera. Una que, sorpresa, deja a la heladera Famoplay a la altura del betún. Porque la Ninja CREAMi Scoop & Swirl tiene poco de juguete. Es uno de esos electrodomésticos que nadie necesita, que la mayoría solo va a usar unos meses al año (un helado en diciembre siempre entra, he dicho), que es un capricho como la copa de un pino, pero que es una verdadera maravilla.

Hoy, el Jose de siete años sonríe.

✅ Cómpralos si…

  • Tienes la paciencia suficiente para esperar un día para comerte el helado.
  • Tienes peques y buscas una actividad culinaria para hacer juntos.
  • Tienes espacio en casa y 350 euros que no necesitas.

❌ No lo compres si…

  • Quieres hacerte un helado al momento y desde cero.
  • Tienes una cocina pequeña o espacio limitado.
  • Quieres un dispositivo silencioso.

Lo esencial en 30 segundos

La Ninja CREAMi Scoop & Swirl es como la Ninja CREAMi, pero con un sistema de dispensación similar al que encontrarías en una tienda de yogures helados. Además, tiene más programas pensados para recetas de helados suaves. La idea y el funcionamiento, no obstante, son idénticos: haces la receta, la vuelcas en una tarrina, la congelas y la procesas en la máquina. En una Ninja Creami normal te comes el helado de la tarrina y en la Scoop and Swirl tienes más opciones.

La gracia del modelo que nos ocupa es la palanca. Si haces helado suave o yogur helado, puedes poner la tarrina en un extrusor que, tirando de la palanca hacia abajo, permite extraerlo por una boquilla y verter el producto en un cucurucho o una tarrina. 

La máquina funciona de verdadero miedo, tanto que es complicado, por no decir imposible, sacarle pegas. El único “pero” que se le puede sacar es que es grande (aunque no por ello pesada) y ruidosa con avaricia. Por lo demás, el rendimiento es excepcional y ha dado la talla en todas y cada una de las recetas que he hecho estas semanas.


Ninja CREAMi Scoop & Swirl La heladera con 2 tarrinas y 13 funciones prepara helados, helados cremosos, gelatos, batidos y más, y cuenta con la opción de añadir extras, piedra/dorado, NC701EUSTGD

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Nuestra experiencia con la Ninja CREAMi Scoop & Swirl

Ninja Creami Scoop Swirl
Ninja Creami Scoop Swirl

Imagen | Xataka

Cómo funciona. A diferencia de las heladeras, que enfrían y baten al mismo tiempo, la Ninja Creami procesa bloques sólidos ya preparados en una tarrina. Por eso es “pequeña”, porque no necesita compresor. Tiene una cuchilla bautizada como Creamerizer que, grosso modo, se desplaza hacia abajo y “raspa” y “peina” el producto congelado. La técnica es parecida a la que se sigue para hacer granizados, solo que variando la velocidad de rotación, profundidad y frecuencia de bajada (de ahí los diferentes modos) se pueden conseguir diferentes texturas. Es el motivo, también, por el que hace ruido, mucho ruido, no apto para hacerse un heladito a la hora de la siesta.

En este vídeo podéis escuchar el ruido que hace.

¿Hacemos helado? Esa es la pregunta que hay que hacerse antes de nada. Entender la máquina como un sistema mágico que hace helados es un error. Requiere cierta planificación y paciencia, ya que las tarrinas deben congelarse durante al menos un día. No es tanto “voy a comerme un helado”, sino “voy a prepararme el helado que me quiero comer mañana”. En las fotos estáis viendo una tarrina de açaí que preparé el día de antes.

Necesitas otra máquina. Una batidora, concretamente. Aunque pueda parecerlo, la Ninja Creami no es una batidora. No bate. Mezcla ingredientes duros en preparados ya procesados, pero no bate. Lo ideal es que las recetas las hagas en una batidora para, luego, volcarlas en la tarrina. Un minipunto negativo es que las tarrinas son pequeñas, de 480 ml cada una, así que si haces helados para cuatro mejor preparar dos tarrinas y ser precavido.

Las recetas. La máquina incluye un librito con algunas recetas de diferentes tipos (no está en español, como apunte) para probar todos los modos, y TikTok está lleno de ideas. En cualquier caso, a la larga yo he acabado usando solo dos modos: ice cream para los helados y frozen yoghurt para mis preparados de açaí. En cuanto a las recetas, te puedes poner tan exquisito como quieras. Dependerá de lo profunda que sea tu despensa y las ganas que tengas de comprar productos que vas a usar esporádicamente. 

  • Si no te quieres complicar la vida, toma nota: 100 ml de nata para montar (mínimo 35% MG), 200 ml de leche entera, 70 gramos de azúcar en polvo, dos cucharadas soperas bien llenas de cacao puro en polvo y una cucharadita de extracto de vainilla. Ahí tienes un helado de chocolate super simple. Si no gusta el chocolate, cámbialo por dos cucharadas soperas de extracto de vainilla y tendrás helado de vainilla.
Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka
Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka

Preparado de açaí casero | Imagen: Xataka

¿Cómo salen los helados? En pocas palabras, y asumiendo que no la líes con la receta, salen espectaculares. La textura y el sabor son brutales. No voy a decir que sustituyan a los de una buena heladería, pero a mí, que me encanta el helado, me hacen pensar si volvería a comprar tarrinas industriales. Ya no solo porque el helado a secas salga bien, sino porque, una vez procesada la tarrina, puedes echarle trozos de galleta, por ejemplo, y mezclarlo usando la función “Mix-in”. Una maravilla, no puedo decir nada más.

  • Entiendo que esto es algo que depende mucho de las recetas, de los materiales usados, del procesado, etc. Hay un componente (simpático, en mi opinión) de ensayo y error y de encontrar mezclas que funcionen. La cocina es un arte y es mejor no frustrarse cuando algo no sale bien. Mi primer helado, que lo hice con ciruelas, fue un desastre monumental. 
Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka
Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka

Nah, de locos la textura | Imagen: Xataka

La gracia de la palanca. Con ciertas texturas, como la de frozen yoghurt, puedes usar la palanca para extruir el helado en un bol o en un cono. Para ello, se coloca la tarrina en el hueco dispuesto a tales efectos con una tapa especial (que es, básicamente, un tope que la máquina empuja hacia delante). Funciona bien, pero es posible que no lo haga a la primera porque la textura sea más sólida de la cuenta. A mí me ha pasado alguna vez con el açaí. En ese caso, normalmente lo he solucionado dándole una segunda pasada con la función “Re-spin”.

La limpieza. La máquina tiene bastantes piezas, no solo las tarrinas, que hay que limpiar cada vez que hacemos una receta. Las tapas y las cuchillas son muy proclives a desaparecer en un momento de despiste, por lo que recomiendo guardarlos bien y tener cuidado. El lavado conviene que sea concienzudo, algo que no siempre es fácil en algunos recovecos de las tarrinas y las tapas. 

Ninja CREAMi Scoop & Swirl, la opinión de Xataka

Imagen | Xataka
Imagen | Xataka

Imagen | Xataka

La Ninja CREAMi Scoop & Swirl es una fantasía. Quitando las cosillas propias de este tipo de máquinas, a saber su tamaño, volumen y el ruido que hace, es de esos pequeños electrodomésticos que cumplen con las expectativas. Los helados y demás preparados salen, sencillamente, bien. Dependerá de las recetas y de cómo procesemos los alimentos, pero mi experiencia ha sido sensacional. Si tengo que sacar pegas, diría dos: el ruido y que las tarrinas sean de plástico. 

No es, eso sí, un dispositivo indispensable como tampoco lo son un hervidor de agua o una freidora de aire. No es para todo el mundo ni todo el mundo le va a sacar provecho. Y eso está bien. ¿Es un capricho? Sin lugar a dudas. ¿Es una máquina que funciona bien y que, si tienes peques, va a ser la estrella del verano? También.

¿Te la recomiendo?

Aquí la cosa es sencilla: lo más probable es que no la necesites. Son 350 euros que siempre, pero en verano más, vienen estupendamente. No es un dispositivo barato y no lo puedes meter en cualquier sitio. Piensa, también, en si la vas a usar de verdad o si, por el contrario, las vas a usar igual que la yogurtera que tienes en una caja en el trastero. Ahora bien, si tienes ganas de hacer tu propio helado, te gusta la cocina, tienes espacio y, como a mí, te gusta liar algún enredo en la cocina siempre que puedes, adelante, porque funciona de verdadero miedo. Y si tienes niños, es una actividad super chula para hacer en familia.

Imágenes | Xataka

En Xataka | Italia ha llevado la “gourmetización” del helado al extremo con un cucurucho de 95 €. Ahora el país debate si eso es de “idiotas”

Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Ninja. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.

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