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un túnel entre Rusia y Alaska

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Estados Unidos y Rusia están separadas por el estrecho de Bering. Apenas 80 kilómetros de mar dividen las dos naciones, pero en los meses de invierno, ocurre algo curioso: es posible ir de Estados Unidos a Rusia andando sobre las aguas. En mitad del estrecho se encuentran las islas Diómedes, y cada una pertenece a un país. Cuando el mar se congela, los cuatro kilómetros entre islas se convierten en un corredor que es ilegal recorrer. Ahora, sin embargo, Rusia y Estados Unidos están acercando posturas para crear un corredor entre los dos países.

Un túnel entre Alaska y Chukotka en Rusia.

En corto. El presidente estadounidense Donald Trump se ha alzado en un actor clave en dos de los conflictos más importantes y mediáticos de los últimos tiempos: la intervención de Israel en Palestina y la guerra entre Rusia y Ucrania. Ya fuera una campaña para conseguir el ansiado Nobel de la Paz o no, lo cierto es que Trump se ha convertido, y ha convertido a Estados Unidos, en un ente considerable en ambos conflictos. Mantiene constantes llamadas con Zelensky y Putin, y tras una con el presidente ruso, ha vuelto la idea de conectar físicamente Estados Unidos y Rusia.

Tras una de esas llamadas, Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) y representante especial del Kremlin para la cooperación económica internacional, lanzó la propuesta en Twitter X: un túnel ferroviario de 112 kilómetros entre ambos países, en el estrecho de Bering y bajo las Diómedes. El órdago de Dmitriev no fue espontáneo y, según él, el RDIF lleva meses realizando un estudio de viabilidad del proyecto basado en la experiencia previa conectando Rusia y China sobre el río Amur.

puente trump putin
puente trump putin

150 años de proyectos. La idea tampoco es nueva. De hecho, el propio Dmitriev aludió días antes al ‘Puente de la Paz Mundial’ que se gestó en la Guerra Fría, durante la época Kennedy-Kruschev, pero lo cierto es que los planes de conectar ambos territorios llevan en la mesa desde el siglo XIX.

En 1890, un gobernador estadounidense propuso un ferrocarril que uniera el mundo y que pasaría por el estrecho de Bering. Dos años más tarde, el diseñador del Golden Gate presentó su idea, aunque los rusos lo descartaron. En 1904, empresarios estadounidenses del ferrocarril volvieron a la carga con la idea, el zar Nicolas II dio el visto bueno y entonces llegó la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial.

Posteriormente volvió a explorar la posibilidad de la conexión, pero 150 años después, Rusia y EEUU siguen sin su túnel.

La carta de “la compañía aburrida”. ¿Cuál puede ser la clave ahora para emprender las obras? Más allá de la carta geopolítica, los costes. En su propuesta, Dmitriev expuso algunos de los resultados de ese plan de viabilidad, afirmando que un túnel en el estrecho de Bering costaría más de 65.000 millones de dólares si se utilizan los métodos tradicionales, pero (y aquí viene el “pero), otro ente podría bajar el coste total del proyecto hasta menos de 8.000 millones.

¿Quién? Elon Musk y su compañía The Boring Company. El representante ruso afirma que la tecnología de la compañía de túneles de Musk (que construyó el túnel The Loop en Las Vegas, además de protagonizar varias polémicas por sus proyectos) permitiría no sólo convertir el proyecto en realidad con un presupuesto bajo, sino hacerlo en menos de ocho años.

Enemigo helado. El problema, de ponerse todas las partes de acuerdo, es que el suelo de Las Vegas no es el mismo que hay en el estrecho de Bering. Con esos 112 kilómetros de longitud, el túnel sería el doble de largo que el Eurotúnel entre Francia e Inglaterra y, además, tendría que excavarse en un terreno muy complejo. Para empezar, la región está situada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona con una actividad sísmica moderada, pero en la que se pueden dar terremotos de magnitud siete.

Además, tendría que excavarse a 45 metros bajo el lecho marino para protegerse de las corrientes y, lo más importante, las entradas al túnel estarían en terreno permanentemente congelado. Si todo siguiera inmutable, no sería mayor problema, pero Alaska ha experimentado un aumento de temperatura media durante los últimos años, algo que se espera que continúe debido al cambio climático, y que se derrita el hielo complicaría el mantenimiento de estas partes del túnel. De hecho, ya ha pasado en el oleoducto Trans-Alaska.

Veremos si este proyecto se lleva a buen puerto o si termina en la lista de “deberíamos hacer un túnel”, pero lo cierto es que hay demasiado en contra, empezando por cuestiones de seguridad nacional, geopolítica, el propio terreno, las condiciones geológicas extremas y hasta las conexiones por tren que habría que realizar a través de Alaska y Rusia para que el túnel sirviera para algo.

En Xataka | En junio, un habitante de una diminuta isla en Alaska vio una rata. Desde entonces hay 400 personas buscándola como locos

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Hay diferentes maneras de conseguir que Movistar te ponga su nuevo router WiFi 7 en casa, aunque no todas son gratis

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El router suele ser uno de esos aparatos que se quedan en casa durante años, casi como parte del mobiliario. Solo nos acordamos de él cuando el WiFi falla o cuando descubrimos que hay un modelo nuevo que promete hacerlo todo un poco mejor. Movistar ya tiene ese modelo: su Router WiFi 7. Y ahí empieza la pregunta importante para muchos clientes: si ya pago fibra con la operadora, ¿puedo pedirlo sin más? La respuesta corta es que conseguirlo es fácil. Conseguirlo gratis, no siempre.

Lo que promete el nuevo router. Movistar no pone sobre la mesa solo una etiqueta nueva de WiFi. La operadora asegura que su Router WiFi 7 permite hasta un 70% más de capacidad de tráfico, reduce la latencia hasta en un 50% y mejora la cobertura un 10% respecto a su predecesor. Son cifras pensadas para explicar un escenario muy concreto: hogares donde ya no se conecta solo el móvil y el portátil, sino también televisores, cámaras, domótica, consolas y otros equipos que compiten por la misma red. A eso suma 10 antenas internas, EasyMesh, WPA3, un puerto de alta velocidad de 10 Gbps y tres puertos Gigabit Ethernet.

La vía más directa: los 10 Gbps. Nuestros compañeros de Xataka Móvil explican que contratar la fibra de 10 Gbps de Movistar es la forma más sencilla de conseguir el Router WiFi 7 sin coste adicional. Da igual si hablamos de una nueva alta, de una portabilidad desde otro operador o de un cliente que ya está en Movistar y decide dar el salto a esa modalidad: en ese caso, la instalación del nuevo equipo entra incluida. La explicación es bastante simple: el modelo anterior solo admite WiFi 6.

No todas las altas juegan igual. El punto que puede generar confusión está en que “ser nuevo cliente” no basta siempre para llevarse el Router WiFi 7 incluido. El equipo se incorpora sin coste a las nuevas altas de tarifas convergentes miMovistar desde el 16 de febrero de 2026, y la web de la operadora ya lo muestra incluido en miMovistar ilimitado con fibra de 1 Gbps o en fibra de 600 Mbps. Pero si la contratación es de solo fibra de, 300 Mbps, 600 Mbps o 1 Gbps, el equipo incluido es el Smart WiFi 6.

El precio del cambio. Cuando el Router WiFi 7 no entra incluido, la alternativa pasa por comprarlo. Movistar fija dos opciones: 60 euros si el cliente elige la modalidad autoinstalable y 110 euros si quiere que la instalación la realice un técnico. Es el escenario que aplica a clientes actuales con Smart WiFi 6 que quieren cambiar al nuevo modelo, pero también a quienes contratan una tarifa donde el equipo incluido no es el WiFi 7. En ambos casos puede pedirse por la web, en tienda o a través del 1004.

Imágenes | Movistar

En Xataka | Tras más de 20 años usando Microsoft Office, me he pasado a LibreOffice. Ahora me doy cuenta de todo lo que me he perdido

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Muere el músico de jazz Sonny Rollins, conocido como el “coloso del saxofón”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- La leyenda del jazz Sonny Rollins falleció este lunes a la edad de 95 años en su residencia de Woodstock, Nueva York, según informó en un comunicado su publicista Terri Hinte, aunque no precisó la causa de la muerte.

Conocido como el “Coloso del saxofón”, Rollins desarrolló una carrera en el jazz que abarcó varias décadas y tuvo su periodo más productivo en los 50, cuando acompañó a maestros del género como Thelonious Monk, Dizzy Gillespie, Max Roach y Miles Davis, además de grabar su serie más importante de álbumes como líder de la formación.

Rollins, quien nació en Harlem (NY) el 7 de septiembre de 1930, fue el menor de tres hijos de una pareja de migrantes de las Islas Vírgenes. Su inicio en el jazz fue primero como pianista y luego con el saxofón.

El sonido que lo caracterizó fue descrito como de “un tono con un vibrato ligero“, además, sus notas llenas fueron comparadas con las del tradicional Coleman Hawkins, el primer gran saxofonista tenor del jazz.

La librería del Congreso de los Estados Unidos incluyó en el Registro Nacional de Grabaciones en 2017 el álbum “Sonny Rollins With the Modern Jazz Quartet, Moving Out, Work Time, Sonny Rollins Plus 4 and Tenor Madness”, afirmando que “para el saxofonista Sonny Rollins, la grabación del Coloso del Saxofón no parecía muy diferente a sus álbumes anteriores. Pero para los aficionados al jazz, se convertiría en uno de los álbumes más emblemáticos de su carrera”.

“La música que toco es muy grande para ser clasificada en cualquier estilo. Cada vez que tomo el saxo, quiero escuchar algo fresco“, expresó Rollins en una entrevista en 2002.

Entre sus colaboraciones artísticas también se destacan las que hizo con Don Cherry, Coleman Hawkins, Ron Carter, Herbie Hancock y Elvin Jones. Adicionalmente, fue el compositor de la banda sonora de la película británica “Alfie” de 1996.

En el comunicado Hinte incluyó una frase del músico de 2009: “Creo que cuando la vida de una persona creativa llega a su fin, esta continúa en la siguiente existencia. Soy de los que creen que esta vida no lo es todo. Una persona espiritual no piensa así”.

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El mayor tabú militar japonés tras la Segunda Guerra Mundial acaba de saltar por los aires. China y Corea del Norte tienen la culpa

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En 1945, Japón salió de la Segunda Guerra Mundial con una nueva Constitución que, en la práctica, le impedía volver a tener portaaviones ofensivos. Ocho décadas después, uno de sus mayores buques vuelve a prepararse para operar cazas de combate desde cubierta junto a los Marines estadounidenses.

Japón deja atrás sus límites históricos. Japón está entrando en una fase militar que durante décadas evitó describir abiertamente. El “Kaga”, oficialmente clasificado como destructor portahelicópteros, operará en junio cazas furtivos F-35B del Cuerpo de Marines estadounidense en ejercicios conjuntos que acercan definitivamente al país a una capacidad de portaaviones ligera. 

El gesto es mucho más importante de lo que parece porque rompe una barrera política e histórica profundamente arraigada desde la Segunda Guerra Mundial: la idea de que Japón debía limitar estrictamente sus capacidades ofensivas. Tokio sigue evitando el término “portaaviones”, pero la realidad operativa empieza a parecerse cada vez más a una aviación embarcada clásica.

El Kaga y un regreso. La transformación del “Kaga” y de su gemelo “Izumo” lleva años en marcha, pero ahora entra en la fase verdaderamente decisiva: operar aviones de combate de quinta generación desde cubierta en condiciones reales. Los ejercicios previstos con los F-35B estadounidenses incluirán maniobras “cross-deck”, donde aeronaves de los Marines despegan y aterrizan desde un buque japonés. 

Todo esto exige modificaciones profundas en la cubierta, resistencia térmica para soportar los aterrizajes verticales y nuevos procedimientos coordinados entre pilotos, marinos y personal técnico. Aunque Japón ha colocado los F-35B bajo control de su Fuerza Aérea y no de la Armada, la práctica acerca enormemente al país a disponer de pequeños portaaviones plenamente funcionales.

Paxitf F35b Jskaga Wiedmann
Paxitf F35b Jskaga Wiedmann

Un F-35B del Cuerpo de Marines de EEUU aterriza a bordo del Kaga durante ejercicios de entrenamiento en 2024

China y Corea del Norte detrás. El gran motor de esta transformación es el deterioro del entorno estratégico en el Indo-Pacífico. China multiplica su presión naval alrededor de Taiwán y el mar de China Oriental mientras Corea del Norte mantiene una capacidad constante de desestabilización militar. En ese contexto, Tokio necesita dispersar su capacidad aérea y reducir la dependencia de bases terrestres vulnerables. 

Ahí entra el F-35B: un caza capaz de despegar en distancias muy cortas o aterrizar verticalmente desde cubiertas relativamente pequeñas. Para Japón, esto ofrece una flexibilidad enorme en un archipiélago repleto de islas y largas distancias marítimas. Cada buque convertido amplía el número de plataformas desde las que el país puede proyectar poder aéreo.

EEUU como acelerador. La implicación directa del Cuerpo de Marines estadounidense deja claro hasta qué punto Washington está actuando como acelerador de la transformación militar japonesa. Los Marines ya realizaron los primeros aterrizajes históricos sobre el “Izumo” en 2021 y desde entonces han acompañado prácticamente todas las fases del programa. 

El “Kaga” incluso viajó a Estados Unidos para pruebas específicas con F-35B y ya ha operado junto a aeronaves británicas y estadounidenses vinculadas al portaaviones HMS “Prince of Wales”. Más que simples maniobras, estos ejercicios sirven para integrar doctrinas, logística y procedimientos aliados en un posible escenario de crisis regional.

El Indo-Pacífico se llena. El cambio también refleja una tendencia más amplia: la proliferación de portaaviones ligeros y buques capaces de operar F-35B en toda la red de aliados de Estados Unidos. Reino Unido, Italia, Corea del Sur y potencialmente España siguen caminos similares para mantener aviación embarcada sin necesidad de gigantescos superportaaviones nucleares. 

El F-35B se ha convertido así en la pieza central de una nueva generación de marinas medianas capaces de proyectar poder aéreo desde plataformas relativamente compactas. Japón encaja perfectamente en ese modelo, especialmente en un escenario donde la guerra en el Pacífico podría obligar a dispersar aviones, municiones y combustible por múltiples puntos móviles.

La verdadera prueba empieza ahora. Hasta ahora, gran parte del programa japonés había sido todavía experimental o simbólico. La verdadera prueba empieza con operaciones regulares, despliegues largos y capacidad de sostener cazas furtivos en cubierta durante semanas. Ahí es donde se medirá si el “Kaga” deja definitivamente de ser un “destructor portahelicópteros” para convertirse, en la práctica, en un portaaviones ligero plenamente operativo. 

Y también ahí se percibe el cambio más profundo: Japón está dejando atrás poco a poco la cultura militar defensiva de posguerra para adaptarse a un Indo-Pacífico cada vez más militarizado, competitivo e imprevisible.

Imagen | Hunini

En Xataka | Japón acaba de cruzar una línea inédita desde la Segunda Guerra Mundial: China ha respondido con misiles supersónicos

En Xataka | Japón ha tomado una decisión histórica ante la incertidumbre de EEUU: desplegar misiles que alcanzan Corea del Norte y China

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