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El precio del chocolate está subiendo tanto que las chocolatinas que están dejando de ser, legalmente, chocolatinas
Imaginad por un momento que Nocilla, la famosa crema untable española, redujera tanto el chocolate en su receta que no pudieran usar su famosa cancioncilla de “leche, cacao, avellanas y azúcar” sin incurrir en fraude de ley. Imaginad el shock, la polémica, la incredulidad.
Pues algo muy parecido a eso acaba de pasar en el Reino Unido y, sinceramente, es todo un aviso del futuro del chocolate.
¿Qué ha pasado? Durante décadas, McVitie’s trató de convertirse en la galleta de chocolate por antonomasia del Reino Unido: “Si te gustan tus galletas con un montón de chocolate, únete a nuestro club”, ha sido su eslogan publicitario durante todo este tiempo.
Pero eso se ha acabado: Pladis, la empresa matriz (uno de los mayores productores de galletas, dulces y snaks salados del país), ha limitado tanto el chocolate en la receta de sus galletas Club y sus barritas Penguin que, legalmente, ya no son galletas de chocolate. Ahora solo tienen ‘sabor’ a chocolate.
¿Pero por qué? La explicación es sencilla: los precios del cacao han subido tanto (sobre todo, en 2024 y principios de 2025) y unos sobrecostes disparados de producción. Como venimos avisando desde hace meses, esta presión estaba causando estragos en el mundo del chocolate.
Muy rápidamente los fabricantes se dieron cuenta de que no podían trasladar todos los incrementos a los precios finales: la demanda iba a reducirse de formaja salvaje. Apareció la reduflación y otro sinfín de estrategias para contener los precios.
Y como tanto, en Reino Unido como en la Unión Europea, la regulación exige que al menos el 20% del producto sean “sólidos del cacao”, cruzar esa línea obliga al cambio de denominación.
¿Y qué implica todo esto? Aunque pueda parecer extraño, las consecuencias de todo esto a octubre de 2025 es que pese a que el consumo cae por el precio, el negocio mejora. Aunque el chocolate es hoy un 13% más caro que a principios de año y casi un 19% más que hace solo un año; el sector ha sido capaz de generar más de 80 millones de beneficio que el año pasado.
Sin embargo, el futuro es incierto. En un informe reciente, Produlce (la patronal del sector) reconocía que el consumo descendió el año pasado (según sus cálculos, un 8,6%), aunque el gasto por persona se incrementó un 5,5%. Pero eso es algo preocupante: porque, pese a que el cacao está dando cierto descanso, el precio sigue estando al doble de lo habitual. Y todo hace pensar que va a seguir subiendo a medio plazo.
Imagen | Ubcule | Monika Guzikowska
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de los búnkers de la Guerra Fría a los búnkers donde sea
Año 1961, Suiza obliga por ley a que prácticamente cada nuevo edificio incorpore acceso a refugios nucleares. Décadas después, el país sigue teniendo más plazas en búnkeres que habitantes, una rareza europea que durante años pareció una exageración paranoica y que hoy muchos gobiernos empiezan a mirar con otros ojos.
Europa vuelve a mirar bajo tierra. Durante décadas, los búnkeres europeos fueron tratados como reliquias incómodas de la Guerra Fría, espacios enterrados bajo ciudades modernas que sobrevivían convertidos en almacenes, aparcamientos, piscinas o simples curiosidades históricas. La invasión rusa de Ucrania ha cambiado radicalmente esa percepción. Gobiernos, arquitectos, urbanistas y ciudadanos han vuelto a pensar en términos que parecían desaparecidos del continente: refugio, protección civil, supervivencia urbana y capacidad de resistir bombardeos prolongados.
Lo más llamativo es que Europa no está reconstruyendo únicamente antiguos refugios militares; está empezando a convertir cualquier espacio subterráneo disponible en una potencial infraestructura de emergencia. Garajes, estaciones de metro, túneles, sótanos o centros deportivos pasan a formar parte de una nueva geografía defensiva donde la prioridad ya no es ganar una guerra, sino garantizar que las ciudades puedan seguir funcionando bajo ataque.
Finlandia nunca dejó de prepararse. Recordaba el New York Times que mientras buena parte de Europa desmontaba sus sistemas de protección civil tras el final de la Guerra Fría, Finlandia decidió mantener intacta una cultura de refugio profundamente ligada a su historia con Rusia. En Helsinki, miles de espacios subterráneos repartidos bajo la ciudad pueden convertirse en refugios operativos en apenas 72 horas. Lo más sorprendente es que muchos funcionan diariamente como parques infantiles, aparcamientos, piscinas, salas de conciertos o instalaciones deportivas.
La lógica finlandesa siempre fue clara: si llega otra guerra, la protección civil no puede improvisarse. La invasión rusa de Ucrania hizo que esa mentalidad, durante años vista como una especie de obsesión nórdica heredada del siglo XX, pasara a parecer casi profética. De repente, familias que nunca habían pensado en refugios empezaron a preguntar dónde estaba el más cercano, arquitectos volvieron a debatir sobre protección subterránea y gobiernos europeos comenzaron a estudiar el modelo finlandés como si se tratara de un manual práctico sobre cómo sobrevivir cerca de Rusia.
Alemania y el descubrimiento. El último giro alemán refleja hasta qué punto la percepción de la guerra ha cambiado en Europa. Berlín llegó a tener cerca de 2.000 refugios públicos durante la Guerra Fría, pero hoy apenas conserva unos pocos centenares parcialmente utilizables para una población de más de 80 millones de personas. Contaba Reuters la semana pasada que lo importante del nuevo plan alemán no es solo la inversión de miles de millones en protección civil, vehículos especiales o sistemas de alerta, sino la aceptación implícita de una realidad incómoda: el Estado ya no cree posible garantizar refugio universal para toda la población.
En lugar de reconstruir enormes redes de búnkeres como las del siglo XX, Alemania apuesta por una lógica mucho más flexible y pragmática basada en alertas móviles, refugios improvisados y capacidad rápida de reacción. El símbolo de esta nueva estrategia no es una puerta blindada de hormigón, sino una notificación en el teléfono móvil indicando al ciudadano cuál es el sótano o estación más cercana.
La guerra de Ucrania cambia la idea de seguridad. La experiencia ucraniana ha destruido muchas de las certezas occidentales sobre la guerra moderna. Durante años, numerosos expertos europeos asumieron que los conflictos futuros serían tecnológicos, precisos y limitados, haciendo innecesarias grandes infraestructuras de refugio civil. Ucrania demostró exactamente lo contrario: ataques masivos contra ciudades, drones sobre áreas residenciales, bombardeos de infraestructuras civiles y millones de personas refugiándose en estaciones de metro volvieron a formar parte del paisaje europeo.
Esa constatación aparece constantemente en el debate alemán y finlandés. Arquitectos que antes consideraban obsoletos los refugios reconocen ahora que Rusia ha devuelto a Europa una forma de guerra mucho más cercana a los bombardeos clásicos del siglo XX que a los conflictos quirúrgicos imaginados tras el final de la Guerra Fría.
La pregunta incómoda. Detrás del regreso de los búnkeres aparece una cuestión políticamente explosiva: la de quién podrá protegerse realmente si estalla una guerra. Alemania empieza a asumir públicamente algo que durante décadas evitó verbalizar: nunca habrá plazas suficientes para todos. Visto así, el debate ya no gira únicamente alrededor de construir refugios, sino sobre prioridades, acceso y capacidad real de respuesta. ¿Quién recibe la alerta primero? ¿Quién logra llegar a tiempo? ¿Qué ocurre con ancianos, enfermos o personas sin movilidad?
Incluso durante la Guerra Fría, los refugios europeos solo podían cubrir a una parte limitada de la población, pero entonces funcionaban también como símbolo político: representaban la idea de que el Estado seguía siendo capaz de proteger a sus ciudadanos incluso bajo amenaza nuclear. Hoy esa ilusión se está debilitando y la protección civil empieza a entenderse más como resiliencia social que como garantía absoluta de supervivencia.
Lo subterráneo vuelve al tablero. En definitiva, el caso de Berlín resume perfectamente esta transformación. Bajo la capital alemana sigue existiendo una gigantesca red de túneles, refugios antiaéreos, estaciones adaptadas y estructuras militares construidas entre el Tercer Reich y la Guerra Fría. Durante años fueron espacios arqueológicos o turísticos administrados por asociaciones históricas como Berliner Unterwelten. Ahora algunos comienzan a reacondicionarse parcialmente para usos reales de protección civil.
Lo significativo es que nadie habla ya de resistir un intercambio nuclear total, sino de sobrevivir a ataques con drones, misiles convencionales o bombardeos localizados similares a los vistos en Ucrania. Europa está entrando así en una escena inédita desde el final del siglo XX: el regreso de la mentalidad del refugio, no como símbolo ideológico de bloques enfrentados, sino como respuesta práctica a la sensación de que la guerra ha vuelto a convertirse en una posibilidad tangible dentro del continente.
Imagen | GetArchive
En Xataka | Hay un “reactor nuclear” de 50 toneladas en un búnker de Fuenlabrada: lo ha donado Amancio Ortega
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Los ‘Juegos Mejorados’ querían demostrar que el futuro del deporte es el dopaje. Las cosas no salieron como esperaba
Es pronto aún para saber si los Enhanced Games, los famosos ‘Juegos Mejorados’ que se celebraron este fin de semana en Las Vegas con unas reglas sobre dopaje infinitamente más laxas que las de cualquiera competición reconocida por el COI, alcanzarán sus objetivos comerciales. Si ha sido o no una campaña de marketing efectiva. Lo que sí está claro ya es que se han desinflado a nivel deportivo. Sus organizadores prometían una velada plagada de récords y plusmarcas de infarto a cargo de atletas ‘mejorados’ con esteroides, EPO o testosterona, pero han obtenido un solo récord.
La pregunta que queda botando es… Y ahora, ¿qué?
¿Deportistas dopados? A los Enhanced Games podrá echárseles muchas cosas en cara y su filosofía convencerá más o menos, pero hay algo que no puede reprochárseles: ir de frente. La cita, celebrada el fin de semana en Las Vegas con la pompa de un gran show, avanzaba su objetivo ya en su nombre: ‘Juegos Mejorados’. Su propósito era organizar una competición de atletismo, natación y halterofilia en la que los deportistas pudiesen doparse casi sin restricciones.
El único límite era que no usaran drogas ilegales y los fármacos los hubiese recetado un médico. A partir de ahí, ancha Castilla: esteroides anabólicos, testosterona, EPO… Incluso se permitía el uso de equipamiento prohibido, como trajes de poliuretano similares a los que la Federación Internacional de Natación (FINA) prohibió hace años. La idea era muy sencilla: probar que, para no quedarse “estancado” y permitir que los atletas den “la mejor versión” de sí mismos, el deporte oficial debe replantarse sus vetos.
@enhanced_games A $1,000,000 WORLD RECORD SWIM! Kristian Gkolomeev wins the Men’s 50m Freestyle in 20.81 and takes home $1,000,000 bonus + 250,000 first place finish and reclaims his 50M Freestyle world record.
El valor de un buen show. Aunque la idea resulta provocadora y eso le ha valido una enorme exposición mediática, los organizadores de los Enhanced Games quisieron darle a la cita el revestimiento de un gran show. La competición se celebró en el Resorts World de Las Vegas, en un estadio con capacidad para 2.500 personas y tras meses de un discurso medido al milímetro para generar expectación. A su favor tenía dos grandes reclamos, más allá de la controversia.
El primero, un plantel de atletas mediático. Entre los deportistas que accedieron participar destacan medallistas olímpicos o podios de torneos mundiales como Leidy Solís (plata en Pekín 2008), Fred Kerley (plata en Tokio 2020), Kristian Gkolomeev (plata en Gwangju 2019) o Hafþór Björnsson, levantador de pesas que alcanzó un récord mundial en 2025 y es famoso sobre todo por interpretar a “la Montaña” en ‘Juego de Tronos’. Y eso entre un amplio etcétera.
42 atletas. En total participaron en los Enhanced Games 42 deportistas (velocistas, nadadores y levantadores de pesas), la inmensa mayoría dopados. The Guardian precisa que de todos ellos solo hubo tres personas que optaron por participar en las pruebas de forma ‘limpia’, sin consumir sustancias químicas que equivaldrían a una descalificación en cualquier torneo oficial.
Su participación en la cita daba si cabe un punto de épica extra a los Enhanced Games y reforzaban su desafío principal: ¿Puede realmente marcar la diferencia el consumo de testosterona, EPO, esteroides o trajes de poliuretano?
No digas deporte, di dinero. El segundo reclamo al que nos referíamos antes explica qué hacían ayer en Las Vegas Gkolomeev, Björnsson u otros muchos de los deportistas que accedieron a participar en los Enhanced Games.
Más allá de su mayor o menor sintonía con el mensaje de fondo, si decidieron competir fue porque la organización prometía pingües premios: 500.000 dólares por prueba, la mitad de ellos para el ganador. Si además lograba coronar un récord mundial en alguna de las “pruebas definitivas” (100 m lisos y 50 m libres) podía ingresar un extra de un millón.
¿Y cómo fue la cosa? No todo lo bien que (probablemente) esperaban los organizadores. A pesar de la expectación generada, de los anuncios que aseguraban que ya se estaban rompiendo plusmarcas en los entrenamientos y de todo el hype generado en torno al uso de sustancias químicas, la realidad es que los primeros Enhanced Games solo lograron coronar un récord mundial.
Lo hizo el nadador griego Kristian Gkolomeev, casi in extremis. Ante la mirada atenta de los organizadores consiguió completar los 50 metros libres en 20,81 segundos, ligeramente más bajo que los 20,88 de la plusmarca oficial alcanzada por el australiano Cameron McEvoy en marzo.
Prueba del alivio que supuso para los responsables de los Enhanced Games es que, tras la carrera (y en una demostración más de que el torneo tenía más vocación de show que de prueba deportiva), el director ejecutivo de los ‘Juegos’, Max Martin, se arrodilló ante Gkolomeev para proclamar su victoria. La marca de 20,81 no tendrá validez oficial, pero sí permitirá al griego embolsarse el plus de un millón de dólares. “Quizá el año que viene vuelva a batirlo”, avanzó.
Una victoria pírrica. Martin no ahorró en superlativos al valorar la competición y llegó a celebrar que los Enhanced Games han “cambiado el mundo”. “Hemos visto cómo se batían récord y cómo 12 atletas batían marcas personales”, celebró.
La realidad es que el balance de los primeros ‘Juegos Mejorados’ ha sido discreto y desde luego se ha quedado muy por debajo de las expectativas generadas por la propia organización. Más allá del consumo de sustancias dopantes permitido en la cita, Gkolomeev, por ejemplo, arañó su plusmarca con ayuda de un ‘supertraje’ vetado por FINA.
Dopados vs ‘limpios’. Al margen de que hubiese deportistas que batiesen sus “récords personales” gracias al dopaje, como reivindica la organización, en algunos casos las competiciones las ganaron los pocos atletas que afirmaron no consumir drogas.
Fue el caso por ejemplo de Hunter Armstrong, que se impuso en los 50 m espalda a dos rivales dopados, o los velocistas Tristan Evelyn y Fred Kerley, quien además de llevarse el cheque de ganador lanzó una pulla a sus contrincantes: “Tienen que entrenar un poco más duro, ponerse las pilas”.
Un mensaje confuso. Ese es probablemente el gran problema de los primeros Enhanced Games. Sus responsables se aferran al mensaje de que la cita dejó una plusmarca mundial y “13 récords personales”, pero la realidad es que la foto es mucho más complicada… y confusa. Y no solo porque hubiese pruebas en las que atletas en teoría no dopados vencieron a otros que sí habían recurrido a sustancias vetadas por el COI.
La puesta en escena tampoco tuvo nada que ver con la de los Juegos Olímpicos. Por ejemplo, como el levantador de pesas Boady Santavy no logró coronar el récord del mundo en su prueba tras los tres intentos permitidos, la organización decidió darle “una última oportunidad”. Bjornsson tampoco batió su récord.
La realidad es que, a pesar de reunir nombres conocidos, la mayoría de los atletas que se anotaron a los Enhanced Games de Las Vegas no han logrado coronar lo más alto del podio en los JJOO o ya superan la treintena.
La gran incógnita. Aclarado el balance deportivo de la cita, queda una incógnita: cómo será el balance comercial. Los Enhanced Games no solo son una prueba deportiva. Son también (y sobre todo) un mediático gancho publicitario que ha centrado la atención en las sustancias dopantes, químicos que, claman los organizadores, permiten a quienes los consumen obtener “la mejor versión de sí mismos”.
De hecho si ofrece gratificaciones tan generosas a sus deportistas se debe, en gran medida, a que sus inversores aspiran a meterse de lleno en el pingüe negocio de la ‘juventud eterna’, que solo en EEUU mueve alrededor de 600.000 millones al año.
“Los inversores saben que, si lo conseguimos, eso se traducirá en cientos de miles de millones de dólares gracias al desarrollo de nuevos tratamientos clínicos o al uso alternativo de los tratamientos existentes”, reivindica Aron D´Souza, el rostro visible de la competición. En la web de Enhanced hay un amplio catálogo de productos con testosterona, péptidos, semaglutida… También se sabe que entre los inversores de la cita se incluye el multimillonario tecnológico Peter Thiel o el hijo mayor de Donald Trump.
Imagen | Enhanced Games (X)
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Presentamos Xataka Life, nuestro nuevo canal de YouTube sobre domótica y tecnología para transformar tu hogar
2026 viene cargado de novedades en Xataka. Si hace apenas un par de meses anunciamos el lanzamiento de Xataka Xtra, hoy traemos un nuevo proyecto llamado Xataka Life. En esta casa llevamos año hablado de domótica, conectividad y dispositivos para el hogar, una categoría cada vez más relevante en el mundo de la tecnología y que, a través de Xataka Life, exploraremos en forma de vídeo.
Porque Xataka Life es, precisamente, un canal de YouTube. Uno en el que trataremos temas relacionados con el hogar, la domotización, el ahorro y productos que, poco a poco, han ido encontrando un hueco en las casas de cada vez más personas. Hablamos de dispositivos de iluminación, freidoras de aire o robots aspiradores, por mencionar solo algunos.
¿Qué cambia en el canal de YouTube de Xataka? Absolutamente nada. Este canal seguirá funcionado como hasta ahora con los contenidos que ya publicamos. Xataka Life es un espacio adicional que nos permite ahondar en un tema tan complejo, pero al mismo tiempo tan apasionante e interesante, como es la tecnología para el hogar.
Como no podría ser de otra manera, Xataka Life se expande más allá del formato largo de YouTube, por lo que también podrás contenido corto en @xatakalife en Instagram. Si te gusta cómo suena, te invitamos a seguirnos en Instagram y, por supuesto, a suscribirte a Xataka Life en YouTube.
¡Seguimos!
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