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Superficie marina alcanzó en 2024 temperatura global récord de 21º C

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El ritmo de calentamiento del océano es “acelerado” y la temperatura global de la superficie batió un récord en la primavera de 2024 con 21 grados centígrados, según el noveno informe del Servicio de Vigilancia Marina del programa Copernicus de la Unión Europea sobre el estado de los mares.

“Todo el océano” se encuentra afectado por “la triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la polución”, señala el documento publicado este martes 30 de septiembre de 2025.

El nivel del mar sube a un ritmo sin precedentes de 40.8 mm por década y la extensión de hielo en el Ártico y en la Antártida experimenta mínimos históricos, según otros datos relevantes recogidos en el informe.

“Reducir las emisiones, aunque fundamental, ya no basta por sí solo para salvar el planeta”, concluye Copernicus. “Los gobiernos deben restaurar los ecosistemas y reforzar las políticas oceánicas para proteger una economía azul global que mueve miles de millones”.

Según los datos presentados, analizados por más de 70 científicos, el calentamiento de la superficie marina es “particularmente rápido” y tres veces superior a la media en el Mar Negro, prácticamente lo mismo que en el Báltico, y más de dos veces por encima de la media en el Mediterráneo, donde el incremento es de 0,41 grados por década y las olas marinas de calor tienen entre 16 y 23 días más cada diez años.

Tanto en 2023 como en 2024 se registraron olas de calor “excepcionalmente intensas y persistentes” que llevaron a superar en 0.25 °C los registros anteriores de temperatura superficial del océano y a borrar los récords de 2015 y 2016.

Hubo zonas del Atlántico que en 2023 pasaron más de 300 días en condiciones de ola de calor marina.

En el verano de ese año la ola de calor más larga registrada en el Mediterráneo hizo que la temperatura de la superficie superara en 4.3 °C la normal en ese mar.

40.8 mm de subida del nivel del mar por década

La subida del nivel global del mar también “se acelera a un ritmo sin precedentes”: 31.4 mm por década entre 1999 y 2006, 39.3 mm por década entre 2007 y 2015 y 40.8 mm por década entre 2016 y 2024.

El aumento acumulado entre 1901 y 2024 es de 228 mm, con el consiguiente riesgo de inundaciones y erosión en zonas costeras donde viven alrededor de 200 millones de personas.

Todos los países europeos con densidades de población superiores a 200 personas / km2 en la costa experimentan una subida del nivel por encima de la media.

En cuanto a la pérdida de hielo marino, el Ártico ha registrado cuatro mínimos históricos entre diciembre de 2024 y marzo de 2025, mes en el que había 1.94 millones de km2 menos que la media invernal a largo plazo, una superficie casi seis veces mayor que Polonia.

En la Antártida, 2025 es el tercer año consecutivo de baja extensión de hielo marino. En febrero había 1.6 millones de km2 menos que la media a largo plazo, un área casi tres veces mayor que Francia.

Mayor acidificación en las zonas más ricas

El informe destaca que el 10 por ciento de las zonas de mayor biodiversidad marina se están acidificando más rápidamente que la media global.

El calentamiento y la acidificación afectan, añade, al 16 por ciento de los corales amenazados y al 30 % de los gravemente amenazados.

Los residuos plásticos contaminan todas las cuencas oceánicas y entre los países que emiten más de 10 mil toneladas al año el 75 % bordea arrecifes de coral.

Las provincias biofísicas marinas -regiones con condiciones comunes- han visto modificadas sus ‘fronteras’ y se desplazan hacia los polos, con cambios clave en la presencia de micronecton (peces, moluscos, etc de 2-20 cm).

El Servicio de Vigilancia Marina es uno de los seis que integran el programa Copernicus de observación terrestre, financiado por la Unión Europea.

La directora del informe, Karina von Schuckman, ha señalado durante su presentación que los datos demuestran la necesidad de “tomar decisiones” y ha llamado a que estas se basen “en la evidencia científica”.

Para Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y Espacio, el documento “ofrece una visión global y exhaustiva del estado, las tendencias y las variaciones naturales del océano global” y “pone de relieve herramientas de monitoreo innovadoras que permiten una coexistencia sostenible con los ecosistemas marinos”.

Con información de EFE



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Los medicamentos para bajar de peso: ¿son “trampa”?

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Cada vez es más frecuente que la población esté enterada de los nuevos fármacos para la diabetes y la obesidad, pero ¿usarlos es “trampa”? La respuesta objetiva es no. Estas nuevas terapias son coadyuvantes en los cambios de estilo de vida y, en ciertos casos, se complementan con otras terapias farmacológicas.

Pero, ¿qué son en sí estos medicamentos? La nueva tendencia de fármacos inyectados y orales —como la semaglutida— pertenecen a un grupo denominado agonistas del receptor de GLP-1. La noticia es que no se trata de un efecto mágico; nosotros mismos producimos esta hormona en la porción terminal del intestino delgado cuando el cuerpo detecta la llegada de nutrientes, aunque el medicamento nos ofrece una versión modificada y resistente de esta hormona, de ahí emergen los beneficios.

Es común que exista el llamado “efecto rebote”. Esto significa que, al suspender el tratamiento, el paciente puede recuperar parte del peso perdido. Esto tiene una causa fisiológica clara: al retirar el fármaco, el apetito aumenta y hay una reducción marcada de la saciedad, lo que deriva en una recuperación parcial o total del peso.

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Es por ello que debemos enfatizar que la principal línea de tratamiento sigue siendo el cambio en el estilo de vida. Esto incluye adoptar patrones de alimentación como la dieta Mediterránea o DASH, realizar al menos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana y, sobre todo, acudir con un profesional de la salud para individualizar cada caso.

La literatura médica actual recomienda evitar la interrupción abrupta del tratamiento. Se deben considerar estrategias de transición o mantenimiento para minimizar el rebote, especialmente en pacientes que han logrado beneficios clínicos significativos. No es solo la frustración de recuperar kilos, sino también la pérdida de una inversión económica considerable: en promedio, una persona en tratamiento durante un año desembolsa cerca de $50,000 pesos. Definitivamente, no es una terapia al alcance de todos y, quienes pueden costearla, deben optimizarla para obtener los resultados esperados.

Estas nuevas terapias nos facilitan vivir más y mejores años. Es una realidad que no todos pueden pagarlas, pero quienes tengan la posibilidad deben aprovechar su máximo beneficio. No es una trampa; es gozar de los beneficios de vivir en una era donde la ciencia pone estas herramientas a nuestro alcance.

Por: Dr. Maximiliano Téllez-Girón



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Internet, escenario de una guerra invisible en Irán

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No se ve el fuego, ni el humo, ni la estela de los misiles, pero internet se ha convertido en otro de los escenarios, aunque invisible, de la guerra en Irán, y durante las últimas semanas han proliferado las amenazas y los ataques en el ciberespacio, el espionaje y las campañas de desinformación.

Varias de las multinacionales especializadas en el campo de la ciberseguridad, que monitorean de una forma continua esas amenazas a través de sus ‘laboratorios’ de investigación, han alertado del aumento de los ataques, algunos de ellos muy sofisticados, y entre ellos los llamados wiper, diseñados para borrar de forma irreversible los datos de un sistema informático infectado, y que no persiguen el beneficio económico, sino el sabotaje y la destrucción de información.

Alertan además las grandes compañías del sector de la ciberseguridad de cómo el conflicto es utilizado por actores que no están directamente implicados en el mismo para lanzar campañas de pishing (captación de datos privados falsificando páginas que el usuario conoce), cómo se dispara el hacktivismo para promover causas políticas o religiosas, o cómo aumentan las reivindicaciones poco verificadas en algunos canales y redes sociales.

Confluyen así el espionaje, el sabotaje, la propaganda y los ataques oportunistas, con el riesgo que eso supone para los gobiernos, las empresas y las infraestructuras críticas.

El responsable global de Operaciones de la empresa de ciberseguridad Panda Security, Hervé Lambrert, ha subrayado que en contextos de tensión geopolítica como este suele registrarse un aumento de la actividad en el ciberespacio, y que en esos escenarios es habitual la aparición de campañas de desinformación, intentos de phishing vinculados a la actualidad y movimientos de grupos organizados con distintos objetivos, como el espionaje o la desestabilización.

Ataques cada vez más sofisticados

En declaraciones a EFE, Lambrert ha precisado que los ataques más frecuentes en estos casos son los de pishing y los basados en la ‘ingeniería social’, que se aprovechan del miedo y de la urgencia informativa; las campañas de desinformación en redes sociales; y los ataques dirigidos a infraestructuras críticas o las cadenas de suministro.

“El objetivo no siempre es destruir, muchas veces es robar información o generar caos”.

El responsable de esta empresa cuestiona que las organizaciones estén suficientemente preparadas, ya que los ataques “son cada vez más sofisticados” porque están financiados y organizados como empresas y explotan “lo de siempre: el error humano”, y ha asegurado que una parte importante de esos ataques siguen ‘entrando’ por fallos básicos de ciberseguridad y no por una tecnología avanzada.

La multinacional estadounidense Palo Alto Networks, que monitoriza este tipo de ataques a través de su ‘unidad de inteligencia’ (Unit 42), ha analizado varios incidentes recientes que han afectado a organizaciones de Israel y Estados Unidos en el contexto del conflicto con Irán, y ha apuntado a la actividad de grupos (conocidos como ‘Handala Hack’) que están vinculados al Ministerio de Inteligencia y Seguridad iraní.

Esta empresa ha explicado en uno de sus informes que el principal vector de ataque observado en esas operaciones es la explotación de identidades mediante campañas de pishing y el abuso de privilegios administrativos, especialmente a través de herramientas de gestión empresarial como Microsoft Intune, y ha observado que los atacantes buscan cuentas con privilegios elevados y accesos permanentes, lo que les permite ejecutar acciones destructivas de forma inmediata, como el borrado masivo de dispositivos.

Atacantes ‘oportunistas’ al margen del conflicto

También especializada en el sector de la ciberseguridad y el cumplimiento normativo, la empresa Proofpoint ha detectado un aumento de la ‘ciberactividad proestado’ que apunta a entidades gubernamentales y diplomáticas de Oriente Próximo, y también que grupos de amenaza iraníes han permanecido activos a pesar del cierre de internet por parte del gobierno iraní inmediatamente después de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel.

Ha citado el caso del grupo ‘TA453’, que ha llevado a cabo un intento de robo de credenciales contra un laboratorio de ideas estadounidense, múltiples amenazas avanzadas que empezaron a usar el conflicto como señuelo y varias campañas ‘maliciosas’ lanzadas por grupos alineados con China, Bielorrusia o Pakistán, y ha subrayado la idea de que para muchos de estos ciberdelincuentes la guerra es “una manera oportunista” de realizar sus operaciones rutinarias de inteligencia.

En el mismo sentido, la multinacional estadounidense Fortinet, a través de su departamento de investigación de ciberamenazas (FortiGuard Labs) ha alertado también de un aumento de la actividad digital vinculada al conflicto , que incluye acciones de hacktivismo con afiliaciones poco claras, reivindicaciones “recicladas” de ataques, desfiguración de sitios web, interrupciones de transmisiones y comunicaciones e intentos “oportunistas” de intrusión.

Sus expertos han constatado en uno de sus últimos informes que en situaciones de tensión geopolítica el ciberespacio se convierte en un frente adicional de guerra, en el que incluso algunos actores que no están directamente implicados aprovechan el caos para lanzar sus campañas de phishing, malware o de desinformación, además de ataques contra medios de comunicación, aplicaciones civiles e infraestructuras digitales, y reivindicaciones poco verificadas en redes y canales como Telegram.

Con información de EFE



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Internet, escenario de una guerra invisible en Irán

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No se ve el fuego, ni el humo, ni la estela de los misiles, pero internet se ha convertido en otro de los escenarios, aunque invisible, de la guerra en Irán, y durante las últimas semanas han proliferado las amenazas y los ataques en el ciberespacio, el espionaje y las campañas de desinformación.

Varias de las multinacionales especializadas en el campo de la ciberseguridad, que monitorean de una forma continua esas amenazas a través de sus ‘laboratorios’ de investigación, han alertado del aumento de los ataques, algunos de ellos muy sofisticados, y entre ellos los llamados wiper, diseñados para borrar de forma irreversible los datos de un sistema informático infectado, y que no persiguen el beneficio económico, sino el sabotaje y la destrucción de información.

Alertan además las grandes compañías del sector de la ciberseguridad de cómo el conflicto es utilizado por actores que no están directamente implicados en el mismo para lanzar campañas de pishing (captación de datos privados falsificando páginas que el usuario conoce), cómo se dispara el hacktivismo para promover causas políticas o religiosas, o cómo aumentan las reivindicaciones poco verificadas en algunos canales y redes sociales.

Confluyen así el espionaje, el sabotaje, la propaganda y los ataques oportunistas, con el riesgo que eso supone para los gobiernos, las empresas y las infraestructuras críticas.

El responsable global de Operaciones de la empresa de ciberseguridad Panda Security, Hervé Lambrert, ha subrayado que en contextos de tensión geopolítica como este suele registrarse un aumento de la actividad en el ciberespacio, y que en esos escenarios es habitual la aparición de campañas de desinformación, intentos de phishing vinculados a la actualidad y movimientos de grupos organizados con distintos objetivos, como el espionaje o la desestabilización.

Ataques cada vez más sofisticados

En declaraciones a EFE, Lambrert ha precisado que los ataques más frecuentes en estos casos son los de pishing y los basados en la ‘ingeniería social’, que se aprovechan del miedo y de la urgencia informativa; las campañas de desinformación en redes sociales; y los ataques dirigidos a infraestructuras críticas o las cadenas de suministro.

“El objetivo no siempre es destruir, muchas veces es robar información o generar caos”.

El responsable de esta empresa cuestiona que las organizaciones estén suficientemente preparadas, ya que los ataques “son cada vez más sofisticados” porque están financiados y organizados como empresas y explotan “lo de siempre: el error humano”, y ha asegurado que una parte importante de esos ataques siguen ‘entrando’ por fallos básicos de ciberseguridad y no por una tecnología avanzada.

La multinacional estadounidense Palo Alto Networks, que monitoriza este tipo de ataques a través de su ‘unidad de inteligencia’ (Unit 42), ha analizado varios incidentes recientes que han afectado a organizaciones de Israel y Estados Unidos en el contexto del conflicto con Irán, y ha apuntado a la actividad de grupos (conocidos como ‘Handala Hack’) que están vinculados al Ministerio de Inteligencia y Seguridad iraní.

Esta empresa ha explicado en uno de sus informes que el principal vector de ataque observado en esas operaciones es la explotación de identidades mediante campañas de pishing y el abuso de privilegios administrativos, especialmente a través de herramientas de gestión empresarial como Microsoft Intune, y ha observado que los atacantes buscan cuentas con privilegios elevados y accesos permanentes, lo que les permite ejecutar acciones destructivas de forma inmediata, como el borrado masivo de dispositivos.

Atacantes ‘oportunistas’ al margen del conflicto

También especializada en el sector de la ciberseguridad y el cumplimiento normativo, la empresa Proofpoint ha detectado un aumento de la ‘ciberactividad proestado’ que apunta a entidades gubernamentales y diplomáticas de Oriente Próximo, y también que grupos de amenaza iraníes han permanecido activos a pesar del cierre de internet por parte del gobierno iraní inmediatamente después de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel.

Ha citado el caso del grupo ‘TA453’, que ha llevado a cabo un intento de robo de credenciales contra un laboratorio de ideas estadounidense, múltiples amenazas avanzadas que empezaron a usar el conflicto como señuelo y varias campañas ‘maliciosas’ lanzadas por grupos alineados con China, Bielorrusia o Pakistán, y ha subrayado la idea de que para muchos de estos ciberdelincuentes la guerra es “una manera oportunista” de realizar sus operaciones rutinarias de inteligencia.

En el mismo sentido, la multinacional estadounidense Fortinet, a través de su departamento de investigación de ciberamenazas (FortiGuard Labs) ha alertado también de un aumento de la actividad digital vinculada al conflicto , que incluye acciones de hacktivismo con afiliaciones poco claras, reivindicaciones “recicladas” de ataques, desfiguración de sitios web, interrupciones de transmisiones y comunicaciones e intentos “oportunistas” de intrusión.

Sus expertos han constatado en uno de sus últimos informes que en situaciones de tensión geopolítica el ciberespacio se convierte en un frente adicional de guerra, en el que incluso algunos actores que no están directamente implicados aprovechan el caos para lanzar sus campañas de phishing, malware o de desinformación, además de ataques contra medios de comunicación, aplicaciones civiles e infraestructuras digitales, y reivindicaciones poco verificadas en redes y canales como Telegram.

Con información de EFE



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