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Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein

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De entre todas las reglas que rigen el universo, una de las más icónicas y a la vez difíciles de comprender es el límite de velocidad universal. La velocidad de la luz no solo es una constante inquebrantable: es el nexo entre la materia y la energía, como describió elegantemente Albert Einstein con la fórmula más famosa de la ciencia: E=mc². Podemos asomarnos a los cimientos de nuestra propia existencia, pero no viajar a más de “c”. Solo la luz puede recorrer un año luz en un año.

Definamos constantes: la velocidad de la luz

La velocidad de la luz es la pieza clave en la ecuación de Einstein. Esa “c” no es solo un número, sino el factor de conversión que une los conceptos de masa (m) y energía (E). Es una constante que representa la velocidad de la luz en el vacío, pero también el límite de velocidad para la propagación de cualquier tipo de información, señal o partícula material en el universo. Si lo piensas muy fuerte, es el límite de la causalidad misma: un efecto no puede ocurrir antes de que su causa, propagándose a la velocidad máxima de “c”, pueda alcanzarlo.

Esta velocidad es la misma para cualquier observador en el universo, sin importar su propio estado de movimiento. Si viajas en una hipotética nave espacial al 99% de la velocidad de la luz y enciendes una linterna, la luz de esa linterna se alejará de ti exactamente a la velocidad de la luz, no a una fracción de esta. Es una de las constantes universales de la física. Y las observaciones del fondo cósmico de microondas, la luz remanente del Big Bang, confirman que no ha cambiado de manera medible en más de 13.800 millones de años.

¿A qué velocidad va la luz, entonces? Aunque suene extraño, la velocidad de la luz en el vacío tiene un valor exacto y definido: 299.792.458 metros por segundo. Por ponerlo en cifras más terrenales, equivale a casi mil millones de kilómetros por hora. Un fotón de luz daría la vuelta al ecuador de la Tierra unas 7,5 veces en un solo segundo. Es, según la teoría de la relatividad especial de Albert Einstein, el límite de velocidad definitivo e inquebrantable del universo.

Una epopeya sobre medir lo inmedible

Calcular la velocidad de la luz ha sido una de las grandes sagas de la ciencia. Tras los debates filosóficos de la antigua Grecia y un ingenioso pero fallido intento de Galileo usando lámparas entre colinas distantes, la primera estimación llegó en 1676. Observando los eclipses de Ío, una de las lunas de Júpiter, el astrónomo danés Ole Rømer notó que tenían una duración distinta según la época del año. Dedujo que se debía al tiempo adicional que tardaba la luz en cruzar la órbita de la Tierra cuando nuestro planeta se alejaba de Júpiter. Rømer estimó la velocidad de la luz en 220.000 km/s, una cifra asombrosamente cercana para la época.

Medio siglo después, en 1728, el físico inglés James Bradley refinó esta medida usando un método diferente: la aberración de la luz estelar. Observó que la posición aparente de las estrellas cambiaba ligeramente debido a la velocidad de la Tierra en su órbita. Algo parecido a cómo la lluvia parece caer en ángulo cuando corremos. A partir de este efecto, calculó una velocidad de 301.000 km/s, un valor con un error de apenas un 1%.

El experimento de Michelson
El experimento de Michelson

El experimento de Michelson. Imagen | Popular Science (1930)

No fue hasta 1887 que los científicos descubrieron el aspecto más sorprendente de la velocidad de la luz. Albert Michelson y Edward Morley intentaban detectar el “éter luminífero”, un supuesto medio invisible que, según la creencia de la época, llenaba el espacio para permitir la propagación de la luz. Con su experimento esperaban medir una diferencia en la velocidad de la luz dependiendo de si se movía a favor o en contra del “viento de éter” creado por el movimiento de la Tierra. Sin embargo, no encontraron ninguna variación en absoluto.

A veces, el progreso científico no proviene de encontrar lo que se busca, sino de aceptar la evidencia que echa por tierra viejas certezas. Así fue como este fracaso se convirtió en uno de los resultados más importantes de la historia de la física. Demostró que la velocidad de la luz era constante independientemente del movimiento del observador, derribando la teoría del éter y sentando las bases empíricas para la revolución que Einstein desataría más tarde.

Qué es un año luz y para qué se usa

Desde 1983, la velocidad de la luz ya no es algo que los científicos intenten medir con una precisión cada vez mayor. Su valor se fijó con tal exactitud que ahora es el propio metro el que se define en función de la luz. Un metro es “la longitud del camino recorrido por la luz en el vacío durante un intervalo de tiempo de 1/299792458 segundos”.

Este cambio esconde una verdad profunda: la constancia de la velocidad de la luz es una propiedad más fundamental de nuestro universo que nuestras propias unidades de medida. Ya no usamos metros para medir la velocidad de la luz, usamos la velocidad de la luz para definir el metro. Y así es como nace una de las unidades de medida más grandes que utilizamos, y que ha sido crucial para comprender las inmensas escalas del universo.

A pesar de que su nombre incluya la palabra “año”, un año luz no es una medida de tiempo, sino de distancia. En pocas palabras, un año luz es la distancia que un rayo de luz recorre en el vacío durante el transcurso de un año terrestre. Es decir, en 365 días. Dada la increíble velocidad a la que viaja la luz, se trata de una distancia astronómica, de aproximadamente 9,5 billones de kilómetros.

Utilizamos los años luz porque las distancias en el espacio son tan enormes que medirlas en kilómetros resultaría totalmente impráctico. Por ejemplo, el exoplaneta más cercano a la Tierra, Próxima Centauri b, se encuentra a unos 4,2 años luz de distancia. En kilómetros, esa cifra sería de casi 40 billones, un número mucho más difícil de manejar y contextualizar.

Cómo se calcula un año luz en kilómetros

Un láser sale del telescopio VLT de ESO
Un láser sale del telescopio VLT de ESO

Un láser señala el centro de la galaxia desde el telescopio VLT. Imagen | ESO

Vamos por partes. Si la velocidad de la luz es una constante universal, ¿por qué hay que aclarar que “c” es la velocidad de la luz en el vacío? Porque, en realidad, una cosa no quita la otra. La luz va más despacio al atravesar materiales como el agua (225.000 km/s) o el vidrio (200.000 km/s). Esto no es una contradicción, sino el resultado de la interacción de la luz con la materia.

La luz está compuesta por partículas sin masa llamadas fotones. Individualmente, los fotones siempre viajan a 299.792 km/s. Sin embargo, cuando un haz de luz atraviesa un medio material, sus fotones son continuamente absorbidos y reemitidos por los átomos de dicho material. Cada una de estas interacciones introduce un minúsculo retraso. La suma de miles de millones de retrasos hace que la velocidad efectiva de la onda de luz en su conjunto sea menor que c.

La luz es también una onda electromagnética. Al entrar en un medio, su campo eléctrico hace que los electrones de los átomos oscilen. Estos electrones oscilantes generan, a su vez, sus propias ondas electromagnéticas. La onda original y las ondas generadas por los electrones interfieren entre sí, formando una onda combinada que se propaga más lentamente. Pero la luz viaja a una velocidad constante: su ralentización es un efecto de atravesar un campo de átomos.

Dicho esto, el vacío del espacio no es un vacío perfecto. Hay electrones y protones libres en forma de plasma; hay átomos y moléculas dispersas, principalmente de hidrógeno y helio; hay polvo interestelar, y también están la radiación de fondo y los campos magnéticos. Pero su densidad es bajísima, lo que significa que la luz viaja por el espacio a una velocidad muy, muy cercana a c. De modo que el año luz se calcula tomando como referencia el vacío ideal.

Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año. Si algo nos quedó claro en la secundaria es que distancia = velocidad × tiempo. Por lo tanto, la distancia equivalente a un año luz se calcula multiplicando la velocidad de la luz por el tiempo que dura un año terrestre:

  • En números redondos, la luz se mueve a 300.000 km/s y un año tiene 365 días. 365 días × 24 horas × 3600 segundos son 31,6 millones de segundos. 300.000 km/s por 31.600.000 segundos da como resultado una distancia de unos 9,5 billones de kilómetros.
  • Tomando la velocidad exacta de la luz (299.792,458 km/s) y teniendo en cuenta los años bisiestos (365,25 días), el resultado sería de 9.460.730.472.581 km.

Cuánto es un año luz en términos terrenales

El año luz mide distancias tan grandes que escapan de nuestro imaginario. La luz tarda unos ocho minutos en cubrir la distancia del Sol a la Tierra. Si en ocho minutos recorre los 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol, en una hora recorrería 11 veces la misma distancia; en un día recorrería 24 veces la distancia diaria; y en 365 días, acumulando todos esos trayectos, llegaría a los mencionados 9,5 billones de kilómetros.

Este gigantesco recorrido es lo que llamamos un año luz. No indica tiempo, sino lo lejos que están las cosas en el cosmos. Para medir tiempos en astronomía seguimos usando años, días, segundos, etc., mientras que para distancias muy grandes usamos, por mera conveniencia, años luz o pársecs, otra unidad astronómica.

Solo hay que mirar al cielo nocturno para comprender la inmensidad del cosmos. Las estrellas más brillantes están a decenas de años luz. Con poca contaminación lumínica también podemos ver a simple vista la galaxia de Andrómeda, la más cercana a nuestra Vía Láctea, que está a 2,5 millones de años luz.

La luz que captan nuestros ojos partió de Andrómeda cuando los Australopithecus poblaban la Tierra, sufriendo por entonces múltiples edades de hielo. En cierto sentido, mirar al cielo nocturno es mirar al pasado. Cuanto más lejos miramos, más atrás en el tiempo viajamos. De esta manera hemos podido ver, con nuestros telescopios más potentes, qué ocurrió tras el Big Bang.

Es imposible viajar a la velocidad de la luz

¿Se puede viajar a la velocidad de la luz? La respuesta a esta pregunta es una de las teorías más famosas de la física: la relatividad especial de Einstein. Y para explicarlo hay que volver a la icónica fórmula E=mc², que conecta la velocidad de la luz con dos conceptos muy diferentes.

Mover un objeto con masa requiere energía. A medida que la masa de un objeto aumenta, también lo hace la energía necesaria para seguir empujándolo. El famoso principio de equivalencia entre masa y energía de Einstein nos dice que la energía y la masa están intrínsecamente ligadas.

Según la relatividad, a medida que un objeto con masa se acelera y se acerca a la velocidad de la luz, su masa relativista aumenta. Para acelerar un objeto con masa infinita, se necesitaría una cantidad infinita de energía, lo cual es, sencillamente, imposible. La velocidad de la luz funciona como el límite de velocidad cósmico definitivo.

¿Por qué? Porque solo las partículas sin masa en reposo, como los fotones, pueden viajar a esta velocidad. Al no tener masa, no se enfrentan a esta barrera de energía y masa infinitas. Para el resto de nosotros, y para cualquier nave espacial que podamos construir, la velocidad de la luz seguirá siendo un horizonte inalcanzable. Nada con masa puede alcanzarla, en realidad. Es el límite de velocidad del universo.

Imagen | Design Bits (Pexels)

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Destacan con 12 nominaciones a los premios Tony los musicales “The Lost Boys” y “Schmigadoon!”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- La adaptación a teatro musical de la cinta ochentera “The Lost Boys” y la burla a los propios musicales “Schmigadoon!” lideraron este martes con 12 candidaturas las nominaciones de la 79ª edición de los Premios Tony, en un año marcado por la escasez de nuevas producciones en Broadway, apenas 11 frente a las 21 del año pasado.

Además destaca el hecho que el actor británico Daniel Radcliffe (conocido por haber interpretado a Harry Potter en las películas de esa saga) competirá por el preciado galardón a mejor actor protagonista en una obra de teatro.

La adaptación de una película de vampiros para adolescentes de 1987, ”The Lost Boys”, arrasó en el anuncio al sumar opciones en categorías clave que incluyen mejor nuevo musical, mejor dirección y mejor coreografía, además de múltiples nominaciones en actuación de reparto.

También con 12 nominaciones, le sigue “Schmigadoon!”, la adaptación de una serie de Apple TV que se burla sutilmente de los musicales de Broadway; destaca la posibilidad de llevarse los Tony a mejor nuevo musical y mejor actriz principal,

La reposición de “Ragtime” tiene 11 nominaciones, entre ellas mejor reposición de un musical y múltiples menciones para su elenco principal y secundario, compite en la primera categoría con las reposiciones de “The Rocky Horror Show” y la innovadora adaptación “Cats: The Jellicle Ball”, que tienen nueve nominaciones.

Por su parte, la producción “Death of a Salesman”, también compite con nueve nominaciones, entre ellas las relevantes mejor actor principal y mejor dirección.

El bloque de las más nominadas cierra con las obras “Two Strangers (Carry a Cake Across New York)” y “Oedipus”, que acumulan ocho y siete menciones cada una.

Gran parte de la atención la acaparó la nominación de Daniel Radcliffe, nominado gracias a su trabajo en “Every Brilliant Thing” y que competirá por el Tony a mejor actor principal contra pesos pesados como Nathan Lane (“Death of a Salesman”), John Lithgow (“Giant”), Mark Strong (“Oedipus”) y Will Harrison (“Punch”).

Estrellas de Hollywood que no fueron nominadas 

Llama la atención que el dos veces ganador del Óscar, Adrien Brody, fue sorprendentemente ignorado en la categoría de mejor actor principal en una obra de teatro por “The Fear of 13”, un drama carcelario basado en hechos reales, adaptado del documental de 2015 y producido por Kim Kardashian.

Tampoco se llevaron nominaciones Keanu Reeves y Alex Winter, que actúan juntos en “Waiting for Godot” ni el trío de “Arte”: Neil Patrick Harris, Bobby Cannavale y James Corden.

En el ámbito musical, Lea Michele, famosa por la serie “Glee”, quedó fuera de la categoría de mejor actriz principal por la reposición del musical “Chess”.

La gala de entrega de los premios Tony se celebrará el domingo 7 de junio en el Radio City Music Hall de Nueva York y será presentada por la estrella del pop Pink.

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La Unión Europea tiene clarísimo el futuro de su infraestructura de red: no habrá un solo equipo chino

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La Unión Europea tiene clarísimo el futuro de su infraestructura de red: no habrá un solo equipo chino

Europa está recrudeciendo su batalla contra los equipos chinos, tanto en su red eléctrica como en la infraestructura de telecomunicaciones. La Comisión Europea ha vuelto a recomendar a principios de esta semana la exclusión de equipos Huawei y ZTE por parte de los operadores de telecomunicaciones locales, allanando el camino para una revisión del Reglamento de Ciberseguridad en el que se plantea la eliminación obligatoria de proveedores de alto riesgo

Un nuevo toque. La Comisión Europea ha arrancado la semana con un recordatorio: los estados miembros deben excluir de su red de telecomunicaciones equipos de Huawei y ZTE. Europa publicaba en enero de este año un borrador en el que establecía la retirada obligatoria de “proveedores de alto riesgo”, planteando un veto formal a empresas chinas de telecomunicaciones.

Es un tema especialmente sensible en España, en la que en comunidades como Cataluña han hecho caso omiso de las recomendaciones europeas y han vuelto a renovar recientemente con empresas que utilizan equipos Huawei. 

El caso Generalitat. La Generalitat de Cataluña renovó el pasado mes de marzo su contrato con XCAT. Un presupuesto de 127 millones de euros para mantener a Huawei como principal proveedor de equipamiento, pese al aviso de la UE y las impugnaciones de Telefónica y Cellnex que paralizaron el proceso durante unas semanas

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Adicional al caso catalán, prácticamente un tercio de las redes 5G españolas son de Huawei, con un coste de remplazo estimado entre los 400 y los 1.000 millones de euros.

Más allá. No es la única medida que Europa quiere poner en marcha contra los proveedores chinos. La Comisión quiere blindarse también en lo relativo a las energías renovables, vetando el acceso a fondos comunitarios a aquellos proyectos que utilicen conversores fabricados en China

 “Nuestras evaluaciones de riesgos han confirmado amenazas, entre las que se incluyen la manipulación de los parámetros de producción eléctrica, la interrupción de la generación de electricidad e incluso el acceso no autorizado a datos operativos. En la práctica, esto podría suponer un apagón, un apagón remoto de las redes de los Estados miembros que provocara cortes de electricidad en todo el país”.

Al igual que con la infraestructura de red, según la Comisión esta medida responde a un blindaje por razones de seguridad, aplicable a partir del próximo 1 de noviembre. De nuevo, un golpe al gigante Huawei, uno de los principales proveedores de inversores solares en España.

La respuesta china. China no es ajena a las medidas que prepara Europa, y ha dejado claro que considera estos actos propuestos como discriminatorios y perjudiciales para el comercio. Sin detallar sus planes, ha dejado claro que tomará contramedidas.

El caso sueco. Las decisiones tienen consecuencias, y Suecia es un país que sabe de sobra qué sucede si vetas a Huawei en tus equipos de telecomunicaciones. En 2020, el país prohibió el uso de equipos de telecomuniaciones de fabricantes chinos bajo el argumento de la seguridad nacional. Aunque a priori esto era un balón de oxígeno para Ericsson, las consecuencias fueron justo las contrarias.

China tomó represalias, y China Mobile expulsó a Eriscsson de su infraestructura de red, pasando de un 11% de cuota de mercado a un 2%. En caso de que Europa vuelva a golpear a China.

En Xataka | Hay una tecnología crucial para el despliegue de la IA y China también se está asegurando la delantera: el 6G

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La Unión Europea tiene clarísimo el futuro de su infraestructura de red: no habrá un solo equipo chino

fue publicada originalmente en

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por

Ricardo Aguilar

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Anthropic y OpenAI saben que donde la IA está dando dinero es en las empresas. Han encontrado la forma de exprimir esa estrategia

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Los usarios finales no importamos mucho ya para los gigantes de la IA. Estas empresas están confirmando que los ingresos están de momento en el mundo profesional, y ya están haciendo movimientos para conquistar ese semento. Y si tienen que hacerlo empresa por empresa, que así sea, porque ahora OpenAI y Anthropic son un poquito menos empresas de IA y un poquito más consultoras.

La IA es más empresarial que nunca. Anthropic y OpenAI han comprendido que el verdadero negocio de la IA no está actualmente en las suscripciones individuales de 20 dólares, sino en lograr integrar sus modelos de IA en todo tipo de corporaciones. Ambas empresas han lanzado casi simultáneamente alianzas con otras compañías para proporcionar servicios de consultoría. El objetivo es simple: dejar de ser herramientas web externas para convertirse en el “sistema operativo” de miles de negocios a través de esos canales de venta tan exclusivos.

Anthropic por un lado… La compañía liderada por Dario Amodei ha formado una joint venture con Blackstone, Goldman Sachs y Hellman & Friedman valorada en 1.500 millones de dólares. Esta nueva firma actuará como una consultora que llevará Claude directamente a los entornos operativos de empresas medianas, desde bancos de tamaño medio hasta fabricantes locales o sistemas de salud. Estas empresas se han comprometido a aportar 300 millones de dólares cada una para que los ingenieros de IA trabajen codo con codo con esos clientes para integrar soluciones a medida.

… y OpenAI por el otro. A su vez, la empresa de Sam Altman no ha tardado en replicar esa iniciativa con la creación de la llamada The Development Company, una entidad valorada en unos 10.000 millones de dólares. Está respaldada por fondos como TPG, Bain Capital y SoftBank. Teóricamente OpenAI ya ha recaudado 4.000 millones de dólares para acelerar la adopción de sus modelos de IA en más de 2.000 empresas que ya forman parte de las carteras de esos inversores. La iniciativa está liderada por Brad Lightcap, hasta ahora COO de la empresa, y que quiere convertir a los modelos de la familia GPT en parte integral de la operativa de todo tipo de empresas.

Ingenieros en la línea de fuego. Para impulsar estas estrategias, ambas empresas están adoptando el modelo del llamado ‘Forward Deployed Engineer’  (FDE), un sistema de despliegue que ya fue popularizado por Palantir y que usan tradicionalmente las consultoras. En lugar de vender una API sin más, Anthropic y OpenAI enviarán a sus ingenieros a trabajar con médicos, analistas financieros o personal IT para que sus modelos de IA puedan integrarse a la perfección en los flujos de trabajo reales de esos profesionales. 

La salida a bolsa como objetivo. En los últimos meses parecemos estar viviendo una carrera contra el reloj hacia la salida a bolsa en ambos casos. Con valoraciones absolutamente estratosféricas (OpenAI 852.000 millones, Anthropic rondando los 900.000 millones), la presión por justificar estas cifras ante el mercado público es inmensa. La integración de herramientas de programación como Claude Code ha sido motor de crecimiento claro reciente, pero la verdadera mina de oro está en la automatización de procesos en sectores como la salud o las finanzas. Si estas joint ventures no logran escalar rápidamente, la burbuja de la valoración podría desinflarse antes de esas salidas a bolsa.

Conflictos de intereses. Cuando un fondo de capital riesgo invierte en un proveedor de tecnología y simultáneamente presiona a las empresas de su cartera para que adopten esa misma tecnología, la competencia deja de existir. Muchas empresas no tendrán demasiada capacidad de elección real basada en la calidad de producto. Lo que se vuelve a reforzar aquí es esa “economía circular” en la que la innovación no se elige, sino que se impone por intereses financieros y empresariales. El cliente no compra porque necesita la herramienta, sino porque su propio dueño financiero tiene una participación en quien suministra esa herramienta.

¿Pero la IA no iba a automatizarlo todo? La dependencia del modelo FDE es paradójica. La teoría nos dice que el software debe ser infinitamente replicable a coste marginal cero. Sin embargo, estas alianzas demuestran que la IA aún no es lo suficientemente inteligente para funcionar sin supervisión humana directa. Necesitamos que alguien nos enseñe a usarla bien, dicen las empresas, y tanto OpenAI como Anthropic van a aprovechar esa necesidad aunque lo que en realidad tengamos sea una  consultoría personalizada de lujo. La IA será de momento más parte de los servicios que ofrece una consultora que una herramienta “plug and play” verdaderamente autónoma. 

Nuevo trabajo: ingeniero de despliegue. Ahora Anthropic y OpenAI no solo serán empresas de IA: también serán consultoras con necesidad de mano de obra. Eso también sirve como ejemplo de que aunque la IA teóricamente eliminará puestos de trabajo, también creará otros nuevos. Aquí nos enfrentamos a una creciente demanda de “ingenieros de despliegue” —OpenAI ya los solicita—, profesionales que se encarguen precisamente de adaptar estos modelos de IA a las necesidades de las empresas que quieran implantarlos en su día a día.

Y los datos, qué. Hay otro problema fundamental: las empresas medianas no tendrán demasiada capacidad para gestionar su soberanía de datos. Para que Claude o GPT funcionen de forma adecuada en la empresa, necesitarán acceso a flujos de trabajo críticos, historiales médicos o datos financieros sensibles. Y cuando uno cede ese control a terceras partes, quedan vulnerables. No solo eso: la seguridad de esos datos queda comprometida porque para poder procesarlos deben salir y ser procesados en la nube de un proveedor externo. Los modelos de IA de estas empresas además probablemente pueda aprender de esos procesos, aunque aquí es razonable pensar que entrarán en juego las políticas Zero Data Retention (“No retención de datos”). 

Imagen | TechCrunch | Wikimedia Commons

En Xataka | La Casa Blanca quiere revisar los nuevos modelos de IA antes de que nadie los use: primero el Pentágono, luego el resto del mundo

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