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Un militar estadounidense parecía un genio del cibercrimen. Lo delataron sus propias búsquedas sobre cómo desertar a Rusia

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Cameron John Wagenius no tenía antecedentes penales ni un pasado oscuro. Tenía uniforme militar, 21 años y una carrera por delante en el Ejército de Estados Unidos. Pero en sus ratos libres, desde su dormitorio en Texas, se conectaba como “kiberphant0m” a grupos de Telegram y a foros donde se compran credenciales robadas y se venden bases de datos por miles de dólares. Sabía cómo moverse, cómo entrar sin ser visto y cómo extorsionar a compañías tecnológicas desde la sombra.

De acuerdo al Departamento de Justicia, durante más de un año dirigió una campaña que afectó al menos a diez organizaciones. Se hizo con credenciales privadas, accedió a redes protegidas y mucho más. Lo hacía mientras seguía cobrando del Ejército y cumplía funciones como soldado en activo. Hasta que todo se vino abajo, no por una filtración, ni por un error técnico. Por él mismo.

El soldado que se movía como un ciberdelincuente profesional

Wagenius y sus cómplices se coordinaban a través de chats cifrados. Compartían contraseñas, discutían vulnerabilidades y hablaban abiertamente de sus próximos objetivos. Utilizaban herramientas como SSH Brute, una solución de fuerza bruta para entrar en sistemas protegidos, y actuaban con rapidez para mover datos robados en algunos de los foros de ciberdelincuencia más conocidos del momento.

Una vez obtenían el acceso, lanzaban amenazas. A veces en privado, a veces públicamente. Amenazaban con publicar la información robada si no recibían dinero a cambio. En algunos casos, llegaron a vender directamente los datos. En otros, usaron esa información para lanzar ataques de SIM swapping y suplantar identidades. El objetivo era siempre el mismo: dinero. El Departamento de Justicia estima que intentaron extorsionar al menos 1 millón de dólares a las víctimas.

Pero mientras todo eso ocurría, Wagenius hacía algo que los agentes del FBI no esperaban encontrar con tanta facilidad: dejaba rastro. Según documentos judiciales, en octubre de 2024, en pleno apogeo de su operación, comenzó a buscar en Google cómo escapar del país. Literalmente.

Estas son algunas de las búsquedas que hizo desde su cuenta personal:
   •    “Dónde puede desertar un militar de EE.UU. sin ser extraditado”
   •    “Personal militar de EE.UU. desertando a Rusia”

Hacker
Hacker

•    “Embajada de Rusia – Washington D.C.”
   •    “Cómo conseguir un pasaporte rápido”

En paralelo, escribía a sus contactos con frases como: “Lo divertido es que si alguna vez me descubren, no me pueden arrestar de inmediato por la ley militar. Eso me da tiempo para desaparecer”.

La realidad fue otra. No solo no logró escapar. Toda esa actividad fue recuperada, documentada y utilizada como prueba para demostrar no solo sus crímenes, sino su intención de fugarse.

Wagenius fue detenido y se declaró culpable de varios cargos graves: conspiración para cometer fraude electrónico, extorsión en relación con delitos informáticos y robo de identidad agravado. Ya había admitido antes, en otro caso vinculado, su implicación en la transferencia ilícita de registros telefónicos confidenciales. Su condena, que se leerá el próximo 6 de octubre, podría sumar hasta 27 años de prisión.

Los cargos tienen distinto peso: el fraude electrónico le puede costar hasta 20 años; la extorsión informática, hasta cinco; y el robo de identidad agravado conlleva una pena obligatoria de dos años adicionales que no se pueden combinar con las anteriores.

Wagenius tenía conocimientos. Sabía cómo moverse por la red y cómo esconderse detrás de proxies, VPNs y herramientas que en teoría debían protegerlo. Pero algo en su estrategia salió mal. Ahora está pagando las consecuencias.

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Anthropic ya tenía a Claude escribiendo código. Ahora lo ha metido en los laboratorios

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Anthropic ya había colocado a Claude en una de las tareas más cotidianas y valiosas de la industria tecnológica: escribir código. Ahora quiere llevarlo a un terreno más delicado y con consecuencias potencialmente mucho mayores: el trabajo científico dentro de los laboratorios. La compañía ha presentado Claude Science, un producto pensado para ayudar a investigadores a moverse entre literatura, datos, herramientas especializadas y recursos de cómputo.

Claude a la ciencia. La clave de Claude Science no está solo en que Anthropic haya añadido más herramientas a Claude, sino en el tipo de problema que intenta resolver. En ciencia, una parte enorme del trabajo consiste en saltar entre bases de datos, archivos, código, figuras, citas y recursos de cómputo que rara vez hablan entre sí de forma cómoda. La compañía quiere integrar todo eso en una aplicación específica, disponible desde el 30 de junio de 2026 en beta para usuarios Pro, Max, Team y Enterprise en macOS y Linux.

Un salto de categoría. Anthropic ya había empezado a acercar Claude al trabajo científico el pasado otoño, cuando lanzó conectores y funciones bajo el paraguas de Claude for Life Sciences. Aquello servía para que el modelo pudiera relacionarse mejor con software y bases de datos científicas, pero seguía teniendo un alcance más acotado. Lo de ahora va un paso más allá. Anthropic parece querer que la ciencia deje de ser solo un caso de uso y pase a ser una línea de producto.

Trabajo verificable. La promesa de Claude Science no se limita a ayudar a escribir o resumir. Anthropic asegura que puede analizar literatura científica, ejecutar investigaciones de varios pasos, generar figuras y manuscritos, y permitir que el investigador los refine de forma iterativa. La parte más importante está en cómo deja rastro: cada resultado incluye el código, el entorno y el historial de mensajes que lo han producido. Además, un agente revisor comprueba citas y cálculos, y puede señalar números sin trazabilidad o figuras que no coinciden con el código que las generó.

La ambición de Claude Science podría sonar muy amplia, pero sus primeros pasos tienen un acento bastante reconocible. Anthropic lo ha preparado con más de 60 capacidades y conectores orientados a áreas como genómica, proteómica, biología estructural, química computacional y análisis unicelular. 

El cómputo, dentro del flujo. Muchas investigaciones no se quedan en leer artículos o generar figuras: también exigen ejecutar trabajos pesados en máquinas preparadas para ello. Anthropic asegura que Claude Science puede ayudar a preparar esos procesos en el portátil del investigador, en una máquina Linux, en un nodo de acceso HPC mediante SSH o con cómputo bajo demanda en Modal. La compañía matiza que el sistema redacta un plan y pide permiso antes de acceder a nuevos recursos, de modo que el investigador puede revisar o revocar decisiones. También afirma que los datos grandes o sensibles pueden permanecer en la infraestructura del laboratorio, enviando a Claude solo el contexto necesario para cada paso del análisis.

Anthropic acompaña el lanzamiento con ejemlos. Manifold Bio, dedicada al diseño de medicamentos dirigidos a tejidos concretos, utilizó Claude Science para proponer dianas en sus experimentos, evaluando expresión en superficie, tráfico celular y seguridad según criterios propios de la empresa. El Allen Institute lo empleó para construir una plantilla de revisión computacional con unos 20 skills personalizados, capaz de leer miles de artículos y organizar hallazgos en una base de evidencias. Y en UCSF, el epidemiólogo Stephen Francis afirma que la herramienta aceleró análisis sobre glioma hasta alrededor de una décima parte del tiempo anterior, con resultados validados de forma independiente por su grupo.

Imágenes | Anthropic

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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos

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Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.

Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena. 

Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo. 

Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino. 

Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público. 

Habrá que mover a toda esta gente

Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos. 

Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.

Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo. 

Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos. 

Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo

Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes

Foto | Qiddiya en Twitter

En Xataka | Si construir un edificio de 170 km de largo parecía distópico, NEOM sube la apuesta: un enorme parque acuático en el desierto 

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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos

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Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.

Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena. 

Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo. 

Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino. 

Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público. 

Habrá que mover a toda esta gente

Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos. 

Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.

Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo. 

Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos. 

Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo

Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes

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