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Hace exactamente 100 años empezamos a entender cómo funciona el mundo. La física cuántica ha cambiado radicalmente nuestras vidas

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Bueno, no hace exactamente 100 años. Hace 100 años y un día. El 9 de julio de 1925 el físico alemán Werner Heisenberg envió una carta a su amigo Wolfgang Pauli, que en aquel momento ya era un reputadísimo físico teórico de origen austríaco. Heisenberg llevaba varios meses enfrascado en el desarrollo de una idea que perseguía romper definitivamente con la concepción clásica del átomo como un diminuto sistema planetario en el que los electrones orbitan en torno a un núcleo constituido por protones y neutrones.

Aquella carta contenía varias reflexiones que Pauli supo apreciar. De hecho, poco después de recibirla Max Born, Pascual Jordan y el propio Wolfgang Pauli tomaron como punto de partida el trabajo de Werner Heisenberg para elaborar por primera vez en la historia una formulación madura de la teoría cuántica. El contenido de aquella carta soporta nada más y nada menos el marco más ambicioso y preciso de la historia de la ciencia: el Modelo Estándar de la física de partículas. Sin él muchas de las tecnologías que disfrutamos hoy no serían posibles.

La mecánica cuántica está muy presente en nuestro día a día

“Estimado Pauli, si cree que leí su carta riéndome burlonamente, está profundamente equivocado. En realidad, sucede todo lo contrario; desde Helgoland [es una pequeña isla alemana ubicada en el Mar del Norte] mis puntos de vista sobre la mecánica se han vuelto más radicales cada día que pasa, y estoy firmemente convencido de que la teoría de Bohr del átomo de hidrógeno en su forma actual no es mejor que la teoría de Landé del efecto Zeeman”.

El artículo ‘Umdeutung’ (‘Reinterpretación’) de Heisenberg es considerado el certificado de nacimiento de la teoría cuántica moderna

Las primeras líneas de la carta de Heisenberg reflejan con claridad la confianza y el respeto que profesaba hacia Pauli. Y también lo mucho que le inquietaban las revolucionarias ideas que tenía en mente. De hecho, unas líneas más adelante confiesa tener muchas dudas acerca de la manera en que podía llevar a cabo la formulación rigurosa de aquellos pensamientos: “En cuanto a mi propia opinión sobre este garabato, con el que no estoy en absoluto satisfecho: estoy firmemente convencido del valor de la parte negativa y crítica, pero considero que la parte positiva es más bien pobre. Aun así, quizá aquellos más capaces que yo puedan sacar algo sensato de ello”.

El garabato del que habla Heisenberg en realidad era el borrador de su famoso artículo ‘Umdeutung’ (‘Reinterpretación’), que poco después fue publicado. Muchos físicos consideran aquel texto el certificado de nacimiento de la teoría cuántica moderna. Ni más ni menos. Sea como sea de una cosa no cabe duda: durante los siguientes 100 años las ideas de Heisenberg y otros físicos que también realizaron contribuciones decisivas a la teoría cuántica, como Wolfgang Pauli, Erwin Schrödinger, Max Born, Paul A.M. Dirac, Niels Bohr o Albert Einstein, desencadenaron el nacimiento de muchas de las tecnologías que utilizamos actualmente.

Los circuitos integrados que contienen todos nuestros dispositivos electrónicos, los paneles solares, las máquinas de resonancia magnética, los láseres o los relojes atómicos que permiten al ser humano medir el tiempo con una precisión sin precedentes no serían posibles sin los conocimientos que nos ha entregado la teoría cuántica moderna. Y, por supuesto, sin este modelo tampoco tendríamos ordenadores cuánticos. Objetivamente, y no es en absoluto una exageración, la física cuántica está presente en buena parte de la tecnología moderna. Y con toda probabilidad seguirá estándolo en muchas de las innovaciones que llegarán en el futuro. De eso no cabe la más mínima duda. Al fin y al cabo es la mejor herramienta que tenemos para entender cómo funciona el mundo.

Imagen | Generada por Xataka con Gemini

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Heredar zapatos parece una gran idea para ahorrar. La biomecánica y los podólogos tienen muy claro que es un error

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En muchas familias es bastante común ver cómo el hermano o la hermana mayor da un estirón y deja unas zapatillas o unas botas que parecen prácticamente nuevas sin poder darles uso. Aquí la lógica marca que pueden pasar al hermano más pequeño con el objetivo de que aprovechen el dinero que se ha gastado y no tirar algo que a priori es completamente funcional. Sin embargo, lo que sobre el papel parece una decisión financiera impecable choca frontalmente con la biomecánica infantil y la salud podológica.

Un molde personalizado. La clave del problema no está en el aspecto exterior del zapato, sino en su interior y en la suela. Según explica la podóloga Rebeca Prieto Riaño en un artículo reciente de eldiario.es, un zapato ya usado tiende a estar “moldeado” al patrón de marcha del primer niño.

Aquí hay que entender que cada persona tiene una forma única de caminar y de repartir el peso. Con el uso continuado, el calzado sufre zonas de desgaste específicas que acaban actuando como pequeñas cuñas invisibles, y cuando un segundo niño se pone ese zapato, su pie se ve forzado a adaptarse a una horma y a unas inclinaciones que no son las suyas. 

Es un problema. Esto puede alterar significativamente su pisada, favoreciendo desde problemas biomecánicos hasta lesiones tendinosas y musculares, pasando por las clásicas ampollas o rozaduras por un soporte inadecuado.

Es una recomendación. Pese a que a día de hoy no existen ensayos clínicos, la evidencia directa proviene, sobre todo, de guías clínicas y del consenso de especialistas como el documento Children’s Footwear Advice de la Suffolk Podiatry Paediatrics. 

Pero sí tenemos diferentes estudios biomecánicos que demuestran que el calzado modifica los parámetros de la marcha infantil, incluyendo la velocidad, la longitud del paso, los rangos de movimiento del tobillo y la rodilla, y el patrón de impacto.

La biomecánica. Concretamente, lo vemos en un metaanálisis publicado en 2011 que ya concluía que los zapatos afectan irremediablemente a la marcha de los niños. A esto se suman trabajos experimentales más recientes, como un estudio publicado en Gait & Posture en 2023, que demuestran cómo las alturas asimétricas en el calzado inducen cambios reactivos en la cinemática de la marcha y en la activación muscular.

Va más allá. Además de la mecánica de la marcha, hay un factor dermatológico a tener en cuenta, puesto que las guías de podología pediátrica desaconsejan el calzado de segunda mano por el riesgo de infecciones. Compartir zapatos cerrados que han acumulado sudor y humedad facilita enormemente la transmisión de patógenos cutáneos, especialmente dermatofitos, que son los hongos causantes del pie de atleta. 

La prueba del algodón. ¿Significa esto que debemos tirar automáticamente cualquier zapato que se le quede pequeño a nuestro hijo mayor? No necesariamente, puesto que los expertos en ortopedia infantil y podología establecen como excepción el calzado que ha tenido un uso residual.

Por ejemplo, unos zapatos para una boda que se han usado una tarde, o unas botas de agua que el niño se puso tres veces antes de que le creciera el pie, sí pueden heredarse. La condición indispensable es que no haya signos de adaptación a la pisada previa.

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Mueren integrantes del grupo “The Pond Band” y un DJ tras caída de avión en las Bahamas

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Varios músicos y un DJ son algunas de las víctimas que fallecieron en el accidente de avioneta en Bahamas en la tarde del viernes, confirmó este sábado la Unión de Músicos y Artistas Bahamense (BMEU, por sus siglas en inglés).

“Es con gran pesar que, los directivos y miembros de la BMEU, extendemos nuestras condolencias a las familias, amigos y amigos a las 10 personas que trágicamente perdieron sus vidas en el reciente accidente de avión“, expresó el sindicato en un comunicado.

El BMEU aseguró que entre los fallecidos hay “algunos de los más talentosos y dinámicos miembros de nuestra comunidad del entretenimiento”, que incluyen integrantes de la agrupación “The Pond Band” y el DJ, “cuya pasión, dedicación y habilidad tocaron las vidas de tantos y ayudaron a enriquecer la cultura neta de Bahamas”.

Según informó la Fuerza Policial de Bahamas en un comunicado en sus redes sociales, a eso de las 2:00 de la tarde, hora local, del viernes, una avioneta de la aerolínea Flamingo Air partió desde el Aeropuerto Internacional Lynden Pindling, en el lugar donde ocurrió el accidente, rumbo a San Andros, cuando cayó a un área boscosa.

Varios oficiales de la estación de Policía de Nichols Town fueron despachados, al igual que equipos de rescate, quienes al llegar a la zona del accidente, en el oeste del aeropuerto de North Andros, encontraron la avioneta en llamas.

Un hombre de 24 años de edad fue encontrado con vida y tratado rápidamente por los rescatistas, aunque posteriormente falleció en un hospital debido a las heridas recibidas.

Un equipo de detectives del Departamento de Investigaciones Criminales de la Policía de Bahamas fue enviado a la zona del accidente para colaborar con la pesquisa.

En ese momento, los equipos de rescate y las autoridades continuaron su búsqueda de posibles sobrevivientes, pero encontraron nueve cuerpos calcinados.

Los cadáveres fueron posteriormente llevados a la isla de San Andros para mantenerlos en custodia hasta que sean transportados a una clínica forense para su debida identificación.

De igual manera, oficiales de la Autoridad de Investigaciones de Accidentes Aéreos de Bahamas llegaron hasta la escena para llevar a cabo su investigación independiente.

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Lovecraft lo creó como una broma, pero el Necronomicon ha existido en muchas formas y, de hecho, ha vuelto a las librerías

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En 1922, un joven escritor de Providence introdujo en un cuento un libro maldito que no existía en ninguna biblioteca del mundo. Un siglo después, esa broma privada ha generado sectas reales, denuncias de plagio entre ocultistas neoyorquinos y una nueva edición española de más de 600 páginas. El Necronomicón nunca se escribió, pero se sigue publicando, aunque la insistencia con la que vuelve una y otra vez, desde luego, hace pensar que algún misterio real hay entre sus páginas.

Neonomicón. Duomo Ediciones ha lanzado este verano una nueva edición española del Necronomicón, el libro de magia negra cuyas páginas atormentan a los protagonistas de decenas de relatos tanto de Lovecraft como de muchos de sus discípulos. El volumen reúne en 648 páginas casi todas las menciones al Libro Negro repartidas por la narrativa lovecraftiana, con ilustraciones de Greta Grendel y sin disimular en ningún momento que estamos ante un voluminoso artefacto de ficción. 

La selección corre a cargo del italiano Giuseppe Lippi, que divide el material en tres bloques (el sueño, el mito y el terror) y firma el prólogo, situando al Necronomicón junto a otros libros imposibles de la literatura, como el ‘Quijote’ de Pierre Menard que concibió Jorge Luis Borges o ‘El Rey de Amarillo’ de Robert W. Chambersl. El libro es un auténtico atlas, un mapa de todas las veces que el escritor de Providence decidió citar, de pasada, un libro que nunca estuvo entre sus planes escribir.

Historia del libro que nunca existió. Howard Phillips nombró el Necronomicón por primera vez en ‘El sabueso’, relato escrito en 1922 y publicado en la revista ‘Weird Tales’ en 1924, aunque un año antes ya había citado a su supuesto autor, el árabe Abdul Alhazred, en ‘La ciudad sin nombre’, donde podíamos leer el famoso pareado sobre la muerte que puede morir. En 1927 desarrolló la broma con ‘Historia del Necronomicón’, una cronología apócrifa que sitúa la redacción original del texto en el Yemen del siglo VIII, con traducción al griego hacia el año 950. El autor nunca ocultó la naturaleza inventada del libro: en una carta a Willis Conover llegó a escribir “nunca existió ningún Abdul Alhazred ni Necronomicón: yo inventé esos nombres”.

Lovecraft siguió nombrando el libro a lo largo de su obra. En ‘La fiesta’ (1925) aparece guardado en la localidad ficticia de Kingsport, en una traducción latina atribuida al erudito Olaus Wormius y situado junto a otros títulos ocultistas “legítimos” de la época. En ‘El caso de Charles Dexter Ward’, escrita en 1927 y publicada póstumamente en 1941, es el brujo Joseph Curwen quien guarda un ejemplar propio, y el autor mencionará por primera vez a Yog-Sothoth. El pareado citado en 1921 reaparece, esta vez sí identificado explícitamente como cita textual del Necronomicón, en ‘La llamada de Cthulhu’ de 1928.

Duomo Coberta Lovecraft2 Scaled
Duomo Coberta Lovecraft2 Scaled

Necronomicon superstar. El relato donde el libro alcanza mayor protagonismo es ‘El horror de Dunwich’, de 1929. Allí leeremos la cita más extensa jamás publicada por Lovecraft, tomada directamente de sus páginas. En el relato, Wilbur Whateley busca en vano un ejemplar completo en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic; el bibliotecario Henry Armitage se lo niega, y Whateley muere despedazado por un perro guardián al intentar robarlo. Dos años después, en ‘El que susurra en las tinieblas’, el relato alude al vasto caos que se oculta bajo el nombre de Azathoth, protegido durante siglos por el propio Necronomicón. Ese mismo año (1936), en ‘En las montañas de la locura’, los protagonistas ya lo han leído antes de que empiece la expedición, y es en sus páginas donde encuentran la primera pista sobre los shoggoths.

Necronomicon de verdad. La ficción se convirtió en mercancía real en 1977, cuando la editorial Schlangekraft publicó el llamado Necronomicón de Simon, un pastiche de mitología sumeria y babilónica salpicado de nombres extraídos de los relatos de Lovecraft. Detrás del proyecto estaba Herman Slater, propietario de la tienda esotérica neoyorquina The Warlock Shop, cansado de explicar a sus clientes que el libro de sus fantasías juveniles no existía en ninguna biblioteca. La autoría real se atribuye habitualmente al escritor Peter Levenda, oculto bajo el seudónimo Simon. 

Cuando el libro saltó de la tirada limitada de tapa dura a la edición de bolsillo de Avon Books, William S. Burroughs firmó un texto de acompañamiento en el que pedía que “se revelen los secretos de los siglos”, convencido de que ocultarlos solo beneficiaría a quienes ya los controlaban en privado. Se venía hablando desde hacía tiempo del Necronomicón real: el mago ceremonial británico Kenneth Grant, antiguo secretario de Aleister Crowley, sostenía que Lovecraft había absorbido sin saberlo enseñanzas de sectas ocultistas reales activas en Nueva Inglaterra, y que sus dioses antiguos no eran pura invención sino manifestaciones de fuerzas que un practicante versado podía llegar a invocar.

Al cine que vas. El libro sobrevivió a la muerte de su creador gracias al cine de terror más saltimbanqui y a los comics. En ‘Terroríficamente muertos’ de Sam Raimi, la primera secuela de su ‘Posesión infernal’, el Necronomicón Ex Mortis aparece grabado en una cinta de casete que despierta a un espíritu del bosque . Y Alan Moore y Jacen Burrows dedicaron doce números de ‘Providence’ a reconstruir (entre otras cosas) el origen del libro, como culminación de una trilogía iniciada con ‘The Courtyard’ y ‘Neonomicon’. Todo refritos y variantes que, paradójicamente, no han aniquilado la leyenda del volumen oscuro, sino que lo han mantenido más vivo que nunca.

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