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el Wushang Dream Era es una miniciudad bajo techo
Hay centros comerciales que se recorren. Y hay otros que se habitan. En Wuhan, al sur del río Yangtsé, hay uno tan grande que cuesta ubicarlo en una sola idea. Ni siquiera los locales logran ponerse de acuerdo: unos lo comparan con un parque temático, otros con una ciudad vertical. Quienes ya lo conocen, simplemente lo llaman por su nombre: Wushang Dream Era (武商梦时代).
En realidad, no es solo una cuestión de tamaño, aunque los 800.000 metros cuadrados que ocupa no pasan desapercibidos. Lo que lo convierte en un lugar difícil de abarcar es su ambición. No quiere que pases, quiere que te quedes. Ni siquiera necesitas planear qué hacer: puedes esquiar, probar comida callejera tradicional, montar en una montaña rusa que atraviesa varios pisos o llevar a tus hijos a un parque de nieve sin salir del edificio.
Entre la nieve artificial y las luces de neón: así se vive un día en el Wushang Dream Era
No fue un proyecto improvisado. El Wushang Dream Era es fruto de seis años de obras y muchas ambiciones concentradas. Detrás está uno de los grupos comerciales más veteranos de China, que invirtió 12.000 millones de yuanes (unos 1.500 millones de euros) con una idea clara: levantar el mayor centro comercial “puro” del mundo, según sus promotores, y convertirlo en un nuevo eje cultural, gastronómico y de entretenimiento. Todo eso, en pleno centro de Wuhan, justo donde se cruzan dos de sus calles más transitadas.
Desde que abrió en 2022, el lugar no ha parado de recibir visitantes. Según las cifras del propio grupo, es uno de los espacios más concurridos del país y forma parte del llamado “triángulo dorado” comercial de la ciudad. El lema es claro: aquí no se viene solo a comprar. Se viene a pasar el día, o al menos a intentarlo. Porque con sus 13 niveles, sus 600 tiendas y su parque de nieve bajo techo, no es difícil perder la noción del tiempo.
No hace falta salir al exterior para encontrar emociones fuertes. Dentro del complejo, uno puede esquiar en pistas con nieve o deslizarse por un tobogán helado. Todo eso ocurre en zonas diferenciadas, pero bien integradas: el parque de atracciones WS Dreamland y el espacio WS Snow Miracle, que mantiene un entorno de temperatura controlada todo el año. La empresa asegura que el interior se mantiene a unos -5 °C.


Más que una extravagancia, el centro parece buscar una forma alternativa de ocio urbano. Lo que en otros lugares son planes de fin de semana separados —ir al parque, pasar por una tienda, cenar fuera— aquí se convierte en una experiencia continua. Y si no lo ves, el edificio se encarga de recordártelo: las escaleras mecánicas conectan zonas temáticas, los carteles señalan actividades para niños y adultos, en cada planta hay algo más.
Una de las áreas más singulares del complejo está en el subsuelo. Se llama “Chu Feng Han Wei” y no es solo una calle de comida. Es una recreación completa del Wuhan de los años 80, con carteles antiguos, electrodomésticos de otra época, escaparates con grabadoras, termos esmaltados y televisores de tubo. Algunos visitantes se paran delante con sus hijos y les explican cómo eran las cosas “cuando ellos eran pequeños”. Otros simplemente se sientan a comer.


Varios de los locales que aquí tienen presencia son históricos en la ciudad: desde los fideos con carne de ternera de Lao Wancheng hasta las sopas al vapor de Sijimei. Algunos han adaptado su carta al entorno, con platos exclusivos que solo pueden probarse en esta versión comercial del pasado. A medio camino entre parque temático y feria gastronómica, la zona se ha convertido en uno de los puntos más concurridos del centro.


Quienes prefieren lo nuevo a lo nostálgico también encuentran aquí su terreno. Entre las más de 600 tiendas del centro, varias han sido presentadas como “primeras” en su categoría. Está, por ejemplo, la Sony Store más grande de la región, un espacio que no solo expone productos, sino que permite probarlos con calma. También hay un gran espacio para Huawei, una librería de diseño urbano y hasta un Starbucks con decoración personalizada para Wuhan.


El resultado es un tipo de público que no solo entra por necesidad, sino por curiosidad. Jóvenes que buscan los últimos lanzamientos, aficionados a la tecnología que comparan precios y funcionalidades in situ, visitantes que entran con la idea de “ver qué hay” y terminan haciendo pruebas de sonido, imagen o conectividad como si aquello fuera una feria de electrónica.


Dentro del edificio también hay espacio para innovaciones más visibles. El patrullaje no lo hacen vigilantes a pie, sino empleados que se desplazan en scooters de equilibrio. La información al visitante se centraliza en pantallas interactivas. Y en algunas zonas, la gestión logística incorpora modelos de inteligencia artificial para anticipar necesidades según la hora o el volumen de público. Todo busca lo mismo: que el centro funcione como una ciudad en miniatura, con sus propias reglas, horarios y rutinas.
A estas alturas, es difícil encasillar al Wushang Dream Era. ¿Es un centro comercial? Sí, pero también es un parque temático, una galería urbana, un experimento arquitectónico y un lugar al que muchos acuden sin intención de comprar nada. Puede que ahí resida su éxito: en haber convertido un espacio pensado para el consumo en algo más parecido a una cápsula urbana donde pasar el día, ver cosas o compartir tiempo.
Imágenes | Gobierno de Hubei | Wushang Group
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Bruselas dice que dos tercios de la que se comercializa en Europa tiene problemas
En 2022, la Comisión Europea hizo un estudio sobre las especias más populares del mercado. La radiografía fue desoladora: el fraude estaba a la orden del día. Más aún, era algo extremadamente común. Hablamos de la pimienta, el comino, la cúrcuma el azafrán o el pimentón.
Aquello fue un escándalo descomunal y la misma Comisión pidió a los Estados Miembros que reforzaran los controles. Lo que pasó después no puede sorprender a nadie.
Hablemos de la canela. En 2023, la canela fue la quinta especia más importada en la Unión. En septiembre de 2025, el servicio de ciencia y conocimiento de la Comisión (el Joint Research Centre) analizó más de un centenar de muestras de canela comercializadas en una decena de países de la Unión Europea.
¿El resultado? Más del 66% de las muestras analizadas tienen problemas.
¿Qué les pasan? Pues o bien infringen la normativa internacional de calidad o la legislación de seguridad alimentaria de la Unión Europea. Algunas presentan indicios de fraude, otras una elevada cantidad de plomo y algunas más superan los límites legales de cumarina (una sustancia que, aunque natural, resulta potencialmente tóxica para el hígado).
Eso sin contar con el fraude, claro. Hasta el 9% de las muestras etiquetadas como canela de Ceilán fueron sustituidas total o parcialmente por canela de Cassia, “una alternativa más barata y de menor calidad, con sabor más fuerte y que contiene cumarina de forma natural”.
Lo que podemos hacer. Eso es lo peor. A juzgar por los resultados del JRC, podemos hacer poco con los medios que tenemos ahora mismo. “El tipo de irregularidades detectadas en la canela, incluidas las prácticas fraudulentas, es diverso y no puede abordarse con una única técnica analítica, por lo que se necesitan métodos estandarizados”, dice la Comisión.
Tomarse en serio el problema, conllevaría tomar cartas en el asunto.
Sobre todo, porque la alta tasa de muestras irregulares de canela en el mercado europeo indica que “todos los actores del sector, desde los responsables políticos hasta los laboratorios de control y los fabricantes, deben prestar atención”.
Una versión de este artículo fue publicado en 2025
Imagen | Michael Collett
En Xataka | Parece miel, huele a miel, sabe a miel, no es miel: el fraude en las importaciones que asola a Europa
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El Rin se está quedando sin agua por las olas de calor. Y eso es un desastre logístico y energético para Europa
Una nueva ola de calor extremo está golpeando el corazón del continente europeo, y las consecuencias van mucho más allá de los récords en los termómetros o el hecho de ver vías de tranvía levantadas. El río Rin, la autopista fluvial más importante de Europa occidental, está viendo cómo sus niveles de agua caen en picado y el resultado es que se está generando un cuello de botella logístico que amenaza el suministro de combustible y de materias primas fundamentales para Europa.
La preocupación. La voz de alarma se ha comenzado a dar cuando se ha detectado que las barcazas que navegan por el río apenas pueden cargar la mitad de su capacidad, poniendo en jaque el suministro de una parte importante de Europa. Y todo por culpa de estas olas de calor que estamos viviendo en Europa.
Para entender la magnitud del problema, hay que mirar cómo funciona la navegación interior, puesto que el Rin no se limita a la foto de agua cruzando Alemania, Francia, Suiza y Países Bajos, sino que es una arteria industrial. Literalmente, a través de este río se transporta carbón para las centrales térmicas, productos químicos para gigantes industriales, petróleo o componentes de automoción.
La sequía. Cuando el caudal del río comienza a bajar, la profundidad de este también disminuye, y esto choca con las embarcaciones que tienen un umbral crítico. Esto quiere decir que, si el agua baja de cierto nivel en puntos clave como el famoso cuello de botella de Kaub en Alemania, los capitanes se ven obligados a reducir drásticamente su carga para evitar encallar con el fondo del río.
Esto hace que cargar el 50 o incluso el 30% de la capacidad del barco no sea una exageración, sino una necesidad física. Esto va desencadenando un efecto dominó que hace que, si un barco lleva la mitad de la carga, se necesite un segundo para hacer el mismo trabajo. Y como no hay barcos infinitos, los precios del transporte se disparan y las mercancías o no llegan a tiempo o se encarece mucho su precio.
No es solo el Rin. Aunque las cifras exactas del impacto siempre deben tomarse con cautela porque varían mucho dependiendo del tramo del río y del tipo de embarcación, el diagnóstico general es incontestable. Aquí el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea ha estudiado a fondo cómo las limitaciones por los bajos niveles de agua impactan en los ríos europeos.
Su marco científico explica perfectamente el colapso actual, puesto que los niveles bajos no solo reducen la capacidad de carga, sino que alteran por completo los flujos logísticos continentales, aumentando drásticamente los costes operativos.
Las razones. Aquí las diferentes instituciones tienen claro que el problema radica en la escasez de lluvias en primavera y la menor cantidad de nieve acumulada en los Alpes durante el invierno, que hacen que el río pierda su “reserva” natural para el verano.
Pero además, el Rin se está calentando de forma evidente. Esto no solo tiene efectos económicos claros, sino también graves impactos ecológicos en la fauna del río, lo que a su vez obliga a imponer restricciones adicionales.
La nueva normalidad. Lo que estamos viendo este año no parece un evento que se quede en una simple anécdota que contar a nuestros nietos, sino que las diferentes evidencias apuntan a que ver el caudal bajo será cada vez más frecuente debido al cambio climático.
La solución que se plantea pasa por el uso de la IA para predecir exactamente cuándo veremos estos caudales tan bajos para optimizar la cadena de suministros, o simplemente construir barcos de fondo plano y mejor calado para poder seguir transportando carga cuando el río esté a niveles aún más bajos de caudal.
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Con olas de calor cada vez más frecuentes, podría darse más importancia al arbolado urbano
El asfalto irradia calor, el aire se vuelve denso y los termómetros se disparan, y cualquiera que haya caminado por una gran ciudad en pleno verano conoce la diferencia abismal entre cruzar una plaza de hormigón a pleno sol y refugiarse bajo el dosel de un parque arbolado. El problema es que, durante décadas, el urbanismo moderno ha tratado a los árboles y zonas verdes como mero “mobiliario urbano” o un adorno prescindible para embellecer las calles.
Un gran cambio llega con la emergencia climática que tenemos encima de nuestras cabezas, y la comunidad científica apunta a la necesidad de hacer un cambio de paradigma radical. Proponen concretamente que los bosques urbanos ya no se vean como algo meramente decorativo, sino que deben ser protegidos y financiados con la misma prioridad que la red eléctrica, el alcantarillado o las telecomunicaciones.
Bajo investigación. Un ensayo publicado a principios de mes en PLOS Climate ha puesto los puntos sobre las íes tras años de evidencia científica y lanza una petición a los gobiernos para que legislen sobre los bosques urbanos, considerándolos como una infraestructura esencial para la resiliencia climática.
Este posicionamiento, que funciona como una hoja de ruta, no surge de la nada, sino que se alinea de forma directa con las advertencias más serias de los últimos años, incluyendo el 6.º Informe de Evaluación del IPCC. En este documento, las Naciones Unidas ya señalaban la planificación urbana sostenible y las infraestructuras verdes (como parques, bosques urbanos y cubiertas vegetales) como medidas clave e insustituibles de adaptación y mitigación frente al calentamiento global.
Nuestros escudos. Para entender por qué los científicos urgen a blindar legalmente los árboles, basta con mirar los datos físicos. Como recoge una reciente revisión académica sobre los bosques urbanos como “soluciones basadas en la naturaleza”, la presencia de masa forestal en las ciudades ataca directamente dos de los peores síntomas del cambio climático, que son las olas de calor y las lluvias torrenciales.
Esto se debe a que los árboles mitigan el temido efecto “isla de calor urbana” mediante la evapotranspiración y la sombra térmica, reduciendo drásticamente la temperatura superficial. Al mismo tiempo, actúan como esponjas gigantes al actuar como estructuras críticas en la regulación de las aguas pluviales, en la prevención de las inundaciones catastróficas y actúan como filtros naturales que mejoran la calidad del aire.
Salud pública. El impacto del arbolado va mucho más allá de la termodinámica, puesto que diversos estudios recopilados en publicaciones como el publicado en ScienceDirect han demostrado que la falta de árboles es, literalmente, un problema de salud pública.
Por ejemplo, un artículo publicado en 2023 desgranó los mecanismos fisiológicos, psicológicos e inmunológicos por los cuales las ciudades verdes transforman nuestra salud, reduciendo el estrés crónico y mejorando nuestra respuesta inmune. Pero impactante aún es la evidencia sobre biodiversidad y salud cardiovascular, ya que la evidencia nos apunta a que estar expuestos a ecosistemas urbanos diversos reduce la incidencia de enfermedades cardiacas.
Los expertos. Daniel Jato, profesor en Ingeniería y Gestión Ambiental de la UIV, apuntaba en declaraciones a SMC que “en el contexto actual, marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, intensas y tempranas, quizá podría haberse enfatizado aún más el papel del arbolado urbano”.
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