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EEUU temía un boicot a su sector turístico. Ya tiene un primer cálculo y muestra un agujero de 12.500 millones de dólares
El “Make America Great Again” promete salirle caro a la industria turística estadounidense. Cumplidos los 100 primeros días del mandato de Trump y tras un arranque de año marcado por la guerra arancelaria, la agresiva política migratoria de Washington y su distanciamiento de aliados históricos, como Canadá o la UE, el turismo de EEUU afronta turbulencias. El último informe del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), con sede en Londres, vaticina que la desconfianza de los viajeros extranjeros le costará al país alrededor de 12.500 millones de dólares.
Y la cifra va con recado incluido.
“Esta es una llamada de atención al Gobierno de EEUU”, advierte la WTTC.
¿Qué ha pasado? Que el WTTC, un foro que aglutina a la industria turística privada, acaba de arrojar un jarro de agua fría a las expectativas del sector en EEUU. Y la razón es muy simple: según las previsiones de sus técnicos este año las agencias de viajes, hoteles, restaurantes y demás negocios que dependen del turismo ingresarán muchos menos dólares salidos de bolsillos extranjeros.
Para ser más precisos el WTTC habla de una pérdida de unos 12.500 millones de dólares en gasto de visitantes extranjeros, una “suma asombrosa”, apostilla.


¿De dónde sale ese dato? El organismo no aclara cómo lo ha calculado, pero sí aporta algo de contexto. Según sus datos en 2024 los visitantes internacionales que llegaron a EEUU se gastaron unos 181.000 millones de dólares. Si se cumplen sus previsiones, en 2025 la cifra se quedará en “algo menos de 169.000 millones”. Se trata de un pronóstico que podría variar si lo hacen las circunstancias que han motivado ese desplome del gasto, pero a priori deja dos malas lecturas.
El primero es una caída interanual de casi el 7%. El segundo es que la industria turística de EEUU se aleja del dato que manejaba en 2019, antes de la pandemia. El WTTC calcula que durante ese ejercicio los visitantes extranjeros generaron un flujo de ingresos de cerca de 217.400 millones de euros que impulsaron la creación de empleo en el país. “Hoy ese legado está en peligro”, advierte el organismo en un comunicado en el que envía un par de recados al Ejecutivo de Donald Trump.
¿Por qué es importante? Por el peso del turismo en la economía estadounidense y las amenazas que afronta. EEUU es uno de los principales destinos del mundo. Su Departamento de Comercio calcula que el año pasado recibió unos 72,4 millones de visitantes internacionales que contribuyeron a que el sector del turismo y los viajes aportase, en su conjunto, 2,36 billones de dólares a la economía nacional y generase más de 20 millones de empleos. La propia administración se beneficia de esa actividad vía ingresos fiscales.
El problema es que la inmensa mayoría de ese gasto turístico (casi el 90%) no partió de visitantes de otros países sino del mercado doméstico, de viajeros que se movieron a nivel nacional, dentro del país. Para el WTTC ese porcentaje supone en cierto modo un desafío. “Esta fuerte dependencia del turismo local enmascara una grave vulnerabilidad: el verdadero crecimiento reside en el mercado internacional, y EEUU está perdiendo su liderazgo”, advierten. España deja un buen ejemplo: el flujo de turistas extranjeros se mueve en niveles récord mientras cae el doméstico.
¿Hay algo más? Sí. Las previsiones del WTTC contradicen enfrían las que manejaba hace no tanto la Oficina Nacional de Viajes y Turismo de EEUU (NTOO), que esperaba que el flujo de visitantes internacionales a EEUU aumentase un 6,5% entre 2024 y 2025 hasta alcanzar los 77,1 millones. En 2026 incluso confiaba en alcanzar los 85 millones, lo que superaría los datos previos a la pandemia. Para 2027 preveía un nivel de gasto de 279.000 millones de dólares, bastante por encima de lo que pronostica ahora el WTTC para este ejercicio.
¿Son todo previsiones? No. El estudio del WTCC cita datos de marzo del Departamento de Comercio de EEUU que ya revelan una contracción en el flujo de turistas internacionales. En concreto muestra un “pinchazo” interanual del 15% en el mercado británico, de más del 28% en Alemania, casi un 15% en Corea del Sur y de entre el 24 y 33% en “otros mercados clave”, como Colombia o España.
“Como era de esperar, el mercado canadiense se está agotando: las reservas a principios de verano han bajado más de un 20% respecto al año pasado”, añade el WTTC, que asegura que en general el país está recibiendo menos visitantes tanto de sus vecinos como de naciones lejanas, “un claro indicador de que el atractivo global de EEUU disminuye”. El organismo asegura que es el único destino de los 184 analizados que encara el ejercicio 2025 con una previsión a la baja.
¿Y cuál es la razón? El diario The New York Times recuerda que en 2024 el gasto de viajes en EEUU ya se mantuvo por debajo de los valores previos a la crisis sanitaria, básicamente por la fortaleza del dólar y su influencia en los presupuestos de los turistas llegados de otros países. La situación es hoy bastante distinta. Tanto en lo que se refiere a la divisa como al contexto geopolítico, que explica para el WTTC lo que le está ocurriendo al turismo extranjero en Estados Unidos.
“La mayor economía del mundo en viajes y turismo va por mal camino, no por la falta de demanda, sino de acción. Mientras otras naciones extienden la alfombra roja de bienvenida, el Gobierno estadounidense cuelga el cartel de ‘cerrado'”, zanja Julia Simpson, directora ejecutiva del WTTC. “Si no se adoptan medidas urgentes para restablecer la confianza de los viajeros, EEUU podría tardar varios años en volver a los niveles de gasto de visitantes internacionales previos a la pandemia”.
¿Es algo imprevisto? No del todo. La guerra arancelaria, el choque de Washington con Dinamarca, Canadá o México y sobre todo las detenciones en las fronteras y la confusión con los visados lleva ya algún tiempo afectando al flujo de viajeros a EEUU. De hecho se habla de un boicot que se extiende más allá del turismo, a la industria y el comercio. La Administración de Comercio Internacional de EEUU ya registró en marzo que el número de visitantes europeos que pasaron al menos una noche en el país había caído un 17% con respecto al año pasado.
El dato podría explicarse en parte por el efecto de la Semana Santa (en 2024 coincidió en mazo, en 2025 en abril), pero llega acompañado de otros indicadores y señales. Financial Times elaboró hace poco un gráfico que muestra cómo el flujo de viajeros con destino a EEUU ha “pinchado” también desde Australia, Noruega, Reino Unido o Suiza y el grupo hotelero francés Accor SA reconoce que las reservas europeas para visitar este verano la nación se han desplomado cerca de un 25%.
Imágenes | Bernd 📷 Dittrich (Unsplash) y Zoshua Colah (Unsplash)
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El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar
Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.
El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.
Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.
Un gigante que no quiere ocultar el océano
Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.
Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante
Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.
Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.
La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.
Imágenes | Carnival
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El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar
Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.
El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.
Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.
Un gigante que no quiere ocultar el océano
Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.
Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante
Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.
Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.
La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.
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Aplazan la segunda parte de “The Batman” de Robert Pattinson; se estrenará hasta febrero de 2028
EFE.- La segunda entrega de “The Batman”, protagonizada por Robert Pattinson, aplazó su fecha de estreno una vez más hasta el 18 de febrero de 2028.
“The Batman Part II”, dirigida por Matt Reeves (“War for the Planet of the Apes”), tenía previsto llegar a los cines el 1 de octubre de 2027.
La película ya había sufrido otros cambios en su calendario de estreno. Inicialmente, DC Studios había fijado su lanzamiento para el 3 de octubre de 2025, pero las huelgas de Hollywood de 2023 obligaron a retrasar la producción y posponer su estreno al 2 de octubre de 2026.
Posteriormente, la fecha volvió a modificarse al 1 de octubre de 2027, antes del nuevo aplazamiento anunciado este martes.
Reeves dio a conocer la nueva fecha junto con las primeras imágenes de la película, publicadas en Vimeo. En el breve video se observa a Pattinson caracterizado como Batman durante una noche lluviosa; el personaje permanece inmóvil mientras gira hacia la cámara, con una patrulla visible a lo lejos y el sonido de una radio policial de fondo.
El director coescribió el guion de la secuela con Mattson Tomlin (“Terminator Zero”), y en la película también participarán Scarlett Johansson, Sebastian Stan, Charles Dance, Brian Tyree Henry y Sebastian Koch.
La primera película de “The Batman” recaudó en 2022 más de 772 millones de dólares a nivel mundial y logró el segundo mejor estreno de la pandemia con 134 millones de dólares a nivel nacional.
La película de Reeves no es la única que ha sufrido cambios en su estreno, Warner Bros. también anunció que “The Great Beyond” de JJ Abrams cambió su lanzamiento del 12 de noviembre de 2026 al 1 de octubre de 2027.
Por su parte, “Panic Carefully”, de Sam Esmail, retrasó su estreno del 26 de febrero de 2027 al 9 de abril del mismo año, mientras que “Revenge of La Llorona” también fue desplazada a esa fecha tras estar programada inicialmente para febrero.
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