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La fiebre por el vino francés llevó a los magnates chinos a comprar castillos en Burdeos. Ahora se deshacen de ellos
En 2008 el Château Latour Laguens, una bodega situada en la región vinícola de Entre-Deux-Mers, en el suroeste de Francia, fue noticia dentro y fuera del país. Sobre todo dentro. Su edificio neomedieval y almenado y las 30 hectáreas de viñedos que lo rodean pasaron a manos de un holding chino que lo compró a cambio de una pequeña fortuna. Se hablaba de un millón de euros. En una crónica en la que presentaba la operación como “una primicia para la viticultura gala”, Le Figaro apuntaba incluso al doble: dos millones de euros.
A finales de 2024 el château volvió a ser noticia, aunque por una razón distinta: volvía a estar en venta, aunque el precio de salida, sin contar las vides, era de 150.000 euros. En su día Latour Laguens fue un símbolo del interés chino por el vino de Burdeos. Ahora lo es por lo contrario.
Burdeos con sello chino. La venta del château de Entre-Deux-Mers (allá por 2008) despertó interés, más que por la operación en sí o su importe, por lo que representaba. Había dos buenas razones para ello. Primero, el castillo producía cada año unas 160.000 botellas de vino con la denominación de origen Bordeux-Bordeux Supérieur. Segundo, la compra no fue fruto de un capricho estrafalario de un millonario asiático. Al contrario. Reveló el interés de China por los vinos galos y su deseo de entrar de lleno en el negocio.


¿A quién no le va a gustar un château? AFP calcula que a la operación de Latour Laguens le siguieron otras muchas. Muchísimas. La agencia francesa habla de más de 200 fincas del sudoeste de Francia, conocida por los viñedos de Burdeos. Durante años los inversores chinos parecieron fascinados por las bodegas y las oportunidades de negocio que les brindaban. Las buenas expectativas atrajeron a nombres como el magnate inmobiliario Edwin Cheung; Richard Shen Dongjun, dueño de una cadena de joyerías; o Jack Ma, fundador de Alibaba.
En agosto de 2016 Financial Times estimaba que los chinos habían adquirido ya un centenar y medio de fincas de Burdeos, protagonizando buena parte de las ventas de viñedos que se cerraban cada año con elegantes castillos. En 2019 South China Morning Post aseguraba que eran ya 175 las bodegas de Burdeos adquiridas por inversores chinos en cuestión de nueve años. Alguna operación (como la de la venta de un château del siglo XII en una de las principales DO de Borgoña) incluso levantó ampollas entre los vinicultores locales.
Pero… ¿Por qué ese boom? ¿Por qué los magantes chinos compraban viñedos, bodegas y castillos de Burdeos? ¿Qué buscaban? Esa misma pregunta se la hacía antes de la pandemia la prensa asiática y su respuesta era clara: diversificación de carteras con activos respaldados por euros y el deseo de sacar tajada de las exportaciones de botellas. Eso sin contar con el prestigio social que daba tener una bodega gala.
“Reconocen que China representa un nuevo y vasto mercado para la demanda de vino”, señalaba el responsable de una firma habituada a mediar en compras de viñedos con inversores asiáticos. Las cifras eran desde luego prometedoras.
En 2016 había estudios que apuntaban que en 2025 unos 300 millones de chinos estarían dispuestos a pagar entre 30 y 50 euros por una botella de Burdeos, lo que no está nada mal si se tiene en cuenta que sumados impuestos y la factura del envío a China el precio de coste era de entre siete y 10 euros. Una agencia explicaba a Financial Times que habría fincas que quedarían amortizadas en dos o tres años.
De los planes a las cifras. La realidad resultó ser algo más compleja. Para empezar por la deriva de la demanda china de vino. Las tablas de Statista muestran que, aunque en 2023 el país consumió 680 millones de litros, lo que lo convierte en uno de los grandes mercados del mundo, sus datos se han ido alejando del pico de consumo de 2017, previo a la pandemia.
En un contexto de caída de consumo de vino a nivel mundial, el de China se contrajo además de forma pronunciada, un 24,7%. Los dos últimos ejercicios tampoco han sido buenos para el sector vinícola francés en lo que a exportaciones se refiere, en parte por la caída en las importaciones de China, que en 2024 anotó un descenso interanual de cerca del 20%.
Fin del “espejismo” chino. En junio Le Monde hablaba directamente del “fin del espejismo chino para los vinos de Burdeos”, un cambio en el mercado que se explica con un dato clave: las importaciones de vinos extranjeros en el gigante asiático se contrajeron más de un 60% entre 2017 y 2023. La caída además ha sido especialmente pronunciada desde 2022.
¿El motivo? China se ha convertido en un país productor con miles de hectáreas y en el que se demanda la uva nacional. En juego entran además algunos factores culturales. “A los chinos no les gusta el vino, no es más complicado que eso”, zanja el dueño de una bodega de Médoc. En su opinión su mercado se inclina más por el alcohol de arroz o cerveza. Sigue siendo inmenso y valioso para los caldos exclusivos, pero el peso del vino en el consumo chino es bajo.


¿Es el único motivo? No. Para entender lo ocurrido a lo largo de los últimos años en Francia, tras el desembarco de inversores chinos, hay que manejar más claves. En la ecuación entran también los cambios impulsados por Pekín relacionados con las inversiones en el extranjero o un cálculo equivocado de partida sobre los costes que implica gestionar hectáreas de viñedos y una bodega en Francia. Las autoridades del país han confiscado además nueve châteaux vinícolas adquiridos en su día por Naijie Qu tras su condena por blanqueo.
“Los europeos razonan en términos de generaciones. Los inversores chinos piensan en ciclos de cinco años, tras los cuales es bastante normal vender”, apunta el financiero hongkonés Hugo Tian a AFP. Otro experto, Benoit Lechenault, coincide en que hubo inversores que perseguían “un rendimiento inmediato” elaborando vino por menos de cinco euros para venderlo a 20 o 100, en ocasiones “sobreestimando” sus propias posibilidades y “subestimando” los costes.
Otra cifra: 50 châteaux. El resultado es que la realidad tiene hoy poco que ver con la de hace unos años. En Francia sigue habiendo inversores chinos optimistas y con visión a largo plazo, pero el pasado otoño AFP y cadenas francesas como BFMTV o Europe1calculaban que, tras el boom inicial, había empresarios deshaciéndose de sus viñedos. En concreto hablaban de cerca de 50 châteaux de Burdeos a la venta. La misma cifra compartía hace unos días Li Li-juan, comerciante de vinos, con el medio suizo Watson: medio centenar de bodegas de Burdeos “chinas” buscan ahora comprador.
El escenario es complejo, porque como reconocen desde el propio sector, el “espejismo” chino hizo algo más que engordar las expectativas sobre las posibilidades de las exportaciones. Hace unos meses el dueño de Château Branaire-Ducru explicaba que el mercado chino ha “enmascarado” la “sobreproducción” de vino de la región de Burdeos. “Tan pronto como China dejó de importar, Burdeos se vio gravemente afectado por su excedente estructural de vino”, confiesa.
Imágenes | Olive Titus (Flickr) 1 y 2 y Dominique Garcin-Geoffroy (Flickr)
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Los países están intentando evitar la acumulación de riqueza de los millonarios tecnológicos. La Antigua Roma también lo intentó
La concentración de riqueza en unas pocas manos que hoy vemos en los milmillonarios tecnológicos no es un fenómeno nuevo. Hace más de dos mil años, la Antigua Roma se enfrentó exactamente al mismo dilema que hoy preocupa a los gobiernos de todo el mundo: unos pocos ricos acumulaban tierras y recursos, mientras la mayoría de ciudadanos se empobrecía hasta rozar la miseria.
Un joven político llamado Tiberio Sempronio Graco creyó encontrar la solución para redistribuir la riqueza que acumulaban los patricios romanos: su idea le costó la vida.
A mediados del siglo II a.C., tras destruir Cartago y Corinto, Roma se había convertido en la potencia dominante del Mediterráneo. Sin embargo, esa expansión no enriqueció a todos por igual.
Para los campesinos romanos más humildes, trajo una crisis social devastadora. Los pequeños propietarios, que durante siglos habían cultivado sus tierras y servido en las legiones romanas, se vieron desplazados por grandes latifundios explotados con mano de obra esclava traída de los nuevos territorios conquistados.
Las largas campañas militares habían impedido a los soldados campesinos regresar a tiempo para las cosechas de sus tierras, lo que afectaba a las economías de sus familias. Además, a su vuelta descubrían que sus tierras habían sido expropiadas por los millonarios aristócratas de Roma.
Tiberio Sempronio Graco, nieto de Escipión el Africano, el general que derrotó al cartaginés Aníbal, y heredero de una de las familias más poderosas de Roma, tenía garantizado un brillante futuro político. Sin embargo, en el año 133 a.C., siendo elegido tribuno de la plebe, decidió proponer una reforma agraria con la que intentó redistribuir las enormes fortunas que habían acumulado los terratenientes romanos. Algo similar a lo que está intentando hacer California y otros países en todo el mundo.

Tiberio Sempronio Graco
Con esta medida, Graco se estaba enfrentando directamente a su propia gente dado que él mismo procedía de una familia acomodada. Su ley establecía que ningún ciudadano podría poseer más de 500 iugera (unas 125 hectáreas) de tierra pública, el llamado ager publicus.
Las parcelas que excedieran ese límite serán expropiadas y entregadas a los campesinos sin tierra. Una medida que, de facto, terminaba con los grandes latifundios en manos de los romanos más ricos. El objetivo de la medida era doble: devolver la solvencia económica al pueblo romano y garantizar que Roma tuviera suficientes ciudadanos con patrimonio para nutrir sus legiones, ya que solo los propietarios podían servir como soldados.
Haciendo amigos entre los más ricos
Según las fuentes antiguas de Plutarco, escritas entre los años 96 dC y 117 dC, Tiberio no buscaba una iniciar una revolución contra los ricos, sino restaurar viejas leyes republicanas que habían caído en desuso.
Para defender su reforma, Tiberio pronunció discursos frente al empobrecido pueblo de Roma. En uno de sus más famosos, que fue recogido por Plutarco, el joven tribuno declaró: “Sus generales les engañan cuando, en las batallas, los animan a luchar por los templos de sus dioses y por las tumbas de sus padres. Esto se debe a que, de un gran número de romanos, ninguno tiene su propio altar doméstico o tumba familiar. Luchan y mueren para alimentar la opulencia y el lujo de otros, y, cuando dicen ser dueños del mundo entero, ni siquiera poseen un pedazo de tierra”.
El Senado, dominado por los grandes terratenientes, intentó bloquear la reforma por todos los medios. Persuadieron a otro tribuno llamado Octavio para que vetara la propuesta, pero Tiberio respondió con una maniobra audaz y sin precedentes: promovió que la asamblea destituyera a Octavio por actuar contra los intereses del pueblo.
La reforma finalmente se aprobó y se aplicó repartiendo los grandes latifundios de los terratenientes entre los campesinos romanos. Sin embargo, cuando Tiberio intentó presentarse para un segundo mandato como tribuno, una práctica entonces considerada contraria a la tradición romana, la aristocracia decidió que había llegado demasiado lejos.
Según recoge la documentación histórica, durante las elecciones en el Capitolio, un grupo de senadores liderados por el pontífice máximo Escipión Násica, pariente del propio Tiberio, irrumpió con un grupo de seguidores armados con garrotes y con las patas de sillas arrancadas de la Curia. En el lugar sagrado, donde no estaban permitidas las espadas, apalearon hasta la muerte a Tiberio y unos 300 de sus seguidores. Su cuerpo fue arrojado al río Tíber sin permitir que su familia le diera sepultura.

Muerte de Tiberio Graco
Diez años más tarde, en el 123 a.C., el hermano de Tiberio, Cayo Sempronio Graco, retomó la causa iniciada por su hermano con un programa aún más ambicioso.
Cayo aprobó la Lex Frumentaria, que obligaba al Estado a distribuir trigo entre la plebe a precios por debajo del mercado, sentando las bases del sistema de subsidios alimentarios que perdurarían siglos.
También propuso extender la ciudadanía romana a los pueblos itálicos que luchaban en las guerras de Roma pero no gozaban de sus beneficios. El Senado utilizó tácticas populistas advirtiendo que los extranjeros italianos reducirían las ayudas a los ciudadanos romanos, y cuando Cayo perdió apoyo popular, fue perseguido hasta el Monte Aventino en los alrededores de Roma, donde ordenó a su fiel esclavo Filócrates que le asesinara. Junto a él murieron cerca de 3.000 de sus partidarios.
El legado que sobrevivió a la violencia
Aunque el Senado asesinó a ambos hermanos, no pudo borrar su legado. Las reformas que los Graco habían propuesto serían finalmente implementadas décadas después por mandato de Julio César, quien contaba con un ejército poderoso que le protegía de sufrir la misma suerte.
Los historiadores Plutarco y Apiano, dejaron constancia de lo sucedido con los hermanos Graco siglos más tarde, ambos coincidieron en retratar a Tiberio como un político de ideas sólidas que miró hacia el pasado de Roma para encontrar soluciones a los problemas que sufría su pueblo.
Paradójicamente, aunque la historia de los hermanos Graco sucedió hace más de 2.000 años, podríamos encontrar referencias muy similares en la actualidad con solo echar un vistazo rápido a las noticias.
Imagen | Wikimedia Commons (Lodovico Pogliaghi, Guillaume Rouille, Eugène Guillaume)
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una startup rusa ha hackeado sus cerebros para convertirlos en drones con alas
Nada más a priori inocente que una paloma sobrevolando los edificios de una ciudad o posada en una plaza. O no, porque además de ser un habitante más de las ciudades (a veces en exceso, lo que llega a ser un problema), las palomas se han usado como discretas mensajeras express desde las antiguas civilizaciones sumerias y egipcias. Y también en escenarios bélicos: en la Primera Guerra Mundial, el ejército de Estados Unidos creó un servicio de palomas mensajeras llamado United States Army Pigeon Service para mensajería táctica cuando todo lo demás fallaba o estaba destruido. Ahora la startup rusa Neiry asegura haberles dado una vuelta de tuerca más: ha convertido las palomas en drones biológicos.
Un electrodo en el cerebro. Lo que empresa rusa propone no es biomimetizar un drone para que se asemeje a una paloma, sino convertir este animal en un vector de transporte equipándolo con interfaces neuronales implantadas. Más concretamente, implantan electrodos en el cerebro, que luego se conectan a un estimulador conectado en la cabeza. Esto es, una especie de GPS que habla con el cerebro del ave.
Explica Neiry que la interfaz proporciona una leve estimulación a ciertas regiones cerebrales, provocando así que el ave prefiera (artificialmente) una dirección determinada. Por lo demás, el ave se comporta de forma natural. Este sistema no sustituye la voluntad del ave, sino que sesga su sentido de la orientación para seguir rutas preestablecidas.
¿Por qué aves? Según la startup rusa, el objetivo es usar portadores biológicos en situaciones donde los drones tienen limitaciones en el alcance, el peso u otras como que sea un área restringida. Alexander Panov, CEO de la empresa, explica que las aves pueden maniobrar en entornos complejos, volar durante largos periodos y operar en lugares donde los drones están restringidos, como recoge Bloomberg.
Cualquiera que haya manejado un drone sabe que hay un elemento crítico: la batería. A diferencia de los vehículos aéreos no tripulados, a una paloma no hace falta cambiarle la batería ni requiere de aterrizajes frecuentes: su naturaleza le confiere de todo lo necesario para ejecutar un vuelo de largo recorrido. Millones de años de evolución hacen que un pájaro le de mil vueltas en estabilización de vuelo y eficiencia energética a un drone comercial cualquiera y sus los 20 minutos de batería. De hecho, hasta 400 kilómetros al día sin paradas.
Palomas con mochila. En los vuelos de prueba que Neiry ha llevado a cabo con estas paloma – drones, las aves iban ataviadas con esa interfaz neuronal, además de una pequeña mochila con el controlador, paneles solares montados en el lomo y una cámara. Desde luego, sin dar tanto el cante como un drone, desapercibidas no pasaban, como puede verse en el vídeo que ha suministrado la compañía.
Las palomas son solo el principio. Panov ha explicado que aunque en la actualidad se centran en las palomas, “se pueden utilizar diferentes especies según el entorno o la carga útil”. Bloomberg se hace eco de otras implantaciones similares, como al cerebro de las vacas para NeuroFarming, de modo que estas produzcan más leche. Y un objetivo final bastante espeluznante: “crear la próxima especie humana después del Homo sapiens: el Homo superior”.
Posibles aplicaciones. Tras las pruebas, la empresa asegura que el sistema está listo para su puesta en marcha práctica. Según Neiry, no tienen planes para utilizar estas aves con fines militares pese a que en un escenario bélico o de vigilancia su uso es disruptivo: los radares están programados para filtrar la fauna alada como ‘ruido’ o falsos positivos. En pocas palabras: pasarían desapercibidas.
Entre las ideas de uso donde le ven salida está la inspección de infraestructuras, el apoyo a la búsqueda y rescate, la observación costera y ambiental o la monitorización de zonas remotas en lugares como Brasil o la India.
Dónde queda la ética. Los drones mecánicos son más fáciles de controlar, son capaces de transportar cargas mayores y obviamente, no necesitan ni alimentarse ni van a defecarte. Y eso sin hablar de las implicaciones éticas de alterar el comportamiento de un animal. Gizmodo detalla que tras la cirugía para la implantación del chip, las palomas están casi listas para echar a volar, de modo que el riesgo “es bajo para la supervivencia de las aves”.
Eso sí, la startup no ha proporcionado revisiones independientes de terceros, lo que hace que especialistas se cuestionen las implicaciones éticas de su tecnología. La bioeticista y profesora de derecho en la Universidad de Duke Nita Farahany afirma que “Cada vez que usamos implantes neuronales para intentar controlar y manipular a cualquier especie, resulta repugnante”.
Portada | sanjiv nayak y Andreas Schantl
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