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un sistema de IA procesará un aluvión de datos
Madrid y otras partes de España se están llenando de cámaras con inteligencia artificial (IA). El Ayuntamiento de la mencionada ciudad lleva tiempo ampliando su ambicioso sistema de videovigilancia, centrándose en puntos de gran afluencia de la vía pública. Pero la expansión de estas tecnologías no se detiene ahí. En paralelo, Renfe está desarrollando un sistema de seguridad inteligente, donde los algoritmos juegan un papel clave.
Cámaras en más de 400 estaciones de Cercanías. La empresa de transporte ferroviario ha finalizado la instalación de un sistema de videovigilancia inteligente en 415 estaciones de Cercanías de toda España. El mismo cuenta con varias piezas, entre las que destacan cámaras IP, grabadores CCTV, servidores de analítica de vídeo y, como decíamos, algoritmos de IA que dan vida a lo que han denominado “espacios de alta seguridad predictiva”.
¿Cómo funciona el nuevo sistema de videovigilancia inteligente de Renfe? Los sistemas de videovigilancia tradicionales dependen de la supervisión humana: son los operadores quienes deben identificar situaciones que requieran intervención. Sin embargo, la tecnología está aliviando esta carga al analizar imágenes en tiempo real y enviar alertas automáticas a los centros de seguridad cuando es necesario.
En el caso de Renfe, las cámaras están conectadas a los servidores de analítica de cada estación, encargados de detectar aforos máximos y aglomeraciones. Además, permiten detectar intentos de acceso irregular, caídas en andenes o vías, incendios y actos vandálicos como grafitis o daños en el mobiliario. Las alertas llegan directamente al Centro de Seguridad 24 horas de Renfe, prometiendo agilizar la respuesta ante incidencias.


La operadora ferroviaria reconoce que su sistema de seguridad había quedado obsoleto. Aunque disponía de miles de cámaras repartidas por cientos de estaciones, estas carecían de la tecnología necesaria para integrarse en el nuevo sistema de monitorización. Para solucionar esta limitación, se puso en marcha el proyecto RS3 (Renfe Smart Security Station), cuya primera fase acaba de concluir y cuya segunda fase comenzará en marzo.
Una inversión millonaria. El proyecto cuenta con un presupuesto de más de 32 millones de euros y tiene como objetivo modernizar 597 estaciones repartidas entre los 12 núcleos de Cercanías y Rodalies. La primera fase, ya completada, ha supuesto una inversión de 25,8 millones de euros, mientras que la segunda, que abarcará la renovación de los sistemas en 182 estaciones adicionales, contará con un presupuesto de 6,5 millones de euros. La financiación proviene de los fondos NextGeneration de la Unión Europea.
¿Qué pasa con los datos recopilados? Cada vez que se habla de recopilación de datos, surge la duda sobre el impacto en la privacidad de los usuarios. Esto tiene sentido si tenemos en cuenta que la legislación europea es muy estricta en este sentido. El nuevo sistema de analítica de vídeo de Renfe maneja una gran cantidad de datos, pero la compañía dice que ha tomado medidas para cumplir con la normativa existente.
- El sistema recopila imágenes de vídeo de manera anónima.
- No capta o graba audio.
- Tampoco trata datos biométricos.
- El procesamiento se realiza de manera automatizada con IA.
- Los datos recopilados se eliminan después de “milisegundos”.
- En el caso del sistema de videovigilancia estándar, las imágenes se conservan duran un plazo máximo de un mes.
La política de privacidad de la compañía para su sistema de analítica de vídeo establece que los usuarios pueden ejercer sus derechos, incluidos el derecho al olvido, la oposición, la supresión o la limitación del tratamiento de datos, enviando un correo electrónico a derechos.viajeros@renfe.es. Además, ofrece un mapa detallado con las estaciones que ya cuentan con el nuevo sistema de seguridad.
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Anthropic ya tenía a Claude escribiendo código. Ahora lo ha metido en los laboratorios
Anthropic ya había colocado a Claude en una de las tareas más cotidianas y valiosas de la industria tecnológica: escribir código. Ahora quiere llevarlo a un terreno más delicado y con consecuencias potencialmente mucho mayores: el trabajo científico dentro de los laboratorios. La compañía ha presentado Claude Science, un producto pensado para ayudar a investigadores a moverse entre literatura, datos, herramientas especializadas y recursos de cómputo.
Claude a la ciencia. La clave de Claude Science no está solo en que Anthropic haya añadido más herramientas a Claude, sino en el tipo de problema que intenta resolver. En ciencia, una parte enorme del trabajo consiste en saltar entre bases de datos, archivos, código, figuras, citas y recursos de cómputo que rara vez hablan entre sí de forma cómoda. La compañía quiere integrar todo eso en una aplicación específica, disponible desde el 30 de junio de 2026 en beta para usuarios Pro, Max, Team y Enterprise en macOS y Linux.
Un salto de categoría. Anthropic ya había empezado a acercar Claude al trabajo científico el pasado otoño, cuando lanzó conectores y funciones bajo el paraguas de Claude for Life Sciences. Aquello servía para que el modelo pudiera relacionarse mejor con software y bases de datos científicas, pero seguía teniendo un alcance más acotado. Lo de ahora va un paso más allá. Anthropic parece querer que la ciencia deje de ser solo un caso de uso y pase a ser una línea de producto.
Trabajo verificable. La promesa de Claude Science no se limita a ayudar a escribir o resumir. Anthropic asegura que puede analizar literatura científica, ejecutar investigaciones de varios pasos, generar figuras y manuscritos, y permitir que el investigador los refine de forma iterativa. La parte más importante está en cómo deja rastro: cada resultado incluye el código, el entorno y el historial de mensajes que lo han producido. Además, un agente revisor comprueba citas y cálculos, y puede señalar números sin trazabilidad o figuras que no coinciden con el código que las generó.
La ambición de Claude Science podría sonar muy amplia, pero sus primeros pasos tienen un acento bastante reconocible. Anthropic lo ha preparado con más de 60 capacidades y conectores orientados a áreas como genómica, proteómica, biología estructural, química computacional y análisis unicelular.
El cómputo, dentro del flujo. Muchas investigaciones no se quedan en leer artículos o generar figuras: también exigen ejecutar trabajos pesados en máquinas preparadas para ello. Anthropic asegura que Claude Science puede ayudar a preparar esos procesos en el portátil del investigador, en una máquina Linux, en un nodo de acceso HPC mediante SSH o con cómputo bajo demanda en Modal. La compañía matiza que el sistema redacta un plan y pide permiso antes de acceder a nuevos recursos, de modo que el investigador puede revisar o revocar decisiones. También afirma que los datos grandes o sensibles pueden permanecer en la infraestructura del laboratorio, enviando a Claude solo el contexto necesario para cada paso del análisis.
Anthropic acompaña el lanzamiento con ejemlos. Manifold Bio, dedicada al diseño de medicamentos dirigidos a tejidos concretos, utilizó Claude Science para proponer dianas en sus experimentos, evaluando expresión en superficie, tráfico celular y seguridad según criterios propios de la empresa. El Allen Institute lo empleó para construir una plantilla de revisión computacional con unos 20 skills personalizados, capaz de leer miles de artículos y organizar hallazgos en una base de evidencias. Y en UCSF, el epidemiólogo Stephen Francis afirma que la herramienta aceleró análisis sobre glioma hasta alrededor de una décima parte del tiempo anterior, con resultados validados de forma independiente por su grupo.
Imágenes | Anthropic
En Xataka | Corea del Sur tiene un plan para dominar en chips de memoria y en robótica. Uno de un billón de dólares
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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos
Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.
Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena.
Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo.
Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino.
Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público.
Habrá que mover a toda esta gente
Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos.
Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.
Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo.
Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos.
Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo.
Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes.
Foto | Qiddiya en Twitter
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Arabia Saudí y su megaciudad de parques temáticos
Al suroeste de Riad hay una ciudad. Se llama Qiddiyah y su nombre, en traducción al castellano, proviene de un concepto que podría definirse como “los jardines”. Sorprende, si tenemos en cuenta que vistas las imágenes satelitales de Google Maps no hay mucho más que desierto.
Esa referencia a los jardines no es casual, como puedes imaginar. Tradicionalmente, en la cultura islámica el jardín es un espacio para el recogimiento: el paraíso en la tierra. Pero fuera de las costuras religiosas, los jardines en esta parte del mundo también son espacios de disfrute, pequeños oasis entre toda la arena.
Por eso es fácil asociar Qiddiyah y su referencia a los jardines con su propósito último. Y es que la ciudad pretende ser un megaproyecto de parques temáticos que se inscribe dentro del conocido como Saudi Vision 2030, el proyecto para posicionar al país como algo más que un petroestado y atraer nuevas inversiones, trabajadores y turismo.
Aunque las imágenes satelitales apenas muestran desierto en buena parte de esta nueva ciudad, Qiddiyah ya cuenta con el primer Six Flags fuera de Norteamérica. La conocida cadena de parques temáticos ya ha levantado en el corazón de esta ciudad artificial la montaña rusa más larga, más alta y más rápida del mundo. Solo este parque temático ha costado 1.000 millones de dólares que, por supuesto, ha puesto de su bolsillo el Public Investment Fund (PIF), el fondo de inversión soberano del reino.
Este parque temático es el primer paso para un proyecto que, las previsiones dicen, debería atraer a 17 millones de turistas a partir de 2030. El potencial es enorme y las empresas españolas no han querido quedarse atrás. Por eso, ya han tomado posiciones: transporte público.
Habrá que mover a toda esta gente
Eso es lo que habrán pensado en Alsa empresa encargada, junto a la saudí Hafil, de poner en marcha el servicio de transporte público de la megaciudad de los parques temáticos.
Y es que la compañía asturiana a través del consorcio Alsa-Hafil será la encargada de poner en movimiento 156 autobuses (de los cuales 126 vehículos serán completamente eléctricos). El contrato tiene una duración de ocho años y está valorado en 500 millones de euros.
Para ofrecer el servicio, Alsa además se ha asociado con Indra. Esta última será la compañía encargada de monitorizar en tiempo real el tráfico de los autobuses. Esto será posible porque los autobuses contarán con servicio de comunicaciones 5G, videovigilancia y conteo del número de viajeros que se desplaza en cada vehículo.
Aseguran en Indra que todos estos datos les permitirán gestionar mejor el tráfico de los autobuses, reduciendo la congestión a la que se pueden enfrentar en una ciudad que apunta a tener en su interior 600.000 personas entre trabajadores y visitantes a los parques temáticos. Y es que incluso se quiere construir un circuito de Fórmula 1 para poner la guinda a la megaciudad de los parques temáticos.
Conseguir el contrato es una muestra más de la expansión que están teniendo las compañías españolas expertas en movilidad fuera de nuestras fronteras y, especialmente, en Oriente Medio. Y es que allí Renfe también ha hecho negocio con el conocido como AVE a la Meca, un servicio que funciona con trenes de Talgo.
Por su parte, Indra ya gestiona otros servicio relacionados con el transporte público en Arabia Saudi. Y es que es la empresa encargada de mantener el servicio de ticketing del Metro de Riad. Moventis, integrada dentro del consorcio North West Bus, también opera en 60 ciudades saudíes.
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