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presenta su nuevo caza J-35A, rival de F-35 estadounidense
China ha presentado públicamente su nuevo caza de última generación. Estamos hablando del Shenyang J-35A, un avión de combate del que ya habíamos visto imágenes que apuntaban a similitudes de diseño con el F-35 estadounidense. Aunque el proyecto ha avanzado de manera significativa, todavía queda camino por recorrer antes de que podamos verlo en acción.
Por lo pronto, el J-35A será exhibido por primera vez en la XV Exposición Internacional de Aviación y Aeroespacial de China, también conocida como Airshow China. Se trata de un evento que se celebrará en la ciudad de Zhuhai entre el 12 y el 17 de noviembre. Eso quiere decir que pronto tendremos más información sobre el avión que prepara el gigante asiático.
El nuevo caza de combate chino
Cuando hablamos del J-35A estamos haciendo referencia a un avión de combate furtivo. Es decir, ha sido diseñado para evadir sistemas de rastreo como radares. La idea es que puedan realizar misiones sin ser detectados o interceptados. Aquí, precisamente, entran en juego muchos elementos que incluyen desde el diseño exterior hasta los materiales utilizados.
Medios chinos señalan que esta familia parece destinada a convertirse en la primera en ser utilizada de manera compartida por la Armada y la Fuerza Aérea. Se espera que en el futuro se diseñe una variante del J-35 que pueda ser utilizada en portaviones. Además, estiman que también habrá una versión de exportación que ampliará su utilización a otras fuerzas.

Lockheed Martin F-35
Como podemos ver en las imágenes, el J-35 tiene muchas similitudes con el F-35 estadounidense, avión con el teóricamente rivaliza. Sin embargo, todavía es muy pronto para realizar una comparación. Los detalles publicados sobre el proyecto son realmente escasos, lo que dificulta esta tarea y nos deja con la única posibilidad de analizar la fotografía publicada al principio del artículo.
En cualquier caso, las intenciones de China de mostrarle al mundo su músculo militar están claras. Uno de los grandes objetivos del país asiático por estos tiempos es igualar las capacidades de defensa de Estados Unidos. No será tarea fácil y probablemente necesitará años para conseguirlo, pero parece estar sentando bases sólidas, por ejemplo, con sus aviones de combate.
La Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación (EPL) también cuenta con otro caza de última generación. El Chengdu J-20 entró formalmente en servicio en 2017, pero su producción en grandes cantidades no llegó hasta 2019. Una investigación de la firma de análisis OSINT Janes señala que la flota operativa de cazas J-20 está muy cerca de las 200 unidades.
Imágenes | Ministerio de Defensa de China | Fuerza Aérea de EEUU
En Xataka | Aviones propulsados con aguas residuales en vez de queroseno: Estados Unidos está a punto de conseguirlo
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así es una de las caza de auroras boreales más extremas de Noruega
Hay noches en las que el norte de Noruega no promete nada, y precisamente por eso resulta tan atractivo. Oscuridad cerrada, frío sostenido y un paisaje que, durante horas, apenas ofrece referencias más allá de montañas, nieve y silencio. En ese contexto, la idea de salir a buscar auroras boreales deja de parecer un plan turístico convencional y se convierte en otra cosa, una espera consciente en un entorno único con epicentro en Narvik.
Lo que se ofrece en este lugar no es un tren temático ni un mirador rodante, sino una experiencia nocturna organizada alrededor de un desplazamiento ferroviario real. El llamado Northern Lights Train utiliza una línea existente para alejarse de la ciudad y llevar a los viajeros hasta zonas con muy poca contaminación lumínica, donde la espera forma parte central del plan. El tren es el medio, no el fin, y la propuesta se articula en torno a moverse, bajar, aguardar y volver. Todo está diseñado para aumentar las probabilidades de ver auroras.
Un viaje diseñado para perseguir algo único
Viajar por la línea de Ofoten implica atravesar uno de los corredores ferroviarios más singulares del norte de Noruega. En el contexto de esta experiencia, el trayecto funciona como un proceso de desconexión gradual, Narvik queda atrás y, con ella, la iluminación artificial y la sensación de entorno habitado. El tren se adentra en un paisaje montañoso donde el cielo empieza a imponerse como protagonista.
El itinerario tiene dos nombres propios que ordenan la experiencia. El primero es Bjørnfjell, una estación situada junto a la frontera con Suecia, donde el tren realiza una breve parada antes de continuar su ascenso. El destino final es Katterat, a unos 374 metros sobre el nivel del mar, un antiguo enclave ferroviario sin acceso por carretera. Ese detalle no es menor, llegar solo es posible en tren, y convierte el lugar en un punto especialmente apartado.
Una vez en Katterat, la experiencia se desplaza del trayecto a la espera. Los viajeros bajan del tren y se mueven a pie por el entorno inmediato, donde se organiza un punto de encuentro alrededor de una hoguera. Hay bebida caliente y algo de comida sencilla, no como reclamo gastronómico, sino como apoyo frente al frío y al tiempo de espera. El ritmo se desacelera de forma consciente y la noche se impone con el grupo permanece atento al cielo.


Aquí los guías cumplen una función más estratégica que espectacular. Son quienes interpretan previsiones, explican por qué se espera en un punto concreto y ajustan el plan si las condiciones cambian. También son quienes rebajan expectativas, recordando que la aurora no se enciende a demanda y que la noche puede resolverse sin grandes apariciones. Ese equilibrio entre información, prudencia y acompañamiento es parte esencial del producto que se ofrece.
Las auroras no son un fenómeno local ni espontáneo, sino la consecuencia visible de procesos que empiezan mucho más lejos. El origen está en el viento solar, un flujo de partículas cargadas que el Sol expulsa de forma constante y que tarda alrededor de 40 horas en alcanzar la Tierra. Cuando ese material interactúa con el campo magnético terrestre, es desviado hacia los polos y colisiona con oxígeno y nitrógeno a gran altura.


Si hablamos del precio, el viaje en tren, la organización de la espera, las bebidas calientes, el tentempié y las explicaciones del guía forman parte de un mismo paquete, cuyo coste arranca en 1495 coronas noruegas (unos 127 euros). El modelo es claro, dar forma a una noche imprevisible dentro de una experiencia organizada, donde el valor no está en el resultado, sino en el conjunto de elementos que hacen posible el intento.


El viaje termina como empezó, sobre raíles, con el tren regresando a Narvik mientras el grupo deja atrás Katterat y la montaña vuelve a cerrarse en la oscuridad. Puede que el cielo haya respondido o puede que no, pero la experiencia ya se ha consumado en otro plano. Lo que queda es la sensación de haber participado en algo que no se puede forzar, donde el trayecto, la espera y el contexto pesan tanto como el resultado.
Cabe señalar que sobre este tipo de experiencias últimamente se ha construido una imagen que no se corresponde con la realidad. En redes sociales y algunos medios circulan imágenes y vídeos, posiblemente generados o alterados con inteligencia artificial, que muestran supuestos trenes noruegos de lujo con techos de cristal envolventes y vistas perfectas al cielo. Esos trenes no existen. La experiencia real, como hemos visto, es muy distinta a esas recreaciones.
Imágenes | Norwegian Travel | Visit Narvik | Arctic Train
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“Avatar” encabeza taquillas de Norteamérica por quinta semana consecutiva
En el fin de semana largo en Estados Unidos, la película “Avatar: fuego y ceniza”, la épica de James Cameron, encabezó las taquillas por quinta semana consecutiva con 13.3 millones de dólares en ventas de boletos, según estimaciones del estudio el domingo.
La compañía de Walt Disney también celebró otra victoria, ya que su estreno del Día de Acción de Gracias “Zootopia 2” se convirtió en el lanzamiento animado de la Motion Picture Association con mayor recaudación de todos los tiempos.
Mientras tanto, “28 Years Later: The Bone Temple”, dirigida por Nia DaCosta, se ubicaba en segundo lugar con 13 millones hasta el domingo. Se espera que al final del feriado por el Día de Martin Luther King Jr. el lunes, alcance los 15 millones, aún por detrás de los proyectados 17.2 millones de “Avatar”.
“The Bone Temple”, lanzada por Sony Pictures y protagonizada por Ralph Fiennes y Jack O’Connell, se estrenó ampliamente este fin de semana en tres mil 506 cines con una ola de expectativas y críticas favorables.
Actualmente tiene un 93% en Rotten Tomatoes, y el 72% del público dijo en una encuesta de PostTrak que “definitivamente recomendaría” la película. Considerando que también está sólidamente en el género de terror y llega en enero, a menudo un vertedero para películas menores, “The Bone Temple” debería haber tenido un mejor desempeño. Internacionalmente, recaudó 16.2 millones de dólares en 61 mercados.
El tercer lugar fue para “Zootopia 2”, con 8.8 millones en su octava semana. Con una recaudación global actualmente de mil 700 millones, superó a “Inside Out 2” (“Intensamente 2”) como el lanzamiento animado de la MPA con mayor recaudación de todos los tiempos. La distinción de la MPA significa que el éxito de taquilla chino “Ne Zha 2”, que ha recaudado más de dos mil 200 millones, no está incluido en las clasificaciones. “Zootopia 2” es también ahora el noveno lanzamiento global más grande de todos los tiempos.
“The Housemaid”, uno de los otros grandes éxitos de taquilla recientes, se ubicó en cuarto lugar con 8.5 millones. Hecha con solo 35 millones de dólares, el lanzamiento de Lionsgate ha recaudado casi 250 millones de dólares en todo el mundo.
Completando los cinco primeros está “Marty Supreme”, con una recaudación acumulada de 79.7 millones de dólares, desbancando a “Everything Everywhere All at Once (“Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo”). La descarga de adrenalina de Josh Safdie podría recibir otro impulso después de que se anuncien las nominaciones al Oscar el jueves.
A continuación, la lista de las películas más taquilleras en los cines de norteamérica, según Comscore:
1. “Avatar: fuego y ceniza”, 13,3 millones de dólares.
2. “28 Years Later: The Bone Temple”, 13 millones de dólares.
3. “Zootopia 2”, 8.8 millones de dólares.
4. “The Housemaid”, 8.5 millones de dólares
5. “Marty Supreme”, 5.5 millones de dólares.
6. “Primate”, 5 millones de dólares.
7. “Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring”, 3.6 millones de dólares.
8. “Greenland 2: Migration”, 3.4 millones de dólares.
9. “Anaconda”, 3.2 millones de dólares.
10. “Lord of the Rings: The Two Towers”, 2.4 millones de dólares.
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En 1978 Christopher Reeve fue elegido para interpretar a ‘Superman’. Se puso tan mazado que literalmente no cabía en el traje
A mediados de los setenta, Superman no era solo un personaje: era la gallina de los huevos de oro de DC y una apuesta que podía consagrar o hundir el primer gran blockbuster moderno de superhéroes. Los productores Alexander e Ilya Salkind querían una película “seria” y grandiosa, lejos del tono camp del Batman de los sesenta, pero también sabían que cualquier tropiezo sería un bochorno histórico.
Demasiado grande para fallar. En ese escenario, DC, recelosa, impuso condiciones de lo más estrictas y vigiló el proyecto como si fuera una operación quirúrgica, porque el problema de fondo no era hacer una película: era hacerla con un tipo en mallas y capa roja y lograr que el público lo mirara con respeto, no como un meme.
Dos años de casting. Así, la búsqueda del Superman perfecto se convirtió en el gran cuello de botella: comenzó en 1975 y se alargó hasta febrero de 1977, con centenares de pruebas y una sensación creciente de desesperación. Hubo, como suele pasar en toda gran producción, una “wish list” de estrellas que parecía más un cartel de festival que una audición: Robert Redford, Paul Newman, Warren Beatty, Clint Eastwood, Steve McQueen, Burt Reynolds, Charles Bronson, James Caan, o incluso Nick Nolte.
De hecho, hubo muchos más, además de propuestas que hoy suenan delirantes por pura lógica de marketing, como pensar en Muhammad Ali o incluso en gente ajena a la interpretación. Ocurre que cada opción fallaba por algo (si no era el coste, era la edad, la imagen, el acento o el encaje en general) y el mensaje era claro: sin Superman, no había película.
El giro definitivo. En medio de ese caos, Christopher Reeve llegó desde el teatro neoyorquino como una respuesta que no encajaba con el cliché del “nombre grande” que buscaban los productores, pero sí con la esencia del personaje. La directora de casting fue empujando su candidatura contra la inercia del equipo, hasta que por fin le dieron una oportunidad real.
Cuando Richard Donner, el director de la peli, lo vio, el juicio fue tan claro como incómodo: Reeve tenía la altura, la cara y el aura para ser Superman… pero también era demasiado joven y demasiado delgado (“un palo”, fueron las palabras del director) para rellenar un traje que exigía fuerza visible, no solo presencia. Aun así, en aquella prueba (entre nervios, calor de focos y un aspecto todavía desgarbado) quedó patente algo que nadie podía copiar: el potencial de hacer creíble a Clark Kent y a Superman en la misma persona.

El actor antes de optar a su papel en Superman
Dejar de ser un “palo”. Reeve consiguió el papel con una exigencia tácita que en realidad era un ultimátum: tenía que convertirse físicamente en Superman, y además hacerlo rápido. Los productores llegaron a sugerirle usar músculos falsos debajo del traje para “engañar” a cámara, una solución típica del cine de la época, pero él se negó, porque entendió que la credibilidad no se construía con relleno, sino con transformación.
La película necesitaba que el cuerpo dijera “superhéroe” antes incluso de que el personaje hablara, y Reeve asumió que el trabajo no era solo actuar bien, sino parecer imposible sin caer en el exceso.
Darth Vader como entrenador. Aquí entra la anécdota que parece inventada por un departamento de publicidad: el hombre que iba dentro del traje de Darth Vader, David Prowse, también culturista e instructor, fue quien se encargó de esculpir a Superman. Donner lo llamó como quien activa un plan de emergencia: “tenemos un Superman” y hay que construirlo a contrarreloj.
Prowse entrenó a Reeve durante semanas con una rutina enfocada a ganar masa y fuerza funcional, lo bastante sólida como para aguantar arneses de vuelo, jornadas extenuantes y el peso simbólico del personaje. Y en el proceso nació un relato perfecto para vender la película: el villano físico más intimidante del momento moldeando al héroe definitivo de la década.
La “obsesiva” transformación. El método fue tan sencillo como brutal: comer muchísimo, entrenar a conciencia y no permitirse perder peso ni un solo día. Reeve se sometió a una dieta hiperproteica, con cuatro comidas diarias, batidos y vitaminas, y con una disciplina casi paranoica: saltarse una comida significaba retroceder, y retroceder era un desastre.
La idea que repetía era muy clara: el trabajo interior del actor no sirve si el exterior no sostiene la fantasía, porque Superman no puede “parecer” débil, aunque sea vulnerable por dentro. Y lo más interesante es que esa fuerza física le cambió también la psicología del papel: cuanto más fuerte se volvía, más natural le salía la autoridad tranquila del personaje.
Demasiado “cachas”. El resultado fue tan exageradamente efectivo que se convirtió en un problema de continuidad: Reeve siguió ganando músculo durante el rodaje y llegó un punto en el que no era el mismo cuerpo de las primeras escenas. La producción tuvo que rehacer tomas ya filmadas porque el Superman de un día no cuadraba con el Superman de semanas después, y el traje, pensado para un “antes”, empezó a comportarse como una carcasa que se quedaba pequeña.
El giro irónico es que al principio querían ponerle músculos falsos bajo el uniforme y, tras la transformación, ocurrió lo contrario: pudieron retirar los añadidos del traje porque ya no hacían falta, y la película se quedó con lo que siempre había necesitado desde el principio, un Superman con músculo real, sin trampa ni cartón.
El mito que quedó. Con el tiempo, el físico de Reeve se ha comparado con los estándares hipertrofiados de los superhéroes actuales, pero en su momento fue todo un acontecimiento: su cambio de “actor alto y flaco” a icono musculado formó parte del propio relato de Superman antes incluso del estreno.
Lo importante no fue competir con montañas de bíceps modernas, sino construir una ilusión exacta: que ese tipo podía ser el más poderoso del planeta y, aun así, el más humano cuando miraba a Lois Lane. Al final, su Superman no solo funcionó por el carisma o la interpretación de Reeve (que también), sino porque el cuerpo dejó de ser un obstáculo y pasó a ser una prueba: si el traje casi no podía contenerlo, el público tampoco tenía por qué dudarlo.
Imagen | Warner
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