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review con características, precio y especificaciones
Si hablamos de marcas generalistas y del mercado español, pocas marcas han calado tanto en nuestro país como Renault. La compañía francesa ha llenado nuestras calles de modelos que está renovando por completo (Scenic, Espace) o recuperando (Renault 5, Renault 4) en un momento crucial para la compañía.
El escenario europeo es complicado. En 2025 se aplicarán nuevos límites de emisiones que castigan (y mucho) a los vehículos más pequeños que no estén electrificados. En 2035, de momento, la idea es acabar con los motores de combustión que no sean neutros en carbono.
Ante esta disyuntiva, algunas marcas han optado por lanzarse a los brazos del coche eléctrico y, probablemente, tratar de correr antes de andar. En la fotografía general, la estrategia de Renault es más conservadora, sin cerrar puertas a ninguna compañía, pero es ambiciosa en el eléctrico. El Renault Scenic es el ejemplo de que van por el buen camino.
Ficha técnica del Renault Scenic
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Renault Scenic |
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TIPO DE CARROCERÍA. |
SUV compacto de cinco plazas. |
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MEDIDAS Y PESO. |
4,470metros de largo, 1,908 metros de ancho y 1,571 metros de alto. Distancia entre ejes de 2,785 metros. 1.747 kg (60 kWh de batería) y 1.842 kg (82 kWh de batería) |
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MALETERO. |
545 litros. |
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POTENCIA MÁXIMA. |
160 kW (220 CV). |
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CONSUMO WLTP. |
16,3 kWh/100 km batería de 60 kWh y 16,8 kWh/100 km batería de 82 kWh. |
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DISTINTIVO AMBIENTAL. |
Cero emisiones. |
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AYUDAS A LA CONDUCCIÓN (ADAS). |
Sistemas ADAS obligatorios por la Unión Europea como control de crucero adaptativo, frenada de emergencia o cámaras delanteras y traseras. |
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OTROS. |
Sistema de infoentretenimiento basado en Android Automotive compatible con Apple CarPlay y Android Auto mediante conexión Bluetooth. Pantalla de 12,3 pulgadas para el cuadro de instrumentos y central de 12 pulgadas en formato vertical. |
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HÍBRIDO ELÉCTRICO. |
No. |
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HÍBRIDO enchufable. |
No. |
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eléctrico |
Sí. Versiones de 125 kW (170 CV) con batería de 60 kWh y de 160 kW (220 CV) con batería de 82 kWh. |
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precio y lanzamiento |
Disponible desde 38.700 euros (batería de 60 kWh) y 45.500 euros (batería de 82 kWh) sin ayudas del Plan MOVES III. Primeras entregas en junio de 2024. |
Un producto con muy pocas pegas
Si por algo ha destacado el Renault Scenic ha sido por su fórmula de familiar espacioso, amplio y con huecos por todas partes. Aquel vehículo nacido a rebufo del Renault Mégane como una opción para llevar a toda la casa en el interior con un tamaño todavía contenido no ha abandonado al coche, pese a cambiar radicalmente su carrocería. Cambiar el envoltorio para mantener intacto el producto.
Apuesta Renault por un detalle que no es menor: no identificar al Scenic como un coche eléctrico. En los últimos años hemos visto cómo las marcas apostaban por una clara diferenciación entre su gama de combustión y la eléctrica (mucho más arriesgada). Se trataba de gritar que estábamos ante un coche eléctrico.
Poco a poco, los fabricantes están suavizando esta estrategia y van asemejando ambos productos. Audi es un buen ejemplo de cómo ha mantenido una misma línea de diseño en sus eléctricos, sin necesidad de artefactos extraños. Lo mismo sucede con el Scenic cuyas señas de identidad llegan por la pura funcionalidad, como las manetas enrasadas o llantas muy tapadas. Tampoco se ha optado por una calandra delantera completamente cerrada.
El lenguaje de diseño repite las formas angulosas que estamos viendo en los últimos modelos de la compañía como el Renault Espace o el Rafale y le dan una mayor presencia y empaque a un coche que se queda en los 4,47 metros, por lo que parece más grande de lo que en realidad es.


Tecnologías multimedia: la apuesta por Google es ir sobre seguro
Esa sensación de familiaridad que desprende el coche por fuera se repite en su interior. En el asiento del conductor todo parece quedar a mano y todas las funciones que podríamos necesitar las tenemos al alcance de la misma. A todo esto lo acompañan unas calidades buenas, con buenos ajustes y acolchados allí donde se le piden.
En mi opinión, sí es necesaria una redistribución de los mandos detrás del volante o un rediseño. Es algo, sin embargo, por lo que lleva años apostando Renault y tampoco he leído demasiadas quejas al respecto. Con todo, a los clásicos mandos de luces y limpiaparabrisas hay que sumar la palanca de la transmisión, un mando para el control del sistema multimedia y unas pequeñas levas.
El entorno en la mano derecha queda algo emborronado y en alguna ocasión he tocado la palanca del limpiaparabrisas al querer maniobrar con rapidez. Supongo que es algo que la memoria muscular eliminaría con el paso del tiempo pero considero que sigue siendo algo un poco incómodo.

En el lado derecho hay demasiados artefactos: palanca de cambios, de luces, de control multimedia y levas
Con todo, se agradece que todos los mandos necesarios durante la conducción los tengamos a mano. Si queremos tocar la climatización, ahí están los mandos físicos. Si queremos subir el volumen o cambiar de canción, ahí están los mandos físicos. Si queremos desactivar las alertas por velocidad, ahí están los mandos físicos.
Si queremos jugar con el control de crucero u otras ayudas ADAS, hay un botón físico en el volante aunque, en este caso, el tacto no es tan bueno como en el resto de mandos, al ser una sola pieza de plástico para todas las opciones. Pese a ello, el pequeño borde que segmenta las opciones facilita encontrar una u otra ayuda sin distracciones.
Tras el volante tenemos una doble pantalla en L, con un cuadro de instrumentos de 12,3 pulgadas (1920 x 720 píxeles) y una central de 12 pulgadas, en formato vertical (1250 x 1562 píxeles). Ambas se ven realmente bien y en el cuadro de instrumentos se ha hecho un trabajo de diseño exquisito en lo formal. Sólo creo que, en algunas pantallas, se peca un poco de exceso de información pero creo que todo el mundo encontrará aquella con la que se sienta cómodo.
El cuadro de instrumentos deja a la derecha la pantalla principal donde Android Automotive hace acto de presencia para lo bueno y para algunos pequeños detalles que generan alguna fricción.


Si hablamos de facilidad de uso, aquí Android Automotive sigue siendo el sistema multimedia más interesante. Los hay más completos y bonitos pero si se trata de tener a mano lo más básico y simple, el trabajo de Google es mejor que el de cualquiera de sus rivales.
Tenemos una ventana a modo de home con el navegador, la radio (o la reproducción del teléfono móvil) y el asistente de Google a mano. Estas dos últimas opciones se pueden esconder en una pequeña tira. En la zona inferior, la información sobre el climatizador.
En su parte superior tenemos otras cuatro pestañas. La primera es un acceso rápido al multimedia, la segunda es el acceso al listado de llamadas del teléfono y la agenda, la tercera es un cajón de aplicaciones y la cuarta da paso a todas las opciones de configuración del coche, así como los ajustes de los sistemas ADAS de ayuda a la conducción.
Decimos que delegar el diseño del sistema multimedia a Google es jugar sobre seguro porque Renault habrá dedicado muy poco tiempo, dinero y recursos a este aspecto y, al mismo tiempo, el resultado es realmente bueno para el conductor. Si tienes iPhone, es posible utilizar Apple CarPlay pero yo no lo he echado de menos porque la conexión con el teléfono móvil es muy rápida por lo que tenemos a mano siempre la música o nuestro podcast favorito. También las llamadas que tengamos que hacer.

Es muy fácil activar o desactivar cualquier ayuda a la conducción
La parte negativa es que arrastras algunos problemas que se repiten en los coches con los que se comparten los servicios de Google. De la predicción de la autonomía y de los puntos de carga disponibles hablaremos más adelante. Esta vez nos vamos a centrar en el asistente de voz.
En líneas generales, el asistente de voz hace su trabajo y es bastante útil para según qué órdenes. Sin embargo, muchas veces hace oídos sordos a nuestro “Ok, Google”. Especialmente cuando estamos reproduciendo algo por los altavoces. En algunas ocasiones he tenido que gritarle al coche.
Y lo segundo es que Google debe encontrar la manera de que entienda mejor las órdenes que le damos. No puede ser que a un “baja un poco el volumen” nos responda que tenemos que precisar el porcentaje de volumen que queremos. Con todo, el sistema funciona especialmente bien cuando le ordenamos que nos lleve a un lugar concreto y se beneficia de sus datos de tráfico en tiempo real, lo que siempre es de agradecer en una hora punta.


Tecnologías de conducción: pidiendo algo más que carretera
Si algo queda claro cuando te subes al coche es que Renault no quiere que tengas la más mínima fricción con el Scenic. Se trata de hacer de este coche eléctrico un vehículo sencillo, como lo has llevado toda la vida pero con las ventajas propias de esta tecnología.
¿Cuáles son esas ventajas? Un confort de marcha realmente bueno. El aislamiento está muy bien conseguido y hasta pasados los 120 km/h no se nota el ruido aerodinámico. A partir de ahí, es más evidente pero no es ni mucho menos molesto. Es un coche silencioso, de esos eléctricos que cuando vuelves a un vehículo de combustión parece que has dado un salto al pasado.
En marcha, el coche va muy asentado y la suspensión es cómoda, aunque sin rechazar un punto dinámico que se ha dejado ver en los últimos coches de la firma del rombo. De hecho, la suspensión es un poco más dura que en sus rivales, lo que contiene bien las masas cuando salimos fuera de la autopista.


En una carretera secundaria, si enlazamos virajes con tranquilidad, el coche se comporta dócil y, de nuevo, prima la facilidad de uso. Pero cuando entramos con más fuerza, el coche no pierde la compostura y sostiene bien el desplazamiento de las masas de un lado a otro. Es con la dirección con lo que tengo más problemas.
Configurada por defecto, la noto excesivamente blanda, hasta el punto que la siento artificial y no termino de ser todo lo preciso que debería con ella. En ciudad, el coche podría llevarse casi con un dedo, lo que puede gustar a según qué conductores. En mi caso, prefiero un tacto más duro y directo.
Lo bueno es que esto sí se puede configurar. En el modo Sport, el peso en el aro del volante es más evidente y, de hecho, creo que es el tacto que debería llevar el coche de serie. Este modo se puede configurar en un perfil propio y, por tanto, podemos utilizar la dirección configurada con el modo Sport y la entrega de potencia en el modo ECO, por ejemplo. Es, por tanto, un problema menor que se repite (y tiene la misma solución) con el pedal del freno.
Las levas tras el volante nos ayudan a gestionar la frenada regenerativa. Hay cuatro niveles que llevan a eliminar cualquier tipo de frenada en autopista y a priorizar la máxima retención en ciudad. En este último caso, la frenada se deja sentir pero tampoco clava el vehículo, por lo que funciona realmente bien. Echo de menos un sistema de one pedal para rematar la experiencia.


Ya en carretera, el coche se comporta de forma exquisita. La entrega de potencia del motor eléctrico está muy bien gestionada. Tenemos en el pie 160 kW (220 CV) que son más que suficientes para movernos con solvencia en todo tipo de situaciones y a menos que se busque con intención (modo Sport mediante) no encontraremos el golpe de inmediatez eléctrica que podemos encontrarnos en otros vehículos con esta tecnología.
En cuanto a los sistemas ADAS de ayuda a la conducción, la unidad probada contaba con todas las obligaciones de la Unión Europea, a las que se añaden (entre otros) el mantenimiento en el centro del carril o el control de crucero adaptativo.
Este último me ha funcionado correctamente en líneas generales. Las aceleraciones y las frenadas han sido suaves y no se ha dejado engañar por los camiones, que suelen provocar frenadas fantasma cuando el carril es más estrecho. Sin embargo, la detección del carril no siempre me ha funcionado correctamente y en algunos momentos ha tardado más en fijar la línea exterior de lo que sería deseable. Una vez en el centro, no hemos tenido mayores problemas a la hora de pasar las curvas sin movimientos extraños.
Punto a destacar el botón para activar o desactivar la alerta de exceso de velocidad obligatoria por la Unión Europea. Éste es físico y no sólo activa o desactiva las alertas sonoras, al pulsarlo se activa un perfil individualizado que actúa sobre la alerta de exceso de velocidad pero también sobre el mantenimiento de carril o la vibración del volante como alerta de salida del mismo, por poner un par de ejemplos.
Tecnologías de carga: convenciendo a los escépticos
Si algo hace bien el Renault Scenic es su faceta de mesías. Cuando hablamos con las marcas nos repiten una y otra vez que para vender un eléctrico suele ser imprescindible subirlo al coche. Estoy convencido de que la mayoría de conductores escépticos que convivieran con este coche durante una semana estarían dispuestos a comprarse un eléctrico.
El Renault Scenic monta dos tamaños de batería. En este caso hemos contado con la opción de gran autonomía que llega con una cantidad de kilómetros debajo del brazo que borra de inmediato las posibles dudas. Incluso la pequeña (60 kWh) puede ser realmente interesante si se sopesa bien qué se está comprando.
Como decíamos, nosotros hemos probado la batería de 82 kWh que homologa 627 kilómetros de autonomía. En nuestras pruebas de unos 500 kilómetros de autopista hemos recogido un consumo de 20,1 kWh/100 km a 120 km/h de velocidad de crucero en nuestro recorrido habitual.


Esto deja al Renault Scenic con la capacidad de realizar 400 kilómetros de carretera sin despeinarse. Una cifra más que solvente y que debería ser suficiente en la mayoría de los casos. Especialmente si tenemos en cuenta que la carga alcanza picos de 150 kW. Se puede pasar del 15 al 80% de la carga en 37 minutos, lo que permite recorrer unos 350 kilómetros del tirón y tener disponibles otros 300 kilómetros de autonomía antes de terminar de comer algo rápido en una estación de servicio.
Lo que sigue siendo un problema es la gestión de los cargadores que hace Google. Ya lo mencionamos en la prueba del Volvo EX30 y es algo que repetimos en esta ocasión: se necesitan actualizaciones constantes de los puntos de carga disponibles. No es un problema muy grande si tiramos de Electromaps pero sigue siendo algo a tener en cuenta.
Y, por último, lo que más me ha sorprendido es la desviación en el cálculo de la autonomía del planificador de ruta. Hasta el punto de calcular un 20% menos de autonomía de la esperada en apenas 200 kilómetros de recorrido. No es cuestión del historial que tuviera el vehículo, ya que he reiniciado los valores a conciencia. Si tenemos en cuenta que Google se supone que calcula la autonomía con la orografía del terreno y la velocidad máxima permitida, esto no debería suceder.
Una vez más, no es un gran problema porque es sencillo echar cuentas de los kilómetros que podemos realizar con el consumo medio en una ruta ya conocida pero sí puede alarmar en exceso cuando viajamos por una ruta no conocida. Es un problema que también he visto repetido en las unidades de algunos compañeros.


La conclusión de Xataka
El Renault Scenic es un coche eléctrico que mira de tú a tú a muchos compactos del mercado.
Es rotundo pero es lo que siento. Como siempre, dependerá de nuestra situación económica y de las posibilidades que tenemos de cargar pero si tenemos acceso a un enchufe es fácil echar cuentas. Aquí te dejamos una calculadora para que eches las tuyas.
En la versión probada, la de batería grande, el Renault Scenic parte de 45.500 euros sin descuentos ni ayudas. Puede sonar a mucho dinero pero con el Plan MOVES III y ofertas puntuales será posible encontrarlo por unos 35.000 euros. Sin irnos de Renault, un Austral ya lo encontramos en esos 35.000 euros con motor híbrido de 200 CV.
Incluso si sólo aplicamos los descuentos del Plan MOVES III, según nuestra calculadora en 10 años habríamos ahorrado 7.490 euros realizando 15.000 kilómetros al año. En la estimación, hemos supuesto un coste del kW a 0,10 euros y de la gasolina en 1,50 euros/litro. En ambos casos con los consumos WLTP homologados.
Eso si hablamos de un Scenic de batería grande porque la versión de 60 kWh parte de unos interesantes 38.700 euros que se pueden acercar (y mucho) a los 30.000 euros si descontamos las ayudas del Plan MOVES III. En este caso hay que tener en cuenta que hablamos de un coche con una autonomía de 300 kilómetros en autopista. Si estamos dispuestos a sacrificar algo de tiempo en uno o dos viajes largos al año, la inversión puede merecer mucho la pena.
Porque ya no es sólo una cuestión numérica. El Renault Scenic es un coche bien terminado, con unas calidades buenas (a la altura de su precio) y con un confort de marcha y una insonorización realmente buena. Es, desde luego, un coche eléctrico de referencia en su segmento.
Fotos | Xataka
ues de anuncios individuales.
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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas
A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.
¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.
Elegir un monitor ultrawide


Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad.
Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.
A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.
Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.
No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.
Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.
Elegir dos monitores


La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.
Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.
Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.
Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente
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monitor ultrawide |
dos monitores |
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|---|---|---|
|
LO BUENO 🟢 |
Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello |
Te permite tener dos espacios de trabajo separados |
|
LO MALO 🔴 |
No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica |
Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio |
|
Ideal para: |
Tener todos tus documentos o apps en una misma pantalla para verlos de un vistazo |
Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal |
Echamos cuentas para ver qué te puede compensar más
Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.
Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.
- Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
- ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.
Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.
- Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
- ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.
En resumen:
👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.
👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.
Modelos recomendados
Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B
De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.
Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.
LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro
El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces
Dos monitores: Samsung S40GD
Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.
Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.
Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.
SAMSUNG S40GD Essential Monitor 24″, Full HD, IPS Panel, Tasa de Refresco 100Hz, Eye Saver Mode, Super Slim Design, Less Screen Flickering, Altavoces Integrados, Contectividad Múltiple LS24D406GAUXEN
El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces
¿Quieres ver más modelos?
Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.
Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.
Imágenes | Jose García, Markus Spiske, Mehmet Ali Peker
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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas
A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.
¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.
Elegir un monitor ultrawide


Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad.
Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.
A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.
Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.
No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.
Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.
Elegir dos monitores


La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.
Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.
Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.
Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente
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monitor ultrawide |
dos monitores |
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LO BUENO 🟢 |
Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello |
Te permite tener dos espacios de trabajo separados |
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LO MALO 🔴 |
No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica |
Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio |
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Ideal para: |
Tener todos tus documentos o apps en una misma pantalla para verlos de un vistazo |
Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal |
Echamos cuentas para ver qué te puede compensar más
Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.
Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.
- Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
- ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.
Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.
- Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
- ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.
En resumen:
👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.
👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.
Modelos recomendados
Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B
De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.
Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.
LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro
El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces
Dos monitores: Samsung S40GD
Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.
Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.
Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.
SAMSUNG S40GD Essential Monitor 24″, Full HD, IPS Panel, Tasa de Refresco 100Hz, Eye Saver Mode, Super Slim Design, Less Screen Flickering, Altavoces Integrados, Contectividad Múltiple LS24D406GAUXEN
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¿Quieres ver más modelos?
Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.
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Imágenes | Jose García, Markus Spiske, Mehmet Ali Peker
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Actualidad
el aumento de los petroleros abandonados
Lo de abandonar un petrolero u otro buque comercial ha pasado de ser algo rara avis a convertirse en una peliaguda tendencia: solo en 2025 hay registrados 410 buques, una diferencia abismal respecto a los 20 casos de 2016, según datos de la Federación International de Trabajadores del Transporte (ITF), una organización sindical mundial que rastrea estos incidentes. ¿Qué está provocando este repunte?
Los primeros afectados: la tripulación. Un petrolero abandonado no implica únicamente desatenderse de la embarcación en sí, sino también de más de 6.000 marineros abandonados a su suerte, según las cifras globales de ITF. Los más afectados son los marineros de la India, con más de mil personas afectadas representan la mayoría del total.
Un caso es el de Iván (nombre ficticio), el oficial jefe de cubierta de un petrolero que lleva semanas abandonado fuera de las aguas territoriales de China, que recientemente declaró para la BBC cómo este suceso les ha afectado a la salud y al ambiente: “Teníamos escasez de carne, cereales, pescado, cosas básicas para sobrevivir”. Y eso sin mencionar la incertidumbre de ver la costa china y no saber si vas a poder pisarla.
El contexto: las flotas fantasma. A lo largo de los últimos meses hemos oído hablar de “barcos fantasma” o “barcos zombies”, esto es, barcos que legalmente apenas existen, con dueños escondidos tras empresas pantalla. El objetivo es operar fuera del marco financiero y regulatorio oficial para evadir sanciones por rutas “prohibidas” como Irán, Rusia o Venezuela. La guerra de Ucrania y el contexto de sanciones han originado un mercado B de barcos viejos que transportan petroleo.
Los candidatos ideales para convertirse en bancos fantasmas son los buques envejecidos, generalmente petroleros que rondan las dos décadas de vida, una edad crítica en la que ya la embarcación apunta al desguace, lo que facilita que pasen a ese escenario clandestino. Quien lo compra no va a invertir en mantenimiento a largo plazo, quiere amortizarlo rápidamente transportando crudo sancionado. Este tipo de embarcaciones carecen de seguros completos como P&I Clubs, de modo que ante cualquier problema, el armador desaparece antes de asumir costes de reparación o repatriación.
La trampa legal de las banderas de alquiler. Aquí aparecen en escena las “banderas de conveniencia“, algo así como el paraíso fiscal de los mares. Es lo que pasa cuando un armador registra su buque en un país diferente al suyo para beneficiarse de normativas más laxas. Hay una desconexión jurídica entre la propiedad real del buque y el estado que le da la bandera. ¿Y qué tiene que ver con los petroleros abandonados? Según la ITF, el 82% de abandonos se producen en buques que operan bajo banderas de conveniencia.
Entre los estados con banderas de conveniencia se encuentran Panamá, Liberia y las Islas Marshall, que representan el 46,5% de todos los buques mercantes. Pero hay un país que merece una mención especial: Gambia. En 2023 pasó de no tener ningún buque a poseer 35 navegando bajo su bandera, tiempo récord para crear esa infraestructura de forma orgánica. Además de legislación más suave, muchos de estos países subcontratan las inspecciones a organismos privados y carecen de personal técnico suficiente para verificarlo después, como señala la Organización Marítima Internacional en varios informes.
Cárceles y bombas de relojería flotantes. El de Iván es solo un caso, pero qué ejemplo: el barco porta casi 750.000 barriles de petróleo ruso que tiene valor nominal de unos 50 millones de dólares (42 millones de euros). Salió a principios de noviembre de 2025 del lejano oriente ruso hacia China y allí está, a las puertas de su destino y sin poder entrar.
Es para que salten las alarmas por el riesgo ambiental que supone un posible vertido de un buque abandonado y sin responsable. Además, la seguridad de la embarcación queda comprometida, en tanto en cuanto el error humano representa más del 80% de los accidentes marítimos y estos marineros no están en su mejor momento precisamente. Afortunadamente, la ITF se hizo cargo de la situación en diciembre, proporcionando las nóminas atrasadas hasta este momento, proporcionando víveres y otros elementos básicos y planificando la repatriación.
No es un problema aislado. El drástico aumento de petroleros abandonados representa no solo una vulneración de sanciones y normativas internacionales, también un drama humano y potencial desastre ambiental para el que no habría responsable legal que lo cubriese.
Si bien es cierto que hay intervenciones y abordajes y que hay estados presionando a aquellos países estandartes de las banderas de conveniencia como Gambia y consiguiendo algo en el intento, la realidad es que este es un fenómeno global que requiere de una regulación internacional más estricta, sirva como ejemplo la lista negra de la India, que incorporó a una base de datos a 86 buques extranjeros por abandono de marineros y violación de sus derechos.
Portada | Jack Dong
ues de anuncios individuales.
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