Cine y Tv
Películas que comenzaron como cortometrajes y no sabías

Los consolidados cineastas no saltaron a las grandes ligas de Hollywood de la noche a la mañana. Como en la mayoría de los inicios profesionales, tuvieron que escalar pequeños peldaños que, en el caso de la industria audiovisual, se traducen en la realización de comerciales, videos musicales o cortos. Este artículo va dedicado, precisamente, a éstos últimos. Echamos un vistazo a aquellas pequeñas producciones que, sin duda, sirvieron para impulsar la carrera de diversos directores al convertirse en importantes y exitosos largometrajes. A continuación, nuestra lista de películas que comenzaron como cortometrajes y no sabías.
12 Monos (Terry Gilliam, 1995)
Basado en el cortometraje: La Jetée, de Chris Marker (1962)

La Jetée es narrada a través de fotos fijas en blanco y negro, voz en off y una banda sonora tan inquietante como melancólica. Marker nos sumerge, de forma magistral, en la historia de un hombre prisionero que, tras la III Guerra Mundial, es utilizado para realizar viajes en el tiempo cuyo objetivo es buscar una alternativa para revertir el caos de una sociedad, ahora, sumergida en la tragedia. Mientras eso sucede, nuestro protagonista también trata de reconstruir el recuerdo de su amada en tiempos de guerra. Me atrevo a decir que, entonces, La Jetée es una auténtica obra maestra de la ciencia ficción.
Terry Gilliam se “roba” el argumento para construir el universo posapocalíptico de 12 monos, una película sobre viajes en el tiempo donde un preso es enviado al pasado para descubrir qué condujo al fin de la civilización. Sin embargo, el también director de Brazil, ingeniosamente, no sólo adereza su aclamada versión con la temática del tiempo y los recuerdos rotos, sino que a su vez se atreve a introducir a un grupo terrorista conocido como The Army of the Twelve Monkeys perpetradores de un virus mortal contra la humanidad. La película ofrece grandes actuaciones de la mano de Bruce Willis y Brad Pitt, quien, por cierto, obtuvo una nominación al Óscar.
Distrito 9 (Dir. Neill Blomkamp, 2009)
Basado en el cortometraje: Alive in Joburg, de Neill Blomkamp (2006)

Alive in Joburg fue concebido como un falso documental de ciencia ficción (mockumentary) que funge como una alegoría a temas como el apartheid acaecido en países como Sudáfrica. Esta versión distópica situada en el país africano sigue a un grupo de refugiados extraterrestres, quienes llegan a la Tierra y así acentuarse entre la población humana. La inesperada visita se convierte en caos cuando los alienígenas adoptan un carácter nómada, lo que provoca una tensión creciente entre los refugiados extraterrestres y la población civil de la Tierra.
Tiempo después de haber lanzado este proyecto, Neill Blomkamp —quien ya había hecho cortos inspirados en Halo— figuraba como el director de una posible adaptación fílmica de la exitosa serie de videojuegos bajo la producción de Peter Jackson (El señor de los anillos). Sin embargo, el proyecto nunca se concretó y esto significó, digámoslo así, un golpe de suerte para el cineasta sudafricano, pues Jackson le facilitó a Blomkamp $30 millones de dólares para que los invirtiera en el proyecto que quisiera y así nació Distrito 9, con la participación protagónica, de nueva cuenta, de Sharlto Copley. Distrito 9 fue nominada a cuatro premios Óscar, entre ellos Mejor guion adaptado y Mejor película.
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Frankenweenie (Tim Burton, 2012)
Basado en el cortometraje: Frankenweenie, de Tim Burton (1984)

Frankenweenie también nació como cortometraje en 1984 o del mismo modo podríamos clasificar este título como un remake. Resulta que aquel material ochentero en blanco y negro fue dirigido por Tim Burton, cuando tenía 25 años, para Disney.
Sin embargo, en aquella época la Casa del Ratón consideró que el cortometraje no era apropiado para el público infantil, ya que se trataba de un niño que resucitaba a su perro muerto —una historia bastante terrorífica para los ejecutivos del estudio, ¿no?—, y entonces lo archivó con la clasificación PG, pese a que estaba planeado estrenarlo en cines antes del reestreno de Pinocho, el 21 de diciembre de 1984. Tiempo después, cuando Tim Burton experimentó el éxito con Beetlejuice y Batman, Disney liberó el cortometraje Frankenweenie en formato casero en el año de 1994. Actualmente, el cortometraje aparece como extra en la película El extraño mundo de Jack (1993).
De hecho, Tim Burton le dijo a EW que haber filmado el cortometraje Frankenweenie en live action fue un golpe de suerte porque el actor Paul Reubens le llamó para dirigir La gran aventura de Pee-Wee (1985) después de ver el cortometraje. Como consecuencia prosiguieron los éxitos antes mencionados Beetlejuice, Batman y, obviamente, el largometraje animado (stop- motion) Frankenweenie en 2012. La película obtuvo una nominación al Óscar en la categoría de Mejor película animada.
Saw: Juego del miedo (James Wan, 2004)
Basado en el cortometraje: Saw 0.5, de James Wan (2003)

La saga completa de Saw, sin duda, se ganó un lugar especial en los anales del cine de horror y sigue tan vigente como una serie de larga duración que hasta Chris Rock se aventuró a protagonizar Espiral: el juego del miedo continúa (2021). Pero antes de llegar a ese punto, Saw inició como un cortometraje desarrollado y filmado en 2003 por el director australiano James Wan y su amigo de la universidad, el también director Leigh Whannell (El hombre invisible, 2020), quien, por cierto, también lo protagonizó en el papel de David. Es de destacar que David se convirtió en Adam Stanheight, quien fungió como personaje principal de la película Saw (2004) y posteriormente apareció en las siguientes entregas, pero a partir de cameos (vía).
Así pues, ambos directores llamaron la atención de Lionsgate y finalmente Saw se convirtió en un largometraje cuyo estreno se efectuó —antes de llegar a salas comerciales— en el Festival de Cine de Sundance. Podemos decir, entonces, que el atractivo principal de Saw ha sido la tortura fisca y psicológica de un juego sangriento y mortal donde ninguna víctima escapa.
El despertar del diablo (Sam Raimi, 1981)
Basado en el cortometraje: Within the Woods, de Sam Raimi (1978)

Todos ubicamos esa dupla compuesta por el actor Bruce Campbell y el director Sam Raimi gracias a El despertar del diablo. Sin embargo, sus colaboraciones datan desde los años 70 gracias a varios cortos con los que dio inicio la carrera del también director de Spider-Man. El despertar del diablo, justamente, es muy importante en la carrera de Raimi, pues significó su debut como director. Pero esta ópera prima, perteneciente al género de horror, no se habría convertido en un filme de culto, de no ser por la realización de Within the Woods en 1978.
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Sam Raimi llamó a su viejo amigo Bruce Campbell para filmar con una cámara Super 8 Within the Woods con un presupuesto estimado de apenas $1,600 dólares. El propósito de Raimi era, por supuesto, llamar la atención de los productores y así convertir su cortometraje de bajo presupuesto en una de las franquicias de terror más importantes del cine. El cometido se logró tras proyectar Within the Woods junto con El show de terror de Rocky en un cine local (vía). El resto es historia y actualmente Within the Woods es considerada una precuela de la exitosa franquicia El despertar del diablo.
Boogie Nights: Juegos de placer (Dir. Paul Thomas Anderson, 1997)
Basado en el cortometraje: The Dirk Diggler Story, de Paul Thomas Anderson (1988)

De entrada, esta película de Paul Thomas Anderson debe considerarse como uno de los mejores filmes que nos regaló la década de los años 90 y que además consolidó su carrera, otorgándole una nominación al Óscar en la categoría de Mejor guion original. La película, protagonizada por Mark Wahlberg, sobre un joven que busca construir una exitosa carrera dentro del cine pornográfico en California durante los años 70, pero que se da de topes por los altibajos en dicha industria, también comenzó como un cortometraje.
El material se llama The Dirk Diggler Story y fue escrito y dirigido por Paul Thomas Anderson cuando apenas tenía 17 años. Valiéndose del falso documental (mockumentary), el también director de Magnolia nos cuenta la historia sobre el ascenso y la caída de una estrella porno ficticia llamada Dirk Diggler. Por otra parte, dicho argumento está inspirado en la polémica vida de John Holmes, uno de los actores porno más famosos de la industria durante los años 70 y 80 (vía).
Whiplash: Música y obsesión (Dir. Damien Chazelle, 2014)
Basado en el cortometraje: Whiplash, de Damien Chazelle (2013)

Aunque la carrera de Damien Chazelle comenzó con Guy and Madeline on a Park Bench (2009), la realidad es que sus inicios como director resplandecieron con la película Whiplash en el año 2014, la cual obtuvo varios reconocimientos, entre ellos tres victorias en los premios Óscar: Mejor edición, Mejor edición de sonido y Mejor actor de reparto por la estupenda interpretación de J.K. Simmons como Fletcher. Cabe acotar que Chazelle también recibió su primera nominación al Óscar por este trabajo.
Pero nada de eso hubiera sido posible, si, un año atrás, el cineasta no hubiera vertido parte de la idea original dentro de un cortometraje del mismo nombre protagonizado por J.K. Simmons y por Johnny Simmons —y no Miles Teller— como Andrew Neiman. Resulta que para levantar el largometraje y conseguir financiamiento, Chazelle se propuso rodar una de las escenas del guion original, convertirla en cortometraje, participar en concursos destinados a este tipo de trabajos y, finalmente, presentárselas a los productores para llamar su atención (vía).
Su intento rindió frutos y, de hecho, el cortometraje Whiplash consiguió el Premio del Jurado de Cortometraje en el Festival de Cine de Sundance. Lo que queda claro del cortometraje y el largometraje Whiplash es que nadie, absolutamente nadie como J.K. Simmons para interpretar a ese profesor de música con tan peculiares y rigurosos métodos de enseñanza.
Cuando las luces se apagan (Dir. David F. Sandberg, 2016)
Basado en el cortometraje: Lights Out, de David F. Sandberg (2013)

Antes de ¡Shazam!, el cineasta sueco David F. Sandberg había dirigido un buen puñado de cortos. Atraído por el terror, puso en marcha Lights Out, un cortometraje de casi 3 minutos que siempre hace preguntarnos: ¿qué es lo peor que puede pasar cuando estamos solos en nuestra habitación? El impacto fue tan avasallador en internet que, de inmediato, llamó la atención de los productores de Hollywood y así nació, tres años después, Cuando las luces se apagan, que con tan sólo un presupuesto de $4,900,000 MDD, alcanzó $148,868,835 MDD en taquilla global.
Mamá (Dir. Andy Muschietti, 2013)
Basado en el cortometraje: Mamá, de Andy Muschietti (2008)

Al inicio de este artículo hablamos de como Peter Jackson “apadrinó” a Neill Blomkamp para hacer realidad la película Distrito 9. Ahora toca el turno de cómo el ganador del Óscar Guillermo del Toro impulsó la realización de Mamá, de Andy Muschietti, para convertirla en una exitosa película de terror.
El cortometraje del cineasta argentino fue descubierto por el director tapatío, quien, como todos sabemos, es un auténtico aficionado al terror, lo sobrenatural y a las criaturas fantásticas. Así, tras tal descubrimiento, Mamá significó la ópera prima de Muschietti, quien hizo todo lo posible por mantener la idea original y pura de su cortometraje para extenderla en la película protagonizada por Jessica Chastain (vía). Sobra decir que Guillermo del Toro funge como productor de la película Mamá.
De hecho, existe una versión reeditada del cortometraje que se utilizó como parte de la campaña de promoción de la película y que incluye una introducción de Guillermo del Toro. “Este cortometraje tiene un estilo limpísimo, técnicamente perfecto, y está cargado de emoción, de terror […] profundamente emocionante. Este cortometraje tiene un plano secuencia muy largo construido de varios planos unidos a través de la edición digital. Me demostró instantáneamente que Andy [Muschietti] era un director con estilo, pero con conciencia muy grande de la narrativa”, relata el director de La forma del agua.
Relic: Herencia maldita (Natalie Erika James, 2020)
Basado en el cortometraje: Creswick, de Natalie Erika James (2017)

En Relic: Herencia maldita, ópera prima de Natalie Erija James, se utilizan las convenciones del terror para enfrascarnos en una historia que explora las maldiciones familiares, el paso del tiempo y el deterioro del cuerpo a nivel físico y mental. Sin embargo, para verter todos esos elementos en una misma historia, la cineasta japonesa-australiana se basó en una experiencia personal; así como en el cortometraje de su propia autoría: Creswick.
Aunque hemos mencionado que Creswick inspiró el argumento de Relic: Herencia maldita y no es precisamente el cortometraje convertido en película, vale la pena por los elementos en común: la herencia de las enfermedades mentales, la dificultad para afrontar viejos traumas y la presencia de entidades malignas dentro de una casa. Cabe acotar que Creswick también se refiere a una ciudad australiana, sitio donde toma lugar tanto el cortometraje homónimo como Relic.
Bonus – Películas que comenzaron como cortometrajes
- The Babadook (2014) – Monster (2004)
- This Is The End (2013) – Jay & Seth vs. The Apocalypse (2007)
- Sin City (2005) – Frank Miller’s Sin City: The Customer Is Always Right (2004)
- 9 (2009) – 9 (2005)
- THX-1138 (1971) – Electronic Labyrinth THX 1138 4EB (1967)
- Juegos, trampas y dos armas humeantes (1998) – The Hard Case (1995)
- Buscando el crimen (1996) – Bottle Rocket (1992)
- Napoleón Dinamita (2004) – Peluca (2002)
- Sling Blade (1996) – Some Folks Call It a Sling Blade (1994)
- Cashback (2006) – Cashback (2004)
- Half Nelson (2006) – Gowanus, Brooklyn (2004)
- Enredos de Oficina (1999) – Milton (1991)
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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