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En el cine no necesitas tener algo que decir: una plática con Apichatpong Weerasethakul

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El cine de Apichatpong Weerasethakul crea experiencias sensoriales con un lenguaje e historias que asemejan a los sueños y los recuerdos, sin abandonar la sencillez. En sus películas, que difuminan la barrera entre la realidad y lo onírico: suelen figurar fantasmas, motivos fantásticos y personajes que habitan más de un cuerpo. Memoria, su más reciente trabajo, es una extensión de estas obsesiones, así como una nueva faceta de su carrera al filmar por primera vez lejos de su natal Tailandia, en Colombia, y con una actriz con el renombre internacional de Tilda Swinton.

En los primeros minutos de Memoria, Jessica (Tilda Swinton) conoce en un estudio de sonido a Hernán (Juan Pablo Urrego). Antes de explicar su presencia, él le pide que tome asiento para terminar lo que estaba haciendo: escuchar una canción. Por un par de minutos, la historia de esta mujer –acechada por un ruido que no la deja dormir mientras visita a su hermana enferma en Bogotá– se suspende. Weerasethakul, también conocido como Api, nos invita a usar el cine para perdernos en los sonidos, tal como hacen sus personajes: a explorar las texturas sonoras y visuales que la escena ofrece.

Ganadora del Premio del Jurado en Cannes 2021 (festival que ya había premiado sus anteriores Blissfully yours, Tropical Malady y coronado con la Palma de Oro La leyenda del tío Boonmee), Memoria fue coproducida por la compañía mexicana Piano, fundada en 2011 por Sebastián Hoffman y Julio Chavezmontes. A propósito de su llegada a salas mexicanas, el cineasta tailandés nos comparte sus reflexiones sobre las similitudes inesperadas entre películas y árboles, los aprendizajes de su primera producción en español y sobre su trabajo con el mexicano Daniel Giménez Cacho, quien encarna un papel dentro de la narrativa.

Apichatpong Weerasethakul
Tilda Swinton en Memoria, de Apichatpong Weerasethakul.

¿Cómo y cuándo tuviste tu primer contacto con Colombia?

Oh. Puede ser que a través de libros, y luego en 2017 fui al Festival de Cine de Cartagena a hacer una retrospectiva y una master class, y entonces viajé alrededor del país por casi dos meses. Y me sentí muy cómodo y conectado con el ritmo y el caos ahí. Así que ahí inició.

¿Eso te llevó a hacer Memoria?

Sí, definitivamente. Empecé a escribir sobre lo que sentía, tomé fotografías y la película se formó de esos bocetos.

¿Y cómo se involucró Tilda Swinton?

¡Ah! Somos amigos y siempre deseamos trabajar juntos, desde hace mucho tiempo, y le dije: “Colombia, ¿qué tal eso?”. Y ella respondió: “¡Ok!”. Eso fue todo. Por eso la quiero tanto, porque sencillamente nunca dice no. Sólo dice sí y creo que no sólo es a mí, sino a la vida. Esa actitud es realmente adictiva y te enamora.

¿Investigaste mucho? Lo pregunto porque hay varios elementos que sugieren una lectura política en Memoria, sobre la memoria histórica del país.

Estoy al tanto y hablé con mucha gente, especialmente en hospitales. Pero cuando hice la película, pensé que tenía que mantenerlo de fondo, en términos de ritmo y de los colores, las sombras… Todas esas cosas quería mantenerlas abiertas. Y creo que, más o menos, funcionó, porque cuando mostramos la película en Colombia algunas personas lloraron y algunas vieron algo… complejo, porque se sintió tan familiar con su propia memoria, pero no pueden expresar por qué. Algunas personas enviaron correos electrónicos a mi productor, porque la película les movió profundamente, pero no podían explicarlo con palabras, el cómo ni el por qué. Y para mí, escuchar eso es muy conmovedor.

Memoria,de Apichatpong Weerasethakul.

Ahora que mencionas eso, solemos decir que lxs cineastas “deben tener algo que decir, pero cuando veo tus películas, es distinto. Como si buscaras materializar sensaciones, descubrir cosas a través del cine, más que “decir algo”. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo concibes las películas que haces?

Uhm, es cierto. En realidad, no tengo “nada que decir”, porque siento que a veces la belleza de mirar una película es como mirar un árbol. No necesitas decir nada, sólo conectas y entonces disfrutas los detalles de la imagen misma. Y a veces, mientras observas, puede que pienses en algo, que estés en tu propia memoria, o a veces no necesitas pensar.

Tal vez ese es el proceso creativo: sólo acudir a cierto lugar y estar ahí. Y escucharlo, tomar fotografías, grabar sus sonidos e intentar hacerle sentido a todo eso. Y después, colaborar. Con mi camarógrafo, con Tilda, con el equipo de Colombia. Eso también es parte de la belleza del mundo. Así que es muy espontáneo.

¿Hallaste algún tipo de similitudes entre Colombia (o Latinoamérica) y Tailandia?

Creo que el caos del lugar y… ¿cómo se dice? La manera en que la gente se relaciona con el tiempo. Encuentro belleza en eso. Y lo casual, y la cercanía; la intimidad del contacto. Es muy estrecho.

Apichatpong Weerasethakul
El cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul.

Siendo tú arquitecto, creo que tienes una sensibilidad particular para los espacios. ¿Qué querías encontrar en ellos cuando buscabas locaciones en Colombia?

Bueno, buscaba simplemente sentarme ahí, escuchar y ver, pero también hablar con la gente. Hablé con artistas, con cineastas, ¡con cualquier persona! Pero, además, el español no es mi idioma, lo cual lo hizo un poco más difícil. Así que hablé con doctores, porque de verdad me encantan los hospitales, ya que creo que tienen un mundo propio y que éste muestra muchas verdades universales sobre el malestar.

¿Cuán complicado fue dirigir una película hablada sobre todo en español?

¡Oh, es adictivo! Porque me apoyé 100% en el coach de idiomas y en la intuición de todo el equipo, ¿sabes? Porque mi propia intuición no funciona en español. Todo mundo entendió mi trabajo anterior y cómo el lenguaje en los medios es muy diverso, cómo encontrar la línea para no presentar la realidad, sino cierto tipo de realidad.

Y eso, no sé… Es mágico. No sé cómo lo hicimos, pero es algo que se queda en medio; lo mantuvimos entre la realidad y la memoria. Y la velocidad también tenía que ser un poco más lenta que la realidad, creo. Así me aproximé a la película, porque Jessica, el personaje, está como en un sueño.

¿Cómo fue el proceso de crear los sonidos de Memoria?

Creo que fue como en otras películas mías. Cuando hago el sonido, estoy muy atento a los detalles de la vida y cómo llevar todo eso, al cuadro y en relación con la tecnología de la experiencia del cine. Así que con Memoria fue igual. De hecho, trabajamos con el sonidista que colabora con Carlos Reygadas, Raúl Locatelli. Es un genio. Es realmente sensible, y toda la operación fue una colaboración de Raúl, Javier [Umpierrez], el estudio en México y con mis diseñadores sonoros tailandeses. Trabajamos en conjunto. El equipo mexicano enviaba los foleys, todo el sonido integrado. Fue una asombrosa, asombrosa operación.

Y hablando de México, fue una sorpresa encontrar a Daniel Giménez Cacho en el elenco. ¿Cómo fue trabajar con él?

Él es un enigma. Para mí, es un enigma. Y una necesidad. Porque estuvimos buscando a ese personaje en muchos lugares, en distintos países, pero para mí… Ya sabes, su presencia, su voz y la manera en la que él es una mezcla de casualidad y algo que… tiene su propia historia, dentro de él, que por alguna razón no puedes encontrar en otros. Para mí, es nostalgia. Hay algo de nostalgia en él. No lo puedo explicar, pero me encanta. Pero fue muy corto, creo, cuando trabajé con él; fue tan poco el tiempo y tan poco de él en la película porque, al final, todo es sobre Jessica. Pero siento que si trabajamos más tiempo juntos, y más en español, podría hacer algo maravilloso con Daniel.

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El mexicano Daniel Giménez Cacho y Tilda Swinton en Memoria, de Apichatpong Weerasethakul.

A veces, Latinoamérica (y por supuesto, Colombia) son vistas a través de un punto de vista turístico/exótico. ¿Pensaste conscientemente en evitar eso?

Es una buena pregunta, porque no sé qué es lo “exótico” e incluso en Tailandia a veces tengo problemas, porque es muy hermosa y digo ¿por qué no? (ríe). Pero cuando estaba en el pueblito, le pregunté muchas veces a los miembros del equipo: ¿Eso es exótico?, porque es muy pintoresco, pero respondían: “No, así es como vive la gente”.

Y al final, creo que principalmente trabajé con mi director de fotografía [Sayombhu Mukdeeprom] al encuadrar, ¿sabes? Porque siento que encuadrar en el cine a veces es… El encuadre en sí mismo a veces es exótico; la distancia y la elección de los lentes crean cierto exotismo, donde quiera que estés. Entonces, ese es un gran elemento que trabajé con mi director de fotografía, para evitarlo.

Memoria es una coproducción multicultural; tiene casi diez naciones involucradas. ¿Cómo fue para ti trabajar con ese modelo de producción?

Oh, yo no soy parte de eso. Creo que el productor lidia con ello pero, para mí, la operación fue colombiana. Colombiana, y tailandesa, y de hecho un poco de México. Tuvimos un equipo de maquillaje y peinados de México y, por supuesto, el sonido. El resto es colombiano. Así que no lo sé. Lo sorpresivo es que fuera tan tranquilo para mí, porque yo esperaba caos y, de hecho, estaba esperando retos, grandes retos. Pero, en realidad, fue un reto muy sencillo (ríe).

Así que, en términos del rodaje, fue muy fácil, muy sincronizado. Tuve mucho tiempo para trabajar con Tilda, para trabajar de verdad el apartado emocional de la película.

Memoria, de Apichatpong Weerasethakul

A veces, al leer sobre tus películas o las de otrxs cineastas, encuentro esta frase de que tu cine “no es para todos”. ¿Qué piensas de eso? ¿Qué tipo de audiencias esperas que vean tus películas?

No tengo expectativas. Yo creo que una película es como una persona, ¿no? A veces, sencillamente alguien te gusta, y a veces no. Eso entiendo yo con que no es para todos, sólo eso. Y honestamente, no me importa (risas).

¿Quieres seguir filmando en otros países, o estás pensando en volver [a filmar en Tailandia]?

¡Sí, sí quiero! Con esta experiencia, creo que es un mito eso de, ya sabes, volver todo el tiempo a Tailandia. Siento que ya lo tengo dentro de mí, ¿sabes? Este tipo de punto de vista, que puede estar en cualquier lugar.

Memoria, de Apichatpong Weerasethakul, se puede ver ya en salas mexicanas:

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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes

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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?

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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

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El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.

A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos

Casino Royale y el renacer del espía moderno

Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.

La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.

Rounders, el lado más humano del póker

Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.

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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.

Peaky Blinders y el negocio detrás del juego

Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.

Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.

El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo

Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.

Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.

Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.

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Un vínculo que sigue evolucionando

Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.

Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.

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