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¡The Killers colaboran con Bruce Springsteen en la rola “Dustland”!

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Vaya que el 2021 aún tiene un montón de sorpresas para nosotros desde la cancha de la música. Muchas bandas y artistas se están preparando para regresar formalmente a los escenarios luego de un año bastante complicado para la industria, aunque algunos decidieron entrar al estudio para crear canciones únicas. Como el caso de The Killers quienes armaron una colaboración espectacular con una leyenda de la música: Bruce Springsteen. 

En 2020, Brandon Flowers, Ronnie Vannucci Jr. y Mark Stoermer lanzaron el sexto material discográfico de toda su carrera, Imploding the Mirage. Meses después de que este álbum viera la luz, la banda bajita la mano mencionó que ya estaban trabajando en un nuevo disco y han mencionado que podría llegar este mismo año. Sin embargo, mientras sueltan más información y confirman detalles, trabajaron con ni más ni menos que ‘El Jefe’. 

¡The Killers confirman que este año lanzarán un nuevo disco!

Foto: Getty Images

También puedes leer: LA HISTORIA DE LA DECEPCIÓN AMOROSA Y LOS ARTISTAS QUE INSPIRARON “MR. BRIGHTSIDE” DE THE KILLERS

The Killers y Bruce Springsteen se unen en “Dustland”

Hace unos días, The Killers anunció con bombo y platillo en sus redes sociales que muy pronto podríamos escuchar la rola que armaron con Bruce Springsteen. Lo único que mencionaron fue que estaría disponible el 16 de junio, pero luego de mucha espera y anticipación, por fin llegó a nosotros esta colaboración que no veíamos venir en una canción llamada “Dustland” y que seguramente no será desconocida para los fans from hell.

Resulta que esta es una reinterpretación de “A Dustland Fairytale”, tema que apareció en el tracklist del tercer álbum de la banda de Las Vegas, Day & Age, y sirvió como cuarto y último sencillo del disco. Aquí escuchamos a Flowers y Springsteen cantando cada quien sus respectivas partes, pero lo mejor llega justo a la mitad y el final de la rola, porque es en ese preciso momento donde ambos unen sus voces para regalarnos un momento épico. 

¡The Killers colaboran con Bruce Springsteen en la rola "Dustland"!

Esta es la portada de “Dustland”, la rola de The Killlers y Bruce Springsteen/Foto vía Twitter: @thekilllers

La curiosa historia de esta colaboración

En un comunicado publicado en redes sociales, Brandon Flowers contó la extraña historia de cómo nació esta colaboración con Bruce Springsteen. Según el frontman, ‘El Jefe’ lo contactó a través de un mensaje de texto en febrero de 2020 donde le dijo supuestamente lo siguiente: “Viendo Glastonbury, ustedes se han convertido en una banda infernal en vivo, hermano mío. Me encanta el traje dorado. Tenemos que hacer ‘Dustland’ algún día”.

Por supuesto que el vocalista de The Killers no podía creerlo, es por eso que le escribió directamente al hijo de Bruce, Evan, para confirmar si ese era el número de su papá y en efecto, Springsteen le había mandado ese mensaje. Más tarde, Flowers reflexionó sobre el significado de esta canción –porque la compuso cuando su madre, Jeannie, estaba luchando contra el cáncer– y lo importante que era trabajar con el cantante de “Born in the USA”.

The Killers investigan una acusación de abuso sexual por parte de su staff

Brandon Flowers y Johnny Marr en la presentación de The Killers en Glastonbury 2019/ Foto: Getty Images

También tenemos video oficial (con todo y Springsteen)

Sin embargo, más tarde el propio Brandon Flowers elogió el enorme legado de Bruce, por escribir “mucho sobre gente como mis padres”, así como por encontrar “mucha belleza en las esperanzas y los sueños de gente que de otro modo sería invisible”. Para concluir, le dio las gracias al músico por todo lo que ha hecho y también a sus papás: “Le agradezco que me haya abierto esta puerta. Estoy agradecido a mis padres por su ejemplo para mí.

Por si esto no fuera suficiente, además del sencillo también estrenaron el video oficial para esta rola. En él podemos ver a la banda tocando en un cuarto junto a un conjunto de cuerdas de acompañamiento, mientras Springsteen se les une a la distancia cantando y tocando la guitarra. Esta es una interpretación llena de energía, entrega e intensidad, justo lo que merecía un tema tan emotivo como este.

¡The Killers colaboran con Bruce Springsteen en la rola "Dustland"!

Foto: Captura de pantallla

Ya estuvo bueno de hablar, es momento de pasar a la música. Súbanle a todo el volumen y alégrense el día escuchando a continuación “Dustland”, la canción de The Killers y Bruce Springsteen: 

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Morelia: El FICM prepara una suite para celebrar al cine sonoro nacional

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La música del cine mexicano, de la cual en varios casos no existen las partituras, está siendo recuperada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para conformar una suite que se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). 

Daniel Hidalgo, presidente de la Academia, informa que se trata de una de las varias actividades que se están haciendo para conmemorar los 80 años de la institución, que anualmente otorga el premio Ariel a lo mejor del cine nacional. 

Recuerda que en varios casos las partituras no existen, ya sea por no conservarse o haberse perdido, por lo que mientras los compositores vivos harán sus propios arreglos; Enrique Chapela será el encargado de oír y reproducir las más antiguas. 

“Estamos haciendo una investigación con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) porque se tiene que hacer todo con cuidado. Una transcripción no funciona porque son cinco segundos en un lado (escena de película), 10 allá, cinco acá, entonces hay que trabajar mucho. Ya Morelia nos dijo que sí (el concierto, en octubre), pero todavía no sabemos qué día sería”, comenta. 

Hidalgo ya tenía esta idea desde hace al menos una década, pero por cuestiones económicas no se había concretado. Él mismo es un compositor que ha colaborado en las películas “Amores perros” y “Cuidado con lo que deseas”, así como la serie “El apóstol”. 

La suite, en la que se juntarían distintos temas de películas de las que se reserva los títulos, es una forma musical armónica compuesta por una serie de movimientos o piezas breves.

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Morelia: El FICM prepara una suite para celebrar al cine sonoro nacional

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La música del cine mexicano, de la cual en varios casos no existen las partituras, está siendo recuperada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para conformar una suite que se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). 

Daniel Hidalgo, presidente de la Academia, informa que se trata de una de las varias actividades que se están haciendo para conmemorar los 80 años de la institución, que anualmente otorga el premio Ariel a lo mejor del cine nacional. 

Recuerda que en varios casos las partituras no existen, ya sea por no conservarse o haberse perdido, por lo que mientras los compositores vivos harán sus propios arreglos; Enrique Chapela será el encargado de oír y reproducir las más antiguas. 

“Estamos haciendo una investigación con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) porque se tiene que hacer todo con cuidado. Una transcripción no funciona porque son cinco segundos en un lado (escena de película), 10 allá, cinco acá, entonces hay que trabajar mucho. Ya Morelia nos dijo que sí (el concierto, en octubre), pero todavía no sabemos qué día sería”, comenta. 

Hidalgo ya tenía esta idea desde hace al menos una década, pero por cuestiones económicas no se había concretado. Él mismo es un compositor que ha colaborado en las películas “Amores perros” y “Cuidado con lo que deseas”, así como la serie “El apóstol”. 

La suite, en la que se juntarían distintos temas de películas de las que se reserva los títulos, es una forma musical armónica compuesta por una serie de movimientos o piezas breves.

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Arte: José Pablo Moncayo, el hombre que moldeó el alma de la música mexicana

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José Pablo Moncayo vivió apenas 45 años. Pero le bastó menos de medio siglo para convertirse en una de las figuras fundamentales de la música mexicana. Pianista, director de orquesta y compositor, formó parte de una generación de creadores que intentó responder una pregunta que atravesó buena parte del siglo XX: cómo construir una música capaz de dialogar con el mundo sin perder sus raíces mexicanas.

La búsqueda ocupó gran parte de su trayectoria. Desde las aulas del Conservatorio Nacional de Música hasta los escenarios más importantes del país, Moncayo trabajó junto a algunos de los compositores que redefinieron el panorama musical mexicano. Fue alumno de Carlos Chávez, integrante del llamado Grupo de los Cuatro y uno de los artistas que encontraron en los ritmos populares, las tradiciones regionales y los paisajes sonoros del país una fuente constante de inspiración.

Su nombre suele aparecer ligado a una sola obra, el célebre “Huapango”, pero la dimensión de su legado va mucho más allá de una partitura. El compositor participó en la construcción de una identidad musical mexicana moderna, desarrolló una voz propia como compositor y dejó obras que continúan formando parte del repertorio habitual de las orquestas nacionales.

Un prodigio de su generación

Nacido en Guadalajara el 29 de junio de 1912, creció en una familia donde la música formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, carpintero de oficio y aficionado a la guitarra, alentó desde temprano el interés artístico de sus hijos. Cuando su familia se trasladó a la Ciudad de México, el joven Moncayo inició una formación musical que pronto reveló un talento excepcional. Ingresó al Conservatorio Nacional de Música, donde estudió piano, teoría musical, composición y dirección orquestal. Allí coincidió con algunos de los músicos que definirían el rumbo de la creación musical nacional durante las décadas siguientes.

Entre sus maestros destacó Carlos Chávez, figura central de la cultura nacional en la primera mitad del siglo XX. Chávez no solo impulsó la carrera de Moncayo, sino que también lo integró a un proyecto artístico que buscaba construir una identidad musical mexicana capaz de dialogar con las corrientes internacionales sin renunciar a sus raíces. Junto con compositores como Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala Pérez, Moncayo formó parte del llamado Grupo de los Cuatro, un conjunto de jóvenes creadores que exploraron las posibilidades de incorporar elementos populares, indígenas y regionales al lenguaje de la música sinfónica.

Aquella búsqueda coincidía con un momento particular de la historia cultural mexicana. Tras la Revolución, artistas, escritores, pintores y músicos intentaban responder una misma pregunta: ¿cómo representar a México desde el arte? Mientras los muralistas llenaban edificios públicos con imágenes de campesinos, obreros e indígenas, los compositores buscaban construir un equivalente sonoro de esa identidad nacional. Moncayo encontró una respuesta en los ritmos populares; a diferencia de otros nacionalismos musicales que se limitaban a citar melodías tradicionales, su trabajo consistió en transformar esos materiales dentro de una escritura orquestal compleja y sofisticada.

Una obra con eco eterno

La mejor muestra de ello apareció en 1941. Ese año, por encargo de Carlos Chávez, Moncayo viajó junto con Blas Galindo al Estado de Veracruz para recopilar sones tradicionales interpretados por músicos populares de la región. De aquella experiencia surgió “Huapango”, obra basada principalmente en los sones “El Siquisirí”, “El Balajú” y “El Gavilancito”. Lejos de limitarse a transcribir esas melodías, el compositor las reorganizó, expandió y convirtió en una pieza sinfónica de enorme energía rítmica. El resultado fue inmediato. Desde su estreno, la obra capturó algo difícil de definir, pero fácil de reconocer: la sensación de movimiento, celebración y vitalidad que muchos asociaban con el país. Con los años, el “Huapango” terminó siendo descrito como el segundo himno nacional mexicano.

La comparación puede parecer exagerada, pero revela el lugar que ocupa dentro del imaginario colectivo. Pocas composiciones académicas han alcanzado una popularidad semejante. Parte de su éxito radica en su capacidad para comunicar de manera directa, pues aunque la pieza posee una elaboración técnica notable, nunca pierde contacto con las melodías y ritmos que le dieron origen. El público puede seguir su desarrollo sin necesidad de conocimientos musicales especializados. La obra habla un lenguaje complejo sin dejar de ser cercana.

El nacionalismo encuentra su voz

La importancia de Moncayo también puede medirse por el momento histórico que representó dentro de la música mexicana. Durante buena parte del siglo XX, los compositores del país buscaron construir un lenguaje propio que dialogara con las tradiciones populares sin renunciar a las herramientas de la música académica. Aquella generación encontró en Moncayo una de sus voces más sólidas y personales. 

El musicólogo Armando Torres Chibrás señaló que el compositor jalisciense representa “uno de los legados más importantes del nacionalismo musical mexicano”, colocándolo junto a figuras fundamentales como Carlos Chávez y Silvestre Revueltas. Varios historiadores de la música han visto en su muerte un punto de inflexión para la creación musical mexicana. 

El crítico José Antonio Alcaraz llegó a afirmar que el ciclo del nacionalismo musical mexicano puede considerarse concluido simbólicamente en 1958, año de la muerte del compositor. Una valoración semejante hizo la investigadora Yolanda Moreno Rivas, quien sostuvo que la desaparición de Moncayo marcó el cierre de una etapa fundamental en la historia de la composición nacional.

La muerte llegó demasiado pronto. Problemas de salud derivados de una afección cardíaca limitaron su actividad durante sus últimos años. Falleció apenas unas semanas antes de cumplir los 46 años. La brevedad de su vida ha alimentado una pregunta recurrente entre musicólogos e historiadores: ¿qué más habría escrito José Pablo Moncayo si hubiera contado con dos o tres décadas adicionales de creación? Y aunque la interrogante permanece abierta, lo que sí resulta evidente es que su influencia continúa vigente.

Sepulcro de José Pablo Moncayo en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. ESPECIAL

Marca diversas generaciones

  • Eterno – Cada generación de músicos mexicanos termina encontrándose con él de alguna manera: las orquestas siguen interpretando el “Huapango” de forma constante, los estudiantes de música analizan sus partituras y los directores lo incluyen en giras internacionales como una carta de presentación del repertorio nacional. 
  • Popular – Su obra también ha logrado algo poco frecuente dentro de la música académica: trascender los círculos especializados. Muchas personas reconocen el “Huapango” sin saber quién lo escribió. Otras identifican la pieza antes que el nombre del compositor: la música se integró a la vida cotidiana.
  • Especial – Más de seis décadas después de su muerte, José Pablo Moncayo sigue ocupando un lugar singular dentro de la cultura mexicana. No solo porque escribió una obra extraordinaria, sino porque encontró una forma de transformar sonidos populares en una expresión artística capaz de dialogar con públicos muy distintos. 
  • Maestro – Su legado no reside únicamente en las partituras; reside también en la posibilidad de escuchar una orquesta sinfónica y reconocer, entre sus cuerdas, metales y percusiones, ecos de plazas, fiestas, ríos, fandangos y paisajes que forman parte de la historia colectiva del país. 

Un maestro ligado a su obra

El enorme éxito de la pieza tuvo una consecuencia paradójica. Con el paso de los años, el “Huapango” terminó proyectando una sombra tan extensa que muchas de las demás composiciones de Moncayo quedaron relegadas a un segundo plano. Diversos músicos y estudiosos han señalado que la popularidad de la obra contribuyó a simplificar la imagen pública del compositor, reduciéndolo en ocasiones a una sola partitura. Reducir la figura de Moncayo al “Huapango” sería injusto, pues su catálogo incluye trabajos que muestran otras facetas de su personalidad artística.

Entre ellos destaca “Tierra de temporal” (1949), considerada por muchos especialistas como una de sus composiciones más logradas. Inspirada en la vida rural mexicana, la obra ofrece una visión menos festiva y más reflexiva del paisaje nacional. Allí aparecen las sequías, las esperanzas de la cosecha y la relación entre el ser humano y la tierra. También sobresalen obras como “Bosques”, “Muros verdes”, “Amatzinac”, “Sinfonietta”, así como piezas para piano, música de cámara y repertorio coral. En ellas puede apreciarse a un creador interesado en expandir su lenguaje más allá de las fórmulas nacionalistas que le dieron fama.

Durante la década de 1950, Moncayo comenzó a experimentar con procedimientos armónicos y estructurales más modernos. Algunos especialistas consideran que, de haber vivido más tiempo, su música habría seguido caminos muy distintos a los que suelen asociarse con su nombre. En paralelo, su carrera como director también fue notable. Dirigió importantes orquestas mexicanas y desarrolló una intensa actividad como intérprete. Muchos contemporáneos destacaban la precisión de su trabajo y su profunda comprensión de las partituras. Aun así, el reconocimiento público siempre estuvo ligado a la composición. 

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