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La historia de los subtítulos: superar la barrera de una pulgada de altura

La historia de los subtítulos es importante porque, probablemente, es la mayor muestra de unidad en el mundo del séptimo arte. Si se analiza a fondo, se trata de una lucha masiva por la inclusión, que no sólo favoreció a ciertos grupos, sino a gran parte de la población que busca poder disfrutar del entretenimiento sin condición alguna.
Destaca la forma en que múltiples personas se esforzaron para probar que las diferencias de idioma no deben ser vistas, bajo ninguna circunstancia, como una limitación, sino como una oportunidad de aprendizaje: desde elegantes trazos en cartón hasta intérpretes en vivo, pasando por codificación digital. Todo con el objetivo de vivir al máximo cada escena.

Sin más, los invitamos a adentrarse en la historia de los subtítulos.
¿Qué dices?
Desde tiempos del cine mudo ya existía curiosidad por descubrir lo que decían los personajes de las películas que se veían dentro de la sala. Fue así como se crearon los intertítulos, que son las “tarjetillas” con texto que indicaban las acciones o los diálogos de los personajes. Casi desde que se comprobó la viabilidad de la técnica, múltiples producciones la utilizaron para darle dinamismo a los relatos en pantalla, e incluso se contrataban artistas para diseñar los conjuntos de letras que irrumpían en la narrativa.
Quienes inmediatamente comenzaron a sacarle provecho a la inserción de texto dentro de los fotogramas fueron Thomas Edison y los hermanos Lumière. Sin embargo, otros inventores y cineastas comenzaron a experimentar. Uno de ellos fue Georges Méliès, quien, con la ayuda del inventor británico Robert W. Paul, creó en 1896 una variación del kinetoscopio llamada “Cinematograph Camera No. 1” (vía The Artifice).
Lo interesante de este aparato es que incorporaba un mecanismo que permitía llevar a cabo una maniobra que Paul había descubierto por accidente, denominada “doble exposición”, misma que consiste en no pasar el carrete que ya está utilizado y filmar una nueva toma sobre la secuencia ya existente. Hoy, esto se conoce comúnmente como superposición.

Este descubrimiento no sería usado a máxima capacidad sino hasta 1901, en la película Scrooge, or, Marley’s Ghost y en 1903, con Alicia en el país de las maravillas. Ese mismo año se estrenaría La cabaña del tío Tom, de Edwin S. Porter. Por alguna extraña razón, esta última es acreditada en numerosos sitios web como la primera cinta con intertítulos o tarjetas, lo cual claramente no puede ser posible a menos que… todas las películas que ya los habían utilizado dejaran de existir de repente.
En 1907 surgió la cinta College Chums, también de Porter, en la cual una pareja aparece hablando por teléfono. Esta es una obra recordada por muchos, pues muestra fotografías de los protagonistas en ambos extremos de la toma, mientras su conversación flota en el aire de un lado al otro, efecto que se considera precursor de aquellas líneas formadas por símbolos que estamos acostumbrados a ver en pantalla.

A partir de entonces, los intertítulos estarían presentes en casi todo gran metraje que se preciara de serlo. Claro, había cambios constantes en las técnicas. Curiosamente, superponer el texto con la toma en movimiento era algo que, al parecer, no muchos querían hacer. Lástima, pues era algo realmente visionario. Eso sí, el hecho de que los intertítulos fueran casi un requerimiento estándar abrió paso para la creación de las primeras secuencias de créditos, pues se volvió necesario que la audiencia conociera los nombres de quienes participaron en la producción, delante y detrás de las cámaras.

El ingenio y la interpretación
Cada vez eran más y más los filmes que se producían en Estados Unidos y Europa, pues los estudios continuaban creciendo. Así, empezaron a surgir preocupaciones con respecto a la forma en la que las obras serían presentadas en mercados extranjeros, donde ya había mucha expectativa por recibir nuevas historias. Según el portal Translation Journal, en un principio lo que se hacía era exportar las cintas en su estado original para que, una vez que estuvieran en los países destino, las tarjetillas fueran editadas, traducidas y finalmente reinsertadas, cosa que no era muy difícil de hacer. Llama la atención que, además, en caso de no poder recurrir a este método, se ideaban otras alternativas, como el “live dubbing”, o doblaje en vivo, hecho por actrices y actores que se escondían detrás de la pantalla. ¡Casi siempre improvisaban los diálogos! Además, un narrador –que sí era visible para la audiencia y estaba en el escenario en todo momento– describía la historia y traducía lo incluido en los cartones.
Pero, aunque estos experimentos eran sin duda interesantes, la industria seguiría intentando expandirse en el campo de la interpretación con letras.
¡Démosle la bienvenida al sistema actual!
En 1909 aparecería un nuevo método que, aunque no se convirtió en el predilecto, sí que contribuyó a la historia de los subtítulos y al panorama actual: consistía en la utilización de un sciopticon –proyector de diapositivas parecido a una linterna mágica– por medio del cual se insertaban manualmente láminas de cristal que contenían las interpretaciones de los intertítulos, las cuales aparecían debajo de la tarjeta dibujada (vía Collot Baca). Sin embargo, esto requería de extremo cuidado y mucha rapidez por parte de quien estuviera a cargo de la proyección, pues la sincronización era imperativa. Es importante señalar que, en múltiples sitios, libros y ensayos académicos, la creación de esta técnica se le atribuye a alguien de nombre M.N. Topp –bien pudo ser un inventor o inventora–, persona que, al parecer, patentó el sistema. No hay más rastro suyo, salvo por breves menciones aquí y allá. ¿Existirá realmente, o será un seudónimo colectivo? Este último dato hay que tomarlo con cautela.

De manera similar, en Dinamarca se intentó proyectar dos cintas en simultáneo, en dos máquinas separadas: un carrete tenía impresos los títulos y otro las imágenes. No obstante, la sincronización siguió siendo un problema, puesto que la traducción no llegaba a tiempo y el público no entendía bien lo que sucedía.
Llegamos a 1920, año en que se lanzó otro de los proyectos más cercanos a la tecnología contemporánea. El dramaturgo Abraham S. Schomer presentó la película The Chamber Mystery, que fue revolucionaria en su momento porque dentro de las secuencias los diálogos de los personajes se presentaban como globos o burbujas de diálogo– insertadas en posproducción– que los seguían a cada paso que daban mientras hablaban (vía Shadowplay). Con esto, el filme adquiría un estilo visual cuasicaricaturesco y muy atractivo, pero desafortunadamente, la obra pasó sin pena ni gloria y es hasta ahora que se le reconoce como una pieza clave en la historia de los subtítulos, con alta influencia en el ámbito audiovisual.

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La era de los intertítulos poco a poco se desvanecía, pero todavía quedan unas últimas innovaciones por conocer, mismas que llegarían de la mano de Wilhelm Prager, productor alemán que, en 1924 y 1928, debutó algunos documentales deportivos. Estas obras presentaban una mezcla de tarjetas y títulos superpuestos, muy parecidos a los de Robert W. Paul. Sin embargo, ahora no sólo se veían palabras cortas, sino que se trataba de grandes rótulos con comentarios alusivos a las carreras y también los nombres de los atletas.

Se confirma la efectividad
Poco después, el mundo conocería a Herman G. Weinberg, quien quería ser violinista y, de hecho, se dedicaba a hacer arreglos a las bandas sonoras de las películas que llegaban desde Alemania a Estados Unidos. Así como era aficionado a la música, pronto se volvería adepto a la traducción. El punto es que él, al igual que “Topp”, también colocaba las palabras en la parte inferior del cuadro. Sobre esto, dijo lo siguiente (vía):
“Me preguntaba si [los asistentes a la función] moverían su cabeza un poco para leer los títulos abajo en la pantalla y luego levantarla después de leerlos, pero no me preocupó […] Me di cuenta de que no movían la cabeza, apenas y bajaban los ojos”.

El efecto fue posible gracias a una máquina Moviola, que permitía editar una película al mismo tiempo que se veía, proceso que acortaba tiempos y servía para realizar de mejor manera la visión que desde el inicio se tenía para una historia.
Con el paso del tiempo, Herman llegaría a subtitular más de 300 cintas, además de que sus descubrimientos serían utilizados ampliamente cuando llegó…
El cine sonoro
1927 fue un año genial para la industria fílmica, y para la historia de los subtítulos, pues se estrenó la película El cantante de Jazz, la cual contenía las primeras secuencias con diálogos y canciones totalmente audibles. Tal fue el éxito y furor por el musical, que Warner Bros. comenzó a exportarlo en otros lugares, estrenándolo en París dos años después, el 26 de enero 1929, en la que es considerada la primera función subtitulada de una película con sonido. Esto fue producto de una mezcla de todos los trabajos indicados anteriormente.

Parecería que los franceses estarían encantados con la ilusión que tenían frente a sus ojos, ¿no? Pues, tristemente… no fue así. Algunos espectadores encontraron interesante la propuesta, pero la gran mayoría lo veía como una molestia o impedimento para disfrutar la función, así que pidieron que se utilizaran otros métodos de traducción. Se hicieron los primeros intentos por crear diálogos pregrabados, pero no funcionó, porque los estudios que se formaron para trabajar en esto no percibían ganancias. Hoy, la industria del doblaje prospera bastante, aunque esa es otra historia.
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Durante las décadas de los 30, 40 y 50, ante la poca viabilidad de los sistemas probados, las personas alrededor del planeta se tuvieron que adaptar a lo que había, así que la historia de los subtítulos siguió su curso. Noruega, Suecia, Finlandia, Hungría, entre muchas otras regiones, en las cuales la unión simultánea de imágenes y texto sí había tenido resultado, entraron al rescate.
Japón era uno de estos países interesados en continuar la tradición. Ahí, los encargados de traducir casi todo el material audiovisual disponible eran Shimizu Shunji y Tamaru Yukihiko, quienes ya habían presentado una modalidad en la que los títulos corrían a un lado de la película, con la pantalla dividida en dos. De a poco, ambos se fueron actualizando e incluso pasaron sus conocimientos a otros. Fueron reconocidos por presentar este arte a varios sectores de la población.
Mientras tanto, Noruega, Suecia, Hungría y Estocolmo también harían avances significativos en la historia de los subtítulos. Además, ¿adivinan quiénes regresaron al negocio? Así es: en Francia también era momento de abrazar lo inevitable. En estos lugares se optó por utilizar soluciones químicas o reacciones térmicas para estampar las letras en la cinta. Sobre el subtitulaje químico, la traductora francesa Maï Boiron comenta lo siguiente (vía):
“Usando un microscopio, releía cada placa pequeña de zinc con que se marcaban los subtítulos en la película, cuadro por cuadro”.

De nueva cuenta, el internet atribuyó el hallazgo a personas que el tiempo parece haber olvidado, y cuyos nombres sólo están disponibles en documentos académicos, pero sin mayor contexto sobre su vida y obra: Leif Eriksen, R. Hruška, Oscar I. Ertnæs y O. Turchányi.
El último respiro del subtitulaje análogo llegó con el estampado láser, cortesía de Denis Auboyer. Funcionaba agujerando y quemando la película de manera leve para crear las letras, contrario al estampado.
La era digital y el futuro
Ciertamente, los subtítulos llegaron para quedarse, sobre todo en una sociedad globalizada, de tecnologías de la información y la comunicación que nos permiten descubrir nuevas películas de todas partes del mundo. De hecho, hoy existen múltiples programas informáticos –como SubMagic, Subtitle Workshop o Subtitle Edit– que facilitan la producción de los textos permitiendo seleccionar diversos códigos de tiempo en un video y teclear lo que se quiera en el fotograma elegido. Además, también existen los subtítulos descriptivos –SDH, en inglés Subtitles for the Deaf and the Hearing Impaired–, pensados para mejorar la accesibilidad de las personas con sordera en el mundo del entretenimiento. Aquí pueden consultar otros tipos y formatos de símbolos basados en bits.
Por otro lado, en 2012 Sony presentó un par de lentes con realidad aumentada que hacen posible vivir el cine o teatro a pesar de cualquier limitación lingüística. Simplemente se ponen y estos automáticamente detectan el audio, ofreciendo interpretación instantánea.



Subtitulaje en México
En nuestro país existen diversas empresas dedicadas a la traducción y la creación de subtítulos –aquí encontrarán un amplio directorio–. Lo cierto es que cada una de estas casas productoras cuenta con un proceso único, pero que cumple el mismo fin.
En la Ley de Cinematografía publicada en 1992 se establecía el derecho de las audiencias a disfrutar de una película en su idioma original (con apoyo de subtítulos): solo aquellas cintas destinadas a un público infantil u obras educativas tenían permitido estrenarse de forma doblada. Sin embargo, las grandes distribuidoras se ampararon contra dicha medida, pues aseguraron que prohibir el doblaje les despojaba de públicos masivos debido a la alta tasa de analfabetismo en México. En la nueva iniciativa de ley, aún no aprobada en el pleno pero impulsada por la comunidad cinematográfica mexicana, se vuelve a insistir en el derecho de acceso a las películas en su idioma original y se propone la posibilidad de doblar hasta el 50% de las copias de una película.
Aunado a esto, hace poco surgió la iniciativa de subtitular todas las películas exhibidas en la República. Esto, entre otras cosas, debido a que más de dos millones de mexicanos cuentan con una discapacidad auditiva (vía Xataka México).
Bonus: una extraña forma de adaptación

¿Recuerdan que en Francia buscaban cambiar las letras en pantalla por otra técnica? Una de las alternativas era verdaderamente alocada y costosa, al menos para la época: lo que en ese entonces se conoció como “multiversiones”, que, básicamente, consistía en volver a filmar las películas con el mismo guion y en un set similar, pero con intérpretes diferentes, que fueran capaces de hablar el idioma de cada región. Una de las primeras cintas que hizo esto fue Anna Christie, de 1930 (vía Sociedad Artística Sinaloense). Es como si en este siglo Leonardo Di Caprio produjera una nueva versión de, digamos… Another Round y pensara en Jake Gyllenhaal para protagonizar. Un momento… ¡Eso ya va a pasar! Un nuevo remake. ¿En qué momento volvimos a 1929? Bueno, no hay problema. Tal vez se aplique el viejo de alterar algunos puntos de la trama primigenia y presentarla como algo fresco.
Sería bueno hacer caso al consejo que Bong Joon-ho dio al subir al escenario para su discurso cuando Parásitos hizo historia, alzándose con el Globo de Oro a Mejor película en lengua extranjera:
“Una vez que superes la barrera de una pulgada de los subtítulos, conocerás muchas más películas increíbles”.
————————–
Si quieren conocer más sobre la historia de los subtítulos, pueden ver el corto documental The Invisible Subtitler.
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Latidos a mil por segundo: Cuando el ritmo cinematográfico se convierte en pura taquicardia visual
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Apagar las luces de la sala o acomodarse en el sillón con el control remoto en la mano persigue, la mayoría de las veces, el simple deseo de desconectarse por completo de la monotonía cotidiana a través de un espectáculo que nos sacuda la estantería. Sin embargo, no cualquier persecución de autos o intercambio de disparos logra que nos olvidemos por completo de mirar el teléfono celular, el verdadero mérito radica en aquellas producciones que dominan el arte de la tensión cinética ininterrumpida.
El criterio central para dar forma a este exigente listado se basa en dar visibilidad a narrativas de precisión milimétrica donde el peligro se siente real, físico y asfixiante. Tanto las películas como las series de acción seleccionadas ganaron su lugar en este espacio porque logran que el espectador experimente una empatía visceral con los protagonistas, transformando la pantalla en una ráfaga de adrenalina constante que no da tregua ni respiro desde la escena de apertura hasta los créditos finales.
Nitro en las venas y puentes colgantes: La odisea rústica donde el camino es el verdadero infierno
La primera parada de este recorrido nos invita a rescatar a Carga maldita (Sorcerer), una producción salvaje de fines de los años 70´ que llevó al límite físico a su equipo de filmación y que hoy se alza como el monumento definitivo al suspenso rústico sobre ruedas. La trama nos introduce en un rincón miserable y olvidado de la selva sudamericana, donde cuatro hombres prófugos y desesperados de distintas nacionalidades aceptan una misión suicida a cambio de una fuerte suma de dinero y un pasaporte legal. El objetivo consiste en conducir dos camiones desvencijados y cargados hasta el tope con cajas de nitroglicerina en estado líquido a través de kilómetros de rutas destruidas, pantanos densos y condiciones climáticas extremas. El gran problema radica en que el material es tan inestable que cualquier vibración excesiva, una piedra en el camino o un frenazo brusco volatilizará los vehículos en mil pedazos de forma instantánea.
Al revisar el catálogo de las películas de acción que esquivan las fórmulas comerciales de los estudios de Hollywood, esta obra maestra del director William Friedkin destaca por su absoluta negativa a utilizar trucos de magia digital, apostando por un realismo sucio y asfixiante que transmite el peligro real de la filmación. El espectador se convierte en un pasajero invisible atrapado en las cabinas de esos gigantes de metal, sintiendo el crujido de los neumáticos sobre puentes de madera podrecida que se caen a pedazos bajo tormentas tropicales implacables. El guion prescinde de los héroes tradicionales e idealizados para concentrarse en la psicología del miedo primitivo, el desgaste de las máquinas y la fragilidad humana ante la naturaleza salvaje, logrando una descarga de adrenalina pura y física que se clava en la retina mucho después de que se apagan los motores.

Pasillos estrechos y artes marciales: La brutalidad claustrofóbica que llegó del sudeste asiático
Cambiando drásticamente de escala, pero multiplicando los niveles de violencia coreográfica, la segunda recomendación se llama La redada (The Raid) y nos encierra en los departamentos de un edificio multifamiliar controlado por un mafioso implacable en los suburbios de Yakarta. Un escuadrón de policías tácticos de élite ingresa al lugar a primera hora de la mañana con el objetivo de limpiar la estructura piso por piso, pero la misión se sale de control rápidamente al quedar atrapados y sin comunicación en un entorno donde cada inquilino está armado hasta los dientes. Lo que sigue es una demostración de supervivencia pura que utiliza las artes marciales tradicionales de la región como el motor principal de un suspenso asfixiante que no da margen de error.
El impacto que este largometraje indonesio generó en la industria global transformó la manera en que los coreógrafos de todo el mundo diseñan los combates cuerpo a cuerpo en las películas de acción contemporáneas, abandonando los cortes de edición rápidos que esconden las limitaciones de los actores para mostrar tomas largas llenas de dolor y destreza física real. Los protagonistas utilizan desde machetes y armas de fuego cortas hasta los propios muebles rotos de los pasillos para repeler oleadas interminables de agresores en espacios tan reducidos que generan una incomodidad física real en quien mira desde el sillón. La genialidad del libreto radica en que transforma la arquitectura del edificio en un personaje más del relato, convirtiendo cada puerta abierta en una potencial trampa mortal que exige una concentración absoluta.
El contrarreloj de una traición corporativa: El ritmo criminal que devora las calles de Londres
Para aquellos espectadores que prefieren trasladar la descarga de adrenalina al formato de la pantalla chica con narrativas expandidas, una de las grandes sorpresas de los últimos años llegó de la mano de Pandillas de Londres (Gangs of London) un crudo retrato sobre las mafias internacionales que operan en las sombras de las finanzas europeas. El detonante de la historia es el asesinato del líder criminal más poderoso de la ciudad, un evento que rompe el frágil equilibrio de paz entre las distintas bandas de narcotraficantes y lavadores de dinero, desatando una cacería humana implacable donde nadie está a salvo. La serie se enfoca en el hijo del capo fallecido, quien debe asumir el control de la organización mientras intenta descubrir quién dio la orden de ejecutar a su padre en medio de un mar de sospechosos de distintas nacionalidades.
Esta producción británica se alza con orgullo entre las mejores series de acción de la década gracias a la audacia de su realizador, Gareth Evans, quien no teme dedicar episodios enteros a asedios de casas de campo o fugas de prisiones que se sienten como cortometrajes autónomos de suspenso extremo. El guion balancea de forma impecable las intrigas políticas familiares con explosiones de violencia seca y estilizada que dejan al televidente sin palabras al final de cada bloque de transmisión. Ver esta historia en la televisión de casa es confirmar que el formato episódico ha alcanzado una madurez técnica envidiable, capaz de competir de igual a igual con los grandes blockbusters de la pantalla grande en términos de impacto visual y desarrollo de personajes complejos.

El tesoro del espionaje setentero: La joya oculta que se cuece a fuego lento en la cartelera
Como bonus track imprescindible para cerrar este recorrido de emociones intensas, resulta obligatorio rescatar del catálogo digital la serie El juego (The game), una producción de época que aborda la violencia urbana desde una perspectiva mucho más sucia, cínica y cercana al thriller policial de la vieja escuela. En este rincón menos transitado del streaming, las persecuciones no involucran autos de lujo último modelo ni superhéroes con trajes de mallas, alejándose por completo de la fantasía digital presente en producciones de la escala de El Hombre Araña 3 para meter los pies en el barro de las conspiraciones políticas y los tiroteos rústicos en callejones húmedos.
El valor fundamental que atesora esta recomendación final radica en su capacidad para demostrar que las producciones que verdaderamente dejan una marca en la retina son aquellas que entienden que el peligro se vuelve mucho más aterrador cuando los protagonistas son personas comunes con recursos limitados. La tensión se construye a partir de los ruidos de los motores viejos, las llamadas telefónicas interceptadas desde cabinas públicas y los enfrentamientos armados donde cada bala disparada cuenta y las heridas tardan capítulos enteros en sanar. Darle una oportunidad a este tipo de relatos menos evidentes enriquecerá por completo tu criterio como cinéfilo, recordándote que la adrenalina más pura no siempre grita ni explota, sino que a veces se esconde en la mirada de un fugitivo que sabe que no tiene un mañana asegurado en la gran ciudad.
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Cannes 2026 – Una edición desigual, pero aún llena de grandes obras
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La edición 79 del Festival de Cannes estuvo marcada por la controversia. Para empezar, la selección, compuesta por 22 títulos, varios de grandes maestros, no tuvo la calidad que tanto ha deslumbrado en años recientes. Evidentemente, no es de esperarse que cada película de un gran director sea un trabajo excepcional, pero este año coincidió en que los nuevos títulos de realizadores consagrados como Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi o Koreeda Hirokazu dejaran mucho que desear.
Por otra parte, el jurado presidido por el cineasta surcoreano Park Chan Wook fue un poco extraño, ya que estuvo conformado por cineastas con una trayectoria sólida como Chloe Zhao, noveles como el chileno Diego Céspedes o bien figuras glamorosas como Demi Moore, que no se caracteriza precisamente por una filmografía cuidada en sus más de cuatro décadas de carrera en Hollywood. De los títulos en competencia, 5 fueron dirigidos por mujeres y una de ellas, la alemana Valeska Grisebach ganó el Premio del Jurado por The Dreamed Adventure.

La Palma de Oro le fue otorgada a Fjord del realizador rumano Cristian Mungiu. Esta es la segunda vez que Mungiu recibe la presea, después de marcar un hito en la nueva ola del cine de su país con la espléndida 4 meses, 3 semanas, 2 días en 2007. Su sexto largometraje, también escrito por él, es el primero en ser ambientado y rodado fuera de Rumania, y cuenta con un reparto internacional encabezado por Sebastian Stan (quien por cierto es originario de Rumania) y la noruega Renate Reinsve, que ha cautivado al público de todo el mundo con cintas como The Worst Person in the World (por el que obtuvo el Premio de Mejor Actriz en Cannes en 2021) y Sentimental Value, ambas de Joachim Trier. Este año se anotó otro gran éxito con Backrooms de Kane Parsons, una cinta independiente estadounidense que ganó más de 350 millones de dólares en taquilla.
Después de haber colaborado juntos en A Different Man (2024) de Aaron Schimberg, Stan y Reinsve se reúnen en Fjord interpretando a la conservadora pareja Gheorghiu que emigra a Noruega. Mihai es rumano pero su mujer es noruega y ambos buscan un futuro mejor para sus cinco hijos en un pequeño pueblo. La familia pertenece a una estricta iglesia evangelista, de manera que los rezos y el estudio de la biblia dominan la rutina familiar. Por contraste, los niños acuden a una escuela pública inclusiva en la que cualquier expresión religiosa está prohibida. Mihai ha conseguido un trabajo técnico en esa misma institución en la que está sobre calificado, pero acepta el sacrificio profesional con el fin de brindarle mejores oportunidades a sus hijos. La familia es vista con extremo recelo por parte de la comunidad que es extremadamente liberal y es de esperarse que pronto los problemas surjan cuando los maestros perciben que hay un posible maltrato físico por parte de los padres hacia los hijos. Los prejuicios, la desconfianza y la barrera cultural y lingüística coloca a los padres en una situación jurídica muy compleja que explota a nivel mediático. A lo largo de su obra, Mungiu ha abordado la migración, el choque cultural entre la Europa oriental y occidental y el autoritarismo, pero en este caso la historia de la familia Ghiurghiu lo lleva a buscar un delicadísimo balance que nunca deja de ser ambiguo sobre la justicia en un caso de alteridad en el marco de un sistema ultra progresista que es completamente intransigente.
El estilo de Mungiu es su precisión y distanciamiento, y en Fjord nos presenta una historia subversiva en estos tiempos en donde una familia rígida y ultra religiosa resulta menos intolerante que la sociedad progresista noruega. Seguramente esta Palma de Oro creará una gran controversia entre el público cinéfilo, ya que podría interpretarse como una apología del autoritarismo, una postura que va precisamente en contra de la ideología que ha mostrado Mungiu a lo largo de su carrera.

El Gran Premio del Jurado fue para el gran cineasta ruso exiliado Andrey Zvyagintsev, que presenta su sexto largometraje, Minotaur, tras una prolongada ausencia de casi una década y después de haberse recuperado de una larga enfermedad. Llama la atención que sea una adaptación de la clásica película francesa La femme infidele (1969) de Claude Chabrol, pero esta historia de infelicidad conyugal, coescrita por Zvyagintsev y Simon Liashenko, le permite expandirse en el vasto paisaje de la Rusia corrupta de Vladimir Putin después de la invasión de Ucrania en 2022. El minotauro/monstruo en cuestión es Gleb, el rico presidente de una empresa de transporte (magníficamente interpretado por Dmitriy Mazurov) que vive en una lujosa casa en una provincia alejada de Moscú. Al igual que otros empresarios de la región, Gleb es convocado por el alcalde que les comunica de la necesidad del gobierno de enviar más hombres al frente de guerra, sin afectar la economía local. Gleb concibe el escalofriante plan de publicar un anuncio prometiendo duplicar el sueldo de catorce camioneros que serán reclutados antes de cobrar siquiera su primer sueldo.
Durante la primera parte de la película observamos la vida ordenada de Gleb, que está casado con una bella mujer, Galina (Iris Lebedeva) y son padres de un hijo adolescente. Durante su matrimonio ha sido infiel y distante, y los consejos que le da a su hijo de cómo responder a un bully en su clase, lo muestran como un hombre emblemático de la Rusia de Putin: déspota, intimidante y con un gran sentido de empoderamiento. Su esposa sólo parece medianamente contenta cuando recibe mensajes en el teléfono, lo que lo hace sospechar correctamente que mantiene un romance. Su rival es Anton, un joven y atractivo fotógrafo. Sólo entonces vemos que Gleb, que ha sido un hombre reservado, empieza a mostrar una pasión desmedida que le hace asesinar brutalmente al amante de su mujer. Sin embargo, después de esta crisis todo vuelve a la normalidad, Gleb no tendrá ningún castigo ya que es cómplice de las autoridades y su esposa ni siquiera lo desprecia, y menos aun se cuestiona su lugar en la sociedad corrupta a la que pertenece.
En Minotaur, Zvyagintsev logra el equilibrio perfecto entre un sofisticado thriller y una denuncia cáustica al estado déspota de Putin y seguramente será uno de los títulos más gustados este año.
El premio de Mejor Director fue compartido por el extraordinario cineasta polaco Pawel Pawlikowski y los debutantes cineastas españoles Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos en su país por sus exitosas series televisivas como Los Javis, y considerados los herederos de Pedro Almodóvar.

Fatherland fue quizá la película mejor recibida por la crítica en todo el Festival de Cannes, y la que se pensaba que recibiría la Palma de Oro. Pawlikowski añade este título a una serie filmada en un riguroso blanco y negro que se centra en la Europa de la Guerra Fría y que inició en 2013 con Ida y que siguió en 2018 con Cold War, para abordar temas políticos e históricos como trasfondo de dramáticas historias personales. Fatherland, coescrita por Pawlikowski y Henk Handloegten, está ambientada en 1949, año en que el gran escritor alemán Thomas Mann (Hanns Zischler) regresa del exilio en Estados Unidos, y viaja desde Alemania Occidental a la Alemania Oriental, los dos polos ideológicos de la Guerra Fria, acompañado de su hija Erika (Sandra Hüller).
A lo largo de su obra, Thomas Mann observó la incompatibilidad entre el artista y la sociedad y esa es quizá la premisa de esta película, en la que Mann, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1929 y uno de los intelectuales más encumbrados del siglo XX, fue también el jefe de una familia plena de demonios. Para empezar, Mann luchó contra su propia homosexualidad y condenó la vida de excesos de su hijo predilecto Klaus, también escritor y abiertamente homosexual, que además tenía una relación muy estrecha con su hermana Erika. Fatherland inicia justamente en los días previos al suicidio de Klaus, durante el regreso glorioso de Mann a Frankfurt, una ciudad dominada por los Estados Unidos y lo seguimos a Weimar, territorio de los soviéticos, pero también la tierra del genio Johann Wolfgang von Goethe, el dios de las letras alemanas a quien Mann venera sobre todas las cosas.
En sus diferentes discursos, el laureado escritor busca curar el espíritu herido de Alemania y conmina a sus compatriotas a iniciar una rehabilitación espiritual que esté orientada por el pensamiento de Goethe que resistió “al culto romántico de la muerte”. Resulta paradójico que Mann hable con tanta majestuosidad sobre la sanación espiritual cuando su familia está al borde del colapso. Detrás de la fachada imperturbable de Mann, descubrimos gracias a Erika a un hombre moralmente derrotado y perteneciente a otro tiempo. Pawlikowski demuestra nuevamente su enorme maestría al narrar esta historia sobre la fama, el exilio, la identidad y la familia de una manera a la vez íntima y distante, con su característico estilo de brevedad y precisión. Fatherland es una obra sublime que restaura la fe en el arte cinematográfico y seguramente será una de las cintas más premiadas después de su paso por Cannes.

Una de las grandes sorpresas de esta edición del Festival de Cannes fue la presencia de La bola negra, una segunda cinta española producida por Pedro Almodóvar y dirigida por sus seguidores Javier Calvo y Javier Ambrossi. Se trata de una adaptación de la obra teatral La piedra oscura de Alberto Conejero e hilvanada en tres tiempos no lineales sobre tres hombres íntimamente ligados por el deseo, el amor clandestino y la herencia del dolor. Lo que los une es el primer texto abiertamente homosexual del gran escritor español Federico García Lorca que permaneció oculto durante décadas.
La bola negra es un gran mosaico maximalista donde confluyen todo tipo de tonos y estilos sorprendentes, excesivos, para presentar la historia de Sebastián (el cantante Guitarricadelafuente en su debut), un joven provinciano que es obligado a unirse como soldado raso al bando franquista. En estas circunstancias le toca vigilar en un hospital a Rafael (Miguel Bernardeau), un atractivo republicano, futbolista y hombre de teatro, personaje real que corresponde a Rafael Rodríguez Rapún, última pareja del gran poeta andaluz que para entonces ya había sido brutalmente asesinado. Rafael está malherido y sabe que lo mantienen vivo para torturarlo con el fin de denunciar a sus compañeros. Pronto se establece un romance entre ambos, lo que hace que Rafael le confíe el secreto de donde está escondido el manuscrito de Lorca.
Después de la muerte inevitable del republicano, Sebastián recupera el texto, pero éste desaparece durante décadas. La otra parte de la historia se ubica en 2017 y nos presenta a un joven historiador, Alberto (Carlos González), que vive alejado de su madre (Lola Dueñas) y que recibe una extraña herencia por parte de su abuelo materno. Este regalo será lo que une de manera misteriosa a los tres hombres. Penélope Cruz tiene un papel pequeño, pero muy lucidor, en el que interpreta a una atrevida cantante de cabaret que inspira al joven soldado Sebastián a seguir sus impulsos, en tanto que Glenn Close interpreta a una académica especializada en Lorca en el final de la historia, a la que toca autentificar el manuscrito perdido de Lorca.
La bola negra es una película única en muchos sentidos por su enfoque excesivo, melodramático, post-almodovariano, de un tema poco visto en el cine español y que aborda la represión sexual en el régimen franquista. Será una cinta sumamente atractiva para los espectadores que buscan una nueva sensibilidad en la representación de temas LGBT en un cine clásico que aspira a la monumentalidad.
Estos fueron los premios principales en una edición del Festival de Cannes que estuvo marcada por la polémica, pero que como siempre, muestra el espíritu inquebrantable y siempre renovado del cine proveniente de todos los rincones del planeta. Una razón para mantener el optimismo en estos tiempos difíciles.
Daniela Michel Desde 2003 es directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, del cual es fundadora. Ha sido jurado de festivales como el de Cannes –en su sección Una Cierta Mirada y en la Semana de la Crítica–, el Venecia, Sundance, Locarno, San Sebastián y Berlín.
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ARIEL 2026: Lista completa de nominados
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La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) continúa con su objetivo de promover e impulsar la calidad del cine en nuestro país, es por eso que este 2026 celebra una nueva edición de los Premios Ariel.
Desde su resurgimiento en 1972, el Ariel no para de reconocer públicamente a los mejores profesionales del cine en México. Para su 68ª edición, este no deja de ser su propósito; así que entérate aquí sobre quiénes son los nominados en las 25 categorías que premia la AMACC este 2026.
Rumbo al Ariel 2026
Aunque para la edición de este año se recibieron 151 películas, 67 largometrajes, 84 cortometrajes y 10 películas iberoamericanas, la lista oficial consta únicamente de 49 películas nominadas, mismas que se podrán ver a lo largo del ciclo de exhibición “Rumbo al Ariel 2026”.
Durante este ciclo, las películas se presentarán de forma gratuita, incluyendo las transmisiones de los cortometrajes de ficción, animación y documental en los canales que conforman la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México. Asimismo, pensando en las preferencias del público, también se podrán disfrutar en funciones diarias a través de la plataforma de streaming, FestivalOpen!
¿Cuándo se celebrará la ceremonia del Ariel 2026?
La ceremonia de entrega del premio Ariel 2026 se llevará a cabo el próximo 3 de octubre.
Nominaciones por categoria
Actor
- Andrés Catzín | Cosmos
- Ernesto Rocha | Adiós, amor
- Hoze Meléndez | Cocodrilos
- Mauricio Isaac | Café Chairel
- Osvaldo Sánchez | En el camino
Actriz
- Ángela Molina | Cosmos
- Diana Sedano | Juana
- Emma Dib | La eterna adolescente
- Mónica del Carmen | Las mutaciones
- Natalia Reyes | Aún es de noche en Caracas
Coactuación femenina
- Arcelia Ramírez | Cocodrilos
- Margarita Sanz | Juana
- Ángeles Cruz | Las locuras
- Ruth Ramos | La eterna adolescente
- Teresita Sánchez | Cocodrilos
Coactuación masculina
- Bernardo Gamboa | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Héctor Kotsifakis | Pérdida total
- Manuel Cruz Vivas | Cocodrilos
- Mariano López Sosa | En el camino
- Roberto Sosa | Las locuras
Cortometraje animación
- Azulesepia | Dir. Luis Manuel Villarreal Dávila
- Desdoblándome | Dir. Natalia Pájaro
- Te prometo violencia | Dir. Juan María León Piña
- Teatro Secreto | Dir. Diego Martínez Gutiérrez
- Wing Shop | Dir. Andrea León Gutiérrez, Gabriela Rojas Bustos, Sascha Schmit
Cortometraje documental
- La mar | Dir. Jean Chapiro Uziel
- Las voces del despeñadero | Dir. Victor Rejón, Irving Serrano
- Mácula | Dir. Mariana Xochiquétzal Rivera García
- Mujer de barro | Dir. Concepción Vásquez
- Toda la vida para siempre | Dir. Sebastián Molina Ruiz
Cortometraje ficción
- Azul | Dir. David Karlak
- Crónica menor | Dir. Francisco Usiel
- Oc ni temiki (sigo soñando) | Dir. Misael Alva
- Techiq | Dir. Missael Sánchez Arce
- Una torreta en llamas | Dir. Humberto Flores Jáuregui
Dirección
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro | O último azul
- Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Diseño de arte
- Belén Estrada | En el camino
- Christian Alfredo Galindo García, Consuelo Ileana Martínez Ruiz | Autos, mota y rocanrol
- Daniela Rojas | Juana
- Ezra Buenrostro | Aún es de noche en Caracas
- Salvador Parra | Vainilla
Edición
- Alfonso Gastiaburo, Ana García, Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata, Odei Zabaleta | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Jonathan Pellicer | En el camino
- Jorge Marquéz | Gerry Adams: El hombre de Ballymurphy
- Omar Guzmán, Sebastián Sepúlveda | O último azul
Efectos especiales
- Arturo Vázquez | Contraataque
- Gerardo Muñoz, Omar Israel Ayala de la Peña | Un cuento de pescadores
- José Martínez «Josh» | Mujeres del alba
- Luis Ambriz | Cocodrilos
- Ricardo Arvizu | Aún es de noche en Caracas
Efectos visuales
- Amet Ramos | Un cuento de pescadores
- Gaston Alvárez | Autos, mota y rocanrol
- Jorge Palma Bermúdez | En el camino
- María José Straffon | Soy Frankelda
- Paula Siqueira, Raúl «Ratón» Luna | Aún es de noche en Caracas
Fotografía
- Germinal Roaux, Inti Briones | Cosmos
- Guillermo Garza | O último azul
- Juan Pablo Ramírez | Aún es de noche en Caracas
- Moritz Tessendorf | La reserva
- Ximena Amann (AMC) | En el camino
Guión adaptado
- Javier Peñalosa, Mariana Chenillo | Los dos hemisferios de Lucca
- Jimena Montemayor Loyo | Mujeres del alba
- Jorge Hérnandez Aldana | La sombra del catire
- Jorge Ramírez-Suárez | Las mutaciones
- Mariana Josefina Rondón García, María Teresa Ugás Castro | Aún es de noche en Caracas
Guión original
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro, Tibério Azul | O último azul
- Germinal Roaux | Cosmos
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Largometraje animación
- La gran historia de la filosofía occidental | Dir. Aria L. Covamonas
- Soy Frankelda | Dir. Arturo Ambriz Rendón, Rodolfo Ambriz Rendón
Largometraje documental
- Brigada 2045 | Dir. Olivia Luengas Magaña
- Gaza, la franja del exterminio | Dir. Rafael Rangel
- La libertad de Fierro | Dir. Santiago Esteinou
- Llamarse Olimpia | Dir. Indira Cato Cortes
- Vidas en la orilla | Dir. Lucía Gajá
Maquillaje
- Adam Zoller | En el camino
- Alejandra Velarde | Vainilla
- Gerardo Muñoz | Un cuento de pescadores
- Karina E. Monroy | Autos, mota y rocanrol
- Karina Rodríguez | Aún es de noche en Caracas
Música original
- Andrea Balency-Bearn | En el camino
- María Giménez Cacho Goded | Juana
- Memo Guerra | O último azul
- Yolihuani Curiel Balzareti | Brigada 2045
- YOM | La reserva
Ópera prima
- Cocodrilos | Dir. J. Xavier Velasco
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Dir. Ernesto Martínez Bucio
- Juana | Dir. Daniel Giménez Cacho
- La reserva | Dir. Pablo Pérez Lombardini
- Vainilla | Dir. Mayra Hermosillo
Película iberoamericana
- Belén (Argentina) | Dir. Dolores Fonzi
- La misteriosa mirada del flamenco (Chile) | Dir. Diego Céspedes
- Los domingos (España) | Dir. Alauda Ruiz de Azúa
- Manas (Brasil) | Dir. Marianna Brennand
- Un poeta (Colombia) | Dir. Simón Mesa Soto
Revelación actoral
- Aurora Dávila | Vainilla
- Carolina Guzmán | La reserva
- Donovan Said | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Laura Uribe Rojas | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Victor Miguel Prieto Simental | En el camino
Sonido
- Alex de Icaza, David Montero | Autos, mota y rocanrol
- Antonio Porém Pires, Lena Esquenazi, Nayuribe Montero | Aún es de noche en Caracas
- Arturo Salazar, Liliana Villaseñor, María Alejandra Rojas, Vincent Sinceretti | O último azul
- Carlos Cortés Navarrete (C.A.S.), Miguel Mata, Odín Acosta Ascencio | Brigada 2045
- Denis Sechaud, Ivan Dumas, Raphaël Sohier | Cosmos
Vestuario
- Brenda Gómez | Aún es de noche en Caracas
- Felipe Criado | En el camino
- Felipe Criado | Cosmos
- Gilda Navarro | Vainilla
- Gilda Navarro, Joanna Nogueiras Yankelevich | Autos, mota y rocanrol
Película
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Mandarina Cine, Dir. Ernesto Martínez Bucio
- En el camino | Animal de Luz Films, Dir. David Pablos
- La libertad de Fierro | Javier Campos López, Santiago Esteinou, Dir. Santiago Esteinou
- O último azul | Cinevinay, Desvia, Dir. Gabriel Mascaro
- Vainilla | Huasteca CC, Redrum, Dir. Mayra Hermosillo
Te invitamos a que no te pierdas la transmisión de este evento, en el cual este año se galardonarán con el Ariel de Oro al documentalista Demetrio Bilbatúa y la actriz Rosita Arenas.
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