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Mujercitas: Louisa May Alcott y las mejores versiones de Josephine March

El legado de Louisa May Alcott perdura en Jo, Meg, Beth y Amy, las cuatro protagonistas de Mujercitas. En cada adaptación de la novela, las personalidades de estas chicas son reinterpretadas para una nueva generación de espectadores. Jo, como alter ego de Alcott, es el rol más importante: si ella no funciona, la película o serie no se sostendrá. ¿Quiénes han sido las mejores Josephine March en la historia cinematográfica y televisiva de Mujercitas? Aquí les contamos.
5– Maya Hawke (miniserie, 2018)
En 2018, la cadena de televisión pública estadounidense PBS estrenó una miniserie en tres partes basada en el clásico de Louisa May Alcott. Esta versión narra la historia de las March de manera lineal y poco innovadora. No destaca por su guion, pero sí por su diseño de producción y vestuario. La cualidad que sostiene a esta adaptación y que la coloca en nuestra lista es su Josephine, interpretada por la joven actriz Maya Hawke (Stranger Things).
Hawke le imprime una vitalidad refrescante al personaje. A diferencia de otras versiones de la alter ego de Alcott, esta Jo se toma menos en serio a sí misma y se nota más juvenil. Maya la interpreta como la adolescente que es, vulnerable y enérgica. En contraposición está Kathryn Newton (Pokémon: Detective Pikachu) como Amy; la hermana más joven de la familia March es pícara y un tanto manipuladora, pero Newton la interpreta sin convertirla en un ser odioso.
El ensamble lo complementa Jonah Hauer-King como Laurie, un personaje que podría volverse soso, pero que aquí adopta un aire dulce y bondadoso.
La miniserie está disponible en Amazon Prime Video.

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4– Jo anime (1987)
Una de las adaptaciones más libres de esta novela es el anime de 1987 Ai no Wakakusa Monogatari, que se transmitió en Latinoamérica a principios de los años 90. Su versión de la familia March es muy distinta del material de origen, pero captura a la perfección las personalidades de sus protagonistas, desde el código de color de sus vestuarios hasta sus expresiones faciales.
La Josephine de Ai no Wakakusa Monogatari contó con la voz de Eiko Yamada en el japonés original y de Alicia Sáinz de la Maza en el doblaje al castellano. En ambas actuaciones de voz se percibe el espíritu atrevido e independiente de Jo. En su desarrollo dentro de este anime, vemos a Josephine pasar de ser una chica malhumorada y huraña a convertirse en una “mujercita” inteligente, sensible e ingeniosa. Su relación con la tierna Beth es uno de los focos de la serie y queda apenas en segundo plano de su amistad con Laurie.

3– Katharine Hepburn (Mujercitas, 1933)
A sus 26 años de edad, la extraordinaria Katharine Hepburn tomó el rol de Josephine March en la versión de Mujercitas dirigida por George Cukor en 1933. Esta película, filmada en blanco y negro, fue el bálsamo que el cine estadounidense necesitaba tras la crisis económica que golpeó a su país en esos años. Contra todo pronóstico (¿quién querría ver una historia de mujeres con vidas ordinarias?), la cinta fue un éxito en taquilla y, a casi 90 años de su estreno, sigue considerándose una de las mejores adaptaciones de la novela.
En la vida real, Katharine Hepburn compartía rasgos de personalidad de Josephine que le imprimieron verosimilitud y fuerza a su personaje en pantalla. Hepburn era un huracán adelantado a su tiempo: independiente, resiliente, con una energía muy masculina que trascendía su trabajo a cuadro. Su Josephine era desgarbada, pero tenía una madurez en el rostro que contrastaba con sus modales de chiquilla.
Todo en esta cinta es encantador: desde el guion, que navega suavemente entre las viñetas de la vida cotidiana de las hermanas March, hasta la química entre Hepburn y sus hermanas en pantalla: Meg (Frances Dee), Beth (Jean Parker) y Amy (Joan Bennett).

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2– Winona Ryder (Mujercitas, 1994)
Durante 25 años, la Mujercitas de Gillian Armstrong fue considerada la versión definitiva de esta historia clásica. Esta película tiene un elenco perfectamente equilibrado y un guion que incorpora más elementos de la vida de Louisa May Alcott al personaje de Jo que sus predecesoras. Mujercitas de 1994 nos presentó el paso a la madurez de cuatro jóvenes que aprenden a ser dueñas de sí mismas en un mundo diseñado para mantenerlas encadenadas al hogar.
El ánimo casi feminista de esta versión probablemente está relacionado con que es la primera adaptación de la novela en ser escrita y dirigida por mujeres. Gillian Armstrong puso el peso de la película sobre los hombros de una de las actrices más talentosas de su generación: Winona Ryder. A diferencia de las Josephines anteriores, la de Winona Ryder es completamente abierta en todas sus emociones: no tiene miedo de mostrar su enfado, su entusiasmo ni su admiración. Además, en esta cinta se da más espacio a su relación con su hermana Beth, uno de los pilares de la construcción de su personaje y que se había explorado poco.
Acompañada por Trini Alvarado, Claire Danes, Kirsten Dunst, Samantha Mathis, Susan Sarandon y Christian Bale, Ryder lidera los movimientos de este ensamble con una mezcla de firmeza y sensibilidad que no habíamos visto en versiones previas de la historia.

1- Saoirse Ronan (Mujercitas, 2019)
Greta Gerwig hizo lo impensable: destronar a Gillian Armstrong como la directora que mejor canaliza la esencia de Louisa May Alcott al fundir elementos de la vida de la autora con los de sus personajes en Mujercitas, de 2019. Esta versión de la historia de las hermanas March es la más innovadora en su estructura y rompe una de las tradiciones alrededor de la novela original: le da una nueva dimensión a Amy (Florence Pugh), quien deja de ser únicamente una rival de su hermana Jo (Saoirse Ronan), para mostrarse como una faceta distinta del mismo espíritu independiente.
La Josephine de Greta Gerwig es valiente, intensa y entrañable. Está más allá de la ferocidad de Katharine Hepburn, del fervor de Winona Ryder, de la frescura de Maya Hawke. Es una Josephine encontrándose a sí misma, de la mano de sus hermanas. Una joven escritora para un público que ya está metido en la cuarta ola del feminismo: lucha con su editor para conservar los puntos clave de su propio libro, igual que lucha con el mundo para conservar los pilares de su existencia. Su historia de amor no es la de la pareja ideal, es la de su propio arte. Ese cambio en la perspectiva es lo que pone a la Jo de Greta Gerwig al frente de esta lista.

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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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