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FICM 2020: ¡Ánimo juventud!, una película sobre el absurdo de crecer

Vistos a la distancia, múltiples conflictos que se desarrollan en el universo de un adolescente promedio pueden lucir insignificantes. Por supuesto, cuando te toca experimentarlos en carne propia por primera vez, desde el más trivial hasta el más complejo de los dilemas, adquieren una dimensión hiperbólica. En la película ¡Ánimo juventud!, el guionista y director Carlos Armella traza un relato tragicómico, familiar e incómodo, pero ultimadamente esperanzador, acerca de la juventud capitalina del siglo XXI. El filme forma parte de la Sección Oficial de Largometraje Mexicano de la 18ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Entre ilusión y penurias, alegría y frustraciones, ¡Ánimo juventud! cuenta las historias de cuatro adolescentes que lidian con las contradicciones, el dolor y el absurdo de ser joven en el México moderno. Martin es un vándalo que está enamorado de una chica que ignora completamente su existencia; Daniel es un músico talentoso que se convirtió en taxista tras embarazar a su novia adolescente; Dulce interpreta el rol de una bravucona en la escuela, pero en el fondo es una chica gentil que desea sólo desea ser amada; y Pedro vive completamente decepcionado del mundo de los adultos, así que ha decidido crear y hablar con su propio lenguaje.
“Me topé con la imagen de un grafiti en una pared. Era una declaración de amor: ‘Cristina, te amo’”, relata Carlos Armella acerca del génesis de su película en entrevista con Cine PREMIERE. “Me quedé pensando en quién lo había escrito, y si la persona a la que iba dirigido lo habría leído, y si le habría causado emoción o no. Luego, me quedé pensando en a quién le pertenecía esa pared y en dónde habían pintado ese grafiti. Sin darme cuenta, ya me estaba creando esta historia, que es la historia de Martin. Me imaginé a este personaje siendo arrestado o detenido por pintar una pared ajena y lo que eso conllevaría. La situación me parecía al mismo tiempo ridícula y cómica, pero también trágica para este personaje. Eso me dio el tono de esta historia y conforme la desarrollé, de repente, apareció este otro personaje, que era Dulce. La empecé a construir, y así se fueron sumando el resto de los personajes, conectados por el hecho de que eran jóvenes que vivían en la Ciudad de México de la actualidad”.

El egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y The London Film School (LFS) es un invitado recurrente del FICM, donde ha competido previamente en cinco ocasiones, con el documental Toro Negro (2005); sus cortometrajes Tierra y Pan (2008) –galardonado con el León de Oro en Venecia–, 29 (2010) y Las manos limpias (2012); además de su película En La Estancia (2014). Una prolífica trayectoria que también incluye varios proyectos documentales para televisión, la serie Club de Cuervos y la controvertida miniserie Cuando Conocí al Chapo. Aunque su segundo largometraje de ficción significa una ruptura con el resto de su filmografía, Armella realiza esta transición temática y de tono con soltura.
“[Esta película] me remitió a mi propia adolescencia, esa adolescencia donde un amor no correspondido es el fin del mundo o un padre que no te atiende puede ser algo que te marque de por vida. Esas pequeñas tragedias que se vuelven tragedias más grandes en la cabeza de uno”, dice el director. La propuesta busca eludir las fórmulas que solemos asociar a la comedia juvenil mexicana, apostando por un humor negro y una construcción dramática, ambientación y caracterización más naturalistas. “Me gusta mucho la comedia oscura, esa que es como una punzada en el estómago, más sarcástica, porque creo que también te invita a reflexionar”, añade.
Dicha reflexión obedece a la preocupación del cineasta por el creciente conformismo que observa en la nuevas generaciones. En su opinión, los adolescentes mexicanos del nuevo milenio son educados cada vez más para adaptarse, aceptar y obedecer normas sociales sin cuestionar a las figuras de autoridad, perdiendo en el camino su libertad y capacidad para soñar. Martin, Daniel, Dulce y Pedro representan a figuras que se rebelan contra este sistema e intentan reclamar su lugar en el mundo en esta etapa de autodescubrimiento continuo y primeras experiencias.

Personajes memorables
La premisa original de la película ¡Ánimo juventud! surgió a finales de 2014 y, en cuestión de solo tres semanas, Carlos Armella ya había escrito una primera versión del guion. El proyecto fue puliéndose paulatinamente tras ser seleccionado para formar parte de prestigiosos talleres como TorinoFilmLab (TFL) en 2015 o Cinéfondation del Festival de Cine de Cannes en 2017. Este pedigrí facilitó que la cinta obtuviese el Apoyo para el Desarrollo de Proyectos del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) y, más tarde, el Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE).
Para encontrar a sus protagonistas, el exhaustivo proceso de casting se realizó por medio de una convocatoria masiva, la cual fue difundida por diferentes medios, incluyendo redes sociales. Carlos Armella, junto con sus productores Diego Martínez Ulanosky, Marion d’Ornano y Yadira Aedo, tenían una visión muy clara del tipo de intérpretes que deseaban para la película.
“Quería personajes que fueran memorables, que desde el rostro dijeras: ‘este rostro si representa al mexicano, al latinoamericano’. No quería este retrato aspiracional que solemos ver en la publicidad, donde sólo hay chavos güeritos, blanquitos y delgados, sino que se viera más representado el mestizaje mexicano, el mestizaje latino”, apunta el director. “[Jóvenes] que se vieran muy cotidianos, pero que al mismo tiempo tuvieran ciertas facciones que los hicieran memorables para el público. Quería que existiera una identificación, primero visual, y que eso te lleve como espectador a una identificación emocional también. Que sientas que el retrato es realista, que los personajes tienen una dosis de realismo, aún cuando las situaciones llegan a ser un poco irreales, a veces absurdas”.
Así se sumaron a la película Daniela Arce (Dulce), quien había coprotagonizado Besos de azúcar (2013), de Carlos Cuarón; Rodrigo Cortés (Martin), quien tuvo un pequeño papel en Vuelven (2017), de Issa López; e Iñaki Godoy (Pedro), con roles en producciones televisivas como La querida del Centauro o Blue Demon. Sin embargo, el resto del reparto tenía poca experiencia o carecía de entrenamiento formal en el mundo de la actuación.
Ante este desafío, la producción organizó un taller de dos meses con Viridiana Olvera, directora de casting de películas como Club sándwich (2013), Carmín Tropical (2014) o Esto no es Berlín (2019). Además de trabajar en los fundamentos, durante este ejercicio se brindó a los actores las herramientas específicas que requería para interpretar sus respectivos papeles, tal fue el caso de las clases de trompeta para Mario Palmerin (Daniel) o de grafiti para Rodrigo.

“Nunca ensayábamos las escenas de la película. Más bien, improvisábamos situaciones que emocionalmente fueran similares, que ellos se pudieran identificar, controlar y moldear esas emociones”, acota el realizador capitalino, “para que llegado el momento de filmar hubiera esa naturalidad de ser la primera vez que estaban pasando por eso”. Pero, ¿cómo contar una historia que sintiese fiel a la idiosincrasia de las nuevas generaciones? “El guion estaba definido, estaba cerrado y fue la base, pero la manera de hablar, de actuar, de expresarse y demás [de los personajes], proviene mucho de [los actores], de la interacción que se dio entre ellos y yo”, puntualiza Carlos.
Esa búsqueda de naturalidad también se vio reflejada en la selección de las locaciones de la película ¡Ánimo juventud!, que se apartan de los extremos que solemos ver en la producciones nacionales. Una historia que no tiene lugar ni en los grandes desarrollos urbanos o edificios históricos de postal turística ni en los barrios bravos de la capital. “Quería un retrato contemporáneo de la Ciudad de México, pero en la cotidianidad (…) que se sintiera la vibra, la energía y las texturas de la ciudad. Buscamos diferentes colonias y casas que nos dieran ese eclecticismo que tiene la ciudad, ese desgaste urbano que tiene, que se perciba ‘chilanga’. Editando también el preciosismo en el que a veces caen, sobre todo las comedia mexicanas, de filmar en la Cuauhtémoc, la Roma o la Condesa. Quería que se viera más rasposo, pero sin caer tampoco en una película de arrabal, en irnos a los barrios bajos”.
El rodaje comenzó a finales del verano de 2018, pues la producción requería que los actores se encontraran de vacaciones y una escuela vacía que sirviese como una de las locaciones principales del filme. De hecho, el colegio que vemos durante la película ¡Ánimo juventud!, es el mismo al cual asistió Carlos Armella desde preescolar hasta la preparatoria. El director reconoce que, aunque no podía dejar de imaginar los espacios donde creció al escribir el guion, él no quería usar instalaciones que le resultaban familiares. Tras un infructuoso proceso de scouting, Armella abrazó la posibilidad de volver a sus raíces. Aunque la escuela no permite filmaciones, decidieron hacer una excepción para su exalumno. Carlos describe este proceso como uno “emotivo y muy nostálgico”.
En ese sentido, se trata de una producción que tiene la capacidad para conectar con públicos de distintas generaciones. “Una de las cosas que más me emociona de esta película, desde que leí el guion, es que aplica para diferentes edades y hasta para diferentes etapas de la vida”, expresó la productora Yadira Aedo durante la conferencia de prensa de la cinta. “Una de ellas es cuando eres joven y te identificas con los personajes; otra es cuando ya pasaste por esa juventud, pero que te quedaste con cosas que quieres seguir haciendo; otra como papás, que también dices ¿para dónde van mis hijos?, ¿para dónde va esta juventud?; y como este grito de ‘¡ánimo juventud!’ se necesita ahora más que nunca”.

“Si no es de esta forma, encontraremos otra”
Pese a tener un largo historial en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), esta experiencia será diferente completamente distinta para Carlos Armella. Primero, porque su película ¡Ánimo juventud! fue seleccionada como parte del programa Impulso Morelia en 2018. Allí convivió de cerca con el crítico y programador José María Riva, quien acompañó este proyecto en todo momento, incluso cuando participaron en Cinéfondation en Cannes. El maestro Riva falleció este año y esta edición del certamen fílmico está dedicada a su memoria.
Por otro lado, la crisis sanitaria por COVID-19 hace de esta edición híbrida una celebración mucho más contenida de la cual estamos habituados. No obstante, el director se muestra satisfecho con poder estrenar su película en pantalla grande, en un año que ya consideraba perdido en términos de exhibición. “Personalmente agradezco el esfuerzo que están haciendo. Muchos festivales han tenido que retirarse de la cuestión presencial y hacerlo solo virtual para poder seguir adelante, y Morelia ha hecho un esfuerzo adicional por darle al cine su lugar en las salas”.
Durante la conferencia de prensa, Carlos llegó a coquetear con la posibilidad de realizar una serie o una secuela con estos y otros personajes que aparecen en la película. Lamentablemente, el panorama actual del cine mexicano está lleno de incertidumbre, luego de que la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores aprobasen el dictamen para la extinción de 109 fidecomisos, entre ellos, el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (FIDECINE). Aunque la administración federal ha asegurado que estos apoyos no desaparecerán, aún existe poca claridad sobre las nueva normas y procesos que existirán para acceder a los mismos.
“Es trágico. Nos aseguran que los fondos van a estar, pero no sabemos a ciencia cierta, no vemos donde está la claridad en eso. Yo creo que se están curando en salud, lo cual es grave porque el cine mexicano estaba atravesando por un muy buen momento. Estamos haciendo muchas películas. Hay un problema de distribución y, en lugar de atender ese problema, estamos rompiendo lo que no estaba roto”, reflexiona Carlos Armella. “Esperemos que vengan contrapropuestas que ayuden a retomar lo que teníamos ganado y a seguir construyendo la parte que nos faltaba. Lo veo ‘lamentable’, esa es la palabra, pero creo que no nos vamos a dejar y si no es de esta manera [el modo de obtener recursos para hacer cine], encontraremos otra”, concluye.

La película ¡Ánimo juventud! se proyectará este viernes en Cinépolis Morelia Centro y también estará disponible en Cinépolis Klic por 24 horas, a partir de las 16:15 horas del 30 de octubre.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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