Cine y Tv
Series que duelen o la exploración televisiva del pasado inmediato

La premisa popular dicta que aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla. Quizá por ello las inmersiones al ayer suelen ser tan dolorosas, pues más que un recuerdo del pasado, hay quienes las ven como un reflejo del presente y un vistazo del futuro. Bajo esta premisa, no sorprende que sean tantos los países que aún padecen con las atrocidades cometidas en tiempos lejanos.
Noruega se disculpó recientemente con Irlanda por las invasiones vikingas del siglo IX; España vive en continua polémica por su llamada leyenda negra que alude a la conquista e inquisición; Bélgica busca maneras de reparar sus masacres africanas; Estados Unidos trata de erradicar su pasado confederado con el retiro de viejos símbolos. México no es la excepción ante los debates por la brutalidad del pueblo azteca y la culpa histórica del malinchismo. La situación se torna más complicada cuando de sucesos recientes se trata como es el caso de la II Guerra Mundial, con distintos gobiernos disculpándose continuamente por atacar a naciones que hoy son vistas como amigas.
“La comprensión del pasado es fundamental para enraizar a las personas en el tiempo», asegura la historiadora Penelope J. Corfield. «¿Y por qué debería importar eso? La respuesta es que las personas que se sienten desarraigadas viven de igual manera, lo que puede causarles daño a sí mismas y a los demás. Aquellos individuos con la angustiosa experiencia de la pérdida total de la memoria no pueden arreglárselas por sí mismos en absoluto […]. Por otro lado, el legado heredado puede incluso ser demasiado poderoso y absolutamente opresivo. Entender la historia es parte integral de una buena comprensión de la condición del ser humano. Eso permite a las personas construir y como puede ser necesario, cambiar sobre una base segura”.
Esto mismo ha motivado al cine a explorar y cuestionar el pasado por generaciones, mientras que las series de televisión han aprovechado las recientes mejoras en sus valores de producción para imitar la tendencia. Esto incluye títulos de gran calidad como Band of Brothers (2001), Rome (2005), The Borgias (2011), Vikings (2013) o Hernán (2019) cuya exploración histórica ha suscitado toda clase de debates. No conforme con esto, las cualidades de las series contemporáneas le han permitido evolucionar hasta desafiar directamente la premisa con tramas cada vez más arriesgadas, capaces de reabrir heridas que no habían sanado del todo, pero siempre pensando en la necesidad de un diálogo que contribuya al cierre definitivo.

Los errores del ayer
Por años, la televisión y sus contenidos fueron señalados como una amenaza pública por su potencial manipulativo, producto de su presencia en buena parte de los hogares del mundo. Más recientemente, las series se han arrancado esta etiqueta con contenidos cada vez más profundos y que aprovechan el formato casero del medio para generar conversación alrededor de distintos temas. Esto incluye el pasado reciente que sigue provocando estragos hasta nuestros días.
Tal fue el caso American Horror Story: Cult, que aprovechó las elecciones presidenciales del 2016 para arrojar una dura crítica a Donald Trump al mostrar el peligro que implican los líderes sectarios en sociedades quebradas como la estadounidense. Su protagonista Sarah Paulson reconoció que “había momentos en que leía y pensaba ‘esto es demasiado extremo, nunca ocurrirá en nuestro país’ […]. Y luego me percaté que estas cosas estaban pasando […]. Es lo que es. Lo que estás viendo es inmediato. Hay muerte, hay otro tipo de horror, es algo con lo que estamos lidiando como nación”. Sólo dos semanas de terminado el rodaje ocurrió la marcha Unite the Right de Charlottesville que desencadenó una ola de tensiones raciales que continúan hasta nuestros días.
Estos temas también son palpables en Lovecraft Country que aprovecha la obra de HP Lovecraft para capturar los horrores raciales que han aquejado a la unión americana desde mediados del siglo XX. “Los padres fundadores jodieron todo”, asegura Jonathan Majors en exclusiva para Cine PREMIERE. “No significa que todo sea malo o esté jodido, sino que tenemos cosas malas como todos los países […]. Nadie es inherentemente malo, pero todos pueden hacer cosas malas y todo debe salir a la conversación”.
Más sutil ha sido el caso de The Crown que humanizó a la realeza británica al abordar su acercamiento con la sociedad y que alcanzará un punto crítico en su cuarta temporada con la incursión de Diana de Gales. La producción ha confirmado una exploración respetuosa de la bulimia padecida por la soberana y todo apunta a que hará lo mismo con su muerte ocurrida el 30 de agosto de 1997, que impactó duramente en la familia real, pero también en un Reino Unido cuyos analistas siguen estudiando un luto colectivo que continúa a más de 20 años de distancia.

Las tensiones se elevan
Chernobyl, inspirada en Voces de Chernóbil de Svetlana Alexievich, no sólo es una de las grandes miniseries de los últimos tiempos, sino uno de los mejores referentes del potencial televisivo en su exploración del pasado inmediato al profundizar en el errático accionar de las autoridades soviéticas en la mayor catástrofe atómica en la historia de la humanidad. Su estreno a sólo 33 años de distancia facilitó las acusaciones políticas desde Rusia que no tardó en anunciar su propia adaptación y permitió que supervivientes señalaran los aciertos y errores del proyecto, destacando los numerosos estereotipos suscitados de la perspectiva occidental. Sin embargo, la inmediatez también potenció su mensaje del sufrimiento humano tras ignorarse las recomendaciones científicas en beneficio de la verdad oficial defendida por las altas esferas gubernamentales.
“Lo he dicho muchas veces: el sistema soviético no cayó del cielo y aterrizó en Rusia”, explicó el creador Craig Mazin en entrevista con Deadline. «Fue inventado por seres humanos. Lo mismo sucedió en la Alemania nazi. Somos todos nosotros, todo. […] Me preocupa mucho que todos seamos capaces de volver a caer en ese tipo de pensamiento […]. Si la gente ve este programa y al menos dice: ‘Me reconozco a mí mismo o a personas como yo, las reconozco frente a las acciones de mi sistema’, eso es algo bueno. Porque no se trata de ellos y nosotros. Somos nosotros. Hay un problema sobre nosotros”.
Ahora Patria, adaptación de la novela homónima escrita por Fernando Aramburu, aborda temas similares al mostrar el fin del conflicto etarra desde la perspectiva de dos familias cercanas hasta que su relación se rompió por una ideología y un atentado. El impreso fue un fenómeno ibérico y su salto televisivo ha generado altísimas expectativas, pero también grandes debates que alcanzaron su punto climático con una campaña promocional que para muchos equiparó el dolor de víctimas y victimarios.
«Yo creo que las controversias son sanas”, asegura su director Aitor Gabilondo. “Esta siempre ha sido una historia con dos caras y la herida continúa siendo muy reciente, hay mucho dolor y hasta cierto punto es un tabú hablar de ciertos temas. Así que es normal que remueva o incomode» .
No menos destacado es que, aunque su trama está construida sobre una historia netamente española, su escritor considera que “la gente remite la novela a hechos de su país: la vivencia es universal y se entiende en cualquier parte del mundo. Esta bola de nieve va a seguir agrandándose”.
«La historia no se trata solo de cosas lejanas», asegura Corfield, «sino de todo lo que hace humana a la humanidad: lo cercano y personal». En un mundo que parece cada vez más turbulento, no sorprende que las series busquen respuestas a los distintos problemas sociopolíticos que nos aquejan en sucesos cada vez más inmediatos, en un esfuerzo por generar reflexiones más cercanas que permitan a una mejora colectiva. El proceso puede ser doloroso, pero como bien dijera la académica, deja muy en claro que «la historia es inescapable».

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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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