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Ariel 2020: Esto no es Berlín. La rebeldía de ser libres

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Esto no es Berlín Ariel

Fiel al resto de su filmografía (El sueño de Lu y Despertar el polvo), en Esto no es Berlín, Hari Sama se embarca junto con sus personajes en un viaje de dolor ineludible. Ya no es a través de la mirada lacónica de una madre en duelo ni de la indigencia o corrupción, sino de las complejidades de la adolescencia. A ello se le añade una dimensión más cuando los sentimientos de quienes conforman la película Esto no es Berlín –su sexto largometraje, nominado al Ariel como Mejor película– provienen de escenarios rotos, dinámicas solitarias e incomprensión familiar.

Al haber vivido su adolescencia en el mundo postpunk de los años 80, el cineasta combina su propia experiencia personal con una ficción que nos sumerge en un escenario de clandestinidad mediante la historia de Carlos (Xabiani Ponce de León). El chico, que funciona como una especie de alter ego del realizador, se infiltra paulatinamente en un escenario underground, donde la diversidad sexual, el anarquismo y lo contestatario eran recibidos con los brazos abiertos y sin ánimos prejuiciosos.

“Siempre pensé en hacer una película que expresara de la manera más genuina lo que fueron los 80 y no una ‘sobreteatralización’ o un homenaje visual a los 80”, nos dice el director. “Hay muchas películas que ya lo han hecho y no era lo que me interesaba hacer a mí”.

Su visión de ejecutar un retrato subcultural requirió el traslado de los conceptos de lo furtivo y lo oculto al manejo de la cámara, pues anhelaba inyectarle a la película Esto no es Berlín un espíritu de documento crudo y metafórico. “Al ser una película más postpunk que punk, pero que de alguna manera recogía esa misma esencia del género, se me antojaba una puesta medio accidentada, de guerrilla, de seguir de cerca a los personajes. Metí continuamente en aprietos al departamento de cámara porque no sabían nunca exactamente qué iba a suceder”.

Una oda a los caídos

Esto no es Berlín, por ende, captura aquel espíritu contestatario y se narra desde una perspectiva de obsesiva fidelidad. El mismo Sama vivió situaciones semejantes a las que experimenta Carlos, su protagonista, cuando descubre la escena underground y trata de encontrarse a sí mismo mientras recorre un mundo plagado de sexo, alcohol, drogas y conductas anárquicas. 

“Soy un sobreviviente. Almodóvar dice que la movida madrileña fue la Guerra de Vietnam para España, en el sentido de la cantidad de pérdidas humanas que hubo”, recuerda el cineasta. “Los 80 fueron duros. Supongo que sigue siendo duro ahora, y que siempre lo es cuando vas a estos mundos donde el abismo es tan atractivo; donde siempre hay una línea muy delgada entre la expresión personal y la búsqueda de otros estados de conciencia; el abuso y la caída del paraíso”.

De hecho, para Sama –quien actuó en su propia película al darle vida al tío de Carlos, una especie de gurú de vida–, Esto no es Berlín es un homenaje a todos aquellos amigos que se quedaron en el camino. 

Una musa poderosa

A la vez que sigue a Carlos, Esto no es Berlín aterriza en los vericuetos existenciales de Gera (José Antonio Toledano), el mejor amigo del protagonista, y Rita (Ximena Romo), quien captura la atención del personaje de Ponce de León. Cada uno de ellos inicia un viaje de autodescubrimiento sexual y personal, en un escenario de homosexualidad, travestismo y música punk: triplete satanizado por el conservadurismo ochentero.

Para Romo, la creación de Rita implicó la lectura de una de las voces más feministas y contestatarias de la época: la cantante y poeta estadounidense Patti Smith. La actriz se sintió identificada con los cuestionamientos que Smith alza en el libro Éramos unos niños (Just Kids) en torno a la identidad artística y personal, pues es algo que tanto Romo como Rita se cuestionaron en la travesía del filme. La primera sobre sus motivaciones en la actuación; la segunda con respecto a su música.

Rita es la vocalista de una banda punk-antisistema llamada Manifiesto Dadá, con la cual alza un gemido opositor a lo establecido. Su carácter aguerrido cobra vida en una escena que muestra el debut de la agrupación en un festival de música punk –filmado a las afueras de Toluca–.

“Hari nos llevó a un concierto de rock real”, dice entre risas la también actriz de Un extraño enemigo. “Esa gente iba a ver un concierto verdadero. Nos subimos y tuvimos que repetir la escena como cinco veces. La gente se empezaba a cansar. Era un público real, entonces empezaron a enojarse y a aventar cosas. Estaban hasta atrás. Una chica gritaba: ‘Si ni siquiera son mexicanos’. Yo, arriba del escenario, me estaba casi mojando los calzones”.

Con un homenaje de luces y sombras; de dolor y de rabia; de muerte y de redención –todo desde una trinchera de autenticidad y reflexión–, la cinta nos demuestra que, en efecto, esto no es Berlín; que este enorme corazón de rebeldía y libertad sólo puede ocurrir en nuestro México.

Esto no es Berlín es la segunda película con más nominaciones a la 62ª Edición del Premio Ariel, con opciones en 12 categorías, incluyendo Mejor película. La ceremonia se llevará a cabo este domingo 27 de septiembre y será transmitida en vivo simultáneamente por el Facebook Live de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) y por Canal 22.

No se pierdan la cobertura especial de Cine PREMIERE a partir de las 6:30 p.m. en todas nuestras redes sociales.

Una versión de este artículo se publicó por primera en Cine PREMIERE #303 de diciembre 2019.

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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes

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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?

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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

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El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.

A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos

Casino Royale y el renacer del espía moderno

Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.

La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.

Rounders, el lado más humano del póker

Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.

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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.

Peaky Blinders y el negocio detrás del juego

Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.

Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.

El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo

Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.

Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.

Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.

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Un vínculo que sigue evolucionando

Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.

Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.

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