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Ofrecen gasolina gratis a quien vaya… ¿en bikini y tacones?
En un inicio, los ‘abusados’ encargados de la gasolinera pensaban que solamente llegarían mujeres a hacer efectiva la promoción
Los rusos, al menos en México, tienen una fama de extrovertidos y lo que pasó en Samara, Rusia, lo confirma: una estación de gasolina Olvi, ofreció combustible gratis a quien llegara en bikini.
Los empleados ofrecieron el combustible a quienes llegaran, además de en traje de baño, con tacones altos, sin embargo, todo se salió de control porque aunque estaba pensado que fuera para el público femenino, el resultado no fue el esperado.
Aunque como es de imaginarse, algunas mujeres acudieron para aprovechar la oferta, perdieron protagonismo cuando comenzaron a llegar varones, seguros de su masculinidad, con todo y problemas para caminar con tacones altos.
- Gasolina Gratis en Rusia
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La oferta solo permaneció por algunas horas, suficientes para que el momento de conseguir gasolina gratis quedara captado en fotografías; aunque no era el resultado esperado, la estación se hizo popular y claro, le generó varios clientes.
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Mientras todo el mundo mira al petróleo, el verdadero tesoro de Venezuela se esconde en los sótanos de Londres: su oro
Puede que el gran tesoro de Venezuela no sea petróleo. De hecho, desde que Estados Unidos atacó Caracas, se ha empezado a escuchar con fuerza una serie de teorías que tienen un denominador común: el mayor botín venezolano está a miles de kilómetros de la nación, bajo el suelo de la capital de Reino Unido.
El oro atrapado en Londres. Sí, bajo las calles de la city, en las bóvedas de la Bank of England, permanecen inmovilizadas unas 31 toneladas de oro pertenecientes a Venezuela, un activo que en 2020 estaba valorado en torno a 1.400 millones de libras y que hoy vale bastante más tras el fuerte repunte del precio del metal.
La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos ha devuelto este asunto al primer plano internacional, reabriendo una pregunta que lleva años sin respuesta clara: quién tiene realmente derecho a controlar esas reservas. Aunque la atención global suele centrarse en el petróleo venezolano, el oro representa cerca del 15% de las reservas exteriores del país y se ha convertido en una pieza clave de un pulso político, jurídico y geopolítico que trasciende con mucho a Caracas.
Reconocimiento y bloqueo. El origen del bloqueo se remonta a 2018, tras unas elecciones presidenciales disputadas y el endurecimiento de las sanciones impulsadas por Trump durante su primer mandato. El Reino Unido, junto a decenas de países, dejó de reconocer a Maduro como presidente legítimo y, ante las presiones de la oposición venezolana, se negó a autorizar la repatriación del oro, alegando el riesgo de que fuera utilizado para apuntalar un régimen autoritario o directamente desviado.
A ello se sumó, según reveló después el exasesor de seguridad nacional John Bolton, una petición expresa de Washington para que Londres mantuviera el bloqueo, lo que situó al banco central británico y al Gobierno en el centro de una batalla que mezclaba derecho internacional, sanciones y diplomacia.

Bank of England
Un laberinto judicial. En 2020, Caracas acudió a los tribunales británicos para reclamar el oro, argumentando que necesitaba esos fondos para hacer frente a la pandemia. Sin embargo, el proceso se complicó cuando Juan Guaidó, entonces reconocido por Londres como presidente interino, reclamó también la titularidad de las reservas.
El litigio derivó en una maraña legal sobre a quién debía obedecer el Banco de Inglaterra, una cuestión que sigue sin resolverse incluso después de que Guaidó perdiera el reconocimiento internacional. El resultado es un limbo jurídico en el que el oro permanece inmovilizado, sin que ninguna de las partes pueda disponer de él.
Acusaciones de piratería. Desde el entorno chavista, la retención del oro fue denunciada como un acto de “piratería”, una acusación formulada en su día por Delcy Rodríguez, que posteriormente quedó salpicada por el escándalo conocido como Delcygate tras su supuesto viaje secreto a Madrid en 2020 pese a una prohibición de entrada en la UE y la presunta venta de lingotes venezolanos.
Aunque Rodríguez ha adoptado un tono más conciliador tras la caída de Maduro, ofreciendo cooperación a Estados Unidos, la posición británica sigue siendo firme: la ministra de Exteriores Yvette Cooper ha reiterado que Londres mantiene la presión política porque considera clave forzar una transición democrática, aun subrayando la independencia formal del Banco de Inglaterra en la gestión de los activos.
El precedente peligroso. El caso venezolano no es una excepción, sino más bien parte de una tendencia cada vez más controvertida: la inmovilización de reservas soberanas en un contexto de creciente confrontación geopolítica.
Lo hemos contado: tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los países occidentales congelaron cerca de 300.000 millones de dólares del banco central ruso, en gran parte depositados en Euroclear, una medida que ha generado tensiones con Moscú y ha reavivado el debate sobre la seguridad de mantener activos en el extranjero. Históricamente, estas sanciones han sido raras pero no inéditas, desde la confiscación soviética de oro rumano en 1918 hasta los bloqueos a países como Irán o Corea del Norte en la segunda mitad del siglo XX.
Desconfianza global. Así, el clima de incertidumbre está llevando a muchos países a replantearse dónde guardan sus reservas, impulsando movimientos de repatriación y alimentando el reciente rally del oro como activo refugio. Para analistas y bancos centrales, el episodio venezolano es una advertencia clara de cómo la política puede interferir en activos que tradicionalmente se consideraban intocables.
Mientras el Banco de Inglaterra guarda silencio oficial (y muchos lingotes), el oro venezolano sigue enterrado bajo Londres, convertido en símbolo de un orden financiero internacional cada vez más frágil y politizado.
Imagen | Bank of England, Eluveitie
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Gracias a Starlink Papúa Nueva Guinea pudo acceder a Internet en sus zonas más remotas. Ese sueño se ha terminado
Miles de personas en Papúa Nueva Guinea se han quedado sin conexión a internet tras la orden del gobierno de suspender las operaciones de Starlink en el país. La decisión ha llegado en medio de un bloqueo legal que dura ya más de un año, y está afectando a negocios, centros de salud y comunidades rurales que dependían del servicio de satélite de Elon Musk para mantenerse conectados.
Qué ha pasado exactamente. A mediados de diciembre, la Autoridad Nacional de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (Nicta) ordenó a Starlink cesar todas sus operaciones en Papúa Nueva Guinea porque la compañía no tiene licencia para operar en el país. “Starlink actualmente no tiene licencia para operar en Papúa Nueva Guinea, y hasta que se complete el proceso legal, no se pueden permitir los servicios”, cuenta Lume Polume, director ejecutivo de Nicta, al medio The Guardian. La empresa ya ha retirado completamente sus servicios del territorio.
Por qué había tanto enganche. Aunque no existen cifras oficiales sobre cuántos usuarios tenía Starlink en el país, analistas de telecomunicaciones estiman que sus terminales daban servicio a miles de personas antes del cierre, incluyendo pueblos y distritos enteros en zonas remotas, según el medio. Para muchas comunidades rurales era la única opción viable ya que las redes móviles son poco fiables o directamente no existen, y otros servicios por satélite resultan mucho más caros. Starlink ofrecía internet rápido y relativamente económico en lugares donde la conectividad había sido históricamente un problema crónico.
El impacto real de quedarse sin conexión. El apagón ha generado una serie de problemas importantes en el día a día. Profesores como Simon Jack, que trabaja en una escuela secundaria remota en la provincia de Southern Highlands, han explicado al medio británico que los estudiantes necesitan internet para consultar sus resultados académicos y ver dónde han sido admitidos para estudiar este año. “Para muchos de ellos, Starlink era la única opción que funcionaba”, señala.
En el ámbito sanitario, la trabajadora de salud Theresa Juni, de la provincia de East Sepik, contó que su clínica usaba Starlink para comunicarse con médicos en la ciudad y enviar informes rápidamente. “Ahora tenemos que esperar días o viajar solo para enviar información. Para pacientes que necesitan atención urgente, estos retrasos pueden ser peligrosos”, advierte.
Por otro lado, el medio asegura que algunos agricultores y comerciantes deben ahora desplazarse largas distancias hasta las ciudades para acceder a servicios bancarios y otras gestiones que antes hacían online.
El lío legal detrás del apagón. El problema viene de lejos. Starlink lleva intentando conseguir licencia en Papúa Nueva Guinea desde diciembre de 2023, pero en marzo de 2024 la Comisión del Defensor del Pueblo bloqueó su aprobación alegando preocupaciones sobre la fiabilidad del servicio y el cumplimiento normativo, según informa RNZ.
Nicta llevó el caso a los tribunales meses después buscando anular esta directiva, pero la decisión judicial sigue pendiente. Mientras tanto, la autoridad reguladora está “legalmente impedida” de emitir una licencia hasta que el tribunal se pronuncie.
El Pacífico es de Starlink. Lo irónico es que Starlink se ha convertido en un servicio alabado en otras naciones del Pacífico, especialmente tras su despliegue en Tonga después de que la erupción volcánica de 2022 destrozara los cables submarinos de internet. Allí el servicio fue calificado como “transformacional”. Sin embargo, Papúa Nueva Guinea se ha quedado fuera de esta historia de momento.
Tal y como cuenta el medio RNZ, el pasado mes de noviembre, la directora de acceso a mercados globales de SpaceX, Rebecca Slick Hunter, aseguró en una conferencia en Port Moresby que la compañía estaba lista para activar servicios en cuanto recibiera autorización, y que Starlink ya había establecido una entidad local en el país.
Reacción ciudadana. Unas 200 personas han firmado una petición online pidiendo que se permita operar legalmente a Starlink, según confirma Nicta. El empresario y exdiputado John Simon ha criticado duramente la situación: “Esto es realmente malo para este país. Internet y los servicios online han sido muy caros y lentos durante años, sin embargo no podemos escuchar a la gente común en la calle y resolver esto”, declaraba a The Guardian. “El gobierno de Papúa Nueva Guinea debe hacer algo por las pequeñas empresas que luchan. La gente común y los pequeños negocios dependen de la opción más barata y rápida, y ahora mismo eso es Starlink. Este problema debe solucionarse”.
Imagen de portada | Starlink
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Media España se ha enganchado estas Navidades a un juego de mesa que no es un juego de mesa: ‘El Impostor’
El juego del Impostor ha dominado las reuniones familiares españolas durante las fiestas de 2025, viralizándose masivamente en redes sociales y haciendo que se multipliquen las descargas de aplicaciones móviles que adaptan las reglas de un entretenimiento que, en realidad, se puede jugar sin ningún tipo de complemento. Hemos indagado en sus orígenes e impacto para descubrir por qué ha causado sensación esta Navidad.
El fenómeno. Mientras las familias se reunían entre turrones, una dinámica de deducción social tan simple como adictiva se colaba en las cenas, convirtiendo cada palabra en sospecha y cada mirada en una prueba infalible. No se trata de un juego nuevo, pero su viralización masiva a través de TikTok durante diciembre ha multiplicado exponencialmente las descargas de aplicaciones especializadas como “Impostor – Juego de Fiesta” en App Store o “Impostor: Juego de palabras” en Google Play.
No ha sido un fenómeno exclusivamente español, como demuestran artículos como este de un digital mexicano. Pero el motivo práctico de su éxito está muy claro: reglas sencillísimas y rápidas de explicar, tensión psicológica ligera garantizada y ausencia de preparativos, solo hacen falta un puñado de personas.
Cómo se juega. El juego funciona mediante una asimetría de información que arranca con todos los participantes conociendo una palabra secreta (“albóndigas”, “Cuenca” o “automóvil)” excepto uno los jugadores. Su supervivencia depende de fingir que conoce la palabra. Cada persona debe ofrecer una pista relacionada con la palabra sin pronunciarla directamente, haciendo equilibrios entre ser lo suficientemente específicos como para no parecer sospechosos y lo bastante vagos para no regalarle la respuesta al impostor.
Tras la ronda de pistas, los jugadores debaten y votan quién es el impostor. Si éste logra pasar desapercibido, la victoria es suya. Se puede jugar con papel y moderador humano, pero las apps facilitan la aleatoriedad y la elección de las palabras, a veces online, a veces con un solo dispositivo que pasa de mano en mano y que asigna roles secretamente, lo que agiliza el ritmo del juego.
Orígenes del juego. Estos se remontan a 1986, al aula de un estudiante de psicología en Moscow State University llamado Dimitry Davidoff. Empezó como un ejercicio pedagógico para enseñar “psicodiagnósticos visuales” (la interpretación de lenguaje corporal y señales no verbales) y fue bautizado como “Mafia”. Popular Mechanics contaba que el objetivo de Davidoff era crear “un conflicto entre una minoría informada y una mayoría desinformada”, es decir, entre mafiosos y ciudadanos inocentes.
Llegan los hombres lobo. El salto temático que definiría el juego llegó una década después, en 1997, cuando el diseñador Andrew Plotkin inventó una reconversión: los mafiosos se transformaron en hombres lobo, los ciudadanos en aldeanos medievales, y el ciclo de juego adoptó la estructura día/noche que encajaba con las transformaciones licántropas bajo la luna llena. Esta versión introducía el rol del Vidente (un aldeano con capacidad de investigar identidades ajenas cada noche), añadiendo una capa estratégica adicional.
Con el tiempo, estos juegos (que entran en la categoría de “títulos de deducción social”) han sido examinados bajo múltiples lupas académicas, de lo lúdico a lo psicologista. Por ejemplo, en 2024 un paper exploraba estrategias óptimas desde la perspectiva de teoría de juegos y construía modelos matemáticos para calcular qué estrategias debe seguir cada facción para ganar. Instituciones como el MIT desarrollaron sus propias variantes reglamentarias y expertos como los de la web No Rolls Barred teorizaban acerca de que estos juegos funcionan porque operan en “una asimetría de información donde conocer algo que otros ignoran se convierte en moneda de cambio social”.
La revolución ‘Among Us’. Fue este videojuego aparentemente modesto el que catapultaría el género hacia el mainstream global. Desarrollado por el pequeño estudio InnerSloth, se lanzó en junio de 2018 para móviles y PC y durante casi dos años languideció en la oscuridad, promediando entre 30 y 50 jugadores conectados simultáneamente, una cifra tan discreta que el estudio consideró abandonar el proyecto. Pero cuando en julio de 2020 el streamer de Twitch Sodapoppin descubrió el juego y organizó una sesión de más de cuatro horas con otros creadores de contenido, se desencadenó una reacción en cadena que llevaría a ‘Among Us’ a alcanzar 3.8 millones de jugadores concurrentes en septiembre, un crecimiento del 1600% en apenas ocho meses.
Se habló entonces de lo oportuno del timing pandémico, con el mundo en confinamiento: ‘Among Us’ ofrecía una forma de socialización remota que replicaba la experiencia de juegos de mesa pero sin necesidad de proximidad física. Además, el juego era muy accesible económica y técnicamente: gratuito en dispositivos móviles y por solo cinco dólares en PC, con mecánicas muy simples gracias a las que cualquier persona con teléfono podía participar. Tercero, finalmente, era idóneo para el streaming: observar partidas de ‘Among Us’ resultaba casi tan entretenido como jugarlas. Además, el juego sofisticaba la mecánica original: había tareas que los jugadores debían completar mientras investigaban, lo que eliminaba el rol de los jugadores eliminados pasivos.
La viralización. TikTok se ha consolidado como el verdadero catalizador de la explosión navideña del Impostor. A diferencia de ‘Among Us’, el Impostor encontró su ecosistema perfecto en los vídeos cortos verticales de TikTok, con abuelas acusando a nietos, grupos de amigos gritándose mutuamente y familias enteras partiéndose con sospechosas risas. La plataforma funcionó como manual de instrucciones visual y se eliminó la barrera de entrada que históricamente habían tenido ‘Mafia’ y ‘Werewolf’, así como juegos de mesa inspirados en la mecánica, como ‘Little Secret’ o ‘El embustero’.
El secreto del éxito del juego está en que ha trascendido generaciones: una persona de 70 años puede mentir tan convincentemente como una de 15. Los abuelos han aprendido de los nietos cómo funcionaba el juego, padres han descubierto que sus hijos mentían aterradoramente bien, propiciando una curiosa inversión de los roles habituales en la familia. Todo un juego.
Cabecera | Álvaro García
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