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#MeteCanasta: La iniciativa de Jorge Vallejo de Quintonil para apoyar a productores mexicanos y enseñarnos a cocinar

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Jorge Vallejo, reconocido chef de uno de los mejores restaurantes de México, como es Quintonil, siendo reconocido de forma internacional como uno de los 50 mejores Restaurantes del Mundo o los 50 Best World’s Restaurants, ha lanzado la iniciativa #MeteCanasta con la que busca apoyar a pequeños productores y de paso, enseñarnos a cocinar.

Y es que como hemos platicado, uno de los sectores más afectados económicamente por la crisis del coronavirus es precisamente el gastronómico y sobre todo la cadena de personas que está detrás de él, desde cocineros, garroteros y por supuesto, proveedores y productores.

Es por ello, que tras tomar la decisión de cerrar temporalmente las puertas de Quintonil, para garantizar la seguridad de comensales y empleados, Jorge Vallejo creo un plan emergente para apoyar a los pequeños productores y agricultores del campo mexicano: una clase de cocina virtual, en la que la idea es que las personas interesadas compren una canasta a través de la página de Ingredienta, la cual incluirá todos los ingredientes para hacer una comida completa (entrada, plato fuerte, acompañamiento y postre) para 4 personas.

Cabe resaltar que los ingredientes de esta canasta estarán compuesto precisamente de los productos que decenas de pequeños agricultores cosechan en estos días, y según explica el propio chef, el proyecto nace tras platicar con los productores de la preocupación que tienen, pues prácticamente de un día para otro se les cayó la venta en un 80 y 90 por ciento. Muchos de ellos están en el campo con cosas ya listas para ser cosechadas. Por eso, la idea es darle movimiento a todos estos productos y darle una alternativa a la gente de una manera de cocinar en familia con ingredientes orgánicos”.

El #ProyectoMeteCanasta va de la mano de Ingredienta, una empresa que tiene experiencia en la logística que requiere el manejo y distribución de productos alimenticios en la Ciudad de México.

La meta es vender 500 canastas, para que el viernes las personas reciban los ingredientes en su casa y el sábado 28 de marzo a las 12 del día, todos puedan participar en esta cocinada masiva, en donde Jorge Vallejo estará cocinando 4 recetas con los ingredientes que han sido comprados a los pequeños productores y como explica el propio chef de Quintonil. “De esta manera ponemos nuestro granito de arena con los proveedores para que a futuro, podamos replicarlo con más productores y otros cocineros. Ojalá hagamos un record de estar todos juntos haciendo la diferencia como mexicanos y ayudarnos mutuamente”.

Si quieres apoyar a los pequeños productores y ser parte de esta iniciativa, te recomendamos comprar tu canasta cuanto antes desde la página de Ingredienta y #Metecanasta

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Amarillos e infinitos: Los campos de girasoles para visitar en México

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Amarillos e infinitos: Los campos de girasoles para visitar en México

De todas las flores de a Tierra, hay unas que miden hasta tres metros y que tienen el don de perseguir el sol. Han sido inspiración para toda clase de artistas desde poetas hasta pintores, hablamos de los girasoles y de los lugares para contemplarlos.

Les Tournesols, como se les conoce en Francia, son originarios de nuestro continente, en particular de Norteamérica. 

Campos de girasoles en México
Imagen: Wikipedia

Cosas que hay que saber de los girasoles

México es el principal productor de girasoles en el mundo, lo que no resulta raro por la gran multiplicidad de ecosistemas que tenemos y por el clima templado que hay a lo largo del territorio. 

La característica principal de esta flor, de pétalos amarillos estridentes y de centro café, es su exótica posibilidad de mover sus hojas y su tallo para seguir la dirección de la luz y alimentarse. A este fenómeno se le llama heliotropismo y no muchas especies la tienen, es más bien como un don. 

Campos de girasoles en México
Fotografía: unsplash

Hay que destacar que los girasoles cumplen su ciclo de vida en el transcurso de un año. Esto significa que solo les bastan 365 días para nacer,  florecer y morir.

Su mejor momento, cuando se abren, ocurre durante el verano, por lo que las visitas a los campos tienen que realizarse en estas fechas, cuando el sol está en su esplendor. No obstante, en México ocurre en más momentos debido a que rara vez el sol se oculta en nuestro territorio. 

Dicho todo lo anterior aquí les dejamos algunas alternativas para caminar entre girasoles, llenarse los ojos y el corazón de amarillo y los pulmones de aire limpio. 

El Santuario de los girasoles 

Tabasco 

Todos los años, en el mes de abril este paraíso de flores abre su puerta 20 días para que podamos contemplar el mejor momento de los girasoles, en compañía de guías turísticos que nos enseñarán mil cosas que no conocíamos acerca del proceso de plantación. 

Campos de girasoles en México
Fotografía: Unsplash

Por si esto fuera poco, en este sitio, ubicado en el municipio de Balancán, las personas pueden adentrarse en el campo y caminar entre los pasillos de estas flores en completa libertad. Una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. 

Campo de girasoles Guelatao 

Oaxaca 

En este sitio se siembran cada años poco más de tres mil girasoles, aquí se produce una gran parte de los que consumismos en la Ciudad de México. 

Los visitantes que vengan a este destino podrán hacer su recorrido con los dueños del lugar y también ser testigos de otras atracciones como un mirador y hasta la casa de Benito Juárez.  

Campo de Girasoles Magdalena Apasco 

Oaxaca

Como los otros, este sitio ofrece la posibilidad de recorrer el campo en libertad o acompañados de expertos que además nos enseñarán tips para cultivarlos, cuidarlos y permitir que crezcan a sus anchas. 

Campos de girasoles en México
Fotografías: Unsplash

Al final del viaje, los visitantes podrán llevarse a casa tanto semillas como flores, ¿qué más se necesita? 

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Te queremos mucho pirámide inadvertida del metro pino Suárez, Ehecátl 

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Así es la Pirámide Ehecatl

 

Una de las características más fascinantes de México es sin duda nuestra gran colección de vestigios arqueológicos. Tenemos desde bases piramidales mundialmente conocidas, hasta pequeñas estructuras que sobrevivieron en el tiempo, como es el caso de la pirámide de Ehecátl.

Se trata de una pirámide que vive sumergida entre el bullicio y  el caos que todos los días ocurren en uno de los sitios más transitados de la CDMX, el metro Pino Suárez; una estación inmensa que tiene más de un color y que está una parada antes del Zócalo.

Así es la Pirámide Ehecatl
Imagen: Twitter

Esta pirámide forma parte de un centro ceremonial mexica y mide poco más de siete metros. De acuerdo a los arqueólogos se construyó en el 1400 y era una especie de templo hecho para rendirle ofrenda al dios del viento. 

A pesar de su importancia y que el INAH la ha declarado como la zona arqueológica de menores dimensiones del país, este monumento pasa inadvertido para las miles y miles de personas que todos los días cruzan el transporte subterráneo sin si quiera voltearla a ver. 

Así es la Pirámide Ehecatl
Imagen: Twitter

La pirámide de Ehecátl

La pirámide fue parte de un extenso centro adoratorio que había sobre la avenida Izazaga mucho antes de la colonia y que los españoles construyeran ahí sus palacios. 

Al parecer, el sitio donde se ubica Ehecátl, formaba parte de una gran estructura arquitectónica hecha por los mexicas. En ella había algunas casas, escaleras y un corredor que conectaba diversas calzadas prehispánicas con Teotihuacán.  

Así es la Pirámide Ehecatl
Imagen: Twitter

Ehecátl cuenta con una estructura circular que evoca a la deidad del viento. Tiene cuatro pisos y como dato curioso en su núcleo se encontró una escultura llamada “la monita” que, como su nombre lo indica, es la representación de una especie de chango monocromático que tiene puesta una máscara. 

Hay que destacar que esta pequeña pirámide se descubrió apenas en los años 70, gracias a la excavación profunda que se hizo para construir el metro. Aunque el adoratorio mexica quedó muy afectado por la llegada del transporte, sí se conservó esta pirámide y todos los ornamentos que había dentro de ella. 

¿Quién es ese tal Ehecátl, de la pirámide ?

En Náhuatl Ehecátl significa literalmente viento. Por eso en la cosmogonía mexica, se le dio este seudónimo a una de sus deidades más importantes. Un dios capaz de manipular el aire, traerlo cuando hacía falta para las cosechas y apaciguarlo cuando se salía de control. 

Ehecátl era también una manifestación de Quetzalcóatl, por lo que era casi tan importante como la serpiente emplumada. Cuentan las viejas leyendas que se aparecía en el aliento de las personas y debajo de las nubes para llamar las lluvias en épocas de sequía. 

Así es la Pirámide Ehecatl
Imagen: Wikipedia

Él fue el responsable de desordenar el universo. Con un sólo soplido puso en movimiento el sol y la luna y le limpió el cielo al gran Tláloc, para que pudiera caer la lluvia sobre la cosecha.

Además de sus poderes meteorológicos, esta deidad fue la que le trajo a la humanidad la posibilidad de amar. Según la mitología, el dio se enamoró de una humana y le regaló tanto el don de la pasión correspondida. 

***

Dicho todo lo anterior, nuestra recomendación es que cuando estén en Pino Suárez le den una visita a Ehecátl, quizá se apiade de nosotros y sople las nubes negras de nuestra vida. 

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Y a todo esto, ¿cómo era la Ciudad de México en los años veinte?

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Alguna vez se han preguntado, ¿cómo era la vida hace exactamente un siglo en México? ¿Nos parecemos en algo a las mujeres y los hombres de los años veinte?. ¿Qué hacíamos durante esos años en los que todo el mundo parecía estar en una búsqueda profunda y acelerada sobre la esencia de la vida? 

En el caso de nuestro país, los años veinte eran una posibilidad grandiosa para reivindicar nuestras raíces. Tras casi 10 años de revolución, al fin habíamos encontrado la posibilidad de tener un poco de estabilidad política y social. Las calles lucían tranquilas, listas para transformarse en lo que conocemos ahora. 

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo

En este sentido, quizá la palabra que caracteriza esta década es “reconstrucción”. Fueron los años donde, por ejemplo, se edificaron las grandes avenidas que ahora nos resultan tan familiares. Los años donde nos permitimos estar un poco más locos y desenfrenados. Los años de las mujeres en búsqueda de sus derechos. 

Años veinte, coches y monumentos 

También fue el momento en el que cambiamos las caminatas y las bicicletas, por coches. Las familias que podían, iban orgullosas a comprarse un vehículo, casi siempre un Ford, y lo usaban para pasearse por las calles y que todos los vieran. 

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo

Poco a poco, el paisaje urbano se llenó de estas revolucionarias máquinas y por eso en esta misma década se inauguró la primera carretera federal

Respecto a la arquitectura, estos 10 años fueron esenciales. Tras dejar atrás el estilo afrancesado del Porfiriato, los jóvenes artistas se entregaron por completo al estilo Art Deco y dejaron en la ciudad, algunos de sitios más emblemáticos que todavía visitamos. 

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo

Se diseñó el parque México y también las colonias Roma y Condesa. En la tabacalera, se inauguró el edificio del Frontón, justo frente al Monumento de la Revolución y en la periferia comenzó la construcción del primer aeropuerto. También en esos años vimos despegar el primer avión. 

Los fines de semana en los años veinte

Uno de los sitios míticos para ir conocer las afueras de la Ciudad de México, era sin duda el pueblo de Xochimilco que en ese entonces quedaba lejos de la urbe. Para llegar las personas de la época tenían que dirigirse al ahora desaparecido Canal del Viga y montarse en pequeñas embarcaciones que los llevarían al centro de la alcaldía. 

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo

En lo que a paseos dentro de la ciudad se refiere, era común organizar días de campo en las kilométricas áreas verdes que había. Algunos iban a Chapultepec a galantear jovencitas de familia, con todo y chaperón. 

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo

Otros se iban a los parques que rodeaban lo que hoy es la Benito Juárez. En aquellas épocas, la Portales era un inmenso jardín lleno de plantas y animales endémicos donde uno se podía olvidar del bullicio de la urbe. 

Había también quien todos los domingos se iba a leer un periódico, Excélsior, a las bancas que adornaban la plancha del Zócalo

¿Cómo eran las personas?

Los intelectuales iban a las colonias del centro a escuchar las vanguardias musicales, recién llegadas a nuestro país, como el charlestón. También se reunían en cafés cerca del Zócalo a hablar de Rusia y del socialismo, a discutir la llegada de Vasconcelos y su revolución en la SEP. 

Los ricos recorrían la alameda con sombrero y trajes hechos a la medida que imitaban la moda en Estados Unidos y Europa. Añoraban los días de Porfirio Díaz, iban a misa todos los domingos y visitaban las joyerías en las calles principales del centro. 

Así era la vida en los años veinte
Imagen: Ciudad de México en el tiempo

Por su parte, las clases populares abarrotaban las plazas y las cantinas. Leían en voz alta las burlas al gobierno que se hacían en el periódico. Muchos, los recién llegados, añoraban sus días en provincia y revivían los cánticos y las costumbres de sus pueblos en las colonias.

¿Cómo viajábamos en los 20?

En esta década viajar era casi inalcanzable para el 99% de la población. Tras los años de la revolución y lejos de las ciudades, nuestro territorio era casi totalmente rural y estaba desconectado, sin caminos que conectaran un destino con otro. 

Los pocos aventureros que se trasladaban usaban alguna de las cinco estaciones de ferrocarril que había en la ciudad. Luego, tras horas encima de un tren, tenían que buscar carretas y caballos para no tener que hacer largas caminatas a sus destinos.

Así era la vida en los años veinte
Fotografía: Ciudad de México en el tiempo.

Solo para llegar a Acapulco había que pasar más de seis días en carretera, entonces no era una alternativa. En vez de eso, los capitalismos se conformaban con salir a los pueblitos que rodeaban la ciudad como Coyoacán, San Ángel y los más aventureros se dirigían a Teotihuacán. 

En 1922, las mujeres y los hombres morían más rápido, pero intentaban vivirlo todo. Algo les podemos aprender, ¿no lo creen?

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