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Películas más importantes del cine soviético

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Películas soviéticas

El cine hollywoodense convirtió a la URSS en eterna amenaza y, como tal, en continua rival a vencer. Basta con un vistazo a la larga y compleja industria de la región para conocer una cara más certera de la sociedad euroasiática. Historias de distintos géneros, algunas de las cuales son dominadas por el nacionalismo, pero también por sensaciones e inquietudes bien conocidas en todo el mundo. El resultado es una filmografía tan fascinante como hipnótica y que sigue siendo motivo de estudio y admiración a casi 30 años de la caída del bloque. Desde clásicos del cine silente hasta las obras maestras de directores de talla mundial y con divertidas escalas por la comedia, repasamos las películas esenciales del cine soviético.

10. The Irony of Fate, or Enjoy Your Bath! (Dir. Eldar Ryazanov, 1976)

La ficción convirtió a los soviéticos en una sociedad fría y trágica en el imaginario colectivo occidental, al grado de que resulta difícil imaginar una comedia al interior de su industria. The Irony of Fate, or Enjoy Your Bath! no sólo es una de las más exitosas, sino también una de las más queridas entre las audiencias rusas al tratarse de todo un clásico de la temporada navideña. Una comedia romántica sobre un hombre que planea pasar el Año Nuevo con su prometida en Moscú, pero una tarde previa de alcohol con sus amigos le deja en un vuelo rumbo a Leningrado y en una serie de divertidas confusiones. A pesar de su naturaleza ligera, la cinta no ha estado exenta de debate en territorio occidental, pues mientras algunos la consideran un mero equivalente de ¡Qué bello es vivir! (1946), hay quienes la ven como una crítica velada a la uniformidad soviética. Más allá de la polémica, su popularidad resultó en una secuela estrenada a 30 años de distancia. No ha podido igualar el estatus de la original, pero el público la recibió con entusiasmo y la convirtió en una de las películas más taquilleras en la historia del cine soviético.

9. Bim, mi mejor amigo (Dir. Stanislav Rostovsky, 1977)

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Un título obligado para quienes disfrutaron –y lloraron– con filmes como Marley y yo (2008) y Siempre a tu lado (2009). La cinta explora el afecto entre un hombre mayor y su perro Bim, el cual se caracteriza por una coloración impropia de su raza: cuerpo blanco y una oreja negra. El drama inicia cuando el hombre es hospitalizado y el desesperado can parte en búsqueda de su mejor amigo, en un viaje que le permitirá conocer en carne propia las dos caras de la naturaleza humana. La profundidad de su mensaje en una trama de bases sencillas le valió la nominación al Premio de la Academia en la categoría de Mejor película extranjera. No ganó, pero su presencia en la terna representó un impulso importante que le permitió convertirse en una de las películas más representativas del cine soviético.

8. The Diamond Arm (Dir. Leonid Gaidai, 1969)

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Leonid Gaidai es uno de los grandes exponentes de la comedia soviética, siendo The Diamond Arm su título más representativo. Como es una tradición en su filmografía, la película combina humor y criminalidad, en este caso para presentarnos a un hombre cualquiera que se ve involucrado accidentalmente en una operación de tráfico de joyas a gran escala. Como muchos de los principales exponentes del género en toda la historia del cine, la película tuvo un gran impacto sociopolítico al incluir elementos sumamente polémicos para su contexto, como alusiones a la prostitución o el alcoholismo. No menos sonada fue la incorporación de vehículos estadounidenses que estaban prohibidos en el país, lo que fue visto como un desafío directo a las autoridades estatales. Estos elementos, aunados a una memorable banda sonora y la hilarante actuación estelar de Yuriy Nikulin le convirtieron en una de las cintas más populares de la región, así como en uno de los grandes clásicos de la comedia a nivel mundial.

7. La guerra y la paz (Dir. Sergey Bondarchuk, 1966)

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La primera adaptación del clásico literario de León Tolstói fue realizada en Rusia en 1915, pero la primera en obtener fama mundial fue la dirigida por King Vidor y protagonizada por Audrey Hepburn y Henry Fonda. Ambas fueron relegadas a segundo término por la versión soviética de Sergey Bondarchuk y que fragmentada en cuatro partes –dura más de siete horas–, facilitó la traslación cinematográfica de la que es considerada una de las obras cumbre de la literatura rusa. Una historia que muestra las distintas caras de las élites euroasiáticas ante la inminente guerra con Napoleón: los adultos se preparan para una invasión que podría resultar catastrófica; los jóvenes habitan en un mundo de ensoñaciones que les priva de toda preocupación. Todo esto resulta en un estupendo recuento histórico del conflicto y en una brillante exploración social de una sociedad que se ha ido para siempre. Su grandeza le convirtió en la primera del cine soviético en ser reconocida con el Óscar a Mejor película extranjera.

6. Moscú no cree en las lágrimas (Dir. Vladimir Menshov, 1980)

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Aunque nunca ha gozado de la aceptación total del público y la crítica de cine por la naturaleza de su mensaje central, la película sí que ha sido ovacionada por su fiel reflejo del pensamiento soviético en una época de franca reestructuración social a escala global. La historia inicia en 1958 con la llegada de una joven a Moscú quien es embarazada y abandonada por un joven de la ciudad, para luego trasladarnos a 1979 y mostrar cómo el ser una madre soltera no le impidió cosechar una carrera exitosa, pero que complicó su búsqueda de felicidad al condenarla a una complicada vida sentimental. Fue la tercera y última película de la URSS en hacerse con el Óscar a Mejor película extranjera, pero más destacado aún fue que Ronald Reagan la empleó como franco objeto de estudio al verla al menos ocho veces para entender la mentalidad de los euroasiáticos previo a sus encuentros diplomáticos con Mikhail Gorbachev. Esta situación no pasó desapercibida en Hollywood que consideró la realización de un remake estadounidense que nunca se concretó porque el guionista Valentin Chernykh consideraba que la esencia de la trama nunca podría ser replicada fuera de la unión.

5. Pasaron las grullas (Dir. Mikhail Kalatozov, 1957)

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Las películas del cine soviético siempre mostraron un enorme interés por los distintos conflictos bélicos de la región. No sólo para explorar su heroísmo en el campo de batalla, sino también los sacrificios propios de la pérdida y la separación. Pocas lograron el cometido con la destreza de Pasaron las grullas, sobre un romance interrumpido cuando el joven es reclutado para pelear en el frente durante la II Guerra Mundial. Sus bases le permitieron explorar los pesares vividos por los rusos durante los ataques germánicos, destacando además que esto fue hecho desde una inusual perspectiva femenina con una brillante Tatiana Samoilova en el rol estelar. Su estreno cuatro años después de la muerte de Stalin fue clave para el resurgimiento de la industria local, así como para elevar la moral de un país en una dura transición política. Fue la primera y única película de la URSS en ser reconocida con la Palma de Oro, mientras que la historia le considera una pieza fundamental rumbo a la segunda era dorada del cine soviético.

4. El hombre de la cámara (Dir. Dziga Vertov, 1929)

El documental experimental concebido por Dziga Vertov fue visto con recelo en sus primeros años. Mientras el cineasta deseaba demostrar el poder narrativo y omnipresente de la cámara, las autoridades soviéticas consideraron que las imágenes capturadas sólo confirmaban los peligros de un cine que mal ejecutado podía ser un temible distractor de masas. El tiempo demostró su valía al elevarle entre las películas más trascendentes no sólo del cine soviético, sino de toda la historia del celuloide gracias a una amplia gama de técnicas experimentales que fueron decisivas para la evolución del arte cinematográfico. Esto incluye el slow motion, el primer plano extremo, la animación en stop motion y el metraje invertido, por nombrar algunas. El Festival Internacional de Cine de Toronto le ubicó entre las cien películas esenciales que todo cinéfilo debe ver, mientras que una encuesta de la revista Sight & Sound a cargo del British Film Institute la nombró la octava mejor película de todos los tiempos. El cine contemporáneo no sería el mismo sin ella.

3. Stalker (Dir. Andrei Tarkovsky, 1979)

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Ninguna lista con las mejores películas del cine soviético estaría completa sin la presencia de Andrei Tarkovsky. El director responsable de clásicos como La infancia de Iván (1962), Solaris (1972) y El espejo (1975) alcanzó su punto más alto con la adaptación de la novela Roadside Picnic escrita por los hermanos Strugatsky. Una historia de ciencia ficción sobre tres hombres que emprenden un viaje hacia una zona misteriosa bajo la promesa de que la travesía concederá el mayor deseo de cada uno, pero que en manos del cineasta se convierte en una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Los méritos del proyecto incrementan cuando recordamos que, no conforme con los retos propios de una cinta tan compleja en sus aspectos narrativos y simbólicos, la realización se complicó aún más por problemas técnicos con el revelado de la cinta. Esto obligó a un reshoot prácticamente completo que, según muchos de los involucrados en la producción, dejó una película muy distinta a la contemplada originalmente. Nunca sabremos cuáles eran los primeros planes de Tarkovski para esta historia, pero nos queda el consuelo de que el resultado que todos conocemos fue memorable.

2. Ven y mira (Dir. Elem Klimov, 1985)

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La que suele ser considerada como la mejor y más cruenta película de la Segunda Guerra Mundial no fue realizada en Estados Unidos, Alemania o Japón, sino en la Unión Soviética. Aun así, son pocos los que siquiera saben de su existencia, ya que sus orígenes limitaron su distribución a nivel internacional. El guionista Ales Adamovich aprovechó su propia experiencia para abordar la historia de un chico bielorruso cuya búsqueda de un rifle perdido que le permita unirse a la resistencia resulta en la brutal aniquilación de su pueblo y en su inmersión en un conflicto plagado de horrores que nunca imaginó. Ha sobresalido por su hiperrealismo extremo, lo que incluyó el uso de uniformes originales y armas reales que ayudaron a construir una atmósfera dominada por el miedo, la incertidumbre y la desolación. No menos significativa es su parte simbólica encabezada por un rifle que representa el paso a una madurez en un mundo dominado por la violencia y de la que no hay vuelta atrás. Finalmente sobresalen los inusuales métodos empleados por el director Elem Klimov, quien intentó hipnotizar a su joven protagonista para evitar que el rodaje le dejara secuelas psicológicas. Aunque no fue susceptible al tratamiento, su profesionalismo y fuerza emocional le permitieron soportar la carga sin mayores complicaciones.

1. El acorazado Potemkin (Dir. Sergei Eisenstein, 1925)

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Historia pura del cine. No hay mejor manera de referirse a la dramatización realizada por Sergei Eisenstein sobre el motín ocurrido en 1905 y en el que los elementos del acorazado ruso Potemkin se levantaron contra sus oficiales. El cineasta plasmó un suceso determinante para el país euroasiático y que terminaría convirtiéndose en uno de los primeros pasos hacia la revolución rusa de 1917. Más importante aún fue el modo en que lo hizo, con el primer gran montaje realizado por el cine. El resultado es un título de primer nivel, nombrado la mejor película de todos los tiempos en la Feria Mundial de Bruselas de 1958 y la undécima mejor de todos los tiempos por el British Film Institute, y cuyas bases técnicas y narrativas le han convertido en objeto de estudio por generaciones.

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