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Cerebro y mente: Juntos pero no revueltos

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Por Mafer Olvera y Paola Palazón Seguel*

El pensamiento humano resulta tan complejo que merece analizarse desde múltiples perspectivas, empezando por comprender que mente y cerebro no son lo mismo. Las más de 7,700 millones de personas que habitamos en este planeta, pensamos, nos emocionamos y reaccionamos de acuerdo a cómo procesamos, almacenamos o desechamos los más de 60 mil pensamientos que nuestro cerebro produce en un solo día y que, por cierto, hacemos conscientes entre el 1 y el 3%.

Seguro esto no lo sabías, pero las neuronas no sólo están en nuestra cabeza. Tienen presencia en tres órganos vitales de nuestro cuerpo: el cerebro, el corazón y el intestino grueso. Esto quiere decir que nuestro sistema nervioso va mucho más allá de la cabeza y la inteligencia, y se construye también de acuerdo a un sinnúmero de estímulos orgánicos, afectivos, recuerdos, historias, lazos de familia, miedos, así como factores externos que nos definen en lo individual y en la forma en que reaccionamos ante las diferentes situaciones y etapas de la vida.

Precisamente esta reacción tan única es la mente. En otras palabras: el cerebro es un conjunto de estructuras físicas tangibles con funciones cognitivas, sensoriales, bioquímicas, anatómicas y emocionales, y la mente es el resultado consciente de actuar, ser y pensar ante dicha información. Aquí radica el gran diferenciador como especie, ninguno, a pesar de compartir lazos consanguíneos o afectivos somos iguales, porque nuestra mente es única.

Los estudios dicen que nuestro cerebro aloja a 100 mil millones de neuronas y nuestro corazón 40 mil. Sí, el corazón tiene neuronas. ¿Se acuerdan de las corazonadas? Pues no es más que la conexión cerebro-corazón-cerebro. Es decir, que podemos afirmar que la razón y el corazón no están de ninguna manera desasociadas. Cuántas veces nos han dicho que es mejor pensar con la cabeza que con el corazón, o al revés según el caso, pero cuántas veces nos han explicado que ambos órganos se encuentran ligados de formas increíblemente inteligentes. 

¿Maripositas en el estómago, espasmos estomacales? Seguro los has sentido en situaciones de estrés, miedo, ansiedad o emoción. Nos referimos al sistema nervioso entérico, que forma parte del sistema nervioso autónomo encargado de controlar directamente el aparato digestivo, que también resguarda alrededor de 100 millones de neuronas responsables de hacer que el intestino funcione casi como un sistema nervioso por sí solo.

Más allá de las funciones vitales orgánicas de nuestro sistema nervioso, entender la complejidad del cerebro y su interacción con el resto del organismo sigue siendo un reto enorme para la ciencia, más aún cuando se trata de explicar la relación entre el consciente y el subconsciente. Distintos avances en el campo de la psiquiatría, la neurología y la psicología demuestran cada vez más cercanía entre el trinomio pensamiento-emoción-acción y la forma en la que nos comportamos.

Así, el origen de nuestras acciones se ancla a la capacidad individual de afrontar, resolver y procesar lógica y cognitivamente las diferentes situaciones que se presentan en nuestra muy particular historia de vida.

Controlar la mente en su totalidad sería imposible porque incluye el subconsciente al cual le afecta para bien o para mal absolutamente todos los estímulos del exterior, –desde una película de terror o amor, recibir alguna crítica o halago, alguna mirada o desaire, un día nublado o soleado, ver o leer noticias repetidamente, por decir algunas– pero sí podemos reprogramarla de manera consciente hacia no repetir pensamientos destructivos y patrones de conducta que nos afectan o generan culpas.

¿Pero, por qué nos costará tanto hablar de salud mental?

Tal vez de deba, entre muchos otros estigmas y tabúes, a que hemos crecido bajo una forma lineal adultocéntrica de educación que prioriza en adquirir conocimiento, alguna religión, buenos modales de acuerdo a cada familia y “buena moral”, dejando de lado el ser, la creatividad y el sentir de forma libres; de manera que un niño pueda expresar sin miedo a herir a sus padres lo que siente realmente o pueda tener momentos de aburrimiento y ocio que le permitan despertar su creatividad e imaginación.

En este sentido, nos convertimos en adolescentes y adultos incapaces de ubicar las emociones de acuerdo a cada situación, con miedo a sentirlas, clasificarlas y expresarlas de forma adecuada, mucho menos a pedir ayuda. Social y familiarmente esto tiene que cambiar ya que se trata del origen de las principales conductas de riesgo que inician en etapas muy tempranas como el consumo de sustancias, trastornos emocionales, de comportamiento o hasta suicidios. 

Hoy más que nunca, es muy común leer o escuchar acerca de la importancia de la salud mental y el bienestar emocional, eso es un avance importantísimo, pero más allá, en realidad qué hacemos al respecto que verdaderamente influya en nuestro comportamiento diario.

¿Qué estamos reparando o repitiendo? ¿Alguna vez lo hemos reflexionado? ¿Cuáles son las historias, personas, situaciones o recuerdos que nos provocan ansiedad, miedo, ira, tristeza, agresividad o incomodidad? ¿En qué momento y bajo qué circunstancias nos podemos derrumbar sin darnos cuenta? ¿Somos felices, estamos conformes con nuestra vida? ¿Alguna vez nos hemos deprimido? ¿Nos da vergüenza admitir algún desorden mental, alguna adicción nuestra o de algún familiar? ¿Cuántas veces hemos sentido ansiedad? ¿Conocemos nuestras emociones? ¿Alguna vez hemos sentido morir de amor ante una ruptura? ¿Para qué existimos, cuál será nuestra misión? ¿Has pensado, en alguna ocasión, que morir podría ser la única solución a tus problemas?

Sentir todo lo anterior es completamente normal, en pandemia, ante algún episodio doloroso o estresante en nuestra vida, pero acostumbrarse a vivir con estos sentimientos o pensamientos nos priva de vivir en plenitud, vulnera nuestra salud física y poco a poco nos convierte en personas volátiles anímicamente hasta llegar a un límite innecesario.

Habla. Busca ayuda. Hablemos.

Les compartimos algunos tips para cuidar la salud mental de manera diaria:

  1. Fijar metas a corto plazo
  2. Evitar compararnos con los demás
  3. No tomar NADA personal
  4. Meditar o buscar formas de adquirir serenidad en silencio
  5. Hablar sin miedo, ni temor a ser juzgados
  6. Acudir a un profesional en terapia o para diagnosticar algún posible trastorno y tratarlo
  7. Hacer conscientes al menos 10 emociones importantes en tu vida y explorar todo aquello que las provoca
  8. Eliminar o neutralizar pensamientos negativos con alguna actividad de interés que permita distraernos.
  9. Perdonar, perdonarnos y olvidar
  10. Organizar nuestro tiempo para evitar caer en momentos de ansiedad
  11. La salud incluye una buena alimentación y por supuesto hacer ejercicio; para la salud mental, esto es fundamental.
  12. Sentir orgullo por todo aquello que has logrado
  13. Sentir compasión y empatía por los demás.

****Este texto es una versión corta del original que fue publicado de manera completa en la revista Marie Claire Latinoamérica, de junio de 2020.


Mafer Olvera y Paola Palazón Seguel son creadoras de SIKI y Ser Mamá Hoy, plataformas de bienestar emocional y promoción de la salud mental.  Mafer es creadora del modelo Hospital de las Emociones, consultora en juventudes y salud mental,  y Paola es autora, emprendedora y creadora de proyectos de bienestar emocional y espiritual.

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